Hoy vamos a dar un pequeño salto temporal. Si en mi ultimo articulo hablé sobre los penúltimos estertores de vida de la sociedad andalusí en si, encarnada en los moriscos (centrándome en el caso concreto de Andalucía), hoy hablaremos del parto de esta, pero intentando desmontar uno de los mitos asociados a este nacimiento como es el negacionismo de la conquista islámica de la península ibérica. Hoy hablamos del negacionismo y la creación de Al Ándalus.

Introducción

La historia siempre ha tenido que superarse a sí misma. Desde su nacimiento, la Historiografía ha evolucionado y se ha hecho cada vez más científica y crítica, consigo misma y con lo que estudia y rodea. Aquí también emglobamos a todo el personal relacionado con el estudio de la historia, como historiadores, arqueólogos, científicos que permiten la datación de restos… Este ha sido un factor vital para el avance y desarrollo de esta como ciencia. Es lo que nos ha permitido desechar ideas erradas o abrir nuevas puertas que nos permiten salir de callejones sin salida y seguir ampliando nuestro conocimiento. Sin embargo, la Historiografía no está exenta de errores, que solo ella misma puede solucionar mediante la autocrítica o el avance del estudio científico. A pesar de esto, se han propuesto ideas, que pese a estar desechadas por su carácter pseudocientifico y sin ningún respaldo real en fuentes escritas o arqueológicas, han calado en algunos sectores de la población que asumen dichos postulados, por ciertos intereses, de manera acrítica.

Tal es el caso del tema que hoy tratamos, el negacionismo de la conquista islámica de la península Ibérica. Esta “teoría”, que pudiera resultar muy innovadora, no lo es. Ni es innovadora, ni es una teoría que se respalde en fuentes arqueológicas o textuales. Para empezar, este concepto surge de la mente de Ignacio Olagüe, un miembro las JONS (Juntas Ofensivas Nacional Sindicalista, organización fascista española por antonomasia que acabaría fusionándose con Falange), que en 1974 publica “La Revolución Islámica de Occidente”. En este libro, Olagüe intenta demostrar un supuesto proceso evolutivo de unos sectores poblacionales de la península, mayoritariamente arrianos, al islam, mediante un proceso de orientalización. Reduciendo la supuesta conquista a simples y pequeñas escaramuzas entre bandos enfrentados de católicos y arrianos. Este supuesto arrianismo hispano acabaría evolucionando al islam.

Por lo tanto, tenemos un relato que intenta reducir o negar la presencia de factores externos a la península en su devenir histórico, convirtiendo el islam en una especie de actor autóctono, soslayando las fuentes escritas que no interesaban, o mutilando las que si para que se ajustasen a esta “teoría”. En su época, las ideas de Olagüe causaron un cierto revuelo en el ambiente historiográfico. Todo el revuelo que puede provocar que un aficionado a la historia plantee algo tan alocado, sin mas pruebas que su imaginación.

Sin embargo, estas ideas, más allá de algunos círculos concretos, no tuvieron mayor difusión. Sin embargo, en 2006 se publicó “Historia General de Al Ándalus”, un libro que obtuvo más difusión y trascendencia gracias a internet. Este libro, escrito por Emilio González Ferrín, suponía una continuación de lo planteado por Olagüe en su libro con algunas variaciones e innovaciones a esta “teoría”. Lo cierto es que, aunque el libro fuese una continuación de lo planteado por Olagüe, suponía un cambio de paradigma para la situación, pues entraba en el ambiente académico, por supuesto, no de la mano de alguien de formación historiográfica, sino de un arabista.

La Conquista de la Península Ibérica

Para entender mejor esta supuesta “teoría” y las críticas que realiza (y para comprender mejor por qué estas no tienen pruebas textuales o arqueológicas que la sustenten) tenemos que conocer los hechos que hoy tenemos comprobados sobre la conquista árabe de la península Ibérica.

Mapa de la expansión islámica, desde los califas ortodoxos hasta los Omeyas.

En el 711, nos encontramos con un enorme imperio árabe, regido por la dinastía Omeya de Damasco, que ha logrado expandirse por parte del Mediterráneo y Asia en el último siglo. En el 647, este imperio se lanza a la conquista de los territorios más allá de las orillas del Nilo, es decir, a la conquista del Magreb, aunque desde el 642 se estaban produciendo incursiones de manos de Amr Ibn Al-As, el conquistador de Egipto. Esta conquista cuenta con ciertas similitudes a la de la península ibérica, pues durante esta campaña se realiza una política de pactos de sumisión y asimilación, además de apoyarse en los diferentes conflictos que existían entre las diversas tribus bereberes. Sin embargo, las tribus bereberes son muy diversas y numerosas, y su conquista será muy difícil, además de tener que enfrentarse también al Imperio bizantino, que había arrebatado, hace más de un siglo, el norte de África a los vándalos, formando el Exarcado de África, con capital en Cartago.  Y todo esto sin contar con el extenso y árido territorio que es el Magreb. Este proceso acabaría llevándoles más de 60 años. Una vez realizada la conquista del territorio se estableció una capital de provincia en Qayrawán.

En lo que respecta a Hispania, que se encontraba bajo el reino visigodo de Toledo, encontramos un periodo de inestabilidad política. Los dos reyes anteriores a Rodrigo, Égica y Witiza, habían tenido que luchar contra rebeliones protagonizadas por facciones nobiliarias contrarias a sus gobiernos. Sumando a esto la lamentable situación de la población judía, que acabaría ayudando a los conquistadores. Con la muerte de Witiza, en el 710, le sucedió en el trono Rodrigo apoyado por una facción aristocrática, ya que Witiza había intentado asociar sus hijos al trono. Estos nobles godos contrarios al gobierno de Rodrigo conformarían un grupo de oposición lo suficientemente importante como para hacer tambalear a la monarquía gótica generando una guerra civil. Las explicaciones más fantasiosas atribuyen la conquista a los pecados de lujuria del rey Rodrigo, que violó a la hija del gobernador de Ceuta, Don Julian, que optaría ante esto prestar sus barcos a los conquistadores. Sin embargo, lo más probable es que los conquistadores llegaran a la península en calidad de aliados del bando anti rodriguista, y que, ante la debilidad del estado godo, decidieran tomarlo.

Dentro de este contexto de expansión se encuentra la conquista de la península ibérica. Respecto a como se inicia o se plantea la conquista aún tenemos muchas incógnitas, no sabemos si fue planteada por el califa del momento, Walid I (705-715), algo muy improbable, por el gobernador de Kairuán, Musa Ibn Nusair, o por un general de este, Tariq Ibn Ziyad. Independientemente de esto, los contingentes arabo-bereberes cruzaron el estrecho. La fecha más probable de la llegada de las tropas Omeyas de África seria la primavera del 711, llegando Tariq comandando el ejército. En el verano del mismo año, las tropas godas y Omeyas se encontraron en lo que conocemos como batalla del Guadalete. En esta batalla las fuerzas góticas quedaron aplastadas, y el rey Rodrigo muerto. Tras esta derrota, los conquistadores pudieron hacerse con amplias zonas de territorio. Esto ya ocurrió en Oriente Próximo, donde, con pocas batallas campales, lograron arrebatar amplias zonas a los bizantinos y sasánidas. Desde la actual provincia de Cádiz partieron diversas expediciones que lograron tomar Córdoba, Toledo, Sevilla, Mérida… Este desarrollo de la conquista a manu militari no impidió que se realizasen acuerdos entre familias nobiliarias godas y los conquistadores. Estos acuerdos tenían un doble objetivo, primero el de las familias godas, que mantenían sus cotas de poder, y el segundo, el de los conquistadores, que los mantenían sometidos sin necesidad de combatir. También sabemos, por la numismática, que en el 714 aún existía un rey godo, proclamado en la zona norte peninsular, llamado Ágila. En pocos años tenemos la mayoría de la península Ibérica conquistada, excepto la línea norte de la costa Cantábrica, que logró zafarse del control Omeya.

Imagen de un billete de 5 libras con una recreación del bereber Tariq Ibn Ziyad.

Sabiendo los precedentes y el proceso de desarrollo del asentamiento de las tropas Omeyas en la nueva provincia del califato, Al Ándalus, pasaremos a desgranar las fuentes, tanto arqueológicas como escritas con las que contamos. Por supuesto, no sin antes hablar de que críticas hace el negacionismo a estos hechos históricos.

Las principales críticas de los negacionistas

Para tener claro qué es lo que defienden los que sostienen esta “teoría” tenemos que ver las principales críticas que estos hacen a lo que llaman la historia institucional o legajista (refiriéndose a los legajos de texto en un tono claramente despectivo hacia los mediavalistas). Para ello las resumiré en dos, las principales y más importantes.

Para empezar, alegan una especie de evolución del arrianismo peninsular hacia el islam mediante “oscuros predicadores”. Para el que no lo sepa, el arrianismo es una modalidad del cristianismo considerada herética, por no creer en la trinidad, y que considera a Cristo como un simple profeta, sin nada de divino. Respecto a la afirmación del negacionismo antes hecha, podemos decir que lo cierto es que existen dos hechos que hacen que el que sepa un poco de la historia peninsular de la Alta Edad Media comprenda que esto ni fue, ni pudo ser así. El primero era que no existía una mayoría arriana en la península. La mayoría era católica, pues quitando las elites godas, la mayoría peninsular era hispano-romana, y esta llevaba años de cristianización por parte del estado romano y del propio proselitismo católico. Tras años de luchas e intentos, como el del propio Leovigildo, de arrianizar a la población peninsular, se desistió en esto.

Rebeliones como la de Hermenegildo para acceder al trono (580-84), hijo del propio rey Leovigildo, y que se convirtió al catolicismo, demuestran que el arrianismo comenzaba a estar en claro declive. Este recibiría la puntilla en el segundo hecho que hace tambalear esta afirmación del negacionismo. Y es que, en el 589, y con el otro hijo de Leovigildo, Recaredo, ya asentado en el trono, se convocaba el III Concilio de Toledo. En este concilio la nobleza visigoda y el monarca adjuraron de la fe arriana y se convirtieron al catolicismo, al igual que el clero arriano, que, aunque hubo un sector que se negó, también hubo otro que acepto integrarse en el clero católico, siempre y cuando se respetasen sus puestos en la jerarquía eclesiástica. Este año supuso la muerte del arrianismo hispano a favor de una mayoría católica. Por lo tanto, la pervivencia del arrianismo, y mucho menos de una mayoría arriana, que pudiera evolucionar al islam se nos hace imposible. Respecto a una de las afirmaciones que hace el negacionismo de “oscuros predicadores” … no tenemos pruebas ni indicios ninguno que puedan llegar, si quiera a insinuar, de que a la península llegaran esos “oscuros predicadores” islámicos previamente a la conquista de esta.

Otra importante crítica que hace el negacionismo es que el islam como tal “no existía”, que no estaba desarrollado y que el Corán no estaba codificado, poniendo en duda la identidad islámica de los conquistadores. Lo cierto es que la identidad islámica de los conquistadores es innegable por diversísimas razones que podremos observar en las fuentes arqueológicas, además de las ya existentes en otros lugares que formaron parte del califato Omeya de Damasco. En lo referente a estas ultimas tenemos unas inscripciones que hacían las funciones de mojones en un sistema de caminos creados por el califa Abd Al Malik (685-705) para unir Damasco con Jerusalén y la costa del levante mediterráneo. En ellos podemos observar la Shahada  (profesión de fe islámica que reza: “No hay más Dios que Dios y Mahoma es su profeta”), referencias al califa y a la distancia del tramo de la calzada. Por lo que la impregnación de algo tan simple, como un mojón, de elementos religiosos, nos indica que es una religión ya asentada. Por no hablar de la mezquita de Qubbat Al Sajra (la cúpula de la Roca) de Jerusalén. La construcción de este importante monumento islámico data del 692 (año de finalización) y en el podemos ver algunas de las primeras inscripciones que hacen referencia al Corán, y que curiosamente son citas que hacen referencia a los cristianos y como el islam es la verdadera religión. También, en la gran mezquita de Saná, en Yemen, se descubrieron 12000 fragmentos de textos coránicos, los cuales datan del siglo I de la Hégira. Por lo cual tenemos una comunidad islámica más que asentada, y lo más importante, diferenciada de la cristiana. Además, es curioso que el negacionismo hable de transición de arrianismo a islam, pero que luego niegue la identidad islámica de los conquistadores porque el islam no estaba “desarrollado” como tal.

Las fuentes escritas de la conquista

Independientemente de esto, ¿Qué tenemos los historiadores para construir el relato historiográfico de la conquista?

Para empezar los pactos de sumisión, como el de Tudmir. El pacto de Tudmir fue un pacto entre los conquistadores y un noble visigodo llamado Teodomiro. En este pacto, firmado en el 713, se delimitaba un espacio y convertía a la región en una especie de autonomía dentro de la recién creada provincia de Al Ándalus. Éste es de los primeros testimonios con que contamos de la conquista islámica y de las relaciones entre conquistadores y conquistados.

El impacto de la conquista islámica de la península ibérica por parte de las huestes Omeyas, y la caída del reino visigodo, tuvo su repercusión internacional. En el 746, Bonifacio, conocido como “el apóstol de los germanos” por la evangelización de frisios y sajones, escribía con preocupación al rey Ethebaldo de Mercia, hablando de la conquista Omeya como si de una plaga bíblica se tratase. En el 735, antes incluso que Bonifacio, el monje Beda el Venerable hizo mención a los conquistadores, llamándolos sarracenos y mencionando sus campañas en la Galia, posiblemente en referencia a la batalla de Poitiers (732). Pero para las crónicas más detalladas sobre los hechos acaecidos en la península ibérica tendremos que esperar unos años. Estas son la crónica bizantino-arábiga y la mozárabe, escritas en el 744 y 754, respectivamente. Gracias a estas crónicas podemos reconstruir mejor los hechos ocurridos en la península durante la primera mitad del siglo VIII. Y aquí estoy hablando de crónicas y menciones lo más cercanas e inmediatas a la conquista, para que no quepa duda de que son elementos cercanos, temporalmente, a los hechos, ya que el negacionismo desestima crónicas posteriores, alegando que estas son “poco fidedignas”.

Las fuentes arqueológicas de la conquista

En lo que respecta a las fuentes arqueológicas de la conquista, tenemos dos evidencias principales a los que hacer referencia, además de algunos otros yacimientos a los que posteriormente haremos breve mención.

El primero son los sellos de plomo. Los sellos de plomo eran precintos que servían para concretar el reparto de botín, y su datación se encuentra en los primeros años de la conquista (seguramente producidos por Abd Al Aziz, o incluso anteriores, por su padre Musa Ibn Nusair) donde encontraríamos por primera vez escrita la palabra Al Ándalus, en un sello donde aparece la frase “Qism Al Ándalus”, “reparto de Al Ándalus”. Además, en el dorso de algunos de estos podemos leer la frase “bismi Alláh”, que significaría “en el nombre de Dios”. Volvemos a encontrar referencias a la identidad islámica de los conquistadores. Este tipo de precintos de plomo se han encontrado, sobre todo, en la zona sur peninsular, en la zona occidental de Andalucía (destacando Cádiz, Córdoba y Sevilla) y el Algarve. También los hemos encontrado en el norte, en la zona de la Narbonense. La existencia de estos sellos de plomo nos es muy útil para afirmar que hay un nuevo poder que trae una nueva lengua y que esta repartiendo los beneficios obtenidos de una contienda.

Los segundos restos arqueológicos con los que contamos para reafirmar y reconstruir los hechos de la conquista son las primeras monedas acuñadas en la península por el nuevo poder Omeya. Para empezar, una moneda no es solo un objeto con un valor de cambio, también es un símbolo de poder, y solo el poder puede acuñar monedas y distribuirlas. Por lo que la aparición de unas nuevas monedas, con una nueva simbología es símbolo de un nuevo poder establecido en la península. Veamos, pues, la cronología y simbología de estas monedas y su relación con la nueva autoridad islámica.

Para empezar, veamos las mas recientes a la conquista, es decir, los diez años sucesivos a la conquista. Este grupo de moneda podemos dividirlo en dos grupos:

  • Dinares latinos: acuñados del 711-16. En los cuales las inscripciones que encontramos están exclusivamente en latín.

    Moneda acuñada por Musa Ibn Nusair en grafía latina, donde se lee en el anverso: «INNDOMINIVDS» (In Nomini Unus Deus Solus), y en el reverso el nombre de su acuñador.
  • Dinares bilingües: acuñados del 716 al 720-21. Las inscripciones que encontramos en estas monedas están, por un lado, en latín y al reverso en árabe.

 

Dinar Bilingüe, escrito en grafía latina y árabe, con la estrella de ocho puntas. Datada en el 716.

Para más inri, hay que destacar un hecho excepcional en el proceso de acuñaciones de monedas en la península ibérica. Los árabes, durante sus procesos expansivos durante el siglo VII y VIII tendieron a imitar las monedas de los territorios conquistados (véase sasánidas y bizantinos), sin embargo, en la península ibérica se produce una clara ruptura con el sistema monetario anterior, se rompe con los numerarios godos en una clara muestra de que había aparecido una nueva autoridad. Para la acuñación de monedas en suelo hispano, se siguió el modelo bizantino norafricano, algo lógico si pensamos que uno de los principales actores de la conquista fue Musa Ibn Nusair, gobernador de Kairuán, y responsable de las primeras acuñaciones. También es de señalar que la acuñación de monedas norte africanas cesa cuando se comienzan a producir las hispanas, lo que demuestra que el gobernador no se encontraba presente, y ante su ausencia se para la producción, que continua cuando regresa.

La primera tanda de dinares producida contenía unas inscripciones en latín en referencia al único dios como: “no hay más Dios que el único Dios, no tiene asociado”. Además, estas monedas, a diferencia de las norteafricanas, contaban con una estrella de ocho puntas en referencia al lucero de Poniente y Hesperia, que asociaban a la península ibérica.

En el 716 es asesinado Abd Al Aziz Ibn Musa en Sevilla, que había sido nombrado por su padre, Musa Ibn Nusair, valí de Al Ándalus. En ese mismo año comienza el gobierno como valí de Al Hurr, y con el comienza la emisión de un nuevo modelo de monedas, esta vez bilingües. En ellas encontramos leyendas de contenido islámico (como la mención al profeta Mahoma) y escritas en carácter cúfico, también se mantenían las inscripciones en latín en la otra cara. En estas monedas encontraremos por primera vez la palabra “Al Ándalus” escrita en ellas.

Como podemos comprobar, durante los primeros años de la conquista y de la instalación del nuevo poder, árabe e islámico, la acuñación de su moneda va evolucionando. Esto es clara muestra de la instalación de un nuevo poder, pues no se aprende de la noche a la mañana árabe sin existir ningún precedente. Y que sepamos, las academias de idiomas no estaban todavía a la orden del día.

Pero no son solo monedas y sellos de plomo un elemento esencial para conocer mejor el desarrollo de la conquista árabe de la península ibérica, pues contamos con otros yacimientos de igual importancia. Muestra de esto es la necrópolis islámica encontrada en Pamplona, en la plaza del castillo, con 190 cuerpos de ambos sexos y diferentes edades, y cuyos análisis genéticos han demostrado que los cuerpos eran de procedencia bereber, y los cuales estaban enterrados siguiendo el rito musulmán. Y como sabemos, el papel que jugaron los contingentes bereberes en la conquista fue muy importante. Además de esto, hemos encontrado algunos anillos con inscripciones en árabe, también datados en el siglo VIII. Curiosamente, las fuentes tan vilipendiadas por los negacionistas están siendo corroboradas de forma progresiva por los avances arqueológicos en dicho campo.

Necrópolis islámica de la plaza del castillo en Pamplona.

Finalmente, es de destacar la fortificación de Qasr Amra, la cual se encuentra en Jordania. En esta fortificación podemos encontrar frescos de todo tipo de temática y de clara influencia del arte bizantino, pero para el asunto que nos concierne nos centraremos en uno, el fresco de los seis reyes. En el encontramos a 6 figuras de importantes dignatarios de la época, de los cuales solo podemos adivinar 4, todos vencidos por los árabes: gobernadores bizantinos, persas, etíopes y, el más importante para nosotros, el rey Rodrigo. A esto se acompaña la palabra griega NIKE (victoria), por si no eran lo suficientemente explícitos. Por lo que estamos encontrando una alegoría del triunfo del imperio árabe contra otras fuerzas de la época, con un mensaje explicito de victoria sobre estos soberanos, en la otra punta del Mediterráneo.

fresco de Qasr Amra (Jordania) que representa a los seis reyes vencidos por el islam, entre ellos el rey Rodrigo.

Conclusión

El negacionismo de la conquista islámica de la península ibérica hunde sus raíces en la búsqueda de la no injerencia de poblaciones árabes y bereberes en la península ibérica, presentando la islamización y aculturación de la población autóctona como un simple devenir evolutivo de la propia cultura instalada en la península. Lo más sorprendente de esto es que sectores totalmente contrarios a estas teorías claramente racistas, hayan resignificado esta “teoría” para presentarla como algo innovador, aunque desde la misma perspectiva totalmente paternalista y que desprecia la capacidad organizativa, militar y política del imperio que construyó el mundo árabe por aquel entonces. Por no comentar las numerosas contradicciones con que dicha “teoría” cuenta, estando más en el terreno del mito que el de una propuesta formal sobre la lectura de unos hechos históricos.

Sin duda alguna, la conquista de la península ibérica es un hecho comprobado y más que contrastado, pues no solo las fuentes escritas, cristianas e islámicas, apuntan a ello, si no también las fuentes arqueológicas. La historia debe estar abierta a nuevos debates e interpretaciones que la permitan avanzar, debe ser crítica y emplear la duda metódica,  pero siempre desde una lectura rigurosa y basada en hechos firmes y contrastados, ya que si dudamos de todo, entonces no tenemos nada.

Bibliografía

  • García Sanjuán, A. (2013). La conquista islámica de la península ibérica y la tergiversación del pasado. Madrid: Marcial Pons.
  • Tawfiq, I. (2011). Nuevos documentos sobre la Conquista Omeya de Hispania: Los precintos de plomo. Zona Arqueológica, (15), 147-161.

1 COMENTARIO

  1. Muy buen artículo de refutación. No sabía de donde venía semejante fantasmada, no podía ser de un historiador, o al menos de un historiador serio. Yo que solo soy un aficionado a la historia ya sabía de que eso de que el arrianismo era una religión dominante y que de ella se podía evolucionar al islam era una tontería……….

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