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El Carlismo como movimiento socio-político hunde sus raíces en el tradicionalismo, siendo uno de los protagonistas del siglo XIX en España. Las tres Guerras Carlistas son imprescindibles para comprender la historia española durante el siglo XIX. El carlismo tiene su origen en el conflicto dinástico. Al morir Fernando VII sin un hijo varón, el trono de España fue reclamado por su hermano, Carlos María Isidro, quien no reconoció la Pragmática Sanción que le daba el trono a Isabel (futura Isabel II), hija de Fernando VII. El pretendiente al trono Carlos fue apoyado por una facción absolutista mientras que Isabel estuvo respaldada por una mayoría de políticos y aristócratas liberales. Tras varias guerras y treguas conocidas como las Guerras Carlistas, el carlismo llega a principios del S.XX con la intención de transformarse en un partido político de masas. Geográficamente, las áreas con mayor arraigo y actividad carlista fueron Navarra, Cataluña y, en menor medida, Andalucía. Este artículo intenta exponer la realidad política carlista de Andalucía en el siglo XX, un tema eclipsado tanto por el culmen carlista decimonónico como por la tradicional primacía del carlismo navarro.

El Carlismo, fundamentos y antecedentes en Andalucía.

Dios, Patria, Rey es el lema principal del carlismo. El orden del lema no es casual, ya que la monarquía y  la patria basan su autoridad y legitimidad en Dios. También lo es su forma extendida, en la que se incluye la palaba Fueros, en alusión al tradicional derecho local navarro y vasco. El lema condensa los máximos del movimiento.

En primer lugar, Dios. El carlismo se identifica profundamente con los valores católicos tradicionales en oposición al liberalismo decimonónico e isabelino, que se caracterizaba por una separación iglesia estado de inspiración francesa. Esta separación se materializó a través de desamortizaciones (incautaciones de bienes a la iglesia), prohibición de órdenes religiosas o pugnas por el control de la enseñanza en manos del clero. En su postura contrarrevolucionaria, el carlismo, mantiene el derecho divino de la monarquía del antiguo régimen. La Patria española en forma de la Monarquía Hispánica tradicional es un ideal carlista de primer orden. Por tanto, queda caracterizado por una defensa de las instituciones tradicionales. Se opone a influencias extranjeras, principalmente el liberalismo inglés y el republicanismo francés.

Por último, el Rey como máximo símbolo de la Patria, encarnado en la línea dinástica de Carlos de Borbón como pretendientes al trono de España. El pretendiente Carlos, hermano del rey fallecido, y sus seguidores negaban la legitimidad de la mujer para heredar. El debate sobre la Ley Sálica y sus implicaciones en la sucesión al trono español derivaron en la creación de la facción carlista.

Defendiendo El Sagrado Corazón de Jesús, como elemento heráldico en la rama legitimista borbónica, es también enseña del carlismo. Entre la simbología carlista, la boina roja con borla dorada es emblema del carlismo y sus militantes.

En Andalucíaya existen movimientos guerrilleros carlistas durante la Primera Guerra Carlista. Aunque no se llegó a crear ejércitos regulares como en el norte de España, muchos de estos guerrilleros eran veteranos de la Guerra de la Independencia Española. Las diferentes derrotas militares fueron seguidas de persecución y no fueron pocos los juzgados por participar activamente en acciones en contra de los intereses liberales, algunos incluso llegando a ser ejecutados por medio del garrote vil. Se desarrollaron los círculos carlistas en la Universidad y la aristocracia,y se mantuvieron durante todo el siglo a través de periódicos y asambleas  hasta que finalmente se conformaron en torno a un partido político. La asimilación e integración en el sistema político fue progresiva tras el final de la Tercera Guerra Carlista. El carlismo consiguió representación parlamentaria por Andalucía durante las últimas décadas del S.XIX, participando en la política española denunciando lo que consideraban el corrupto sistema liberal. Publicaciones como El Orienteque se editaron en Andalucía durante décadas hasta 1936 fueron el altavoz para difundir las ideas y posturas asociadas al carlismo.

El Carlismo Andaluz a Principios del siglo XX

El movimiento carlista llega a los albores del siglo XX en una situación de relativa debilidad comparado con el siglo anterior. La pérdida de las colonias americanas, los desastres militares en el norte de África y la irrupción de los movimientos de izquierdas en la incipiente masa obrera industrial, hicieron que el mapa político español se volviera convulso. Durante el reinado de Alfonso XIII y la dictadura de Miguel Primo de Rivera ocurren diferentes pugnas doctrinales en el seno del carlismo. Entre ellas, cabe destacar la escisión denominada Partido Tradicionalista. Los debates doctrinales carlistas fueron evolucionando con el paso de las décadas. Es en este Partido Tradicionalista en el que militó Manuel Sánchez de Castro, catedrático de Derecho en la Universidad de Sevilla. Sánchez de Castro encabezaba los debates y la difusión del carlismo en los ámbitos universitarios sevillanos. Es en dicha facultad donde conoce e inicia en la política a Manuel J. Fal Conde, la principal figura del carlismo andaluz.Manuel Fal Conde (1894-1975), natural de Higuera de la Sierra (Huelva) fue abogado y político. De familia profundamente católica, aunque sin relación directa con el carlismo probada, entra en actividad relacionada con el carlismo en la universidad. Su activismo le valió la cárcel en varias ocasiones. Muy activo en política y socialmente, fundó y promovió eventos religiosos como la Romería de la Peña de Los Ángeles en la Sierra de Huelva. En 1931, coincidiendo con la proclamación de la República Española tras la abdicación y exilio de Alfonso XIII, Fal Conde asume la jefatura de la Comunión Tradicionalista Carlista.

La Comunión Tradicionalista en 1930 incorporaba las tres ramas del carlismo, y en las Elecciones Generales de 1931 obtuvo solo4 diputados.[1]  La actividad del carlismo durante la II República aumentó considerablemente en Andalucía y en sus lugares tradicionales. La postura contrarrevolucionaria del ideario carlista y medidas impopulares para el ejército como la Ley Azaña, por la cual se redujo el número de oficiales en el ejército y se rebajaron sueldos y méritos, provocó que militares se incorporaran a la vida civil de repente, sintiéndose agraviados.

Hacia la Guerra Civil Española

Durante la Segunda República, la Jefatura de Andalucía,dirigida por Fal Conde se dinamiza y empieza a instruir los conocidos como Requetés. Los Requetés eran unas formaciones de índole paramilitar en un principio y militarizadas tras el inicio de la Guerra Civil compuestas por militantes carlistas. Entre los instructores de los Requetés andaluces cabe destacar a Luis Redondo, militar de filiación carlista que había sido relevado del ejército activo por la Ley Azaña anteriormente citada. El culmen de la preparación de los militantes carlistas fue el acto de El Quintillo en una finca cercana a Sevilla, con motivo de la creación del nuevo Círculo Tradicionalista. Durante varios días se sucedieron desfiles y convivencias, contando incluso con una avioneta que sobrevoló a los asistentes del desfile. Entre los integrantes de estos requetés se encontraba José Enrique Varela, que terminó con el cargo de General de División y Ministro de la Guerra tras la Guerra Civil Española.

Fal Conde, consideraba a la República como un peligro para España y su integridad moral y territorial. Cabe anotar que estuvo en contacto con Sanjurjo, el cual era hijo de un militar veterano de las Guerras Carlistas en el bando de Carlos María de Borbón.

La Comunión Carlista tuvo un papel relevante en la Guerra Civil Española. Durante los primeros días después del 18 de julio, se sumaron a los militares sublevados contra el gobierno republicano del Frente Popular. Manuel Fal Conde estuvo en contacto con el General Mola, conocido como El Director por ser quien gestionó los diversos contactos militares y civiles que prepararon y desembocaron en la emisión de los Bandos de Guerra que dan inicio a la Guerra Civil.

Uno de los aportes más simbólicos fue el uso de la bandera roja y gualda desde un primer momento en contraposición a la tricolor. No es hasta el 16 de agosto de 1936 que se izó dicha bandera en el Ayuntamiento de Sevilla, en un acto en el que participaron el General Queipo de Llano y el General Francisco Franco.[2]Es precisamente bajo las órdenes del General Queipo de Llano que entran en acción bélica.

En la Guerra Civil Española

Durante los primeros meses de la Guerra Civil, con base en Sevilla, se forman columnas militares que parten a conquistar los pueblos en manos de gobierno de Madrid. Una de ellas es la conocida como Columna Redondo, al mando de Luis Redondo y formada principalmente por requetés. Dicha columna combatió en Sevilla y en los pueblos de la Sierra de Huelva sin apenas resistencia al haber sido bombardeados desde el aire y con artillería los pueblos más poblados. El propio Manuel Fal Conde acompaño a la columna desde su pueblo natal Higuera de la Sierra (Huelva) a Aracena (Huelva) Posteriormente tuvo presencia en la toma de pueblos como Bujalance o en la Batalla de Lopera donde se enfrentaron directamente al ejército republicano y las Brigadas Internacionales.

El final político de Fal Conde llega con el fin de la autonomía del partido al ser integrado en Falange Española Tradicionalista y de las JONS por orden de un decreto de Franco, el conocido como Decreto de Unificación. Tras constituir una academia de oficiales del Requeté de forma totalmente autónoma, se le comunica desde estamentos militares cercanos a Franco que habrá de aceptar el exilio o se le procesará en un consejo de guerra. Dicho decreto fue rechazado por Fal Conde, ya exiliado en Portugal. Fal Conde se mantuvo en el exilio hasta 1955, muriendo en 1975 en su pueblo natal.

El Decreto de Unificación, conllevaba la unión de los partidos Falange de las JONS y la Comunión Carlista en un partido único estatal. Generó tensos debates internos en las cúpulas de ambos partidos al ser una medida impuesta por Francisco Franco.  Junto al rango de Jefe de Estado añadía al de Jefe Supremo del único partido legal en España hasta 1975. De esta unificación surge la figura del falangista con gorra roja y camisa azul, algo nunca visto previamente a este hecho.

La unificación anuló todas las esperanzas de restauración legitimista, así como frustró los planes de una política tradicionalista en España. La fusión con la Falange dotó a Franco de un poder amplio y relativamente estable que se condensó en el llamado Movimiento Nacional. Los carlistas seguirían su curso al ritmo de la historia, desde sus acciones clandestinas en la época franquista hasta presentarse bajo diversas siglas enfrentadas entre sí en un cisma político en los albores de la democracia.

[1]http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/SDocum/ArchCon/SDHistoDipu/SDBuscHisDip

[2]ABC 16 agosto 1936

Bibliografía:

Andía, P. L., Sierra-Sesúmaga, V., Payne, S. G., & Thomas, H. S. (2010). Requetés: de las trincheras al olvido. Esfera de los Libros.

Ferrer, M., Tejera, D., & Acedo, J. F. (1941). Historia del tradicionalismo español(Vol. 1). Ediciones Trajano.

Copado, B. (1937). Con la Columna Redondo: combates y conquistas; crónica de guerra. la Gavidia.

del Burgo, J. (1992). Un episodio poco conocido de la Guerra Civil española: la Real Academia Militar de Requetés y el destierro de Fal Conde. Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura.

Martorell, M. (2008). Navarra 1937-1939: el fiasco de la Unificación. Príncipe de Viana, 69(244), 429-458.

Espinosa, F. (2003). La columna de la muerte. Crítica, Barcelona.

 

 

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