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El material soviético en el ejército de Franco (1940-1953)

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Aunque es un secreto a voces, el régimen nacido de la Guerra Civil al mando del general Franco utilizó durante más de una década material soviético en sus incipientes fuerzas armadas. Esta es la historia de este material.

Uno, grande y pobre

El final de la Guerra Civil de España (1936-1939) produjo que el nuevo ejército español que acababa de formarse con la victoria rebelde tuviera cientos de miles de hombres movilizados después de tres largos años de lucha. Estos cientos de miles de hombres fueron movilizados por una situación de emergencia y fueron gradualmente licenciados en los años siguientes, puesto que las fuerzas armadas españolas no necesitaban ya este potencial humano para cumplir las tareas que a partir de entonces se les iban a encomendar, como proteger las fronteras y vigilar al enemigo interno. No obstante, el nuevo ejército español, heredero directo del ejército sublevado de la guerra civil, iba a tener grandes carencias durante más de una década.

La ayuda militar por parte de las potencias fascistas europeas (Italia y Alemania), había sido relevante y el material, una vez enviado, quedó en manos españolas en grandes cantidades. Sin embargo, el derrotado gobierno republicano también había importado una notable cantidad de armamento desde diferentes partes del globo, principalmente de su mayor aliado internacional, la Unión Soviética. La ayuda soviética, como es sabido, fue vital para el sostenimiento del esfuerzo de guerra republicano. Al final de la contienda, todo el material que no pudo ser escondido en arsenales en lugares montañosos para una posterior recuperación, fue capturado por el nuevo ejército español en cantidades gigantescas. Se puede saber que estas cantidades eran considerables puesto que las nuevas fuerzas armadas no dudaron en adoptarlas de manera oficial.

El nuevo régimen impuesto en España era decididamente anticomunista, pero por el devenir de la situación se vio obligado a utilizar un armamento y, en general un material que había sido usado contra ellos mismos y que había pertenecido a sus enemigos acérrimos, la denominada a partir de ahora Antiespaña. Las fuerzas armadas españolas tuvieron un decidido impacto y papel en la España que acababa de surgir de un enfrentamiento convencional de tres años.

Gran parte de los mandos había apoyado la sublevación y después se habían colocado alrededor del general Francisco Franco, ejemplo y garante de su estilo de vida castrense. A pesar de todo, y aunque el ejército fue uno de los pilares fundamentales del régimen, si se estudia de manera pormenorizada se podrá descubrir que durante la primera década era realmente pobre comparado con otras potencias de segundo y tercer orden a nivel militar.

Lámina que muestra los uniformes del Ejército Español de la rama de infantería después del reglamento de 1943. La primera figura muestra como debería ser un soldado español tras el mismo con el casco Z-42 y los «botos». Las otras dos figuras muestran detalles heredados de la Guerra Civil, como los cascos: Adrian M15 (Figura 2) y M29 checoslovaco. Ambos modelos importados por la República en la guerra. Fuente: F. J. Veiga

La solución al problema de la pobreza material del ejército español no se logró solucionar de manera idónea hasta la década de 1960. El esfuerzo para modernizar las diferentes instituciones militares fue dual. Por una parte, la industria armamentística hizo un tremendo esfuerzo en conseguir la estandarización nacional con diseños y modelos fabricados en España. Por otro lado, las inversiones y los pactos con el gigante norteamericano hicieron el resto. La industria española se pudo centrar en la fabricación de armamento ligero y pesado para sus tropas, mientras que los vehículos, tanto aéreos como terrestres, fueron entregados por Estados Unidos. Este hecho facilitó la modernización del ejército español, aunque en la década de 1940 e inicios de la siguiente esto estaba lejos todavía de suceder.

Volviendo a las carencias que ya habíamos mencionado más arriba, esta pobreza militar en cuanto a producción de armamento se puede ver en la adopción masiva de una gran cantidad de material que para una fecha tardía como 1942 había quedado obsoleto en muy alto grado y que para 1950 era directamente de exposición de museo. Entre todo este material adoptado rápidamente por las fuerzas armadas del estado español se encontraba, en buena parte, el armamento soviético importado por la II República.

Como anexo a estas importaciones también podríamos añadir el armamento que produjo el gobierno derrotado durante la guerra. No obstante, aunque no fue una fabricación masiva, sí fue importante. El material adoptado se podría dividir en primer lugar entre armamento ligero/pesado para los infantes, y vehículos terrestres y aéreos para otras ramas del ejército. En definitiva, a todos los niveles y durante una década, hubo algún tipo de material de origen soviético en servicio en el ejército.

Fusiles antifascistas en manos franquistas

Las derrotadas fuerzas republicanas dejaron en los almacenes y en los campos de batalla de España miles de fusiles y ametralladoras, recogidos gustosamente por el ejército rebelde. La Unión Soviética, en armamento ligero, no solamente entregó a las autoridades republicanas fusiles de fabricación propia, sino también una mezcolanza de modelos que provenían en muchos casos de inicios de siglo o de finales del siglo XIX.

A parte de este material obsoleto, el que más destacaba eran los miles de fusiles Mosin-Nagant M1891 y M1930 Dragon que los cargueros tanto españoles como soviéticos descargaron en las costas de la España Republicana. Junto a esos fusiles, que eran reglamentarios en el Ejército Rojo de la época, también había miles de ametralladoras Máxim M1910, Maxim-Tokarev M1917/29 y fusiles ametralladores DP-28. A grandes rasgos estos fueron los cuatro modelos de armas largas y pesadas más abundantes después en el ejército español de 1940.

El fusil Mosin-Nagant, en sus diferentes versiones, tiene una larga historia de detrás. Fue diseñado a finales del siglo XIX y utilizado primero por el Imperio Ruso y luego por la Unión Soviética. Durante la Guerra Civil Española, la II República había importado oficialmente dos modelos, el original de 1891 y el fabricado en 1930, más liviano que su predecesor. Teniendo esto en cuenta, ambos modelos tenían las mismas características técnicas. Según las últimas cifras cotejadas, se recibieron exactamente 209.160 fusiles Mosin-Nagant (Howson, 2000: 382-419).

Los números de enviados suelen bajar o subir dependiendo de en muchas ocasiones del pensamiento del autor, ya sean más de una línea conservadora o progresista. Los autores Lucas Molina Franco y José María Manrique elevan esta cifra a 283.170 (Molina & Manrique, 2010: 186). Los primeros fusiles Mosin que tocaron suelo español fueron los recibidos el día 16 de enero de 1937 en el carguero Sac-2 con el que llegaron 25.500 rifles (Howson, 2000: 392).

En cifras globales, la II República dispuso de aproximadamente 500.000 fusiles de distintas clases. Que de ellos 209.160 o 283.170 fueran de un mismo modelo nos muestra la importancia que tuvo el Mosin-Nagant en las fuerzas del Ejército Popular Republicano: aproximadamente la mitad de la tropa estuvo equipada en algún momento con un Mosin. La España rebelde adquirió paulatinamente estas armas según avanzaba la guerra y el Servicio de Recuperación Nacional recogía material requisado al enemigo tras una derrota o una retirada. Al final del conflicto este servicio contabilizó nada menos 576.301 rifles de todas las clases, un 36,29%- 49,13% (dependiendo qué cifras tomemos como referencia) fueron Mosin.

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El fusil Mosing-Nagant era un venerable de la Primera Guerra Mundial, pero su utilización en diferentes versiones alcanzó los años 70 en algunos países. Fue reglamentario en la Guardia Civil hasta que pudo ser sustituido oficialmente por el Mauser M1943 de calibre 7´92 mm. Fuente: Wikimedia Commons

Una vez clasificados, el Mosin-Nagant no pasó a pieza de museo o a ser directamente chatarra. Eran armas robustas y de una buena fabricación, por lo que las autoridades militares decidieron sacarle partido a la multitud de ellos que habían capturado. El Ejército de Tierra de España continuó siendo equipado con los Mauser M1893 y M1916 para intentar estandarizar la situación. Estos dos fusiles, de fabricación nacional, fueron entregados a las fuerzas de tierra con preferencia frente a otros cuerpos de seguridad.

Con esta medida, la Guardia Civil, institución militar de largo recorrido en España, fue despojada de sus fusiles Mauser 1893 y 1916 y fueron dotados con grandes cantidades de rifles Mosin soviéticos de los dos modelos. No está claro si los Mausers originales fueron retirados por mal estado y desgaste o por orden de que estas armas fueran entregadas al Ejército para equipar a sus unidades. Lo importante, en definitiva, es que la Guardia Civil no tuvo más remedio que adoptar el Mosin que pasó a denominarse Mausine.

La importancia del denominado Mausine puede verse en fecha tan reciente como 1939. Durante ese año, el servicio de Publicaciones del Servicio de Recuperación de Material de Guerra publicó en Ávila un pequeño folleto de dieciséis páginas en las que se detallaban todas las partes de las que estaba compuesta el fusil soviético. El pequeño libreto contiene hasta láminas desplegables con las partes del Mosin-Nagant. Incluso teniendo en cuenta las carencias que había en la época en la que se editó, el servicio rebelde se tomó su tiempo en editar este detallado estudio.

El rifle ruso estuvo en activo en la Guardia Civil durante más tiempo del que tenían pensado las autoridades, debido a la importante pobreza armamentística de estos primeros años del régimen. El 16 de abril de 1943, el Director General de la Guardia Civil, Enrique Cánovas Lacruz, emitió la Orden General nº. 118, en la que se hacía un análisis del rifle ruso y el porvenir de estos en el cuerpo.

En esta Orden General nº. 118 también se anunciaba que próximamente el rifle Mausine de 7,62 mm sería reemplazado por el ya conocido Mauser de 7 mm al que los agentes estaban acostumbrados desde siempre. Por tanto – continuaba la orden general – los guardias civiles:

“Debían perfeccionar sus conocimientos sobre el funcionamiento del fusil Mausine, aplicándose en su conservación y mantenimiento, debiendo revisar constantemente sus mecanismos y sobre todo antes de salir de servicio, dando cuenta de cualquier anormalidad a sus inmediatos superiores” (Op. Cit. Narciso, 2003: 54).

El mensaje emitido por Enrique Cánovas Lacruz nunca llegó a cumplirse, puesto que la Guardia Civil nunca más fue equipada con armas de calibre 7 mm. El Mosin continuó siendo reglamentario en la Benemérita. Prueba de ello es que ese mismo año de 1943 se volvió a editar una publicación respecto al arma con el nombre de «Manual de descripción e instrucción para el manejo del fusil de repetición sistema Mausine, calibre 7,62 mm» (Ibíd: 54). La munición que utilizaba el Mausine aún procedía de la Guerra Civil, tanto recuperada de la enviada por la Unión Soviética como fabricada en la zona republicana, más concretamente en la Fábrica nº. 13 de la Subsecretaría de Armamento. En la década de 1940 esta munición fue fabricada en Toledo y en 1950 en Sevilla (Narciso, 2003: 55).

Modelo: Cantidad importada:
Fusil Mosin-Nagant M1891/30 Mausine 209.160 – 283.170
Fusil ametrallador DP-28 Napot 5.146
Ametralladora Maxim-Tokarev 2.450 (3.750)
Ametralladora Maxim M1910 3.220

Tabla 1: Modelo y cantidad de las armas soviéticas importadas por la II República y posteriormente reutilizadas por el Ejército Español. Los números son del material importado, no del total recuperado en la posguerra.

Respecto a la munición y su uso, hubo dos menciones en dos órdenes generales emitidas por la Guardia Civil. La primera de ellas, en la O.G nº. 87 de 1942, en la que se pedía que los agentes utilizaran la munición de más antigua a más reciente. Posteriormente, en la O.G nº. 118 de 1943 se pedía lo contrario, de más reciente a más antigua. Es de suponer que, para la fecha, la munición antigua ya habría superado su vida útil o estaba dando problemas y provocando accidentes a quienes la utilizaban. El Mosin-Nagant, en general, no gustó en exceso a los miembros de la Benemérita. Tenían preferencia por los modelos y diseños de Mauser que había estado utilizando durante la guerra.

Sin embargo, no era debido al arma en sí sino al estado en el que se encontraban cuando fueron recibidos. El Mosin se ganó durante el siglo XX una gran fama de arma robusta, precisa y fiable, cualidades que hasta un estudioso del cuerpo como Jesús Narciso Núñez Calvo le da. Este teniente coronel de la Guardia Civil, asimismo, lo califica de incomodo y obsoleto, si bien esto último puede ser cuestionado. Los lotes que las comandancias de la Guardia Civil recibieron estaban en mal estado o desgastados, esto no significa per se que el modelo de arma en sí estuviera obsoleto, puesto que armas con características parecidas se utilizaron hasta la década de 1960 alrededor de todo el globo. Francisco Aguado también se une a los comentarios de Jesús Narciso considerándolo inadecuado para el servicio por su mal estado (Aguado, 1983: 185).

En cuanto su uso en España, las fechas de adopción coinciden de lleno con las del inicio y el final del movimiento guerrillero antifranquista en las sierras y montes ibéricos. Por lo tanto, el Mausine, irónicamente, se volvió contra sus antiguos propietario de la mano de los guardias civiles y las contrapartidas. Finalmente, el siguiente fusil que recibió el cuerpo fueron los Mauser M1943 de 7,92 mm a partir de mediados de la década de 1940. El Ministerio del Ejército recibió un suculento crédito para la fabricación de 15.000 Mauser M1943 en entregas anuales (López, 2011: 434). El primer crédito inicial fue firmado el 30 de diciembre de 1943, por un valor de más de 25 millones de pesetas.

Pasando a los fusiles ametralladores, la II República, al igual que pasó con las armas de cerrojo, importó una gran variedad de estos. De nuevo, el material soviético fue el que más destacó por su número y calidad. Los republicanos compraron exactamente 5.146 fusiles ametralladores del modelo Degtyarev DP 1928 (Howson, 2000: 382-419). En total los representantes gubernamentales lograron conseguir cerca de 15.000 fusiles ametralladores, importados de diferentes lugares de Europa. Los fusiles ametralladores DP 1928 soviéticos suponían el 36% del total. Lucas Molina Franco y José María Manrique García nos dicen sobre este fusil ametrallador:

“Parte de su éxito se debía al cierre semirrígido, con dos aletas que, empujadas por el percutor en el momento del disparo, acerrojaban la recámara durante unos instantes, en claro antecedente a los rodillos de la MG 42 y del Cetme” (Molina & Manrique, 2010: 211).

El DP-28 era, en general, un buen arma. Se trataba de un fusil ametrallador que utilizaba cargadores en forma de tambor, que se colocaban de forma horizontal encima del cajón de mecanismos. En España estos cargadores fueron conocidos como sartenes. La cadencia de disparo del DP-28 era de entre 500 o 600 disparos por minuto. Al igual que ocurría con los Mosin-Nagant, los fusiles ametralladores Degtyarev DP 1928 fueron destinados a las comandancias de la Guardia Civil en grandes cantidades. La denominación de esta arma fue cambiada en España y pasó a denominarse fusil ametrallador Napot. El nombre de Napot provenía de los propios los cargadores de estas armas, cuyas cajas indicaban “47 Natpoh”, es decir “47 cartuchos” (Narciso, 2003: 110). El Servicio de Recuperación Nacional la incluyó en las listas con el nombre de Spitalny Komarotski 1928 (Barceló, 2002: 436).

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Guardias civiles durante unas prácticas de tiro en la década de 1940 o comienzos de 1950. En primer plano se puede observar a un agente utilizando un fusil ametrallador DP-28 conocidos como «Napot» de los importados por la República. En el cajón donde se guardan los cargadores se puede ver la estrella roja. Fuente: Archivo del autor.

El fusil ametrallador Napot estuvo en servicio en las filas de la Guardia Civil hasta bien entrada la década de 1950. Por ello, la Jefatura General de la Guardia Civil, junto a la Jefatura de Armamento, ordenaron editar un manual de unas treinta y cinco páginas en las que se detallaba el funcionamiento de esta arma. El pequeño manual añadía además siete láminas desplegables en las que se precisaban todas piezas y partes que tenía el fusil ametrallador DP 1928.

El folleto se editó con el nombre de Descripción e instrucciones para el manejo del Fusil Ametrallador D. P. NAPOT, calibre 7,62 mm. Las comandancias de la Guardia Civil dispusieron de esta arma soviética hasta mediados de la década, cuando las autoridades militares fueron entregando el nuevo fusil ametrallador F.A.O (Narciso, 2003: 110). Este fusil era de fabricación nacional, pero basado a su vez en el fusil ametrallador ZB. 26 checo que la II República también había importado durante la guerra.

A nivel táctico, el fusil ametrallador Napot debía usarse en una escuadra conformada por un cabo y cinco guardias civiles de 2ª clase. La misión del cabo era la de dirigir la escuadra, mientras que uno de los guardias civiles actuaba como tirador y los otros cuatro como proveedores de munición (Ibíd, 2003). En Europa, el DP 28 fue un arma clásica del Ejército Rojo y de los ejércitos del Pacto de Varsovia. A finales de la década de 1940 fue reconvertida en ametralladora ligera funcionando con cintas de tela. Finalmente, fue sustituida entre 1950 y 1960 con el uso de las ametralladoras RPD y PKM.

Por último y en cuestión de ametralladoras, el ejército y la Guardia Civil dispusieron de la Maxim M1910 “de carrito” y también durante un tiempo del modelo refrigerado por aire y portátil Maxim-Tokarev M1925. Sobre esta última se especula que el Ejército la pudo haber utilizado brevemente. La Maxim-Tokarev M1925 llegó, al menos, en una cantidad aproximada de 2.400. Howson contabilizó 3.750 de estas armas, pero los compañeros y colaboradores de la web SBHAC han abierto un debate sobre estas debido a que es posible que, de las 3.750 enviadas, alrededor de 1.300 pudieran estar mal catalogadas y ser en realidad ametralladoras de origen alemán MG08/15. Sobre la Maxim-Tokarev M1917/29, el teniente coronel de artillería D. Bernardo Barceló Rubí afirma que:

“Fue una de las armas de esta clase de más frecuente uso por parte del Ejército de la República durante la guerra de 1936 a 1939 y si no se entregó para dotación de las unidades después de la campaña fue por no complicar las labores de municionamiento. (…) Fueron vendidos todos como chatarra bien avanzada la década de 1960”. (Barceló, 2002: 455).

En el caso de la Maxim M1910, se extendió en el tiempo como los modelos anteriormente citados en este apartado. La Maxim, conocida como “de carrito” (oficialmente fuste Sokolov), debido al soporte en forma de pequeño carro que ayudaba a su transporte, era una venerable veterana de la Gran Guerra y de la Guerra Civil Rusa. La II República, una vez más, logró importar estas ametralladoras en una notoria cantidad. Aproximadamente llegaron 3.220 en ocho envíos (Howson, 2000: 382-419). Como siempre, estos números van hacia arriba o hacia abajo dependiendo del autor. En total, el gobierno republicano recibió unas 8.500 máquinas y haciendo números, más del 37% de las ametralladoras del Ejército Popular Republicano eran Maxim M1910.

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Ametralladora Maxim-Tokarev su configuración ya abría camino al perfil que deberían tener las ametralladoras ligeras. El Ejército Español según algunos autores la utilizó durante un breve periodo de tiempo. Según Bernardo Barceló eso no sucedió. Fuente: Pinterest.

De esta ametralladora se publicaron nada menos que dos folletos, uno para la Guardia Civil y otro para las unidades del ejército regular. El editado por la Guardia Civil fue ordenado nuevamente por la Jefatura de Armamento con el nombre de Descripción e instrucciones para el manejo de la ametralladora Maxim, calibre 7,62 mm. Fue publicado durante la década de 1940 y contaba de dos partes, una teórica y otra gráfica en la que se mostraba el despiece de la ametralladora. El manual fue editado por el Regimiento de Infantería nº. 46, en Ávila y disponía de nada menos que cincuenta y seis páginas de contenidos con el nombre de Descripción de la Ametralladora “MAXIM” 7,62. Este manual, en su capítulo primero describía así a la ametralladora Maxim:

“Dentro de los medios de combate de la infantería, la ametralladora «Maxim» es el arma de mayor alcance. Por su rapidez de disparo, así como por el mejor logro del objetivo propuesto, la ametralladora «Maxim» realiza un trabajo equivalente al de 60 a 70 soldados fusileros”. (Descripción de la ametralladora «Maxim», s/f: no numerada).

El manual continúa diciendo:

La máquina «Maxim» tiene eficacia hasta una distancia de 1.500 a 2.200 metros y desde 2.200 a 4.000 metros, contra objetivos invisibles. (…) El peso total de la máquina es de 60 kgs. Para el servicio de una ametralladora «Maxim» se requiere el empleo de cinco hombres. (Descripción de la ametralladora «Maxim», s/f: no numerada).

Cuando los manuales que hemos visto se repartían en el ejército, el Ministerio del Ejército puso en marcha, bastante pronto, la sustitución de este material. A mediados de la década de 1940, la industria armamentística española comenzó a entregar las primeras unidades de la nueva ametralladora Alfa M44, una ametralladora basada en la antigua Hotchkiss M1914 francesa y la ZB vz. 37 checa. La Alfa M44 fue mejorada en el año 1955, cuando al fin se logró eliminar la Maxim de los arsenales de las comandancias y los cuarteles. Como le ocurrió a la Maxim-Tokarev, las que no fueron expuestas o guardadas, fueron vendidas como excedentes.

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Ametralladora Maxim M1910 conocida como «de carrito». Las comandancias de la Guardia Civil dispusieron de estas armas hasta la llegada en cantidad de las ametralladoras Alfa M44 de fabricación nacional. Fuente: Internet Movie Firearm Database

Cadenas rojas al servicio de Franco

El armamento portátil soviético utilizado por la Guardia Civil y el Ejército podría en la época pasar desapercibido (que no lo hizo) debido a su tamaño, pero en cuestión de aeronaves y vehículos terrestres era evidente que el ejército español estaba reutilizando material republicano traído de la Unión Soviética en cantidades notables. Aquí debemos hacer la diferenciación entre vehículos terrestres y aéreos.

Durante la misma guerra, el ejército rebelde capturó una interesante cantidad de material que se puso de inmediato al servicio de la causa sublevada; y en las unidades del Ejército de Tierra y el Ejército del Aire después del conflicto. En números, el material soviético constituyó una vez más una parte fundamental del material en las fuerzas armadas del nuevo estado español.

Comenzando por el material terrestre, las divisiones acorazadas del ejército español en la década de 1940 se nutrieron especialmente de los restos que italianos y alemanes habían dejado en tierras españolas después de su retirada. No obstante, italianos y alemanes desplegaron carros que apenas podían considerarse muy ligeros o tanquetas equipadas con apenas dos ametralladoras, ideales para batir a una infantería en retirada, pero nada más. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, y esto es un hecho muy importante, la concepción del carro blindado cambió drásticamente. Pronto, en apenas tres años, en los frentes de batalla había carros pesados con un armamento ofensivo jamás antes visto. En el norte de África, muy cerca de las costas españolas, el Africa Korps de Rommel desplegó en 1942 los primeros carros Tiger, fuertemente blindados y equipados con un cañón de 88 mm.

Modelo: Cantidad importada: Recuperada por el ejército:
Carro de caballería BT-5 50 Sin datos
Carro blindado T-26B 331 139
Vehículo blindado BA-3 y BA-6 40 Sin datos muy escasos
Cañón contracarro M1932 (Anexo 1) 135 Sin datos, abundante

Tabla 3: Material importado por la II República, posteriormente recuperado y puesto en servicio por el ejército durante la posguerra. El Carro T-26B era la pieza fundamental de las unidades acorazadas españolas.

Mientras tanto, en España, el nuevo ejército de Franco disponía de estos carros ligeros y tanquetas. Sin embargo, el material soviético capturado y abandonado por los republicanos le dio a la España franquista unos carros que al menos tenían una composición moderna, en el sentido de que estaban equipados con cañón de 45 mm y varias ametralladoras. Estos carros soviéticos eran nada menos que el T-26B y el carro de caballería BT-5. Dos carros que lograron mantenerse en activo en la Unión Soviética hasta el inicio de la Operación Barbarroja en junio de 1941.

Miles de ellos se perdieron durante esta invasión y fueron sustituidos pronto por otros blindados más modernos y con mejores prestaciones, como el T-34/76 y posteriormente el T-34/85. Por lo tanto, los carros soviéticos en manos  españolas quedaron muy pronto desfasados una vez acabada la contienda civil. Sobre el T-26B José Mario Armero y Manuel González nos dicen:

“Carro de combate ligero T-26 B, de 9,5 tons. Modelo soviético fabricado entre 1933 y 1939 capaz de desarrollar una velocidad de 28 kms/h. (…) El carro T-26 B estaba armado en la torreta con un cañón de 45 mm y una ametralladora 7,62 mm. El blindaje variaba entre 10 y 15 mm de espesor en las distintas planchas protectoras”. (Armero & González, 1981: 46-47).

En total, la II República pudo recibir de la Unión Soviética 331 carros blindados exactamente. De estos 331 carros entregados, 281 fueron del modelo T-26B y 50 lo fueron del carro de caballería BT-5. Muchos de estos, sobre todo del menos común BT-5 se perdieron en las batallas de la Guerra Civil, pero igualmente una parte de ellos sobrevivió al conflicto para seguir prestando servicio durante más de una década. Ya en época franquista, los vehículos blindados fueron clasificados en dos modelos, Tipo I y Tipo II (Caballero & Molina, 2006: 75).

El Tipo I estaban integrados los modelos italianos y alemanes de los que todavía había unos 144; del Tipo II había 139 blindados. Los autores Carlos Caballero Jurado y Lucas Molina Franco adjudican estos últimos 139 unidades al modelo T-26B (Ibíd., 2006: 76). Pero el experto británico en carros de combate Steven Zaloga asegura que algunos de los BT-5 capturados por los rebeldes fueron a parar a su flota de vehículos (Zaloga, 2016: 36). Puede que estos carros de caballería no sobrevivieran al final del conflicto, que estuvieran faltos de piezas o que las autoridades no hicieran distinción.

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Carro Blindado T-26B durante unas maniobras en 1940. Según la fuente, fueron unas maniobras preparatorias para los integrantes de la futura División Azul. El T-26B era el carro «pesado» que había en España hasta la llegada de un lote de Panzer IV. Fuente: Servicio de Información Alemán en España.

Esta falta de piezas y de repuestos fueron uno de los tantos talones de Aquiles que afectaron a las nuevas fuerzas acorazadas franquistas (Caballero & Molina, 2006: 76). A pesar de todo, en 1940 el Ejército de Tierra logró levantar cuatro regimientos blindados. Los cuatro regimientos ordenados estaban situados en: Madrid, Sevilla, Valls y Estella. Además, quedó sobre el papel el organizar una compañía mixta de carros en Baleares. Estos regimientos estaban formados por: 39 jefes y oficiales, 52 suboficiales, 13 CASE, 362 soldados, 27 carros T-26B, 31 carros ligeros (Panzer I) y 6 piezas anticarro de 45 mm. (Rodrigo, 2009: 66).

Como se puede ver, los T-26B fueron parte central de las fuerzas acorazadas franquistas en la posguerra. Esta situación solo se pudo mejorar a finales de diciembre de 1943 cuando España logró comprar un pequeño lote de carros blindados Panzer IV Ausf. H al Tercer Reich. La compra original era de veinte de estos carros, pero finalmente solo llegaron dieciocho de los mismos por un precio total con todos sus componentes de 778.552,30 RM (Caballero & Molina, 2006: 79). Estos carros participaron en maniobras junto a los ya vetustos T-26B hasta la década de 1950, cuando Estados Unidos, después de una serie de tratados, envío a España carros blindados sobrantes de la Guerra de Corea.

Los vehículos blindados también tuvieron su participación en las divisiones de caballería de las nuevas fuerzas armadas de España. Los vehículos blindados BA-3 y BA-6 fueron importados por el gobierno republicano en muy pocas cantidades, apenas llegaron 40 unidades entre ambos modelos. El modelo BA-6 mejora la anterior versión BA-3 en algunos aspectos tanto técnicos como estructurales, aunque en gran medida eran el mismo vehículo. Sobre el BA-6 los autores José Mario Armero y Manuel González nos dicen:

“Autoblindado BA-6, modelo 1935, fabricado en la Unión Soviética. Estaba armado con el mismo cañón de 45 mm que el carro T-26 y dos ametralladoras 7,62 mm. Los neumáticos eran antibala”. (Armero & González, 1981: 50).

El Estado Mayor del Ejército probó durante los años 40 este tipo de vehículos en búsqueda de un modelo que aportara rapidez en el reconocimiento, pero también consistencia si había que entablar un combate (Rodrigo, 2017: 198-199). Las pruebas fueron satisfactorias, pero el escasísimo número del que se disponía hizo que el Ejército tuviera que buscar otras alternativas, aunque los BA-3 y BA-6 se siguieron utilizando en los escuadrones mixtos de caballería. Finalmente se encontró una solución intermedia con el uso de los Chevrolet-1937. Como ocurrió con los carros blindados, la llegada del material norteamericano produjo la baja de este material.

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Perfil de un blindado soviético BA-6 pintado con las enseñas sublevadas al ser capturado. Cuarenta unidades de este vehículo llegaron a las manos republicanas durante la guerra. Los supervivientes pasaron a la caballería del nuevo ejército español. Fuente: Tank Encyclopedia

De la escarapela tricolor a la cruz de San Andrés 

El Ejército del Aire, como ya habíamos dicho, fue otro de los que tuvo que utilizar durante largo tiempo material requisado a sus enemigos. Hace relativamente poco tiempo apareció en el mercado editorial un estudio sobre el tema realizado por el autor José Miguel Sales Lluch «Otra vida. Aviones soviéticos en el ejército del aire 1939-1955». Una investigación a la que no hemos podido tener acceso aún, por lo que algunos datos que aquí se han añadido podrían quedar desactualizados con esta publicación. El Ejército del Aire de España tuvo una gran cantidad de material soviético, pero también italiano y alemán. A manera de anécdota, durante la Segunda Guerra Mundial incluso el régimen logró añadir a sus aeródromos material estadounidense y británico debido a los aterrizajes forzosos que hacían los pilotos anglosajones en suelo español.

La columna vertebral de estas aeronaves soviéticas eran los cazas I-15 Chato (en sus dos versiones), I-16 Mosca, bombarderos Polikarpov R-Z y R-5, y por último, los bombarderos Tupolev SB. Los siete modelos habían tenido una actividad muy intensa en las fuerzas aéreas de la II República durante la guerra, siendo los aviones más comunes. Los números enviados desde la Unión Soviética a la República en guerra han variado desde que se comenzó a estudiar el conflicto. Actualmente, el debate parece zanjado, y las cifras de Howson son las más aceptadas por los historiadores. Según los datos de Howson, los gubernamentales recibieron:

Modelo de avión: Cantidad importada: Recuperados por el Ejército del Aire:
Polikarpov I-15 Chato 131 + 237 fabricados 185 (96)
Polikarpov I-15bis Super Chato 31 29 (21)
Polikarpov I-16 Tip. 5 y 6 Mosca 155 ¿? (23)
Polikarpov I-16 Tip. 10 Super Mosca 121
Polikarpov R-5 Rasante 31  Sin datos
Polikarpov R-Z Natacha 93 37
Tupolev SB-2 Katiuska 92 25 (18)
Total: 891 299 (195)

Tabla 4: Los números sobre los recuperados y puestos en servicio son aproximados. Entre paréntesis he especificado los que fueron puestos al menos en vuelo. Las fuentes consultadas no son claras en estos aspectos. [NOTA 1]

Con las pérdidas derivadas del conflicto y la falta de repuestos, lo cierto es que el Ejército del Aire contó con menos material soviético en este ámbito. Las fuerzas del Eje habían aportado muchos de sus propios modelos y al final de la contienda, del que más contaban en los hangares eran del caza italiano C.R-32 conocido como Chirri. Comenzando por los I-15 Chato y I-15Bis Super Chato, en total las fuerzas franquistas lograron capturar 185 del modelo I-15 y 21 del modelo I-15Bis (González, 2007: 43 y 93). Sobre el I-15, de nuevo los autores José Mario Armero y Manuel González comentan:

“Polikarpov I-15, llamado “Chato”, de origen soviético, aunque también fabricado en España. Con más de 350 km/h de velocidad y techo de 9.000 m, armado con 4 ametralladoras de 7,62 mm y posibilidad de 8 bombas. Un modelo más potente, con el plano superior recto y morro más alargado llegó a España al final de 1938 [Se refiere al I-15Bis Super Chato]” (Armero & González, 1981: 62).

Los Polikarpov I-15 fueron destinados a los Grupos 33 y 34 del Regimiento nº. 32 destinados en La Rabasa (Alicante) y a los Grupos 35 y 36 del Regimiento nº. 33 destinados en Villanubla (Valladolid). Eran buenos aviones, aunque para la década de 1940 habían quedado totalmente obsoletos a nivel bélico, superados por modelos de otras nacionalidades como el Bf-109 alemán. En los aeródromos republicanos se fueron capturando a cuentagotas una vez que los sublevados se hicieron con estos lugares tras la derrota del gobierno republicano. La mayor parte de los capturados se encontraba en proceso de construcción y de reparación. Las nuevas autoridades del régimen pusieron en vuelo los que pudieron ser acondicionados en las fábricas y también reparados. En 1946 se les dio el código identificativo de A4 “Asalto, cuarto tipo” (Guerrero, 1988: 54).

Pilotos del Ejército del Aire delante de una fila de cazas Polikarpov I-15 Chato. Los aviones iban a ser llevados a su lugar de destino. Años 40. Fuente: Archivo «Canario» Azaola.

Por otro lado, los Super Chato fueron entregados al Ejército del Aire desde Francia debido a que el capitán republicano Emilio Galera refugió estos aparatos aterrizando en suelo galo. Tras los Acuerdos Bernard-Jornada, los aparatos fueron devueltos a España y puestos en servicio hasta 1950 (Abellán, 1996: 48). Según los informes oficiales, solo pudieron recuperarse 21 de los 30 originales debido a que los restantes se encontraban en mal estado. El Ejército del Aire tuvo en total unos 20 después de la pérdida de una unidad en un accidente aéreo. Más tarde se redujeron a 18 por otras pérdidas (González, 2007: 43). Los I-15Bis fueron encuadrados en el Grupo 24 del Regimiento nº. 23 destinado en Manises (Valencia).

Los cazas I-16 Mosca y Super Mosca fueron capturados, sorprendentemente, en pocas cantidades. Apenas 23 de estos cazas soviéticos estuvieron en servicio en el Ejército del Aire. Los Polikarpov I-16 fueron encuadrados en el Grupo 26 del Regimiento nº. 22 destinado en La Virgen del Camino (León). Citando una vez más a los dos autores José Mario Armero y Manuel González, estos hablan del I-16 como:

“Polikarpov I-16 llamado “Mosca” o “Rata”, de fabricación soviética. Velocidad de más de 400 km/h y techo de 5000 m; armado con dos ametralladoras 7,62 mm y 3.500 disparos por minuto. Un segundo modelo más potente estaba dotado de 4 ametralladoras” (Armero & González, 1981: 61)

Sobre esta aeronave poco más se puede añadir. Durante la guerra quedó por detrás del modelo alemán Bf-109, al igual que le paso al I-15. Una vez en manos sublevadas y después en el Ejército del Aire fueron repintados con nuevos patrones menos “rojos” y más nacionales. El repintado se basaba en un patrón de color ocre con machas terracota y verdes al ser reagrupados en el grupo 1W (Guerrero, 1978: 23). Tiempo más tarde recibieron una nueva capa de pintura metalizada y con las insignias nacionales en el costado.

Caza Polikarpov I-16 tipo 10 Super Mosca durante unas maniobras aéreas en la década de 1940. Se puede apreciar que ha sido repintado y el patrón ahora es metalizado con la cruz de San Andrés en la cola. Fuente: Archivo «Canario» Azaola.

En cuanto a los aviones de bombardeo ligero Polikarpov R-5 Rasante y Polikarpov R-Z Natacha ocurre otro tanto como con los cazas Mosca. No hay una distinción directa entre ambos modelos, al menos que yo haya podido observar y tampoco si realmente algún R-5 sobrevivió al conflicto. Según el listado confeccionado el 3 de enero de 1940 con el nombre de El estado de todos los aviones de guerra existentes en el Arma, existían un total de 37 Natachas que se repartían en: 14 en vuelo, 19 en talleres y 4 pendiente de baja (González, 2007: 113). Los Polikarpov R-Z formaron parte del Grupo 43 que estaba destinado en el aeropuerto de Auámara (Larache, actual Marruecos). Las últimas seis aeronaves de este tipo fueron dadas de baja en una fecha tardía, junio de 1950. Según el experto en temas aeronáuticos Juan Abellán, el Natacha:

“[El R-Z] tenía una velocidad media de 316 km/h, un techo de 8.700 m y un radio de acción de 1.000 km. (…) la ametralladora zaguera montada en un afuste perfecto para una poderosa arma Spitalni Komarsihi de 7,7 mm. Portaba una ametralaldora más en el capó, sincronizada y fija. Cargaba además ocho bombas de 50 kg”. (Abellán, 1996: 64).

Por último y para finalizar tenemos que hablar del bombardero Tupolev SB-2 conocido como Katiuska. El Ejército del Aire de España logró tener 25 bombarderos de este modelo. El numero más alto de estos se capturó en el aeropuerto de Barajas (Madrid) el día 29 de marzo de 1939. Se entregaron por parte de las fuerzas derrotadas 14 de estos aviones. Los demás hasta sumar los 25 mencionados fueron capturados a lo largo de la Península, incluidos tres que se repatriaron de Orán. Del total que tuvieron disponibles las nuevas autoridades solo 18 volvieron a volar (González, 2007: 73).

Todos ellos fueron encuadrados en el Grupo 16 del Regimiento Mixto nº. 13 destinado en Los Llanos (Albacete). Su fecha de baja no esta clara. Según el autor José Luis González Serrano, los últimos seis SB-2 fueron dados de baja en la fuerza aérea el día 21 de julio de 1945 (González, 2007: 74), mientras que el autor Juan Abellán García pospone esta fecha a 1948 (Abellán, 1996: 86).

Una formación de tres bombarderos SB-2 Katiuska en vuelo durante unas maniobras. El Ejército del Aire dispuso de veinticinco unidades de este tipo de aeronave, aunque solo se pudieron poner en servicio dieciocho. Fuente: Archivo de José Luis González Serrano.
Anexo 1: Cañón contracarro M1932 de 45 mm

El cañón contracarro M1932 fabricado en la Unión Soviética fue una de las tantas piezas antitanque que tuvo el Ejército Popular Republicano. Como le ocurre a otras armas y vehículos, hay debate sobre el número de piezas que se importaron. El experto en artillería Artemio Mortera cita en 135 los cañones de este tipo importados por la II República (Mortera, 2016).

El ya mencionado Howson aumenta la cifra en diez unidades más, 145. Las primeras unidades llegaron a Cartagena el 29 de abril de 1937. Al igual que en otras tantas ocasiones, este material capturado por los sublevados sirvió a sus propias filas. La estima de Franco por esta arma de artillería fue evidente, ya que, además de mandar la copia del Cañón M1932 en sus propias fábricas, ordenó que los cañones de 45 mm., de los vehículos blindados (T-26, BT-5 o BA-6) fuera colocados en afustes parecidos a los de esta pieza.

Después de la guerra, la producción del Cañón M1932 de 45 mm. continuó en la fábrica de armas de la localidad de Soraluze-Placencia de las Armas (Guipúzcoa, País Vasco). El cañón soviético capturado y luego fabricado había dado tan buen rendimiento durante el conflicto que las autoridades lo copiaron sin cambios visibles. El ejército español le dio una nueva denominación como Cañón contracarro de 45/44 Placencia – CCC. 45/44 – que estuvo en servicio hasta finales de la década de 1950.

En algunas imágenes capturadas durante el conflicto de Ifni-Sáhara es posible ver a los destacamentos españoles equipados con estas armas. El Cañón M1932 fue la única arma soviética que el régimen de Franco copió, fabricó y adoptó para el Ejército Español. Por último, cabe destacar que su misión contracarro se vio muy pronto obsoleta debido al incremento de los blindajes en los blindados después de la Segunda Guerra Mundial.

Cañón contracarro Placencia 45/44 fabricado por España durante la década de 1940 y 1950. Fue una copia directa del cañón contracarro M1932 importado por la II República durante la Guerra Civil. Fuente: Guía del Turista Friki.

Conclusiones

Después de clasificar todo el material soviético que el Ejército Español utilizó entre 1940-1950 se puede concluir sin temor a equivocarse que el mismo fue importante, aunque en diverso grado. El material soviético destacó en dos puntos por encima del resto, primero equipando a los miembros de la Benemérita y segundo en las fuerzas acorazadas. Aquí, el material soviético fue una pieza clave que salvó del apuro a unas fuerzas armadas bastante pobres que no tenían, sobre todo, material moderno que entregar a sus soldados y agentes de las fuerzas de seguridad del estado.

La Guardia Civil siempre fue un paso por detrás del ejército regular, por lo que tardó siempre unos años más en modernizarse que este. No obstante, a finales de la década de 1940 y mediados de 1950 logró ser equipada con material moderno de las fábricas nacionales. Así, en los años cincuenta se pudo ver a los guardias civiles dotados de subfusiles Z-45, mosquetones M1943 y fusiles ametralladores FAO. En la década siguiente fueron finalmente armados con el fantástico fusil de asalto CETME.

En cuanto a las unidades acorazadas, los T-26B se convirtieron en la pieza angular de estas formaciones. Hasta la llegada de los pocos Panzer IV alemanes fueron el carro blindado más pesado que había en suelo nacional. La baja de este tipo de tanque se dio cuando Estados Unidos entregó, después de alcanzar los famosos pactos con el general Franco, los primeros lotes de carros M24 Chaffe con cañón de 75 mm.

Este vehículo llegó a tiempo para ser enviado en 1957 al Sáhara a combatir contra los guerrilleros marroquíes que pretendían la anexión de la región a Marruecos. Los M24 Chaffe no dejaron de ser también material sobrante de la Segunda Guerra Mundial, pero eran mejores que los vetustos T-26B de principios de la década de 1930. La verdadera modernización del arma acorazada debió esperar a los envíos de los M47 Patton de cañón de 90 mm y más de 40 toneladas.

Instantánea tomada durante unas maniobras seguramente a principios o mediados de 1950. En la misma se puede ver tres épocas de evolución del ejército español. Un Panzer IV Ausf H. alemán (1943), un Jeep Willys norteamericano (1950-53) y al final de la imagen se puede ver un cañón contracarro Placencia 44/45 basado en el cañón soviético M1932. Fuente: José María Manrique García

Por último, el Ejército del Aire dependió en menos proporción de este material, pero siguió siendo una parte que no había que despreciar. Por ejemplo, el 1 de febrero de 1941 España contaba con 1.150 aeronaves de las que 633 estaban en vuelo y 517 en revisión y reparación (González, 2007: 236). De ese total de 1.150, 295 eran de origen soviético. El desgaste y falta de mantenimiento en este material supuso que en una gran parte de las ocasiones tuviera un mal funcionamiento causando más de una vez accidentes que pusieron en peligro a los usuarios que lo utilizaban.

Como decíamos al comienzo del artículo, solamente los pactos con Estados Unidos y la apertura económica de España lograron que el ejército lograra un nuevo soplo de aire fresco que les envió gradualmente hacia la modernidad. Cuando en 1953 los primeros cazas con motor a reacción F-86 Sabre estadounidenses llegaron al país, los últimos vestigios del material soviético fueron dados de baja.

Bibliografía 

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Recursos web: 

  • Cañón contracarro 45 mm. https://ejercito.defensa.gob.es/unidades/Madrid/riac61/Enlaces/CCC_45.pdf
  • Piezas de artillería ejército español. https://ejercito.defensa.gob.es/en/unidades/Madrid/ihycm/Museos/acorazadas/index.html#27
  • Cañón contracarro soviético de 45 mm Mod. 1932. https://ejercito.defensa.gob.es/unidades/Madrid/riac61/Enlaces/CANON_CONTRACARRO_SOVIETICO_DE_45_mm_Mod.1.932.pdf
Perfil aeronáutico de un caza Polikarpov I-15Bis conocido en España como Super Chato. Específicamente este perfil pertenece a los I-15Bis encuadrados en el Grupo 24 de cazas, la España de Franco recuperó 21 de los 30 originales enviados a España por la Unión Soviética. Fuente: José Luis González Serrano – Ilustración: Julio López Caeiro.

NOTA 1: Los números y datos sobre la parte aérea se pueden ver modificados debido a la publicación reciente del libro de José Miguel Sales Lluch «Otra vida. Aviones soviéticos en el ejército del aire 1939-1955»

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