La música en la educación griega encontró un lugar muy destacado dentro de su mundo cultural; esto provocó que su desarrollo moldease opiniones de filósofos, escritores y teóricos, así como que se estudiase concienzudamente sus armonías, usos, e, incluso, sus respaldos míticos y sus propiedades mágicas y matemáticas.

En la historia de la antigua Grecia se da la siguiente paradoja: no es muy común encontrar un vasto número de escuelas, ni tampoco una educación altamente sistematizada (al menos hasta el desarrollo de las grandes ciudades en época helenística); no obstante, la educación, llamada ‘paideia’, es una cuestión de suma importancia entre las póleis helenas. La ‘paideia’ es un término polisémico, pero podemos quedarnos con que la educación suele ser vista como un proceso largo de desarrollo físico, cívico e intelectual, que en muchas ocasiones se alarga durante toda tu vida. En el siguiente artículo veremos las principales etapas en el que se desarrolla esta realidad y, en concreto, la relación que tiene con la música.

¡Puntos a tener en cuenta!

  • El aprendizaje musical se caracterizaba por no ser solamente música instrumental, sino también canto y danza. En época clásica se considera que la gimnasia y la danza es el trabajo al cuerpo lo que la música instrumental y el canto al alma.
  • Había gran variedad de instrumentos: idiófonos, membranófonos, aerófonos, cordófonos.
  • Las composiciones musicales podían diferenciarse entre las hechas “para los dioses”, es decir, para ambientes sacros, aunque estuvieran en un contexto cívico (himnos, peanes, ditirambos, prosodias, partenios…), y otras más relacionadas con la vida familiar y social, incluso marcial (epitalamios, trenos, encomios, escolios, músicas militares y folklóricas…).
  • El aprendizaje musical tendrá mucho que ver con ciertas ideas filosóficas, y estaba relacionado con el estatus social del alumno.
  • La música era monódica, y se la consideraba un método de comunicación de primer orden. Aunque no conservamos casi ningún ejemplo de composición con anotaciones, existieron teóricos griegos de la música como Aristóxeno, Nicómaco de Gerasa e incluso Plutarco[1].

Homero y el periodo arcaico, en tono musical

Para reconocer los orígenes de la educación musical habrá que retrotraerse a los relatos de Homero. No es baladí que el famoso poeta cite a Aquiles tocando una fórmige y cantando gestas de héroes (Il. IX, 185-189), o la propia existencia de aedos en distintas cortes del Egeo, como la de Alcínoo (Od. VIII, 60-90), que cantaban hazañas en verso acompañados de una lira, y donde también practican la danza en contextos lúdicos e incluso funerarios.

«Llegaron ambos a las tiendas y a las naves de los mirmidones

y hallaron a Aquiles deleitándose el ánimo con la sonora fórminge,

bella, primorosa, que encima tenía un argénteo clavijero. […]

con ella se recreaba el corazón y cantaba gestas de héroes.» (Trad. Emilio Crespo)

Las obras de Homero supusieron una de las mayores influencias en la educación de Grecia: Platón le llamaba, con razón, el educador de Grecia. Mediante las actuaciones de sus héroes se promovía que el ideal de los aristócratas (que era doble, técnico y ético) debía guardar un sitio a la educación musical (Marrou, 1985: 25). Además, ya aquí la música se entendía como instrumental, danza, canto, solfeo… Los aedos cantando gestas, los instrumentos en las reuniones, no deben extrañarnos que aparezcan en sus poemas, ni tampoco en épocas previas, minoicas y micénicas; el mediterráneo oriental y Egipto, con quienes guardaban estrecha relación, también procesaba un extendido respeto por lo musical.

El componente ético se dejaba ver generalmente como algo «entrenable» mediante el conocimiento y la disciplina, y la capacidad de la música para este fin se dejará ver en el desarrollo de sus pedagogías; el objetivo moral de los héroes homéricos, la areté, pasa por facetas físicas como la gimnasia, y espirituales, como las poéticas y musicales. Solo mediante la conjunción de ambas se llega al objetivo final de virtud completa y absoluta (Redondo y Laspalas, 1997: 187).

Avanzando cronológicamente desde los ideales homéricos y los personajes semilegendarios que coparon buena parte del imaginario educativo griego, durante la época Arcaica se mantuvo aquel discurso por el papel de la música durante la educación. Fue Esparta una de las potencias hegemónicas en lo que a cultura musical se refiere, y fue, de hecho, la principal expresión intelectual de su educación hasta la militarización de la época clásica; la danza vinculaba al ejercicio y el canto a la poesía.

En territorio lacedemonio nos encontramos las dos primeras escuelas musicales que atestiguamos en Grecia, en concreto una para música vocal o instrumental y otra para la lírica coral. En general, estas dos eran dos divisiones muy importantes en la música en Grecia. Esta época nos ha legado algunos nombres, más o menos conocidos: Taletas de Gortina, Xenodamos de Citeres, Xenócrito de Locres, Polimnesto de Colofón y Sakadas de Argos, Tirteo o Alcmán. Gracias a la toponimia y a la etimología podemos atestiguar que muchas personalidades acudieron de fuera de Esparta (Marrou, 1985: 36), lo que recalca una vez el relevante papel de la formación musical y su correspondiente estima social.

Este auge se encuentra justificado dentro de un contexto de formación de las póleis, que son relevantes para nuestro tema en tanto en cuanto se posicionan como adalides identitarias, y también artísticas: la música crea el vínculo entre ambas. Además, como dicen Redondo y Laspalas (1997: 191-192), el ideal de Hesíodo de que mediante la paidea cualquiera puede alcanzar el éthos (una especie de «virtud democratizada»), facilitó que sea en esta época que la tradición pedagógica se extienda, y entre ellas la musical.

Escena de danza en figuras rojas. Periodo clásico. British Museum.
Escena de danza en figuras rojas. Periodo clásico. British Museum.

Aunque no en un grado alto de centralización u organización reglada, la música se veía cada vez más interiorizada en los asuntos cívicos; las festividades religiosas, las procesiones, las competiciones deportivas en los juegos panhelénicos, todas disponían de música[2]. En el santuario de Ártemis Ortia, niños realizaban certámenes musicales, había danzas en honor a Artemisa y Alcmán nos habla de jóvenes bailando en honor a sus educadoras (Marrou, 1985: 37).

 “Llenadme, musas del Olimpo, el alma

con el amor de una nueva canción:

quiero escuchar la voz

de las muchachas entonando

hacia el cielo un hermoso himno” (Alc. 3P, trad. Juan Ferraté)

La otra polis más conocida del continente, Atenas, también dejó hueco durante el periodo arcaico para la educación musical. A diferencia de Esparta, cuya educación se vio truncada hacia un militarismo feroz, la Atenas arcaica tendríade una mayor continuidad con su periodo clásico. Ya hemos hablado de la erección de las ciudades y del entrenamiento musical, pero ahora nos detenemos brevemente en otra característica importante de este tipo de educación: la formación de escuelas atenienses (no las primeras, pero sí más “democratizadas” hasta el momento). En particular, destaca la figura del maestro de música o citarista (Marrou, 1985: 64).

Para los atenienses la idea de que la educación (y la música) tenía que ver con la moral y la ciudadanía también se encontraba vigente entre muchos de sus pensadores. Los cantos y poemas conllevaban un esfuerzo ético y un objetivo moral. Como Teognis en su patria, que decía que “la lira, la danza y el canto”, era un sabio modo de vida (Marrou, 1985: 65), es Solón el mayor representante arcaico de los atenienses en los que, mediante la música, expresa los ideales políticos y sociales. Por otra parte, en este verso expresa el carácter más bien conservador del espíritu musical, o un lapso pedagógico en la vida de un estudiante: “cambia (el verso), dulce poeta, y canta de esta manera” (elegía 22d, trad. Juan Ferraté).

El clasicismo: ideas musicales

La docencia musical se enmarcaba en dos procedimientos básicos de la pedagogía antigua: la memoria y el castigo físico. Es por ello que Aristófanes, en las Nubes, comenta que la educación musical de un niño en época de Maratón (490 a.n.e.) se basaba en ir aún niños a casa del citarista, aprender de memoria una canción (incluso nos da títulos de ellas), del modo en el que se la transmitieron sus padres; de igual forma, si no se atenían a la enseñanza, se les castigaba duramente (964-971).

Este es el testimonio de cómo la educación básica, después de los 7 años en los que se criaba a los niños en casa, se gestaba en la casa del profesor, que normalmente cobraba y así se mantenía el sistema educativo.

Por otra parte, aunque su educación en época clásica es más restringida aún, la música coral y las festividades cívicas y religiosas permitieron una inclusión muy poderosa de las mujeres mediante la actividad musical, formando parte de la ciudad por su peso en estos eventos; al contrario que las ‘hetairas’, estas participantes eran de clase alta, y aparecen en iconografía de muchos lugares de Grecia: Esparta, Elis, Argos, Magnesia, Delos (un coro femenino permanente).

También las hetairas, como decimos, se encontraban, sin poder estarlo en condiciones “normales”, en círculos aristocráticos por su conocimiento musical. Como en época helenística o en la ‘Casa de las musas’ de Safo, ya existe cierta educación musical en las mujeres, a pesar de que el ‘aprendizaje curricular’ del buen ciudadano esté hecho para los hombres. Resumiendo, en palabras de De Simone: “in ancient world, women contributed to cultural production and dissemination mostly through musical activity. This is partly explained by the importance that ancient civilizations ascribed to music as a means of communication.” (2000: 688)

Representación de una hetaira tocando el aulós. Figuras rojas, época clásica. British Museum.
Representación de una hetaira tocando el aulós. Figuras rojas, época clásica. British Museum.

Además, la educación musical, que pertenecía a este currículo educativo (como concepto más que como institución universal), seguía orientado a la aristocracia sobre todo por el componente económico de las escuelas privadas (Marrou, 1985: 140). Lo mismo sucedía con las matemáticas, las letras y la gimnasia en los niveles primarios de la educación (en dirección a la efebía militar), pero que sí aceptaba indudablemente el valor de la música en la conformación del ciudadano[3], como expresa el término καλοκαγαθια, y que se expresa muy acorde a los principios filosóficos de Platón (Leg. VII 795-796).

Os dejamos la maravillosa página web del British Museum donde podéis ver muchas más escenas musicales (o al menos fragmentos).

Por otra parte, el largo trato que da Platón a la educación musical (un espacio preponderante a la música como entrenamiento del alma)[4] es inversamente proporcional al de Isócrates, que, centrado en la retórica y los estudios intelectuales y literarios abandona, la importancia de la música en el contexto cultural griego. Platón considera que la participación en un coro determina el carácter y la identidad de un ciudadano, en la consideración colectiva de ambas actividades (Lee, 2001: 50), y Aristóteles reproduce análogamente y en muchas ocasiones al director de un coro con un líder político (Pol. 1288b37-1298ª5)

«Una vez que han aprendido a tocar la cítara, les enseñan los poemas de buenos poetas líricos, adaptándolos a la música de cítara, y fuerzan a las almas de sus discípulos a hacerse familiares los ritmos y las armonías, para que sean más suaves y más eurrítmicos y más equilibrados, y, con ello, sean útiles en su hablar y obrar. Porque toda vida humana necesita de la eurrítmia y del equilibrio» Platón, Protágoras, 325d7-326e5

Etapa helenística: la música «profesional»

En época helenística la educación musical se especializa de tal manera que se reduce cuantitativamente su importancia; compositores como Melanípides, Cinesias, Frinis, Timoteo, introducen diversos cambios en la escritura musical que la hacen más compleja. De igual modo, en los currículos educativos de escuelas helenísticas, más jerarquizados, observamos que la educación musical se reduce en tiempo de estudio, unos dos años solo, los previos a la efebía. Además, hay menos maestros de música que de gimnasia y letras (Marrou, 1985: 184). Estas últimas son hacia donde se están concentrando los esfuerzos educativos, en la cultura literaria.

No obstante, el entreno musical se engloba dentro de un currículo formal (enkyklios paideia) que al fin se estabiliza (y se amplía) dentro de un programa educativo de nivel primario, secundario y especializado. Es así cómo la música se sigue estudiando dentro de las denominadas artes (technai): aritmética, geometría, astronomía, música y otros saberes especializados, como la arquitectura (relación con las matemáticas). En contraposición, las técnicas del lenguaje (gramática, retórica, dialéctica), y las materias gimnásticas, que se esbozan en un contexto cultural dispar a las ideas filosóficas clásicas (Redondo y Laspalas, 1997: 216).

«En cuanto a la música, uno podría preguntarse el motivo de su inclusión. Ahora la mayoría la cultivan por placer. Pero los que la introdujeron en la educación lo hicieron porque la naturaleza misma busca no sólo el trabajar correctamente, sino también la capacidad de gozar bien del ocio. Éste es, por repetirlo una vez más, el fundamento de todo.»

Las juventudes helenísticas siguen recurriendo al estudio a la lira, al aulós, a la teoría musical, a los cantos corales etc. Además, se seguía utilizando de una manera muy común el uso de la memoria para retener las composiciones musicales (Marrou, 1985: 180), pero de manera más teórica y menos espiritual, más ociosa.

Dentro de estas artes liberales, la danza (que se designa con el mismo término que el canto coral, jorós), pierde importancia en tanto en cuanto los ideales griegos habían ido alejándose, desde hace tiempo ya, de los ideales aristocráticos, que eran una fuerte salvaguarda para la danza por sus términos atléticos y militares. Ante la transformación de la idea de colectividad clásica, la música se convierte en un soporte más bien personal. (Marrou, 1985: 186).

Por lo tanto, la música helenística no desaparece, ni mucho menos, pero queda relegada a un sector que se especializa en ello. El aprendizaje se basa en un trabajo individual más que en un ideal ético o político de carácter político, como ocurre con tantas otras temáticas del saber en esta etapa.

Si te interesa la música en toda su extensión y, sobre todo, en otras etapas, puedes aprovechar y conocer cómo el cancionero español reflejaba las disputas filosóficas sobre Aristóteles y Epicuro.

Notas

[1] Una descripción muy detallada de estos conceptos, de la descripción de los diferentes instrumentos y de la significación mítica de la música se encuentra en Mathiesen (2000).

[2] El uso de la música y la danza en época arcaica y clásica, según Griffith (2001: 44), está destinada a alinear cuerpo, emociones y estímulos intelectuales en una serie armoniosa de hábitos vitales. Apolo y las musas eran el prototipo de este tipo de simetría.

[3] “los griegos creían que la sabiduría moral de carácter tradicional, que se hallaba bella y didácticamente codificada en las obras de los poetas, cuando era comunicada con el apoyo y la fuerza persuasiva de la música, tenía una efecto catártico o purificador, y podía transformar el ethos del alumno” (Redondo y Laspalas, 1997: 210).

[4] Platón, Leyes, VII.

Bibliografía

  • De Simone, M., ‘Music and Gender in Greek and Roman Culture: Female Performers
    and Composers’, en “A Companion to Ancient Greek and Roman music”, Lynch T., y
    Rocconi E. (eds), Editorial Blackwell, Óxford 2000.
  • Ferraté, J., Líricos griegos arcaicos, Acantilado, Madrid.
  • Griffith, M., “Public and Private in Early Greek Institutions of Education”, Education
    in Greek and Roman Antiquity, Brill, Boston 2001.
  • Henri-Irénée M., Historia de la educación en la Antigüedad, Editorial Akal, Madrid
    1985.
  • Mathiesen, T., Apollo’s Lyre. Greek Music and Music Theory in Antiquity and the
    Middle Ages, University of Nebraska Press, London 1999.
  • Redondo E., Laspalas J., Historia de la educación. Guía-Manual, Tomo I. Edad Antigua,
    Editorial Dykinson, Madrid 1997.

Autor

  • ¡Hola! Soy Daniel Merino, titulado en "Ciencias y lenguas de la Antigüedad" por la Universidad Autónoma de Madrid. Trato de aunar filología clásica, arqueología e historia para crear una divulgación de calidad centrada en procesos sociales y culturales del ámbito Mediterráneo y de Oriente Próximo antiguo. Siempre disfruto de una buena conversación, así que, ¡sin miedo!

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