Puede decirse que Willi Lehmann fue el hombre de Stalin en la Gestapo. Este desconocido personaje fue durante más de diez años uno de los principales agentes soviéticos en el aparato del Estado nazi. La policía secreta de Hitler tardó años en descubrir que entre sus filas había un informador a sueldo de Moscú. Cuando lo hizo, Lehmann ya había filtrado a la URSS numerosa información sensible. A pesar de que constituye un caso singular, tras la Segunda Guerra Mundial esta historia ha permanecido en la oscuridad. El siguiente artículo hace un repaso de su trayectoria y sus actividades.

Los orígenes

Wilhelm (Willi) Lehmann nació en 1884, en la región alemana de Sajonia. Entonces Sajonia constituía un reino dentro del Imperio Alemán. Llegó a cursar estudios básicos, si bien abandonaría la escuela para trabajar como carpintero. A la edad de 17 años se enroló en la Marina Imperial Alemana, en la cual permaneció durante más de una década.

En 1911 ingresó en la policía de Berlín (Schafranek y Tuchel, 2004: 42), donde realizaría buena parte de su carrera. Inicialmente estuvo adscrito al Departamento IV —policía criminal— y posteriormente pasaría al Departamento VII —policía política—. Su carrera profesional transcurrió mientras tuvieron lugar acontecimientos como la Primera Guerra Mundial, la caída del Imperio Alemán, la Revolución espartaquista o el nacimiento de la República de Weimar. Fueron años de gran inestabilidad política, pero también de penurias económicas y de grandes desigualdades sociales. El nuevo régimen republicano alemán debía hacer frente tanto a las tensiones políticas internas como a la carga económica heredada de la guerra. No obstante, el espíritu de los «felices años veinte» también dejó una impronta positiva.

La capital de Alemania, convertida en un feudo de la izquierda política, también fue una ciudad donde floreció la cultura y la vida social durante la década de 1920. La noche berlinesa se convirtió en un símbolo de aquella época. Aquel Berlín ha sido muy bien retratado en la película Cabaret (1972) o la serie Babylon Berlin (2017).

Al servicio de los soviéticos

Lehmann comenzó a colaborar con el NKVD en 1929 (Volodarsky, 2015: 84), tras ser reclutado por el agente soviético Vasily Zarubin (Schecter, Schecter, 2003: 52). A día de hoy siguen sin estar del todo claros los motivos por los que Lehmann empezó a trabajar para los servicios secretos soviéticos. Parece fuera de toda duda que primaron las razones económicas: llevaba un tren de vida demasiado elevado como para poder manenerlo con su sueldo de policía. También apostaba frecuentemente a las carreras de caballos, lo que le llevó a contraer cuantiosas deudas. En un comienzo, por parte de los soviéticos recibió un pago de 580 Reichsmark al mes (O’Sullivan, 2010: 257-258).

Sin embargo, otras fuentes también sugieren la existencia de posibles motivaciones ideológicas. Al parecer, ya instaurado el régimen de Hitler, Lehmann habría mostrado su malestar por la brutalidad de las acciones nazis (Pringle, 2015: 177). Fuera esto verdad o no, lo cierto es que con el tiempo se convirtió en una importante fuente de información para los servicios secretos soviéticos. El NKVD, abreviatura rusa del «Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos», iba a sacar provecho de ello.

Adolf Hitler da un discurso en el centro de Berlín durante la campaña para las elecciones presidenciales de abril de 1932. Fuente: Wikimedia Commons.

Como agente del NKVD llegaría a emplear varios nombres en clave, como «A-201» y «Breitenbach» (Volodarsky, 2015: 84), siendo este último el que más conocido. Lehmann suministraba informes con regularidad a sus contactos soviéticos, en un momento en que Moscú requería cada vez de más información. A comienzos de la década de 1930 el contexto político y social de Alemania se había complicado mucho tras la crisis económica de octubre de 1929. En aquella situación de crisis del sistema, el Partido Nazi había crecido considerablemente y estaba en condiciones de hacerse con el poder. Esto se materializaría en enero de 1933 con el nombramiento de Adolf Hitler como canciller.

Dentro de la Gestapo

Con los nazis en el poder, paulatinamente la administración del Estado fue copada por estos y transformada hacia una nueva estructura. En este sentido, las fuerzas de seguridad fueron uno de los principales objetivos. La policía secreta prusiana se transfomaría en la denominada Geheime Staatspolizei (Gestapo) y acabaría extendiendo su jurisdicción a toda Alemania. Lehmann se uniría a la Gestapo en 1933 (Volodarsky, 2015: 84), y un año después ingresaría en las SS y en el Partido Nazi. Dentro de la Gestapo fue puesto, nada menos, que a cargo de la contrainteligencia soviética (Kotkin, 2017: 221).

Lehmann
Willi Lehmann, en una fotografía de 1938. Fuente: Wikimedia.

Con ello, los servicios secretos de la URSS pasaron a contar con un agente situado en el seno de la policía secreta de Hitler. Lehmann proporcionó a Moscú numerosa información. Dicho material abarcaba un amplo abanico de temas, los cuales iban desde la estructura de la inteligencia germana a los primeros ensayos con cohetes (Kotkin, 2017: 221). En una ocasión, gracias a un aviso que había dado «Breitenbach», el espía soviético Arnold Deutsch consiguió evitar su detención por la policía nazi (Adams, 2009: 80).

Lehmann partipó en la llamada Noche de los cuchillos largos, la purga interna de líderes de las SA y otros opositores a los nazis. Al parecer, a petición de Hermann Göring habría realizado listas de elementos a eliminar. Además, también habría tomado parte en algunas de las ejecuciones sumarias que tuvieron lugar en junio de 1934. Ello contribuyó a reforzar su imagen de eficiencia y sus dotes ante sus superiores en las fuerzas de seguridad. También en esta ocasión «Breitenbach» envió un información detallada a Moscú sobre lo sucedido durante las oscuras purgas de las SA.

Durante la década de 1930 fueron varios los agentes alemanes y soviéticos del NKVD que ejercieron como enlaces de Willi Lehmann. Los encuentros solían tener lugar en Berlín, en lugares discretos. Su último contacto, Boris Gordon, falleció a finales de 1938 víctima de una úlcera de estómago. Tras ello, «Breitenbach» se quedó sin interlocutores con el NKVD y la relación quedó rota (Volodarsky, 2015: 326-327).

Otra vez al servicio de Moscú

A finales de 1939, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, los servicios policiales alemanes fueron reorganizados y puestos bajo jurisdicción de la recién creada Oficina Central de Seguridad del Reich (Reichssicherheitshauptamt, RSHA). Al frente de este nuevo organismo fue situado el comandante de las SS Reinhard Heydrich, al que el propio Hitler llegó a calificar como un «hombre con el corazón de hierro». Para entonces Lehmann había prosperado en el seno de la policía, alcanzando los rangos de Kriminalinspektor y SS-Hauptsturmführer. En aquel contexto de cambios Lehmann fue destinado al Departamento IV de la RSHA (Gestapo), donde quedó a cargo de las cuestiones de contraespionaje dentro de la industria bélica alemana. Sin embargo, como ya había ocurrido en el pasado, sus necesidades financieras volvieron a hacerse acuciantes.

Sede de la Oficina Central de Seguridad del Reich en la calle Príncipe Alberto (Prinz-Albrecht-Straße) de Berlín. La Gestapo también tenía aquí su sede desde 1933. Fuente: Wikimedia Commons.

En junio de 1940 envió una carta a la embajada soviética en Berlín, en la cual sugirió reactivar la colaboración ente ambas partes (Volodarsky, 2015: 327). Aquel constituyó un movimiento muy arriesgado, pues las autoridades nazis podían descubrir la misiva, pero la jugada le salió bien. Poco después obtuvo una respuesta afirmativa por parte de un agente soviético, por lo que se reiniciaron los contactos. Ello se producía en un momento clave de la guerra, pues los dirigentes nazis habían puesto la vista en la Unión Soviética. Con Europa occidental bajo el control germano, Hitler consideraba que era el momento de invadir la URSS y destruir el comunismo.

Lehmann pasaría a los soviéticos un informe confidencial que había redactado para Heinrich Himmler. Gracias a esta información, el NKVD tuvo constancia de la poca información que la Gestapo tenía sobre las redes de agentes soviéticos en Alemania (O’Sullivan, 2010: 38). Esto fue algo importante, dado que en aquel momento la inteligencia de la URSS se encontraba recabando información sobre cuál sería el siguiente movimiento de Hitler tras la conquista de Europa occidental. A pesar de la vigencia del pacto Ribbentrop-Mólotov, las tensiones germano-soviéticas iban en ascenso. A tal respecto, Lehmann también suministró a Moscú abundante documentación sobre la industria alemana.

El 19 de junio de 1941 «Breitenbach» avisó a sus contactos soviéticos de los planes germanos para invadir la URSS (Pringle, 2015: 177). Según su informe, Alemania lanzaría su ataque a las 03:00 horas del 22 de junio (Murphy, 2005: 101). Lehmann no fue el único espía que dio el aviso a Moscú sobre la inminente invasión. Sin embargo, ni Lavrenti Beria —el jefe del NKVD— ni Stalin dieron credibilidad a estas informaciones. Finalmente, el 22 de junio los ejércitos de Hitler lanzaron una ofensiva a gran escala contra la Unión Soviética, dando comienzo a una de las grandes campañas de la Segunda Guerra Mundial. Aquello supuso la salida de todos los diplomáticos rusos de Berlín, incluyendo a los agentes secretos. Nuevamente, Lehmann quedó aislado de la inteligencia soviética.

Caída y final

Durante más de diez años Lehmann había conseguido que las autoridades alemanes no conocieran sus actividades secretas. Sin embargo, todo el andamiaje que había construido se vendría abajo en 1942. Ese año los servicios de seguridad nazis desmantelaron la red de espionaje comunista conocida como «Orquesta Roja» (Rote Kapelle). Como consecuencia, un gran número de agentes soviéticos quedaron expuestos y fueron detenidos por la policía secreta. Lehmann no formaba parte de esta red, por lo que en un comienzo no se vio afectado por las redadas. Sin embargo, su antigua relación con los servicios secretos de la URSS acabaría quedando al descubierto de forma fortuita.

En noviembre de 1942 fue detenido por agentes de la Gestapo, tras lo cual confesó sus actividades (O’Sullivan, 2010: 257). Estuvo sometido a duros interrogatorios por parte de sus antiguos compañeros, si bien no ha quedado constancia de qué fue lo que dijo durante los mismos. La sorpresa entre los servicios de seguridad del Reich fue mayúscula. Ciertamente, les costaba creer que un funcionario policial de tal rango hubiera sido un agente soviético durante tantos años. Mientras tanto, los responsables de la policía secreta se planteaban qué hacer ante aquel caso. El jefe de la Gestapo se opuso a la celebración de un juicio público, por lo que Lehmann terminaría siendo ejecutado en los sótanos de la RSHA (O’Sullivan, 2010: 258). Otras fuentes sugieren que la ejecución habría tenido lugar en el Campo de concentración de Sachsenhausen.

Las autoridades nazis trataron de tapar lo ocurrido. A los familares de Lehmann se les comunicó que este había muerto en el frente oriental. Por su parte, el boletín interno de los servicios de seguridad publicaría un obituario el 29 de enero de 1943 que señalaba que había muerto por el «Führer» y la «Patria» (O’Sullivan, 2010: 258).

Semblanza y valoración

Willi Lehmann constituye uno de los pocos casos en que la inteligencia soviética logró contar un agente situado en la estructura del Estado nazi. No formaba parte de la cúpula de poder, aunque su privilegiada posición hizo de él una pieza importante para Moscú. El hecho de que fuese alguien escasamente notorio contribuyó a que su figura cayese en la olvido tras su muerte. En la actualidad, de cara al público sigue constituyendo un personaje muy poco conocido en contraste con otros casos que sí han alcanzado fama. Esta situación también se reproduce en el plano historiográfico, donde su trayectoria ha sido tratada por algunos trabajos aunque a pequeña escala.

Bibliografía

ADAMS, J. (2009). Historical Dictionary of German Intelligence. Plymouth: Scarecrow Press.

KOTKIN, S. (2017). Stalin: Waiting for Hitler, 1929-1941. Nueva York: Penguin Press.

MURPHY, D.E. (2005). What Stalin Knew: The Enigma of Barbarossa. New Haven & London: Yale University Press.

O’SULLIVAN, D. (2010). Dealing with the Devil: Anglo-Soviet Intelligence Cooperation in the Second. Nueva York: Peter Lang Publishing.

SCHAFRANEK, H.; TUCHEL, J. [Coord.] (2004). Krieg im Äther. Widerstand und Spionage im Zweiten Weltkrieg. Viena: Picus Verlag.

SCHECTER, J.L.; SCHECTER, L. (2003). Sacred secrets: How Soviet Intelligence operations changed American History. Brassey’s.

VOLODARSKY, B. (2015). Stalin’s Agent: The Life and Death of Alexander Orlov. Oxford University Press.

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