Si hay un personaje histórico del que se ha escrito ríos de tinta y que despierta interés, sea cual sea la posición de la persona en cuanto a cuestiones metafísicas o teológicas, ese es Jesús de Nazaret.

Para muchos es complicado separar el personaje histórico de la figura teológica y por eso este artículo pretende hacer una pequeña recopilación de los datos que tenemos del periodo en el que vivió Yeshúa ben Yosef, es decir, Jesús de Nazaret, sacados de la arqueología y de los diferentes textos con la intención de hacer un perfil humano que encaje con otros ejemplos que podamos encontrar en las distintas fuentes con las que contamos.

¿Existió de verdad?

Lo primero que debemos intentar averiguar si es plausible la existencia de Jesús, es decir, si con los textos que tenemos podemos decir si es coherente pensar en su existencia o por el contrario hay indicios para pensar que se trata de un personaje literario creado para infundir una serie de sentimientos destinados a crear el caldo de cultivo para una revuelta contra Roma.

Precisamente uno de los historiadores que habla sobre Jesús de Nazaret, llamado Flavio Josefo, habla de él como alguien dentro de una lista de personajes y sucesos tristes y malos que impulsaron a los judíos a la sublevación del 66 d.C. en el fragmento siguiente:

“[…]Y por el mismo tiempo [de Jesús] ocurrió una cosa terrible que causó gran perturbación entre los judíos.”

Cuando hablamos de Jesús de Nazaret hablamos, mirándolo desde el punto de vista de la historia, de un humilde carpintero aficionado al estudio de las Escrituras y que llegó a ser un experto interpretándolas. Alguien con grandes cualidades para la oratoria que fracasa rotundamente en su propósito de convencer a las gentes de que el Reino de Dios va a venir de inmediato.

Flavio Josefo menciona a Jesús de Nazaret en varias ocasiones en su obra Antigüedades de los judíos. El fragmento XX. 200 dice así:

“[El sumo sacerdote] Ánano […] convocó a los jueces del Sanedrín y trajo ante él a Santiago, hermano de Jesús, llamado Mesías [griego christós; “cristo”] y a otros acusándolo de haber violado la ley y lo entregó para que lo lapidaran. Esto disgustó incluso a los celosos observantes de la ley y por eso enviaron en secreto delegados al rey con el ruego de que exigiera a Ánano por escrito que, en adelante, no se atreviera a cometer una injusticia semejante. Algunos de ellos acudieron a Albino […] y le hicieron saber que Ánano no tenía potestad para convocar al Sanedrín para el juicio sin su consentimiento. A consecuencia de este incidente, Agripa lo destituyó a los tres meses de su nombramiento.]

Josefo menciona la existencia de un vínculo entre Santiago y Jesús. Dado que no se cuestiona la existencia del primero, la conclusión lógica es que el segundo también existió. No resulta aceptable pensar que un historiador va a hablar de alguien que no es real.

El siguiente texto del que hablaremos es el llamado “testimonio flaviano” (Ant. Jud. XVIII. 63-64):

“Por esta época vivió Jesús, un hombre sabio, si se le puede llamar hombre. Fue autor de obras sorprendentes y maestro de los que acogen la verdad con placer. Atrajo no solamente a muchos judíos, sino también a muchos griegos. Él era el Cristo. Y, aunque Pilato, instigado por las autoridades de nuestro pueblo, lo condenó a morir en cruz, sus anteriores adeptos no dejaron de amarlo. Al tercer día se les apareció vivo, como lo habían anunciado los profetas de Dios, así como habían anunciado estas y otras innumerables maravillas sobre él. Y hasta el día de hoy existe la estirpe de los cristianos, que se denomina así en referencia a él.”

Resulta evidente la intervención de los escribas cristianos en este texto ya que un judío no habla de Jesús de esta manera reconociéndole como “Cristo”.

El otro historiador del que hablaremos es Tácito quien afirma:

“Este nombre de cristianos viene de Cristo, que fue ejecutado durante el reinado de Tiberio por el procurador de Judea Poncio Pilato” (Anales, XV. 44.3)

Sobre este texto hay opiniones para todos los gustos ya que hay un grupo que da valor probativo a este texto y otro que establece que este texto ha sido intervenido.

Visto desde una perspectiva más global es más sencillo explicar la evolución del cristianismo si Jesús de Nazaret existió de verdad. Además, los evangelios presentan contradicciones en ocasiones. Contradicciones que dieron quebraderos de cabeza a la Iglesia en su momento como por ejemplo explicar cómo alguien puro como es el mismo Dios puede nacer de alguien que cuenta con el pecado original si Dios rechaza el pecado. Si todo fuera una creación literaria todo estaría explicado y por lo tanto todo sería más uniforme.

Por lo tanto, es mucho más económico, sencillo y plausible aceptar la existencia histórica de Jesús que lo contrario.

La Palestina de Jesús

A la hora de conocer de manera más profunda un personaje histórico es importante saber el contexto en el que vivió. Así que vamos a hacer un pequeño recorrido por la historia de este territorio desde Herodes el Grande.

Mapa del reinado de Herodes
Mapa donde se ven reflejados los diferentes territorios bajo el reinado de Herodes el Grande.

Herodes el Grande era hijo de Antípatro, designado gobernador de Judea por Julio César en el año 47 a.C., y cuyo gobierno como Rex Iudaeorum comenzó de manera oficial en el año 37 a.C. Tras su muerte en ca. 4 a.C., Augusto ejecutó el testamento y concedió a los hijos de Herodes (Herodes Arquelao, Herodes Antipas, Herodes Filipo) el control de varias partes del reino de su padre, a modo de Estados clientes. El que mejor conocemos es Herodes Antipas que es el que mandó cortar la cabeza a Juan el Bautista.

Se sucedieron 14 gobernadores romanos hasta el año 66 d.C., de entre los cuales el más conocido es, sin duda, Poncio Pilato, que sirvió como praefectus entre el 26 y el 36 d.C.

Agripa será el futuro responsable de la decapitación de Santiago, hermano de Juan. Sustituyó a Antipas como tetrarca de Galilea y Perea cuando Calígula lo exilió a la Galia en el 39 d.C. Dos años más tarde Claudio, amigo de la infancia de Agripa, añadiría Judea, Galilea y Perea a su reino, que gobernó hasta su muerte en 44 d.C. Finalmente Judea volvió al control romano como provincia hasta el año 66 d.C.

Judíos en la Galilea de Jesús

La economía y el estilo de vida de la región de Galilea eran bastante simple, centrada en la agricultura. Además, en Galilea apenas se hablaba en griego en contraposición con el resto de la región de Judea que fue bastante permeable a la cultura grecorromana.

Como industrias que emergieron tras la explosión demográfica del siglo II d.C., podemos citar la cerámica, incluyendo la producción de lámparas, textiles (Séforis) y aceite de oliva por toda la región.

Otra industria que sabemos que emergió ya en tiempos de Jesús fue la de la producción de vajilla de piedra caliza, que surgió para cubrir las necesidades resultantes de la creencia de que la vajilla pétrea, a diferencia de la cerámica, era inmune a la impureza o la miasma de una persona impura.

Vajilla judía
Vajilla de piedra hallada en un taller de fabricación de estos objetos en la localidad de Reina, cerca de Nazaret y Séforis.

Los baños rituales en miqva’ot (sing. mikvé) por inmersión completa suelen hallarse junto a vajilla de piedra cerca de prensas de aceite o de vino, para asegurar que los individuos que trabajaban en ellas estaban puros. Los trabajos arqueológicos recientes corroboran estas prácticas por lo que podemos afirmar con confianza que el carácter de los galileos en esta época era auténticamente judío.

Las trazas del primer cristianismo en Galilea se reducen a unos pocos casos aunque resulte sorprendente. Entre los más sólidos se encuentran la gruta tardorromana bajo la iglesia de la Anunciación en Nazaret, una capilla del siglo III en Leggio, cerca de Meggiddo, y la domus ecclesia de Cafarnaún, identificada como la casa-iglesia de Pedro y otros apóstoles como Andrés, Santiago, Juan, Mateo/Leví, que constituye la más antigua y firme evidencia de la iglesia temprana.

Además, se encuentra también la supuesta sinagoga del siglo I d.C. en Cafarnaún, situada bajo una gran basílica construida en caliza blanca y datada en el periodo bizantino, varios siglos más tarde.

Jesús y los esenios

En tiempos de Jesús de Nazaret encontramos varios grupos religiosos como por ejemplo fariseos, saduceos, zelotas y esenios. Fue Johann Georg Wächter el primero que, en 1713, en su obra De primordiis christianae religionis (“Los comienzos de la religión cristiana”) afirmó que Jesús fue un esenio. Pero actualmente debemos afirmar que no encontramos textos que nos den indicios para afirmar que Jesús estuviera en Qumrán en algún momento de su vida.

Manuscrito de Qumrán
Imagen de uno de los manuscritos de Qumrán.

La relación entre Jesús de Nazaret y la secta qumranita de los esenios se estableció debido a varios puntos:

  • El absoluto aprecio por la ley de Moisés, y el deseo profundo de cumplirla en su mejor sentido.
  • La tensión escatológica o espera del fin inminente del mundo, más la concepción del juicio final.
  • El desprecio de la riqueza como un obstáculo para alcanzar el Reino de Dios.
  • La invocación de Dios como abba (“Padre”, en arameo)
  • La utilización de un gremio de doce personas en representación de las doce tribus de Israel o el “resto” del pueblo de Dios.
  • La conciencia de que lo vaticinado por los profetas se está cumpliendo en el presente.
  • La doctrina de los dos caminos (Mt 7: 13-14 – Regla de la comunidad, 3.20-21)
  • Distanciamiento de la piedad respecto al templo.

Además, tanto Jesús como los sectarios de Qumrán tienen el mismo esquema mental a la hora de interpretar la existencia humana: la lucha entre el bien y el mal. Pero aun así, todas estas semejanzas no son suficientes para establecer que Jesús era un esenio.

Como ejemplo de divergencias entre el pensamiento de Jesús y el del grupo de los esenios podemos decir que la idea del Reino de Dios, central en la predicación de Jesús de Nazaret, desempeña un escaso papel en los documentos de Qumrán. El mandamiento del amor (Mt 5: 43-48), en el que Jesús hace tanto hincapié en multitud de ocasiones se separa radicalmente de la ética de Qumrán.

Hoy día la investigación en general tiende a relacionar a Jesús con el fariseísmo más que con los esenios.

Muerte y resurrección

En la Palestina del siglo I, los cadáveres eran enterrados al poco de morir. Se lavaba el cadáver con perfumes y se amortajaba con varias telas para la cara, las manos y los pies, así como otra de mayor tamaño para el cuerpo. Los parientes y amigos llevaban al difunto en procesión, precedidos por las mujeres, que proferían grandes llantos, se rasgaban las vestiduras y se arrojaban ceniza en el pelo.

Además del Gran Sanedrín, se contaba con un Pequeño Sanedrín que se encargaba de los cuerpos de los ajusticiados. Esto explica por qué se le confía el cuerpo de Jesús a José de Arimatea cuando se dejamos de tener noticias de él desde el principio. La mención en el libro de Hechos de los Apóstoles al entierro de Jesús confirma que fueron las autoridades judías las encargadas del entierro. (Hch 13: 27-29)

En líneas generales, la sociedad judía contaba con un amplio abanico de creencias sobre el más allá. Los saduceos, por ejemplo, no admitían la creencia en la resurrección y se aferraban a la creencia de que todo acababa en el seol, tierra de tinieblas y sombra, tierra de negrura como oscuridad, sombra y desórdenes, y donde la claridad misma es cual la oscuridad”. (Job 10: 18-22) El resto de grupos, por el contrario, sí que compartían la fe en la vida de ultratumba aunque no como resurrección de la carne sino que creían en la inmortalidad del alma.

Recorrido por la investigación del Jesús histórico: las tres etapas o “quest”

“La Primera Búsqueda” u “Old Quest”

Los primeros intentos de búsqueda del “Jesús histórico” datan del siglo XVIII así que es en este siglo cuando comienza esta “Primera Búsqueda”. En líneas generales podemos decir que el camino recorrido durante este periodo y durante el siglo XIX está más que obsoleto.

En las obras podemos ver un escepticismo histórico provocado por autores como M. Kähler o A. Schweitzer. Un escepticismo que duraría hasta la llegada de la “New Quest”.

“Segunda Búsqueda” o “New Quest”

“Pero la cuestión volvió a plantearse y con mucha fuerza entre los mismos discípulos de Bultmann. Fue lo que se dio en llamar la «new quest». El punto de partida estuvo en una conferencia que pronunció en 1953 Käsemann. Consideraba que la investigación histórica sobre Jesús era irrenunciable y que el escepticismo radical no estaba justificado, porque, por una parte, la comunidad cristiana que se expresa en los evangelios tiene siempre la voluntad de evocar suficientemente la vida de Jesús, y por otra, el acceder al Jesús histórico es la garantía de que la salvación es «extra nos», no es una mera elaboración humana sino que viene de Dios. Los autores de esta escuela están movidos por una gran preocupación teológica y, en general, se mueven en la órbita de la filosofía existencial. Su herramienta metodológica fundamental es el «criterio de desemejanza», según el cual se puede afirmar como histórico en Jesús lo que está en ruptura con su ambiente judío y no tenga continuidad en la Iglesia posterior y, por tanto, no pueda explicarse como proyección de ella. Es obvio que resulta así un Jesús sin raíces en su pueblo y con unos seguidores de los que prácticamente sólo se capta la ruptura con su maestro. La obra más importante es la de G. Bornkamm. Este énfasis en «el criterio de desemejanza» se debe al rigor crítico de estos autores y, quizá aún más, a su afán teológico, que busca lo único de Jesús, lo que le distingue de los demás, lo que justifica las afirmaciones también únicas que sobre Jesús hace la fe”. (Aguirre, p. 27)

“La Tercera Etapa” o “Third Quest”

En torno a 1980 se inicia una nueva etapa en la “Investigación sobre el Jesús histórico” que, al parecer, cuenta con numerosas diferencias.

En esta “Third Quest” vemos que, por parte de los investigadores hay una importante preocupación por obtener una metodología rigurosa de investigación histórica. La metodología llega a conclusiones históricas sin ir contra la fe. Esta “Third Quest”, al contrario de la anterior que se desarrolló principalmente en Alemania, tendrá su foco en el mundo anglosajón.

Esta tercera etapa presenta además una preocupación por colocar a Jesús en el tiempo, espacio y cultura político-religiosa de origen y se ha profundizado en el conocimiento de espacios relevantes en la historia de Jesús, es decir, Galilea y Jerusalén. En cuanto a las fuentes a utilizar se ha abierto un debate sobre la lista de fuentes “válidas” para llegar al Jesús histórico: “Documento Q”, “Evangelio de Tomás”, “Biblioteca de Qumrán”, literatura apócrifa judía y cristiana,…

Una de las cosas que más llama la atención de esta etapa es la diversidad de “imágenes” de Jesús de Nazaret:

  • Jesús, un judío marginal o Mesías restaurador de Israel.
  • Jesús, profeta escatológico.
  • Jesús profeta del cambio social
  • Jesús profeta de la sabiduría
  • Jesús carismático hombre del Espíritu

Conclusión

Jesús de Nazaret ha sido y será hasta el final de los tiempos un personaje que levante sentimientos de todo tipo. Para los historiadores significa profundizar en los orígenes de algo que supuso una revolución para el mundo. Era el comienzo de una manera de pensar diferente, de una ideología que miraba a todo el mundo con ojos nuevos, con ojos de amor. Contemplar los orígenes de una manera de pensar que favorecía a los débiles y que les decía que eran merecedores de amor y comprensión es una de las cosas que más me atrajo de la historia antigua. A pesar de lo que posteriormente hemos hecho los humanos usando esta ideología como espada, en mi humilde opinión, Jesús de Nazaret y su ideología le ha dado al mundo más frutos de lo que a simple vista pueda parecer y por eso, profundizar en su figura, es un servicio tanto para cristianos como ateos.

Bibliografía

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Piñero, Antonio (2015), “Juan Bautista, Jesús y los esenios de Qumrán”, Desperta Ferro Arqueología & Historia. El Jesús histórico, 18, p. 25-29

Riley Strange, James (2015), “Judíos y romanos en la Palestina de Jesús”, Desperta Ferro Arqueología & Historia. El Jesús histórico, 18, p.6 – 11

Safa, Hugo (2010), “El estado actual de la “Third Quest” o “Tercera Búsqueda” del Jesús histórico”, Revista Teología, 101, p. 91-115

“El Jesús histórico y su percepción en la Antigüedad Tardía”, Revista de Claseshistoria, Disponible en http://www.claseshistoria.com/revista/index.html

 

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