El ejército ha sido siempre el pilar fundamental sobre el que se ha sustentado, alimentado y alzado, los imperios más imponentes de la historia. Estos no eran más que el medio por el cual los estados se enriquecían y conquistaban territorios para, posteriormente, ser explotados, a fin de cuentas podemos deducir que el ejército podía ser usado como arma arrojadiza ante la sed de riqueza o como escudo ante la sed de otros.
Las legiones romanas no han sido diferentes. Un ejército que traspasó todo tipo de barreras, espaciales y temporales, ya que aún hoy día oímos el eco de sus trompetas y del paso de las miles de caligae por la Galia, los humedales del Nilo, las llanuras y montañas hispanas o el Levante mediterráneo entre otros muchos lugares. Pero ¿qué tenía de especial un ejército que llevó la romanidad por tan vasto territorio?

Orígenes

Antes de ser el ejército que conocemos, y con el que llevó a la máxima expresión de
imperio al estado romano, fue un ejército de levas, no profesional. Era un ejército de
ciudadanos, una milicia, en la cual cualquier individuo itálico era reclutado para ejercer un
servicio militar, que dependiendo de su poder económico podía estar destinado a una unidad
u otra. Pero en sus inicios, como en muchos otros aspectos, la legión romana tuvo una
influencia griega que llegó a formar lo que es conocido hoy día de la legión, esto fue la reforma hoplítica, que tuvo su incursión en la formación, organización y en la estrategia de las legiones, que arcaicamente estaba basada en el valor individual. (ROLDAN HERVAS. J).

Busto de Cayo Mario
Busto de Cayo Mario, reformador de las legiones

Las legiones romanas son, en muchos aspectos, una institución completamente consolidada que, tras las reformas de Cayo Mario, quedaron establecidos sus cimientos, y dependiendo de las necesidades y circunstancias o tipo de guerra fue cambiando su estructura, armamento y estrategia, haciendo de él, no un brazo fuerte e inflexible, sino un ejército moldeable, capaz de amoldarse a las circunstancias y sobre todo ser el detonador del fenómeno al que llamamos romanización y vehículo de culturas. Pero además de ello, era una institución muy ligada a la política y que sirvió en muchas ocasiones para reclamar el poder sobre uno o varios individuos. A fin de cuentas, no era más que un instrumento de poder que podía ser usado contra el mismo estado (ALFÖLDY, G. 2010).

Organización de las legiones

La organización de las legiones tras las reformas de Mario hizo de este ejército un ejército
profesional a diferencia de lo que anteriormente era, un ejército de levas (legio – leva). El
servicio militar antes de alcanzar la deductio (licenciamiento de tropas) consta alrededor de 20 años de servicio, de los cuales los soldados podían pasar gran parte de ellos bajo las órdenes de un cargo senatorial. Dicha reforma hizo que los soldados, los cuales aspiraban a pasar un gran porcentaje de su vida en la guerra acompañados por sus camaradas y superiores, tuvieran más lealtad hacia su superior que a su metrópoli -es el caso de la Guerra Civil de César y Pompeyo- o al propio emperador -Guerra Civil contra Nerón-. (ALFÖLDY, G. , 2010, p130).

Estructura

La legión estaba dividida en varios grupos y subgrupos. Los legionarios eran soldados y ciudadanos romanos, especializados en el combate de infantería pesada y que debían prestar un servicio militar de 20 años antes de su deductio.

La centuria estaba compuesta por 80 hombres y dirigida por un centurión, que a su vez estaba dividida en 10 contubernium de 8 soldados, los cuales compartían todo tipo de recursos y utensilios para su abastecimiento, como la misma tienda de 6 camas donde dormir en el campamento -6 dormían mientras 2 montaban guardia- o la mula para transportar todo ello.

El centurión era un especialista en el combate, que como ciudadano ha ido ascendiendo desde abajo, pudiendo servir en una o más legiones.

Legionarios en batalla
Ilustración de una refriega de legiones romanas contra un pueblo galo. En primer plano un centurión.

La cohorte estaba compuesta por 6 centurias, comandada por un centurión pilus prior -de los 6 centuriones sería el de mayor rango- y por 3 manípulos que estaban compuestos por 2 centurias cada uno.

La legión –legio– a su vez estaba formada por 10 cohortes, siendo la cohorte primera la de mayor envergadura con el doble de unidades que el resto de las cohortes, y estaba dirigida por un legado de legión -rango senatorial-, un tribuno laticlavio -rango senatorial- y 5 tribunos angusticlavios -rango ecuestre- en orden de relevancia en el mando militar.

Los auxilia en las legiones

Los auxilia -auxiliares- estaban dirigidos por un decurión y forman un papel fundamental
dentro del ejército. Estos eran unidades reclutadas de indígenas de otras partes del imperio, que no eran jurídicamente ciudadanos sino peregrinos, y que se reclutaban en función de la especialización del pueblo indígena en concreto, por ejemplo, un pueblo con una tradición ganadera podía ser reclutado como caballería dentro de la legión. Eran reclutados por la necesidad de unas unidades más dinámicas de infantería ligera que pudiesen hostigar mejor al enemigo. Estas fundamentalmente serían de caballería e infantería ligeras, aportando su estilo propio de combate. Las unidades auxiliares solían tener el nombre del lugar o pueblo al que pertenecían. Por ello sabemos que los celtíberos, con gran riqueza ganadera, eran excelentes jinetes.

Los auxilia cumplían unos años de servicio, normalmente unos 25 años aproximadamente, dependiendo de las circunstancias, y una vez cumplidos los años de servicio se les otorgaba la ciudadanía romana.

Cargos administrativos

Existían otros cargos dentro de las legiones que tenían una considerable relevancia, no en el plano activo, pero sí imprescindible. Es el caso de los beneficiarios consulares, individuos que formaban parte del ejército pero su labor distaba del campo de batalla. Se encargaban de la coordinación entre la legión a la que estaban adscrita y la oficina del gobernador de la
provincia en la que la legión estuviese asentada o estuviera más cercana. Por norma general, la legión, tiene un carácter independiente y autónomo de la provincia en la que están asentadas, y por lo tanto de su gobernador -Legado pro pretor o procónsul-.
Los frumentarios sería otro cargo profesional en la legión romana. Este sería imprescindible en el mantenimiento del ejército ya que se encargaban del abastecimiento de las tropas y que fuesen alimentadas apropiadamente.

Stipendium

Cualquier soldado debía recibir su stipendium anual -salario-. Este stipendium suele salir
reflejado en la epigrafía en la que aparecen soldados, seguido de un número que nos indica los años en los que ha recibido su paga y por ende sus años de servicio militar.

En tiempos de Augusto el stipendium anual rondaba los 200 denarios, pero con el paso del
tiempo y con las necesidades políticas y/o económicas fue cambiando. (ALFÖLDY, G. 2010: 257)

Inscripción sobre legionario
Inscripción dedicada a un legionario indicando el  stipendium con la fórmula «STIP»

Cabe destacar que cada legión, con su organización completa y sus aproximadamente 6.000 soldados, tenía su propio estandarte, nombre y numeración. Como dato curioso, aquellas legiones que se denominasen Gemina serían las que se habían formado a partir de la fusión de 2 legiones anteriores.

En muchas ocasiones los nombres de las legiones se podían repetir, de forma que a lo largo de la historia hubo varias legiones con el nombre Augusta, y que, si perdían en combate de forma deshonrosa, eran castigadas cambiándole dicha denominación.

Equipamiento de las legiones

El equipamiento del legionario era completo y se le otorgaba al soldado desde el primer día que entra a formar parte del ejército.

Consta primero de una túnica y una armadura, la cual tenía varios tipos como la lorica hamata -armadura de cota de malla-, lorica segmentata -armadura de placas- o la lorica squamata -armadura de escamas-, seguido también de una galea -casco- para la protección superior y unas caligae -sandalias- de calzado.

En cuanto al armamento básico, el legionario disponía de un pugio -daga-, una gladius -espada corta- y 2 pilum -lanza de punta fina-, aunque los equites solían usar como arma principal la spatha, una espada de unos 80 cm aproximadamente, más larga que la gladius -60 cm-, que les permitía tener más alcance cuando peleaban montados a caballo. El scutum -escudo- podía ser rectangular u ovalado.

Los pilum eran tácticamente un gran aliado para el legionario. Eran lanzados en las cargas, provocando que, cuando se clavasen en los escudos enemigos, se doblaran las puntas dejando inutilizados dichos escudos y privándoles de la defensa cuerpo a cuerpo. (ESPINÓS, J. 2010: 62)

Estos debían hacerse cargo del mantenimiento de su equipo y todo el equipo debía de ser transportado por ellos mismos, por eso en un principio se ganaron el nombre de «las mulas de Mario», en honor a Cayo Mario.

Reclutamiento y adiestramiento

Las reformas de Cayo Mario fueron causadas en gran medida, por el agotamiento del sistema de levas que se había llevado hasta ese mismo momento en Roma. La plebs urbana cada vez estaba menos interesada en ir hacia la guerra, lo que antes era un acto de prestigio, ahora se había transformado en desinterés. Con las reformas del susodicho antes nombrado, el reclutamiento cambia por completo dando lugar a una profesionalización del ejército, y permitiendo el reclutamiento de esa plebs rural, que poco a poco, no solo provendría de la península itálica, sino que vendrían de algunos territorios provinciales -ante la promesa de un pago al final del servicio o la cesión de un trozo de tierra- en los que hubiesen ciudadanos romanos, ya que estos eran los únicos que podían ser reclutados como legionarios, y si no lo eran, podían ser reclutados como auxilia. (ROLDÁN HERVAS, J)

Ejército viene de la palabra del latín exercitus, que hace referencia al ejercicio físico. Las tropas eran entrenadas en el ejercicio físico, el uso de las armas y en formaciones, tanto de desfile como de combate. Las formaciones eran un punto importante para el desempeño efectivo de las estrategias prediseñadas y también importante en el sentido cívico, era algo que les diferenciaba de las hordas formaciones de los bárbaros.

Vida del legionario

Los legionarios, en su servicio militar, tenían prohibido casarse, de modo que en múltiples
evidencias epigráficas encontramos la palabra contubernalis, que no significa más que “pareja” o “unión” pero que esta no estaría contemplada por la ley romana ius connubium, el derecho matrimonial.
Su vida debía estar destinada al desempeño de la actividad militar, y podían pasar los 20 años
de servicio fuera de su lugar de origen, lo cual interesaba al estado tener hombres que no
estuviesen atados sentimentalmente para evitar posibles deserciones. Estos estaban entrenados desde el principio para obedecer ciegamente ordenes sin replantearse la ética de
estas.

Guerra y paz

La legión romana, como punta de lanza para el imperio, fue infalible en muchos aspectos. Todo imperio debía sustentarse en un potente ejército para defender y expandir fronteras. Roma en esto era experta, pero su ejército no sólo servía para hacer la guerra, también servía para la expansión de la romanización, de perpetuar la conquista que tantas vidas había costado y tantos recursos había precisado, tras esto era el momento de tomar beneficio del territorio conquistado, y entraba en juego el papel de la legión en la paz.

La legión romana ha destacado en toda la historia como un ejército profesional como pocos y con una organización y estrategia en batalla infalible, de la cual muchos otros ejércitos copiarán incluso 1000 años después. Es bien conocida, incluso en el cine, la formación testudo o comúnmente conocida como formación tortuga, la cual permitía a los soldados cubrirse unos a otros y defenderse contra proyectiles mientras avanzan hacia el enemigo.

Fundación de ciudades

Una vez que el ejército conquistaba una región, el territorio formaba parte del ager publicus y entraba la maquinaria del estado para romanizar el territorio, imponer leyes y así consolidar la conquista. Se producían los licenciamientos de tropas -deductio-, soldados que ya habían cumplido sus años de servicio militar y debían ser licenciados con la apropiación de tierras otorgadas por el estado. Para ello se comenzaron a realizar fundaciones de colonias en las provincias conquistadas, cuyos habitantes serían soldados licenciados, en su mayoría, a los que se les otorga una propiedad del ager publicus y pasarían a colonizar esta nueva fundación.

Ejemplos de colonias fundadas para este fin las tenemos en Augusta Emerita o en Ilici, que
fueron ocupadas por veteranos de las guerras cántabras en época de Augusto.

Ejército de paz

Los campamentos militares asentados en distintos territorios, además de asegurar las
fronteras y pacificar provincias, se encargaban de grandes obras públicas en provincias donde aún la romanización no se había extendido, por ello la construcción de calzadas romanas para asegurar el transporte de los excedentes y productos destinados al comercio o al estado eran de suma importancia, al igual que la construcción de esas fundaciones de ciudades coloniales, de sus muros, cloacas u otras infraestructuras necesarias. Así lo dejan plasmado en múltiples evidencias epigráficas de estas construcciones donde está grabado el nombre de la legión que haya podido participar en su construcción. (ALFÖLDY, G. 2010).

Muralla romana de Lugo
Muralla de Lugo -Lucus Augusti-

Otra función interesante que ejercían los campamentos, inconscientemente, es la de foco de atracción de múltiples gentes, que en un principio buscaban hacer negocio de sus productos con los soldados romanos, pero que poco a poco fue atrayendo a más gentes por diferentes motivos, congregándose en ese espacio y convirtiéndolo en un gran foco de actividad que desembocará en una ciudad. Es el caso de Legio -León-.

Influencias de las legiones

La legión, además de todos los puntos tratados anteriormente, podía servir como caballo de Troya en la expansión por el imperio de tendencias y religiones de otros territorios. Tal es el caso del Dios Mitra, el cual tuvo un gran éxito entre las filas de los legionarios. Esto no es más que la evidencia del espacio de movimientos que significó el imperio, un espacio sin fronteras más que las del limes, en el que los soldados compartían tendenciasforáneas con comerciantes, o que simplemente al obtener la deductio y volver a su lugar de origen, expanden aquellas nuevas y desconocidas ideas, haciendo que poco a poco vayan calando entre la población, llegando a encontrar templos dedicados a divinidades foráneas, como es el caso de Mitra, antes ya nombrado, los Baales sirios u otros tantos. (CUMONT, F. 1987).

Conclusión

Por todo ello, concluimos con la idea de que el ejército romano, además de ser punta de lanza, es la lanzadera principal de muchos procesos y aspectos esenciales que construyeron y formaron al imperio romano. El ejército será el ejemplo, directa o indirectamente, que las
demás poblaciones tendrán, sin entrar en malinterpretaciones, sobre nuevas corrientes y
modas traídas de las provincias romanizadas y no romanizadas, que harán que los indígenas empiecen a leer y escribir latín, comiencen a copiar el modelo de vida romano, conocer otras culturas extranjeras, etc. La romanización no llegaría inmediatamente con la conquista, sino que sería un proceso lento, que culminaría con la conversión de los municipios al ius latii, dando la posibilidad a los ciudadanos latinos de dicha ciudad a acceder a las magistraturas y conseguir la ciudadanía romana. Además provocaría un de sobra conocido sincretismo cultural y religioso a lo largo y ancho del imperio, que con el paso del tiempo todo ello acabaría integrándose en múltiples aspectos culturales de la romanización.

Bibliografía

· DANDOCOLLINS, S. Legiones de Roma. La esfera de los libros, Madrid 2012 ISBN:
9788499703305
· ALFÖLDY, G. Historia social de Roma. Secretariado de publicaciones, Universidad de Sevilla
2010. ISBN: 9788447214143
· ROLDAN HERVAS, J. Las legiones romanas. [En línea] Formato PDF [consulta: 18 noviembre 2019]. Disponible en: https://www.academia.edu/5693895/Las_legiones_romanas
· ESPINÓS, J. VILAR, M. MASIÁ, P. SÁNCHEZ, D. Así vivieron en la antigua Roma. Anaya 2010.
ISBN: 9788466793490
· CUMONT, F. Las religiones orientales y el paganismo romano. Ediciones Akal, 1987. ISBN:
8476001657

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