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Las colonizaciones griegas: Magna Grecia y Sicilia

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Para poder indagar dentro de las colonizaciones griegas en la zona de Italia y Sicilia, primero debemos entender el contexto en el que se situaba las metrópolis griegas y sus poblaciones. La etapa con la que la historiografía ha situado estos años se suele definir como época arcaica, una situación en la cual los griegos salieron de la famosa edad oscura (1100- IX a.C.), y comenzó a desarrollarse un comercio a lo largo del mediterráneo griego que acabó produciendo enormes cambios en las estructuras socioeconómicas. Esta época arcaica a la que nos referimos duró desde el siglo VIII a.C. hasta finales del VI a.C.

Es por lo tanto un momento en el que se ve un claro expansionismo griego, especialmente en las zonas de ultramar. Pero igualmente importante es el proceso de desarrollo de la forma de gestión política de las polis, de la que hablaremos más tarde. Dentro de este expansionismo griego podemos diferenciar diferentes oleadas. No todas se produjeron en el mismo momento, sino que siguió una evolución a lo largo de toda la cuenca del mediterráneo entre los siglos VIII y VI a.C. También es igualmente importante aclarar que este expansionismo no se originó desde una única metrópoli griega, sino que vino producida desde diversos centros.

¿Qué factores explican esta gran expansión?

El principal factor a tener en cuenta fue el enorme problema demográfico que experimentó la Grecia continental. Una superpoblación que se produjo a finales del siglo IX a.C.  ocasionó la falta de tierras para la producción agrícola, por lo que propició la búsqueda de esas tierras por toda la cuenca del mediterráneo. Gran parte de los propietarios de las tierras empezaron a ver que sus posesiones iban reduciéndose poco a poco hasta acabar siendo prácticamente imposible la supervivencia con dichos cultivos. Esto se produjo, según Adolfo. J. Domínguez Monedero a partir de la reunión de los artistoi en torno a centros urbanos y santuarios, que determinó un incremento de su poder conjunto. (Domínguez Monedero, 1991:98). Hasta los individuos con relativa riqueza tuvieron problemas, por lo cual tuvieron que desarrollar otras actividades añadidas a su fuente de riqueza principal. Es por ello por lo que otros ciudadanos que no tuvieran una situación tan favorable pasaron por una fase de crisis. Una crisis que, además de estar profundamente relacionada a la falta de tierras cultivables, se acrecentó con el cambio dentro de las relaciones sociales y comerciales entre pequeños y grandes propietarios, ya que se fue sustituyendo el poder de las aldeas por la autoridad estatal.

No obstante, estas usurpaciones u ocupaciones de tierra a los pequeños propietarios no están excesivamente claras sobre cómo se produjeron. Lo que queda claro es que esas parcelas fueron reduciéndose hasta dejar en algunos casos a los antiguos cultivadores en régimen de servidumbre.

A este problema de cambio de propiedad de tierra, le debemos de añadir un problema demográfico: Un incremento bastante notorio de la población en Grecia. Al existir más población también propició el cambio del reparto de los lotes de tierra o Kleros, quedando estos lotes de tierra en tan ínfima extensión que no era capaz de generar subsistencia y comenzando así un proceso de endeudamiento.

Es, por tanto, un hecho enormemente reconocido en la historiografía que la emigración de individuos procedentes de los ámbitos griegos a zonas del mediterráneo fue consecuencia de todos los procesos internos que estaban acaeciendo en la Grecia Continental. (Domínguez Monedero, 1991: 98)

Tampoco debemos de olvidar un factor que la historiografía también ha tratado en numerables ocasiones sobre el devenir de los acontecimientos en la historia de Grecia: El determinismo geográfico, que viene a decir que parte de la evolución histórica de los pueblos griegos está influenciado también por los elementos geográficos de su territorio, como cadenas montañosas, tierras de difícil acceso… incluso también podemos encontrar estudios que comentan el «aislacionismo» de algunas regiones griegas, especialmente de la zona espartana, ayudándose de las montañas. (Antonaccio, Carla; 2017.)

La propia metrópolis fomentó la emigración, dio facilidades para salir al mediterráneo y crear colonias. Es por este motivo por el que la metrópolis ofreció barcos, el fuego sagrado, completó el contingente… (Domínguez Monedero, 1991; 105)

¿Cómo eran las colonias griegas en el mediterráneo?

Lo primero que debemos de tener en cuenta es la diferenciación en dos fases más o menos diferenciadas: Una primera etapa, comprendida desde el 775 al 678 a.C. en el que las colonias griegas tendrán un carácter agrario. Esto corresponde especialmente con las zonas de la Calcidia, la Península Itálica y Sicilia. Y una segunda etapa, del 675 al 580 a.C. que estará relacionada con las fundaciones de colonias en la Cuenca del Mar Negro, norte de África y zonas más occidentales como el caso de la Península Ibérica. Además, estas colonias tuvieron un carácter mercantil, alejándose de la anterior etapa agraria.

Además, estos asentamientos eran generalmente independientes de su metrópoli. Lo que en muchos casos los habitantes de estos nuevos asentamientos perdían la ciudadanía de su anterior metrópoli. Todo lo contrario a lo que ocurría con las cleruquías atenienses, ya que solo eran polis que aumentaban el rango de influencia de la propia metrópoli. Tal y como nos muestra Julián Espada Rodríguez, «Las colonias griegas de época arcaica no eran sucursales de una metrópoli, sino que nacieron ya autónomas, teniendo la prevención de que esta afirmación no es rigurosamente cierta en todos los casos.» (Espada Rodríguez, 2012; 8.). Por lo tanto, debemos de tener en cuenta esa facilidad que tenemos para encontrar estas nuevas apoikías de manera autónoma, pero como se suele decir: la excepción hace la regla.

Sin embargo, a pesar de esta independencia política con respecto a la metrópoli, no lo fue tanto en el ámbito religioso, donde los cultos de estos nuevos asentamientos van a seguir a los de las antiguas metrópolis. Eso sí, en la mayoría de los casos, debido a los procesos de asimilación cultural se verán otros cultos de origen indígena.

Templo dedicado a Hera en Agrigento, Magna Grecia.

Es además un hecho innegable que estas colonias tenían como fuente de inspiración las polis a las que pertenecían. Los ciudadanos que ocupan estos nuevos asentamientos van a ser coetáneos al proceso de formación de las propias polis, y por tanto, también están de alguna forma al servicio de la misma. (Domínguez Monedero, 1991; 101). Es por este motivo por el cual estos individuos reproducen en los nuevos territorios las formas de vida que se realizaban en Grecia. Pero, también es cierto que las relaciones entre los colonos que salían hacia las colonias del mediterráneo y la metrópolis cambiaban significativamente desde que estos salían de Grecia. Para la metrópolis, el grave problema que estaba provocando la falta de lotes de tierra se soluciona y por lo tanto se desentiende, y para los colonos, una nueva oportunidad. (Domínguez Monedero, 1991; 105).

La propia metrópolis fomentó la emigración, dio facilidades para salir al mediterráneo y crear colonias. Es por este motivo por el que la metrópolis ofreció barcos, el fuego sagrado, completó el contingente… (Domínguez Monedero, 1991; 105) Sin embargo, es común que en el ideario colectivo concibamos las «colonizaciones griegas» como un proceso coordinado por un «Estado griego». Lo común fue lo contrario, ya que no estuvo controlado por un ente político superior en la Hélade, sino que estuvo formado por diferentes comunidades de ciudadanos de algunas de las regiones de la Grecia arcaica. Por lo tanto, muchas veces las expediciones iban siguiendo el mismo camino que habían recorrido otras, simplemente por aprovechar la información que las expediciones anteriores otorgaban. (Espada Rodríguez, 2012; 11.)

Igualmente, las colonias griegas raramente se adentraron más allá de la costa. No solían ocupar territorios más continentales (Golo Mann y Alfred Heuss (dir.), 1988; 126). La historiografía en general ha considerado esto como una forma de no perder contacto con algo que les interesaba sobremanera: la salida al mar, y por lo tanto, al comercio.

Tumba del Nadador 480-470 a.C. Museo Arqueológico de Paestum.
Tumba del Nadador 480-470 a.C. Simposio representado en la pared norte.
Museo Arqueológico de Paestum.
imagen extraída de: http://almacendeclasicas.blogspot.com/2013/07/colonias-griegas-en-la-magna-grecia.html

¿Cómo se gestaban estas colonias?

Los griegos, al llegar a los espacios donde se acabaron ubicando, no desplegaban grandes fuerzas, eran normalmente superiores a aquellos que les hacían frente (Golo Mann y Alfred Heuss (dir.), 1988; 126). Además, no siempre recibían resistencia, sino que las poblaciones autóctonas de las zonas veían que podían beneficiarse también de la presencia griega en su zona. Es por ese motivo por lo que en la mayoría de los casos todo se saldase con un acuerdo pacífico. Estas relaciones pacíficas suponían una gran ventaja para ambos pueblos. Para los indígenas los griegos podían aportarles productos elaborados de gran calidad. A cambio los indígenas podían proveer a los griegos de importantes materias primas.

Sin embargo, se vieron en otras ocasiones unas negociaciones muy complicadas y tensas como en el caso de Cirene. Los griegos no buscaban otra cosa que establecerse en las zonas costeras, al menos en el principio, y se mantenían en unos límites que suponía una mayor facilidad para que estos no encontrasen excesivas dificultades. (Golo Mann y Alfred Heuss (dir.), 1988; 129).

Es realmente importante la figura del oikistes, una figura que se encargaba de dirigir la expedición colonizadora, además de encargarse de conducirla al emplazamiento definitivo y una vez que llegasen a estos espacios era el encargado de realizar el repartimiento de los lotes de tierra entre los miembros de la expedición de la manera más equitativa posible. También era capaz de dictar eventualmente las primeras normas de carácter legislativo. Era también muy importante, en cuanto a carácter simbólico, que el oikistes se encargase de recibir de parte de las autoridades de las metrópolis el fuego sagrado que ardía en el pritaneo. (Domínguez Monedero, 1991; 106).

Lo más normal era que el oikistes fuera nombrado por la metrópolis. Si la expedición tenía individuos de distintas procedencias también podía haber más de un oikistes. Un ejemplo de varios oikistes lo podemos encontrar en algunas de las ciudades del ámbito que estamos estudiando: Hímera, cuyos oikistai fueron Euclides, Simo y Sacón; y Gela, con Antifemo de Rodas y Entimo de Creta. Ambas ciudades fueron muy importantes en la colonización griega de la Magna Grecia. También ocurre algo significativo con la colonia de Tarento, en la península itálica, donde no es la metrópoli la que elige al oikistes sino los propios colonos. Así ocurrió con Falanto, el que había sido el jefe de una facción que pretendía llegar al poder en Esparta, y que acabó siendo oikistes de Tarento. (Domínguez Monedero, 1991; 106-107).

Algunos datos proponen que en ciertas expediciones fueron los propios oikistai los que decidieron emprender (en ocasiones incentivados por las órdenes del oráculo) el viaje. Pudo ser muy factible que los oikistai fueran individuos de origen aristocrático, y en la mayoría de los casos, que vinieran de una rama familiar de los dirigentes metropolitanos originarios.

El oikistes o fundador tiene una gran importancia en este proceso colonizador. Los nombres de estos han llegado hasta nuestros días aun faltando datos importantes de otros aspectos de la colonización. A pesar de que el oikistes forma parte de la historia primitiva de cada fundación, el nombre de este siempre se conserva. Y no sólo se conserva su nombre tal cual, sino que se realiza todo un culto heroico a la conservación de su memoria, cuyo culto se celebra en la zona circundante a su tumba.

Existen testimonios sobre la existencia de este culto al fundador con informaciones de autores antiguos (Zancle), la epigrafía (ejemplo Gela) y la arqueología. Estos cultos al fundador son ciertamente parecidos a los que se realizaban en las ciudades de Grecia continental. Se produce este culto principalmente porque el héroe para los nuevos pobladores no es otro sino el que ha dado origen a la colonia. La polis conseguía gracias al oikistes el origen hacia la creación de la formación del Estado. (Domínguez Monedero, 1991; 107). El culto que se le rinde al fundador tras su muerte recuerda también a otros cultos heroicos que tan comunes eran dentro de estos recintos cultuales. Las colonias fundadas pronto tuvieron

También debemos de señalar que aunque existieron excepciones como en Naxos o Leontinos, era muy extraño que un oikistes interviniese en más de una fundación.

Dos tipos de asentamiento: apoikai emporia

En la época arcaica de las colonizaciones existían dos tipologías de asentamiento. Una de ella era la agrícola o de poblamiento, llamada apoikai, y la otra la emporia, mucho más relacionada al aspecto comercial. Sin embargo, en la historiografía resulta difícil delimitar estos tipos de asentamiento de manera exacta, pues extraña vez se ve un enclave que solamente se limite al proceso agrícola o de poblamiento, al comercio o viceversa. Lo que si que parece claro es que a medida que el tiempo fue pasando se comenzó a ver una mayor importancia en el mundo griego del comercio. Por lo tanto, y a pesar de algunos debates historiográficos al respecto, parece ser que las colonias griegas inicialmente buscaban solucionar algunos aspectos más específicos como el problema de la superpoblación en la Grecia continental, y que a medida de que fue evolucionando el proceso de colonizaciones griegas el comercio empezó a tomar cada vez más relevancia.

Los otros: los indígenas, ¿Cuáles fueron sus relaciones con los griegos?

A pesar de existir una diferencia entre la forma de convivir con el poblamiento indígena si la forma de colonia era más agraria, poblacional o comercial, en todas ellas era necesario la colaboración del elemento indígena. Un ejemplo de ello son los casos de las apoikiai griegas, las cuales se establecieron de manera habitual en lugares donde ya existía un poblamiento prehelénico destacable. Son regiones que desde el punto de vista organizativo ya existe un nivel elevado de complejidad, con una sociedad protopolítica, además de un contingente poblacional igualmente destacable. (Domínguez Monedero, 1991; 114). Sin embargo, la historiografía parece no tener un consenso general sobre el nivel de complejidad de estas poblaciones indígenas, pues otros autores como por ejemplo Golo Mann y Alfred Heuss consideran que «Los griegos encontraron a los extranjeros en un grado de organización política tan primitivo, que pr parte de estos últimos no se intentaba ni se podía intentar en absoluto oponer una resistencia de cierta importancia: allí donde establecían sus colonias, los griegos encontraban un espacio políticamente vacío». (Golo Mann y Alfred Heuss (dir.), 1988; 129)

El mayor responsable de la elección del emplazamiento es el oikistes, el cual es el que acaba determinando el lugar donde establecerse teniendo siempre en cuenta a la población indígena. Factores como la actitud de estas poblaciones ante la presencia griega serán fundamentales para entender el definitivo asentamiento. Por lo tanto, se buscó, tal y como comenta Domínguez Monedero: «(…) se buscarán aquellos lugares en los que la población preexistente muestre especial receptividad y una actitud favorable hacia los griegos.» (Domínguez Monedero, 1991; 114).

¿Y cual fue la principal solución para ello? Los pactos.

Se tiene gran cantidad de escritos sobre los diferentes pactos que los griegos realizaron con las poblaciones indígenas, llegando incluso a realizar enlaces matrimoniales, entrelazando a las familias dirigentes coloniales e indígenas, y así crear un núcleo de unión. La investigación arqueológica ha dejado muy claro que llegó a existir una coexistencia e incluso convivencia entre sociedades. Igualmente, también nos encontramos con ruptura e incumplimiento de los pactos por alguna de las partes, lo que normalmente desembocaba en enfrentamiento armado.

Pero esta relación estrecha que mantenían los indígenas con los griegos recién llegados es de vital importancia para comprender la influencia que tuvieron los griegos con los indígenas y viceversa. Como estas relaciones cambiaron las conductas y formas de vida de estas sociedades.

La cooperación indígena era muy importante para los pobladores griegos ya que aportaban una valiosa información acerca del entorno en el que se posicionó la nueva ciudad griega. Conocían la ubicación de los recursos, los beneficios y los posibles problemas que podría generar la zona. También tenían gran conocimiento sobre las vías de comunicación y los límites de la región. Los indígenas supusieron en un primer momento un elemento clave para paliar los problemas demográficos con los que se pudieron encontrar los primeros pobladores griegos. (Domínguez Monedero, 1991; 115). En muchos casos estos pobladores indígenas en las ciudades griegas aparecían como esclavos, pero también en régimen de libertad o semi-libertad. Un ejemplo de ello lo pudieron ser los Kyllirioi de Siracusa. Estas gentes pudieron ayudar a que se iniciase el diseño político que se quería realizar en las apoikias griegas.

Igualmente, los indígenas que no se integrasen dentro de la ciudad siguieron su curso natural a partir de la coexistencia con los griegos. Un factor muy importante si tenemos en cuenta que se convirtieron en el principal mercado con el que la colonia griega comerciaría. En definitiva, toda colonización griega implica a todas luces la existencia de un elemento indígena en su entorno, sea por la integración con los griegos o manteniendo su independencia política de los mismos. Todo este elemento indígena hace que la nueva ciudad griega se complemente, pues sin este contingente indígena raramente la primitiva colonia podría haber subsistido en sus comienzos.

Por estas razones es necesario poner en valor el papel que tuvo el elemento indígena. No sólo para las nuevas colonias, sino también como parte del diálogo y traspaso de conocimientos, cultura, ideología que se produjo en estos siglos entre estos y el pueblo griego. Gracias a estos contactos se produjo en el mediterráneo un proceso de circulación de materiales culturales. Y a pesar de existir un mayor proceso de aculturación griego, también estas poblaciones indígenas influyeron a la polis, modificando en muchas ocasiones su forma de vida. (Domínguez Monedero, 1991; 116)

Ahora bien, después de estos primeros apuntes sobre el origen y funcionamiento de las polis y su avance a través de colonias por el mediterráneo, conviene que nos centremos en el área de influencia que nos ocupa en este artículo:

La Magna Grecia y Sicilia. 

De las diversas zonas por las que se expandieron las polis griegas por el mediterráneo, La Magna Grecia y Sicilia fue una de las más importantes, tanto en el momento colonizador como en el futuro devenir de acontecimientos y relaciones entre estas colonias y la propia metrópoli. Incluso llegaron a tener un potencial tan grande estos territorios que llegaron a rivalizar con el propio mundo griego metropolitano en cuanto a riqueza, desarrollo político y avances culturales e intelectuales. Un ejemplo de ello son las primeras legislaciones griegas, que se produjeron en esta zona. (Domínguez Monedero, 1991; 120)

Las fundaciones griegas en este ámbito itálico corresponden con las más antiguas si las ponemos en relación con el resto de colonizaciones griegas. Pitecusa (actualmente la isla de Isquia, en Italia) parece ser una de las más antiguas, con una cronología inexacta, pero que estuvo cercana al 770 a.C. Pitecusa supone por lo tanto la primera fundación de carácter colonial en este ambiente.

Más tarde encontramos la fundación de Cumas, una apoikia  que se creó en la mitad del siglo VIII a.C. Igualmente, ya en la zona de Sicilia nos encontramos a una ciudad colonial de gran antigüedad: Naxos, con una fundación datada en el año 734 a.C. Naxos tiene un principal elemento común con las colonias itálicas anteriores, y este es que los individuos que fundan estas colonias son procedentes en su mayoría de la isla de Eubea.

Algunos investigadores consideran que la llegada mucho antes de navegantes micénicos a estas zonas, lo cual está atestiguado por las huellas materiales que quedaron, pudo sentar la base dentro de las poblaciones indígenas para que posteriormente fueran más recíprocas al asentamiento griego.

Con respecto a la procedencia de los griegos que colonizan la Magna Grecia y Sicilia, estos proceden de diferentes zonas de Grecia, pero los más destacables fueron los euboicos (Pitecusa, Cumas, Naxos, Catana, Leontinos, Zancle, Regio), los corintios (Siracusa), los megareos (Mégara Hiblea), los locrios (Locris Epizefiria), los espartanos (Tarento), los aqueos (Síbaris, Crotona, Metapontio), los rodios y los cretenses (Gela), los colofonios (Siris), y un largo etcétera. (Domínguez Monedero, 1991; 122).

La mayoría de estas ciudades tuvieron su fundación entre el siglo VIII a.C. y los primeros años del siglo VII a.C. No obstante, cuando irán surgiendo más ciudades será a partir del siglo VII a.C. Todas estas nuevas ciudades del siglo VII a.C. irán apareciendo de dos formas: o correspondían a una nueva fundación desde la metrópoli, o eran una subcolonia de las anteriores creadas. Todo este proceso fue continuado hasta más o menos el siglo VI a.C., donde surgirán ciudades de origen greco-oriental. Son las correspondientes a Alalia en Córcega, Lípara en las islas Eolias, Elea, Dicearquea en la Península itálica… (Domínguez Monedero, 1991; 122). No debemos de olvidar tampoco a fundaciones como Corcira en el Ilírico y fundaciones menores que acabaron asegurando la conexión entre Grecia y la parte del mediterráneo central.

Colonizaciones griegas en la Magna Grecia y Sicilia.
Colonizaciones griegas en la Magna Grecia y Sicilia. Imagen extraída de: https://www.ancient-origins.es/noticias-historia-arqueologia/nuevos-hallazgos-el-sur-italia-demuestran-la-riqueza-los-antiguos-colonos-fundadores-la-magna-grecia-004172 el 25/09/2019

Por lo tanto, estas ciudades fueron creando una progresiva helenización de las zonas costeras de este ámbito. Se favoreció así a la creación de un establecimiento de poder comercial, político, y social. Prácticamente fue imposible ver durante los siglos VIII y VII a.C. la presencia de otras potencias en esta zona que no fueran helénicas. Finalmente, tanto en la Isla de Sicilia como en regiones de Italia como la Calabria actual estuvieron las poleis griegas dominando el territorio de una manera muy contundente. Prácticamente todas las ciudades importantes en estos ámbitos eran griegas y muy cercanas unas de otras.

En cuanto a los intereses que tenían las colonizaciones griegas en Sicilia y la Magna Grecia todo parece apuntar a que serían en búsqueda de recursos agrarios y la creación de ciudades en el mediterráneo con tal de desahogar poblacionalmente a la Grecia Continental.  Es por ello por lo que rápidamente estas ciudades se van instalando en zonas cercanas a los valles fluviales y a llanuras extensas. También fue importante en su localización el contacto con las poblaciones indígenas. (Domínguez Monedero, 1991; 122).

Esta búsqueda de un lugar propicio para el sistema agrario es propio de estas colonizaciones griegas más antiguas, y está también muy relacionado a cómo entendieron las colonizaciones las esferas de poder griegas, los aristócratas. Y resulta esclarecedor saber que en estas fases colonizadoras iniciales los aristócratas tenían el poder, ya que así comprendemos los objetivos que tenían estos primeros griegos, mucho más orientados a la búsqueda de unos nuevos lotes de tierra y desahogar a Grecia de esa gran sobrepoblación. (Golo Mann y Alfred Heuss (dir.), 1988; 133)

Conclusiones

Algunas ideas que podemos extraer de estas colonizaciones de la Magna Grecia y Sicilia son:

  • Son unas colonizaciones centradas a la búsqueda de nuevas tierras para cultivar, unas nuevas tierras para repartir entre los pobladores que se aventuren a salir de Grecia. Y además, son colonizaciones propiciadas por la aristocracia, la cual agobiada por la superpoblación y la crisis que esta generaba, intentó conseguir así un respiro. Aunque veremos más tarde como la caída de la aristocracia del poder y la sustitución por otras formas de poder será inevitable. Este fue sin lugar a dudas uno de los principales motivos del inicio de las colonizaciones.
  • La mayoría de estas colonizaciones tenían unas directrices claras: el oikistes debía de establecer un lugar de asentamiento y repartir los lotes de tierra iniciales. Este oikistes fue de vital importancia para el desarrollo de las colonias y fue una figura muy respetada.
  • A pesar de tener estos nuevos enclaves un carácter muy autónomo con respecto a la metrópoli, se nota como la cultura griega prevalece y va influyendo en las áreas que ocupen. Pero tampoco debemos de negar que las sociedades autóctonas no influyeran también en la forma de concebir la vida de los griegos.
  • Se vieron diferentes tipos de relaciones entre los griegos y los indígenas, pero el más habitual fue el de la cooperación y la creación de tratados de comercio. La mayoría de los dirigentes indígenas vieron en los griegos una oportunidad para conseguir productos manufacturados de gran valor y así seguir mostrando su poder. En algunos casos, se llegaron a hacer enlaces matrimoniales entre los poderosos griegos e indígenas.
  • La Magna Grecia y Sicilia supusieron los primeros pasos hacia las colonizaciones. Muchas de ellas empiezan en una edad muy temprana, y por lo tanto comparten todos estos enclaves unos comportamientos propios de la época más arcaica.
Bibliografía utilizada:
  • ANTONACCIO, Carla. «Greek colonization, connectivity, and the Middle Sea.» in The sea in history: the ancient world.Edited by Philip de Souza, Pascal Arnaud, Christian Buchet. 214. The Boydell Press, Woodbridge, 2017.
  • CHAVES TRISTÁN, Francisca (ed.). Griegos en occidente. Universidad de Sevilla, Kronos S.A. 1992.
  • DOMÍNGUEZ MONEDERO, Adolfo J. La polis y la expansión colonial griega. Siglos VIII-VI. Madrid, Síntesis, 1991. 
  • ESPADA RODRÍGUEZ, Julián. (2012). La expansión fenicia y la colonización griega, puntualidades y similitudes de dos procesos de interculturalidad en el Mediterráneo arcaico. POLIS. Revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad Clásica, 24. 7-22.
  • MANN, Golo y HEUSS, Alfred. Grecia. El mundo helenístico I. Madrid, Espasa-Calpe, 1988.

 

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