En los últimos años el primer ministro húngaro Viktor Orbán se ha convertido en un personaje muy conocido, cuya actividad política ha trascendido las fronteras de la propia Hungría. Si por un lado su poder y su influencia se han incrementado considerablemente,  también lo han hecho sus enemigos. Paradójicamente, muchos de los que en su día le apoyaron en el ascenso al poder se han acabado volviendo en su contra.

A pesar de toda la controversia que genera su nombre desde hace ya varios años, poco se suele hablar de sus primeros años y del contexto que rodeó su ascenso.

Juventud y primeros años 

Viktor Orbán nació en 1963 en la ciudad húngara de Székesfehérvár [1], situada a cierta distancia del Lago Balatón. Székesfehérvár fue capital de Hungría durante la Edad Media y en la actualidad todavía acoge las tumbas de varios monarcas magiares. Se crio en un hogar de clase media rural, si bien durante algunos años residió junto a su familia en el condado de Féjer hasta que en 1977 se establecieron definitivamente en Székesfehérvár.

Si algo ha destacado en él desde temprana edad ha sido su pasión por el fútbol, deporte del cual fue un apasionado desde joven. Durante algún tiempo jugó para el equipo local FC Felcsút. Años más tarde llegaría incluso a debutar como actor en una película de 1983 en la que desempeñó el rol de un jugador de fútbol.

Mientras realizaba la educación secundaria militó en la Liga Húngara de la Juventud Comunista, las juventudes del Partido Comunista, de las cuales llegó a ser secretario en su instituto. Orbán explicaría con posterioridad que en su juventud fue un comunista devoto, si bien abandonaría estas creencias durante su etapa en el servicio militar.

Hizo estudios de derecho en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest. Posteriormente realizaría una tesis doctoral sobre el movimiento polaco «Solidaridad», de signo anti-comunista. Por esta razón viajó en varias ocasiones a Polonia, para aprender «técnicas y estrategias de activismo en un estado represivo» [2].

Viktor Orbán en diferentes etapas de su juventud, c. 1980-1990.

En su etapa juvenil cultivó un perfil de joven «radical» y contrario al establishment comunista, manteniendo también una estética rupturista (que incluía pelo largo y barba). De hecho, en estos años llegaría a tener algún que otro problema con las autoridades húngaras. Durante la década de 1980 vivió la crisis política y económica del Bloque del Este, así como la propia descomposición del régimen socialista en Hungría —agravada tras la salida del poder del dirigente János Kádár, en 1988—.

En 1988 Orbán fue uno de los fundadores del movimiento Fidesz (acrónimo de Fiatal Demokraták Szövetsége, traducible al español como «Alianza de Jóvenes Demócratas»). Puede señalarse este como su inicio en la vida política, de la mano de lo que entonces parecía una pequeña formación. Sin embargo, su gran salto a la fama lo iba a dar en 1989, durante un gran evento público. El 16 de junio de ese año dio un discurso en la Plaza de los Héroes de Budapest, durante el cual exigió elecciones libres y la retirada de las tropas soviéticas de Hungría. Unas palabras que tuvieron un gran eco entre la población de la época y que le convertirían en una figura reconocida.

Si con anterioridad había viajado a Polonia para entrar en contacto con los círculos del movimiento «Solidaridad», también lo haría a Occidente. Su reciente actividad política hizo de él un buen candidato para algunas de las fundaciones occidentales que empezaron a desplegar una gran actividad en los países del Bloque del Este. En ese año 1989 recibió una beca de la fundación Open Society, del millonario George Soros. Ello le permitió cursar estudios en Oxford durante un año [3], donde entró en contacto con círculos liberal-conservadores y partidarios de la economía de mercado libre. Tras esta estancia regresó a su patria para concurrir a las elecciones parlamentarias de 1990.

El ascenso al poder

A pesar de la expectación existente en torno a este grupo de jóvenes «radicales» anti-comunistas, los resultados fueron bastante magros: solo obtuvieron una veintena escaños de un total de 386, menos incluso que el Partido Socialista Húngaro (33 diputados) y a mucha distancia del hegemónico Foro Democrático Húngaro (164 diputados).[4] El propio Orbán lograría obtener acta de diputado, formando parte de la oposición.

Al igual que ocurrió con los jóvenes candidatos en otros países del Este, aquel podría haber sido el final de su carrera política. Pero no ocurrió así. La Hungría post-comunista distaba mucho de ser un país próspero: con una economía que se había abierto al liberalismo capitalista y que, al mismo tiempo, había sufrido un grave quebranto, el gobierno encabezado por el Foro Democrático Húngaro debió hacer frente a una fuerte crisis. Consecuencia de ello, la calidad de vida empeoró drásticamente y la tasa de criminalidad creció durante los siguientes años. Para muchos húngaros la nueva democracia liberal había llegado con un sabor agridulce.

En las elecciones de 1994 la coalición de gobierno liderada por el Foro Democrático Húngaro sufrió un fuerte descalabro, en contraste con el fuerte ascenso Partido Socialista Húngaro (MSZP). Fidesz no mejoró sus resultados y siguió estancada en la veintena de diputados, a pesar de que desde 1993 Orbán había pasado a ser su líder.

Orbán Viktor 1994-ben. Fotó kettőspont HVG
Durante una entrevista, hacia 1994.

Los socialistas pasaron a formar gobierno, contando con la confianza que muchos húngaros depositaron en los socialistas para resolver la situación en que se encontraba el país. En esencia, el MSZP agrupaba a los antiguos comunistas que habían aceptado las reformas liberales. Y en efecto, su política tuvo poco que ver con la época comunista: en medio de grandes protestas, el gobierno liderado por Gyula Horn emprendió un duro plan de ajustes presupuestarios y privatizaciones. A pesar de la oposición interna que encontró, Horn logró imponer sus tesis y sacar adelante su programa económico.

Aprovechando el desgaste del MSZP y el hundimiento de otras fuerzas conservadoras, Fidesz ganó las elecciones de 1998.[5] Ello convirtió a Orbán en el nuevo primer ministro. Llegaba al poder en un país que, tras la esperanza depositada en los primeros gobiernos post-comunistas, había visto como su economía sufría un duro revés. Muchos húngaros dieron la espalda a los liberales y, posteriormente, a los socialistas, a los que veían como responsables de la mala situación económica y social que atravesaba el país.

En aquel contexto Orbán gozaba de una buena imagen en el exterior, principalmente en Europa occidental. Ya en 1999 el periodista español Hermann Tertsch [6] lo elogiaba abiertamente desde las páginas del diario El País:

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, es un joven decidido de 36 años que ganó brillantemente las elecciones el pasado año con su partido Fidesz, un partido surgido de una organización juvenil de la oposición anticomunista universitaria. Orban conmovió a todo el país y a Europa cuando el 16 de junio de 1989, en una inmensa manifestación popular de homenaje a Imre Nagy en la plaza de los Héroes de Budapest, exigió la inmediata salida de Hungría de las tropas soviéticas allí estacionadas.

Uno de los líderes europeos que entonces recibió al recién elegido primer ministro húngaro fue el canciller germano Helmut Kohl. Según señalaría más adelante Orbán, el líder alemán (que para entonces llevaba 16 años en el gobierno) le dio un trato cálido y le aconsejó sobre numerosas cuestiones.

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Viktor Orbán junto al entonces secretario general de la OTAN, Javier Solana, en julio de 1998.

En el plano exterior Hungría dio un salto cuando decidió integrarse en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una decisión que fue muy bien acogida por los dirigentes de la Europa occidental. Cuando en marzo de 1999 se formalizó la adhesión de Hungría a la alianza militar occidental (junto a Polonia y República Checa) el entonces secretario general de la OTAN, Javier Solana, declaró en presencia del propio Orbán que aquel hecho marcaba la existencia de una nueva Europa en la que las naciones «podrán decidir su propio futuro».[7]

Con una economía que mejoraba y con una imagen exterior reforzada por el acercamiento a la OTAN, pocos repararon entonces en los primeros intentos de centralización del poder por parte de Orbán y sus aliados, primeros signos de lo que vendría después. También hubo varios escándalos de corrupción que afectaban a su gabinete, ya fueran ministros de Fidesz o ministros de otras formaciones menores.

A pesar de la relativa popularidad de la que gozaba Fidesz, tras las elecciones de 2002 Orbán pasó a la oposición. Durante los siguientes años, mientras el antiguo primer ministro permanecía como jefe de la oposición, Hungría se integró en la Unión Europea.

Viejos aliados y nuevos enemigos

Tras su regreso al poder en 2010 dio comienzo a un nuevo programa político que implicó un cambio en la Constitución húngara, reformas estructurales del sistema político, en la justicia, etc. Unos cambios que han ido destinados a reforzar sus poderes y la hegemonía política de su partido, Fidesz. En 2015 su oposición a la acogida de refugiados sirios —impulsada por la canciller alemana, Angela Merkel— le situó frente a la mayoría de gobiernos europeos, deteriorándose gravemente su imagen exterior. Como consecuencia de todo ello ha recibido numerosas críticas tanto internas como externas, llegando a ser calificarlo como «el hombre más peligroso de la Unión Europea».[8]

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Viktor Orbán y George Soros, en una imagen de 2010.

Algunos de los que en su día decidieron apostar por lo que parecía una joven promesa liberal han sido precisamente los que en la actualidad más en contra de Orbán se han situado. El millonario George Soros, que en su día apoyó al otrora joven político a través de su fundación, dio un giro en la relación con el político húngaro tras su regreso al poder. En los últimos años el enfrentamiento entre ambos ha escalado nuevas cotas, hasta convertirse Soros en una especie de enemigo n.º 1 de Hungría. Aunque la enemistad Soros-Orbán ha sido quizás el caso paradigmático, hay otros muchos ejemplos.

La Unión Europea también ha dado un giro drástico en la relación con Hungría, manifestándose repetidamente en contra de la línea política adoptada por Viktor Orbán y Fidesz. Durante un encuentro en 2015 el presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, le llegó a espetar: «Hola, dictador».[9] El ex-secretario general de la OTAN, Javier Solana, se ha unido al grupo de dirigentes europeos críticos con el premier húngaro, llegando a calificarlo de «pequeño Trump».[10]

Al otro lado del Atlántico también se reprodujo este esquema. La administración de Barack Obama se alejó considerablemente del gobierno de Budapest, en línea con lo que hacían otros países europeos. Orbán, no obstante, ha podido contar en los últimos tiempos con la cercanía de varios líderes internacionales, como el presidente estadounidense, Donald Trump,[11] y del presidente ruso Vladimir Putin.

Si Merkel y otros dirigentes alemanes se han destacado en estos años por sus críticas al primer ministro húngaro, otro político germano lo ha hecho precisamente por lo contrario: el antiguo canciller Helmut Kohl. Paradójicamente, Kohl fue el que en 1991 nombró ministra a Angela Merkel, dando con ello inicio a su carrera política.

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Orbán y Kohl durante un encuentro en Ludwigshafen, en 2016.

Mientras Orbán se convertía en el blanco de las críticas de los dirigentes europeos, Kohl se destacó por seguir manteniendo su apoyo al líder húngaro. En abril de 2016 el primer ministro magiar visitó al antiguo canciller en su residencia, donde ambos mantuvieron un encuentro. Un evento que entonces generaría muchos comentarios en la prensa por constituir aquello una desaprobación de las críticas de Merkel a Orbán.

Incluso en sus últimos años, cuando la relación de Orbán con otros líderes europeos se deterioraba por momentos, ambos líderes siguieron manteniendo un estrecho contacto. Tal es así que el primer ministro húngaro fue uno de los oradores durante el funeral de Kohl, en junio de 2017. Angela Merkel tuvo que pasar por la humillación de descubrir que el antiguo canciller alemán había deseado expresamente que la actual líder alemana no tuviese ninguna participación en el funeral, en contraste con Orbán.[12]

En fechas recientes el ex-presidente español José María Aznar también ha mostrado su cercanía a Orbán. En la foto aparecen ambos líderes durante un encuentro, en febrero de 2018.

Son muchos los que señalan que su vuelta al poder en 2010 marcó un antes y un después en su carrera política, con un giro en sus políticas. Y en cierto sentido así ha sido, ya que su imagen pública se ha visto profundamente afectada y sus alianzas han dado un brusco giro. Pero quizás fueron más los líderes europeos que en su momento apostaron por alguien que no era, y solo con los años se han dado cuenta de ello.

Bibliografía.

KENNEY, P. A Carnival of Revolution: Central Europe 1989. Princeton: Princeton University Press, 2002.

LENDVAI, P. The Hungarians: A Thousand Years of Victory in Defeat. Londres: C. Hurst & Co Publishers, 2003.

LENDVAI, P. Orbán: Hungary’s Strongman. Oxford: Oxford University Press, 2017.

TURNER, B. (ed.). The Statesman’s Yearbook 2013. Palgrave Macmillan Publishers, 2012.

WEBB, P. & WHITE, S. (ed.). Party Politics in New Democracies. Oxford: Oxford University Press, 2007.

Notas y referencias

[1] TURNER, B. (ed.). The Statesman’s Yearbook 2013. Palgrave Macmillan Publishers, 2012. p. 588.

[2] KENNEY, P. A Carnival of Revolution: Central Europe 1989. Princeton: Princeton University Press, 2002. p. 138.

[3] LENDVAI, P. The Hungarians: A Thousand Years of Victory in Defeat. Londres: C. Hurst & Co Publishers, 2003. p. 499.

[4] WEBB, P. & WHITE, S. (ed.). Party Politics in New Democracies. Oxford: Oxford University Press, 2007. p. 149.

[5] Fidesz ganó en número de escaños, no así en número de votos, pues el Partido Socialista obtuvo casi 200.000 votos más. A pesar de ello, Fidesz acabó formando gobierno con el apoyo de otros dos pequeños partidos.

[6] «Un primer ministro nada conciliador», El País (4 de noviembre de 1999).

[7] «La OTAN acoge oficialmente en su sede a Polonia, Hungría y la República Checa», El Mundo (16 de marzo de 1999).

[8] «Viktor Orban, el hombre más peligroso de la Unión Europea», El Mundo (9 de abril de 2018).

[9] «Juncker, a Orban: “Hola, dictador”», El País (22 de mayo de 2015).

[10] «Solana: “La presidencia de Trump es un paso atrás para el mundo”», El País (10 de febrero de 2017).

[11] «De la mano de Donald Trump, EE.UU. cambia su postura respecto a Hungría», Clarín (23 de agosto de 2018).

[12] «No habrá funeral de Estado en Alemania por Helmut Kohl, por deseo de su viuda», El Mundo (21 de junio de 2017).

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