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El emperador Constantino al descubierto

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Batalla de Puente Milvio
Fuente: https://comunidadyosoy.online/cristianismo/concilio-de-nicea/

El emperador Constantino es otra de esas figuras dentro del mundo del cristianismo primitivo que anda envuelta en polémica debido a las dos visiones tan diametralmente opuestas con las que contamos: la visión pagana promovida por Juliano «el Apóstata» y desarrollada por Zósimo y, más recientemente, por historiadores de la talla de Edward Gibbon; y la visión eclesiástica desarrollada por personas como Eusebio de Cesarea y Lactancio.

En este artículo haremos un resumen sobre estas visiones y sobre la relación entre el emperador y el cristianismo de este momento.

Imagen del emperador Constantino
Fuente: https://www.kienyke.com/kien-fue/constantino-el-primer-emperador-cristiano

Contexto histórico del emperador Constantino

Diocleciano y la Tetrarquía

La llegada de Diocleciano en 284 al trono puso al fin a la etapa de inestabilidad política y social que vivía el Imperio Romano.

Diocleciano, o mejor dicho, Valerio Diocles realizó una carrera política similar a la de los

Busto del emperador Diocleciano
Busto del emperador Diocleciano.
Fuente: http://www.puzzledelahistoria.com/?cat=239

afortunados viri militares del periodo. En un contexto tan convulso y lleno de rivalidades como fue el siglo III, contar con el apoyo del ejército o el de alguno de los cuerpos especiales de defensa era decisivo para conseguir el poder. Aunque en otras ocasiones fueron circunstancias fortuitas las que dieron la oportunidad a algunos generales de convertirse en emperadores. En el caso de Diocles tuvieron lugar ambos casos.

Diocleciano parecía decidido a compartir el trono con Maximiano, elevado a “augusto” tras sofocar con éxito las revueltas del campesinado galo e hispano organizadas por presuntos grupos bagáudicos. Pero la diarquía (286-293) resultó ineficaz ante la rebelión en Britania de algunos jefes militares como Carausio y Allecto. El emperador entonces decidió constituir una “tetrarquía” en la primavera del 293 en la que ambos “augustos” decidieron nombrar a sus respectivos “césares”. La elección recayó en Flavio Valerio Constancio (padre de Constantino) para Occidente y Galerio para Oriente.

Entre ellos, aparentemente, reinaba la concordia, aunque existía una clara jerarquización, que en la simbología política se tradujo en una especie de filiación divina: Iovius para Diocleciano y Galerio, y Herculius para Maximiano y Constancio, como descendientes de Júpiter y Hércules, respectivamente. Entre los emperadores existía además un vínculo de adopción. Esta familia política fue reforzada con lazos de sangre mediante una política de uniones matrimoniales de los césares con las hijas de los respectivos augustos.

Diocleciano mantuvo una posición superior como senior Augustus. A pesar de ello, durante diez años (293-303) este sistema proporcionó al Imperio una estabilidad política.

En 305, Diocleciano en Nicomedia y Maximiano en Milán abdicaron simultáneamente en favor de sus respectivos “césares”, ahora elevados a “augustos”, que nombrarían a su vez nuevos “césares”: Galerio a Maximino Daya, Constancio a Severo. Pero tras la muerte de Constancio en el 306, su hijo Constantino acabará imponiéndose sobre los tetrarcas y se convertirá en un único emperador.

Constantino y sus inmediatos sucesores

A finales del 306, tan sólo cinco meses después de la muerte de Constancio, el sistema tetrárquico había desaparecido de hecho: Constantino había sido proclamado “augusto” por los soldados de su padre, pero Galerio – el nuevo “senior Augustus” – no le reconoció más que como “césar”; el Senado rechazó la promoción a “augusto” de Severo, por lo que Majencio se declaró como tal y logró que su padre asumiera de nuevo el trono. Dos años después, en una Conferencia reunida en Carnuntum, se intentó incluso que el propio Diocleciano tomara las riendas del gobierno. Para entonces Severo había sido depuesto por Maximiano, pero éste no logró que su hijo Majencio cubriera la vacante, puesto para el que fue nombrado Licinio. La muerte de Galerio en 311 permitió la marcha de Licinio a Oriente para enfrentarse con Maximiano Daya. Su derrota se producía casi al mismo tiempo que Constantino en Occidente lograba imponerse sobre Majencio tras la derrota de su ejército a las afueras de Roma, cerca del Puente Milvio, en octubre del 312.

Ambos “augustos” restablecieron el régimen de “diarquía” y gobernaron en armonía durante algunos años. Símbolo de esta colaboración fue el llamado “Edicto de Milán”. Cuatro años después, de mutuo acuerdo, ambos “augustos” nombraron “césares” a sus hijos respectivos: Constantino, a Crispo y Constantino; Licinio, a su hijo Liciniano. De la colaboración se pasó a la rivalidad especialmente cuando hacia el 320 ambos “augustos” adoptaron medidas diferentes respecto a la actitud política ante el grupo cristiano ya infiltrado en los cuadros dirigentes de la nueva administración imperial. Constantino promulgó leyes en favor de la Iglesia que protegían los intereses económicos de sus seguidores y la capacidad jurisdiccional de las jerarquías eclesiásticas en materia religiosa. Licinio optó por reemprender una política persecutoria contra el influyente grupo cristiano identificado con la política de asimilación constantiniana. Constantino se vio obligado a aplazar el enfrentamiento con su colega en Oriente ya que desde el 315 los problemas fronterizos se habían reanudado con tal fuerza en el frente danubiano que el emperador tuvo que establecer su sede eventualmente en Sirmium.

En esta “primera guerra” la iniciativa correspondió al emperador oriental. Licinio, aunque contaba con un ejército más numeroso, sólo logró imponer a Constantino el nombramiento de un “césar” de nombre Bassianus al que se le cedió el control sobre los territorios limítrofes entre una y otra “parte” del Imperio. En 316, dos victorias consecutivas del ejército constantiniano en Panonia y Tracia aconsejaron a Licinio buscar una eventual solución del conflicto. La reconciliación entre ambos “augustos” se selló con el acuerdo del 317 de nombrar “césares” a sus hijos respectivos. Cuando la guerra se reanudó siete años más tarde, Licinio había perdido no sólo la iniciativa, sino también a su jefe militar de nombre “Valente”.

En julio del 324, la llamada “segunda guerra” fue ya claramente favorable a Constantino: Licinio y su hijo fueron derrotados por el ejército occidental al mando de Crispo en Adrianópolis, Crisópolis y finalmente Bizancio. En otoño del 324, el choque frontal en el Helesponto supuso la rendición y muerte de Licinio.

La victoria militar sobre las tropas de Licinio tuvo importantes repercusiones políticas. En primer lugar, Constantino podía organizar la sucesión dinástica entre sus propios hijos, para lo cual el 324 elevó a “césar” a Constancio y el 333 a Constante, con sólo diez años. Pero tras la ejecución de Crispo en 326, por motivos que detallaremos posteriormente, Constantino tuvo que recurrir al nombramiento de su sobrino Dalmacio como “césar” en 335 para suplir el vacío dejado por Crispo y la inactividad de Constante, el menor de sus hijos.

En estos últimos años de reinado se reanudaron con fuerza los problemas fronterizos: tras combatir a los alamanes en el frente occidental, Constantino “césar” combatió contra los godos desde el 332; en 333 Constancio fue destinado al frente oriental donde los persas habían reanudado sus ataques contra posiciones romanas. Pero la muerte sorprendió a Constantino en Nicomedia en el año 337.

Por otra parte, ya desde la victoria definitiva sobre Licinio en 324, Constantino, convencido del valor estratégico de la ciudad griega de Bizancio, decidió fijar allí la nueva capital del Imperio, que llevaría su nombre: Constantinopla. La ciudad sería inaugurada oficialmente en 330 como nueva sede imperial, aunque a la larga se convertiría en la nueva capital de todo el Imperio.

La muerte de Constantino puso de manifiesto la debilidad del poder político en la solución de los problemas de Estado. En efecto, cinco “césares” y no pocos familiares del “gran” Constantino aspiraban a heredar el trono imperial hasta el punto de que la noticia de su muerte fue silenciada oficialmente durante varios meses. Entretanto, los “césares” advenedizos fueron eliminados. Pero el interregnum se saldó finalmente con una masacre en el palacio de Constantinopla en septiembre del 337, en la que murieron todos los parientes del emperador que pudieran aspirar al trono, librándose tan sólo Galo y Juliano, sobrinos de Constantino, por su corta edad.

Las distintas interpretaciones

Versión pagana

La postura de los escritores que observaban los cultos tradicionales se dividió en dos:

  • Los que rechazaban esta nueva actitud del monarca (caso de los escritores que pasaremos a analizar en esta parte del artículo)
  • Los que lo ignoraron como Aurelio Víctor, Eutropio y los anónimos redactores de la Origo Constantini imperatoris y De uita et moribus imperatorum.
Escultura de Juliano "El Apóstata"
Escultura de Juliano «El Apóstata».
Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/juliano-el-apostata-murio-hace-1650-anos_7435

En este artículo comenzaremos el recorrido por la versión pagana sobre Constantino comenzada por el emperador Juliano, apodado “el apóstata”. Este emperador era hijo de Julio Constanzo – primo de Constantino – y el único de los descendientes colaterales de la familia imperial que no fue asesinado por los hijos de aquel en la lucha por la sucesión.

Las investigaciones, aún recientes e incompletas, nos permiten señalar que la política anticonstantiniana se inició por obra de este emperador únicamente en Oriente, en otoño del 361.

Zucchelli, en su análisis de la evolución del pensamiento julianeo, afirma que “será fuerte y constante y se desarrollará a través del siglo IV en Eunapio y Libanio, continuando en el siglo V, hasta desembocar en Zósimo, julianeo en todas sus expresiones, punto de síntesis de toda la reacción pagana hostil.”

Seguidamente analizaremos a Zósimo, que probablemente nació y vivió en Constantinopla en la segunda mitad del siglo V. Su obra, llamada la Nea Storia, parece haber sido escrita entre el 499 y el 500. Será él el que escriba una nueva versión de la conversión en el capítulo 29 citando algunos elementos que pasaremos a resaltar a continuación:

  • El affaire de Crispo y Fausta y la responsabilidad de Constantino en las muertes.

Nos remontamos al año 326 ya que es el año en el que la familia imperial sufre un gran revés que condujo a la ejecución de Crispo, el primogénito del emperador, y de su segunda esposa Fausta. La versión más aceptada menciona la denuncia de Fausta sobre el intento de Crispo, de mantener relaciones sexuales con ella. Posteriormente se descubrirá que la denuncia de Fausta era falsa y acabó muerta por asfixia durante el baño. Un hecho que aún permanece en el misterio.

  • La negativa de los sacerdotes a conceder el perdón y el “egipcio de Iberia”

Por otro lado tenemos la supuesta negativa de los sacerdotes romanos tradicionales en concederle el perdón por estas ejecuciones. Sozomeno, historiador que escribió sobre la

Retrato de Sozomeno
Retrato de Sozomeno.
Fuente: https://www.johnsanidopoulos.com/2015/11/saint-sozomenos-wonderworker-of-potamia.html

Iglesia cristiana, afirma que el consultado fue el augur y filósofo Sopatro de Apamea y añade que resulta imposible que éste desconociera que los antiguos perdonaban estos crímenes.

Sobre el “egipcio de Iberia” que aconsejara a Constantino acudir a los cristianos los historiadores coinciden en el obispo Osio de Córdoba.

  • La purificación imperial y su negativa a rendir culto a Júpiter en el Capitolio.

Respecto a esto hay que señalar que los estudios demuestran que esta ceremonia era propia de todos los ingresos imperiales a Roma (años 312 y 326 en este caso). El acontecimiento mencionado por Zósimo se sitúa en la primera fecha y no en la segunda por lo que vemos uno de los fallos de esta versión pagana de Constantino. Zósimo intenta vincular la conversión con las muertes de Crispo y Fausta cuando la versión eclesiástica, como veremos a continuación, sitúa la conversión mucho antes.

Esta tesis de Zósimo supone admitir un Constantino pagano durante, por ejemplo, la

Escultura de Zósimo
Escultura de Zósimo. Fuente: https://www.livius.org/sources/content/zosimus/

batalla de Puente Milvio hasta 326 basado en su enfrentamiento con su cuñado Licinio. Para lograr esto divide su obra en dos partes diferenciadas: la primera resaltando sus cualidades como emperador y la segunda más negativa tras su conversión. Para acentuar su ambición de poder afirma:

“recayó así el Imperio en Constantino y Licinio, y muy poco tiempo transcurrió hasta que surgieron diferencias entre ambos, sin que Licinio fuese responsable, sino Constantino, como era habitual en él, no mostró lealtad hacia lo acordado y pretendió hacerse con algunas provincias que habían correspondido al cetro de Licinio.”

Para Zósimo, Constantino sólo combatió a Licinio para arrebatarle unos territorios y fue incluso el inspirador de la política tolerante aprobada en Milán en el 313.

En definitiva, todos los datos de la obra de Zósimo conducen a la interpretación de culpar a Constantino de la decadencia de Roma, y la causa de ello radica en la conversión al cristianismo, religión de débiles y corruptores. Su obra fue continuada relativamente en el mundo helénico, mientras que Roma se inclinó por la versión de Eusebio de Cesarea y sus continuadores.

Esta versión fue retomada por Voltaire y, más posteriormente, por historiadores de la talla de Edward Gibbon (1737-1794) y Jacob Burckhardt (1818-1867)

Versión cristiana

En primer lugar, cabe destacar que el concepto de “conversión” como maneja hoy la religión cristiana no tuvo definición tanto conceptual como jurídica durante buena parte del siglo IV. No fue hasta el año 409 que vemos el concepto de conversi en un texto legal vinculado al hecho en sí de la conversión.

Retrato de Lactancio
Retrato de Lactancio. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Lactancio

Lactancio, preceptor de Crispo, describe en De ira Dei (redactado hacia 320) el proceso en el que un alma llega a la verdad dividido en tres fases:

  • Distinción de las falsas religiones y el rechazo de sus cultos
  • Confesión de la existencia de un solo Dios, el Supremo, poderoso y providente, Creador y regidor del mundo
  • Reconocer a las autoridades religiosas legítimas.

También podemos encontrar un modelo de conversión social basado en resoluciones colectivas o en lo que habían hecho otros por mero acomodo social e institucional. Esta es la razón de la rápida propagación del cristianismo entre los soldados a lo largo del siglo IV.

Sin embargo, ninguno de estos modelos coincide con Constantino. Por ello vamos a analizar detenidamente la información que nos ofrecen los escritores cristianos dividiendo el reinado de Constantino en cuatro etapas:

  • Una primera que abarca hasta el 306 d.C.
  • La segunda, entre el 306 – 312
  • La guerra contra Majencio y la Diarquía (312-324)
  • Periodo de monarquía (324-337)

De la primera etapa debemos mencionar que Lactancio, en su obra De mortibus persecutorum indicó que Constancio, padre de Constantino, desaprobaba las medidas persecutorias de Diocleciano por lo que se limitó a la destrucción de los lugares de culto.

Retrato de Eusebio de Cesarea
Retrato de Eusebio de Cesarea. Fuente: https://historia-biografia.com/eusebio-de-cesarea/

Eusebio de Cesarea, por el contrario, puntualizó que Constancio rechazaba el politeísmo, veneraba a Dios y que le había consagrado a toda su familia. Sobre esto no tenemos otra fuente más allá de la llamada “Carta a los provinciales orientales” de 324 escrita por el propio Constantino en el que señala que su padre “había invocado en todas sus acciones a Dios como Salvador”. Por ello podemos deducir que al menos era filocristiano. Si contemplamos las fuentes numismáticas y literarias profanas, vemos que Constancio Cloro fue un emperador observante de los cultos tradicionales. Nunca se identificó como cristiano.

Por otro lado, Teodoreto de Ciro afirmó que Constantino fue convencido por su madre Elena para que se hiciera cristiano, y Gelasio de Cícico, que Constancio y Elena le educaron en el cristianismo. En realidad, Elena no llegó a formar parte de la corte de Constancio, pues había sido repudiada por su marido en el año 293, cuando fue nombrado césar, para casarse con Teodora, hija de Maximiano. Además, Eusebio de Cesarea afirma que fue Constantino quien la persuadió para que se hiciera cristiana como también resulta necesario añadir que Constantino fue educado fuera de la corte de su padre. De hecho, había permanecido en Nicomedia junto a Diocleciano, al menos desde 297 por lo que sí es verdad que tenía constancia de la persecución de los cristianos y de las ejecuciones ya que, por ejemplo, Pedro fue procesado en presencia de Diocleciano y Galerio.

  • Etapa entre el 306 – 312

Seguidamente pasaremos a la etapa entre 306 – 312, etapa que comienza con el nombramiento de Constantino como emperador en Eboracum. Según Lactancio, inmediatamente después de ser aclamado, Constantino restableció la libertad religiosa con la publicación de la sanctio (Suscepto imperio Constantinus Augustus nihil prius egit quam cristianos cultui ac deo suo reddere. Haec fuit prima eius sanctio sanctae religionus restitutae). El caso es que no encontramos esa sanctio en su obra De mortibus persecutorum a diferencia del edicto de Galerio o los acuerdos de Milán por lo que la afirmación de Lactancio parece falsa. No obstante, Constantino siguió practicando la política de no aplicar las medidas persecutorias en su jurisdicción.

Los textos oficiales de la época, por el contrario, nos presentan a un Constantino observante y protector de los cultos tradicionales. Sin ir más lejos, fue uno de los dedicantes de la inscripción que conmemoraba la restauración de un templo de Sol Invicto Mitra. Además proclamaba a Júpiter, Hércules y Marte como sus protectores.

Sin embargo, tal y como nos cuenta un panegírico latino del 310, tras derrotar a Maximiano, Constantino se desvincula de la visión tetrárquica y se presenta como un cumplidor de votos hacia Apolo e incluso como merecedor de una visión divina en la que Apolo estaba acompañado por la Victoria, quienes le ofrecían unas coronas de laurel y la presagiaban treinta años.

  • La guerra contra Majencio y la Diarquía (312-324)

Una vez Maximiano quedó fuera de juego, sólo quedaba Majencio como competidor de Constantino. Su derrota a las puertas de Roma fue precipitada por la caída de Verona en manos de Constantino. Todo esto en contra de los arúspices que le acompañaban. Ello llevó a Constantino a buscar nuevas formas religiosas que refrendaran sus aspiraciones de hacerse con la autoridad sobre las provincias occidentales. Para ello proclamó que había vencido gracias a la intervención de un dios desconocido e incognoscible.

Esta divinidad estaba caracterizada por el henoteísmo (había encomendado a otros dioses el cuidado de todos los ciudadanos del Imperio salvo el emperador) y el sincretismo (tenía tantos nombres como lenguas hubiera en el momento). Además, sólo se había revelado a Constantino. Era un dios creador, gobernador del mundo y, especialmente, protector de Constantino y de sus tropas. No se trataba de Cristo, sino de una divinidad de corte tradicional.

En cuanto a los cristianos, Galerio concedió en el año 311 la amnistía a los cristianos siempre que no contravinieran la moral tradicional romana y que rogaran por la salud del emperador.

Constantino se reunió con Licinio en Milán para pactar el reparto de los territorios

Boda entre Constancia y Licinio
Boda entre Constancia y Licinio. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/La_historia_de_Constantino

romanos. El acuerdo se selló con el matrimonio entre Constancia, hermana de Constantino y Licinio. Además, ambos querían proteger a los cristianos. En el caso de Constantino, por afinidad hacia ellos y en el caso de Licinio, porque su corte se iba a establecer en Nicomedia y le interesaba tener buenas relaciones con el personal palatino, cuyos miembros cristianos habían sufrido las medidas de Diocleciano. El resultado de las negociaciones fueron los acuerdos o tratado de Milán que concedía a todos los ciudadanos del Imperio, incluyendo a los cristianos, la libera potestas sequendi religionem, además de asegurar que ninguna religión sería restringida.

En este contexto aparece la llamada “querella donatista”. Una parte de los cristianos africanos se habían escindido de la Iglesia ya que no reconocían la validez de la ordenación episcopal de Ceciliano de Cartago. A consecuencia del cisma, en la práctica, en África había dos iglesias distintas, la católica y la donatista. Como las disposiciones imperiales no convencieron a los donatistas, Constantino convocó un Concilio en Arelate en 314. Es en este contexto cuando Constantino comenzó a identificarse como cristiano aunque una de las cartas que técnicamente confirman esto esté atribuida a Lactancio por su forma y contenido:

«La eterna y religiosa piedad de nuestro Dios no permite de ningún modo que la condición humana camine por más tiempo errante en tinieblas, ni que padezca que prevalezcan por más tiempo las voluntades aborrecibles, para que no de nuevo, manifestando su camino de salvación, les dé con sus muy diáfanos resplandores la cuenta a la regla de la justicia. Pues tengo constancia de ello gracias a muchos ejemplos, entre los cuales, cuento el mío propio. Había en mí antes cosas que parecían carecer de justicia, y en nada podía ver el supremo poder que actuaba dentro de lo más profundo de mi pecho. (…) Pero Dios omnipotente, que habita en las alturas del cielo, me procuró lo que no merecía: claramente, no se puede ni decir ni enumerar (todo) lo que me ha concedido la benevolencia divina.»

Por lo tanto, el reconocimiento de Constantino de la revelación divina fue a través de los beneficios obtenidos y no de un acontecimiento sobrenatural. Fue declarado cristiano a su modo y fue aceptado como tal.

Esta profesión de fe fue aprovechada por Lactancio para la redacción de una versión cristiana de la derrota de Majencio. En la obra se señala que el emperador había recibido una admonición sobrenatural mientras dormía que le conminaba a dibujar sobre los escudos de sus soldados un signum Dei. Eusebio recogió el mismo episodio con algunas diferencias en la Vita Constantini, pues, según su relato, el emperador produjo la visión de la Cruz durante el día, seguida de una admonición en sueños durante la noche.

  • La monarquía constantiniana (324-337)

En el año 324 encontramos la primera manifestación pública y para conocimiento general de la fe cristiana de Constantino cuya traducción griega recogió Eusebio en la Vita Constantini, bajo el título de “Carta a los provinciales de Palestina”.

Este escrito, al contrario que el de Arelate, estaba dirigido a todos los ciudadanos, cristianos o no. En la epístola en cuestión encontramos una restitución de bienes a la Iglesia y una profesión de fe:

“He llegado a la inquebrantable convicción de que debo al sumo Dios toda mi alma, todo lo que respiro y, en suma, todo lo que se revuelve en lo más íntimo del pensamiento.”

Posteriormente, en el mismo año, encontramos más profesiones de fe: en la carta dirigida al rey persa Sapor y en la carta a los ciudadanos orientales.

La siguiente característica de este momento en la evolución de la política religiosa de Constantino es sumamente interesante ya que descalificó el sacrificio sangriento como forma de culto:

“De hinojos a Él invoco; huyo de toda sangre nauseabunda y de olores repugnantes y abominables (…)”

Este documento, trasladado por Eusebio, aporta gran valor ya que el supuesto rechazo de Constantino de realizar el sacrificio tradicional relatado por Zósimo, con lo que el emperador quería expiar las ejecuciones de Crispo y Fausta por indicación de “un egipcio” nunca tuvo lugar. El príncipe había abominado de la práctica del sacrificio al menos dos años antes de las ejecuciones de los miembros de la familia imperial. Además, Constantino mostraba las razones por las que había dejado de sacrificar: reconocía en el Dios predicado por los cristianos a su protector.

En el año 325 encontramos una nueva profesión de fe en el discurso dirigido “a la asamblea de los santos” cuyos destinatarios eran probablemente los participantes en el concilio de Nicea de ese mismo año.

Constantino, sin embargo, no estaba bautizado, luego no participaba en las ceremonias litúrgicas. Sus actos de piedad, según Eusebio, se concretaban en rogar a Dios noche y día en las estancias del palacio imperial.

En cuanto a su bautismo, Eusebio de Cesarea relata pormenorizadamente las circunstancias en las que fue bautizado. Señala, algo verosímil, que el emperador estaba organizando una campaña contra los persas, que habían atacado las fronteras romanas. Invocó la intercesión de los titulares de la basílica de los Santos Apóstoles de Constantinopla para beneficio de su alma. Por entonces empezó a sentir la proximidad de la muerte y ordenó que dispusieran el interior de la iglesia para su sepultura, junto a los cenotafios apostólicos. Posteriormente, Eusebio de Cesarea relata un viaje del emperador desde Constantinopla a Drépanum para venerar las reliquias de la ciudad. Este viaje fue desmentido por historiadores como Sozomeno que dice que la visita a Drépanum fue simplemente por la búsqueda de otros baños termales para sus males. Cuando advirtió que los recursos naturales no podían curarle, recurrió a la religión. Debió de ser entonces cuando tomó la decisión de bautizarse. Desplazado de Drépanum hizo llamar a obispos para que le bautizaran, recibió la instrucción mínima que exigía la disciplina canónica y, en palabras de Eusebio, los obispos presentes “le hicieron tener parte en los sagrados misterios”. A continuación, el emperador se revistió del alba y, posteriormente, nunca quiso vestir de nuevo la púrpura.

Finalmente, Constantino murió en el año 337 y fue enterrado siguiendo el ritual cristiano entonces en uso en la basílica de los Santos Apóstoles de Constantinopla, en una ceremonia supervisada por su hijo Constancio.

Conclusión

La evolución de la política religiosa de Constantino es un proceso largo y complejo en el que intervienen múltiples factores tanto personales como políticos. Las relaciones entre el cristianismo y el paganismo no eran fáciles ya que se trataba de una oposición radical y frontal que no permitía cesiones por ninguna de las partes. Se mantuvo fiel a los cultos tradicionales hasta el año 312 cuando declaró que un dios desconocido, sincrético y henoteísta se había revelado a su persona. Y posteriormente, aceptó el cristianismo siguiendo una cronología contraria a la versión pagana. Aunque no por ello podemos deducir que la versión cristiana no tiene sus afirmaciones sin fuentes que la sostengan.

En resumen, se trata de una figura política cuya vida está marcada por su búsqueda de apoyos y por imágenes que nos han llegado por sus contrarios por lo que aún necesita de más investigación para desentrañar las interferencias en los textos oficiales.

Bibliografía

  • BRAVO, Gonzalo. (2008) Historia del Mundo Antiguo. Una introducción crítica. Madrid: Alianza Editorial.
  • HUBEÑAK, Florencio (2012) «La deconstrucción del mito de Constantino: Zósimo, Gibbon y Burckhardt», POLIS. Revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad Clásica, 24, pp. 55-76.
  • MORENO RESANO, Esteban (2013) «Constantino y su relación personal con el cristianismo: de la piedad tradicional a la conversión», Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, 18, 175-200.
  • TEJA, Ramón. (2006) «El poder de la Iglesia Imperial: El mito de Constantino y el papado romano», Ediciones Universidad de Salamanca, Stud. hist., Hª antig. 24, pp. 63-81.

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