La División Azul fue la más que conocida unidad de voluntarios españoles que se alistaron para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Mucho se ha escrito y debatido sobre estos hombres que fueron a combatir a Rusia. No obstante, la formación de la División no tuvo el apoyo total de la población y muchos sectores del gobierno franquista. A continuación, hablaremos del contexto en el que surgió y de su composición inicial.

La División Azul

En junio de 1941, las heridas que había dejado la Guerra Civil en gran parte de la población aun continuaban latentes. Muchos de los supervivientes no dudaban en señalar hacia la URSS como el principal culpable de los males del país tras la contienda. Alegaban que el comunismo soviético era uno de los principales factores que motivó la guerra, por lo que surgió un notable sentimiento revanchista en parte de la población.

Por eso, cuando Serrano Súñer llamó al a filas a los posibles voluntarios para la División Azul el 24 de junio de ese año, muchos acudieron con varios motivos en mente. El primero era combatir el “comunismo culpable” de la Guerra Civil, otros que habían tenido relación con la República lo hicieron como forma de lavar su imagen (como el director español Luis García Berlanga) y los afines al régimen que habían estado en zona republicana como manera de promocionarse socialmente y poder adquirir mejores condiciones respecto a sueldo y racionamiento.

Cartel original para la recluta y el alistamiento de voluntarios en Barcelona. En él se indican las dos direcciones de los Banderines de alistamiento en Paseo de Gracia 38 y en la Avenida del Generalísimo 462 (actual Avenida Diagonal). Este va sellado oficialmente por la Dirección General de Propaganda.

También era una manera para de poder acceder a puestos administrativos que habían quedado vacantes y que estaban reservados para excombatientes o personas que colaboraron con los sublevados en la guerra. Además, muchos vieron la oportunidad aquí para poder desertar a la URSS, pues los 45.500 hombres que partieron hacia Rusia no solo fueron reclutados en cuarteles, sino también en presidios.

La situación española en 1941

Dos de los pilares fundamentales sobre los que se sustentaba el régimen de Franco eran el Ejército y la Falange Española y Tradicionalista de las JONS. Ambos, hasta mayo de 1941, compartían simpatías germanófilas. El Ejército alababa el conservadurismo y la tradición militarista del Tercer Reich, mientras que la Falange se sentía próxima al nacionalsocialismo alemán. No obstante, bien es sabido que Serrano Súñer, no despertaba especial simpatía entre la cúpula militar franquista. Además, el Ejército, como vencedor de la Guerra Civil, sabía que era el principal apoyo del Régimen de Franco, por lo que no estaba dispuesto a perder poder en detrimento de la Falange. Esto se puede comprobar con las distintas reestructuraciones gubernamentales entre 1939 y 1940, en las que la mayoría de cargos relevantes iban a parar a manos de militares.

No era ningún secreto que la mayoría generales del ejército, como Yagüe, Muñoz Grandes o Esteban Infantes, eran germanófilos y veían en la imbatibilidad de las tropas alemanas una forma de continuismo del régimen si se sumaban a su causa en la guerra. No obstante, otros oficiales como Kinderlán, Gómez Jordana o Varela tenían una fuerte simpatía por la corriente anglófila. Para estos últimos solo habia dos opciones posibles respecto a la guerra: preparar la defensa de España ante una posible invasión alemana y no provocar al Führer con su oposición a entrar en la guerra.

Respecto a la representación alemana en España, el país teutón tenía aquí la mayor representación en un país extranjero, enviando unos 7.000 telegramas durante 1942. Tenía trabajando en ella a 500 colaboradores, 180 representantes en los distintos consulados y a 134 agentes secretos de contraespionaje. Además, de 1936 a 1945, se sucedieron aquí 4 embajadores. Un papel fundamental aquí lo jugó el que fue embajador entre 1937 y 1943, Eberhard von Stohrer, que, al contrario que Ribbentrop, era partidario de la neutralidad de España, lo que le acabaría costando su destitución.

No obstante, cabe señalar que el sistema diplomático alemán en España, a mediados de 1941, se encontraba en una posición sumamente privilegiada. Además, era favorecido por los sectores germanófilos, desde falangistas hasta altos cargos del gobierno de Franco, quien no escondía su simpatía por Alemania. Así pues, Serrano Súñer fue quien más trabajó en favor a la causa alemana, lo que hizo que se granjeara muchos enemigos ya que era el principal nexo político entre España y Alemania.

Serrano Súñer (en el centro y con el uniforme negro) durante su visita a Berlín en septiembre de 1940. En la foto podemos apreciar a personalidades destacadas de Alemania, como Heinrich Himmler, y de España como al general Moscardó (en la fotografía situado a la derecha de Súñer).

Este gran volumen diplomático repartido por territorio español se encargó de realizar actos por todos en país en los que se rememoraba la participación alemana en la Guerra Civil. Además, las autoridades alemanas mostraban especial interés por personarse en las colonias españolas, por publicitarse en la prensa, lo que conseguían con el beneplácito de Serrano Súñer, y por realizar una intromisión cultural en España, inaugurando centros educativos en los que jóvenes recibían clases de lengua alemana.

Las relaciones entre Alemania y España antes de la División Azul

Para Alemania, la lucha contra Inglaterra planteaba dos operaciones de suma importancia. En primer lugar, la invasión directa de las Islas Británicas con un masivo desembarco de tropas, que realizaría a través de la Operación León Marino, la cual fracasaría. La segunda consistía en la toma de Gibraltar para cerrar el Mediterráneo. Esto implicaría una interacción directa con España pues se planteaba la toma del peñón a través de una invasión terrestre de tropas alemanas desde territorio español en la Operación Félix.

Los fracasos de la Luftwaffe en la Batalla de Inglaterra en septiembre de 1940 causaron la frenada de la Guerra Relámpago. Desde ese momento, el alto mando alemán encargo a su flota submarina hundir todo barco que intentara abastecer las Islas Britanicas. También vieron la necesidad de cerrar el Mediterráneo a los ingleses a través del Canal de Suez y del Estrecho de Gibraltar. El bloqueo de este último necesitaba la entrada de una “no beligerante” España en el conflicto de la mano de Alemania.

Para ello se elaboró el ya mencionado “Plan Félix”, programado para el 10 de enero de 1941. Anteriormente, durante 1940 tuvieron lugar cinco importantes encuentros diplomáticos hispano-germanos: La fallida entrevista en Hendaya entre Hitler y Franco el 23 de octubre, los tres encuentros entre Serrano Súñer y el Fürher entre el 17 el 25 de septiembre, las cinco que tuvo Súñer con Ribbentrop entre el 16 de septiembre y el 19 de noviembre, la entrevista nuevamente de Serrano Súñer con Stohrer el 25 de septiembre en Berlín y la reunión entre Franco y Canaris del 7 de diciembre.

Mapa en el que se ilustra como iba a ejecutarse la “Operación Félix”

En dicha entrevista Canaris le comunicó a Franco la fecha de invasión de Gibraltar, la cual el caudillo desestimó por motivos económicos y territoriales, ya que la entrada en la guerra supondría la inmediata perdida de las Islas Canarias y de las posesiones coloniales africanas(basado en el informe de Carrero Blanco conocido como Las veintiuna razones para que España no entre en la Guerra). La negativa de Franco supuso la suspensión del Plan Félix el 10 de diciembre.

El fracaso de las negociaciones de España y Alemania se debe al paupérrimo estado de la economía española tras la guerra, a la excesiva demanda territorial de Franco en África y a la ciencia de las autoridades alemanas de que Vichy ofrecía más garantías militares en Marruecos ante un posible ataque británico.

Tras las insinuaciones de una posible invasión alemana en territorio español, Franco se reunió con Mussolini y Petain, que apoyaron su versión de la imposibilidad de que España entrara en la guerra. Además, Franco respondió a Hitler manifestándose que no tomaría posesión de Gibraltar hasta que se hiciera con el canal de Suez para así cerrar el Mediterráneo. Del mismo modo, recriminó al alemán que no hiciera una oferta firme respecto a los suministros y material que Alemania destinaria a España. Por lo tanto, España no entraría en guerra.

Por otro lado, cabe destacar que desde 1939, personalidades como Francisco Gómez Jordana o Juan Luis Beigdeber, que habían sido ambos ministros de Asuntos Exteriores, se encontraban realizando acuerdos económicos con Inglaterra y Portugal para poder suministrar grano y combustible a España. Así pues, España de ninguna manera podría conformar unidades de tropas que tuvieran que combatir con ingleses y sus aliados europeos.

La crisis de mayo de 1941

Durante mayo de 1941, en medio de una creciente tensión entre Alemania y España, sucedieron una serie de eventos entre el Ejército y FET de las JONS que supondrían el mayor momento de inestabilidad del Gobierno de Franco. Esta se saldó con un control estatal más directo del Partido Único y con la decisiva pérdida de poder de Serrano Súñer. No obstante, el verdadero beneficiado de esta situación en un momento de pugna entre ambos poderes respecto al conflicto mundial fue Francisco Franco. Además, durante estos incidentes, Miguel Primo de Rivera fue detenido, Pilar dirigió su dimisión a las autoridades y el coronel Valentín Galarza Morante fue puesto al frende del Ministerio de Gobernación, cargo que Serrano anhelaba para juntar este cargo con los de Asuntos Exteriores, Partido y Prensa.

Según entró al gobierno, Galarza comenzó a restar poder e importancia a los falangistas, sustituyendo a la guardia falangista por policías. Igualmente, tomó una serie de medidas antiserranistas, como la revocación del decreto que eximía a la prensa falangista de censura previa. Además, Franco dio cargos políticos en el Ministerio de Gobernación a hombres de su confianza y se encargó de llevar a cabo una severa restructuración militar que le asegurara el poder en medio de esta crisis política.

El descontento de la Falange ante nombramientos como el de Galarza o Iturmendi, quedó patente con la dimisión de cargos entre los que se encontraban 10 jefes provinciales. La tensión aumentó cuando la policía descubrió que falangistas radicales estaban reuniendo armas.

La pugna entre Galarza y Serrano continuó con un Franco como mediador que continuamente utilizaba maniobras evasivas para justificar el control de la prensa por parte de Gobernación. Serrano Súñer continuaba perdiendo apoyos cuando se autoproclamaba como sucesor de José Antonio. No obstante, los camisas viejas, no planteaban dar su apoyo a Serrano frente a Franco pese a las detenciones que tuvieron lugar, como la de Miguel Primo de Rivera.

Valentín Galarza Morante

Los hechos culminaron el 13 de mayo cuando Serrano insinuó su dimisión ante Franco, quien le pidió que lo reconsiderara por el bien de España. Tras una reunión con el caudillo al día siguiente, Serrano propuso para calmar los ánimos de los falangistas la creación de una Vicesecretaría de Educación Popular, dependiente del partido y a la que Gobernación debía transmitir el control de la prensa y propaganda. Además, Franco se comprometió en entregar a miembros de la falange las carteras de Hacienda, Agricultura y Trabajo. No obstante, Franco se arrepentiría pronto de estas decisiones y destituyó oficialmente al subsecretario y al delegado nacional de Prensa y Propaganda y a los ya dimitidos Tovar y Ridruejo.

El 19 de mayo, Franco niveló temporalmente el poder entre Ejército y Falange, dando a Arrese, José Antonio Girón y Miguel Primo de Rivera las carteras de Secretario General del Movimiento, Trabajo y Agricultura. Con Arrese al frente de la Falange, Franco se aseguraba el control del partido, pues Arrese era más partidario de él que de la ideología falangista. El embajador alemán, Stohrer, creía que esto era todo un triunfo para Serrano y el movimiento ya que opinaba que Arrese se iba a someter a este. No obstante, el nombramiento de Moscardó, otro militar, como jefe de las milicias falangistas, no hizo más que evidenciar que Franco había salido favorecido de esta crisis.

El declive de Serrano Súñer fue paralelo al inicio de la trayectoria política de Carrero Blanco. Sin embargo, a Franco le faltaba aún un importante organismo que controlar: la Delegación Nacional de Sindicatos, con Gerardo Salvador Merino a la cabeza, quien era claramente alemanista. Salvador Merino fue destituido de su puesto después de ser declarado culpable de un delito de pertenencia a la masonería. Tras expulsar a este de la Falange, Franco hizo una reestructuración del Partido, dividiéndolo en 4 Vicesecretarías y Sindicatos, que le ayudarían a tener el control del mismo gracias a la colaboración de Arrese.

Con la salida de Falange de Salvador Merino, moría toda posibilidad de crear una España sindical y, además, la figura de Serrano quedaría muy tocada. No obstante, la invasión de la URSS daría un nuevo empuje a este.

Alemania invade la URSS

El 22 de junio de 1941, tras unos días de incertidumbre, 3.050.000 hombres (el 42% de efectivos de la Wehrmacht), 18 divisiones finlandesas y 12 rumanas cargaron contra las líneas rusas en un espacio que abarcaba los 2.400 kilómetros, desde el océano Ártico hasta el Mar Negro.

El objetivo de la carga por el norte era llegar a Leningrado; en el centro, se lanzó el grueso del ejército alemán con la intención de llegar a tomar Moscú y, en el sur, las fuerzas germano-rumanas debían llegar a hacerse con el control de Rostov.

El motivo que Ribbentrop manifestó a Dekanozov, embajador ruso en Alemania, fue que la concentración de tropas soviéticas en la frontera occidental rusa no era solo una amenaza para el Reich, sino para países como Finlandia, Rumanía, Bulgaria y Turquía. A su vez, Italia, Croacia, Bulgaria y Eslovaquia declaraban la guerra a Moscú. Por otra parte, Churchill y Estados Unidos se prestaron a ayudar la URSS en todo lo posible mientras que Madrid dejaba entrever una posible entrada en el conflicto, al igual que Hungría, quien rompió toda relación diplomática con Moscú. Por su parte, Turquía permaneció neutral; Japón y Suecia, reunieron a sus consejos militares y gubernamentales para analizar las medidas que se habían de tomar ante esta situación.

El nacimiento de la División Azul

Actualmente se desconoce quien sugirió la idea de crear una unidad militar de voluntarios falangistas que fueran a combatir a la Unión Soviética enrolados en las filas de la Wehrmacht. Sin embargo, no queda duda de que se gesto en la mente de grupos del entorno de Ramón Serrano Súñer y Dionisio Ridruejo, antes incluso de que se produjera la invasión de la URSS. De todos modos, el encargado de emprender su materialización fue Serrano Súñer, que realizó las gestiones políticas y diplomáticas pertinentes para que la idea se consolidara.

El 22 de junio, Stohrer comunicó a Súñer la noticia del inicio de la Operación Barbarroja. Inmediatamente, este hizo conocedor de tal acontecimiento a Franco y le expresó que FET-JONS no quería permanecer ajeno al conflicto, quien no presentó objeción alguna en la proposición de Serrano de enviar unidades de voluntarios como reconocimiento a Alemania por su colaboración en la Guerra Civil.

Esta noticia no tardó en hacerse publica lo que genero una gran expectación y una serie de reacciones en España. En la prensa se alababa la decisión de Hitler y, además, un numero considerable de personas ya manifestaba su intención de adherirse a la causa anticomunista.

Manifestación de la Falange en la Puerta del Sol. Esto muestra la euforia con la que la invasión a la URSS se vivió en ciertos sectores sociales de España, sobre todo en los núcleos falangistas interesados en adherirse a la causa.

Con la oposición de los generales del Ejército a que Serrano intentara enviar unidades militares exclusivamente de la mano de la Falange, el día 23 se celebró un Consejo de Ministros presidido por Franco en el que se discutió el envío de voluntarios a Rusia, donde hubo notables discusiones entre falangistas y militares, concretamente entre Serrano y Varela.

Posteriormente a estos hechos, la Falange y el SEU comenzaron a movilizar a sus miembros para iniciar manifestaciones a favor de la creación de la División Azul. Paralelamente, también actuaron los militares, quienes veían que el cuerpo estaría fundamentalmente por falangistas y soldados, dirigidos por oficiales del Ejército Español, pues el espíritu del 18 de julio de supeditar el poder civil al militar debía estar presente aquí también.

Los ánimos de venganza contra el comunismo por excombatientes de la Guerra Civil estaban exaltados, así como la de miles de jóvenes del SEU, que se movilizaron en varias capitales de provincia manifestando su intención de ir a Rusia a combatir al enemigo soviético.

La tarde del 24 de junio se volvió a reunir el Consejo de Ministros, donde Franco esta vez definió las directrices de lo que sería la División Azul. Se optó aquí por la publicación de un manifiesto que incentivara el alistamiento voluntario. Además, se estimaba que se podría llegar a la cifra de 50.000 hombres, que partirían hacia la URSS con la camisa azul, provista con la bandera de la falange y símbolos del partido, pero con el uniforme del Ejército. Los oficiales y suboficiales que se pondrían al frente serían todos excombatientes de la Guerra Civil y, del mismo modo, el Ejército del Aire ofreció a 50 pilotos de bombarderos y cazabombarderos, pero ningún avión. También se propuso que líderes falangistas como Girón, Salvador Merino, Ridruejo y Mora Figueroa debían ir a combatir, únicamente haciéndolo los dos últimos.

Al día siguiente, la plana mayor de FET de las JONS se reunió para fijar los detalles concernientes al alistamiento y se conoció la noticia de que todo el cuerpo de oficiales del Ejército del Aire se había prestado voluntario para marchar hacia la guerra del este.

Las reacciones británicas, cuando conocieron la noticia de la formación de una división militar para ayudar a los alemanes, no se hicieron esperar y, a primera hora de la mañana del 26 de junio, el Foreign Office informó al Ministerio de Finanzas que iban a cortar los suministros de gasolina a España.

José Luis Arrese, esa misma noche, ante el gran número de peticiones de alistamiento que el partido estaba recibiendo, envió la circular nº124, redactada por Ridruejo, a todos los jefes provinciales, en los que se ordenaba la apertura de centros de reclutamiento voluntario en todo el territorio nacional.

En estos banderines de enganche, quedaron definidas las condiciones de alistamiento. En primer lugar, se debía ser falangista o militar y tener entre 20 y 28 años. A su vez, se debía pasar un estricto reconocimiento médico. El 75% de las plazas estaban reservadas a excombatientes y el 25% restante debía presentar un documento acreditativo que “probara su cumplimentado servicio a la causa nacional” o ser un excautivo.

Todos los voluntarios conservarían su empleo del mismo modo que sus familias recibirían toda la remuneración económica mientras ellos estuvieran en el frente.

A su vez, los militares solo dispondrían de 48 horas para enrolarse mientras que los falangistas podrían hacerlo hasta el 2 de julio. Así pues, sobre el papel, la División Azul nacía finalmente el 26 de junio.

La recluta

La mañana del 27 de junio (el mismo día en que Hungría declaró oficialmente la guerra al a URSS), la sociedad española amanecía con la anunciación en la prensa de la formación de una división de voluntarios falangistas para combatir en Rusia en la que también tendrían cabida los militares. Al día siguiente, el Ministerio del Ejército anunció la recluta destinada únicamente a soldados.

Jóvenes falangistas acudiendo a la Jefatura de Milicias de la Falange en Ciudad Universitaria para alistarse. 27 de junio de 1941.

Mientras tanto, Serrano comunicaba al coronel Krappe que el gobierno enviaría 15.000 hombres (el equivalente de una división alemana) probablemente comandados por Agustín Muñoz Grandes. Además, Varela ya gestionaba desde el Ministerio del Ejército como se enviarían los voluntarios y una lista con los nombres de estos, que debían ofrecer garantías físicas e ideológicas.

En las Jefaturas de Milicias de Madrid, Cádiz, Alicante y Valladolid, entre otras, se dio una gran afluencia de jóvenes, en su mayoría universitarios, que corrieron raudos a alistarse, alentados en parte por las noticias sobre el avance de los alemanes en territorio soviético.

El compromiso de los voluntarios duraría lo que durase la campaña militar, en principio, y, los soldados, cobrarían a su vez del Ejército Alemán y del Español, que estipuló la soldada de la Legión (la más alta), vigente desde la Guerra Civil, de 7 pesetas y 30 céntimos diarios. También se informó del uniforme y equipamiento que se les proporcionaría.

Ese mismo día, Ribbentrop informó a Stohrer de que Alemania cesaría las presiones hacia España para forzar su entrada en la guerra. Del mismo modo, la embajada alemana valoró como positivo que Muñoz Grandes fuese anunciado como jefe militar del cuerpo expedicionario, ya que le consideraban un falangista convencido. Así pues, la Luftwaffe aceptó también la introducción de una escuadrilla de pilotos españoles: la Escuadrilla Azul. El número de pilotos y observadores ascendió en los primeros días a 2.100, de los cuales 200 iban a integrarse en las fuerzas aéreas alemanas, siendo los primeros en partir al frente, mientras que el resto tendrían su propio mando y podrían actuar con cierta autonomía. Esto en parte era un lastre, ya que reducía en un 15% la aviación española, lo que se vio desde Londres como una renuncia española a la defensa del territorio nacional ante una posible invasión alemana.

La recluta finalizó el 2 de julio siendo el grupo falangista el más importante en la misma, aunque, en menor importancia, también hubo alistamiento de otros núcleos como los carlistas. Hubo algunas irregularidades como la ocultación de enfermedades, la falsificación de edad o la profusión de autorizaciones paternas para contrarrestar la minoría de edad de sus hijos. Los futuros combatientes eran además en su mayoría provenientes de clases medias o sustentantes ideológicos del falangismo. En las listas de alistamiento figuraban importantes nombres como el de Raimundo Fernández Cuesta, Dionisio Ridruejo, Eduardo Rojas, José Antonio Girón o Pedro Gamero, así como el del resto de consejeros nacionales de la Falange.

Finalmente, el número de altos cargos falangistas alistados fue 14. Cinco consejeros nacionales: Ridruejo, Aznar, Guitarte, Mora Figueroa y Rojas; el secretario nacional del SEU, José María Gutiérrez; jefes provinciales como Laporta Girón, Véglison Jornet, Martín Gamero, Julve Ceperuelo, Navarro Vergara y Arana Salvador.

Del mismo modo, muchos oficiales se inscribieron anhelando el ascenso, llegando a figurar como soldados. También hubo falangistas, requetés, jóvenes de ideología conservadora y excombatientes del Ejército Popular, deseosos de limpiar su imagen o de desertar a la URSS.

No todas las provincias tuvieron el mismo nivel de alistamiento y en algunas fue especialmente bajo (País Vasco, Navarra o Cataluña). Asimismo, algunos extranjeros también quisieron servir en la División, como antiguos rusos zaristas, portugueses o alemanes residentes en España. Del mismo modo, se dieron casos de alistamiento forzado en el Ejército y en algunos sectores falangistas, lo que indicó que en el partido se estaba llevando a cabo una severa depuración.

También se incluyó a un cuerpo de 24 capellanes al mando de un comandante capellán.

El viaje hacia Alemania

Hasta el día 12 de julio, los voluntarios provenientes del sur fueron acuartelados en Madrid y los venidos desde el norte hicieron lo propio en Valladolid. Aquí, recibieron las primeras instrucciones militares, donde se dieron algunos altercados entre voluntarios falangistas y los pertenecientes al ejército. A continuación, la noche del 13 de julio, tras dirigirse Muñoz Grandes a las tropas, partieron de la Estación del Norte la primera y la segunda expedición de voluntarios.

Los alistados en Valencia, Murcia y Cataluña fueron concentrados en Barcelona y Gerona donde se les comenzó a dar las primeras directrices militares. En dichas ciudades, el jefe provincial de FET de las JONS, Correa, instó a algunos voluntarios falangistas a quedarse debido a que temía perder hombres en una zona poco partidaria del movimiento. Finalmente, el día 15 partieron hacía Irún, donde ya emprenderían su marcha fuera de las fronteras.

En España, la Segunda Sección del Estado Mayor, comenzó a difundir un boletín de información confeccionado a partir de los partes de guerra del frente ruso, empezando así las referencias a la zona de conflicto en la que combatirían los voluntarios españoles. En los primeros números se mencionaba que el Ejército Alemán estaba encontrando dificultades en su avance debido a la férrea resistencia soviética en la línea constituida entre los ríos Dvina y Dniéper.

Mientras tanto, se comenzaba a plantear la estructura que la División tendría, basada en las utilizadas por la Wehrmacht, concretamente del denominado Modelo delo Antiguo de la División alemana de Infantería para hacer posible la fácil inserción en esta. Estaría compuesta de la siguiente manera: El Cuartel General, 3 regimientos de infantería de tres batallones cada uno, un regimiento de depósito fijo (3 batallones), un batallón de deposito móvil, un regimiento de artillería (4 grupos), un batallón de zapadores, 4 grupos (1 de transmisiones, 1 de transportes, 1 de intendencia y uno de sanidad) y una compañía de veterinaria.

Este cuerpo recibiría oficialmente el nombre de División Española de Voluntarios (División 250 de la Wehrmacht), cuyo objetivo era colaborar con el Ejército de Alemania en la cruzada contra el comunismo (art. 1). Además, quedaría constituida una representación en el Ministerio del Ejército que se encargaría de todo lo relativo a los voluntarios.

Antes de la partida de los divisionarios, una comisión aposentadora, y el 14 de julio Muñoz Grandes, partió a Berlín para organizar el alojamiento de los voluntarios. En esta primera recluta, el número de voluntarios fue de 18.946.

El domingo 13 de julio comenzó el transporte de hombres hacia Alemania, que se haría mediante tres trenes diarios que saldrían, desde Irún, a lo largo de 10 días. Así pues, los divisionarios españoles partieron hacia Baviera al grito del Cara al Sol (los núcleos falangistas) y destinados a combatir al enemigo soviético.

Los hombres de la División Azul son despedidos por la multitud en la estación de San Sebastián.

El adiestramiento y destino de la División Azul

La División Azul llegaba a Grafenwöhr en un contexto en el que Minsk había sido tomado por los alemanes (30 de junio) pero en los que la resistencia soviética había comenzado a ser feroz y en el que las maniobras alemanas eran dificultadas por el clima de lluvia, que convirtió la tierra en un lodazal. No obstante, el avance de la Wehrmacht hacía Moscú y, en el norte, hacia Leningrado continuaba justo en el momento en el que se fraguó la alianza de la URSS y Gran Bretaña.

Los recursos destinados a la toma de Moscú quedarían paralizados, pues el Führer, en contra de la opinión de sus generales, consideraba oportuno hacerse primero con el control de la provincia industrial de Leningrado. En estas condiciones, tras detenerse también el avance alemán en África, a partir de septiembre, la lucha contra los soviéticos iba a tomar un cariz encarnizado como no se había visto antes.

Con Leningrado sitiado y Moscú en el punto de mira, el 17 de septiembre se tomó Kiev. En estos momentos, los británicos tomaron Teherán dificultando el envío de combustible a los alemanes, además, junto a los norteamericanos, se comprometieron a abastecer a la URSS con armamento, vehículos de guerra y materias primas.

La División Azul en el campamento militar de Grafenwöhr

El lugar elegido por el alto mando alemán para el adiestramiento de los divisionario fue un campamento instalado en un pueblo próximo a Nuremberg, Grafenwöhr. La organización del recinto estaba bajo las órdenes del general de división Heberlein, que operaba desde la Komandantur.

Aquí llegaron los voluntarios españoles desde el 17 hasta el 23 de julio, habiendo recibido ya varios envíos de material alemán que habían pactado, los cuales eran necesarios para la instrucción, como el armamento, material y los uniformes del Heer. El único distintivo que diferenciaba a los soldados españoles de los alemanes era un emblema de seda con la bandera nacional alojado en el brazo derecho y una pegatina rojigualda en el caso. El equipamiento no finalizó hasta el 8 de agosto. Además, el 25 de julio se instó a Muñoz grandes a organizar la División en 3 regimientos, siguiendo el modelo de ataque alemán en Rusia, quedando repartidos en el Regimiento Esparza (269), Regimiento Pimentel (262) y Regimiento Vierna (263) (además del Batallón de Depósito Mixto, un regimiento de artillería, cuatro unidades independientes y los servicios). Este también pasó a llamarse oficialmente 250 División de Infantería de la Wehrmacht.

Llegada de los divisionarios a Grafenwöhr. 1941

La División Azul también tendría 14 servicios para ella: Sanidad, Farmacia, Veterinaria, Armamento-Municionamiento-Equipo, Intendencia, Transportes, Intervención, Pagaduría, Guardia y Vigilancia, Justicia (sometidos exclusivamente al código militar español), Información interna, Correos, Defensa Pasiva y Servicio Eclesiástico.

La División confirmó su integración en la Wehrmacht cuando el 31 de julio realizaron el juramento de lealtad a Hitler (representado por el capitán general Fromm) en una ceremonia celebrada en el campo de intruccion de Kramerbrg. Tras estas ceremonias, pues se ofició otra el 3 de agosto, habiendo recibido un adiestramiento intensivo de dos semanas, se consideró que la División Azul ya estaba lista para combatir en el frente, al que tardaron 53 días en llegar (9 en tren, 31 de marcha y otros 13 de nuevo en tren).

Los uniformes del Heer que los divisionarios vestirían en su campaña en Rusia. Lámina de José María Bueno.

El 20 de agosto comenzó el embarque de divisionarios y material, que irían partiendo en 66 expediciones de viaje escalonadas a razón de 12 trenes diarios. El día 29 partió de Suwalki (extremo oriental de Polonia) a pie, teniendo que cubrir los hombres de la División más de 900 kilómetros de marcha hasta Smolensko (proximidades de Moscú), donde partirían en tren hacia Dno, cerca del frente. En el trayecto, los divisionarios soportaron duras marchas a pie de mas de 40 kilómetros diarios, lo que forjó un hito en torno a estos hombres. Aquí se perdieron 11 vidas humanas, casi 1.000 caballos, 77 vehículos y dejaron 3.013 hombres inhabilitados para combatir.

Tras haberse reunido Muñoz Grandes con Hitler en Rastenburg y pasar la División por Grodno, Vilna y Minsk, el Führer restructuró los preparativos de la Operación Tifón, transfiriendo a los divisionarios al frente en Leningrado para que ayudaran a Von Leeb tras el fuerte contrataque soviético. Así pues, la División se situaría en un frente comprendido entre Novogorod (orilla occidental del lago Ilmen) y Leningrado. Concretamente, irían a un sector norte ubicado en Novogorod y la pequeña ciudad de Grigorovo, donde llegarían el 11 de octubre, siendo el lugar en el que se quedarían durante 10 meses.

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Un dato curioso es que, en principio, se creía que esta división de voluntarios iba a ser una unidad mecanizada. Por este motivo, durante la recluta se hizo un llamamiento a mecánicos y a personas que tuvieran conocimientos sobre reparación y manejo de vehículos. Esto no fue así, teniendo después un gran problema cuando tuvieron que hacerse cargo de 3.000 caballos, confiscados en su mayoría durante la invasión de Ucrania.

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