Inicio Historia Moderna Los moriscos de Andalucía

Los moriscos de Andalucía

0
imagen de un segmento de las yeserías de la Alhambra.

En este artículo buscaremos reconstruir la vida de los moriscos de Andalucía, desde la formación del grupo como tal, hasta la situación posterior a la guerra de las Alpujarras, la cual supone un cambio de paradigma para estos. Para ello nos centraremos, en gran medida, en los moriscos pertenecientes al reino de Granada, pues son el claro ejemplo de cultura islámica y andalusí que pervive en la corona de Castilla, y porque son el grupo más numeroso dentro de los 4 reinos andaluces, aunque intentaremos dar pequeñas pinceladas de lo que ocurre en los reinos de Sevilla (principalmente), Córdoba y Jaén. Independientemente del reino al que perteneciesen, intentaremos hablar de cómo funcionaban los grupos moriscos, su relación con el resto de la sociedad y su historia hasta después de la guerra de la Alpujarra.

Situación Postguerra de Granada

Un 2 de enero de 1492, Muhammad XII Abu Abdallah (popularmente conocido como Boabdil), ultimo emir de Granada, entrega a Fernando II de Aragón, el católico, las llaves de la capital de su emirato, en los entornos de un morabito, que hoy es la ermita de San Sebastián.

La rendición de Granada, de Francisco Pradilla y Ortiz, 1882
La rendición de Granada, de Francisco Pradilla y Ortiz, 1882, Palacio del Senado, Madrid, España.

Este hecho no solo ponía fin a una contienda que duró en torno a 10 años y que también fue una guerra civil en el corazón del emirato, si no que ponía fin al último estado andalusí, unos estados que llevaban en la península desde el 711, es decir, durante 781 años, casi ocho siglos, formando entidades muy diversas, desde importantes potencias internacionales, como el Califato Omeya de Córdoba, hasta estados más quebradizos, como el propio Emirato Nazarí de Granada (Cuya creación podemos leer en este artículo: Introducción al nacimiento del Reino Nazarí de Granada).

La conquista del emirato de Granada y su conversión en el castellano reino de Granada traían un cambio de dominio y denominación, pero también otros efectos. El principal y más importante, es el cambio de estatuto de los habitantes del emirato de Granada, de ciudadanos de pleno derecho, a mudéjares (que significa domesticado), una minoría protegida. Tenemos otros efectos, como, por ejemplo, muchas de las antiguas elites andalusíes se fueron al norte de África, entre ellos la propia familia Nazarí, con Boabdil a la cabeza. También trajo consigo la llegada de predicadores y cristianos viejos para poblar ciertas zonas. Los predicadores estuvieron dirigidos por Fray Hernando de Talavera, confesor personal de la reina Isabel, y que creía que estas conversiones debían ser honestas y mediante el convencimiento dialectico.

Durante esta etapa, ciertos sectores de la antigua elite que pervivió en el reino decidieron convertirse, al igual que ciertos sectores de la población, sobre todo urbana. Sin embargo, estas conversiones suponían una ínfima minoría, y de zonas urbanas (manteniéndose casi intacta la mayoría musulmana en las zonas rurales), creyendo los monarcas que el proceso sería más rápido. En 1498 somos testigos de un acuerdo, con Mohammed el Pequeni como representante de los mudéjares, por el cual Granada queda partida en dos. Un espacio donde vivirían los cristianos, y otro donde vivirían los mudéjares, la morería. Los límites de estos espacios quedaban determinados en el acuerdo, siendo muy relevante en este el Albaicín.

La paciencia de los reyes se acabó, y en 1499, Hernando de Talavera, vio socavada su autoridad frente a la del Cardenal Cisneros. El cardenal Cisneros era mucho más autoritario que Fray Hernando, encarcelando a algunos mudéjares y realizando conversiones forzosas a algunos mudéjares y elches (cristianos convertidos al islam).

En lo que respecta a Sevilla, encontramos una situación diferente. Desde la revuelta mudéjar de 1264, la población islámica fue reduciéndose en el reino de Sevilla, morerías como las de Constantina, Carmona o Jerez de la Frontera llegaron a desaparecer a finales del siglo XIII, principios del XIV (lo cual no quiere decir que desapareciesen los moriscos, pero su escasísimo número hace que no se les pueda considerar un grupo). También encontramos que, durante la guerra de Granada, los mudéjares de la capital del reino sevillano, son apartados en una morería, o varias, puesto que tenemos una morería en el barrio de San Pedro, y otra morería en el barrio de San Marcos, situada por K. Wagner y López Marcos.

La población morisca sevillana experimentó un crecimiento importante debido a la guerra de Granada, destaca la llegada de mudéjares de Ronda, también con la expulsión de los musulmanes de Portugal en 1496, y el permiso emitido por los reyes católicos en 1497 para que se asentaran en sus dominios, hizo experimentar un crecimiento en la población mudéjar sevillana. También sabemos que los mudéjares de la capital del reino mantenían contactos con mudéjares de otros municipios del reino de Sevilla, como Écija, Niebla o Alcalá del Río. En el reino de Córdoba encontramos un caso parecido al del reino de Sevilla, pues habían sido conquistados en el mismo contexto de campañas del rey Fernando III, y por lo tanto tenemos una sociedad menguante. Un ejemplo excepcional de población mudéjar que no decrece es Palma del Río, una población que contó con un grueso volumen de población morisca, con casi 500 habitantes mudéjares (en torno a 121 familias). También contamos con Priego de Córdoba, con 67 familias mudéjares y la propia capital Cordobesa contaría con 40 familias mudéjares (aunque fue una población decreciente y envejecida) .

Revuelta Mudéjar del Albaicín y la Alpujarra: Conversiones Forzosas

La presencia de Cisneros y las presiones a la comunidad mudéjar hicieron que esta sintiera que no se estaban cumpliendo las capitulaciones, además de sentirse atacada por las conversiones forzosas. Esto dio pie a una revuelta, cuyo origen lo encontramos en el Albaicín, el barrio de la antigua capital emiral, a finales de 1499. En un inicio la revuelta fue sofocada en la capital, pero se trasladó a las Alpujarras, debido a esto, Fernando el católico, acudió personalmente, en marzo de 1500, a comandar el ejército para atacar a los rebeldes. La revuelta fue suprimida pueblo por pueblo, y a la altura de 1501, ya parecía que había terminado la contienda, hasta 1502, cuando se promulgan las ordenes de conversión forzosa o expulsión.

The Moorish Proselytes of Archbishop Ximenes, (Los prosélitos moros del arzobispo Ximenes, Granada, 1500), obra de Edwin Long (1829–1891)
The Moorish Proselytes of Archbishop Ximenes, (Los prosélitos moros del arzobispo Ximenes, Granada, 1500), obra de Edwin Long (1829–1891), Galería de Arte y Museo Russell Cotes, Reino Unido

Una vez acabada, se dio la opción a los moriscos de bautizarse o exiliarse. Sin embargo, el cobro de los impuestos para poder desligarse de la tierra y marcharse eran muy altos, por lo que la mayoría de los moriscos (que eran artesanos o campesinos) decidieron convertirse en cristianos, aunque conservando secretamente sus creencias y costumbres (amparados por algunas aleyas coránicas que permitían ocultar la fe islámica en caso de que el musulmán corra peligro). Estas conversiones forzosas se produjeron en los reinos hispánicos de manera muy dispar, en Portugal ya se había hecho en 1496, en castilla en 1502 (debido la revuelta morisca), en Navarra en 1516 y en Aragón en 1523-26. Estas conversiones forzosas supusieron el paso de mudéjares, una minoría protegida y con estatuto propio, a moriscos, una minoría perseguida y “oculta”, lo que provocará tensiones internas muy importantes, dentro de la monarquía hispánica.

Para empezar, estos entraban en el seno de la comunidad cristiana (aunque fuese por la fuerza), y en los reinos hispánicos del siglo XVI, la diferencia entre ser un mudéjar y ser un cristiano hereje era muy importante, pues la inquisición tenía obligación de actuar sobre ellos y castigar las desviaciones que se pudieran producir en el seno de la fe católica. Aunque hay que decir que la inquisición actuó de manera poco efectiva, intencionadamente, en los primeros años en el reino de Granada (ya que no se podía condenar a toda la población), lo que hizo que algunos moriscos de otras regiones o judeoconversos se dirigiesen a territorio granadino. Por lo tanto, encontramos a unos musulmanes en una situación más precaria que los antiguos mudéjares y judíos que poblaban los reinos hispánicos, y por otro lado a unos cristianos viejos, que entran, favorecidos, ocupando cargos en la administración, y deseosos de realizar méritos ante sus superiores. Este último grupo, los cristianos viejos, conforme pasaba el tiempo, eran más hostiles hacia los moriscos, con los que tenían que competir, y a los cuales no consideraban súbditos leales por ser enormemente diferentes a ellos.

En 1502 se pregona en Sevilla la orden de bautismo o expulsión, produciéndose la transformación de la comunidad mudéjar en la comunidad morisca. En las semanas siguientes se produjeron los bautizos de los mudéjares en las parroquias de Santa Ana y San Ildefonso (seguramente también en la de San Pedro, pues allí encontramos una morería, aunque no conservamos los libros de bautismo).

Moriscos de Andalucía

La comunidad morisca en Andalucía fue muy diversa. En el reino de Granada es donde encontramos que más se conserva el espíritu islámico de estos moriscos (aunque haya diferencias, no es lo mismo la capital granadina, o la la Alpujarra, que ciertos pueblos donde existió mayor afluencia cristiano vieja) mientras que en los reinos del valle del Guadalquivir ya los encontramos más castellanizados. Es por ello por lo que haremos una breve introducción a su sociedad, costumbre y trabajos.

Los cuatro reinos de Andalucía.
Los cuatro reinos de Andalucía.

Costumbre y Sociedad

Para empezar, hablaremos de las diferencias entre los moriscos del reino de granada y los castellanos viejos, pues estos primeros son los que mejor conservan su identidad islámica-andalusí. Aunque Julio de Caro Baroja divide las diferencias en cuatro, en su libro moriscos del reino de Granada, (1957) yo compactaré las dos últimas en una (pues considero que la religión no deja de ser un rasgo cultural más):

  1. Diferencia religiosa-cultural: aparte de ser la principal y más básica, pues unos son musulmanes y otros cristianos, los cristiano-viejo consideraban a los moriscos apostatas dados a la astrología, la adivinación y ciertos tipos de magia (por lo que los consideraban herejes). También encontramos diferencias (que profundizaremos más adelante) entre los matrimonios, los funerales, los bautizos, los trajes, la alimentación, la higiene… También se consideraban a los moriscos más fecundos y sobrios comiendo.
  2. Idioma: los moriscos andaluces (más concretamente los del reino de Granada) hablaban principalmente el árabe, (los de los reinos de Sevilla, Córdoba y Jaén ya estaban muy castellanizados, y hablaban principalmente el castellano), pero con unas características muy concretas, como un acento propio y una escritura aljamiada.

También, según Julio Caro Baroja, dentro del reino de Granada, podemos distinguir entre varios tipos de moriscos, entre los cuales podemos encontrar:

–           Gacis: moriscos de África, esclavos liberados establecidos en las montañas del sur de Granada tras la conquista. Este tipo de morisco solía trabajar en el campo o dedicarse a guerrear. Muchos de estos formaron linajes diferenciados.

–           Mudéjares Antiguos: mudéjares llegados del norte de la corona castellana tras la conquista, traídos por los reyes católicos, normalmente dedicados a actividades comerciales. Parece ser que políticamente no suponían una amenaza, pues durante la guerra de la Alpujarra, cuando Juan de Austria (hermanastro de Felipe II) ordeno vaciar el Albaicín, permitió a estos quedarse, pues los consideraba fieles vasallos.

–           Elches: Estos eran cristianos convertidos al islam, o descendientes de estos. Este tipo de morisco producía especial animadversión entre los cristianos, pues había traicionado la fe católica para abrazar al islam. Las medidas tomadas por Cisneros contra estos fueron especialmente represivas, lo que acabaría siendo la mecha de la revuelta del albaicín y la alpujarra (como comenté al principio del punto 1.2).

–           Tagarinos: moriscos llegados de fuera de Andalucía, normalmente de la meseta o de Aragón, mucho más cristianizados (al menos en su aspecto y formas como el habla o vestimenta), dedicados a actividades comerciales, como los mudéjares antiguos.

Además de los diferentes tipos de moriscos, en lo que respecta a su estructura social, los vínculos de solidaridad eran muy importantes en un mundo y una situación de amenaza constante. Estos vínculos de solidaridad vendrán heredados de tiempos andalusíes, lo que conocemos como solidaridad agnaticia, los que están sometidos al patriarca, llamado por Ibn Jaldún como asabiyya.

Para Ibn Jaldún los vínculos de solidaridad más fuertes son los de sangre o los análogos a estos. Los vínculos más puros en este tipo de solidaridad se encuentran en los pueblos nómadas como los beduinos o los bereberes.  En los lugares más sedentarios, según Ibn Jaldún, no se da tanta importancia a estos vínculos, siendo Al Ándalus uno de estos lugares, donde la importancia es reducida. Sin embargo, Julio C. Baroja niega esto.  Para el, la demostración de que los linajes y la solidaridad agnática eran importantes factores de la vida de los moriscos es que siguen existiendo linajes moriscos en el siglo XVI y aun en el siglo XVII, significando, por lo tanto, la asabiyya, un importante aglutinante.

Después de acabada la guerra de Granada, los linajes andalusíes que quedaron se fueron marchando al norte de África, entre ellos los propios Nazaríes, representados por Boabdil, que marchó a Fez. Sin embargo, algunas familias habían conservado algunas posesiones y señoríos. Don Hernando de Valor y Córdoba, que sería más conocido como Aben Humeya (del que hablaremos más adelante) tendría el señorío de Valor, o Alonso de Granada Venegas, señor de Campotéjar y Jayena. También lo encontramos en los apellidos, pues Aben Humeya decía descender de los Omeyas (Mármol Carvajal lo describía así: “Aben Humeya, uno de los nietos de Mahoma, hijos de su hija, que en tiempo antiguo tuvieron el reino de Córdoba y Andalucía.”), mientras que su enemigo, Aben Farax, de los abencerrajes. Vemos también como se desarrollan fabulas genealógicas, enlazando con pasados esplendorosos (como el mismo Emirato y Califato de Córdoba) que dan prestigio a los poseedores de dichos apellidos. A parte de conservar sus linajes (que no solo lo hacían las dinastías importantes, si no algunas más humildes), conservaban una organización de carácter patriarcal. El hombre más viejo, y primogénito por la vía paterna era el jefe del linaje, conocido por los castellanos como un jeque. De hecho, los consejos de ancianos eran muy comunes y jugaron un papel negociador en la Guerra de la Alpujarra.

En lo que respecta a las costumbres moriscas, estos eran muy dados a las celebraciones, donde se reunían los ancianos importantes de los linajes, además del resto de los hombres, incluso las mujeres. Para festividades de carácter religioso como las bodas, los bautizos o los entierros, debían cumplir primero como cristianos nuevos, debían cumplir primero con la iglesia, por lo que les costaba un doble trabajo.

Una partera, y unos cristianos viejos vigilaban recelosos el parto, bautizando al niño con nombres castellanos. Posteriormente se realizaban ritos moriscos, para descristianizarlo (echándole agua caliente para quitarles la crisma y el olio santo), circuncidarlo y poniendole un nombre árabe. Lo mismo ocurría con las bodas, donde se realizaba una primera de forma cristiana, y posteriormente una segunda islámica. Algunos moriscos del reino de Granada y de Jaén, conservaban los ritos como la realización del ramadán, las oraciones y abluciones estipuladas, además de muchos dogmas del islam, los cuales, algunos realizaban en público (lo que producía indignación entre los cristianos viejos).

La comunidad morisca, respecto a las anteriores comunidades mudéjares y la sociedad andalusí prexistente, se volvieron más ortodoxos como mecanismo diferenciador. Por ejemplo, no solían consumir vino (aunque en Andalucía fueron más laxos), no comían nada de cerdo ni relacionado con el (llegando a no comer ni zanahorias, ni rábanos, ni nabos, pues las consideraban alimentos de los puercos), ni con su manteca o grasas, tampoco comían carnes sin sangrar, teniendo carnicerías propias con matarifes, encargados de la matanza y el sangrado de la carne. Debido esto se debía a que consideraban las carnes con sangre coagulada como impuras, por lo que tampoco comían animales muertos en accidentes o mordidos por otro animal.

En otros aspectos culturales como la lengua, encontramos un fenómeno como es el romance aljamiado, es decir, las lenguas romances como el castellano, aragonés, gallego o el catalán, que se escriben en alfabeto latino, por parte de algunos moriscos, se escribe con grafía árabe. Además, encontramos pequeñas diferencias a la hora de hablar. También, como hemos comentado antes, los moriscos del valle del Guadalquivir, más castellanizados, hacía tiempo que habían perdido el árabe como lengua materna, mientras que los granadinos aún la mantenían. Por lo poco que sabemos, los moriscos sevillanos no sabían escribir en lengua castellana. En lo que respecta a otras cuestiones, como la vestimenta, ocurría algo parecido a la lengua, los moriscos granadinos mantenían sus vestimentas típicas moriscas, mientras que los del valle del Guadalquivir ya vestían a la castellana. Estas vestimentas fueron fielmente reflejadas por el artista alemán Christoph Weiditz, que las dibujo con detalle.

morisco y morisca en una burra, de Christoph Weiditz
morisco y morisca en una burra, de Christoph Weiditz
Danza Morisca de Christoph Weiditz
Danza Morisca de Christoph Weiditz

Al morir los reyes católicos, la transigencia hacia este colectivo fue desapareciendo cada vez más. En 1508, Doña Juana (popularmente conocida como Juana la loca), dispuso que los moriscos tenían que abandonar su traje tradicional, para facilitar la labor de asimilación, prorrogándose otros seis años una vez ejecutada la orden. Años más tarde, en 1518, se pretendió que se cumpliera dicha ley, pero los moriscos consiguieron que se echaran atrás, obteniendo un nuevo aplazamiento. En 1526, como antes indicamos, se suprimió en Aragón el culto islámico.

Los trabajos de los moriscos

Los moriscos, en casi toda Andalucía, se dedicaban a los trabajos agrícolas en su mayoría. En la Alpujarra destaca el uso del cultivo de regadío (por medio de acequias), el aprovechamiento del difícil territorio, y, además, la producción de la seda (donde podemos recalcar los municipios de Órgiva, Ferreira y Poqueira). Esta producción agrícola hacía que las relaciones que existían entre los moriscos del mundo rural y los de la ciudad de Granada fueran constantes, pues en la ciudad de Granada se encontraba un importante centro comercial e industrial de este mercado. En ella se realizaban numerosos tratos, además de venderla en bruto, o convertida en mantos, paños o ropajes, en la alcaicería de Granada. Los constantes contactos entre los alpujarreños y granadinos, permitió planear la sublevación, llegando incluso, las autoridades de Granada, a querer expulsar a todo morisco no vecino de la ciudad. Esto se debió a otro factor importante y es la competencia entre las telas granadinas y las traídas de fuera de Andalucía, desde castilla. Se calcula que pudo haber casi 4000 telares antes de la expulsión de los moriscos del reino de Granada, encargándose cada familia de estos, recogiendo una media aproximada de 40 mil o 50 mil capullos de seda.

La mayoría de la población morisca sevillana se dedicaban a trabajos relacionados con el Alcázar, las atarazanas, y los caños de Carmona. También encontramos abundantes trabajadores moriscos en sectores como la yesería, la carpintería o de albañiles, en menor medida. También los encontramos como herreros, torneros, plateros… además encontramos a muchos moriscos relacionados con la producción del pan. En lo que respecta a otras comarcas del reino de Sevilla, como el Aljarafe, encontramos una importante relación de estos moriscos con la producción frutícola de las huertas del Aljarafe. En otras localidades del reino, como la Algaba, encontramos a moriscos dedicados a la labranza, además de algunos albañiles y algún herrero. Parece que estos mantenían vínculos estrechos con los moriscos de la capital. Los mudéjares algabeños se acabarán transformando en moriscos en 1502, casi de forma simultánea a los de la capital sevillana.

También poseían esclavos, que solían liberar antes de morir, como Inés de Medina, una morisca que libero a su esclava Francisca. Sin embargo, la posesión de esclavos no indica un nivel socioeconómico alto, si no, como dijimos antes, son gente de clases humildes y trabajadoras. Ejemplo de esto es la ciudad de Antequera, con una enorme mayoría morisca esclava, frente a una minoría en libertad. Sin embargo, la mayoría de estos moriscos se dedicaban a las labores del campo o domésticas.

En lo que respecta a la población morisca del reino de Córdoba, si bien hay una mayoría de trabajadores en el campo, trabajando como labradores, hortelanos o simples trabajadores del campo, hay una mayoría de trabajadores en el sector secundario, dedicándose a la zapatería, la construcción o como horneros. Todo esto se vio acentuado por la llegada de los moriscos granadinos tras la Guerra de la Alpujarra. En lo que respecta al reino de Jaén, encontramos que la mayoría de estos se dedican a los trabajos en el campo (una constante en toda la sociedad o grupos moriscos) o a la artesanía, con casos como Andújar o Bedmar.

 

Granada en Guerra: La Guerra de la Alpujarra

En la historia de los moriscos hay tres hechos que marcaron el devenir de esta parte de la sociedad de la corona hispánica (aunque aquí solo tratemos la parte andaluza), estos tres hechos serian la conversión forzosa de los mudéjares a cristianos nuevos (1502), y, por tanto, la creación de la sociedad morisca, la guerra de la Alpujarra (1568-71) y la expulsión de estos en 1609-14. Aunque tenemos otros ejemplos de revueltas moriscas, como la de la Sierra de Espadán (1526), no los contaremos puesto que por calibre no son comparables (además de estar fuera de Andalucía, en el reino de Valencia).  En esta parte del trabajo trataremos un hecho tan importante como la Guerra de la Alpujarra, un hecho que transfigurará toda la sociedad morisca granadina.

Mapa de la máxima extensión que alcanzo el conflicto de la Guerra de la Alpujarra en el reino de Granada.
Mapa de la máxima extensión que alcanzo el conflicto de la Guerra de la Alpujarra en el reino de Granada.

Precedentes del conflicto

En la década de los años sesenta del siglo XVI, la situación morisca empezó a empeorar, en el sínodo de Guadix de 1554 se intentaron poner mayores restricciones e imposiciones para lograr la uniformidad cultural, esto fue realizado desde las instituciones eclesiásticas y judiciales. Sin embargo, tendríamos que esperar al sínodo provincial de 1565 para que esto se realizase.  Ante esto, las comunidades moriscas exigieron a sus elites que pararan esta afrenta. En 1567, Francisco Núñez Muley presenta un memorial donde muestra la lengua, los vestidos y fiestas como costumbres típicas del folclore del lugar y que en nada amenazan a la autoridad regia, a esto hay que sumarle los intentos del procurador de los moriscos, Jorge Baeza. Ambos intentos de detener la pragmática acabaron sin éxito. También se acusaba de que dichas prohibiciones solo servirían para estigmatizar aún más a la comunidad morisca, ahondar en el sentimiento de rechazo que esta sentía y ralentizar su integración. Sin embargo, en primavera de 1566, la Junta de Madrid declara que es enorme la necesidad que existe para acabar con cualquier signo de cultura y religión islámica, y el 1 de enero de 1567 se promulga la pragmática que da la razón a los que buscan mano dura. En los meses siguientes tenemos una movilización de los moriscos para intentar revocar la ley. Para empezar, tenemos a los monfíes, el bandolerismo morisco, que comenzaban a realizar ataques de manera más virulenta desde ese mismo año. Entre tanto, el 27 de septiembre de 1568, reunidos en una casa del

Hernando de Valor y Córdoba, más conocido como Aben Humeyya
Hernando de Valor y Córdoba, más conocido como Aben Humeya

Albaicín, un grupo de moriscos nombra a Hernando de Valor y Córdoba como nuevo soberano y líder de la rebelión de los moriscos y otorgándole el título de “rey de los andaluces”, desde ahora sería conocido como Muhammad Ibn Umayya. En esta reunión también se realizaron los preparativos de la rebelión, la cual se concretó para la navidad de ese mismo año, aunque estallaría en la Alpujarra dos días antes de lo previsto.

Es interesante situarnos en el contexto internacional del momento, que nos ayudará a entender mejor el conflicto. Para empezar, el imperio otomano comenzaba a tener un enorme empuje por el mediterráneo, y junto a Argel, suponían una enorme esperanza para los moriscos. Los Otomanos habían conquistado Trípoli, con Solimán el magnífico, y los argelinos realizaban pequeñas razias por las costas peninsulares, andaluzas y levantinas, capturando moriscos que acababan liberando (ya que estaban sujetos a la tierra) o a cristianos que vendían en los mercados del norte de África (algunos de estos eran comprados por andalusíes exiliados o descendientes de estos, y los intercambiaban por moriscos presos).

También, Felipe II, no estaba en su mejor momento, los conflictos con los turcos y argelinos, sumados a sus problemas en los dominios de los países bajos con los protestantes, hacía que la presencia militar dentro del reino de Granada fuese muy reducida, y ni qué decir del resto de reinos andaluces, Jaén, Sevilla, Córdoba y Murcia contaban con unas fuerzas exiguas. Además de todo esto, en el marco ideológico, Felipe II había revestido su proyecto de dominio de un aire confesional, donde cada vez que el ganaba, lo hacia el catolicismo.

Sin embargo, la idea de fuerzas con las que pensaban que contaban los moriscos, era, de todas luces, irreal. Para empezar, el propio movimiento tendría muchos problemas para movilizar a otros moriscos fuera de su esfera inmediata de influencia, además, muchos moriscos urbanos no estaban convencidos de la capacidad del levantamiento, esto hizo que muchas veces se vieran obligados a forzar a ciertos grupos de moriscos a unírseles a la rebelión. Además, pensaban que los apoyos internacionales, por parte de los turcos y argelinos, serían mucho mayores, sin embargo, a lo largo de la contienda se demostraría que los apoyos de estos serían bastante reducidos, aportando pequeños contingentes y armamento, pues les interesaba mantener un conflicto activo en el corazón de Castilla, de la propia monarquía hispánica, para poder redondear la conquista de Chipre, manteniendo así distraídas las tropas de Felipe II.

El Conflicto: La Guerra de la Alpujarra

En la noche del día de Navidad de 1568, un grupo de moriscos armados, vestidos a la turca y procedentes de la Alpujarra, entran en el Albaicín, comandados por Aben Farax, para llamar a sus correligionarios a las armas contra los cristianos.

Sin embargo, días antes, los moriscos ya se habían levantado en la Alpujarra, que será el epicentro de esta guerra, mayoritariamente habitada por moriscos que poco querían saber del modelo que se estaba imponiendo. Ante esto tenemos numerosas movilizaciones de los nobles con señoríos en el reino de Granada, los principales serán el marqués de Mondéjar y capitán general del reino de Granada, y el marqués de los Vélez, ambos rivales políticos. Este último había entrado en el reino de Granada el 1 de enero, desde el reino de Murcia, y sin permiso del rey, con tropas de su propio señorío y milicias concejiles (400 jinetes, 5000 infantes y 6 piezas de artillería de campo), mientras que el marqués de Mondéjar saldría de Granada en dirección a la Alpujarra el 3 de enero.

Al frente del ejercito morisco estuvo Aben Farax, un ejército que en el plano urbano estuvo compuesto por gandules, una milicia compuesta de jóvenes organizados por barrios y dirigida por capitanes, y en el ámbito rural por monfíes, que eran los bandoleros moriscos.

Las primeras semanas de la rebelión fueron un desastre para los moriscos, pues el marqués de Mondéjar, Iñigo López de Mendoza, a partir de flanquear el puente de Tablete, puerta de la Alpujarra, un 11 de enero, consiguió tomar Órgiva, ocupar las tahas de Poqueira, Ferreira y llegar hasta Trévelez. También el marqués de los Vélez, había conseguido victorias en la zona almeriense del reino de Granada, como en Huéjica, Ohanes o la batalla de Felix (19 de enero). La facción más moderada de la rebelión propuso rendirse y el cese de las hostilidades, El Zaguer, tío de Aben Humeya, a la cabeza. Sin embargo, y pese a los éxitos, la contienda duraba ya 3 meses, algo en lo que ayudo la muy criticada política pacificadora del marqués de Mondéjar. El rey, Felipe II, decidió enviar a su hermanastro, Juan de Austria, como máximo responsable militar.

Durante el tiempo en el que se produce el relevo del marqués por Juan de Austria, tenemos una situación de mayor agresividad de las tropas cristianas a los moriscos, multiplicándose las incursiones para esclavizar y saquear las poblaciones moriscas subyugadas. Esto provoco que la guerra se mantuviese, reorganizando el ejercito morisco, reforzando el estado que estaba creando Aben Umeya y expandiendo la guerra a nuevos frentes del reino de Granada.  Para abril de 1570, Don Antonio de Luna viaja a la Serranía de Ronda para realizar una “saca” de moriscos, provocando un enorme malestar que provoca el levantamiento de estos, fracasando en su intento de “saca”. En Málaga también se levanta Bentomiz, y en Almería tenemos el levantamiento del valle del Almanzora, incluyendo Purchena, la sierra de Filabres y Vera.

Finalmente, en octubre de 1569 Aben Umeya es asesinado por sus correligionarios, achacándolo a un carácter despótico que le habría hecho perder el apoyo de buena parte de los moriscos rebeldes. Como “a rey muerto, rey puesto”, el nuevo emir elegido seria Aben Aboo, el cual relanzaría la ofensiva morisca, y además contaría con apoyos turco-berberiscos. Este infligiría una importante derrota al duque de Sessa, además de asediar Órgiva. Desgraciadamente para los moriscos, el año 1570 supondría un punto de inflexión importante en la contienda alpujarreña. En abril, el ejercito cristiano ya había logrado tomar todo el valle del Almanzora y la sierra de Filabres. Siendo esta última, un paseo militar, puesto que él ejercito morisco se encontraba en clara retirada. En la zona occidental tenemos la toma de Órgiva, Ugíjar, Vélez de Benaudalla, Berja y la fortaleza de Castell de Ferro. El 25 de abril de 1570, se promulga el bando del perdón, que produjo rendiciones masivas entre los moriscos, iniciándose las conservaciones de paz y rendición. Muchos cristianos dieron así por concluida la guerra. Pero lo cierto es que Aben Aboo buscaba una prórroga para recibir la ayuda del imperio otomano. A comienzos de agosto, Juan de Austria tenía claro de que el líder morisco no se rendiría. Los combates se alargarían hasta 1571, cuando fue asesinado a traición por uno de sus lugartenientes, un 15 de marzo de 1571. Sin embargo, antes del asesinato del líder morisco, ya se había ordenado la expulsión de los moriscos del reino de Granada a otros lugares de la corona de Castilla, además de buscar la repoblación de estos territorios.

Por lo tanto, concluía una guerra que había durado algo más de dos años y que había sido devastadora para la zona, con matanzas de cristiano viejos y de moriscos, además de la esclavización en masa de muchos de estos últimos.

Los reinos andaluces de Sevilla, Córdoba y Jaén durante el conflicto

Durante la Guerra de la Alpujarra, la nobleza del resto de reinos andaluces no se quedó de brazos cruzados, si no que participó activamente en el conflicto, como los territorios de estos. Para empezar la mayoría de la nobleza andaluza asentada en zonas fronterizas de importancia, como Antequera, en el caso sevillano, o Alcalá la Real, Úbeda, Baeza y la propia Jaén, en el caso jienense, recibieron órdenes de reunir tropas para ayudar al marqués de Mondéjar, el cual tenía ordenes de asegurar la capital del reino granadino.

En el caso del reino de Sevilla también se le exigió levantar tropas. 1000 por parte del propio Felipe II, y otras 1000 por parte del marqués de Mondéjar. Se lograron reunir 2000 infantes en todo el reino de Sevilla, venidos de la capital de este y de Jerez, Carmona, Gibraltar y Utrera. Sin embargo, este ejército se acabó disolviendo cuando estaba acuartelado den Alcalá de Guadaíra, por las peticiones del marqués de Mondéjar, que estaba obteniendo algunas victorias en el propio corazón de la Alpujarra. Sin embargo, estas victorias provocaron saqueos masivos en las tahas de Poqueira y Ferreira, creándose numerosas deserciones que dejarían casi desprotegido al marqués de Mondéjar, lo mismo que ocurriría al marqués de los Vélez en el frente oriental, siendo una constante (las deserciones en el bando cristiano) en toda la contienda, y siendo una grave traba, pues diluía ejércitos en pocos días, imposibilitando algunas de las acciones militares, y haciendo que el ejército que enfrentaba al morisco fuese inoperativo. Por esto, se vería obligado a volver a escribir a Sevilla, el 17 de enero de 1569, solicitándole esos 2000 hombres de nuevo, los cuales no partirían hasta abril del mismo año, por falta de dinero. Además de estos infantes, se sumarían 100 lanzas de Écija.

Las tropas organizadas del resto de Andalucía fueron decisivas para el duque de Sessa y Juan de Austria, pues les fueron vitales en ciertos enfrentamientos. La propia ciudad de Sevilla jugo un papel decisivo en el conflicto. Sevilla durante el siglo XVI, fue la ciudad más importante de Andalucía, pues era un puerto de 1ª magnitud, donde se comerciaba con cualquier tipo de mercancía. Por lo tanto, Sevilla será la suministradora de armamento y víveres para los ejércitos reales enzarzados en la contienda. Sobre todo, en lo que a las tropas de las villas andaluzas respecta.

Por ejemplo, en el propio reino de Sevilla, Antequera, o el duque de Arcos de la frontera, tuvieron que comprar armamento en Sevilla para movilizar a sus tropas. Como Osuna, que compró 200 arcabuces (pues estaba desprotegida ante el levantamiento de los moriscos de la serranía de Ronda). En otros reinos, como el reino de Jaén, la propia capital compró 450 arcabuces. Además, las partidas de Úbeda y Baeza compraron sus pertrechos en Sevilla.

La población morisca vivió el conflicto de forma muy diferente. Para empezar, muchas veces se realizaron “sacas” durante el conflicto. Las sacas consistían en la expulsión de población morisca del reino de Granada, para trasladarla a otros lugares de la corona de Castilla, tales como Andalucía, la Manca o Murcia. Por ejemplo, tenemos el caso de los moriscos del Albaicín, sacados en junio de 1569 ante el miedo a que se rebelen y haga tambalear el dominio de Granada. O los de la Axarquía, en marzo del año siguiente, que junto con los moriscos sacados en noviembre de ese mismo año, del resto del territorio malagueño del reino de Granada, fueron deportados a Antequera. Creando una minoría de en torno a 1000 moriscos en la ciudad.

Córdoba recibió también una importante afluencia de moriscos. El 5 de julio llegan 700 moriscos a Córdoba. El 8 del mismo mes, llegan 300 moriscos más, también del Albaicín, instalándolos de manera provisional en las casas del conde de Cabra. Al igual que Antequera, Córdoba fue tierra de paso para la salida de ciertos moriscos a otros lugares de la corona castellana. Antequera exportó moriscos a Toledo, Murcia, y otras zonas del reino de Sevilla (aunque muchos moriscos almerienses fueron llevados a Sevilla por vía marítima-fluvial). Córdoba, por su parte, exportó algunos moriscos a otros lugares de su propio reino o a Extremadura y Galicia.

También, en el reino de Córdoba, encontramos que los moriscos están repartidos de manera desigual. Quitando la capital encontramos, 1484 moriscos en los pueblos de la campiña, 707 en los de la subbética y 240 en las tierras al norte del Guadalquivir. De importante mención son los de la zona fronteriza. como Cabra, Castro del Río y Baena, los cuales fueron llevados a Lucena. Y otros como los de Palma del Río a Sevilla, aunque no perteneciesen a una zona fronteriza. Lo mismo ocurre con poblaciones del reino de Sevilla como Antequera, Teba, Árdales, Cañete, Olvera, Archidona, Jimena de la Frontera, Zahara y Alcalá de Gazules. Y del reino de Jaén, como Alcalá la Real.

La situación de Andalucía tras la Guerra de la Alpujarra

Esta saca de moriscos abría una puerta a la repoblación del territorio granadino. Puesto que, con la conquista de los reyes católicos, la repoblación del territorio solo supuso el 25%. La guerra supuso para los habitantes del reino de Granada, la pérdida de 135 000 moriscos, entre expulsados, huidos o muertos. Por lo que, para suplir una perdida tan cuantiosa de población, la monarquía facilito el repoblamiento del reino. Sobre todo con gentes procedentes de la Andalucía del Guadalquivir, destacando, los repobladores del reino de Jaén. Aunque también acudieron repobladores murcianos o valencianos. Estos últimos se concentraron más en la actual provincia de Almería, mientras que los andaluces lo hicieron en la zona malagueña y granadina. La mayoría lo hicieron de forma compacta, por miedo a los bandoleros monfíes o a los piratas berberiscos.

Respecto a los moriscos deportados. Como antes hemos comentado, muchos fueron llevados a la Andalucía del Guadalquivir, siendo importantes centros de recepción morisca Sevilla, Écija o Córdoba. Que absorbieron más de 2000 moriscos. Al acabar la guerra, Andalucía contaba con en torno a 30 mil moriscos solo en el valle del Guadalquivir. Pero es que en Granada pervivieron pequeños grupos de moriscos repartidos por toda la geografía del reino, los cuales podrían ser en torno a 3000. Un total de 33000 moriscos en toda Andalucía. Tras  la guerra de la Alpujarra, la preponderancia de los moriscos iría en claro declive. Un grupo descabezado y sin capacidad organizativa de respuesta contra los abusos que se cometían contra ellos.

Su existencia en tierras andaluzas continuó hasta el siglo XVII, cuando Felipe III, en el contexto de la Pax Hispánica, firma los edictos de expulsión de 1609. Le sucederían otros acompañados de la definitiva expulsión de muchos moriscos desde 1610 hasta 1614. En Andalucía muchos de ellos se embarcarían desde Sevilla o Málaga a zonas del norte de África, como Túnez, Tánger, Ceuta, Tetuán, Orán, Mostaganem, o zonas del imperio otomano como Salónica o Estambul. Aunque la mayoría se fueron, otros muchos pervivieron, y encontramos documentos inquisitoriales que, aún en el siglo XVIII, hacen muestra de que aún pervivían moriscos en Granada o Sevilla.

La Expulsión de los Moriscos, Vicente Carducho, S. XVI, Museo del Prado, Madrid, España.
La Expulsión de los Moriscos, Vicente Carducho, S. XVI, Museo del Prado, Madrid, España.

 

Conclusión

El desarrollo y existencia de la minoría morisca en Andalucía fue muy importante en su desarrollo en el siglo XVI. Pues mantenía vivos en algunos nobles el espíritu de frontera y cruzada contra los infieles, haciendo que la nobleza andaluza fuera aún muy guerrillera. La existencia de los moriscos también fue importante para el devenir y desarrollo de la cultura andaluza, pues continuó realizando aportaciones a esta. Como ya lo hacia la castellana, y la andalusí o romana en su momento.

En definitiva, la existencia morisca en Andalucía marcó un periodo muy importante dentro de la monarquía de los Austrias mayores. Pues se tuvieron que enfrentar a una problemática interna en un momento de pretensiones imperiales en Europa y América. También fue un momento de lucha contra los turcos y berberiscos, que usaron como justificación para medidas represivas, contra los moriscos. Alegando que podían actuar como quintacolumnistas. Ciertamente, los moriscos, su cultura, rebeliones, historia, religión y lengua eran los últimos espasmos de una sociedad muy antigua, como era la andalusí. Esta antigua antigua sociedad, con la expulsión de la mayoría de estos, exhalaba su último aliento. Aunque consiguió la pervivencia de mucha de su cultura en nosotros.

Bibliografía:

Fernández Chavez, M. y Pérez García R. (2009) Moriscos en la ciudad de Dios: Moriscos en Sevilla. Valencia: Universidad de Valencia/ Zaragoza/ Granada.

Aranda Doncel, J. (1984) Moriscos en Tierras de Córdoba. Murcia: Publicaciones de Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba.

Caro Baroja, J. (1976) Moriscos en el Reino de Granada. Madrid: Istmo

Ruiz Ibáñez, J. (Diciembre, 2016). La comunidad morisca de Granada y la situación interna de la Monarquía Hispánica. Desperta Ferro: Historia Moderna, 25, 6-11.

Castillo Fernández, J. (diciembre, 2016). las operaciones militares. Desperta Ferro: Historia Moderna, 25, 20-29.

Pérez García, R. (enero-junio, 2016). Moriscos en Antequera, 1569-1574. Al-Qantara; revista de estudios árabes, 27, 75-110.

Barrios Aguilera, M. (diciembre de 2016). Granada y su reino tras la guerra de las Alpujarras. Desperta Ferro: Historia Moderna, 25, 50-55.

SIN COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies