Al moro vencieron en Valencia y Mallorca; al franco derrotaron en Sicilia y Rosellón; al turco aplastaron en los Tauro y Anatolia. Ahora querían descansar. Los Almogávares, hijos de la Corona de Aragón, cumplieron su cometido y la costa de Asia volvía a ser del Imperio Bizantino. Pero lo que debió ser una mera invernación no fue sino el paso previo a una nueva aventura. Venganza.

Se retiraron de Asia por petición del propio emperador Andrónico II y su hijo Miguel IX, que requerían ayuda contra ataques de búlgaros. No se negaron en absoluto los almogávares de la Compañía de Roger de Flor, que se hallaban estancados en el infructuoso asedio de la base rebelde de Magnesia; pero lo que no se imaginaban eran las perversas razones de su llamada: castigarles por el saqueo sistemático de sus provincias orientales, de darse la oportunidad.

Vuelta a Europa

Del Asia pasaron a Europa por Lammpsaco gracias a la flota dirigida por Fernando Ahonés, preparándose para el invierno en la península Querconesa. Tuvieron como base y cuartel la ciudad de Galípolis, pero no era la única; era la península un lugar rico, parte de la provincia de Tracia, con ciudades como Modito al sur o Pactia al norte entre otras, donde los almogávares pronto desarrollarían un importante rol en su devenir, hasta entonces bastante tranquilo en comparación con sus vecinos asiáticos.
En lo que todos los autores coinciden es en que se trató a las gentes locales tal y como se hizo años atrás en Artacio, unos alegan que bien con justicia y equidad, y otros que con saqueos y destrucción; pero cabe pensar que, vistos los antecedentes, en un inicio se les trató “mejor” de lo esperado, no muy bien, pero preferible al pago que más tarde recibirían.

Nada más asentarse en Galípolis, Roger fue con sus mejores soldados a presentarse ante el emperador del Imperio Bizantino Andrónico II; fue recibido en Constantinopla con gran alegría y aclamación por parte del vulgo, ignorante de lo sucedido allende los mares; pero con igual fervor por parte de la nobleza, que más temía que admiraba al visitante.
Los abrazos y elogios fueron muchos al llegar a la corte, pero algo no sentó nada bien al basileus. Roger pidió, “de forma insolente” nos dicta Paquimeres, que le fuesen abonados los pagos pendientes por sus servicios en el Asia. La furia y enfado tanto del emperador como de los nobles fue mayúscula, que creían éstos totalmente saldados tras el pillaje llevado a cabo en Asia; pero nada temía Roger, si no pagaba a sus hombres, no se hacía responsable de sus actos.

Mientras éste se enzarzaba en continuas disputas con la nobleza local, una figura muy reclamada se presentó en Galípolis, el noble aragonés Berenguer de Entenza. Era éste de ilustre linaje, cuya familia recibió el señorío de Teruel a su creación por Alfonso II. A su vez le unía con Roger una larga amistad, ya que fue de aquellos que le acogió cuando tuvo problemas con el temple.

Se hallaba en Sicilia desde finalizadas las guerras que ahí tuvieron lugar, partiendo del puerto de Mesina en dirección Tracia con varias galeras y cinco bajeles en los que iban a su vez 300 jinetes con sus monturas y 1000 almogávares de distintas partes de la Corona de Aragón. Detrás de su desinteresada ayuda puede entreverse el aumento de la influencia de la Casa de Aragón en oriente.

Nada más saberse de su llegada, fue reclamado en Constantinopla por Roger para que le presentase sus respetos al emperador, pero no fue cosa fácil, estaba avisado y era conocedor de las intrigas que en corte se preparaban. En un primer momento y llegado al puerto Constantinopolitano, se negó a bajar por miedo a las intrigas palaciegas; no pisó tierra hasta el día mismo de navidad, tras ruegos de Andrónico y Roger, en el que el emperador le tomo juramento de fidelidad, pero retirándose a sus barcos a cada noche.

Como hombre de ilustre linaje que era y miembro de la Compañía, pidió Roger se le cediese el título de Megaduque, que él sustentaba (Antaño este fue un puesto muy codiciado, ya que venía a ser la cabeza de toda la armada bizantina, pero en estos tiempos era casi inexistente y por ende, casi honorario); mientras por su parte Entenza pidió se le concediese el título de César (nuevamente un título antaño preeminente ya relegado al mero honor) a Roger, concediéndose tal deseo y quedando ambos muy bien posicionados en la corte.

Pero no todos estaban contentos ante estos acontecimientos, cierto es que fue admirado como ambos líderes se rindieron honores, pero no hallaron griegos o italianos motivo de alegría. Veían como quienes consideraban bárbaros latinos (cualquiera al oeste de sus fronteras era considerado como tal) iban adquiriendo poder en la corte y ocupando cada vez más alto escalafón. Alrededor de la figura del coemperador Miguel IX se aunaban todos aquellos nobles descontentos e incluso furiosos con la intromisión de los almogávares, aumentando tras acontecimientos como éste.

Por otro lado estaban los genoveses, que odiaban de forma exacerbada a los almogávares desde sus enfrentamientos en Blaquernas. Acababan en esos momentos de finalizar las fortificaciones de su barrio en Pera y comenzaron a divulgar infundios acerca de cercanas invasiones por parte de la Corona de Aragón y el Reino de Sicilia para que el emperador declarase la guerra de una vez a los que en Galípolis descansaban.

Mientras que por su parte el emperador Andrónico II no se molestaba por tales temas, sino por el aumento de su contingente. Antaño se mostró predispuesto a la venida del noble Entenza, pero las cosas habían cambiado, eran demasiados y los veía demasiado cercanos a casas con pretensiones sobre su trono. Debía alejarlos o eliminarlos.
Por ello y tras el insistente discurso de sus allegados, resolvió que no se pagaría a la Compañía hasta que entrasen nuevamente en batalla contra los turcos, pero se les concedería un adelanto.

Con tal respuesta volvió Roger a la península, donde ya enterados se hallaban y ya habían tomado algún pequeño pueblo y, aunque a regañadientes, aceptaron el adelanto. Pero el Imperio Bizantino era astuto y les pagó con moneda de menor valor que la acordada. Por parte almogávar no hubo mucho problema, pero éstos debieron forzar a los locales a aceptarla a cambio de sus provisiones, desencadenándose los típicos abusos. Posiblemente se realizó tal cambio para crear mayores razones por las que culpar a los latinos de su ocupación y saqueo.
Mientras que, irónicamente, al intentar pagar con igual moneda a la armada genovesa encargada de expulsarles, éstos se negaron y la armada se desarmó.

Moneda de plata bizantina de la época con Cristo bendiciendo a la izquierda y Miguel IX y Andrónico II a la derecha. Vía www.tesorillo.com

Seguían discutiendo mediante intermediarios Andrónico y Roger, manteniéndose el primero en que debían partir nuevamente al Asia, donde Philadelphia volvía a hallarse sitiada; mientras el segundo explicaba que de dar tal orden, todo el ejército se alzaría contra su general. A toda esta plática, no tanto amistosa sino tensa, se hallaba Entenza como Megaduque en Constantinopla y, viendo como se recrudecían las negociaciones, finalmente decidió retirarse con los suyos y regresar a Galípolis. Cuentan cronistas tanto latinos como griegos el enorme dolor que sintió el emperador, que se había encariñado del noble aragonés, llegando incluso a impedir que voluntarios griegos atacasen su embarcación al irse.

Restos del Palacio de Bucoleón a principios del siglo XX. Desde estas ventanas vio el emperador Andrónico II alejarse a Entenza tras arrojar al mar sus insignias de Megaduque.

¿Regreso a Anatolia?

Tras largas negociaciones se llegó a lo que se creía un acuerdo que satisfaría a ambas partes, o eso creyó el emperador. Se les ofreció a los almogávares el feudo de toda Anatolia a excepción de ciertas ciudades de preeminencia como Nicea o Philadelphia y el pago anual fijo (sin extras) de 30.000 escudos y 20.000 modios de trigo (unidad de medida romana equivalente a 8.75 litros, en este caso serían alrededor de 135.000 kilos de trigo anuales); pero debiendo rendir vasallaje y teniendo que acudir en ayuda imperial siempre que se desease.

Podría parecer un tratado excelente, ya que se hacían dueños con un simple juramento de más de la mitad del imperio, pero no era sino un regalo envenenado. De Anatolia el Imperio Bizantino no poseía de facto sino algunas ciudades cercanas a la costa, debían entonces ganarse sus feudos literalmente de manos del enemigo. Mientras que con este tratado consiguieron acrecentar el odio de un adversario que hasta entonces no se había manifestado en exceso, la Iglesia Ortodoxa con el patriarca Atanasio I a la cabeza; ya que le restaba considerablemente su poder e influencia, contando también con la pérdida de los impuestos que recaudaba.
Coincidió al poco tiempo de la resolución de tal tratado la pérdida de la Isla de Quios, a cuya defensa debían estar los almogávares. Unos acusaban a éstos de dejarla indefensa y los otros de no pagarles para defenderla. La retomaron décadas después.

Estaban pues encaminados los pagos junto con la entrega de los 30.000 escudos cuando el clima en Galípolis por la falta de pagos se hacía cada vez más peligroso, razón por la que el enviado decidió dar media vuelta, empeorando aun más las cosas. Los almogávares desconfiaban de Roger, al que veían ya con ínfulas de noble oriental, rico y con tierras, pero éste les aclaró que hasta que fuesen pagados sus hombres no aceptaría las insignias de César y que correría siempre la suerte que ellos, ganándose de nuevo su confianza.

Pero se enteraron de tal discurso en la capital y Andrónico y Miguel decidieron dar una orden tajante. Ordenaron a Roger volver inmediatamente a Anatolia, pre pago de los escudos, que se realizó al poco, y su investidura, pero teniendo que licenciar hombres hasta poseer sólo una hueste de 1000 almogávares de a pie. Fingió Roger obedecer y dispersó a sus hombres entre todas aquellas guarniciones que poseían en el lugar, en Artacio, Mitilene en la isla de Lesbos, o con los hombres (posiblemente embarcados) de Entenza, ya a partir de ese momento declarado como rebelde por el Imperio Bizantino tras su renuncia al título de Megaduque.

Una visita esperada

Los preparativos para volver a combatir al turco estaban siendo realizados, pronto iba la Compañía a partir, pero Roger quiso hacer algo sorprendente, verse con el coemperador Miguel IX, a estas alturas casi abiertamente hostil hacia él.
Pero María, esposa de Roger y sobrina del emperador Andrónico II, intentó impedírselo. Intuía las intenciones de sus familiares y no quería acabar como viuda. Al ver que sus ruegos no hicieron cambiar de opinión a Roger, convocó a todos sus capitanes, que al unísono le advirtieron de los peligros de su partida y de las maquinaciones del que debiera ser su anfitrión. Nada le convenció.

Así pues, Roger von Blum (su nombre real) envió a su mujer a Constantinopla con 4 galeras dirigidas por el almirante de la Compañía Fernando Ahonés y tras ello se dirigió a Adrianópolis, lugar de acantonamiento de los ejércitos de Miguel IX en el norte. 1000 almogávares y 300 jinetes eran su escolta ante esta corta travesía.

Hay discusión entre los diferentes autores acerca de las razones de su visita, incluso el mismo Miguel al enterarse de su venida le hizo enviar un jinete para preguntar razones, rendir sumisión y cortesía respondió Roger. Nicéforo Gregoras dicta que no iba sino a compartir con él los acuerdos que con su padre había tramitado, hablar acerca de su próximo viaje a las provincias de Anatolia y pedirle dinero; otros autores griegos como Paquimeres creen que se encaminó al norte, bien para conseguir dinero, bien por que tenía relaciones con la mujer de Miguel; y finalmente tendríamos la explicación, más bien benévola y poco creíble de Muntaner, miembro de la expedición, que declara que no se hizo sino por lealtad al Imperio Bizantino y por amor hacia Andrónico y su hijo.

En un primer momento y durante toda su estancia en el lugar fueron recibidos con gran aplauso y entusiasmo. Roger fue acogido por Miguel IX como si de un amigo se tratase y no fue poca la fiesta que se le brindó; fue tal la buena acogida que creyeron ser recibidos los almogávares por aliados, retirándose cualquier clase de temor que hubiesen albergado.

Se alargaron los días y sus confianzas aumentaron, llegando a dispersarse todos ellos por entre la ciudad, mezclándose con los mercenarios y soldados del Imperio Bizantino y locales; en ocasiones sin tan siquiera portar sus armas. Pero no todos tenían tal confianza, los líderes bizantinos, como el turcopol (mercenario “cristiano” de origen turco) Meleco o el alano Gircón (cuyo hijo murió en manos almogávares tiempo atrás), que recelaban de su visita. Pensaban que esta venida no eran sino una inspección por parte de Roger de su ejército, mientras el segundo, guiado por el resentimiento, dejó desde el principio claras sus intenciones.

Había amanecido el día previo a la marcha de Roger de Adrianópolis y se hallaba tranquilamente comiendo con Miguel IX, cuando de repente irrumpieron por la habitación varios turcopolos con Meleco y alanos dirigidos por Gircón que se abalanzaron contra Roger, el cual, desarmado, nada pudo hacer. Cortaron y exhibieron su cabeza.
Murió Roger con 37 años y con un hijo en camino, del que se dice nació y creció como un hombre fuerte.

Varias son las versiones del acontecimiento, dictando las de autores griegos, que intentan separar de estos hechos a Miguel, que éste no se hallaba en la habitación cuando ocurrió el atentado, o que se enteró más tarde. Es casi imposible que no tuviese noticia de la conspiración, pero para resolver cualquier clase de dudas hay dos hechos claros: el que no castigase de ninguna forma a Gircón o el que, tras consumado el asesinato y decapitación, diese rienda suelta a la persecución y muerte de la mayoría de los almogávares en el lugar.

Representación de la muerte de Roger de Flor

Fueron éstos acometidos sin casi posibilidad de defensa, muriendo la gran mayoría de ellos y el resto siendo presos para quemarles en la hoguera. Cabe la posibilidad de que pudiesen escapar algunos de ellos, pero en números francamente reducidos. Sí sabemos que hubieron un mínimo de 60 prisioneros que en el lugar se mantuvieron durante un tiempo, y también conocemos la crónica de un foco de resistencia que abochornó a todo el ejército imperial.

Consumados estaban los hechos y la ciudad al completo era un caos en el que se estaba perpetrando una verdadera masacre de almogávares, que tan siquiera eran capaces de defenderse. Pero tres de ellos, cuyos nombres aun hoy día se conservan: Ramón Alquer, Guillem de Tous y Berenguer de Roudor, consiguieron armarse y se atrincheraron en el campanario de una iglesia. Éste no tenía sino un pasillo muy estrecho que obligó a los soldados que Miguel IX envió durante horas a combatir individualmente con los tres infantes. Desesperado y avergonzado por la ineptitud de sus hombres, que nada podían hacer uno a uno contra los almogávares, decidió “perdonarles la vida” y les concedió salvoconducto para salir de la ciudad y regresar a Galípolis.

La Caza

Todo había acabado en Adrianópolis. Miguel no podía esperar que en Galípolis se armasen y decidió enviar al grueso de su ejército al sur para iniciar el sitio, precedido por una vanguardia de caballería, que iría eliminando las guarniciones almogávares de las distintas aldeas peninsulares. Nada más enterarse de los sucesos en Constantinopla y en el resto del Imperio Bizantino, se desató el caos. Se inició una verdadera matanza por la que todo aquel que procediese de la Corona de Aragón era asesinado sin piedad; fueron los genoveses los principales instigadores de tal suceso, temerosos del aumento de la influencia de los comerciantes catalanes; se deshicieron de ellos de un plumazo.

Pero no sólo comerciantes se hallaban en Constantinopla. Pocos días antes de enterarse de las malas nuevas, los de Galípolis enviaron a la capital imperial tres embajadores con el ultimatum de recibir con la mayor presteza su sueldo o alzarse en armas. Éstos no solo fueron contestados con términos beligerantes y arrogancia por parte del emperador, sino que además debieron refugiarse, junto con el almirante Fernando de Ahonés ,que aun permanecía en la capital, en casa de unos familiares.
Pronto la turba comenzó la masacre y no quedó títere con cabeza, se creían seguros los 4 en el lugar, pero los griegos se enteraron de su paradero. Intentaron resistirse a la detención, pero ante tales actos, no hicieron sino quemar la casa completa con todos dentro.
Ya son dos las figuras de la Compañía que perecen en manos griegas.

Mientras tanto los jinetes bizantinos comenzaban a atacar las aldeas con guarnición, ante unos almogávares que se veían sorprendidos y no podían hacer mucho contra la caballería ligera enemiga. No fue sino por la codicia de estos jinetes en el saqueo del enemigo caído que pudieron algunos hombres huir hasta Galípolis, base de operaciones de la Compañía, dirigida entonces por el noble Berenguer de Entenza, e informar de lo ocurrido. Fue en el mismo momento en el que se enteraron de la traición de los bizantinos en el que se inició oficialmente la tan famosa Venganza que los almogávares llevaron a cabo por toda Tracia y Macedonia.

En el momento en el que se dieron cuenta del engaño habían acantonados en Galípolis, según dicta Muntaner, 3307 almogávares a pie y 206 jinetes. Fue grave su ira, clamando la más sincera venganza, pues de aquí en adelante, aun saqueando, no se guiaron por riquezas, sino por una profunda necesidad de desagravio, que no iba sino a sanarse por lar armas.
El primer acto de la Venganza, aun habiendo sido ocultado por Muntaner por pura vergüenza, fue el exterminio de todos y cada uno de los habitantes de la ciudad de Galípolis, sin distinción de edades o sexos; todos fueron asesinados sin posibilidad alguna de defensa. La ciudad ahora era completa y absolutamente almogávar.

El Sitio de Galípolis

Al poco tiempo llegaron las tropas del coemperador Miguel IX, las enseñas del Imperio Bizantino se divisaban en el horizonte. Miguel y sus tropas se acantonaron como refuerzo en Pactia, al norte de la península; mientras las tropas sitiadoras y mercenarios se posicionaron en Brachialium, a 2 millas de Galípolis, siendo un total de 30.000 infantes y 14.000 jinetes contra los menos de cuatro mil hombres en la defensa.

Previamente los sitiados se centraron en reforzar las débiles murallas de la ciudad y fortificar los arrabales, cuya toma sería crítica para su ya precaria situación. Mientras que tras iniciado el sitio se dedicaron en cuerpo y alma a realizar continuas correrías y salidas que no hicieron sino debilitar el sitio y darles capacidad de abastecerse de la campiña peninsular.

Los almogávares, desesperados por semejantes condiciones y desmoralizados por la reputación perdida tras la cacería a la que se les sometió, decidieron emprender un último acto desesperado con el envío de nuevos embajadores a la capital imperial, sin aun saber cual fue el destino de los 3 anteriores. Eran 4 en esta ocasión, 2 caballeros y 2 almogávares junto con los marineros de las embarcaciones.
Al llegar a Constantinopla tuvieron que dirigirse ante los bailíos (representantes de los intereses de sus estados) de las diferentes repúblicas mercantes como Venecia y Génova. Ofrecieron saldar la disputa con un combate de 10 contra 10 o 100 contra 100, a lo que, tras actuar como intermediarios con el emperador, se negaron a tal propuesta, ya que “nada les debían”.

Tras el infructuoso viaje y ya conscientes del devenir de sus predecesores, demandaron salvoconducto para volver con seguridad a su base, con el derecho diplomático que confiere el ser embajador. Así se lo concedieron y tras unírseles varios catalanes y aragoneses que aun en la ciudad permanecían, partieron escoltados por el Mar de Mármara. Pero no todo pudo ser tan apacible como esperaban. A la altura de Rhaedestus (actual Tekirdag), a algo más de 60 millas de Constantinopla, de repente los barcos viraron e hicieron desembarcar a sus pasajeros. Por orden de quienes debían protegerles fueron 27 de ellos hechos presos y tras ello, descuartizados ante las gentes de la ciudad. Toda una afrenta al honor del adversario.

1- Galípolis 2- Constantinopla (Estambul) 3- Rhaedestus (Tekirdağ) 4- Aprós (Kermeyan)

Mientras dentro de Galípolis se desarrollaban largos debates entre aquellos dos que optaban con mayor seriedad a dirigir la Compañía, Entenza y Rocafort. Ambos estaban de acuerdo en vengar su afrenta y no retirarse sino muertos, pero se oponían en métodos. Uno noble y otro almogávar. Entenza prefería defender Galípolis de forma segura mientras desgastaba al enemigo con saqueos desde sus galeras, de donde conseguiría sustento; mientras Rocafort optaba por no dividir las tropas so peligro de ambos cuerpos, quería plantar batalla contra el ejército griego como hiciera en tiempos pasados en los Tauro. La mayor parte de los capitanes deseaba hacer lo que proponía Rocafort, pero la influencia de Entenza desvaneció esa posibilidad, imponiéndose finalmente su propuesta.

Saqueo del Mar de Mármara

Antes de que Entenza saliese fueron enviados nuevos embajadores al rey Fadrique de Sicilia, de la Casa de Aragón, para postrarse como vasallos suyos y recibir sus ayudas en tan desesperado momento; mientras a la vez se presentó fugazmente la posibilidad de que el Infante Sancho, embarcado en Mitylene, les socorriese, pero éste prefirió no arriesgarse, ya que oficialmente había paz entre la Corona de Aragón y el Imperio Bizantino.

Trás ésto embarcó Berenguer en 5 galeras con 800 almogávares y 50 jinetes, con la misión de saquear las costas enemigas y así lograr suministros para sus tropas sitiadas. La primera presa de los almogávares fue la Isla de Proconeso (actual Mármara), famosa por sus canteras en la que se saqueó y mató a su población por igual. Tras ello las galeras realizaron pillaje en las costas tracias, llegando a tomar y saquear sin apenas resistencia la ciudad de Heraclea (actual Marmara Ereğlisi).

Ante semejantes ataques sin castigo alguno, el emperador envió a la costa a 400 caballos y varios centenares de infantes a las órdenes de su hijo Juan. Éste debía impedir que los almogávares  se adentrasen en tierra, pero consiguió lo contrario. Nada más enterarse del envío de este ejército Entenza desembarcó, presentó batalla campal y venció a las armas griegas. Ocurrió ésto el 31 de mayo de 1305, dos días después de saquear Heraclea.

Fue tan grande el susto y tan sorprendente la victoria, que desde Constantinopla creyeron tener delante suyo la Compañía almogávar al completo, alzándose las milicias en el lugar y tocando la ley marcial.

Pero no todo iban a ser victorias. Regresaban a Galípolis saqueando por la costa cuando se toparon en el horizonte con 18 galeras, contra las que no podrían vencer, y decidieron desembarcar y esperar en tierra armas en mano. Resultaron ser navíos genoveses capitaneados por Eduardo Doria. Éstos se presentaron como amigos y así actuaron, llegando incluso a invitar a Entenza a la galera capitana con Doria, cosa que negligentemente aceptó aun con las advertencias de sus allegados. Cenó y durmió allí pero en medio de la noche una de las 18 galeras fue y volvió al barrio de Pera (barrio genovés en Constantinopla) para informar de la situación, llegando a la petición expresa del emperador de capturar al general enemigo y acabar con su flota.

Entenza fue apresado y la mayor parte de la flota hundida, pero a un gran coste en vidas italianas. Irónicamente, tras ello los genoveses no quisieron entregárselo al emperador, esperando primero en Trebisonda, donde tenían comercio los genoveses, y acabando finalmente en Italia. Allí más tarde fue liberado previo pago de un rescate, tras lo que se apresuró a reunir nuevos hombres con los que partir a socorrer a la Compañía. Pero hasta eso queda aun mucho tiempo.

Batalla de Brachialium

Menos de 1500 almogávares con 200 jinetes quedaban en Galípolis mientras se les iban uniendo rezagados de otras guarniciones o supervivientes de las galeras de Entenza. Pero había un problema aun mayor, el continuo empuje y asaltos bizantinos a las murallas con el agotamiento de las provisiones. Decidieron entonces seguir la propuesta que tiempo atrás dio Rocafort y presentar batalla y, para persuadir a aquellos dudosos que querían retirarse por mar, llevaron a pique su armada, consistente entonces en más de 20 navíos con 4 galeras. No tenían más opción, emulando tal ejemplo Cortés siglos más tarde.

Una vez llevada a cabo esta tarea, se formó “gobierno”, siendo la cabeza de la Compañía Bernat de Rocafort, que debía obedecer y tomar opinión de los 12 consejeros que le fueron impuestos, aunque en ningún momento les hizo caso alguno. Llegaron éstos a crear un sello para sus mensajes con la leyenda “Sello de la hueste de los francos que reinan el Reino de Macedonia”, adoptando la forma en la que eran conocidos por los bizantinos. Podían verse sus intenciones.

Salieron pues de Galípolis tras un rezo el día 7 de junio de 1305 y obraron como en otras batallas. La caballería de los almogávares se posicionó en el flanco izquierdo y la infantería en el derecho. Ésta portaba distintos estandartes, como el de la Corona de Aragón, del Reino de Sicilia, el de San Jorge o el personal de Rocafort.

Se encontraron con una ventaja increíble en la que ninguno había reparado, el ejército bizantino que se acercaba a hacerles frente, unos 8.000 jinetes y miles de infantes en la reserva, era mayoritariamente caballería; ésta no podía tan siquiera maniobrar bien debido a la estrechez de la península en ese punto. Por ello la estrategia debía ser irrumpir de forma devastadora en una primera carga contra una caballería desorganizada que acabaría huyendo ante el empuje almogávar.

Así prosiguió la batalla. Nada más aparecer en el campo el adversario, cargaron los almogávares liderados por Rocafort contra el centro enemigo con sus azconas (lanzas arrojadizas). Ante semejante lluvia de proyectiles, las primeras líneas cayeron sin apenas contacto; mientras una vez caída ésta, se ordenó a la caballería e infantería cargar. Utilizando sus típicos métodos de reventar caballos y rematar al desamparado jinete en tierra prosiguieron, saliendo derrotado y desorganizado el ejército imperial. Se unió a la batalla la reserva que en sus campamentos descansaba, y la unión de tropas frescas frenó el imparable avance de la Compañía. Pero se oyeron gritos de “Por San Jorge” y pronto hasta los refrescos enemigos se dieron por perdidos.

Muchas millas fueron perseguidos los griegos, teniendo incluso que huir sus generales de Brachialium; mientras la mayoría de los hombres murieron ahogados al intentar huir embarcados cuando tenían a un almogávar a distancia de sablazo.
Muertos fueron del Imperio Bizantino 6.000 jinetes y alrededor de 10.000 de a pie. Mientras que por parte almogávar, y resultando cifra hiriente para el honor imperial, un caballero y dos infantes, pero no salvándose un solo hombre de recibir grandes heridas y estocadas.

Batalla de Aprós

Gran botín consiguieron rescatar y cualquier pena de hambre pudieron rápido corregir. Pero los espías que poseían en Adrianópolis y Constantinopla dejaban algo claro: Miguel se acercaba con un ejército aun mayor contra ellos. Y los almogávares no vacilaron. Dejaron en Galípolis, donde sus tesoros aguardaban y sus mujeres les esperaban, a 100 infantes de guarnición a las órdenes de Muntaner y salieron. Historiadores griegos y latinos coinciden en que salieron no por ver ventajas en ello, sino por no confiarse con lo ya conseguido en el pillaje y proseguir con su determinación.

Eran a estas horas más de dos mil los almogávares avanzando hacia el enemigo, cuando una noche los exploradores advirtieron de la presencia de gran cantidad de hogueras en el horizonte. Era el ejército del Imperio Bizantino en manos de Miguel IX, el cual un prisionero contabilizó en más de 15.000 hombres, prefiriendo esperar a la mañana para presentar batalla.

Nada más amanecer rezaron nuevamente y se encaminaron hacia el enemigo. Formaron en dos cuerpos de infantes, uno en retaguardia como refuerzo, mientras la caballería les flanqueaba. Pero se equivocaron, la noche anterior Miguel no hacía sino esperar al resto del ejército, ahora eran más de 30.000 hombres, de los que más de 10.000 eran caballeros.
Nada más verlos descender de las colinas, los bizantinos desde su campamento comenzaron a festejar; no creían posible que tan reducido número de enemigos les fuese a presentar batalla y creían era para entregarse. Pero Miguel era hombre sin suerte, que no idiota, e hizo formar a sus hombres. En el flanco izquierdo se situaron turcopoles y alanos, en el derecho la afamada caballería tracia y otros mercenarios, y ambas flanqueaban al grueso de la infantería, dividida en cinco cuerpos; en retaguardia se hallaban Miguel, varios nobles y su propia guardia.

Empezó la batalla donde comienza la contradicción. Nicéforo dicta la inmediata huida del flanco izquierdo bizantino, compinchados con el enemigo; mientras Paquimeres describe una carga en la que los almogávares no cedieron un centímetro y tras ello, huyeron. Me aventuro a dar una tercera opinión:
Nada más sonar las trompetas se dictó la orden al flanco izquierdo de la caballería alana y turcopol de cargar. Éstos así lo fingieron con una carga que no fue tal, aliados secretamente con los almogávares, no arriesgándose a ser cazados por los bizantinos, tras la cual huyeron fingiendo grandes pérdidas y temor. Dejando así el flanco desprotegido al ejército del Imperio y con un enemigo menos para la Compañía.

El resto de la batalla sucedió de forma frenética. Los soldados del Imperio Bizantino no podían estar más desmoralizados, viendo además como todo el ejército enemigo cargaba en tromba. Pronto las primeras líneas, formadas por soldados veteranos, fueron arrasadas con el lanzamiento de sus azconas y su carga. La caballería del flanco derecho almogávar cargó al flanco izquierdo enemigo, desbandándolo y creando un efecto dominó que hizo huir a casi toda su infantería, mientras era cazada por los infantes de la Compañía. Los únicos que opusieron alguna resistencia fueron los jinetes tracios, que se opusieron a la carga personal de Rocafort; pero viéndose rodeados y derrotados, finalmente huyeron con gran número de bajas.

Representación de la Batalla de Aprós

Miguel, viendo cercana la derrota, no se lo pensó dos veces y cargó con toda su guardia contra el enemigo. Fue sólo gracias a su valor que la victoria se mantuvo en disputa por largas horas, pero finalmente hubieron de hacerle retirarse, ya que dispuesto estaba a enfrentarse a la misma muerte. Se retiró al castillo de Aprós a descansar y al alba partió a Constantinopla. Suerte tuvo, el castillo fue tomado ese mismo día, donde pasaron una semana los almogávares.
Las bajas de la Compañía almogávar fueron de un 100% de heridos con 27 infantes muertos y 11 a caballo, de los cuales 2 fueron muertos por manos de Miguel; mientras el Imperio Bizantino perdió 10.000 jinetes y un número igual o superior de infantería. Era el fin de su ejército y la Tracia ya era feudo almogávar.

En este momento el campo fue despoblado, bien por las razias almogávares, bien por que buscaban seguridad los aldeanos, ya que las grandes ciudades no podían ser tomadas por tan pequeño contingente.

Los presos de Adrianópolis

Las noticias de esta derrota se abalanzaron por todo el imperio y allende los mares. Eran todos conscientes de que habían perdido el mayor ejército que el Imperio Bizantino poseía y así temían. Mientras que incluso los presos almogávares que en Adrianópolis se mantenían desde la muerte de Roger se enteraron. Eran 60 éstos, concentrados en la torre de una prisión.

Pronto urdieron planes para escapar y unirse a sus compañeros, pero no iba a ser tan fácil como esperaban. Forzaron las puertas y pronto pudieron armarse tras dar muerte a sus guardianes. Pero la población de la ciudad no quería vivir lo ocurrido en otras y les hizo frente. Los almogávares, como ya se vio en el caso de los 3 infantes en la misma ciudad, se hicieron fuertes y resistieron durante horas a los atacantes, que ya no sólo eran vulgo sino infantes. Desde lo alto de la torre miraban con desesperación, queriendo encontrar salida de la ciudad, pero no la había.

Escarmentados estaban en Adrianópolis y decidieron proceder como no se hizo en anterior ocasión. Prendieron fuego a toda la prisión, nadie escaparía.
Aun pasaron horas combatiendo, hasta que en lo más alto de la torre se concentraron los sitiados; sólo uno de 60 quiso rendirse, pero no se le dejó, prefirieron lanzarse todos al vacío. Mejor era que morir quemado.

El Saqueo de Tracia

Una vez vistos a ellos mismos como señores de Tracia, fueron libres de movimiento por toda ella. La primera ciudad en su venganza fue la de Rhaedestus, en la que murieron sus embajadores, que saquearon y destruyeron, tras la cual siguió Pactia, tratada con igual dureza. Pero debido a la concentración de tropas y la llegada progresiva de refuerzos por parte de voluntarios peninsulares, acabaron haciendo la función de cuarteles.

Uno de aquellos que reforzó la Compañía Almogávar fue Fernán Ximenez de Arenós, hasta entonces al servicio del Duque de Atenas. Que, preocupado por la situación de sus hermanos, decidió volver para ayudarles con los 80 hombres que le acompañaron. Pronto destacó, ya que con 360 hombres saqueo gran parte de Tracia; venció en batalla a más de 2700 enemigos y tomó tras un sitio de 8 meses la ciudad de Modito (actual Eceabat).
Pero seguían queriendo hacer daño donde verdaderamente le doliese al Imperio Bizantino. Por ello marchó toda la Compañía hacia el norte, donde tomaron y destruyeron el astillero del Imperio, Stenia (actual Igneada), quemando en el lugar más de 150 bajeles; pero llevándose 4 en cobro de las galeras con que Ahonés pereció.

Tiempo y saqueos más tarde, en la primavera de 1306 una información muy valiosa les fue proporcionada. Los turcopoles, descontentos con la falta de pagas, les contaron cómo la compañía del alano Gircón volvía a su Bulgaria natal.
Era una oportunidad que no podían desperdiciar y el ejército en bloque avanzó hacia el norte, a la caza de aquel que dio la primera estocada a Roger. Dejaron sólo 134 infantes y 7 jinetes en Galípolis, a órdenes de Muntaner.

A los 12 días de marcha y justo antes de llegar a los Montes Hemo (actual Gran Balkán), que marcaban la frontera con tierra búlgara, se toparon con el ejército enemigo. Éste estaba formado por 3.000 caballeros y 6.000 soldados de a pie, junto con sus familias y un gran bagaje, fruto de tantos años de trabajo. De nada sirvieron éstos.

La batalla en el llano se inició con la carga de la caballería alana liderada por Gircón, que no consiguió sino retrasar lo inevitable. Combatieron todo el día no decantándose la victoria por nadie hasta la mitad de éste, pero pronto comenzaron a retirarse los alanos, intentando poner a salvo a sus familias, aun a riesgo de morir ellos. Pero tenían siguiéndoles a los almogávares, y nada pudieron conseguir, ya que se internaban en sus maltrechas defensas de carros tras ellos.

Gircón murió en combate y el botín era de los almogávares. Del ejército alano, por otra parte, sólo 300 hombres consiguieron huir, mientras sólo murieron 44 almogávares. Un actor más de la venganza había sido eliminado.

Pero cuando los hombres se mantenían en el norte combatiendo, fallando los descabellados intentos de Rocafort por tomar Adrianópolis o incluso sitiar Constantinopla,  el enemigo se cernía sobre Galípolis.
Eran las galeras genovesas de Antonio Spinola, que bajo la promesa de un provechoso matrimonio quiso tentar suerte y tomar la ciudad.
Pero Galípolis por esta época no era el simple cuartel de antaño. Tras tantas victorias y cautivos, decenas sino centenares de mercaderes, principalmente catalanes, se habían asentado en el lugar. Era ahora Galípolis el principal mercado de esclavos del Mediterráneo oriental.

Había menos de 200 hombres de guarnición, pero las más de 2000 mujeres de la Compañía que allí esperaban al ejército tomaron las armas tan valientemente como lo hubiesen hecho los almogávares, teniendo por cada 10 de ellas 1 mercader al que designaron oficial.

En su intento por impedir el desembarque finalmente Muntaner fue herido, pero continuamente las mujeres en la muralla resistían las embestidas enemigas. Hasta que finalmente, y con un enemigo muy desmoralizado por semejante deshonor, hizo salida la guarnición y acabaron con la vida tanto de Spinola como de cientos de sus hombres, que se retiraron a sus navíos y volvieron directamente a Génova. Murieron en batalla más de 600 italianos que prefirieron retirarse a su hogar que regresar a Constantinopla con la vergüenza.

Mientras tanto y desde el otro lado del mar, los turcos volvían a resurgir. Prácticamente a excepción de un puñado de ciudades, que sólo dominaban lo que dentro de sus muros ocurría, todo era pasto del saqueo y ocupación turco; Anatolia había sido abandonada por el Imperio Bizantino. Pero éstos observaban más allá de la península de Anatolia, viendo en los almogávares una oportunidad perfecta para ingresar en Europa. Fueron enviados emisarios y acordados los sueldos, infinítamente menores al del soldado medio, pero aceptando contentos.
Se incorporaron a la compañía en ese momento unos 1.000 infantes y 400 jinetes turcos venidos del Asia. Daba la casualidad que tras un reiterado intento de cobrar por parte turcopol, éstos fueron igualmente declarados rebeldes, y tras una breve negociación, unos 1.000 jinetes turcopoles se unieron a la compañía que aumentaba considerablemente sus números.

Entenza y el Liderazgo

Al poco tiempo de haber ya vuelto la Compañía almogávar al completo a Galípolis, una nueva vela se vio en el horizonte. Era el noble Berenguer de Entenza, que tras haber pasado un tiempo en cautiverio italiano consiguió salir y volver a Grecia con 500 nuevos almogávares. Pero había un problema, éste a su vez quería volver a ser el líder de la Compañía, cargo ya sustentado por Rocafort.

Para capear el temporal, se nombró una especie de “triunvirato” en el que los líderes fueron 3: Arenós, Rocafort y Entenza, siguiendo los soldados al líder que más gustasen. Obviamente quien tuvo más seguidores fue Rocafort, que no solo contaba con la fidelidad de todos los turcos y turcopoles, sino también con más de la mitad de los almogávares; era normal, fuese cual fuese la procedencia de uno, este comandante fue con quien se consiguieron las mayores victorias de la compañía, muerto Roger. Mientras a, por ejemplo, Entenza, le siguieron un porcentaje muy considerable de los almogávares aragoneses .

En tal momento llegó el Infante Fernando, hijo del rey de Mallorca, cuando Rocafort se hallaba sitiando Nona y Entenza y Arenós Megarix, que pronto caerían. Venía a conseguir el vasallaje al Reino de Sicilia de la Compañía, pero los recelos del poder de Rocafort impidieron tal cosa; se le confirió pues el mando de la Compañía sólo hasta que migrasen de Tracia. Ésta era ya una región yerma donde nada había ya digno de saqueo, por ello decidieron viajar al oeste, donde estaban las ricas tierras de Macedonia. Eligieron incluso la que sería su nueva base para el saqueo, Cristópolis (actual Kavala). Dejaban Tracia tras 3 años de pillaje. Pero a dos días de la ciudad, ocurrió lo que muchos ya esperaban.

Los contingentes, que hasta entonces viajaban por separado, de Entenza y Rocafort se encontraron, produciéndose una batalla en la que, aparte de unos quinientos muertos (más que todas las bajas recibidas en todas las batallas que libraron juntas) y la huida de Fernán Ximenez de Arenós al Imperio Bizantino en el que llegó a ser Megaduque, resultó la muerte de Entenza. La Compañía almogávar finalmente volvía a tener un único líder. Cierto es que se le designó un consejo cuya palabra debía seguir, pero éste fue ignorado durante todo su mandato como de costumbre.

Muntaner por su parte tenía orden de ir por mar, mientras el resto iba por tierra, con su armada de hasta 36 velas. Portaba consigo las riquezas de la Compañía, las mujeres y a los heridos y ancianos. Pero al enterarse de lo ocurrido no se lo pensó dos veces y partió a Sicilia con el Infante Fernando y unas siete naves. Mal fue el viaje de todas formas, ya que tras saquear la ciudad de Almyros por el maltrato de alguno de los hombres de Fernando, fueron apresados en la isla de Eubea. Muntaner fue liberado, pero prefirió seguir al Infante en su cautiverio del que un año más tarde se libraría en Nápoles.

Los Almogávares en Macedonia

Habían pasado los días y la Compañía almogávar, por órdenes de Rocafort, prefirió no tomar Cristópolis, que había tenido tiempo como para preparar su defensa. Cruzaron el estrecho de los Ródopes y vagaron sin rumbo, pero sin dejar de saquear la zona, hasta que encontraron un punto adecuando para invernar en 1307. Fue éste las ruinas de la antigua Casandria, en la península homónima en Calcidia, cercana a Tesalonica y a cualquier punto digno de saquear, como el Monte Athos.

1- Tesalonika 2- Casandria 3- Monte Athos 4- Cristópolis (Kavala) 5- Valle de Tempe, entrada a Tesalia

Se mantuvieron los almogávares en Macedonia con base en Casandria de 1307 hasta 1309, con gran cantidad de tiempo para enriquecerse a placer.
Uno de los pillajes que más notoriedad adquirió fue el del Monte Athos. Se dirigieron allí los almogávares antes de llegar a Casandria, poniendo sitio y asaltando infructuosamente el monasterio de Hilandar debido a sus grandes fortificaciones. Mientras que meses después volverían a por un segundo asalto contra los menos de 200 monjes y los aldeanos de los alrededores. Pero la situación había cambiado, el rey serbio Uros II había enviado a su ejército para defender los monasterios y se hallaba preparado para el asalto.
Tuvieron que conformarse los almogávares con saquear la campiña y retirarse tras la derrota.

Monasterio de Hilandar, víctima del saqueo de los almogávares.

En cierto momento se presentó en el campamento de Casandria un caballero llamado Tibaldo de Sipoys, representante del “Emperador Latino” de iure uxoris Carlos de Valois, francés; pero además, “Rey de la Corona de Aragón” de iure desde la cruzada declarada por Martin IV. Éste les ofrecía alianza y sumisión a su señor con tal de seguir provocando daños al maltrecho Imperio Bizantino, y poco hubo de pensárselo Rocafort. Se veía enemigo personal de la Corona de Aragón por haber negado su sumisión y aceptó complacido, tomando la Compañía a Tibaldo como comandante.

Pero los almogávares no olvidaban fácilmente, y aun recordaban la enemistad que la Casa de Valois tuvo con la de Aragón. Aunque Rocafort se adelantó a tal movimiento y declaró que no sólo ahora eran aliadas, sino que en ese momento el enemigo seguía siendo el Imperio Bizantino. Calmó los ánimos pero no sólo no se comportó como vasallo de Tibaldo, sino que sus ínfulas de monarca aumentaron.

Los agravios que iba poco a poco sumando no eran pequeños, todo podía requisarlo, toda mujer podía tomar, y trataba cual criados a los que eran sus iguales. No le quisieron más los suyos.
Los capitanes de la Compañía (que se entretenía con el habitual pillaje de Macedonia) hablaron con Tibaldo, debía cesar, pero éste tenía miedo de Rocafort. Intentó hablarle con calma pero no recibió sino insultos, y se convenció también de la necesidad de cambio.

Se reunió el consejo, tal y como habían pedido los capitanes, y fue tal la discusión y tan amenazante la palabrería de Rocafort, que se cumplieron los planes de los confabulados, siendo éste y su hermano apresados y cargados en los barcos de Tibaldo.
No les gustó la decisión a los almogávares, pero la aceptaron, mientras los turcos se hallaban horrorizados, ya que era a él a quien rendían obediencia. Mas una noche se enteraron que los barcos de Tibaldo, con su antiguo comandante, partían a Nápoles. Ahí le reclamaba el rey Roberto I, con el que tiempo atrás tenía enemistad. Éste no hizo sino cobrarse venganza y encerró a sendos hermanos en el castillo de Aversa, donde murieron de hambre.

Momento del arresto de Rocafort por sus capitanes

Los almogávares se sentían traicionados, ya que aun siendo Rocafort un déspota y considerado tirano, fue el comandante que más gloria y victorias le trajo a la Compañía. Una buena noche, con el aire enrarecido, se saldaron la deuda que creían contraída y murieron por la espada sin apenas poder defenderse la mayoría de los capitanes que contra Rocafort obraron. Rompían así su breve servidumbre con Carlos de Valois, que era rey y emperador, pero sólo de palabra.

Estaba ahora la Compañía almogávar compuesta por más de 8.000 hombres de armas, sin contar mujeres, servicio y presos, de los cuales habían casi 3.000 turcos y turcopoles. Pero no tenían líderes capaces, muertos gran parte de los capitanes y aquellos con más renombre; nombraron por ello como líderes de la expedición, con la ayuda de un Consejo de 12 notables, a 4 hombres: 2 caballeros, un adalid y un almogávar.

Se presentó en semejante momento ante Casandria el embajador del Conde Gautier V de Brienne, ahora también Duque de Atenas, Roger Deslau; éste les ofrecía servir con el Conde en Atenas, pero desecharon pronto tal posibilidad al no tener barcos con los que llegar al ducado. Se lo habrían de pensar mejor.

Invernaron nuevamente en Casandria, retomando la actividad iniciado 1309. Tenían intención de tomar Tesalonica, donde se hallaba la Emperatriz María y su corte, desde donde podrían crear un nuevo estado bajo su dominio, pero Andrónico fue más rápido. El emperador, avisado de las intenciones de los almogávares, ordenó recoger todo lo que en la campiña criaba, hacer una leva general y construir un muro entre Cristópolis y el estrecho de los Ródopes, impidiendo su vuelta a Tracia; quería acabar con ellos por hambre, ya que en batalla no lo conseguía.

Rechazados en Tesalonica en primavera tras sus imponentes murallas y gran guarnición y persuadidos de no poder volver a Tracia, decidieron viajar al Ducado de Atenas, donde su duque les ofreció contrato; teniendo para ello que atravesar Tesalia.

Restos de las murallas bizantinas de Tesalonika a principios del s.XX. Derruidas en 1916.

En este momento vuelve a haber contradicción en las crónicas. Unas dicen que los turcos en su totalidad se escindieron del grupo, mientras otras dictan que lo hicieron mucho más tarde, tras las campañas en el Ducado de Atenas. Aquí una tercera versión: Los turcoples desde un inicio sirvieron con agrado a Rocafort, donde conseguían botín y presas abundantes, pero una vez ido este, temían compartir espacio con los almogávares. Una vez partían de Macedonia decidieron éstos marcharse también, y así se lo propusieron, no pudiéndose negar la Compañía, ya que se ofrecieron bajo condición de ser libres. Por ello iniciado el camino a Tesalia se escindieron de la Compañía almogávar los 1.000 jinetes turcopoles y un pequeño contingente turco, que se unieron en su momento, marchando a tierras serbias a servir al rey Uros II.

Nada temían por su parte los 1.400 turcos que con ellos se mantenían, que contratados cual mercenarios fueron y así se mantendrían siempre que hubiese botín por delante. Aun les quedaban un par de años con ellos.

Tesalia

Tras 3 días de marcha desde Tesalonica llegaron a las orillas del río Peneo (actual Salamvrias) en el valle de Tempe entre los montes Olimpo y Ossa, en Tesalia, donde invernaron. Era esta la zona más llana y mejor cultivable de toda la Romania (como denominaban los griegos a Grecia), favoreciendo por ello la aparición con mayor fuerza de poderes locales que feudalizaron y descentralizaron el lugar. Por otra parte, se encontraba gobernada, independientemente del Imperio Bizantino, por Juan II Ángelos Ducas, de una conocida dinastía griega, aunque con un poder muy nominal en sus tierras. Finalmente éste se caso con una hija bastarda del Emperador Andrónico II, siendo nombrado Sebastocrator (título otorgado normalmente desde tiempos de Alejo I Comneno a la segunda dignidad del Imperio Bizantino)1.

Al finalizar el invierno e iniciarse 1310 bajaron a los ricos valles que poseía Tesalia, saqueando a placer y viviendo con una comodidad que casi ni recordaban. El príncipe Juan temía a este ejército del que todo lo conocía y, tras fortificar sus ciudades y decidir no presentar batalla, algo inútil, les hizo una proposición. Envió mensajeros ofertando grandes sumas de dinero, guías y un salvoconducto para circular libres por la Tesalia hasta llegar a Beocia, su destino, tierras del Ducado de Atenas. No sólo de esta forma se libraba el príncipe de un gran problema, sino que además echaba a esta horda de saqueadores a tierras del que era enemigo suyo declarado, el Conde de Brienne.

Fueron en un inicio contentos los almogávares con tal oferta, aceptando y encaminándose pronto a la cordillera del Pindo, que atraviesa toda Grecia. Pero no esperaban tener que abrirse paso con las armas. En toda esta región montañosa, también llamada Vlaquia, vivían gentes procedentes de la actual Rumanía, hoy en día conocidos como Arrumanos, pueblo muy belicoso.

1Ana Comnena, traducción de Emilio Díaz Rolando. En La Alexíada, Ático de los Libros, España, 2016.
Libro III, Capítulo IV.

El Ducado de Atenas

Pero poco tiempo paso hasta que consiguieron llegar a las famosas Thermópilas, cuya epopeya desconocían absolutamente, aun siendo casos muy similares pero con más feliz final. Y tras éstas fueron a parar a las orillas del río Cephiso.
La ciudad de Atenas y sus tierras circundantes en general sufrieron un progresivo declive según avanzaba la Edad Media y el saqueo normando. Pero en el s.XIII y tras su toma por parte franca, resurgió de forma generalizada, irguiéndose en una verdadera polis al estilo francés con gran poderío dentro de Grecia.

1- Atenas 2- Tebas 3- Negroponte, base veneciana 4- Neopatras (Ypati) 5- Almyros 6- Escenario de la Batalla del Río Céphiso

Nuevamente vuelve a haber controversia, unos narran a continuación un enfrentamiento, mientras otros se sustentan en el servicio al señor de estas tierras. Me decanto más por la segunda, ya que fue ésta la que motivo que se atravesase finalmente Tesalia y que refrendan los autores griegos.

Una vez Gauterio de Brienne tuvo noticia de la llegada de los almogávares a sus territorios, pronto envió a sus embajadores a ofrecerles nuevamente las condiciones que Deslau les propuso en su momento. El precio de sus servicios fue de 4 onzas de oro por caballero armado, 2 por jinete y 1 por infante mensuales durante 6 meses, con lo equivalente a 6 más por adelantado. Y así  inició la guerra contra todos sus vecinos, logrando no sólo vencerles, sino cobrarse gran cantidad de fortalezas y ciudades.

Pero el Conde Gauterio V de Brienne, Duque de Atenas, era tan reacio a pagar como lo fue Andrónico II. Habían recibido los almogávares sólo 2 de las 6 pagas prometidas, sin el adelanto, y exigían el pago efectivo de éstas; pero el Duque de Atenas, viéndose ya tan poderoso, se negó a tal petición. Repartió tierras y títulos a 200 jinetes y a 300 infantes y al resto les ordenó su inmediata retirada. Se negaron éstos, y empezó nuevamente la guerra.

Batalla del Río Cephiso

Se retiraron los almogávares, ya en guerra contra el duque, a invernar junto al río que les vio llegar al ducado, tras apoderarse de varios castillos mal defendidos.

Comenzó en ese momento el duque a reunir un poderoso ejército que en mucho superaba al almogávar; tenía intención según dicen de, una vez acabado con los almogávares, encaminarse contra el Imperio Bizantino, del que ya se veía coronado.
El número del ejército varía si se consulta a Muntaner o a Nicéforo, siendo la del segundo versión más fiable al hallarse lejos la primera. Consistía el ejército de éste en más de 6.400 jinetes locales con algo más de 8.000 infantes a sus órdenes; pero precediendo a todos éstos la caballería de élite que este poseía, más de 700 caballeros acorazados franceses y venecianos, con los que se creía invencible. Pero días antes los 500 almogávares que con el duque se mantuvieron, con miedo de seguir pronto la misma suerte y con afán de socorrer a sus compañeros en peligro, volvieron con ellos para combatir al duque.

Una vez finalizado el invierno, la Compañía almogávar decidió esperar al duque en Beocia, junto a la desembocadura del río Céphiso en el (desecado a finales del s.XIX) lago Copais, donde el duque ya se dirigía.

Al ser conocedores del que sería el campo de batalla donde ambos ejércitos chocarían, aprovecharon la oportunidad. La naturaleza cubría mayormente esas tierras, habiendo gran cantidad hierba que no dejaba ver un palmo de tierra; ésto les dio una idea que les conferiría la victoria. Desviaron parcialmente el cauce del Céphiso y empantanaron todo el campo de batalla a excepción de sus posiciones, convirtiéndolo en un completo barrizal, pero que no podía verse debido a la vegetación, con lo que conseguirían desarticular completamente a la poderosa caballería enemiga.

Era un 15 de marzo de 1311. Una vez ya en batalla, se encaminaba el duque a cargar frontalmente con lo mejor de su caballería contra los almogávares, los cuales formaron mezclando entre los cuerpo hispanos a los turcos. Éstos se negaron a combatir, creyendo que era imposible que el duque cargase contra ellos tras sus servicios y que querían simplemente eliminar a los de otra religión. Más tarde al girarse las tornas de la batalla, volverían.

Cargó el duque y su caballería contra los almogávares, que ahora solos se encontraban, sin fijarse tan siquiera en el suelo que pisaba. Él y sus pesados caballeros quedaron atrapados y lo primero que vieron al mirar al horizonte fue una lluvia de azconas que se cernía sobre sus cabezas para acto seguido recibir una demoledora carga de almogávares. Éstos, al carecer por completo de armadura que les impidiese moverse libremente, corrían por los barrizales como si por un campo seco se tratase.

Muerto fue el Duque Gauterio de los primeros, al ser sus armas las más llamativas, fue el momento en el que el resto del ejército, aun ignorante de la trampa, se abalanzó a socorrerlo. Tarde llegaron para salvarlo, pero no para caer bajo las armas enemigas. Fue en ese momento en el que los turcos, al fin persuadidos de que de verdad se trataba de una batalla, se unieron para perseguir y finalmente rematar al ejército enemigo.

Representación de la Batalla del Río Céphiso

Murieron de los 700 caballeros más señalados de Gauterio 698, sobreviviendo únicamente Roger Deslau y Bonifacio de Verona, que más tarde quedarían igualmente involucrados en la Compañía almogávar, mientras el resto de sus hombres fueron prácticamente masacrados.
Tras semejante victoria y la muerte del conde toda fortaleza por la que pasaron se les rindió de forma inmediata, pronto de igual forma tomaron la capital, Tebas y Atenas, a la que denominarían Cetines. El Ducado era ahora suyo, pero no tenían líder al carecer de una figura de consenso. Primero se lo propusieron a Bonifacio de Verona, y al negarse éste, recurrieron a Roger Deslau, caballero de renombre al que liberaron para tal menester, aun manteniéndose sólo por un año en tal puesto.

Fue en ese momento en que los casi 1.400 turcos que aun se mantenían en la Compañía almogávar migraron nuevamente a tierras del Imperio Bizantino. En el lugar llamaron a más de sus compatriotas y por poco toman toda Tracia hasta ser expulsados. Poco faltaba para que volviesen para quedarse, mientras que a estas alturas toda Asia prácticamente era ya su feudo.

Situación de anatolia alrededor de 1340. Toda Anatolia estaba dominada por turcos a excepción del griego Imperio de Trebisonda y algún enclave bizantino como, irónicamente, Philadelphia.

Ducados de Atenas y Neopatria

Tras el fin del gobierno de gobierno de Deslau en 1312, fueron enviados embajadores al Rey Fadrique de Sicilia, rindiéndole vasallaje; a lo que este respondió nombrando a su joven hijo Manfredo como duque del lugar, pero enviando a Berenguer Estanyol como Vicario general. Formaban ahora parte del Reino de Sicilia. Se había formado, por otra parte, un complejo entramado administrativo en las nuevas posesiones por el que los poco preparados almogávares necesitaron de la ayuda de la anterior administración local, mientras las tierras fueron repartidas entre los señores.

Estanyol gobernó de 1312 a 1316, año en el que murió, pero su gobierno destacó por su buen hacer y por la expansión que sufrió el Ducado de Atenas bajo su mandato. Guerreando continuamente, bien por tener a los almogávares entretenidos, bien para expandir los dominios de los que era vicario, haciendo guerra con unos cuando con otros tenía paz y viceversa. Aunque en 1314 fueron excomulgados por el papado, que convocó una cruzada sin ninguna repercusión para recuperar los ducados de la familia Brienne.

Pidieron a Fadrique, muerto Estanyol, un nuevo Vicario, y éste les envió a su hijo bastardo Alfonso Federico. Éste gobernó hasta finales de 1317 como Vicario General, y como Duque de Atenas hasta 1330, debido a la muerte de su hermano Manfredo, heredando él el título.
Se casó éste con la hija de Bonifacio de Verona, con la que tuvo gran descendencia; y una vez muerto Bonifacio en el mismo 1317, heredó para el ducado por parte de su mujer 13 castillos en tierras griegas y una tercera parte de la isla de Negroponte. Este aumento de la influencia ducal en feudos del círculo veneciano conllevó el aumento de la tensión a puntos insostenibles, realizándose continuas escaramuzas sin repercusión alguna. Se firmó finalmente en 1319 una paz con Venecia que el Reino de Sicilia renovaría cada 2 años.

Por otra parte y más importante a futuro, en una de sus muchas guerras mantenidas con sus vecinos llegaron a conquistar el sur de Tesalia, ahora vasalla del Imperio Bizantino. Ésta fue renombrada como Neopatria, por su capital en Neopatras, ascendida a rango ducal y ligada a los duques de Atenas.
Pero todo buen gobierno acaba tarde o temprano, muriendo Alfonso Federico en 1330, llevándose consigo y el tiempo en que vivió a los más veteranos almogávares de la Compañía. Nada se hizo ya por el ducado desde Palermo o la península, limitándose los reyes de uno y otro lugar a enviar Vicarios.

Más tarde, el hijo de Gautier V, Gautier VI de Brienne, tras pedir ayuda al papa Juan XII (que declaró cruzada y excomulgó nuevamente a los almogávares) y al rey de Nápoles, Roberto, se embarcó a Grecia en 1331. Pero no consiguió su propósito, limitándose los almogávares a defender sus fortalezas, aun venciendo. Perdieron entonces lo que antaño tanto les caracterizaba, la lucha campal.
Mientras que más tarde perdieron partes de Tesalia por el empuje del Imperio Serbio.

Finalmente los almogávares, protagonistas de la crónica narrada, morirían por causas naturales. Habiendo sucumbido al mayor de sus miedos de juventud, acostumbrarse a la riqueza y “corromperse” por la misma. Eran ahora sus hijos quienes defendían el lugar, pero se vería que en nada igualaban a sus padres.

Mientras que finalmente en 1379 y tras sufrir la irrupción de la Compañía Blanca o Navarra, los Ducados de Atenas y Neopatria fueron a caer en manos de Pedro IV el ceremonioso, ligándose a partir de entonces a la Corona de Aragón. Durante 67 años hondearon las dos águilas sicilianas en el Parthenon y durante otros 9 la enseña de Aragón.

Pero su gobierno fue efímero, desde 1385 el acaudalado banquero florentino Nerio Acciajuoli comenzó el sitio y toma de las plazas del Ducado de Atenas hasta tomar la capital en 1388. Neopatria resistió 2 años más. Los hijos de aquellos que escribieron su propia historia se mostraron indignos de ella.

Aquí acaba la épica aventura de aquellos que tanta imaginación han despertado; mercenarios, saqueadores, asesinos, pero también orgullosos, valientes y temerarios, con luces y sombras por doquier. Ésta ha sido la crónica de todo su proceder desde el nacimiento hasta la muerte. Siempre cabe pensar que algo de la Corona se quedó en oriente…

 

Bibliografía:

  • BOLEA ROBRES. CHUSÉ, “Almogávares en Bizancio. Súbditos de Aragón, vasallos de nadie”, Desperta Ferro, número 22, año 2014, páginas 44 a 52.
  • DE MONCADA. FRANCISCO. (adaptación de Ángel Sánchez Crespo). (2016). Los catalanes y aragoneses que conquistaron oriente. Almogávares. España: Guardarramistas Historia.
  • BOYA BALET. ANGEL. (2014). La Compañía de Almogávares en Grecia. España: Liber Factory.
  • VIDAL JOVÉ. J. F. (2014). Chronica o descripcio dels fets e hazanyes del inclyt Rey Don Jaume Primer Rey D’Arago, de Mallorques e de Valencia, Compte de Barcelone e de Muntpressler e des molts de sos descendents. Crónica de Muntaner, Barcelona. Recuperado de: http://assets.espapdf.com/b/Ramon%20Muntaner/Cronica%20(3682)/Cronica%20-%20Ramon%20Muntaner.pdf [02/03/18]
  • Chusé Bolea Robres. (2010). Almugávares Vía sus! Aragón: Free Cultural Works.

3 COMENTARIOS

  1. Jaime I,nació en Montpellier..actual Francia.Catalogne Nord..i antiguamente de habla catalana.. Los caudillos almogavares eran catalanes,asi como la mayoria de ellos..Cataluña y los catalanes han sido demasiado tolerantes con los inventos ajenos.La prueva es que Aragón nunca a tenido marinos celebres.

    • Respecto a Jaime I, ninguna objeción, aunque no entiendo tal aclaración, ya que no se puso en duda. El término “Catalogne Nord” hace referencia únicamente a la zona del Rosellón, mientras también te diría que en Montpellier primaría más el occitano que catalán, aun estando muy emparentadas en aquel entonces.
      Respecto a los caudillos almogávares, cierto es que la mayoría de los almogávares procedían de los condados catalanes, tal cosa no se niega, pero sus principales caudillos, como se explica, mayormente no; el único en el que se dudaría sería Bernat de Rocafort, del que no se conoce a ciencia cierta si fue catalán o valenciano.
      Me ahorraré comentarios sobre lo siguiente dicho, pero sólo aclarar que, bueno, no teniendo acceso al mar, es normal.
      PD: Roger de Lauria era italiano, avisada queda.

      • Siempre será objeto de disputa la maldita procedencia de unos y otros, que si eran de aquí o de allá..cuando en esa época ni el mismísimo concepto nación (como lo entendemos ahora) estaba establecido. Me duele que el nacionalismo español extraiga conclusiones interesadas de ciertos echos históricos, como me molesta igual que el nacionalismo de mi tierra, Catalunya, haga lo mismo.

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