La Revolución Rusa de 1917 es, sin duda, uno de esos acontecimientos de desarrollo rápido que sin embargo marcan el resto del siglo a nivel mundial. En este artículo se va a analizar cómo los bolcheviques consiguieron que el poder pasara del Zar a los soviets controlados por ellos en apenas un año.

Para ello es necesario centrarse principalmente en la revolución de octubre que llevó a los bolcheviques al poder pero que no se entendería sin explicar brevemente la de febrero, que depuso al zar Nicolas II. Los acontecimientos ocurrieron principalmente en Petrogrado, capital del Imperio en esos momentos, y en un periodo muy corto de tiempo, escasas semanas cada revolución, especialmente la de octubre.

Por ello, muchos acontecimientos que aquí se exponen en apartados separados realmente se produjeron de forma paralela. La cuestión no es sencilla y el número de comités, instituciones y órganos fue demasiado amplio como para poder explicar cada uno de ellos, lo que sumado a una denominación muy parecida, puede complicar la comprensión de los hechos; lo expondré de la forma más clara de la que soy capaz.

Además, Rusia en esa época tenía el calendario juliano, no el gregoriano usado en la actualidad. Las fechas indicadas en este artículo son las del calendario juliano vigente en Rusia en ese momento. El calendario juliano tiene un retraso de 13 días respecto al calendario gregoriano, por lo que la Revolución del 25 de octubre en Rusia ocurrió el 7 de noviembre para el resto de Europa.

La Rusia zarista antes de la revolución

La situación de Rusia antes de 1917 se podría equiparar a la de una Europa del Antiguo Régimen en el contexto rural y de los inicios de la industrialización en las ciudades, es decir, Rusia llevaba más de un siglo de retraso social y político respecto del resto de países europeos.

La élite de la sociedad estaba formada por grandes e históricos terratenientes, que rodeaban al zar y poseían una gran influencia política. Esta iba mucho más allá del poder real que tenían en el campo, ya que no controlaban directamente la producción ni la administración.

El campesinado vivía en aldeas y pueblos alejados del resto de la sociedad rusa y aunque poseían tierras que administraban a través de la comunas, eran tratados como súbditos por los terratenientes. Alejandro II, abuelo del último Romanov Nicolás II, emprendió medidas de modernización de Rusia como la abolición de la servidumbre en 1861, que si bien disminuyó el número de terratenientes, poco cambió la situación del campesinado.

El proceso de industrialización experimentó un gran impulso en los sectores textil, metalúrgico y minero gracias a la inversión extranjera. A estos nuevos trabajos se unieron muchos campesinos los meses en los que no había trabajo en el campo. Sin embargo, solamente a un 2% de la población rusa, tres millones de trabajadores incluyendo a estos agricultores, se le pueden considerar trabajadores industriales (Casanova, 2017, pág.25).

Esto fue acompañado de un boom demográfico que hizo aumentar la población en cincuenta años hasta llegar a 164 millones de habitantes, con la consecuente escasez de productos y organización. Para ello Alejandro II creó consejos locales (zemstvos) encargados de los servicios públicos. Estaban formados por una nobleza liberal crítica con el régimen, lo que Alejandro III -que subió al trono en 1881 tras el asesinato de su padre- vio como una amenaza e inició contrarreformas y represión que no hicieron sino dividir más a la población rusa (Casanova, 2017, pág.28).

Como respuesta a la represión surgió un movimiento de intelectuales, escritores y estudiantes que expandieron ideas revolucionarias y fueron claves para la revolución de 1917. En el verano de 1874 miles de estudiantes viajaron al campo para alfabetizar a la población pero se toparon con la gran dificultad de movilizar como masa a una sociedad campesina por la escasa conciencia de clase que sufría toda sociedad agraria.

Algunos de estos estudiantes emprendieron acciones terroristas, fundando la Voluntad del Pueblo, que antes de caer el régimen provocó diecisiete mil muertos y un aumento sin precedentes en la represión (Casanova, 2017, p.32). En 1898 se fundó clandestinamente el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso dividido en 1903 entre bolcheviques (abanderados por Lenin) y mencheviques.

El espacio campesino sin cubrir fue copado por el Partido Socialista-Revolucionario de Victor Chernov, convirtiéndose en el partido más numeroso de Rusia. Al estar prohibidos los sindicatos y las huelgas, las protestas obreras se acababan convirtiendo en enfrentamientos entre la policía y los ciudadanos, es decir, entre el pueblo y el zar, en vez de entre obrero y patrón. Alejandro III murió en 1894 y le sucedió su hijo Nicolás II. El nuevo zar siguió la mano dura de su padre e intensificó la represión. Se consideró a si mismo zar por mandato divino pero odiaba gobernar.

De la Gran Guerra a la revolución

El 9 de enero de 1905 ciento cincuenta mil personas se concentraron a las puertas del Palacio de Invierno. Las tropas que lo custodiaban dispararon causando doscientos muertos, lo que aumentó unas protestas que desembocaron en la creación del primer sóviet (consejo obrero) de Petrogrado de mano de León Trotski. Para salvar la situación, Nicolas II firmó un manifiesto en octubre en el que prometía la creación de la Duma, que inició sus sesiones el 27 de abril de 1906 pero duró apenas dos meses, lo que hizo que miembros aristócratas progresistas como el Principe Gueorgui Lvov radicalizaran más sus ideas.

Discurso de Nicolas II en la Duma. Revolución Rusa
Nicolás II da un discurso en la Duma el 27 de abril de 1906.

Cuando en junio de 1914 estalló la Gran Guerra, hubo un primer momento de resurrección de un fervor patriótico que llevaba una década muerto, pero las grandes y continuas derrotas sufridas por el mayor ejército del mundo (15 millones de soldados movilizados en toda la guerra) quebraron la confianza de la población y la lealtad de algunas tropas. Tres cuartas partes de los movilizados eran campesinos que llevaron al frente sus problemas e ideas. A medida que los oficiales tradicionales fueron muriendo en batalla, aquellos fueron ascendiendo, por lo que se les dio el rango y poder necesario para encabezar una revolución.

El mal marchar de la guerra vino acompañado por una escasez de productos y comida, aumento de los precios y una masiva llegada de refugiados a las ciudades que no tenían capacidad para acogerles. Las mayores protestas sociales y reivindicaciones fueron protagonizadas por las mujeres de esos soldados, las soldatki, que tenían que sobrevivir en las ciudades con escasos bienes y una paga más que insuficiente para la inflación que sufría el país. (Casanova, 2017, págs. 52-53)

Liberales como el Principe Lvov formaron un «Bloque Progresista» creando comités para organizar la guerra (aprovisionamientos y heridos principalmente) al margen del zar. Esto fue bien recibido por los nuevos oficiales y algunos antiguos indignados por la incompetencia de Nicolás, acercando de esa forma a militares a la Duma y aumentando el protagonismo de figuras que se convertirán en miembros del Gobierno Provisional posterior a la abdicación del zar.

Rusia ya no estaba en manos del zar, que se encontraba en el frente. Estaba controlada por la zarina, quien veía enemigos a Rusia en cada noble que cuestionara a su marido y despreciaba a todo aquel que no perteneciera a la aristocracia. Además, la salud de su hijo era débil y había sido aparentemente mejorada por Rasputín. Ello llevó a la zarina a confiar ciegamente en este curandero siberiano, lo que aumentó también las conspiraciones palaciegas por la aristocracia. En una de ellas el príncipe Yusupov con ayuda de otros dos duques consiguieron matar a Rasputín en diciembre de 1916.

La situación llegó al límite en 1917. Todo el descontento fue aprovechado por un maltrecho Partido Bolchevique. El 9 de enero, aniversario de la Revolución de 1905, 186.000 obreros salieron a las calles de Petrogrado en el que fue la primera exigencia de un cambio político total. Esta se extendió hasta el frente, donde los jóvenes campesinos se negaron a obedecer las principales órdenes ofensivas (Casanova, 2017, p.71).

Este sentir se prolongó durante todo el mes siguiente. En febrero el presidente de la Duma Mijaíl Rodzianko informó al zar, que se encontraba en el frente de la gravedad de la situación y el día 27 le mandó tres telegramas pidiéndole que regresara. El 22 de febrero (7 de marzo en el calendario actual) cerró la gran fábrica de Putilov, lo que abocó a miles de trabajadores a las calles. Esos miles de trabajadores se unieron a las manifestaciones femeninas del 8 de marzo (23 de febrero).

El 25 de febrero el zar pidió al ejército reprimir las protestas pero los soldados se negaron a disparar contra los de su clase y se amotinaron, liderando el asalto a arsenales y prisiones, de donde sustrajeron 40.000 rifles que repartieron entre la población. Nicolas II, a petición de la Duma, abdicó finalmente el 2 de marzo. Al día siguiente de la abdicación el soviet de Petrogrado dio la orden de arresto y el 8 de marzo el Zar y toda su familia fue arrestada en su residencia hasta que en agosto fueron trasladados a Siberia. El día de la abdicación el príncipe Lvov asumió la presidencia de un Gobierno Provisional de transición hasta que se formara una asamblea constituyente. A pesar de tener de miembros provenientes de la Duma, las clases populares pensaban que el poder real recaía sobre los soviets (Casanova, 2017, págs. 81-83).

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Nicolás II y sus hijos durante su cautiverio en Siberia. El 17 de julio de 1918 fueron ejecutados en Ekaterimburgo.

El 3 de abril Lenin llegaba clandestinamente a Petrogrado en un tren alemán desde Suiza, donde leyó sus Tesis de Abril, un programa que pareció demasiado radical (aunque en esencia el partido bolchevique no lo modificó para el alzamiento de octubre) incluso para algunos miembros de su partido, que en ese momento era minoritario y de escasa importancia, con cinco mil afiliados en una ciudad de 2 millones de habitantes. Las demandas principales de la sociedad eran la tierra para los campesinos, control obrero de la industria y poner fin a la guerra, algunas de las cuales fueron asumidas por los mencheviques y social-revolucionarios que presionaban al Gobierno Provisional para negociar la paz y formar una Asamblea Constituyente.

Intentona bolchevique y Golpe de Kornilov

Lejos de acabar la guerra, el Gobierno Provisional, lanzó una gran ofensiva en el frente el 18 de junio siendo un fracaso estrepitoso. Kerenski, con una gran influencia y contactos con el soviet de Petrogrado porque fue su vicepresidente, sustituyó a príncipe Lvov como primer ministro el 7 de julio. Cuando a principios de su mandato quiso mandar al frente al I regimiento de ametralladoras de Petrogrado, en su mayoría bolcheviques, estos se negaron a obedecer. Amenazaron con derrocar al gobierno por las armas y apoyados por miles de obreros manifestantes.

Lenin advirtió: «Si ahora fuésemos capaces de tomar el poder, sería ingenuo pensar que podríamos mantenerlo». No obstante el ala más radical del partido apoyó las manifestaciones y revueltas que acabaron siendo rechazadas por el Gobierno Provisional y marcaron un fuerte distanciamiento entre bolcheviques y mencheviques y otros socialistas. Lenin escapó con Zinóviev a Finlandia y Kamenev, Aleksandra Kolontái y Trotski fueron encarcelados (Casanova, 2017, págs. 100-101).

A propósito de las continuas derrotas en el frente, se puso a Kornilov al mando del mismo, quien reinstauró la pena de muerte en el ejército para los desertores, que entre marzo y octubre alcanzaron la cifra de un millón. Se habían extendido rumores de que comenzaría el reparto de tierras y miles de soldados desertaron para volver a sus pueblos y no quedarse sin su trozo. Cómo el reparto de la tierra no se hacía efectivo, los campesinos decidieron tomar las tierras y palacetes por su cuenta. Así los sectores conservadores no dudaron en apoyar a Kornilov.

Abiertamente hostil a los bolcheviques, los comités de soldados y los soviets, este general defendía un directorio militar que protegiera a los elementos conservadores. A mediados de agosto de 1917 estableció negociaciones con Kerenski precisamente para eliminar el poder de los revolucionarios en Petrogrado mientras planeaba el golpe de Estado. Kornilov tenía pensado simular en la capital un levantamiento bolchevique que justificara su entrada en la ciudad, donde el Consejo de Ministros le apoyaría para formar gobierno. Al ver que no iba a ser así, decidió tomar el poder por la fuerza ya que disponía de más tropas que el Gobierno Provisional. Kerenski, temeroso del ataque del comandante en jefe del ejército, decidió armar a los soviets de Petrogrado.

Los soviets, tras unos momentos de debate y duda, apoyaron al Gobierno Provisional, sabotearon las líneas de ferrocarril y enviaron agitadores a las tropas de Kornilov para decirles que no se había producido ningún levantamiento bolchevique en la ciudad. Así, las tropas golpistas depusieron las armas y el golpe terminó el 1 de septiembre, seis días después de comenzar, sin apenas combates, pero asestando un golpe mortal a Kerenski. Así, el propio Gobierno Provisional armó a 40.000 bolcheviques en Petrogrado que se negaron a entregar unas armas que usarán el 25 de octubre para tomar el poder por la fuerza.

Desde finales de agosto hasta octubre el descontento continuó y el nuevo Consejo de la República creado por Kerenski había perdido toda confianza de las masas. Los bolcheviques hicieron de las reclamaciones su programa: prometiendo la paz inmediata, el reparto de la tierra y el control obrero de la industria, por lo que experimentaron un gran auge popular. La población gritaba «Todo el poder para los Soviets». Pero el apoyo popular no se veía reflejado en el Comité Ejecutivo Central de los soviets, donde tenían una escasa representación, aunque con el alzamiento de octubre llegarán a controlarlo (Casanova, 2017, págs. 110-113). Sin embargo, el 25 de septiembre Trotski fue elegido presidente del soviet de Petrogrado y a principios de octubre Lenin volvió clandestinamente de Finlandia. Mientras, la conferencia de paz se iba retrasando, de agosto a finales de octubre por discrepancias entre los soviets y el Gobierno Provisional porque cada uno quería enviar su propio representante, y lógicamente las batallas continuaban junto a las derrotas rusas.

Tras la Batalla del Golfo de Riga del 10 de octubre, se temía que los alemanes llegaran a la capital rusa, por lo que el Gobierno Provisional elaboró un plan de evacuación de Petrogrado; los conservadores deseaban esa ocupación porque los alemanes eliminarían las organizaciones obreras y Kerenski podría gobernar desde Moscú sin las presiones bolcheviques, pero estos entendieron la evacuación como un plan para acabar con la revolución (John Reed, 1919).

El II Congreso de los Soviets y la insurrección bolchevique

El Comité Ejecutivo Central de los soviets, comités centrales militares y sindicalistas temían al Congreso por la gran influencia popular bolchevique y por su cercanía respecto a la convocatoria de la Asamblea Constituyente. A lo largo del mes de octubre la hostilidad entre distintos grupos impregnaba todo el ambiente y se celebraban mítines por toda la ciudad. En uno de ellos, un joven soldado decía: «Si a mí me demuestran que defiendo la Revolución, iré a pelear y no tendrán que arrearme con los fusilamientos. ¡Cuando la tierra pertenezca a los campesinos, las fábricas a los obreros y el poder a los Soviets, sabremos que tenemos algo por qué pelear y entonces pelearemos». (Reed, 1919, pág.74).

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Lenin pronuncia un discurso en primavera de 1917

El Comité Central del Partido Bolchevique se reunió el 10 de octubre para rechazar la toma de poder por la fuerza que defendían Trotski y Lenin. Dos días después, y ante la idea de Kerenski de enviar al frente a la guarnición de Petrogrado compuesta por 60.000 bolcheviques para sustituirla por cosacos fieles, el Soviet de Petrogrado creó el Comité Militar Revolucionario (CMR). La guarnición de la capital lo reconoció como su única autoridad legítima. Viendo que una insurrección bolchevique contaría con gran apoyo en la capital, el Gobierno Provisional aprobó el 16 de octubre tres decretos: entrega provisional de la tierra a los campesinos, paz exterior y abolición de la pena de muerte en el ejército.

El Congreso de los Soviets si fijó inicialmente para el 20 de octubre pero a vistas de que no se alcanzaría el quorum suficiente fue pospuesto para el 25 de octubre. Reed tuvo la oportunidad de hablar con el líder bolchevique Kamenev, quien le dijo que si en el II Congreso se alcanza una mayoría bolchevique suficiente exigirán la dimisión del Gobierno Provisional (Reed, 1919, pág.89). El 21 de octubre, en una reunión de dirigentes bolcheviques, Lenin les hace ver que hay que actuar el 25 de octubre, día en que comienza el Congreso de Soviets.

El Gobierno también se estaba preparando y apostó junkers en el Palacio de Invierno y tropas fieles en distintos puntos de la ciudad. En apoyo a los junkers, Kerenski había pedido traer tropas del frente pero resultaron ser fieles a los bolcheviques y cuando se enteraron del verdadero motivo por el que eran trasladados a la ciudad, se negaron a avanzar. Ese mismo día llega a la sede bolchevique la noticia de que la fortaleza de Pedro y Pablo, la más importante de la ciudad, también les fue fiel.

El día anterior a la revolución, Kerenski dio un discurso: «Nos encontramos (…) con la utilización de la ignorancia política y de los instintos criminales de una parte de la población; nos encontramos con una organización especial que se propone como objetivo provocar a toda costa en Rusia una ola ciega de destrucción y pogromos». En él hacía alusión directa a los bolcheviques, calificando sus actos de traición y pidiendo a todas las tropas y ciudadanos que protegiesen al soviet y al gobierno provisional frente a Lenin y el Comité Militar Revolucionario para que se pueda celebrar la Asamblea Constituyente.

Tras este discurso, el Consejo de la República aprobó: condena al movimiento armado que se estaba preparando, un decreto urgente para la entrega de la tierra a los comités agrarios y la propuesta de paz, y creación de un Comité de Salvación Pública para evitar la «anarquía y movimientos pogromistas». Demasiado tarde pues esa noche se publicó el llamamiento del Comité Militar Revolucionario ante lo que ellos denominaron el movimiento contrarrevolucionario de Kerenski, pidiendo a todos los regimientos, compañías y demás organizaciones permanecer reunidos en sesión continua, enviar representantes y delegados al Instituto Smolny (sede bolchevique) y que los delegados del Congreso de Soviets se dirigieran a ese mismo lugar (Reed, 1919, pág. 120).

Un regimiento de la Guardia Roja en Smolny, la sede bolchevique
Un regimiento de la Guardia Roja en Smolny, la sede bolchevique

A partir de la una de la mañana del 25 de octubre los bolcheviques tomaron la central telefónica, telégrafos y el Banco Central y detuvieron al subsecretario de Justicia y al Ministro de Culto. El resto del Gobierno Provisional fue siendo detenido a lo largo del día a excepción de Kerenski, que se encontraba en el frente. Ese mismo día la Guardia Roja tomó el Palacio de Mariinski, disolvió el Consejo de la República Rusa y se lanzó finalmente contra el Palacio de Invierno, protegido por junkers que no coombatieron y donde también se encontraba un batallón de mujeres. Los bolcheviques entraron en él sin resistencia, dejando libres a los junkers y deteniendo a más miembros del Gobierno Provisional. En medio de todo este caos, se abrieron las sesiones del II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados.

Se eligió a su presidencia, compuesta por bolcheviques, mencheviques y social-revolucionarios pero estos dos últimos se negaron a tomar los cargos por la insurrección bolchevique, siendo sustituidos por Trotski, Kamenev y Kollontai entre otros. Durante las sesiones se oían disparos y cañonazos de las calles, lo que obligó a algunos oradores a pedir una solución pacífica que evitara la guerra civil. Algunos oradores acusaron a los bolcheviques de dar un golpe de Estado, otros se quejaron de que no tenía sentido celebrar el Congreso a tres semanas de la Asamblea Constituyente, o que los campesinos y soldados no estuvieran suficientemente representados. Lo más relevante fue el abandono del Congreso por parte de mencheviques, social-revolucionarios y Partido Socialdemócrata judío, que se unen a la Duma municipal y el Comité Ejecutivo de los Soviets campesinos en apoyo del Gobierno Provisional. A las 10:00 el Comité Militar Revolucionario tiraba esta proclamación por todas las calles:

¡A los ciudadanos de Rusia!

El Gobierno Provisional ha sido depuesto. El Poder del Estado ha pasado a manos del Comité Militar Revolucionario, que es un órgano del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y se encuentra al frente del proletariado y de la guarnición de la capital. La causa por la que el pueblo ha luchado -la propuesta inmediata de una paz democrática, la supresión de la propiedad privada agraria de los terratenientes, el control obrero de la producción y la constitución de un gobierno soviético- están asegurados.

¡Viva la revolución de los obreros, soldados y campesinos!

El Comité Militar Revolucionario del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado. 25 de octubre de 1917.

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Tropas revolucionarias asediando el Palacio de Invierno, el 25 de octubre de 1917.

Reacciones y primeras medidas tras el 25 de octubre

La Duma municipal, el único órgano elegido de forma democrática por sufragio directo pretende unificar a todas las fuerzas antibolcheviques en el «Comité de Salvación de la Patria y la Revolución», grupo que se convertiría en la mayor oposición a aquellos, por lo que Trotski amenazó con disolverla. Por su parte, en el Congreso de los Soviets se designaron comisarios interinos para todos los ministerios y Lenin hizo un llamamiento a todos los pueblos para una paz inmediata sin anexiones ni imposiciones a través de negociaciones públicas. El llamamiento fue aprobado en el Congreso por unanimidad finalizando el acto cantando la Internacional y la Marcha Fúnebre Rusa.

Ese mismo día se aprobó el Decreto sobre la Tierra, que fue más polémico. A pesar de estar todos de acuerdo en que la tierra de la Corona, terratenientes y clero debía pasar a manos de los Soviets campesinos, algunos protestaron enérgicamente por el encarcelamiento de los ministros agrarios Salazkin y Máslov aunque con su puesta el libertad otro sector de agrarios radical sería el que se quejaría (Reed, 1919, pág. 187). A las 2:30am del día 26, Kamenev leyó el Decreto sobre el poder: hasta la formación de la Asamblea Constituyente se forma un Consejo de Comisarios del Pueblo (que se mantendrá hasta 1946) bajo supervisión del Congreso de los Soviets. Entre otros, Lenin fue nombrado presidente, Stepánov comisario de finanzas, Trotski comisario para los negocios extranjeros y Stalin presidente para asuntos de las nacionalidades.

Esa madrugada del 26 de octubre, representantes de los socialdemócratas internacionalistas y social-revolucionarios de izquierda, que se habían mantenido leales en el Congreso, advierten del aislamiento interno e internacional de los bolcheviques. No se equivocaban: durante las sesiones se tuvo conocimiento de que el sindicato ferroviario (Vikzhel, el más importante de Rusia) se adhiere al Comité de Salvación, mientras que los encargados de telégrafos y correos se negaron a operar para los bolcheviques.

Los Estados siguieron reconociendo al Gobierno Provisional como gobierno de Rusia y en su defecto, a la Duma Municipal, ignorando continuamente al Comité Militar Revolucionario, al soviet y al Consejo de Comisarios del Pueblo. Trotski, quien llevaba días seguidos hablando en el Congreso argumentaba que han conseguido tumbar al Gobierno Provisional sin derramar sangre porque el pueblo está con ellos. En toda Rusia los soldados y obreros apoyan a los soviets mientras que oficiales, junkers y las clases medias y altas, representadas a través de los kadetes y socialistas moderados apoyan a Kerenski. Kaledin, Presidente del Gobierno de las Tropas Cosacas asumió el gobierno en la región del Don hasta que vuelva el Gobierno Provisional.

Dos días después del alzamiento bolchevique se adhirieron al Comité de Salvación el Comité Ejecutivo de los Soviets Campesinos, el Comité Central del Ejército, el partido menchevique, el social-revolucionario, Correos, Telégrafos, el Vikzhel y el Consejo de la República de Rusia (Reed, 1919, pág. 206); todos ellos no se oponían a la revolución e incluso los social-revolucionarios están de acuerdo con las medidas adoptadas en el Congreso de los Soviets, pero defienden la constitución de un Estado democrático y no la imposición unilateral bolchevique, recriminándoles que lo único conseguido con este alzamiento era despertar la contrarrevolución conservadora. Pero al Comité Militar Revolucionario se unieron los estibadores de Putilov, los sindicatos, miles de soldados y guarniciones y los soviets de las principales ciudades.

La Duma seguía reunida y acordó no establecer contacto con Comités Militares Revolucionarios ni el Consejo de Comisarios, mientras propagaban mentiras sobre los bolcheviques, acusándoles de cometer atrocidades, torturar ministros detenidos. Hasta el propio alcalde de la Duma fue a la fortaleza de San Pedro y San Pablo para comprobar que a los detenidos se les estaba tratando correctamente. Tras intensos debates en las calles, las unidades del destacamento de blindados de Petrogrado, del que a fin de cuentas depende el éxito del alzamiento del 25 de octubre y la resistencia al ataque de las tropas de Kerenski, decidió apoyar a los bolcheviques y mantener sus representantes en el Comité Militar Revolucionario. El Consejo de Comisarios del Pueblo convocó elecciones a Asamblea Constituyente para el 12 de noviembre.

Fracasa el ataque contrarrevolucionario

Kerenski avanzó con las tropas cosacas hacia Petrogrado con escasa resistencia, ya que hasta ahora las tropas aparentemente fieles al CMR se retiran o se cambian de bando. Las tropas de Kaledin disolvieron todos los soviets de la región de Donets y marcharon hacia el norte. Trotski hizo un llamamiento a toda la ciudad que fue respondido, saliendo miles de ciudadanos a construir barricadas y alistándose al ejército del Comité. En la madrugada del 29 de octubre los junkers tomaron la telefónica y la central de telégrafos y se iniciaron combates en distintos puntos de la ciudad mientras la Duma y el Comité de Salvación conversaban con Kerenski. Después de un intenso combate en la escuela de junkers Vladimir que incluyó el bombardeo del mismo y un centenar de muertos, los junkers se rindieron poco a poco en toda la ciudad. Por la noche llegó un telegrama del frente que Trotski convierte en una proclama: Kerenski se retira ante el avance bolchevique, la ciudad no caerá en manos del Gobierno Provisional «Viva la Rusia socialista, revolucionaria y popular» (Reed, 1919, pág. 270). En Moscú los junkers tomaron el Kremlin pero la artillería inclina la balanza en favor del CMR.

La batalla definitiva se prevé en Gatchina el 1 de noviembre pero no se llegó a producir porque el comandante Dybenko consiguió que Krasnov y su Estado Mayor se entregaran con miles de cosacos, pero Kerenski le engaña y consigue escapar, emitiéndose una orden de detención que el Comité de Salvación rechaza porque consideran que Kerenski solo debe responder ante la Asamblea Constituyente.

Trotski habla al Ejército Rojo en 1920. Su papel organizando el alzamiento de octubre fue imprescindible para la victoria bolchevique.
Trotski habla al Ejército Rojo en 1920. Su papel organizando el alzamiento de octubre fue imprescindible para la victoria bolchevique.

Todo en contra de los bolcheviques

A pesar de haber alcanzado el poder y mantenido contra el ataque cosaco, los funcionarios se negaban a trabajar para los bolcheviques, los bancos cedían fondos al Comité de Salvación mientras no soltaban ni un rublo al nuevo gobierno, el sindicato de transportes no obedecía a los bolcheviques y se estaba generando un gran riesgo de desabastecimiento en las principales ciudades. Finalmente el Vikzhel se sumó a los bolcheviques cuando le nombraron Comisario del Pueblo de vías de comunicación.

El Vikzhel (sindicato ferroviario) había convocado una Conferencia para formar un nuevo gobierno pero la victoria militar bolchevique dio a estos suficiente poder para rechazarla. Los bolcheviques resolvieron: «El Comité Ejecutivo Central considera necesario que en el Gobierno entren representantes de todos los partidos socialistas que componen los soviets de Diputados Obreros y Soldados y Campesinos y que reconocen las conquistas de la revolución del 25 de octubre, es decir, el Poder de los Soviets, los decretos sobre la tierra y paz, el control obrero y el armamento de los obreros (…) El llamado Consejo Popular que nos propone la Conferencia estará formado por cerca de 420 miembros, entre ellos 150 bolcheviques. además de nosotros lo integrarán delegados del viejo CEC contrarrevolucionarios (enumera una serie de miembros que consideran contrarrevolucionarios). Los delegados de los Soviets Campesinos deben ser elegidos por el Congreso de Campesinos convocado por nosotros, que al propio tiempo elegirá un nuevo Comité Ejecutivo (…) No vemos ninguna necesidad del Consejo Popular. Los Soviets están abiertos para que todos los partidos socialistas y el CEC refleja con suficiente exactitud las porciones reales de su popularidad en las masas». (Reed, 1919, pág. 319). Esta Conferencia se disolvió el 6 de noviembre sin llegar a nada.

Lenin y Trotski lanzaron una propuesta para controlar la prensa, confiscando las imprentas para que estas pasaran a pertenecer a los soviets, quienes las cederían a los partidos políticos en función de su representación. Lenin defiende que si la revolución de Febrero dio derecho a suprimir la prensa monárquica, ellos tienen derecho a suprimir la burguesa.

Esta propuesta, que en la práctica suponía el final de la libertad de prensa, fue rechazada por el Comité Ejecutivo Central. Provocó la salida de Kamenev y Zinoviev del Comité Central del Partido Bolchevique. Lenin denominó como traidores a ambos. Expulsó, además, a Kamenev como presidente del Soviet de Petrogrado. Esto provocó también la dimisión de los miembros social-revolucionarios de izquierda de sus ministerios en el Consejo de Comisarios del Pueblo.

Para controlar las huelgas funcionariales que estaban haciendo que ninguna medida del Consejo de Comisarios se llevara a la práctica se lanzó un ultimátum por parte del Comité Militar Revolucionario a funcionarios y burguesía: si sigue el sabotaje, ellos serán los primeros en sufrir la carestía y el hambre y sus bienes serán confiscados.

El 9 de noviembre Petrogrado amaneció con un cartel en las calles: los funcionarios de contrarrevolucionarios, en caso de que ofrezcan la menor resistencia u oposición se les aplicarán las medidas cuyo rigor corresponderá a la magnitud de su crimen (Reed, 1919, pág.333). El 10 de noviembre el CMR disolvió el Comité de Salvación y el 16 el Consejo de Comisarios del Pueblo disolvió la Duma municipal, que intentó seguir funcionando pero al carecer del más mínimo apoyo popular cesó sus intentos; la nueva duma elegida diez días más tarde estaba formada casi enteramente por bolcheviques.

El 14 de noviembre, una delegación de cosacos se reunió con Lenin y Trotski, quienes les garantizaron que las tierras cosacas no serían requisadas y que, si querían participar en el reparto de la tierra, lo mejor era que creasen sus propios soviets para ello. El resultado de esta reunión fue que las tropas cosacas abandonaron a Kaledin. Pero el Estado Mayor del ejército seguía oponiéndose a los bolcheviques.

Trotski encomendó al comandante en jefe Dujonin negociar con los altos mandos enemigos una paz en todo el frente oriental de la guerra. Este se negó y fue sustituido por Krylenko. Dujonin no se dio por vencido e intentó alzarse con unos cuantos miles de hombres. Sin embargo, fue detenido por la guarnición de Moguilov y asesinado por la muchedumbre que se encontraba en ese lugar, acabando así toda revuelta del Estado Mayor.

De esta forma los bolcheviques consiguieron hacerse con el poder y afianzarse en él. Tras disolver el Gobierno Provisional, resistieron el ataque de las tropas fieles a este, manteniendo la capital gracias al apoyo de obreros y soldados. Cumpliendo mediante decretos las principales demandas de la población, prometidas pero insatisfechas desde la revolución de febrero, como el control obrero de la industria, paz en todos los frentes y reparto de la tierra, consiguieron ganarse el apoyo de todos los soldados y obreros.

La Duma, compuesta por burguesía e intelectuales, al fundar el Comité de Salvación, se ganó la enemistad de esa ingente cantidad de ciudadanos hasta que fue disuelta en noviembre. Pero aún quedaba ganarse a los campesinos, que representaban el 80% de la población rusa.

El congreso campesino y la unificación revolucionaria

El Comité Ejecutivo de los Soviets Campesinos trató de impedir el Congreso Campesino, al igual que el CEC trató de impedir el de Diputados obreros y soldados. Llevaron a cambo la misma estrategia consistente primero en no enviar delegados y a la vista de que sí se iba a celebrar, pidieron elegir delegados conservadores que se enfrentaran a los bolcheviques.

El 10 de noviembre comenzaron las sesiones de los casi cuatrocientos delegados, de los cuales más de la mitad eran socialistas-revolucionarios de izquierda. Lenin tomó la palabra:

«Decidme francamente vosotros, los campesinos a quienes hemos entregado las tierras ¿queréis impedir ahora que los obreros implanten el control en la industria? Es la lucha de clases (…). Nosotros los bolcheviques somos el partido del proletariado tanto campesino como del industrial. Estamos a favor de los Soviets, tanto de los Soviets Campesinos como de los Soviets de Obreros y Soldados.El Gobierno actual es el Gobierno de los Soviets y nosotros no solo hemos propuesto a los Soviets Campesinos tomar parte en este Gobierno, sino hemos invitado también a los representantes de los socialistas-revolucionarios de izquierda a entrar en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Todo el que intenta minar los Soviets es culpable de un acto antidemocrático y contrarrevolucionario. Y yo me permito anunciarles a ustedes, camaradas socialistas-revolucionarios de derecha y a ustedes, señores kadetes, que como la Asamblea Constituyente intente destruir a los Soviets ¡nosotros no se lo permitiremos!». (Reed, 1919, págs. 348-349).

Reunión del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado

Mientras en el Congreso se debatía, los social-revolucionarios de izquierda negociaban secretamente con los bolcheviques hasta que el 15 de noviembre se llegó a un acuerdo de aumento del Comité Ejecutivo Central para incluir miembros del Congreso Campesino. Finalmente en el Congreso Campesino se aprobó esta resolución:

«El CEC de los Soviets Campesinos, Obreros y Soldados de toda Rusia, Conjuntamente con el Congreso Campesino Extraordinario de toda Rusia, confirma los decretos sobre la paz y la tierra aprobados por el II Congreso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados de toda Rusia, así como el decreto sobre el control obrero, aprobado por el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia.

La reunión conjunta del CEC y del Congreso Campesino de toda Rusia expresa su firme convicción de que la unión de los obreros, soldados y campesinos, esta unión fraternal de todos los trabajadores explotados, después de consolidar el poder estatal conquistado, adoptará por su parte todas las medidas revolucionarias para acelerar el paso del poder a manos de las masas trabajadoras de otros países más avanzados y asegurará de esta manera la firme victoria de la causa de un paz justa y de la causa del socialismo».

De este modo, campesinos, obreros y soldados se unieron a la causa bolchevique, asentando la revolución del 25 de octubre y dando un poder inimaginable al Consejo de Comisarios del Pueblo. La paz militar se alcanzó con la firma del armisticio el 2 de diciembre, aunque ya no se estaba combatiendo porque habían llegado a un acuerdo de cese de hostilidades.

También se celebraron las elecciones a la Asamblea Constituyente en las que los social-revolucionarios de izquierda fueron los mas votados con diferencia gracias al voto campesino y un pinchazo importante por parte de los bolcheviques, que fueron la segunda fuerza pero a mucha distancia (Casanova, 2017). Los bolcheviques empezaron a sabotearla y tildarla de burguesa por estar presentes los kadetes, mencheviques y cosacos.

Solamente se reunió el 5 de enero, presidida por Chernov, porque al día siguiente la Guardia Roja la disolvió. Parte de la población protestó enérgicamente. Esas protestas se reprimieron con fuerza. La mayoría se mantuvo indiferente porque ya se había aprobado el reparto de la tierra. Además, se había alcanzado la paz y la industria pertenecía a los obreros.

Conclusiones

La caída del zar supuso el acceso al poder de intelectuales y burguesía. En un primer momento contentó a las clases populares por la desaparición de la monarquía. Las semanas pasaban y las principales demandas por las cuales cientos de miles de personas habían salido a la calle en febrero no fueron satisfechas.

La tierra no se repartía, la paz no llegaba y los obreros no controlaban la industria. Por contra, sufrían cierres patronales y escasez fruto de la especulación y boicot de los propietarios monárquicos. Las protestas eran prácticamente semanales y el partido bolchevique, residual al principio, cada vez ganaba más apoyos. Sobre todo entre los soldados, a los que poco a poco se sumaban los obreros.

Otro de los puntos clave de la revolución rusa es que las direcciones de las principales organizaciones e instituciones como los Comités Ejecutivos Centrales fueron elegidas en las primeras etapas de la revolución. Para agosto-septiembre dejaron de representar la realidad social. Los bolcheviques, que ya contaban con gran apoyo social, estuvieron en una posición superior para actuar al margen de estos. La gente defendía el traspaso del poder a los soviets.

Revolución Rusa
Lenin en la Plaza Roja de Moscú, el 25 de mayo de 1919.

El 25 de octubre los bolcheviques consiguieron tomar el poder por la fuerza de las armas pero sin utilizarlas, mientras en muchos puntos de Petrogrado la ciudad parecía no inmutarse con los acontecimientos. Era tal el apoyo social a estos que miles de personas defendieron la ciudad ante el ataque de los cosacos. Habían dejado de lado a los intelectuales de la Duma y mencheviques. En Moscú se libró una gran batalla en el Kremlin tomado por los junkers pero la artillería bolchevique se acabó imponiendo.

Poco a poco los bolcheviques volvieron a hacer que los bancos obedecieran. Los funcionarios volvieran al trabajo y los transportes garantizaran el abastecimiento de las principales ciudades. Con el acuerdo alcanzado en el Congreso Campesino consiguieron la unificación de todas las clases bajas de Rusia.

Los bolcheviques habían alcanzado el éxito en apenas un mes. Además, habían alcanzado la paz en todos los frentes. Los bolcheviques no iban a dejar el poder en favor de la democracia y así lo dejaron claro con la disolución de la Asamblea Constituyente.

Bibliografía

-Casanova, Julián (2017). La venganza de los siervos. Barcelona: Crítica

-Reed, John (1919). Diez días que estremecieron al mundo. Nueva York.

-Merridal, Catherine (2017). El Tren de Lenin. Barcelona: Crítica

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