Como se explicó en la anterior entrega, los estadounidenses no planearon los pasos a seguir después de la invasión, pensando que sería muy sencilla y que los iraquíes se volcarían en cuerpo y alma para instaurar una democracia en su país. Pero la realidad fue que las décadas de opresión que sufrieron los iraquíes les anularon las capacidades de iniciativa, por lo que esperaban que los «libertadores» les dijeran lo que tenían que hacer; pero ni ellos sabían lo que había que hacer. En esta entrega hablaremos del traspaso de poder de la Autoridad de la Coalición al pueblo iraquí.

 

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Soldado iraquí reparte papeletas en la cola de un centro de votación, en las elecciones de 2005.

 

En junio la inseguridad no hacía más que crecer y tras cuatro meses desde el final de la guerra seguían sin un suministro constante de luz y agua; ¿Cómo era posible que siguiesen así tras una guerra que no había destruido las infraestructuras cuando Sadam había reestablecido los suministros tras las destrucción de la Guerra del Golfo en dos meses? Empezaron los rumores de que era una forma de venganza de estadounidenses y kuwaitinos porque no podían creer que la primera potencia del mundo no hubiese trazado un plan de posguerra.

Se fueron formando consejos vecinales para solucionar los problemas por distritos, en donde participaban activamente varios suboficiales y oficiales ingleses ayudando en la reconstrucción y gestión -por ejemplo, ingenieros entrenados para desactivar explosivos participaban en las reuniones del Departamento de Aguas de Bagdad-; de hecho, estos consejos insistían en que los americanos debían aprender de los ingleses su amplia experiencia en tareas de ocupación y estabilización por su largo pasado colonial. Pero se podría afirmar que los estadounidenses nunca cambiaron las labores de combate por las de estabilización, tal vez porque nunca fueron adiestrados para ello. No obstante, la labor de estos consejos se veía muy limitada por la falta de recursos y por los continuos conflictos entre ellos mismos, algo que es de entender ya uno de los sistemas estatales más jerarquizados del mundo había sido barrido repentinamente y ningún sistema alternativo había logrado sustituirlo. A los iraquíes nunca se les había permitido adoptar ninguna iniciativa, por lo que recurrían a los estadounidenses que parecían tener todo el poder y el dinero en sus manos mientras estos intentaban obligar a los iraquíes a trabajar dentro de sus propias instituciones desarticuladas inmediatamente después de la guerra. Lo que viene siendo un caos.

A causa de una disputa con el Consejo de Gobierno (creada por la propia APC), Paul Bremer había dejado pasar varios meses sin firmar el decreto elaborado por la Autoridad Provisional de la Coalición a finales de 2003 que explicaba al detalle la autoridad de los consejos locales. Este retraso junto con los dos meses y medio que llevaban bloqueados los fondos de emergencia para el ejército, dejaron en el limbo a los consejos y los soldados que trabajan con ellos, lo cual provocó una paralización casi total de la reconstrucción e impidió que los gobiernos locales se convirtieran en centros de poder capaces de combatir a las milicias y los insurgentes.

Los altos mandos civiles de Washington defendían que había soldados suficientes (unos 135.000) y no hacía falta enviar más; sin embargo no había tropas para patrullar las calles, detener los asesinatos, proteger las municiones abandonadas que estaban siendo saqueadas por la insurgencia, proteger las fronteras para evitar el paso de yihadistas… Tras disolver las fuerzas de seguridad iraquíes quisieron formar un ejército regular, para lo cual se contrató a la empresa Vinnell con un contrato de 48 millones de dólares, quien tras meses sin trabajar tuvo que ser el ejército estadounidense quien realizaría esa labor. Un informe de junio de 2004 reveló que menos de 6.000 de los 90.000 nuevos policías habían recibido buena formación, lo que provocaba grandes deserciones en momentos críticos.

Así las cosas, los opositores a la ocupación aumentaron y muchos se unieron a una insurgencia cada vez mejor organizada y equipada. Basta decir que los ataques de guerrillas a soldados estadounidenses eran de 20 al día solo en Bagdad. Los insurgentes se dividían entre chiíes seguidores de Moqtada al Sader y los salafistas seguidores de Abu Musab al Zarqaui, quien a finales de 2004 se unió a Al Qaeda.

Traspaso de poder, de Bremer a Allaui

A pesar de que el objetivo de la guerra había sido la incautación de las supuestas armas de destrucción masiva, «a medida que las fantasías sobre las armas de destrucción masiva de Irak quedaban desenmascaradas, la Administración Bush puso un énfasis cada vez mayor en la transformación democrática de Irak, y los analistas se subieron al carro de la democratización» expresa Augustus Richard Norton, especialista en Oriente Próximo.

El 15 de noviembre de 2003 se firmó un Acuerdo entre la APC y el Consejo de Gobierno que fijaba el traspaso de la soberanía a 30 de junio de 2004. Se disolverían ambas organizaciones y una asamblea interina elegida por medio de un proceso de asambleas de partido a escala nacional tan complejo que ni siquiera los funcionarios estadounidenses podían explicar, gobernaría Irak hasta las elecciones generales de principios de 2005, quien a su vez redactaría la nueva constitución. Finalmente, el 28 de junio se traspasó el poder y Paul Bremer abandonó Irak. Washington y el Consejo de Gobierno instauraron el gobierno provisional de Iyad Allaui contando con el visto bueno del ayatolá Sistani.

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Allaui, Paul Bremer y al-Yawer el 28 de junio tras el cambio de autoridad.

Las elecciones de 2005

Se fijaron las elecciones para el 30 de enero de 2005. Los editorialistas de The Financial Times dijeron: «el motivo por el que se celebraron las elecciones de enero de 2005 fue la insistencia del ayatolá al-Sistani, que vetó tres planes de las autoridades de ocupación encabezadas por Estados Unidos para descartarlas o diluirlas». El especialista en Oriente Medio Alan Richards observa que «aunque en un principio Estados Unidos se oponía a unas elecciones tempranas en Irak, cuando el ayatolá Sistani echó a la calle a una cantidad ingente de sus seguidores para exigirlas, a Washington no le quedó más remedio que aceptar». Fue solo cuando EE.UU no podía aguantar un levantamiento chií cuando las elecciones resultaron haber sido una meta estadounidense inmediata en todo momento». -Tras la limitada soberanía que Irak consiguió con las elecciones de 2005, el ministro de defensa iraquí y su homólogo iraní anunciaron una cooperación militar transfronteriza y la ayuda iraní en el adiestramiento y mejora de las fuerzas armadas iraquíes, desplazando a los asesores estadounidenses, un giro que estos no se esperaban-.

En noviembre la insurrección yihadista se extendió por la provincia de Anbar hasta Mosul llegando a ocupar sectores de Bagdad – se cree que Colin Powell llegó a decir que en Irak había una guerra de guerrillas que EE.UU estaba perdiendo-. Al Zarqawi subió a internet un discurso en el que declaraba la guerra a las elecciones y miles de octavillas repartidas por Bagdad amenazaban con asesinar a los votantes. Las listas al Parlamento eran secretas para proteger a los candidatos, por lo que no se sabía a quien se votaba mientras un grupo de la observadores internacionales supervisarían las elecciones desde Amán.

Los partidos chiíes se juntaron en la Lista nº169, conocida como Lista Sistani porque el ayatolá había supervisado su formación defendiendo la sociedad y autoridad islámica. Los valores civiles basados en la condición humana sin importar la religión los defendió la Lista n.º285 encabezada por el médico Ayad Allawi (actual vicepresidente). Sistani gozaba de apoyos en la mayoría de Irak y sus fotos se veían en todas las calles mientras que Allaui encarnaba una sociedad laica y un gobierno corrupto, pero consiguió publicidad usando fondos públicos y fue ganando apoyo entre las minorías suníes, cristianos y profesionales cualificados.

 

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Al-Jaafari con el líder kurdo Massoud Barzani (presidente del Kurdistán iraquí 2005-2017)

La Lista nº169 obtuvo la mitad de los votos en el ámbito nacional y un tercio en las elecciones provinciales. Allaui solo consiguió un 15% a escala nacional y un tercer puesto en las provinciales. La participación fue de un 58%, en su mayoría chií y kurda; los suníes apenas representaban un 15% de la participación. Los perdedores históricos eran ahora ganadores. Al-Jaafari (de la Lista nº169) pactó con los kurdos y fue nombrado Primer Ministro de Irak.

BIBLIOGRAFÍA

-George Packer. La Puerta de los Asesinos. Ed: Debate (2016)
-Noam Chomsky. Estados Fallidos. Ed. Ediciones B (2007)
-Desperta Ferro Contemporánea n.º 10. Insurgencia en Irak

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