Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a José Soto Chica, autor de «Imperios y Bárbaros: la guerra en la Edad Oscura«, editado por Desperta Ferro. Pronto podréis leer nuestras impresiones sobre el libro, sin embargo hoy es turno de una entrevista que le hicimos el pasado viernes y en la que nos lo pasamos francamente bien.

José Soto Chica es profesor de Historia Medieval en la Universidad de Granada. Además, también es investigador en el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de la ciudad. Entre sus publicaciones, encontramos este reciente «Imperios y Barbaros», así como «Bizancio y los Sasánidas» y «Bizancio y la Persia Sasánida». Este marco va a ser en el que centre sus investigaciones, de hecho, podéis consultar su tesis en los repositorios del a Universidad de Granada. Amén de esto también ha escrito novela histórica con bastante éxito.

Antes de su aventura por el mundo de la Historia ejerció como militar en la UMPROFOR, misión de la ONU en Bosnia durante las guerras de los Balcanes. Fue allí, donde resultó herido perdiendo la pierna y la visión de los ojos. Sin embargo, esto no ha sido un impedimento para ejercer como historiador tras ingresar en la universidad y sacarse Historia con todo matrículas de honor menos dos sobresalientes.

Sin más, os dejamos con la entrevista que pudimos hacerle gracias a la inestimable ayuda de los compañeros de Desperta Ferro.

José Soto Chica posa junto a su libro en la librería Marcial Pons
José Soto Chica posa junto a su libro en la librería Marcial Pons. © Desperta Ferro

ENTREVISTA A JOSÉ SOTO CHICA AUTOR DE «IMPERIOS Y BÁRBAROS: LA GUERRA EN LA EDAD OSCURA».

Pregunta: Comentabas que el ejército es fundamental y que quizás se le haya dado demasiada poca importancia.

Respuesta: La seguridad es lo que genera prosperidad, los estados prósperos son estados seguros, no hay ninguno a lo largo de la Historia que no sea capaz de asegurar su seguridad.

P: A raíz de esto, ¿qué opinas de algunos libros que han salido últimamente como «La Edad de la Penumbra» de Catherine Nixey que basa sus tesis en que la desaparición del Mundo Clásico fue por culpa del Cristianismo? ¿Qué piensas de estas tesis gibonianas?

R: Una vez un historiador hizo una relación de causas por las que cayó el Imperio Romano y son centenares, algunas de ellas esperpénticas. Lo interesante es que el Imperio Romano de Oriente sigue, tiene las mismas bases ideológicas y el Cristianismo del siglo VI y VII no es menos Cristianismo. Este es el problema, si no explicas por qué Oriente sobrevive, tu tesis se tambalea.

La Historia de la caída del Imperio Romano de Occidente es la de la disolución de un ejército

P: Esto se muestra meridianamente claro en el primer capítulo del libro: el Imperio Romano de Oriente fue capaz de mantener a su ejército engrasado, mientras que el de Occidente no. ¿A qué se debe?

R: Lo cierto es que si hubiéramos apostado por un ejército a finales del siglo IV habría sido el de Occidente. Unas fronteras más seguras, Occidente todavía no tenía a bárbaros dentro, el de Oriente tenía a visigodos y ostrogodos. Además había sido vapuleado en Adrianópolis.

¿Entonces que ocurrió? Bien, Oriente fue capaz de mantener el esfuerzo bélico y llevar a cabo una reestructuración de su ejército reclutando provinciales para mantener un equilibrio con los germanos que estaban en las filas de su ejército. Esto con Occidente no funciona, Occidente no es capaz de recaudar sus impuestos y fracasa.

Si Atila ataca Occidente en el 451, dejando a un lado las intervenciones personales de algunos personajes de la época es porque Atila hace un cálculo, ve más débil a Occidente y se lanza a por él. La Historia de la caída del Imperio Romano de Occidente es la de la disolución de un ejército. Hay que explicar por qué algo tan potente ha desaparecido setenta años más tarde. Al menos aparentemente, porque muchas unidades romanas pasaron al servicio de señores de la guerra bárbaros.

"The Course of Empire: Destruction" (1852) Thomas Cole, New York Historical Society
«The Course of Empire: Destruction» (1852) Thomas Cole, New York Historical Society

P: ¿Hasta qué punto podemos hablar de una Edad Oscura en este periodo o más bien una dificultad nuestra a la hora de hacer luz para entender el periodo?

R: Se dan ambas, en Occidente – no en Oriente donde hay sobreabundancia de fuentes -. Si es cierto que hay menos fuentes y son más difíciles de abordar por su carácter hagiográfico o cronístico. También ha habido una incapacidad de los historiadores de tratarlo de forma global, no se puede tratar por compartimentos, porque es muy importante lo que pasa en Occidente y Oriente. Cuando Clodoveo va a la batalla de Vouillé, éste va porque Atanasio, el emperador, le ha prometido hacerle cónsul y patricio. La fichas de la partida de Vouillé, las estaba jugando un señor en su trono en Constantinopla.

«Ha habido una incapacidad de los historiadores para tratar la Edad Oscura de una manera global»

P: Hablas de problemas de reclutamiento en la pars occidentalis. Explicas que esto se debe al descrédito del sistema. Hablas de que en el siglo III el reclutamiento seguía siendo extensísimo pese a este descrédito ¿Por qué?

Muchos buscan replicar el Imperio Romano, aunque sea de manera torticera. Como Carlomagno, quien anhelaba ser emperador y a duras penas podía leer y escribir.

R: Esta es la gran pregunta, por qué en el siglo III pese a su tremenda crisis, sus derrotas y desafíos vence. El ejército romano no solo no desaparece, sino que su ejército una vez llega Diocleciano es mucho más potente que el de Alejandro Severo. Probablemente el ejército de Constantino fuera mejor estructurado y más flexible, que el de Augusto, y lo consideramos decadente porque lo comparamos con la legión tradicional.

Sin embargo, en el siglo V, los hombres no cobraban dinero porque no se podían recaudar impuestos. También hay un gran desapego, hay intelectuales que ya no creen en Roma y esta, más que una ciudad es una idea.

Esa idea en algún momento por muchas razones muy complejas deja de lucharse y de quererse. Aun así, muchos van a buscar recuperarlo. Los romanos no van a dejar de serlo pese a la dominación de muchos pueblos, aunque no me gusta denominarlos así porque el concepto étnico es mucho más complejo. Una de las grandes paradojas es que el Imperio Romano de Occidente cae y nadie se da cuenta.

Tras la Edad Oscura, Roma es un concepto que es anhelado por todos, porque es recordado como un momento más feliz. Por ello muchos buscan replicarlo, aunque sea de manera torticera como Carlomagno, quien anhelaba ser emperador y a duras penas podía leer y escribir.

Invasion of the Barbarians or The Huns approaching Rome - Color Painting
«La invasión de los bárbaros» o «Los hunos aproximándose a Roma» de Ulpiano Checa

En otro orden de cosas: el Imperio Romano de Oriente

P: La conquista de África por parte del mal llamado Imperio Bizantino fue una empresa realmente rentable desde una primera instancia. ¿Por qué crees que se culpa a Justiniano de arruinar el Imperio? ¿Consideras que se debe a una confianza demasiado grande en las fuentes clásicas?

Nunca empecéis vuestras investigaciones por los autores contemporáneos. Id a las fuentes, primero formad vuestra propia visión y luego consultad a los historiadores actuales.

R: Si el Imperio sobrevive a la gran guerra Romano-Persa, si se sostuvo por la presión de los bárbaros fue gracias a África. Si se pudo hacer la reforma thematika fue gracias a África porque Oriente ya se había perdido. Justiniano al conquistar África salvó al Imperio de Heraclio. Tenemos la manía de hacer presentismos, se le ha colgado la etiqueta de imperialista, no puedes trasladar al pasado tu forma de entender la vida.

Justiniano tenía tres cosas en cabeza. Primero la seguridad del Imperio, Oriente no podía sobrevivir permitiendo la existencia del Reino vándalo que le disputaba el Mediterráneo. Segundo, África era riquísima, la franja de cultivos que existía en aquella época no fue replicable de nuevo hasta el año 1880. La población de África del Norte no se recuperó hasta el siglo XIX.

El tercero es el factor ideológico. Justiniano es el emperador de Roma y para él es obligación suya proteger a sus súbditos y reintegrarlos en el Imperio. También es cierto que los reyes bárbaros querían recuperar el concepto de Roma.

P: En caso de una improbable victoria romano-oriental en Yarmuk, ¿crees que se habría detenido el avance árabe o que habría continuado imparable?

R: Se podrían haber dado dos factores, que el califato hubiera sido el sucesor directo de la persia sasánida. La segunda es que Yarmuk, por la dinámica y el poderío del califato, frente a la situación del Imperio, habría sido importante pero no decisiva. De hecho el sitio donde se podría haber parado a los árabes era en Egipto. Este lugar habría sido clave.

P: ¿Por qué crees que los árabes dieron tanta guerra en el Mediterráneo a una potencia tan experta en esto?

R: Desde el minuto uno contaron con el apoyo de los marineros coptos. La conquista de Egipto es la Historia de una guerra civil entre melquitas y coptos. Los árabes se posicionan de lado de los coptos y desde el minuto 1 se lanzan al mar. Las naves de los árabes que combatieron contra el Imperio estaban integradas por los coptos. La marina árabe tenía dos comandantes en cada nave, el árabe y el copto, que se encargaba de las cuestiones de navegación.

P: La monografía abarca desde la caída del Imperio de Occidente hasta Poitiers en Europa y la batalla del Río Talas en Europa. En este periodo se dan «batallas» como Covadonga, Guadalete o la propia Poitiers que configuran el pensamiento nacional en el siglo XIX. ¿Qué tienen realmente estas batallas de decisivas en realidad?

R: Cuando hablamos de batallas decisivas, tenemos que tomar tres conceptos. Uno puramente militar, una batalla decisiva es en la que un contendiente desarticula y aplasta al rival. Pero no es eso lo que nos interesa, sino su efecto político, es fundamental en la configuración del mundo, algunas batallas han quedado como algo fundamental sin ser nada, como Covadonga, que fue una escaramuza sin importancia en caso de existir. Pero lo que importa es lo que Covadonga significó para el Reino de Asturias en el siglo IX. Hay batallas que si fueron decisivas en su tiempo, como Poitiers, no es que los árabes fueran incapaces de entrar en Francia, podían entrar y conquistar, pero no podían seguir avanzando.

El concepto está muy manoseado, pero hay que acercarse con honradez para la configuración de la Historia.

P: ¿Cómo ha resultado desentrañar las fuentes chinas? El libro es único al tener un capítulo tan interesante como el de la China de los Tang.

R: Esto fue realmente una apuesta de Desperta Ferro. Yo no había pensado en la China de los Tang, hasta que me sugirieron que podría ser muy interesante incorporarlo. Me ayudó un amigo para acercarme a los textos chinos, el historiador debe buscar sus caminos y la historia es multidisciplinar. He podido entrar en ese mundo tan distante que es la China medieval y me he llevado sorpresas increíbles, viendo relaciones impensables entre el país y el Mediterráneo. También coincidencias impensables, como el parecido (salvando las distancias) con el ejército thematiko bizantino. Estoy contento porque creo que ahora en español no hay nada.

Los españoles nos miramos mucho el ombligo historiográficamente. Hay muchos hispanistas extranjeros, pero a los españoles nos da mucho miedo salir fuera.

Otras cuestiones

P: Hablabas en la presentación de que hemos olvidado nuestro lado literario. A veces parece que los historiadores no queremos ser claros.

R: Los historiadores no quieren ser claros. Van destrozando los trabajos de otros pero al final no aportan nada. Hay un miedo a atreverse a hacer tu trabajo. Hay una enorme superabundancia de notas, el historiador tiene una labor social, hay que recordar a los clásicos, como Steven Runciman. Hace obras rigurosas no, lo siguiente, y además disfrutas como un enano leyéndolo. ¿Por qué hay que convertir la Historia en algo infumable? No debemos sentirnos científicos, tenemos que trasladar las historias del pasado al día de hoy. Esto a veces se nos olvida, si eres claro y ameno se te trata como poco científico.

P: Esta debe ser la pregunta del millón, la más repetida de todas. ¿Cómo una persona invidente ha podido afrontar todo este trabajo tan grande?

R: Primero, lo que ven realmente no son los ojos, es el cerebro. Yo me quedé ciego con 24 años, había visto ya muchas cosas y se reactiva cada vez que veo algo. Yo no puedo ver un bajorrelieve, pero  un compañero o mi hijo pueden ser mis ojos. El problema visual es relativo. Cuando empecé la carrera, esto estaba en pañales, yo hacía los exámenes con un walkman, tres años después ya tenía un ordenador, con un escáner portátil ya no hay apenas diferencia.

P: Para terminar, ¿qué opinas del rechazo en España a la Historia Militar?

R: Es un prejuicio ideológico, y ese es uno de los grandes enemigos del historiador. La Historia militar es importantísima, son los ejércitos, los conflictos, los que determinan lo que ocurre luego en economía, arte y sociedad. Ignorarla es falsear la Historia. A menudo cambia más el mundo una guerra que una religión, por ejemplo. ¿Si los árabes hubieran fracasado en Yarmuk y en Qaddisiyya habría triunfado el islam? Seguramente sería una religión residual.

Desperta Ferro fue muy valiente en su tiempo cuando comenzó como revista. Porque no estaba bien visto hacer Historia de la Guerra o Historia Militar.

José Soto Chica durante la presentación de "Imperios y bárbaros: la guerra en la Edad Oscura"
José Soto Chica durante la presentación de «Imperios y bárbaros: la guerra en la Edad Oscura» junto a Alberto Pérez Rubio, editor de Desperta Ferro. © Desperta Ferro

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