Sobre la Inquisición se han escrito ríos de tinta. Probablemente una de las instituciones más famosas de la historia española, utilizada como ejemplo de fanatismo, intolerancia y atraso. Sin embargo desde los años ochenta ha habido una revisión historiográfica del asunto. Saber qué, saber cómo, saber quien creó la Inquisición, nos ayuda a comprender el fin de la España multiétnica, y el inicio de la España imperial.

Origen de Castilla, el principio del fin

La humillación de la Inquisición a los reos con los sambenitos fue especialmente llamativa. Tanto es así que la forma picuda del gorro se sigue utilizando en los pasos de Semana Santa, hoy en día con una naturaleza no degradante.

Castilla era un reino medieval donde convivían tres religiones, musulmanes, judíos y cristianos. Pero la convivencia no era en absoluto idílica, y durante los siglos, XIV y XV se sucedieron los pogromos. En general, se observa una mecánica similar a cualquier proceso antisemita en Europa. Además, tenemos el problema añadido de los musulmanes que se convierten o se van. Así pues, tenemos una sociedad multicultural.

En la historiografía hebrea la tesis dominante para explicar el inicio de la Inquisición es la de Benzon Netanyahu, hebreo polaco, mantuvo una agria polémica en la época posterior al Holocausto contra Antonio Domínguez Ortiz. Historiador liberal español. Netanyahu mantenía que el pueblo español era profundamente racista, comparando el asunto de la expulsión con el Holocausto que sufrieron entre otros su familia. Los Reyes Católicos captarían este mensaje, aprovechando y utilizando el sentimiento antisemita para reforzar su autoridad, creando un instrumento netamente político como la Inquisición. Y esta es una especie de “solución genocida” (usando la terminología del autor), con objetivo final el exterminio de los conversos. Y, como se desprende, con mucha educación respondió Domínguez que se equivocaba, y que como afirma García Cárcel, hablar de racismo en el XVI es ucrónico. El tiempo, y sobre todo los historiadores, le han ido dando la razón al español, como prueban numerosos estudios. Es erróneo ver a la Inquisición como un instrumento exclusivamente político, la religión se sublima al poder real durante el Antiguo Régimen, y la Inquisición solo es un anticipo del regalismo francés o “su región, su religión” alemán. Los Reyes Católicos no sintieron ninguna necesidad de subirse a ninguna ola de fanatismo, controlaron muy bien el país.

Otra explicación clásica es la “Teoría del Enemigo” de Carl Schmitt. Es curioso como este filósofo alemán cogió precisamente de ejemplo a los Reyes Católicos como unidad de un pueblo a través del enemigo. Si todos odiaban a uno, se olvidarían de sus diferencias. Así que ya tenemos tres razones para el antisemitismo. La primera la necesidad de unir al populacho a través del odio. La segunda culpar a alguien de la inflación. Y la tercera la habitual intolerancia religiosa en la Edad Media Tardía, precedente de las sangrías de la Edad Moderna y sus guerras de religión. El judío era un objetivo antipático, débil y se fomentaba el odio al mismo. ¿Por qué? Era costumbre que ningún cristiano o ningún judío se pidiese intereses a la hora de los préstamos. Pero los hebreos, debido a que no se les permitía tener tierras o dedicarse a las armas, tuvieron grandes prestamistas entre ellos, si bien no eran tan numerosos. A su vez, recaudaban impuestos, y a menudo sus deudores eran grandes nobles. Cuando esto ocurría era común que saqueasen con cualquier excusa las juderías. En Valladolid, en 1355 los Trastamara asaltaron la judería. En Burgos el rey entró en 1366, y exigió un cuantioso tributo a los hebreos. Y como la mayoría se dedicaban a la artesanía, a pequeños negocios, pues no pudieron pagarlo. Son esclavizados entre gritos del populacho, de “viva el rey”. Y es que la imagen del judío sangrando dinero al rey, a los nobles y al pueblo se extendió como la peste. Y no era difícil echar las culpas a alguien que no se puede defender, y que es distinto como el judío, sobre todo en época de vacas flacas. Así pues, Braudel relaciona altamente el antisemitismo con la recesión, lo que reforzaría la tesis de Schmitt, pues era el momento perfecto.

La explicación de Joseph Perez es precisamente la inversión de la de Netanyahu. Los castellanos no estaban naturalmente inclinados a atacar a los hebreos, les inclinaban las élites. Los discursos incendiarios de obispos así lo atestiguan. En 1378 exhorta a los fieles el Archidiácono Fernando Martínez a quemar las sinagogas. Eso y la situación monetaria hace que se sucedan los motines antisemitas. Enrique de Trastámara acusa a su hermano Pedro de pro-judío. Y cuando ambos murieron, en el vacío de poder reinó el caos. Cientos de judíos murieron, y muchos abandonaron la ciudad para lograr la protección de los señores. Así que el antisemitismo en vez de ser de las clases bajas per se, es instigado por las altas. Y además explica el problema de los judeoconversos. Existieron y muy bien documentadas casos de conversos por las presiones económicas y sociales de los siglos XIV y XV, que no fueron sinceros en su conversión. Y como los judíos estaban en cierto contacto con los cristianos, la Inquisición debía servir para que no se propagasen estas prácticas. Así que era necesario un instrumento que pudiese detectar a los falsos conversos. Y de paso terminase con los conversos

Y una causa menos extendida es la consecución de un estado moderno. Lo explica muy bien Fernando de los Ríos, que la Inquisición pretende en todo momento ser parte del proceso que inician los Reyes Católicos. Al finalizar la Edad Media Isabel y Fernando se anticiparon por completo a los estados del siglo XVI-XVII. Lograrían así una unidad jurídica, algo no poco despreciable, si bien incompleta dado que se respetaron fueros de Navarra, Aragón, Vizcaya…Pero desde luego era un salto adelante. Y finalmente una unidad religiosa, algo que incluso Luis XIV siglos después pretendería expulsando a los hugonotes restantes. Así que no es nada que no se hiciese antes ni se hubiese hecho después. La Inquisición sería una herramienta ideal para este cometido.

Se puede decir que con la Inquisición empezaba esa monarquía que por la Iglesia se batiría el cobre. A partir de entonces la unidad religiosa se pretendería frente a los indígenas americanos, los judíos, moriscos, y calvinistas holandeses. Con el Santo Oficio nacía esa España que defendía Menéndez Pelayo como “martillo de herejes, espada de Roma y luz de Trento”.

¿Cómo funcionaba?

Pese a la fama adquirida, la hoguera era una pena extrañísima. Sobre todo porque si el culpable no se arrepentía, no tenía porque ir. Además eran poco comunes los juicios a mujeres. Este grabado corresponde más a la Leyenda Negra que a un retrato real.

En primer lugar, analizaremos la figura del Inquisidor General. En teoría los reyes enviaban al Papa una propuesta de nombre para el cargo, y él lo ratificaba. Sería un error podría creer que es nombrado por el papa a propuesta de los reyes, pero lo cierto es que el Pontífice está obligado a aceptar la sugerencia. Prueba de ello es que los reyes a veces cesaban a los inquisidores, y que cuando el Papa moría se daba por supuesto que su sucesor iba a aceptar al inquisidor del momento. En resumen, es una situación de tácito reconocimiento al poder real. En el periodo que nos ocupa, los dos Inquisidores Generales que hubo muestran un perfil parecido. Hombres muy convencidos en su fe, de perfil modesto en cuanto a linaje, Torquemada y Cisneros. Ambos eran inteligentes, con estudios en Salamanca y Valladolid respectivamente. Incluso de Torquemada se ha llegado a decir que sus abuelos eran conversos. Pero más allá de especulaciones, mitos o medias verdades sobre la familia, lo cierto es que tuvieron muy poco que ver ambos inquisidores en su forma de actuar.

Torquemada era duro, implacable, tanto es así que hoy en día en la cultura popular se le conoce como sinónimo de intransigencia, intolerancia e incluso tortura. Víctor Hugo le dedica un homónimo drama, donde le retrata como un sádico quemando herejes. Aun así era alguien muy respetado entre sus coetáneos, siendo descrito así por el cronista Sebastián de Olmedo: “el martillo de los herejes, el relámpago de España, el protector de su país, el honor de su orden”. Dicho esto, su fama es muy merecida, su integridad se convertía en fanatismo. Su mandato fue el más sangriento de todos, dándose la implantación de la Inquisición, registrándose el mayor número de penas capitales, se calcula que alrededor de 2.000. Fue clave, como veremos, para la decisión más radical que tuvieron que adoptar los Reyes Católicos.

Pero al hablar de Cisneros ya entendemos absolutamente otra personalidad. Es cierto que en 1499 decide convertir a los granadinos mediante la quema de libros (salvo los de medicina) y bautizos forzosos. Sin embargo, en la Universidad de Alcalá de Henares, fundada por él mismo, tiene un talante abierto. Permite escoger entre corrientes filosóficas como tomismo o nominalismo. Se anticipa a Lutero al financiar la Biblia políglota, permite a conversos impartir clase, y fomenta el estudio de lenguas antiguas. En resumen, se comporta como un gran humanista en el ámbito intelectual.

Del Consejo de la Inquisición sabemos muy poco, pero en principio es solo un órgano consultivo, que prepara información, y recibe apelaciones. Pero no tiene un poder de decisión real. Inicialmente era sólo uno, pero con la breve división de la Inquisición de Fernando el Católico hubo uno de Castilla y otro de Aragón. Más allá de formalismos, no tuvo mucha importancia.

A cambio, es esencial saber y entender el funcionamiento de la Inquisición con sus tribunales. En 1482 Torquemada crea un tribunal en Córdoba, Valencia y Zaragoza. En 1483 habrá nuevos tribunales por Andalucía, pues esta zona estaba repleta de sospechosos de ser falsos conversos. Jaén, y algo más al norte en Ciudad Real, serán los más importantes. Sigüenza, Jérez, Llerena, y Cuenca completarán el dominio inquisitorial sobre el sur de la península. El norte seguiría con Salamanca o Baleares en 1488, Burgos y Osma en 1489, Ávila en 1490…Un observador podría pensar que con la excusa de perseguir a los judeoconversos del sur fueron extendiéndose por toda la península.

Pero lo cierto es que tuvieron el problema endémico de la Monarquía Hispánica, el crecer demasiado pronto y no controlar el gasto. Así que en 1502 Valladolid se hará cargo de prácticamente todos los distritos de la actual Castilla y León, y hasta muy entrado el siglo XVI, de los de Santiago de Compostela. Pero a medida que los dominios de los reyes fueron extendiéndose, la Inquisición española actuaría por Sicilia, América… Esto provocaría a menudo roces con la población autóctona.

Otra curiosidad es que no coincidan con las diócesis. Esto implica que no era un instrumento que se guiase por la Iglesia, sino por la razón de estado. Fernando el Católico lo impuso pese a las protestas por Aragón, y que el resto de dominios de los reyes siguiesen sólo implica que la centralización estaba en marcha. Así pues, cuando se instaura en Navarra, se ve que se convierte en señal identitaria de la Monarquía Hispánica. Una herramienta de dominio, racional en torno a sus criterios de actuación, y de muy rápida extensión, podríamos definirla.

Cae sobre Italia, no dejando muy grato recuerdo. Si atendemos a historiadores italianos como Sciuti-Russi, la Inquisición impuso ahí una pedagogía del miedo que marcó mucho a la población. Es curioso porque denuncia que se está creando una leyenda rosa respecto a la misma institución. Sea como fuere, vemos como va originando rechazo en los distintos reinos, y cuanto más alejada de la situación particular castellana está, más rechazo crea.

Es esencial conocer también la composición de los tribunales. Cada tribunal estará compuesto por dos inquisidores, dos secretarios, un fiscal un alguacil, un recaudador, un portero, un magistrado (cuida de los bienes de los acusados durante el proceso) y un médico. Como vemos, era un tribunal diverso y a priori muy bien equipado. Resulta especialmente interesante la figura de los inquisidores, la que comenta con especial tino Caro Baroja. Instruyen los procesos, deciden los arrestos y pronuncian los veredictos. Es muy revelador que pese a la bula fundacional de 1478 Sixto IV autoriza a nombrar obispos y altos cargos religiosos, rara vez fue así. Para empezar los inquisidores solo tenían que ser fieles, devotos, célibes, pero nunca se exige que sean eclesiásticos. Y menos todavía monjes, al ser una entidad de dependencia estatal, los reyes preferían vérselas con el clero secular o regular. Y uno podía casarse perfectamente, si bien debía renunciar al puesto de inquisidor en ese caso. Aunque estas normas fluctuaron con los distintos reyes, es muy interesante un aspecto, el de la condición de juristas.

Y esto supuso su gran virtud y su peor defecto, detectaban rápidamente, sobre todo al principio cuando eran los mejores juristas quienes ocupaban el cargo, las parcialidades y los testimonios interesados. Además de que rara o ninguna vez atendían a los menores. Lo malo es que los juristas tendían a alargar los procesos, siendo muy famoso el de Fray Luis de León, que duró hasta cuatro años. A menudo no es el problema que sean fanáticos, eso fue algo muy fuera de lo común. Lo peor era cuando eran mediocres, funcionarios poco preparados, o abusaban de su poder, como el Inquisidor Muñoz Cuesta persiguiendo a las monjas.Es en este aspecto donde nos gustaría observar el porqué de la redención de la Inquisición en la historiografía actual. Por mucho que nos parezca irracional llevar a alguien a juicio por su fe, lo cierto es que el proceso era riguroso. No se creían que una mujer volase en escoba, y aunque parezca una obviedad, en el siglo del racionalismo cartesiano sí hubo tribunales así. Nos referimos a las Brujas de Salem, en las Trece Colonias. Por una serie de envidias y supuestas faltas de piedad, fueron cien y doscientos mujeres llevadas a la hoguera. Cada vecino señalaba al prójimo, y los jueces se veían presionados por la turba, así que a menudo se lavaban las manos de forma un tanto cobarde. Así pues, la vieja Inquisición española se mostraba profundamente más fiable para estos temas. Dentro de lo malo era lo mejor.

Proceso inquisitorial: ¿cómo se juzgaba?

Aunque suene raro, la Inquisición era bastante justa para su época. Sobre todo porque la la alternativa eran los juicios populares como la quema de Las Brujas de Salem, en la imagen, mucho más subjetivos y duros.

Al ser una institución intensamente burocratizada desde el principio, constó de mucho papeleo, siendo muy detallados sus procesos, por lo que tenemos mucha información. La Inquisición comenzaba los procesos cuando en Cuaresma emitían el Edicto de Fe, o Edicto de Gracia. Esto es, una invitación formal al hereje a confesar su herejía. No bastaba con la confesión personal, debía delatar a todo cómplice o participante de su crimen/ pecado, que en este caso es lo mismo. En el caso que nos ocupa, que es hasta la muerte de Fernando el Católico, el foco estaba puesto en el cripto- judaísmo. Podía ser desde la blasfemia a la lectura del Talmud, o no haber guardado como festivo un domingo. Progresivamente se adaptaría a los moriscos y su religión en secreto. Y posteriormente se añadieron las herejías del protestantismo, e incluso a los místicos .

A menudo no era tanto el celo religioso como la envidia lo que provocaba las delaciones varias, cosa que los inquisidores sabían y tomaban en cuenta. Hacían cribas, llamaban a testigos, no tomaban en cuenta los de los niños, etc. El acusado no sabía en ningún momento quién y por qué le han acusado. Sólo recibía visitas del carcelero, hasta que los inquisidores decidían cual era el momento de la admonición. Esto es, preguntarle sobre su biografía personal, su vida, y pretender que el acusado confesase. Si al tercer intento el acusado seguía sin confesar, empezaba el proceso en sí. Y este proceso tenía la particularidad de que el acusado es culpable hasta que se demuestre lo contrario, invirtiendo así la presunción de inocencia. Aunque el acusado podía tomar un abogado, lo cierto es que rara vez podían elegirlo, y no podían reunirse con él a solas.

Dentro del juicio en sí, la parte denunciante debía presentar declaración, pruebas y testigos. El acusado tenía tres formas de defenderse. El proceso de tachas, en el que entrega una lista de nombres que pudiesen querer perjudicarle. De esa forma se intentaba descartar la delación por envidia, en caso de que la parte denunciante apareciese ahí, quedaba recusado. El proceso de abonos se establecía en presentar testigos que aseverasen su moralidad y conducta católica como intachable. El proceso de indirectas, consistía en defenderse mediante declaraciones de las acusaciones, mostrando que no eran ciertas.

Sobre las torturas, se podía simular un ahogamiento, retorcer las extremidades de formas variadas, o subir y dejar caer el cuerpo. Se prohibía terminantemente la mutilación o derramar sangre del acusado. Sin embargo, por duro que suene esto era muy extraño. La Inquisición, y más para su contexto, torturó muy poco. Sabían perfectamente que con las variaciones del umbral de dolor, a menudo habría confesiones por terror, y otros aguantarían cualquier tormento. En general se puede decir que el 10% de los acusados sufrieron tortura.

Pero no podemos dejar engañarnos por esto. Era muy extraño que la Inquisición absolviese a un acusado, al menos a lo largo de su historia temprana. Aunque si nos centramos en el periodo que nos ocupa, descubrimos que al principio sí que hay casos. Entre 1484 y 1531 hay 84 exactamente. Y esto es, algo más de dos casos de absolución por año. Más tarde, solo absolverían en caso de que se descubriese que la delación era falsa, o que no había suficientes pruebas para condenarle. La razón de la severidad tan extrema es que no podía quedar el Santo Oficio como un tribunal falible como cualquier otro. Aun así, en caso de confesar, o de no reunirse pruebas, el acusado sería considerado como reconciliable. Esto es, solo debía abjurar de sus errores, (leui o vehementi, si era más o menos grave la infracción) siendo condenados a penitencia (peregrinación, por ejemplo), multa o pena (galera, flagelación o destierro). Sí que es cierto que serían inhabilitados para cargos públicos o eclesiásticos. Sólo eran condenados a muerte los reincidentes, o los que pese a haber pruebas de sobra se negasen a confesar. Esta obsesión con buscar la confesión se extendió a los autos de fe. El auto de fe, el fin del proceso, era la lectura pública del mismo, con gran solemnidad, en frente del juez ordinario y las autoridades locales. Al juez al final de la lectura se le entregaban los acusados, con el sambenito que les distinguiría. La multitud se agolpaba para verlo, y tras un pequeño plazo, si el condenado a muerte se arrepentía, era estrangulado antes de ser arrojado a la hoguera. En ese momento se encienden los cirios, se entonan cánticos y los paños negros revelan las cruces. Sólo si se persistía en la herejía sería quemado vivo. Nadie debía morir antes de confesar, aunque después de muerto los sambenitos se colgarían en las parroquias locales, perpetuando la infamia familiar.

Pese a la dureza del proceso, tenemos que tener en cuenta también que el número de víctimas fue muy exagerado por la historiografía liberal del XIX, como Mariano José de Larra diciendo “Aquí yace la Inquisición, hija de la fe y del fanatismo, murió de vejez”, cuando se abolió y también por los protestantes e ilustrados del XVIII, como Voltaire. Por ejemplo, sabiendo que se solía tapar la boca al acusado, suena ridículo que estos implorasen como en algunos relatos. Y sólo en la Noche de San Bartolomé se mataron a tres mil personas. Durante tres siglos en Inglaterra se ajustició a cientos de miles. La Inquisición ejecutó en toda su historia, siendo precisamente el principio la más rigurosa y sangrienta, a menos de diez mil personas.

Conclusiones: ¿y si lo enfocásemos mal?

Como apasionados de la Edad Media y la Edad Moderna, siempre nos interesó este tema tan enigmático, tratado por la historiografía, y que tantas discusiones produce. El resonar de los cánticos religiosos del Santo Oficio en la cultura popular, su sempiterna presencia en la Leyenda Negra, y sus defensores desde los años setenta y ochenta, han sido muy estimulantes. Y como siempre nos gustaron los malos de la película, pues es un tema con bastante atractivo.

Como conclusiones, creemos que el gran acierto de los Reyes Católicos respecto a la Inquisición fue convertirla en una institución por encima de los distintos reinos y sus leyes. Como demuestra el destino de la Gran Mancomunidad Lituano-Polaca o el Sacro Imperio, la excesiva descentralización en la Edad Moderna condujo al caos y a una eterna lucha de intereses. Lucha de intereses en el que ninguno se podía imponer, resultando en un eterno impass. Pensando en clave maquiavélica, como es natural en el siglo XV, es una absoluta genialidad. Como dijo el filósofo italiano, el Príncipe debe acumular poder y ponerse por encima de sus nobles, pues si se sitúa a su altura, terminarán considerándole un igual y no obedecerán.

Su peor error fue la expulsión de los hebreos, la fragmentación de la comunidad sefardita, que recordemos había financiado la Guerra de Granada, y la última guerra civil castellana. Más allá de componentes éticos, que desde luego harían que nuestra opinión sea aún más negativa sobre esto, pensamos que un príncipe que destripa su gallina de huevos de oro comete un grave error. Si observásemos la evolución de esa comunidad en ambientes distintos como los Balcanes otomanos, las Provincias Unidas o las ciudades estado italianas me parece prueba suficiente. Aun así, entendemos que no era ni el primer ni el último reino que les expulsaba, que era algo muy común, y que no podemos juzgarlo con los ojos de hoy.

Sí que me parece especialmente interesante la visión de Pérez. No podemos olvidar que era un tribunal que pasaba la carga de la culpa al acusado, es decir, que era culpable hasta que se demostrase lo contrario. Y que fue probablemente la primera policía secreta de Europa para eliminar disidentes. Aunque las cifras sean muy reveladoras sobre cómo la Leyenda Negra ha nublado el juicio a mucho historiador (como Netanyahu), tampoco podemos elaborar una Leyenda Rosa donde fuese una institución con plenas garantías. Como lamentamos opinar que hacen algunos autores recientes. Pero cuando se sabe que los inquisidores enviaban a galeras más a menudo en época de guerras navales, se funda cierta sospecha. Que se va confirmando cuando persiguen a los sacerdotes comuneros, o vigilan a las tropas del Gran Capitán. Y el colofón es cuando persiguen al traicionero Antonio Pérez, aprovechando que los fueros no les impiden nada. Es decir, concluyo que hay que entender que la religión era el sustento ideológico de los estados del XVI, y que por tanto hay que ver a la Inquisición como una Stasi, una KGB, una Gestapo…La primera policía secreta del mundo. Suponemos que eso es lo que horrorizaba a los contemporáneos.

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