Como dijo Engels en 1876 en un artículo de la revista Die Neue Zeit “ni una sola mano simiesca ha construido jamás un cuchillo de piedra, por tosco que fuese”. Muchas son las armas que se merecerían una larga y tendida investigación, pero esta vez nos centraremos en la ballesta. Un arma de proyectiles muy popular incluso en la actualidad, un arma que podríamos decir que revolucionó la forma de hacer la guerra cuando llegó su momento, y, sobre todo, un arma utilizada por las clases bajas campesinas.

La historia de las armas no puede obviarse, gracias a estas se puede explicar el resultado de algunos de los hechos más trascendentes a lo largo de la Historia de la Humanidad. A día de hoy las armas causan un gran rechazo entre la sociedad, pero ello no debe alejarnos del foco de su estudio histórico. Por último, que más decir que la historia del Ser Humano está unida intrínsecamente a la fabricación de armas, ya sean para cazar el sustento o hacerse con la victoria frente a sus congéneres.

La ballesta, historia de un arma de la clase baja
Partes de una ballesta. Fuente: Google.

El origen de la ballesta en la Edad Antigua

La historia de la ballesta comienza ya en la Edad Antigua, aunque es bien cierto que su historia está ligada a Edad Media europea. A pesar de lo que se piensa de manera común, esta arma nace en la antigüedad. Aquí debemos apuntar que la ballesta no es comparable a las grandes balistas que fabricaron griegos y romanos, aunque bien es verdad que el término “ballesta” deriva de “ballista”. Las ballestas están formadas por una estructura rectangular, con un dispositivo para disparar y un arco colocado de forma horizontal. Las grandes balistas o “ballestas gigantes”, aunque utilizan un principio similar, los brazos no forman un arco compuesto sino que son independientes. Estas armas de artillería utilizan fuerza de torsión y no de tensión como los arcos y ballestas (Loades, 2018: 18).

La ballesta en China 

Dejando claro este concepto técnico podemos continuar con el relato histórico. Los hallazgos arqueológicos evidencian que la ballesta nació en China, más específicamente en el Periodo de Primavera y Otoño (776 – 476 a.C) durante la conocida Dinastía Zhou que duró cerca de 800 años. La mayor fuente para este periodo son los restos arqueológicos encontrados en diferentes zonas. Estos restos son pequeñas piezas de las cerraduras fabricadas en bronce. Los especialistas no descartan que antes de este periodo ya existieran las ballestas, puesto que estas cerraduras podrían haberse fabricado en hueso o madera (Loades, 2018: 11). El problema con este tipo de material – y es algo común en otras herramientas y armas – es que su conservación necesita unos ambientes muy especiales.

La ballesta de origen chino tiene una de sus diferencias con los modelos medievales europeos en que el arco que tenía era más largo y por lo tanto más fácil de doblar sin miedo a que se rompiera (Ibíd, 2018: 12). Como cuerda tensora se utilizaban tendones. Esta arma de proyectiles estuvo en servicio en los ejércitos chinos que no dudaron en armar con ella a cientos de campesinos y muy pronto desde esta época antigua se vio su uso militar. El primer factor que indujo a ello es que era muy fácil de aprender a manejar una ballesta. Además, otro punto importante es que a diferencia del arco no se necesitaba una gran fuerza física para tensar el resorte.

En relación a ello, no se puede obviar el tema de la alimentación de las clases populares a lo largo de la historia. Una alimentación baja en ciertas vitaminas y proteínas entorpecerá el esfuerzo bélico que pueda llegar a realizar un recluta. En China la ballesta dio la solución perfecta, no había que alimentar bien a los soldados, simplemente darles un arma que desgastara poco al combatiente. Así es como un campesino con una dieta baja en proteínas podía cargar la ballesta sin problemas apoyándola en el suelo, poniendo los pies sobre él arco y usando el peso propio para llevar hacia atrás la cuerda (Ibíd, 2018: 11).

Estas ballestas ligeras no disponían de culata por lo que no se podían llevar al hombro para apuntar. Una de las modificaciones que se realizaron a esta ballesta ligera china fue la de añadir un cordón realizado con tiras de bambú que permitían el fácil transporte del arma por el soldado.

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Replica moderna de una ballesta china simple en la que se puede observar correctamente el sistema de disparador. Fuente: Metropolitan Museum of Art

En el año 2015 en el foso nº. 1 del famoso Ejército de Terracota de Xian se halló una ballesta casi completa. El estudio para su datación confirmó que seguramente es proveniente del Periodo de los Reinos Combatientes (475 – 221 a.C). El arco y la cuerda medían aproximadamente 145 cm y 125 cm respectivamente. Junto a la misma se encontró un elemento bastante curioso. A ambos lados del arco había dos piezas de madera, conocidos como tepeliks (Loades, 2016: 27). Estas piezas se colocaban para evitar que el arco se deformara o se destensara cuando estaba siendo transportado o debía ser almacenado. En ese mismo foso se han encontrado la friolera de 288 mecanismos, lo que da a entender que eran producidos en masa en la época, por lo que la ballesta debía de ser muy común.

Este tipo de ballesta se siguió utilizando durante un periodo de tiempo bastante largo. Aquí hay una deriva entre los modelos europeos y los chinos. Estos últimos apostaron por una ballesta más simple y cada vez más fácil de fabricar. Su poder de penetración era menor, pero esta simplicidad le permitía reducir costes y tiempo de fabricación. Para aumentar su eficacia en los combates se recurrió a algo original, las flechas eran embadurnadas con diferentes tipos de veneno. El autor Mike Loades, al que he citado en los últimos párrafos, afirma que en China hubo una deriva menos sofisticada del desarrollo de la ballesta. Personalmente me parece una afirmación contradictoria, pues acto seguido habla sobre el curioso y extravagante caso que fue la ballesta de repetición china.

A parte de la ballesta ligera de la que he hablado, los estudiosos militares chinos lograron crear un modelo de ballesta revolucionario conocida como Chu ko nu. Esta era una ballesta de repetición que utilizaba un sistema de palanca para el disparo. Encima de la estructura tenía un cargador fijo donde se iban metiendo los virotes que bajaban por su propio peso y se colocaban en el canal para ser disparados actos seguidos. Los modelos tradicionales podían llevar hasta diez virotes en el cargador, aunque existieron modelos de mayor tamaño que podían llevar doce y quince virotes (Loades, 2018: 15). El tamaño del arma no varió mucho, aunque es cierto que sabe que hubo Chu ko nu con doble canal y que podían disparar dos virotes simultáneamente.

Si esto no es sofisticación para las fechas que estamos tratando, entonces un servidor duda que significa dicho término en la antigüedad. Cierto es que tras años de utilización toda innovación tiende a la obsolescencia pero eso es un hecho que no se puede evitar. Continuando con el Chu ko nu, estaba fabricado con madera de morera un árbol (el que haya tenido gusanos de seda de pequeño sabrá cuál es) muy habitual en los bosques chinos.

Esto es maravilloso, pues además de diseño ingenioso era barato de producir, al igual que el modelo de ballesta anterior. Las fuentes indican que el inventor de esta arma fue el estratega y militar chino Zhuge Liang (181 – 234 d.C). A pesar de esto, y como bien indica Mike Loades, la evidencia arqueológica se muestra contradictoria. Sobre la misma se han encontrado restos que llevan a pensar que el Chu ko nu ya se utilizaba en la parte final del Periodo de Los Reino Combatientes.

Las Zhuge nu (ballestas de repetición) eran elementos, como la ballesta simple, que formaban parte de las clases populares campesinas. A nivel bélico, la misión de esta clase de armas era la de poner en el aire una gran cantidad de proyectiles. Su eficacia a grandes distancias era nula, pero a distancias cortas era muy útil. Según la versión oficial la cadencia de tiro sería la que el tirador quisiera o pudiera, pero realmente una velocidad excesiva en el sistema de palanca crearía atascos en el cargador y una gran fricción y desgaste de la cuerda tensora. El modo más habitual sería el de movimientos rítmicos y poco bruscos. Por último, y para evitar el desgaste excesivo que hablábamos antes, los fabricantes utilizaron secciones de plumas de ganso debidamente colocadas (Ibíd, 2018).

En conclusión, la ballesta tuvo su primera aparición en la antigua China y desde este momento unió su destino con las clases bajas. Tanto es así, que los campesinos no dudaron en utilizar estas armas para el uso doméstico de su día a día, y es que actividades como la caza se beneficiaban de ello. Con el tiempo, la defensa y la guerra serían su mayor ejercicio, dejando la caza para los soberanos y las clases altas.

La ballesta en Grecia

Pocos siglos más tarde, alrededor del siglo IV a.C, en Grecia aparece también la ballesta. Aquí podemos pensar en las clásicas teorías difusionistas, que la tecnología de la ballesta fue viajando desde la lejana China hasta próximo oriente y desde ahí al corazón del Mediterráneo. Aunque hay hipótesis en este aspecto, todavía no se ha llegado a demostrar. Por el momento todo parece indicar que las ballestas europeas surgieron y se desarrollaron de manera independiente a las versiones chinas. La ballesta nació en Europa tras pasar la concepción de la balista (arma de asedio) a un arma de mano más pequeña. Por eso, y como he mencionado al comienzo, el término «ballesta» proviene de una derivación de «ballista», las armas de asedio que lanzaban grandes proyectiles.

La fuente de la ballesta en Grecia la encontramos en la obra del inventor y matemático, Herón de Alejandría. Este autor denomina a esta arma como gastraphetes. Su traducción vendría a ser como «tirador de vientre». Herón habla de que los gastraphetes sirvieron posteriormente para desarrollar el gran katapeltikon, un arma de asedio de grandes dimensiones.

La composición de las ballestas griegas es cuanto menos curiosa. La tensión de la cuerda se realiza apoyando el arma contra el suelo para que el canal, que es móvil, llegue a la posición de disparo. A ambos lados del gastraphetes hay una hilera de dientes donde el pasador se va bloqueando para que la cuerda se mantenga tensa. Una vez que ha llegado al extremo, el tirador se coloca en posición de tiro. Para esto se debe colocar la culata, en forma de “U” contra el vientre y soltar el pasador para realizar el disparo. El proyectil utilizado es una flecha larga, algo que no se repite en modelos de ballestas posteriores, sobre todo medievales que eran virotes cortos.

El arco utilizado en la ballesta griega era del tipo compuesto y según Herón el disparo tenía más energía que el de un arco convencional. Sin embargo, el gastraphetes era un arma de gran tamaño, más que el Chu ku nu chino. Se ha especulado que su utilización requeriría alguna sujeción extra. De todos modos, en las reproducciones actuales de las asociaciones de recreación histórica no hay problema alguno para disparar esta ballesta sin ningún tipo de apoyo. Por último, se puede mencionar, que en España puede verse una ballesta griega en este tipo en el Trebuchet Park (Albarracín, Teruel). A parte de lo ya comentado, poco más se sabe de esta arma, esperemos que investigaciones posteriores sobre la misma aporten más datos de interés.

La ballesta en Roma

La historia de la ballesta en Roma se pierde hasta los siglos IV y V de nuestra era. De nuevo tenemos que hacer hincapié en que nos referimos a los modelos portátiles. Ya es sabido que Roma fue en gran parte heredera de la cultura griega, no solo en aspectos civiles o culturales, sino también militares. De este traspaso los romanos adoptaron para el ejército las balistas griegas. Más tarde apareció el denominado escorpión, parecido a la balista, pero de dimensiones más pequeñas.

Pasando al tema de las ballestas, las fuentes de la época nos hablan principalmente de dos armas de estilo que eran portátiles: la arcuballista y la manuballista. Empezamos por esta última. La manuballista se podría decir a grandes rasgos que es un eslabón perdido entre las armas de asedio estilo balista y la ballesta propiamente dicha. Su diseño técnico se parece mucho al gastraphetes griego. El arma se tensa apretando el canal contra el suelo, así es como se consigue que el raíl lleve este a la posición de disparo. Es cierto que reconstrucciones modernas le han dado un sistema de torsión. Su parecido con la balista y el escorpión radica en la configuración de los brazos, estos no son un arco continuo sino que son brazos independientes. El método de disparo se realiza así pues de la misma manera que el gastraphetes griego, activando un pasador.

La fuente principal de referencia para el conocimiento de estas dos armas es la obra de Instituciones militares del autor Flavio Vegecio Renato. Continuando con la arcuballista, esta tiene el aspecto de una ballesta totalmente medievalista, es decir, moderna. Tiene una configuración parecida a la ballesta china, aunque con diferencias muy importantes. La arcuballista, por lo que se ha podido encontrar en el registro arqueológico contaba con nuez. Este elemento va a marcar la diferencia en la evolución de la ballesta europea. Se trata de una pequeña pieza de forma cilíndrica y normalmente fabricada en hueso. La nuez tiene el objetivo de atrapar la cuerda y bloquearla hasta que el ballestero active el disparador, porque la arcuballista contaba con un sistema de disparo interno.

La mención de la ballesta en los textos de Vegecio no son escasas ni mucho menos y hay sendas descripciones de la arcuballista y la manuballista. De la arcuballista dice lo siguiente:

La ballesta se arma con cuerdas hechas de nervios, y cuanto más largos tiene sus brazos, esto es, cuanto mayor sea tanto más lejos arroja los dardos. Esta máquina es excelente como esté hecha según las proporciones del arte y como la manejen hombres prácticos que conozcan hasta dónde alcanza, y rompe cuanto se la opone”. (Vegecio, IV: 77).

La descripción de la manuballista es algo intrincada. Según Vegecio:

Escorpiones en lo antiguo llamaban a los que hoy nombramos manubalistas; son unas máquinas que despiden dardos pequeños con puntas muy afiladas cuyas heridas son mortales” (Ibíd.,).

Con esto, la definición y descripción de la manuballista que hacíamos antes entra en contradicción. Los escorpiones tenían un peso y tamaño considerable, es por ello que necesitaban de un soporte para ser manejados y disparados. La manuballista, aunque tenga un aspecto muy parecido, pero por la información que da Vegecio esta debía ser obligadamente más pequeña. Puede, y digo puede, que el autor romano hiciera la comparación entre ambas máquinas debido a que la manuballista también podía dispararse desde un fuste ligero. Dejo al lector que lance su propia hipótesis sobre esto.

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Lámina de una Arcuballista romana del siglo IV d.C. El dibujo esta basado en un relieve descubierto en la Galia, en las excavaciones en la ciudad de Polignac en el Loira. Fuente: Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines (1873)

De los textos de Vegecio se extrae que este tipo de armas se utilizan en la mayoría de los casos en la defensa de fortificaciones, aunque también en el ataque a las mismas. En el aspecto defensivo el autor lo detalla muy claramente en el capítulo III del Libro III:

Las ciudades y fortalezas guardadas por tales hombres han de ser provistas también para la batalla. Se les suministrará con toda clase de armas, flechas, fustibales, hondas, piedras, onagros y ballestas para su defensa” (Ibíd., III: 41).

Sobre el uso ofensivo de las arcuballista y manuballista se puede observar muy bien en el capítulo XXI del Libro IV:

En cuanto la torre de asalto llegaba a las murallas, los honderos con piedras, los arqueros, los manubalistarios y ballesteros con flechas y en general todos los hombres con armas arrojadizas, desalojaban a los asediados de los contrafuertes; y acto seguido se alzan las escalas. (Ibíd., IV: 76).

No solo Vegecio hace alusión en la ballesta, en la obra Strategikon escrita por el emperador bizantino Mauricio I en el siglo VI se habla de esta. En el Strategikon hay un breve apunte sobre la ballesta, más específicamente se encuentra en el Libro XII, parte B, capítulo 5 titulado ‘Que armas debe llevar la infantería ligera’:

Deben llevar el arco en el hombro con un gran carjac que contiene treinta o cuarenta flechas. Deben portar pequeños escudos, y también ballestas con flechas cortas contenidas en pequeñas aljabas. Estas pueden ser disparadas a grandes distancias con arcos y causar daño al enemigo”. (Mauricio, XII: 75).

Para finalizar, la ballesta romana está de sobra documentada, aunque no se ha podido valorar en que número estaría repartida por las diferentes legiones o unidades. Seguramente estas fueran empleadas por las legiones balistarii (artillería) que el autor Amiano menciona y que también aparecen en la Notitia Dignitatum (Macdowall, 1994: 57).

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Posible reconstrucción de una «Manuballista» romana. Fuente: Classis Augusta Germanica.

El esplendor de la ballesta, la Edad Media

Los herederos del Imperio Romano de Occidente fueron a partir del año 476 una multitud de pequeños reinos fundados por caudillos (luego reyes) bárbaros que se asentaron en sus antiguos territorios. La Edad Media fue un periodo de actividad militar que llegó a una situación de gran virulencia.

Bien es cierto que en un principio los ejércitos movilizados no resultaban ser demasiado grandes en número ni en complejidad. Con el paso de los siglos esto fue evolucionando, fue a fin de cuentas un proceso gradual. En el siglo VII no había una capacidad bélica como la habría en el siglo XIV y XV con la Guerra de los Cien Años en todo su apogeo. Por el largo camino que fue la Edad Media volvió aparecer la ballesta. Su transformación durante este tiempo fue impactante en el modo de hacer la guerra. Es por ello por lo que hablo de un esplendor de la ballesta en esta época.

Reaparición de la ballesta

En décadas posteriores a la caída del Imperio Romano de Occidente la ballesta desapareció del ámbito militar al igual que otras armas. Su producción era más costosa y compleja que la del arco, por lo tanto, este último tuvo primacía sobre la ballesta. Su desaparición por supuesto no fue completa y se creé que, aunque no fue un arma habitual entre el siglo VII y IX seguramente siguieran usándose a pequeña escala. La reaparición de ballesta en los textos llega en el siglo X, específicamente se detalla su uso en dos ocasiones, en un ataque a Senlis (947) y en otro a Verdún (985), localidades que se encuentran en la actual Francia. La fuente de esto es la obra Historia del escritor eclesiástico francés Richer de Reims (Payne-Gallwey, 1903: 44).

Ballestero recargando una temprana ballesta medieval. Esta todavía no esta equipada con el «estribo» que permitía una recarga más rápida. Fuente: Google.

Richer de Reims escribe respecto al ataque a Senlis del año 947:

El rey Louis [Se refiere a Louis IV de Francia], con un ejército de Bélgica, ingresa en el territorio del duque en el 947. Primero ataca la ciudad de Senlis…donde hay muchos heridos en ambos contendientes. Pero los belgas, fueron atacados enérgicamente por los ballesteros de la ciudad, y no pudieron resistir… así que por orden del rey salen de esa ciudad, no solo por la razón de los ballesteros, sino también por la fuerza de las torres” (Cit. en Ibíd.,).

Sobre el ataque a Verdún del año 985:

Y aquí Lotario [Se refiere a Lotario de Francia], con 10.000 hombres, se dirigió a Verdún, en el 985. Los arqueros se enfrentaron al enemigo, y las flechas que se descargaron, y los virotes de las ballestas, se movían tan densamente en el aire, que parecían estar cayendo del cielo y saliendo de la tierra”. (Cit. en Ibíd.,).

Sin embargo, aunque en la crónica de Richer de Reims la ballesta aparece como un arma que se utiliza junto al arco, en Europa todavía tardó un siglo más en adquirir su fama. Su aparición en los escenarios bélicos europeos se produjo aproximadamente en el paso del siglo XI al XII (García, 1993: 314), generalizándose sobre todo en el siglo XIII. Ejemplo de ello es la conquista normanda de Inglaterra entre el 1066 y el 1075, donde las huestes inglesas no utilizaron ni una sola ballesta en sus ejércitos. No obstante, la ballesta utilizada durante estos primeros siglos que forman la Alta Edad Media no tuvo apenas modificaciones en el arma utilizándose la que se había heredado de Roma con nuez y disparador.

Evolución de la ballesta medieval 

Como ya hemos adelantado antes, la ballesta de las primeras etapas medievales era en líneas generales igual que la diseñada en época romana. Esto siguió siendo así hasta que con el tiempo aparecieron diseños más robustos y con más potencia, y por ende más letales. Los primeros modelos no necesitaban mucha fuerza para tensar la cuerda. La romana se podía tensar ejerciendo fuerza contra el vientre. Ya en la Alta Edad Media lo corriente era colocar la ballesta en el suelo y pisando con ambos pies el arco estirar hacia arriba. Este método era algo incómodo para el tirador, es por ello por lo que con el tiempo y durante el siglo XII apareció el estribo (Loades, 2018: 40). El estribo estaría unido a la ballesta de por vida. El mismo era una pieza que se añadía en el extremo final de la cureña y el canal.

Ballesta siendo recargada por medio del «estribo». El usuario se servía ya solo de una pierna en vez de la dos que se utilizaban antiguamente. Fuente: Medieval Museum

La denominada «ballesta de estribo» fue la más extensamente utilizada desde el siglo XII al XVI (García, 1993: 316), cuando despareció de los campos de batalla europeos. La ballesta de estribo tuvo dentro de sí misma cambios importantes. Con su aparición en vez de utilizar ya los dos pies bastaba con usar uno solo. Pero pronto esto no fue suficiente. La mejora de las cuerdas y el arco necesitó de una fuerza mayor para alcanzar el grado óptimo de tensión. Por esto se generalizó el uso de la llamada gafa. Esta pieza complementaria era una especie de gancho que se colocaba encima de la cureña y permitía recargar el arma más rápidamente. Los ballesteros solían llevarlo en la cintura.

Los arcos más comunes estaban fabricados en madera, pero en un momento no determinado de la Baja Edad Media apareció la «ballesta de torno». Este modelo de ballesta tenía un tamaño mayor que su antecesora y su gran característica era que tenía el arco fabricado en metal. Esto producía que la cuerda necesitara una fuerza mayor para alcanzar la posición de disparo. Para esto se inventó el torno que da nombre a este diseño. El mismo era un conjunto de cuerdas, poleas y manivelas que colocadas en la ballesta permitían recargar el arma sin apenas esfuerzo, aunque de manera lenta. En la obra Diccionario de Sebastián de Covarrubias se habla de la misma:

“…avia otras ballestas que se armaban con torno; estas arrojavan saetas muy gruesas y hazian con ellas mucho daño; agora ya sirven tan solamente para la caça…” (Cit. en Ibíd.,).

La potencia de estas armas no fue aumentando de manera arbitraria, tuvo evolución lógica. En los primeros momentos y con soldados poco protegidos, los proyectiles podían atravesar sus ligeras armaduras. Para defenderse de los virotes, los caballeros junto a los herreros fueron produciendo armaduras cada vez más gruesas y pesadas. Cuando en el siglo XIV y XV llegó la edad dorada de las armaduras que podían soportar disparos de ballestas los países introdujeron las armas de fuego. En resumen, ballesta y armadura siguieron el camino típico de la carrera de armamentos que llega hasta hoy día. Unos intentan atravesar la defensa y otros parar el ataque.

La ballesta, historia de un arma de la clase baja
Ballestero recargando una «Ballesta de torno», también conocida como «Arbalesta». Fuente: Militaer Wissen

Hoy día y gracias a la arqueología experimental se puede tener una idea más cercana del poder que tenía la ballesta y por ende de que armaduras podían lograr detener uno de sus temidos disparos. Hay numerosos vídeos en la plataforma Youtube sobre ello. De todos modos, hay que tener un cierto cuidado. Las pruebas son realizadas sobre objetos inmóviles y las armaduras no están debidamente colocadas.

Como más de un usuario se ha dado cuenta, la fuerza de penetración no es igual en un objeto que no opone resistencia que en otro que sí y que además avanza hacia ti. Igualmente, incluso teniendo esto en cuenta las saetas de los disparos logran producir pequeñas penetraciones en las protecciones de acero. Como decimos, cuando las planchas de acero recubrieron por todas partes a la caballería pesada, la ballesta se fue dejando de lado por las primeras versiones de arcabuz que si lograban penetrar esas magníficas defensas.

Diferentes proyectiles de ballesta. El A es el proyectil corriente, el conocido «cuadrillo». B y C eran utilizados para perforar cotas de malla. El D era un cuadrillo que quedaba introducido dentro del cuerpo al desprenderse el astil. El E era utilizado contra enemigos mal equipados y su extracción era imposible. El F era una flecha incendiaria. Fuente: El Amo del Castillo.

A parte de competir con las armaduras, las ballestas se las tuvieron que ver con otro enemigo: el arco largo galés. El arco largo galés, también llamado inglés, tenía una longitud de casi dos metros y podía lanzar largas flechas a cientos de metros de distancia. El arco largo era de una fabricación barata y miles de ellos se podían producir en años. No obstante, el problema que tiene es el entrenamiento que se necesita para saber utilizarlo adecuadamente. El entrenamiento, para que nos hagamos una idea, comenzaba en una edad temprana del individuo (Green, 2016: 17). Durante la Guerra de los Cien Años, Francia apostó por los ballesteros, mientras que Inglaterra apostó por este tipo de arqueros. Inglaterra integró en sus ejércitos una gran cantidad de arcos largos, tantos que respecto a otro tipo de soldados estaban entre tres y cuatro a uno, a veces incluso cinco (Ibíd.,).

Aunque es cierto que, por cada tres dardos disparados por el ballestero, el arquero podía lanzar más de veinte flechas (Ibíd.), por lo general la ballesta seguía siendo un elemento muy útil en los asedios y en las batallas navales. La cadencia de disparo siempre fue el hándicap de la ballesta, pero en el siglo XV, y como hemos visto, las nuevas ballestas ya superaron al arco inglés. Del mismo modo, una ballesta permitía disparar tumbado, de rodillas o agachado y no necesitaba apenas entrenamiento para acertar en el blanco.

«Gafa» o «Pata de cabra» utilizada para recargar las ballestas.

Campesinos y caballeros

Al principio de este artículo, cuando se hablaba de China, se dijo que la ballesta era un arma de las clases bajas y populares. En Grecia y Roma igual y en la Edad Media todavía más. Hasta ahora en gran parte del recorrido no hemos hecho alusión a esta cuestión, pero ello no quiere decir que sea menos importante o secundario. La ballesta se podría afirmar que fue una de las primeras armas en la Historia que han suscitado un debate “internacional” entre todos los estados existentes entonces. Podemos hacer una comparativa, salvando las distancias, con lo que se ha producido en la actualidad con las armas nucleares; aunque claramente el poder de destrucción de ambas no tiene comparación ninguna. Pero sí tiene comparación el hecho de que han formado alrededor de ellas un manto ideológico y polémico sobre su utilización en los campos de batalla.

Ya se ha dicho que un ballestero apenas necesitaba entrenamiento para lograr conseguir un disparo certero y mortal en un objetivo. Los ballesteros no provenían ni mucho menos de las castas nobles o caballerescas, eran soldados que salían directamente del campesinado, vamos, algo corriente en la época que la mayor parte del ejército saliera de allí. La caballería pesada, aunque era el eje central, siempre fue una minoría. La ballesta, y por ende los ballesteros, trajeron al campo de batalla una nueva concepción de la guerra. Un campesino podía acabar con la vida de un señor o caballero que había sido entrenado durante años para el enfrentamiento. Este punto es clave.

Campesino ballestero entrenando con su preciada arma. Fuente: Österreichische Nationalbibliothek Inventarnummer: Cod. Nr. 3049.

En el año 1139 la nueva violencia creada por la ballesta recibió una respuesta desde el mismísimo Papa Inocencio II. En dicha fecha se celebró lo que se ha conocido como II Concilio de Letrán. En el decreto nº 29 se declaró que:

Prohibimos que en lo sucesivo se recurra a la destreza mortífera de los ballesteros y de los arqueros en contra de los cristianos y católicos” (Cit. en García, 1993: 315)

Respecto a esta prohibición también hay otro buen ejemplo más tardío escrito en las Leyes Nuevas de Fernando IV en Burgos, en el año 1308:

Otrosí tengo a bien e mando que todo ome que en la mi corte sacare ballesta a pelea, que lo maten por ello, o a qualesquier que contra estas cosas pasaren que el mio alguacil e lo mios adelantados e los mios merinos e los otros aportellados de la mia tierra que lo maten por ello do quier lo fallaren” (Cit. en Ibíd.,).

Esto nos da pruebas de que el uso de la ballesta fue un verdadero dilema en los campos de batalla medievales. Sin embargo, hay que mirar con cierta perspectiva estos decretos, sobre todo el primero. El Papa Inocencio II también pretendía con la promulgación de este edicto limitar la guerra y las luchas entre los señores feudales. Cosa que al final se consiguió en cierta medida al organizarse las cruzadas y lanzar esa tensión violenta fuera de Europa.

Aunque una ballesta manejada por campesino podía acabar con la vida de un señor feudal, al final el poder de esta arma fue más beneficioso que la ideología caballeresca. Es por ello que se siguió utilizando. Los hombres dedicados a la guerra no iban a perder la oportunidad de utilizar una herramienta que era tan barata y daba tan buen resultado. Al fin al cabo, el caballero o señor debía darle igual el tema si el “virotazo” se lo llevaba el caballero o el señor enemigo.

Cráneo de un caballero italiano del siglo XIV. El soldado cayó muerto tras recibir un saetazo que le seccionó dos piezas dentales y se le clavó en las cervicales. La muerte fue instantánea. Las heridas producidas por los virotes de ballesta eran realmente letales. Fuente: El Amo del Castillo.

Otra muestra más de que la ballesta al final superó las reticencias de la clase noble y monarcas fue el trato recibido a los hombres que las utilizaban. Los ballesteros fueron cada vez mejor considerados por sus señores o por quienes contrataban sus servicios como mercenarios. No fueron pocos los monarcas que les dieron privilegios o recompensas. Sin ir más lejos Felipe II de Francia los enriqueció considerablemente, les brindó sus servicios con buenos pagos, tierras y títulos (Loades, 2018: 63). En otros lugares los jefes de ballesteros estaban un paso anterior al estatus de caballero. Esto da buena cuenta de que tan importantes eran en las batallas.

Por último y para acabar, el legado de esto se puede ver en la actualidad en los apellidos. El término «ballestero» fue aceptado como apellido para las personas que se dedicaban a utilizar esta arma. Actualmente es un apellido muy extendido por España y Reino Unido.

La ballesta en la Plena y Baja Edad Media

El uso general de estas parece ser que comenzó con las cruzadas en Tierra Santa. En estos primeros momentos de resurgimiento de la ballesta era utilizada de igual forma que los griegos y romanos, en la defensa de ciudades y asedios. A partir del siglo XII, ya en época de la Tercera Cruzada, los ballesteros eran utilizados en compañías en los campos de batalla. Para detallar su uso en la Plena y la Baja Edad Media daré a conocer una victoria y una derrota de esta arma. Jafa en el año 1192 y Crécy en el año 1346. (Sobre la guerra en la baja Edad Media)

Hacia el final del siglo XII y sobre todo en el siglo XIII, los ballesteros son una de las unidades estrella de los ejércitos cruzados. Durante la Quinta Cruzada (1217-21) los esfuerzos en enviar ballesteros se repitieron. En esta campaña participaron unos 4.000 ballesteros. Luis IX de Francia se llevó consigo a 5.000 ballesteros a Egipto durante la Séptima Cruzada (1248-54). La ballesta se fue creando en este siglo la fama que ha llegado hasta la actualidad.

La ballesta, historia de un arma de la clase baja
Unidad de ballesteros castellanos durante la batalla de La Higueruela (1431). Fuente: Frescos de San Lorenzo del Escorial.

Todos los monarcas de la Europa de entonces valoraban y tenían en alta estima a los hombres que sabían utilizar este tipo de armas. Enrique III de Inglaterra también utilizó ballesteros. Aunque en este territorio el predominio lo tenía el arco largo, la ballesta era una máquina que no se podía desechar. Es por esto por lo que el rey inglés contrató los servicios de numerosos mercenarios entre los que se encontraban castellanos, portugueses, gascones (con preferencia) e italianos (Ibíd., 2018: 64).

Para ver el potencial de la ballesta medieval en un campo de batalla nos debemos trasladar al ejemplo paradigmático que fue la batalla de Jafa librada el 5 de agosto del año 1192 durante la Tercera Cruzada. Allí el gran gobernante musulmán que fue Saladino se enfrentó a los cruzados dirigidos por Ricardo I de Inglaterra, más conocido como Ricardo Corazón de León. Saladino había conseguido poner sitio a Jafa e invadir gran parte de la urbe. Los últimos defensores se refugiaron en la ciudadela, donde lograron pedir ayuda a Ricardo. El caudillo inglés desembarcó con la misión de romper el cerco y liberar la ciudad. Allí, a las afueras de Jafa, Saladino lanzó a 7.000 jinetes ligeros y arqueros a caballo a destrozar a los poco más de 2.000 hombres que pudo llevar Ricardo I. Entre el ejército cruzado había muchos ballesteros.

Estos, y después de crear una barrera de picas gracias a los lanceros, comenzaron a disparar virotes sin descanso. Se formaron dos hileras de hombres, mientras unos disparaban sus armas otros se encargaban de recargarlas (Ibíd., 2018: 65). Así es como se consiguió una cadencia de disparo muy alta que no permitía acercarse a la caballería enemiga. Tras varios intentos, Saladino se dio por vencido y ordenó la retirada. En este momento Ricardo contraatacó con sus tropas y venció. Ambos líderes firmaron una tregua, con lo que la Tercera Cruzada dio a su fin. La letalidad de la ballesta queda demostrada con este pequeño ejemplo, aunque al ser un arma con un arco histórico tan grande hay muchos ejemplos más. (Sobre la guerra en las Cruzadas)

Hacia el siglo XIV y XV esta era un arma más que corriente y de uso normalizado. Si hemos  hablado de la gran victoria que fue Jafa para la ballesta, hay que hablar de una importante derrota de esta en Crécy en el año 1346. En este campo de batalla los ballesteros genoveses contratados por Felipe VI de Francia se enfrentaron por primera vez a los arqueros largos ingleses de Eduardo III. El enfrentamiento que se sobrevino entre ambas unidades de proyectiles fue un auténtico caos para los ballesteros. Durante estos dos últimos siglos de la Edad Media, los ballesteros (sobre todo los de origen italiano) utilizaban una nueva herramienta, el escudo pavés.

Ballesteros franceses durante la batalla de Crécy (1346). En el mismo se puede ver a un ballestero recargando su arma con un torno. Fuente: Crónicas de Froissart.

El pavés era un escudo de gran tamaño y con refuerzos que tenía una espiga que lo permitía anclarse en el suelo. Los ballesteros genoveses solían colocarlo como protección para poder recargar sus armas a cubierto de los proyectiles enemigos. En Crécy, los ballesteros fueron enviados sin sus paveses, primer error. Cuando estaban avanzando por el campo, los arqueros ingleses estaban ocultos en un bosque cercano. Antes del enfrentamiento comenzó a llover. No se ha detallado antes, pero la lluvia mojaba las cuerdas de arcos y ballestas impidiendo que se pudieran tensar. El autor Jean de Venette habló de esto en 1360:

Sin embargo, mientras nuestros franceses se estaban preparando para la batalla, ¡Contemplad!, una repentina lluvia cayó desde el cielo. (…) La lluvia cayó desde el cielo sobre las cuerdas de las ballestas de los genoveses que habían venido en ayuda de los franceses, de tal manera que las tensó. Y cuando estos iban a tensar sus ballestas contra los ingleses, debido a la humedad sus cuerdas estaban enmarañadas y encogidas” (Cit. en DeVries, 2015: 22).

Los ballesteros genoveses no pudieron esconder sus cuerdas de la lluvia debido a que no tenían herramientas para hacerlo, en cambio, los arqueros ingleses desmontaron las propias y las guardaron debajo de sus gorros. Una vez pasado el chubasco volvieron a poner a punto sus arcos largos. (Ibíd., 2015: 23). Los arqueros largos escondidos descargaron sus flechas los genoveses, que poco más pudieron hacer. El descalabro fue total al no poder responder a los disparos.

Los genoveses eran incapaces de disparar, ya que no podían cargar sus ballestas. Había habido un chaparrón, y la tierra estaba húmeda, así que cuando los genoveses intentaban cargas sus armas poniendo un pie en el estribo, el pie resbalaba y no podían plantarlas en el suelo” (Cit. en Ibíd.,).

Al verse sin posibilidad de vencer y sufriendo muchas bajas, los ballesteros lanzaron sus armas al suelo y comenzaron a huir hacia su propio ejército. Allí estaban los hombres de armas del monarca francés, la caballería pesada, la flor y nata del ejército galo. Estos al ver que los genoveses se retiraban comenzaron a cargar y muchos de sus hombres propios cayeron bajo las patas de los caballos. Fueron considerados traidores por haberse retirado, aunque a la culpa del tiempo se le añade la ineficiencia táctica del gobernante francés por enviar a sus hombres sin el material correspondiente.

A pesar de todo, ya se ha visto que la ballesta consiguió superar al arco largo en las etapas finales medievales. La Guerra de los Cien Años vio la introducción de las primeras armas de pólvora negra. Eran más costosas de producir y más lentas que recargar que la propia ballesta, pero tenían mayor potencia de penetración. Entre 1450 y 1525 entramos en lo que se podía denominar «el ocaso de la ballesta», donde finalmente fue sustituida por cañones de mano primero y arcabuces después, tema que trataremos en último lugar.

El ocaso de la ballesta, la Edad Moderna

La llegada de las armas de pólvora fue poco a poco desplazando a las armas que utilizaban saetas. El arco fue el primero en dejar de utilizarse en Europa, seguido muy de cerca de la ballesta. A comienzos del siglo XVI las armas de fuego portátiles habían mejorado considerablemente desde los primeros «cañones de mano». Para fechas tempranas como 1503 ya existía la conocida «espingardas» y el «arcabuz». La ballesta consiguió, debido a su potencia letal, sobrevivir algunos años entre estas dos armas de nueva generación. El arma de virotes se utilizó en la Edad Moderna en dos ocasiones más, las guerras de Italia dirigidas por el conocido Gran Capitán y en la Conquista de América.

Las guerras italianas del «Gran Capitán» 1494-1504

Las campañas que llevó a cabo Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia en nombre de sus majestades de España son de sobra conocidas y no necesitan presentación. Es por esto por lo que no nos centraremos en un desarrollo de las mismas. Pero si nos centraremos en las armas que llevaron sus ejércitos, y aquí es donde entra de nuevo la ballesta.

Los ejércitos de comienzos de la Edad Moderna tienen un interés muy especial en el autor de este artículo. Son ejércitos que tienen tanto aspectos medievales como de la época en la que se encontraban. Hombres de armas acorazados mezclados entre hombres en camisola y arcabuz. Los ejércitos que el Gran Capitán dirigió en Italia eran prueba fehaciente de esto último. Entre ellos se encontraban todavía los ballesteros. Estos en fechas tan tardías como 1496-97 eran predominantes. Pero, en menos de diez años los espingarderos pasan de ser un subgrupo dentro de las unidades de proyectiles a formar junto a los piqueros una de las dos especialidades de infantería (Albi, 2017: 2).

Gonzalo Fernández de Córdoba fue uno de los causantes directos de que la infantería hispánica se modernizara con armas de fuego. La espingarda y el arcabuz mencionados anteriormente eran unas armas que disponían de cañón, disparador y caja. Su recarga era lenta, y los soldados que los utilizaban eran tratados como técnicos. Había que introducir la pólvora y la “pelota” en el cañón, asentarlo todo con una baqueta, preparar el serpentín con la mecha encendida y efectuar el disparo intentando apuntar lo mejor posible. Quizá su precisión y cadencia de disparo no fueran las mejores, pero un objetivo alcanzado a corta distancia podía darse por eliminado.

Soldados integrados en el ejército de los Reyes Católicos hacia 1504. De izquierda a derecha: un escopetero, un tamborilero y un ballestero. Fuente: The Vinkhuijzen collection of military uniforms (1910).

Volviendo a la ballesta, en Italia las compañías de 250 hombres tenían que tener de media 50 ballesteros (Martín, 2000: 14). En los combates estos eran utilizados mezclados con arcabuceros, espingarderos y escopeteros. Según fue pasando el tiempo, estos 50 hombres fueron sustituidos en su mayor parte por soldados que utilizaban armas de fuego. Hay que destacar que estos cambios de ballestas por armas de fuego no fueron en todos los lados iguales. Francia hacia el año 1523 continuaba sin utilizar arcabuceros, y solo los introduciría dos años más tarde tras el descalabro de Pavía ante las huestes españolas (Albi, 2017: 2).

La superioridad de las armas de fuego de nuevo diseño frente a la ballesta quedó clara en el campo de batalla de Ceriñola el 28 de abril de 1503. Los espingarderos castellanos masacraron a dos unidades de gendarmes franceses y a un cuadro de piqueros suizos. Esta fue la primera ocasión en la que una infantería provista de esta clase de armas vencía a sendas unidades que tenían un carácter de élite. (De Mesa, 2016: 23). Los espingarderos y arcabuceros del Gran Capitán llevaron a cabo esto protegiéndose detrás de un foso y de unidades de lansquenetes alemanes armados con picas.

Es por esto que a partir de 1530 aproximadamente la ballesta desparece a pasos agigantados del escenario europeo. Desparece claro está en los ejércitos, pues la misma será muy preciada como arma de caza para la nobleza y la realeza. El siglo XVI sería el siglo del arcabuz, sustituido luego a su vez por el mosquete.

La conquista de América 1518-1570

La conquista de América por parte de los castellanos dio a la ballesta una relevancia que no volvería a tener nunca más en la historia militar moderna, pues su tiempo había pasado. Las expediciones de Cortés y Pizarro llevaron consigo una buena cantidad de ballesteros entre sus filas. En la conquista de México por parte de Cortés las mismas eran las armas de proyectiles más comunes entre sus soldados, superando ampliamente al arcabuz que Europa ya estaba adoptado con cierto uso regular. El enemigo con el que combatió Hernán Cortés no estaba acorazado, por lo que eso potenció la efectividad de los virotes de estas armas.

Los soldados del imperio azteca eran aguerridos y buenos combatientes, pero tuvieron la mala suerte de enfrentarse a un pueblo con unos recursos tecnológicos y militares superiores. La protección de estos guerreros se basaba en armaduras fabricadas en algodón endurecido en salmuera denominadas Ichcahuipilli. A esto se le añadía unos pequeños escudos de madera decorados que eran conocidos como Chimalli. Eran protecciones de calidad, pero estaban diseñados para resistir los golpes y penetraciones de armas fabricadas en obsidiana. Los aztecas conocían el metal, pero no era utilizado en el armamento, sino en sus adornos íntimos personales.

Las armaduras y escudos aztecas no podían en cambio resistir una saeta lanzada desde una ballesta. La punta de los pernos fabricada en materiales metálicos podía atravesar con facilidad este tipo de protecciones. Los ballesteros castellanos tuvieron una mayor incidencia que los arcabuces en la conquista de México debido a que una vez acabadas las existencias de virotes se podían fabricar más con materia prima encontrada en aquellas latitudes (Martín, 2001). Los arcabuces necesitaban de pólvora y munición de plomo, algo que por aquel entonces debía ser importado de Europa.

Conquistadores españoles utilizan arcabuces y ballestas para defenderse de un ataque mexica. Fuente: Códice Durán (1587).

Normalmente los ballesteros castellanos buscaban los objetivos de mayor rango en los combates (Ibíd.,). Los aztecas, una vez eliminado su principal jefe se dispersaban. Es de este modo por el cual un virote de ballesta disparado de forma precisa podía ahorrar una escaramuza o una batalla. El problema seguía siendo su lenta cadencia de tiro. Además, a esto se añadía que muchas veces los aztecas danzaban y se movían rápidamente, lo que dificultaba el disparar certeramente (Hoffmeyer, 1986: 25). Para tener una cadencia de disparo superior se ideó una técnica muy curiosa. Se necesitaban tres hombres y dos ballestas. Uno de ellos se encargaba de tensar, otro de introducir el proyectil y otro de disparar. Así es como se conseguía lanzar pernos uno tras otro sin descanso (Ibíd.,).

Francisco Pizarro también llevó consigo una cantidad considerable de ballesteros. En algunas crónicas escritas en época de la conquista del Imperio Inca se cita la utilización de la ballesta, aunque en otras fuentes esta no se menciona. El cronista y soldado Pedro Pizarro en su obra Relación del descubrimiento y conquista de los reinos de Perú menciona que en la lucha contra Almagro había una pequeña cantidad de estas armas (Espino, 2019: XXX). Por último, el también cronista y soldado Cieza de León hablaba así del equipo de las expediciones castellanas al mundo incaico:

La infantería estaba compuesta por hombres hábiles, bien defendidos con sus rodelas de madera y, jubones fuertes colchados de algodón y unas espadas muy agudas que cortan por ambas partes (…); y otros traen ballestas que tiran lejos, que de cada saetada matan un hombre”. (Cit. en Espino, 2019: XXXI).

Finalmente, la ballesta en América va a ser utilizada hasta la década de 1570, cuando al fin parece que se sustituye por armas de fuego completamente (Espino, 2019: XXX). Para estas fechas tan tardías ya había demostrado su poder a lo largo y ancho del mundo sobradamente.

La ballesta en África y América

Este apartado servirá como epílogo del artículo. La ballesta a parte de estar presente en Europa y Asia también tuvo su importancia en África y América. Estos dos casos son interesantes debido a que la ballesta llegó a ambos lugares a través de la influencia de los conquistadores que llegaban desde Europa. Es decir, hasta la llegada del “hombre blanco” las civilizaciones presentes en estos continentes no conocían la ballesta como la conocemos actualmente.

En África las ballestas se desarrollaron como armas muy ligeras, más de lo común, con una longitud parecida. Estaban fabricadas en madera y disparaban pequeños dardos. Su uso principal era la caza. No se sabe exactamente cuando llegó la ballesta a África, pero tuvo que ser durante los siglos XV o XVI. En este continente, a la ballesta se la conoce como Nayin y Mban. Actualmente algunas tribus de Yoruba y Mandingo (Nigeria), y también los pigmeos del sur de Camerún, utilizan estas armas para la caza, como en tiempos remotos.

En América al igual que en África, la ballesta fue utilizada por algunas tribus para las actividades de cinegética. Aunque bien es verdad que algunas tribus pudieron utilizar la ballesta en tiempos de guerra cuando las armas de fuego aún no se habían estandarizado en el continente americano. En América habría dos zonas donde se utilizaría la ballesta, el sur de los actuales Estados Unidos y el norte más extremo de América del Norte. En este último caso, la tribu de los inuit utilizaba la ballesta desde tiempos inmemoriales para la caza.

A la derecha, cazador pigmeo con una ballesta. Fuente: www.luisdevin.com

Conclusiones

Hemos llegado a la parte final de nuestro gran recorrido por la historia de la ballesta. Las conclusiones que podemos sacar después de lo expuesto son diversas. La primera de ellas es que se puede desmentir que la ballesta sea un arma de origen medieval, al contrario, sus primeras apariciones se encuentran ya en la Edad Antigua. Desde China pasando por Grecia y terminando en Roma.

Hay que eliminar de uno mismo el sentimiento etnocentrista. La antigua China es el ejemplo perfecto de que la ballesta fue utilizada en la Edad Antigua a niveles no vistos en otras partes del globo hasta la mencionada Edad Media. Los emperadores y caudillos chinos equiparon a las clases bajas con esta clase de armas que permitían disparos certeros, letales y sin apenas esfuerzo. Luego en Roma surgió la ballesta tal y como la conocemos actualmente, con disparador y nuez, por lo tanto, la ballesta medieval deriva de esta y no es una creación de propia de dicho tiempo.

La segunda conclusión es que durante la Edad Media la ballesta creó una revolución militar que trastocó todos los estamentos. La ballesta hizo saltar el debate sobre su utilización entre las élites de entonces. Además, esta arma creo una carrera de armamentos en el que esta cada vez tenía más potencia y las armaduras eran cada vez más robustas. De nuevo, en los ejércitos medievales las ballestas fueron utilizadas por las clases campesinas. Puede que socialmente un campesino nunca pudiera competir contra un señor, pero en un campo de batalla un ballestero campesino podía enfrentarse al mismo y vencerle sin recibir un rasguño. Con esto pretendo afirmar que la ballesta en cierta manera homogeneizó la guerra medieval y permitió que las diferencias de clase no se notaran.

Tercera y última conclusión, la ballesta superó su rango temporal. Aunque desapareció de los escenarios bélicos de Europa y América a lo largo del siglo XVI, la ballesta continuó siendo utilizada en China durante largo tiempo debido al retraso militar endémico. El fortalecimiento de las armaduras hizo que perdiera efectividad en el campo de batalla, pero esta fue sustituida por las emergentes armas de fuego. La ballesta llegó después de todo a su punto culmen de evolución y capacidad máxima.

En África quedan todavía hoy día tribus que utilizan esta arma. Y finalmente, tras la llegada de los nuevos materiales como la fibra de carbono (entre otros), las ballestas se han vuelto a utilizar en el ámbito militar. Algunas unidades especiales de los ejércitos del mundo utilizan ballestas más ligeras y más potentes que las usadas en épocas medievales. En definitiva, la ballesta no despareció del todo desde que se inventara en la antigüedad, aunque haya perdido esa clasificación como arma de la clase baja.

«Aaah… La ballesta, una elegante máquina de matar, la Bender del siglo XV». Fuente: Futurama (FOX).

Bibliografía

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Recursos web:

 

 

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