La Historia ha sido muy injusta con muchos personajes a los cuales se les desvirtúa de gran manera y sin duda, uno de los que más han sufrido este fenómeno es Juana I de Castilla, conocida mundialmente como Juana la Loca. Es curioso como en diferentes artículos divulgativos que tratan o enlistan los reinados más largos de nuestro territorio, estos siempre estén encabezados por Felipe V, que reinó 6 años menos que Juana I, y ella no es ni mencionada.

Juana I de Castilla Juana de Castilla (Master of Affligem, hacia 1500. Museo Nacional de Escultura, Valladolid)

Juana de Castilla (6 de noviembre de 1479, Toledo – 12 de abril de 1555, Tordesillas) es un de los personajes más intrigantes y ambiguos que existen en la historia de España. A lo largo de los siglos, se la ha considerado enajenada por el amor que sentía por su marido, una marioneta política a expensas de los deseos de su padre, su marido y su hijo Carlos o, recientemente, una protofeminista oprimida por no encajar en el rol que se esperaba de ella.

La infanta Juana accedió al trono castellano tras la muerte de su madre Isabel I en 1504 y al trono aragonés en 1516, tras la muerte de su padre, Fernando II, convirtiendo en realidad la aspiración de sus padres de la unión de ambas coronas, aunque solo fuera eso mismo, una unión dinástica.

Entre su ascenso al trono y su muerte, pasaron 51 años que fueron de especial importancia para el avance en las concepciones del hombre y del mundo que hasta entonces se tenían. Siendo ella niña, sus padres habían conseguido reconquistar el reino de Granada, habían expulsado a los judíos y habían conseguido llegar a América, pero durante sus años de madurez sucedieron eventos tales como la expansión de la dominación sobre el Nuevo Mundo, el surgimiento de nuevas ramificaciones del cristianismo y, sobre todo, se consolidó un sistema político y cultural que fue el germen del actual sistema.

Juana pudo, como demostró durante los años que estuvo libre, haber sido capaz de seguir el ejemplo de su madre y convertirse en una gran reina, papel para el que estaba preparando aun sin haber sido educada para ello, que estuviera en el centro cultural del Renacimiento durante los 51 años que duró su reinado y haber educado como rey al futuro Emperador, ya que Carlos hubiera optado a suceder a su abuelo Maximiliano I de igual manera.

Sin embargo, la Historia le tenía reservada a Juana I otro cruel destino, ya que pasó esos 51 años encerrada en Tordesillas, lejos de todos sus seres queridos, engañada y utilizada por ellos y muy maltratada por la Historia hasta que su imagen ha sido revisada muchos siglos después.

La leyenda de Juana I

Su nacimiento en 1479, junto con los de sus hermanas María y Catalina, vino a servir de pieza en el juego político que sus padres, Isabel y Fernando, ya que la sucesión se encontraba asegurada con sus hermanos mayores, Isabel y Juan (LARDERO, 2006:17).

Las ocupaciones de sus padres, que se encontraban centrados en la reconquista de Granada, mantuvieron la familia alejada durante su infancia, porque ambos monarcas alejaron a sus hijos de la línea de batalla; incluso entre los hermanos había distancia, ya que Juan era educado de manera especial por ser el heredero e Isabel era muy mayor para ser educada junto con sus tres hermanas menores. De esta manera, sus primeros años se vida fueron ciertamente solitarios y dedicados en profundidad a su educación.

Infanta Juana de Castilla Retrato de Juana la Loca (Juan de Flandes, 1496-1500. Museo de Historia del Arte, Viena)

Siendo la tercera en la línea sucesoria se consideraba bastante remota la idea de que pudiera acceder al trono y, por lo tanto, poco se conoce de los detalles de su vida hasta la firma de su compromiso nupcial con Felipe de Austria. Sin embargo, gracias a distintos documentos que se han conservado, se han conocido los nombres de algunos de sus preceptores, entre los que se encuentran el dominico Andrés de Miranda, Alexandro Geraldino, quien fue tutor de sus hermanas María y Catalina, y la afamada Beatriz Galindo, La Latina, preceptora de su madre en latín. Juana fue instruida no solo en los aspectos tradicionales, ya que no se descuidó su formación artística y tampoco su formación política, en la cual su madre se implicó en primera persona, buscando otorgarle a su hija capacidades suficientes para desenvolverse en una Corte ajena cuando contrajera matrimonio (SAMPER, 2016: 41).

Desde 1490, Isabel y Fernando comenzaron a mover sus alianzas europeas para concertar un doble matrimonio entre sus hijos Juan y Juana y los archiduques de Flandes, Margarita y Felipe, con el objetivo de aislar a Francia de la política del continente, pero estos acuerdos no tuvieron éxito hasta finales de 1494 (FERNÁNDEZ, 1994, 48), terminando las negociaciones el 5 de noviembre de 1495 con la firma de los contratos matrimoniales.

La boda se celebró por poderes y Juana se convirtió en archiduquesa de Austria y duquesa de Borgoña sin haber conocido a su marido. Desde aquel momento, la reina Isabel se implicó en la preparación del viaje de su hija hacia Flandes, una travesía complicada a la que se debe añadir el conflicto armado que se mantenía con Francia; se preparó a un gran grupo de sirvientes que la acompañaran, así como numerosos y lujosos enseres que elevaran su imagen pública. En agosto de 1496 Juana comenzó su camino hacia Laredo, de donde partiría la expedición hacia Flandes, acompañada de su madre y sus hermanos.

Las crónicas de Lorenzo Padilla fechan el inicio de la travesía tormentosa el 21 de agosto de 1496 que la llevó a guarnecerse en las costas inglesas hasta el 2 de septiembre debido a las malas condiciones marítimas; finalmente seis días después, la comitiva llegó al puerto de Arnemuiden. Allí no fue recibida por su marido, como sí se esperaba, si no por su cuñada Margarita, junto con la que se dirigió a Amberes, ciudad en la que tuvo que guardar reposo al enfermar debido al largo viaje. Tras conocer a Margarita de York a principios de octubre, Juana se encaminó a Lierre, donde había de esperar a su marido.

Los cónyuges se conocieron el 20 de octubre de 1496 y, por parte de Juana, fue amor a primera vista; seguramente este sentimiento se vio incrementado por la pasión que desataron ambos en los momentos posteriores a su enlace religioso. Sin embargo, al contrario de lo que el buen inicio de la relación preveía, diferencias entre los séquitos de ambos, especialmente por parte de los flamencos, y las numerosas faltas de Felipe en la manutención económica de su esposa comenzaron a enturbiar la relación entre los jóvenes.

Además de los continuos malos tratos que sufría Juana por parte de los miembros de la Corte flamenca, que nunca terminó de aceptarla por alejar las aspiraciones de su territorio con Francia, la archiduquesa no aceptó nunca las continuas infidelidades de Felipe y su descuido en sus deberes conyugales, tanto que hasta 1498 no nació la primera hija del matrimonio. Extrañaba el comportamiento de Juana, que de joven siempre había sido una mujer capaz e inteligente y en esos momentos se encontraba anulada por su marido, tanto que aceptaba decisiones de este que perjudicaban claramente a los reinos de sus padres, únicamente mostrando su descontento por la alianza con el rey Luis XII de Francia.

Así,  la figura de Juana ha sido una de las que más interés a suscitado a lo largo de la Historia, siempre rodeada de viejas leyendas, las teorías sobre su locura o sus celos, lo que significa que su figura siempre ha sido construida a caballo entre la historia real y el mito, marcando su larga vida con anécdotas efímeras que son las que han conseguido perpetuar su imagen de loca. Su locura ha sido su rasgo principal y ha conseguido suscitar interés en distintos campos, creando estudios monográficos sobre ella que exploran esas anécdotas de su vida.

El interés literario por ella parece nacer en la segunda mitad del siglo XIX, siendo el Romanticismo el estilo que halló en su leyenda negra un filón para construir historias sobre ella y reconstruir el pasado de España. Ya en estos momentos, con el avance de los sistemas filosóficos, se presenta una evolución de la concepción de su personaje; el primero en comenzar con el cambio de imagen de la reina fue Manuel Tamayo y Baus con Locura de amor, de 1855, que pasó a considerarla una loca de celos y no simplemente una loca, imagen muy reproducida, incluso en pintura, con el cuadro de Juana la Loca de Francisco Pradilla, de 1878, que representa visualmente esa locura de amor de la reina.  Y a pesar del intento de los historiadores, esta es la imagen de la reina que todavía se mantiene, en parte quizás porque es un gran reclamo para el público, tanto del siglo XIX como del XXI.

Doña Juana la Loca Doña Juana la Loca (Francisco Pradilla y Ortiz, 1887. Museo Nacional del Prado, Madrid)

Otra nueva perspectiva la introduce Galdós con su obra Santa Juana de Castilla, de 1918, que explicaba la desdicha de la reina por tres aspectos distintos, una propuesta nueva con respecto de lo anterior: primero por los rumores que surgieron sobre su comportamiento tras de la muerte de Felipe, e incluso antes de este hecho; segundo por el interés de su padre y su hijo en mantenerla lejos del gobierno y de los enemigos que su hijo pudiera tener en Castilla y Aragón; y tercero por su falta de religiosidad y supuesta herejía, ya que siempre se inclinaba hacia las enseñanzas más humanistas.

La nueva visión de la reina

En la actualidad se presenta a la reina como un compendio de todas estas personalidades, una mujer apasionada, celosa y víctima de todo lo que maquinaron a su alrededor, a lo que hay que añadir una nueva perspectiva, que viene motivada por los estudios de género. Esto ha pasado a significar que ahora se presenta a Juana como una figura protofeminista, principalmente porque fue perseguida por no encajar en el modelo de mujer de su tiempo.

Distintos autores, como E. Showalter en su obra New feminist criticism: essays on women, literatura and theory (1985) equipara las acciones de locura de Juana con una excesiva feminidad, enmarcada en ese momento por nociones de debilidad y emotividad que se ligaban al género. Antes se había considerado que era un cuerpo femenino dependiente de impulsos sexuales que la desequilibraban, pero esa imagen ha cambiado ahora, ya que se entiende que es en su cuerpo donde Juana encuentra una forma de expresión de lo que le ocurre.

Esta nueva visión presenta una Juana inteligente y más consciente de sus actos, que sabe lo importante que es su bienestar para la gente que la rodea y precisamente esa es la forma que ella utiliza para hablar cuando la privan de todo, se castiga a sí misma y al resto sin comer, descuidando su higiene o incluso privándose de dormir, ya que ve que el hacerse daño es su único medio de comunicación.

A pesar de estos cambios en la concepción de la locura de Juana, la versión más repetida es que esta fue provocada por las infidelidades de Felipe, que se presentaron en forma de brotes coléricos, «huelgas de hambre» y falta de higiene. Este es el principal motivo por el que Juana suscita interés, el saber la veracidad sobre su diagnóstico.

El texto interpreta la locura de Juana según la teoría de la locura de Michel Foucault, por la que no sería considerada como loca, ya que según este filósofo la locura es una construcción social que tiene su razón en la oposición a lo establecido. Esto podría ser la explicación de por qué el diagnóstico sobre Juana ha ido evolucionando, tal y como hemos visto a lo largo de toda la explicación, y ha pasado de ser una loca, a una hereje, celosa y actualmente una protofeminista (FITTS, 2013).

Felipe el Hermoso y Juana la Loca en los jardines del castillo de Bruselas Felipe el Hermoso y Juana la Loca en los jardines del castillo de Bruselas (Master of Affligem, 1495-1506. Museos Reales de Bellas Artes, Bélgica)

Estas nuevas concepciones acerca de la locura de Juana presentan un problema en el momento de realizar una biografía, ya que su historia se vuelve menos atractiva si al relato de la triste mujer que fue un peón político no se le incluyen los elementos más sórdidos, los de carácter sexual o pasional. Esto significa que la imagen que se crea de ella es una muy compleja y que las personas que redactan la historia de Juana tienen un serio problema al intentar combinar todos estos factores y versiones de la reina. Lo cual ha dado como resultado la utilización combinada de tres recursos: el uso de las nuevas ideas para dar versiones alternativas a la historia, así como cuestionar lo ya establecido; utilizar el narrador en primera persona, lo que permite acceder al mundo interior del personaje; y, por último, que el personaje se cuestione su propia leyenda.

La línea divisoria entre la historia y la ficción debería estar clara en todos los casos, pero los años 60 del siglo pasado quedó muy difuminada por las voces posmodernistas, que cuestionaban la relación novela-historia e incluso la identidad de la propia historia. Estudiar la historia se puso de entredicho a causa de los desarrollos intelectuales de otras disciplinas, como la filosofía, por ejemplo, e incluso han llegado a cuestionar los cimientos de esta.

Este, entre otros es uno de los motivos por los que los historiadores, en sus discursos, se han afanado en dar los suficientes datos históricos que deben veracidad a su relato y que los diferencie de los relatos ficticios.

Cogiendo tres novelas como ejemplo, que también servirán para los dos otros mecanismos, Juana la Loca de Carmen Barberá (1992), Los silencios de Juana la Loca de Aroní Yanko –Consuelo Puerta– (2003) y El pergamino de la seducción de Gioconda Belli (2005), podemos ver que las tres autoras se han esforzado precisamente en esto, en dar datos históricos que ven veracidad a su relato ficticio, algunas incluso añaden anexos complementarios que ayuden a la comprensión. Esto ayuda al lector a ver el proceso de investigación, pero también puede llegar a confundir ya que esto da un espectro de objetividad, que siendo una novela ficticia no es fiable.

Estas novelas cuestionan el discurso histórico de esta manera, pero también con el uso de la primera persona, que introduce reflexiones del personaje sobre los hechos que le ocurren, para entrar en la introspección psicológica, que al final no es otra cosa que la introducción de la subjetividad a los hechos históricos, ya que es el autor el que recrea los pensamientos de, en este caso, Juana.

Al hilo de este segundo elemento, nace el tercer elemento, de estas novelas autobiográficas en primera persona es posible hacer hincapié en los sentimientos de los personajes, no solo de los hechos probados sino de las intimidades de ellos, en el caso de Juana se ahonda mucho en la soledad que vivió, su maternidad, las traiciones familiares, etc. Estas novelas suponen que es ella la que coge la batuta y comienza a explicar sus sentimientos, pero no solo eso, sino que también se defiende y explica el por qué de los hechos de su vida.

En sus novelas, las autoras coinciden en señalar que los brotes de la reina eran puntuales y que generalmente se debían a haber estado sometida a distintas situaciones de estrés o situaciones muy extremas. Incluso en los prólogos de sus obras recogen los planteamientos modernos sobre las actitudes de la reina que ya se han comentado, es decir, la utilización de su cuerpo como medio de expresión.

Estas narraciones modernas no evitan los temas religiosos, pero sobre todo los sexuales, siempre tan recurrentes en la ficción, pero los tratan de una manera distinta a la tradicional, ya que lo que hacen es dar opciones distintas, dando más opciones sexuales y afectivas dentro la del matrimonio de Juana y Felipe. Esto significa que expanden el abanico de lo que antes se consideraban solo celos, dejando ver que muchas otras cosas pudieron haber influido en estos comportamientos.

El último aspecto a destacar de esta concepción novelística de Juana es la maternidad, las tres novelas rescriben esta relación, ya que establecen a Juana como una madre que antepuso el amor por sus hijos a las intrigas cortesanas, siempre luchando por reunir a su familia, de hecho, este comportamiento iría en contra de lo que hizo su propia madre, que los usó como piezas la política exterior.

Demencia de doña Juana de Castilla Demencia de doña Juana de Castilla (Lorenzo Vallés, 1866. Museo Nacional del Prado, Madrid)

Conclusión

Realizando una conclusión de todo lo presentado, es más que probable que las concepciones históricas modernas sobre la locura de Juana sean más verdad que la simple locura o los celos; igualmente, si bien no se puede comprobar por la subjetividad de las fuentes que se analizan, es probable que con los estudios se pueda demostrar parte de lo que cuentan las novelas ficticias, porque una cosa es cierta, el relato histórico falla un poco en el sentido de ahondar en los sentimientos del personaje.

La Leyenda Negra de la reina se ha encargado de que brotes puntuales se volvieran lo común, en mi opinión, en un intento de justificar el encierro al que fue sometida por su padre y su hijo, y precisamente este es uno de los puntos en los que más se ha intentado incidir para que no se la considere una reina no capaz de haber dirigido un Estado.

Si Juana enloqueció a lo largo de su vida, como una progresión, es probable que fuera debido a su largo encierro en Tordesillas con cuidadores que abusaban de ella, el abandono de sus seres queridos y el saberse utilizada para los intereses políticos de gran parte de la gente que la rodea.

Bibliografía

-FERNÁNDEZ, M. Reyes de Castilla y León: Juana la Loca, 1749-1555. La Olmeda, Palencia, 1994.

-FERNÁNDEZ, M. Juana la Loca: La cautiva de Tordesillas. Espasa, Madrid, 2000.

-FITTS, A., «The Seductive Narrative Appeal of a Madwoman Juana “la Loca” and Excessive Femininity». Hipertexto 17, 2013, pp. 3-15.

-GÓMEZ, M. «La locura de Juana I al servicio de las circunstancias. La recreación de su comportamiento en la ficción contemporánea». En MARTÍN, M., GÓNZALEZ, M., CERRATO, D., MORENO, E.M., Locas: escritoras y personas femeninos cuestionando las normas. Arcibel Editores. Sevilla, 2015. Pp. 705-720.

-LARDERO, M. A., «Doña Juana, Infanta y princesa», en FERNÁNDEZ, M., LARDERO, M. A., SUÁREZ, L., VALDEÓN J., PÉREZ, J. y ARAM B., Doña Juana, reina de Castilla. Marcial Pons, Madrid, 2006, pp. 13-44.

-SAMPER VÁZQUEZ, Julia. 2016. Perfil humano de Isabel de Castilla. Trabajo de Fin de Grado, Universidad de Cádiz.

 

 

 

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