Tras la invasión japonesa de Manchuria, en 1931, desde los círculos militares de Tokio se impulsó la creación una nación títere a la que denominaron Manchukuo. Aunque desde bien pronto se intentó transmitir al exterior una imagen de soberanía e independencia, sobre el país siempre recayó la alargada sombra del Imperio japonés.

Los japoneses crearon un país artificial hecho a su medida, al que explotaron económicamente en su propio beneficio. El desarrollo económico y tecnológico se vio acompañado de abusos, explotación y represión. Manchukuo ha pasado a la historia como un símbolo del expansionismo nipón y como un caso genuino de colonia «disfrazada».

Orígenes y creación de Manchukuo

En septiembre de 1931 fuerzas japonesas invadieron la región china de Manchuria, tras un incidente provocado por agentes nipones contra una línea férrea. En poco tiempo se hicieron con el control de la zona, sin encontrar mucha resistencia por parte de las fuerzas chinas allí desplegadas. Para comienzos de 1932 ya dominaban varias provincias, incluyendo la zona fronteriza con la Unión Soviética. ¿Qué iba a hacer Tokio?

En Japón eran muchos los que ansiaban el control de la región manchú desde los tiempos de la guerra ruso-japonesa (1904-1905). No deja de ser cierto el hecho de que la invasión de Manchuria no había sido autorizada por el gabinete nipón. De hecho constituía un acto de insubordinación. Transcurrido el tiempo los políticos en Tokio se encontraron con un hecho consumado. En un principio se inclinaron por retirarse del territorio. Finalmente, no se opusieron a los designios de la facción militar, que deseaban mantener la ocupación. Lo cierto es que la conquista de Manchuria contó con una buena acogida entre la población nipona. Muchos japoneses vieron en ello una especie de salvavidas económico para la economía nacional, afectada por el «Crack del 29» (Young, 1998: 88–93).

Manchukuo
Tropas japonesas desplegadas en Mukden, septiembre de 1931. Fuente: Heritage Image.

Desde los círculos militares nipones se propugnó la creación de un nuevo país en base a la autodeterminación del pueblo manchú. En este sentido, el coronel Kenji Doihara —considerado un experto en cuestiones chinas— jugó un importante papel. Con tal fin, agentes japoneses se aseguraron el traslado a Manchuria de Puyi, el último emperador chino de la dinastía Qing. Puyi era de origen manchú, lo que vendría a legitimar la independencia de Manchuria frente al nacionalismo chino. Así las cosas, el 18 de febrero de 1932 se proclamó la independencia de lo que se conocería como Manchukuo, en un acto cargado de celebraciones y pompa.

La Comisión Lytton

Dado que las unidades miltares chinas de Manchuria habían sido incapaces de detener la invasión japonesa, el gobierno del Kuomintang recurrió a la diplomacia. El representante chino ante la Sociedad de Naciones (SdN) denunció lo ocurrido, tratando de conseguir la intervención de este organismo. La SdN organizó una comisión internacional de investigación, dirigida por G.R. Bulwer-Lytton. Este viajó al territorio para investigar lo ocurrido. No obstante, para entonces los japoneses ya habían instaurado en Manchuria una estructura de poder subordinada a sus intereses.

Los intentos de la propaganda nipona por presentar al Manchukuo como un país libre constituyeron un fracaso. Las principales potencias de la época rechazaron de plano esta posibilidad, y consideraron al país un mero potectorado japonés «encubierto». Cuando la Comisión Lytton presentó sus conclusiones (las cuales daban un espaldarazo a China) se hizo aún más evidente el aislamiento del gobierno de Tokio. Ante aquella situación, estos apostaron por mantener su presencia en Manchuria y asumir las consecuencias. A comienzos de 1933 el delegado nipón abandonó la Sociedad de Naciones (Shimamoto, Ito, Sugita, 2015: 177).

El Imperio de Manchukuo

En previsión del informe de la Comisión Lytton, los japoneses se adelantaron y en octubre de 1932 reconocieron a Manchukuo como una nación soberana. Además, ambas partes suscribieron un protocolo secreto que vino a confirmar la subyugación del estado manchú ante Japón y su condición de protectorado. Dicho protocolo confirió un gran poder de acción y decisión a los funcionarios y oficiales japoneses.

En un comienzo no estuvo claro qué forma de Estado se adoptaría. Algunos elementos colaboracionistas con los japoneses eran partidarios de emprender la restauración monárquica en la figura de Puyi. Pero los estrategas nipones rechazaron en un principio esta posibilidad. Entre el gobierno de Tokio y los militares nipones de Manchuria también hubo discrepancias. Finalmente, se acordó que el Estado se constituiría bajo una forma de autocracia centralizada (Yamamuro, 2006: 121). En ella, los funcionarios japoneses ostentarían puestos clave. Para 1933 ya se había logrado articular una administración básica manchú, con un consejo de gobierno y otros órganos.

Pero hubo otras cuestiones a resolver. Hasta entonces la jefatura del Estado había sido ostentada por Puyi, a quien los japoneses habían prometido que se convertiría en emperador. Esto no sucedería hasta el 1 de marzo de 1934, fecha en que fue proclamado emperador de Manchukuo —bajo el nombre de Kangde— en un evento propagandístico de gran boato. También durante aquel año se sucedieron los reconocimientos diplomáticos por parte de algunos países, que en un principio parecieron prometedores.

Sistema político

Manchukuo dispuso de un sistema político que se fue edificando durante los primeros años, con la intención de conferirle una apariencia de normalidad institucional. Desde la entronización imperial de Puyi, Manchukuo se configuró como una monarquía, con un consejo de ministros y varios órganos de carácter consultivo. También existía un consejo legislativo, si bien sus funciones no pasaron de ser meramente ceremoniales. El poder ejecutivo era ejercido a través del llamado Consejo de Estado de Asuntos Generales. Su secretario general y eminencia gris era un nativo japonés. Por su parte, la organización del territorio se realizó mediante una división en provincias, al frente de las cuales estaba un gobernador. La capital se encontraba situada en la ciudad de Hsinking.

Sin embargo, al margen de estos organismos de carácter decorativo, el poder real descansaba en los asesores japoneses. Estos constituían de facto un gobierno en la sombra. Dichos asesores se encontraban situados en puestos clave de la administración. Puyi, como jefe del Estado, tenía unas funciones puramente ceremoniales y durante su ejercicio del cargo nunca planteó oposición a los dictados de sus asesores. Un buen ejemplo de la situación imperante lo constituía el hecho de que el país nunca llegó a disponer de una constitución, a pesar de que estaba prevista su promulgación.

Manchukuo Bandera
Propaganda de Manchukuo emitida en la década de 1930, con el Sol Naciente japonés como telón de fondo. Desde los primeros tiempos se pretendió transmitir la imagen de Japón como »protector» del nuevo país. Fuente: Japan War Art.

Desde bien pronto la propaganda japonesa difundió la idea de que Manchukuo era un Estado «multinacional» (Westad, 2012: 252). Ese planteamiento hundía parcialmente sus raíces en el antiguo principio de las «cinco razas bajo una unión». Este había constituido uno de los principios fundacionales de la República china en 1912. Los japoneses manipularon el sentido original y lo modificaron para que hiciera referencia a la convivencia armoniosa de manchúes, japoneses, chinos Han, mongoles y coreanos. La propia bandera de Manchukuo, compuesta cinco colores —amarillo, rojo, azul, blanco y negro—, reproducía esta idea.

Una buena parte de las élites manchúes colaboraron en el proyecto del nuevo régimen, formando parte de los cuadros de la adminstración. Un caso destacado fue el clan Aisin Gioro, al cual pertenecía pertenecía el propio Puyi. Este se convirtió en la nueva familia imperial. A esta corriente se sumarían algunas figuras chinas destacadas, como Zheng Xiaoxu —antiguo funcionario Qing que ejercería como primer ministro—. Los japoneses también lograron reciclar a antiguos bandidos y señores de la guerra para integrarlos en la nueva élite colaboracionista. Este sería el caso de los generales Zhang Jinghui y Zhang Haipeng, que ocuparon puestos relevantes. Zhang Jinghui fue situado por los japoneses como primer ministro (Yamamuro, 2006: 171).

Desde las instancias oficiales solo se autorizó la actividad de un único partido político, la Asociación Concordia de Manchukuo. Fundado en 1932 (Duus, Myers, Peattie, 1989: 410), el partido nació con la idea de promover la convivencia armoniosa entre etnias. También pretendía proporcionar al gobierno un apoyo social y político. Si bien llegó dotar al régimen de un importante aparato burocrático, nunca tuvo un papel político relevante. Por otro lado, cabe señalar que algunas minorías étnicas también dispusieron de sus propias organizaciones.

Fuerzas armadas

Poco después de la creación del Manchukuo, los japoneses se encontraron con la necesidad de establecer una fuerza armada de carácter auxiliar. La presencia de grupos armados leales al gobierno chino constituía una seria amenaza. Por este motivo, se estableció el Ejército Imperial de Manchukuo, de carácter multiétnico. Aunque inicialmente estuvo compuesto por una amalgama de diversas unidades, con el tiempo se expandió y mejoró su organización. Sin embargo, lejos de gozar de cualquier tipo de autonomía, estaba controlado y dirigido por oficiales nipones. También su armamento y equipo procedían en su mayor parte del ejército nipón.

Un grupo de soldados y oficiales empuña banderas de Japón y Manchukuo, en fecha desconocida. Fuente: Mourning the Ancient.

Al margen del Ejército Imperial de Manchukuo, también se constituyó una pequeña Armada y una Fuerza Aérea. En lo referente a la marina, esta tuvo un carácter eminentemente fluvial y una existencia corta, siendo disuelta en 1939. La aviación militar, por el contrario, tuvo un recorrido más largo. Como ocurría con el Ejército, la aviación estuvo equipada con material de origen mayoritariamente japonés (Jowett, 2004: 90–92).

Sin embargo, estas Fuerzas Armadas constituían más un elemento auxiliar al servicio del Imperio del Sol Naciente. Japón disponía de una amplia guarnición para asegurar el control de Manchuria, el llamado Ejército de Kwantung. Esta fuerza, constituida como un grupo de ejércitos, contaba con un potente arsenal y numerosos efectivos. También disponía de una sección dedicada a la guerra bacteriológica, la Unidad 731, conocida por haber realizado experimentos y perpetrado numerosos crímenes.

Las Fuerzas Armadas de Manchukuo apenas llegaron a intervenir en acciones bélicas. Sus principales actuaciones tuvieron lugar en el marco de los conflictos fronterizos que sostuvieron japoneses y soviéticos en Manchuria. Así, llegaron a ver acción durante las batallas del Lago Jasán (1938) y Jaljin Gol (1939), en apoyo de las unidades japonesas. Por el contrario, sí tuvieron un papel relevante en las operaciones contra la guerrilla china que actuaba en el interior de Manchuria. En dicho rol destacaría la japonesa de origen manchú Yoshiko Kawashima, que mandó una unidad anti-guerrillera y llegó a ser conocida como la «Juana de Arco de Manchukuo» (Edwards, 2016: 99).

Economía

Manchuria poseía una serie de materias primas que, con anterioridad a 1930, habían despertado el interés nipón. La agricultura (especialmente el cultivo de la soja) y la minería (con sus yacimientos de fosfatos) constituían un auténtico objeto de deseo para el país del Sol Naciente. Sin embargo, tras el establecimiento de Manchkuo la economía de esta región experimentó un profundo cambio bajo iniciativa japonesa. En 1936 las autoridades lanzaron un Plan Quiquenal para favorecer el desarrollo económico (Young, 1998: 298). Se potenció la industria y la agricultura, con la creación de toda una red de empresas de capital y participación niponas.

A la cabeza de todas ellas se encontraba la Compañía del Ferrocarril del Sur de Manchuria, fundada en 1906 y que constituía la principal empresa del país. Sus negocios iban más allá del transporte ferroviario: poseía una red de empresas subsidiarias en sectores como la minería, agricultura, industria pesada, acerías, turismo y hostelería, etc. Disponía incluso de un servicio de estudios estratégicos y gabinetes de asesoría. Como consecuencia de ello, su influencia se extendía sobre la administración manchú. El Ferrocarril del Sur de Manchuria fue considerado uno de los símbolos del colonialismo japonés en Manchukuo.

En Manchukuo, los funcionarios nipones implementaron una economía que combinaba el intervencionismo estatal y la colaboración con el capital privado. Bajo estas líneas maestras, durante la década de 1930 se pusieron en marcha altos hornos y acerías. También factorías de automóviles y aviones, refinerías, etc. Así, se constituyó un poderoso conglomerado industrial con vertientes en varios sectores. La explotación de mano de obra esclava constituyó uno de las bases que permitieron este desarrollo económico. Transcurridos algunos años, muchas de estas industrias suministrarían material al Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Mundial.

Así mismo, los japoneses potenciaron el cultivo y comercio de drogas como el opio. Este se convirtió en un importante sector económico. El consumo de opio era una lacra que tenía fuerte tradición en China. Su comercio había provocado varias guerras traumáticas con Reino Unido en el siglo XIX. Bajo la influencia nipona, el consumo de drogas alcanzaría a un importante porcentaje de la población de Manchukuo. Un buen reflejo de este problema lo constituye la situación de la propia emperatriz, Wanrong, que era adicta al consumo de opio (Smith, 2012: 40).

Manchukuo, un país multiétnico

En el momento de su creación, Manchukuo estaba formado por cinco «razas»: los chinos Han, los manchúes, los japoneses, los coreanos y los mongoles. A estos se sumaban algunas minorías. Paradójicamente, a pesar del nombre oficial del país, la población manchú no era la etnia mayoritaria. Por contra, los chinos Han sí constituían el principal grupo étnico, muy por encima del resto. El predominio Han se había reforzado durante la década de 1920, durante las guerras civiles, con la población que emigró hacia Manchuria. Los mongoles también eran un minoría. Sin embargo, habitaban algunas zonas al oeste del país en las que tenían un claro predominio.

Japoneses y coreanos constituían poblaciones minoritarias, aunque con una posición muy influyente. Los japoneses, cuya presencia había aumentado en las últimas décadas, disfrutaban de una posición privilegiada. En el caso de los coreanos, aunque jurídicamente eran considerados sujetos nipones, no ostentaban la misma posición. De hecho, estos no tenían acceso a puestos claves en la administración. Estaban reservados a los nikkei —japoneses— o mankei —manchurianos—. Hay que señalar que en la época bajo el término mankei se englobaba a manchúes, chinos Han o mongoles (Yamamuro, 2006: 116).

Manchukuo People
Cartel editado por la propaganda japonesa que representa al pueblo de Manchukuo, haciendo énfasis en el carácter multiétnico del nuevo país. Además de las llamadas «Cinco Razas», también se aprecian algunos rostros europeos (posiblemente rusos blancos). Fuente: Flickr.

Manchukuo se convirtió en una tierra de oportunidades para los campesinos pobres del Japón metropolitano. Con posterioridad a 1931, el gobierno nipón implementó un programa de emigración masiva a tierras manchúes. Muchos de estos colonos procedían de las áreas rurales de Kyushu y se convirtieron en uno de los puntales del poder colonial japonés. El proceso colonizador continuaría incluso hasta bien entrada la Segunda Guerra Mundial, aunque ello chocara con las necesidades de reclutas que para entonces tenía el ejército (Young, 1998: 391-392).

La cuestión lingüística fue otro reflejo del predominio nipón. Las autoridades hicieron énfasis en que Manchukuo era una nación multiétnica, con la existencia de varias lenguas. En ese sentido, con la idea de dar crédito a la soberanía del país, desde la administración se decretó que en las escuelas debía estudiarse la lengua china. Sin embargo, el idioma japonés tuvo la condición de lengua principal del Estado.

Otros grupos

Además de los cinco grupos étnicos principales, en Manchukuo existían otras minorías de cierta relevancia. La más importante la constituían los rusos blancos, muchos de ellos exiliados que se habían instalado en el territorio tras la Revolución Rusa. Harbin fue una de las ciudades que acogía a la mayor comunidad rusa. Tanto, que llegó a ser conocida como la Moscú de Oriente. Un número considerable de estos emigrados se organizó en torno al Partido Fascista Ruso. Este estaba dirigido por Konstantin Rodzaevsky y colaboró con las fuerzas japonesas (Hohler, 2017: 44-49).

También existía en Manchukuo una pequeña pero influyente comunidad judía, asentada en la región con anterioridad a 1931 y tolerada por las autoridades.

Relaciones diplomáticas

Desde su misma creación, Manchukuo fue considerado por la inmensa mayoría de países como una mera marioneta controlada por Tokio. Por ello, uno de los principales objetivos de las autoridades manchúes fue combatir esta imagen en el exterior y establecer relaciones diplomáticas con otras naciones.

A lo largo de 1934 el país obtuvo el reconocimiento diplomático de tres pequeñas repúblicas hispanoamericanas: El Salvador, Costa Rica y República Dominicana. Sin embargo, a efectos prácticos esto tuvo poca trascendencia y demostraron el aislamiento internacional en que seguía estando instalado el país. Solo el progresivo acercamiento de Japón al Pacto del Eje conllevaría que la Italia fascista o la Alemania nazi reconocieran a Manchukuo entre 1937 y 1938. En ese contexto, también establecería relaciones diplomáticas con la España franquista (Rodao, 2009: 437-440). Todo este despliegue se realizó bajo la égida del gobierno de Tokio. Este no desaprovechó la ocasión para intentar mejorar el estatus internacional de su colonia.

Manchukuo
Delegación diplomática de Manchukuo que visitó la España franquista en octubre de 1938, en una imagen tomada durante su estancia en Burgos. Fuente: Agencia Cifra.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Manchukuo fue reconocido por más países europeos. En esta nueva tanda de reconocimientos había tanto países que se encontraban bajo influencia nazi (Eslovaquia, la Francia de Vichy, Croacia o Dinamarca) como naciones aliadas (Hungría, Bulgaria o Bulgaria). Japón también presionó a algunos de sus aliados y gobiernos títeres para que establecieran relaciones diplomáticas. Así, Tailandia, el gobierno de José P. Laurel en Filipinas y el gobierno de Wang Jingwei en China acabaron reconociendo a Manchukuo.

La Unión Soviética también reconoció a Manchukuo, si bien este sería un caso especial. Aunque para 1933 la URSS disponía de algunos consulados en territorio manchú, no reconoció de forma oficial al país hasta 1941. Ello se debió a que la frontera soviético-manchuriana fue un avispero durante la segunda mitad de la década de 1930, lo que enturbió las relaciones entre ambas esferas. En cualquier caso, las relaciones entre las dos naciones nunca llegarían a ser muy estrechas y estuvieron mediatizadas por Japón.

Imagen y propaganda

Desde el mismo momento en que se estableció Manchukuo, los japoneses desplegaron una amplia campaña propagandística. Se intentó combatir la imagen de que el nuevo país era un protectorado o una «colonia disfrazada» bajo control nipón. Para ello, se echó mano de numerosos recursos, como carteles, folletos, libros o documentales gráficos. No obstante, de cara al exterior esta campaña tendría un efecto limitado.

Desde el ámbito oficial se impulsó una imagen de progreso y modernidad. Eran las cartas de presentación de las políticas oficiales en Manchukuo. En este aspecto, se hizo un especial énfasis en aspectos como el transporte. En ese aspecto, la Compañía del Ferrocarril del Sur de Manchuria constituía la joya de la corona. El servicio «Asia Express», que operaba la línea férrea entre Dairen y Harbin, era considerado un símbolo de la modernidad. También se convirtió en un icono de Manchukuo (Hotta, 2007: 120). La modernización y desarrollo de las urbes manchúes también fue otra temática que explotó la propaganda.

Manchukuo Posters
Pósters propagandísticos de Manchukuo (en japonés y chino), que hacían énfasis en el progreso y el desarrollo urbano e industrial. Fuente: Elaboración propia y Flickr.

Otro de los temas recurrentes de la propaganda oficial fue presentar a Manchukuo como un país multiétnico, con varias «razas» que vivían en armonía. A la teórica convivencia de las lenguas china y japonesa se unía la de dos religiones, el confucionanismo y el shinto. Esta última, importada de Japón, acabaría siendo convertida en la religión oficial del Estado. No obstante, a pesar de las políticas practicadas por los japoneses, la mayoría de la población Han se resistió a la propaganda oficial. Siguieron considerando que Manchukuo formaba parte de China por derecho (Westad, 2012: 252).

Esta ola propagandística tuvo eco incluso hasta en países remotos, como España. En este caso podemos encontrar a autores como Gaspar Tato Cumming que actuaron como publicistas del nuevo Estado y de las bondades que ofrecía a sus habitantes.

Desaparición

Durante el resto de la década de 1930 el país pareció progresar, mientras las acciones japonesas se extendían al resto de China. En 1942 se cumplieron diez años del establecimiento oficial de Manchukuo. Para aquellas fechas el estado manchú ya contaba con el reconocimiento diplomático de numerosas naciones. Formaba parte de la llamada «Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental» que lideraba Japón. En el orden interno, Manchukuo parecía haber alcanzado una posición de estabilidad. Sin embargo, al margen de la propaganda oficial, la situación era bien distinta.

La supervivencia de Manchukuo como nación estaba ligada a la propia existencia de Japón. La participación nipona en la Segunda Guerra Mundial, prometedora al comienzo, acabaría convirtiéndose en una sucesión de derrotas. A partir de entonces el horizonte fue oscureciéndose. A mediados de 1944 los aviones norteamericanos ya estaban bombardeando el territorio manchú (Hata, Izawa, Shores, 2002: 90). Un año después, el Imperio japonés se encontraba exhausto y prácticamente derrotado. A pesar de ello, Manchukuo seguía manteniéndose al margen de los combates. Esta situación terminaría drásticamente con la invasión soviética de Manchuria, el 9 de agosto de 1945.

Ante la ofensiva soviética, Manchukuo terminaría colapsando. Las fuerzas militares japonesas y manchúes fueron arrolladas en apenas unos días. El emperador Puyi intentó escapar a Japón junto a otros oficiales nipones, pero fue detenido. Muchos de los ministros y funcionarios colaboracionistas también fueron hechos prisioneros. Con el final de la contienda, el antiguo país-marioneta desapareció y se convirtió en un capítulo más de la Historia. Desde 1945 este territorio ha seguido formando parte de China.

Bibliografía

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