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Clito el negro ¿Asesinato premeditado o crimen forzado?

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Alexander the Great murdering Clitus in a drunken rage. Handcolored halftone illustration of a 19thcentury illustration. Credit: Album / akg/North Wind Picture Archives

La realización de este artículo tiene como finalidad presentar y desarrollar la muerte de Clito el Negro a través del relato de las fuentes clásicas debido a la baja calidad de los artículos al respecto que circulan en las webs. Asimismo, se intentará realizar un análisis explicativo (hipótesis) del acontecimiento. Es interesante conocer la relación entre Clito el Negro y Alejandro Magno.

El relato que aquí presentaremos es el recogido en Arriano, en Plutarco y en Quinto Curcio. Presentando primero el resumen del relato y posteriormente una breve valoración. Nos gustaría aclarar que el relato en D. Sículo se encuentra perdido (Una laguna herencia de los textos medievales cuyo texto, presumiblemente, contendría el relato de la conquista de Escitia y Bactria, la muerte de Clito y de Calístenes y la boda de Roxana).  Siguiendo estos presupuestos, el relato básico se encontraría en Plutarco. Vidas Paralelas VI. 50-51., en Arriano. Anábasis IV. 8-9. y en Curcio Rufo. Historia de Alejandro Magno VIII. I, 20-52.

Podéis leer más sobre Alejandro Magno en nuestro artículo sobre los kurdos en la Anábasis.

II. Arriano

  1. A) Relato.

Arriano presenta a los macedonios en una de sus festividades. Una celebración que tradicionalmente estaba dedicada a Dioniso, sin embargo y sin una explicación concreta, ese año Alejandro la dedicó a los Dióscuros.

Parece ser que la fiesta transcurrió con la normalidad esperada, esto es, bebiendo prácticamente sin conciencia. En la fiesta algunos de los presentes eran aduladores que, fieles a su labor, establecieron que las hazañas de Alejandro estaban por encima de las de Aquiles[1] e incluso de la gran figura de Heracles.

Según Arriano: “Clito ya se había mostrado desde hacía tiempo molesto por esta desviación de Alejandro hacia las costumbres bárbaras, así como por la presencia de estos aduladores que con sus palabras le lisonjeaban”[2].

El vino provoco que Clito no pudiese contener su rabia ante los insultos para con las divinidades y los Héroes pues Alejandro no estaba a su nivel ya que ni sus hazañas tenían tanto renombre ni las había realizado solo.

Alejandro, ebrio, se irritó profundamente pero la fiesta prosiguió. El tono fue elevándose debido al persistente relato de los aduladores, en esta ocasión, atacando las hazañas de Filipo, presentándolas como menores comparadas con las de Alejandro.

Esto terminó de colmar a Clito (miembro de la antigua guardia macedonia, servidor de Filipo). Clito “fuera de sí” comenzó a elogiar a Filipo al tiempo que denigraba la obra de Alejandro recordando sucesos como la del Gránico, donde él mismo salvó la vida a Alejandro.

Representación de Flavio Arriano

Ante estas acusaciones, “Alejandro ya no aguantó más la borracha insolencia de Clito, lanzándose sobre él en un ataque de ira, pero fue interceptado por los compañeros de la fiesta”[3]. Este arrebato de furia no amedrentó a un Clito que prosiguió en sus insultos. Los compañeros no permitían a Alejandro iniciar una pelea con Clito, dando como resultado una de las grandes frases célebres de Alejandro (más bien asociadas a Alejandro pero parafraseadas cuanto menos): “He llegado a la misma situación que Darío, cuando fue detenido y conducido como prisionero por Beso y sus secuaces. No tengo de rey más que el nombre”[4].

Tras esto, Alejandro arrebató la lanza a un miembro de su guardia personal y, dando un gran salto, logró atravesar a Clito causándole la muerte. En este relato, Arriano (siguiendo a Aristobulo), achaca la culpa de la muerte al propio Clito. Primeramente al establecer que las palabras de Clito fueron “Palabras que yo no puedo aprobar, pues considero que cuando se está bebido es conveniente que cada cual sepa guardar silencio y no sumarse a lo que otros dicen por adulación”[5].

Y posteriormente porque establece que Clito, tras el primer ataque de Alejandro, fue expulsado del recinto, fuera de los muros de la acrópolis, pero Clito no supo contenerse y regresó. Esto motivó a que Alejandro, cegado por la ira, lo asesinara.

Por tanto, nos encontramos con un relato donde Arriano presenta el conflicto como una situación causa del alcohol en la que Clito se excedió. Si queda alguna duda sobre el posicionamiento de Arriano, inmediatamente en la continuación de su relato[6] confirma: “Reprocho con firmeza a Clito por su insolencia para con el rey, al igual que lamento el infortunio de Alejandro […] pero he de elogiar a Alejandro por lo que a continuación ocurrió”.

Algunos de los presentes narran que Alejandro intentó suicidarse al darse cuenta de lo que había hecho, “asesinar a un amigo bajo los efectos de vino”. Durante tres días Alejandro no comió y tampoco bebió, se abandonó en su cuidado personal. Finalmente enmendó la afrenta a Dioniso, considerando que había sido más un castigo divino que un fallo personal. Nunca se repetiría un episodio de tal tragedia personal en Alejandro hasta el de Hefestión.

  1. B) Valoración.

Arriano es posiblemente el autor que con mayor austeridad relata lo acontecido. De la misma manera, se trata del relato que más decididamente apuesta por la “justificación del asesinato”.

Si bien es cierto que encontramos una crítica a Alejandro, la culpabilidad es adjudicada con mayor peso a Clito por su ignorancia, de la misma manera que decide ensalzar al monarca por su actitud posterior. En consecuencia, podemos establecer que la muerte de Clito en Arriano es una versión favorable para con Alejandro y menos moralista que la del resto de autores.

III. Plutarco

  1. A) Relato.

Plutarco define el suceso como “un incidente mucho más cruel que el de Filotas”[7], coincidiendo con Arriano al presentar el acontecimiento en unas festividades dedicadas a los Dióscuros.

En la festividad se comenzaron a realizar unos cantos del poeta Pránico, burlándose de los comandantes macedonios derrotados por los bárbaros. Esta temática molestó a los macedonios más veteranos, entre los que se encontraba Clito. Un Clito descrito por Plutarco como “de natural violento, propenso a la ira y muy atrevido”[8].

Clito expresó que no era de buen grado que unos barbaros se burlasen de unos macedonios caídos en desgracia pues aún en esa condición eran mejores que aquellos de quienes procedían las burlas. Alejandro le replicó “si él, Clito, estaba intentando disculparse a sí mismo, llamando desgracia a lo que no era sino cobardía”[9]. Clito, acto seguido, respondió con que fue su cobardía la que salvo a Alejandro de ser asesinado en el Gránico, y que era la sangre de esos macedonios de quienes se burlaba la que había convertido en Alejandro en el rey que era.

Alejandro comenzó a exasperarse, replicando: “¿Acaso, mala persona, crees que hablando siempre así de mí y fomentando la discordia entre los macedonios vas a quedar impune?”. A lo que Clito respondió duramente: “No, ¡Si ya ahora lo estamos pagando bien, Alejandro, al tener que recibir estas recompensa a los que ya han muerto, antes de tener que ver a los macedonios vapuleados por los bastones de los medos, y obligados a pedirles audiencia a los persas para podernos acercar a nuestro rey”[10].

La réplica de Clito puso en pie a la sala, formando una trifulca entre los jóvenes acérrimos a Alejandro y los macedonios veteranos más afines a las palabras de Clito. Los insultos de Clito prosiguieron, la ira y la embriaguez hicieron aflorar toda la rabia de Clito hacia su amigo y monarca por las prácticas que consideraba impropias de su rey, tales como la política con los iranios o la divinización de su figura.

Alejandro no pudo seguir soportándolo y echó mano de su puñal, que había sido retirado por Aristófanes (en un sabio acto, anticipándose al claro devenir de la situación). La trifulca comenzó pero los participantes trataron, sin gran éxito, de calmar a Clito y Alejandro. Clito, que no quería marcharse, tuvo que ser sacado del salón por unos amigos. No obstante, Clito logró entrar de nuevo por otra de las puertas, entonando uno de los yambos de la Andrómaca de Eurípides (una especie de cancioncilla popular): “¡Ay de mí! ¡Qué mala costumbre hay en la Hélade!”[11]

Alejandro no resistió este último insulto, lográndose hacer con una lanza y atravesando a Clito. Acto seguido, el salón enmudeció. Alejandro recobró la conciencia, observando horrorizado lo que acababa de perpetrar e intentó suicidarse, pero se lo impidieron. Al igual que lo expuesto en Arriano, el lamento de Alejandro tras el asesinato de Clito es el más claro ejemplo de arrepentimiento siendo el ejemplo de mayor lamento y decadencia anímica de Alejandro hasta la muerte de Hefestión.

Plutarco historió a Clito el Negro
Estatua de filósofo, quizás Plutarco. Museo arqueológico de Delfos, Grecia.
  1. B) Valoración.

Como hemos podido ver, el relato de Plutarco goza de un mayor detenimiento y gusto literario, presentando una versión más detallista. A pesar de encontrarnos con una versión más teatralizada del acontecimiento, lo que resulta innegable es que permite reconstruir el escenario mucho mejor, permitiendo al lector imaginar el acontecimiento con mayor facilidad.

En cualquier caso, las líneas interpretativas discurren por el mismo sendero que las de Arriano, aunque sin posicionarse de manera tan clara. Plutarco presenta un escenario de embriaguez donde los excesos de Clito desencadenan en su asesinato.

IV. Quinto Curcio Rufo.

  1. A) Relato

Rufo antes de narrarnos el acontecimiento pone en situación al lector, presentando a Clito como uno de los hombres de confianza del rey, quien “cubrió con su escudo a Alejandro que luchaba con la cabeza descubierta y el que con su espada cortó la mano de Rosace”[12]. Un guerrero leal tanto a Alejandro como a Filipo y cuya hermana Helanice (Lanice según Arriano) era la nodriza de Alejandro.

Curcio narra como Alejandro fue quien, alternado por el vino, comenzó a enaltecerse a sí mismo. Los veteranos guardaron silencio hasta que las hazañas de Filipo fueron denigradas. En este relato fue el propio Alejandro (y no poetas o aduladores, cuya omisión del relato no permiten asegurar que no estuviesen) quien menospreció la victoria de Queronea por parte de Filipo, pues fue él quien obtuvo la victoria y no su padre.

Los insultos y burlas hacia Filipo prosiguieron, agradando a los jóvenes e irritando profundamente a los veteranos. Ante esta situación Clito se giró hacia los comensales que ocupaban asientos por debajo de él y recitó el ya mencionado verso de Eurípides: ¡Ay de mí! ¡Qué mala costumbre hay en la Hélade![13]

Alejandro, según Curcio, no logró escuchar estos versos, pero se percató de que un ebrio Clito estaba alzando la voz recordando las hazañas de Filipo. De esta manera se inició una disputa entre los jóvenes y veteranos, donde Alejandro mantenía una aparente calma. Una calma que no pudo contenerse más pues Clito le echó en cara el asesinato de Parmenión, de Atalo e incluso que las conquistas de su padre habían sido contra griegos mientras que las suyas contra “mujeres”[14]. Alejandro cargo contra él, pero fue detenido por Tolomeo y Perdicas, a la par que Clito era sacado del recinto por algunos compañeros.

En este relato, Clito no regresa al banquete, sino que se espera a que el banquete finalice. Alejandro por su parte aguarda en la puerta a que los comensales salgan, siendo Clito el último. “Todos los demás habían ya marchado; el último, Clito, a oscuras se disponía a salir y el rey le preguntó quién era. Su mismo timbre de voz dejaba ver la atrocidad del crimen que planeaba, y Clito, acordándose no ya de su propia cólera si no de la cólera del rey, respondió que era Clito y que salía del banquete. Ante estas palabras, el rey le atravesó el costado con la lanza y, salpicado con la sangre del moribundo, exclamó: «¡Vete ahora a reunirte con Filipo, con Paremenión y con Atalo!”.[15]

En el arrepentimiento de Alejandro, Curcio coincide en señalar tres días de luto absoluto, así como el derrumbamiento personal del monarca.

  1. B) Valoración.

El relato de Curcio es el que, en nuestra opinión, menos se acerca a la realidad. Curcio da una visión general que coincide con los relatos de Arriano y Plutarco. Sin embargo, el asesinato final es premeditado, consciente y alejado de la atmosfera del alcohol y la ira. Una versión que otorga a Alejandro un papel de asesino sanguinario, proponiendo que el verdadero culpable del asesinato fue Alejandro.

V. Relectura y Conclusiones.

El asesinato de Clito el negro
Castaigne, 1898-1899. Alexander the Great murdering Clitus in a drunken rage. Handcolored halftone illustration of a 19thcentury illustration. Credit: Album / akg/North Wind Picture Archives

El relato de la muerte de Clito el negro ha venido situándose en unos parámetros moralizantes que no necesariamente respondieron a la realidad, procediendo de los autores que trasmiten el suceso y no del escenario del acontecimiento. Por tanto, y estableciendo unos parámetros rigurosos, podemos desarrollar una lectura diferente.

El nombramiento de Clito como nuevo sátrapa de Bactria fue algo que Clito no asimiló con gratitud. Bactria era una de las zonas limítrofes del imperio configurándose como una de las más importantes. No obstante, este nombramiento implicaba que Clito sería alejado del alto estado macedonio y de su hogar (Macedonia).

¿Por qué Alejandro tomo la decisión de nombrar a Clito? En primer lugar porque Clito era un soldado fiel, leal a la corona, tanto a Filipo como al propio Alejandro. De esta manera se aseguraba que una zona tan tradicionalmente conflictiva (donde quedaban bolsas de resistencia importantes) se mantuviera leal. En segundo lugar por qué es una medida que estaría dentro de la nueva política de Alejandro de desprenderse de aquellos altos cargos macedonios que estaban en contra de sus nuevas políticas, generalmente los veteranos (Parmenión, Clito, Calístenes etc.).

Esta contextualización de la relación de Alejandro y Clito en el momento del banquete debe tenerse muy presente pues, aunque parezca una obviedad, los resquemores o no que podría traer Clito con Alejandro o Alejandro con Clito no hubiesen estallado de esa manera de no haber sido por ese contexto determinado.

Una fiesta en la que los principales protagonistas se encontraban totalmente borrachos (bebieron por largo tiempo vino no mezclado con agua, una práctica diferente a la habitual griega), rodeados de personas que apoyaban sus ideas (en ambos casos), confrontando el honor y la palabra. Por si fuera poco, como era normal por su condición, todos ellos se encontraban rodeados de armas.

El desenlace se nos antoja como esperable, tanto que incluso a Alejandro le retiraron su puñal. Un ejemplo más que permite vislumbrar que, a pesar de lo que Alejandro pretendiese, era humano (excepcionalmente extraordinario, pero humano al fin y al cabo).

De igual manera, la clave de la disputa fue el insulto a Filipo. La conflictividad básica reside en lo que, a nuestros ojos, era una disputa generacional entre aquellos que veían en Alejandro el único e irrepetible (ya fuese por verdadera devoción o por ganarse el favor en la construcción del nuevo imperio) y aquellos que concebían a Alejandro como un rey cada vez más alejado de lo intrínsecamente macedonio.

A esta serie de factores deben sumarse aspectos que no pueden omitirse a pesar de que puedan funcionar como motores secundarios. En esta serie de añadidos entrelazados con la cuestión personal y generacional destacamos la cuestión de la divinización de Alejandro (menosprecio de Filipo), las políticas iranias (que los veteranos repudiaban) y el cambio de la festividad a otra divinidad.

Clito el Negro
Representación de la muerte de Clito el negro. Amodelcastillo.blogspot.com

No obstante y habiendo procedido a esclarecer los verdaderos motores del suceso, debemos presentar el acto de Clito como un insulto personal contra la figura del monarca. De la misma manera que atestiguamos relatos similares en Filipo. En una monarquía tan autoritaria como la macedonia, donde el poder del monarca era incuestionable, más aún si las victorias militares acompañaban, la acción de Clito debe tacharse cuanto menos de imprudente. Su posición privilegiada dentro del organigrama del estado macedonio e incluso su relación personal con Alejandro no le eximen de un comportamiento que sobrepasó los límites de lo permitido. En consecuencia, la acción de Alejandro, entendida como la de un monarca macedonio, fue justificada al reafirmar su posición incuestionable.

En conclusión, la muerte de Clito es un acto totalmente atestiguado por las fuentes (a pesar de sus diferencias). Asimismo, debemos intentar leer más allá de lo que la tradición literaria recoge, siendo la única vía para vislumbrar la verdad. Las hipótesis sobre la muerte de Clito el negro seguirán tratándose por la historiografía pero lo que parece un continuum es su definición como un asesinato donde la plena posesión de facultades de sus protagonistas debe ponerse en duda.

Recreación de la muerte de Clito el negro.

[1] Debe tenerse en cuenta que Aquiles era un antepasado de Alejandro por vía materna, y a pesar de que nosotros lo contemplemos como una herramienta político-propagandística de carácter mítico, la realidad es que en el mundo antiguo esto era muy importante pues se tenía por cierto, los héroes existieron.

De igual manera Heracles, vinculado a través de la vía paterna.

[2] Arriano. Anábasis IV. 8, 4.

[3] Arriano. Anábasis IV. 8, 7.

[4] Arriano. Anábasis IV. 8, 8.

[5] Arriano. Anábasis IV. 8, 5.

[6] Arriano. Anábasis IV, 9,2.

[7] Plutarco. Vidas Paralelas VI.50, 2.

[8] Plutarco. Vidas Paralelas VI.50, 9.

[9] Plutarco. Vidas Paralelas VI.50, 10.

[10] Plutarco. Vidas Paralelas VI.51, 2.

[11] Plutarco. Vidas Paralelas VI.50, 8. A pesar de que se trate solo del inicio de la entonación popular, se da por entendido que todos los presentes sabían el resto de la canción, que vendría a decir: ¡Que mala costumbre hay en la Hélade, cuando un ejército erige trofeos sobre los enemigos, no se considera esta hazaña propia de los que se esfuerzan, sino que quien consigue renombre es el general, el cual blande su lanza como uno más entre otros muchísimos, y, a pesar de no hacer nada más que ninguno, obtiene mayor fama. Arrogantes, instalados en sus cargos por la ciudad, se creen más importantes que el pueblo, cuando no son nadie. Guzmán Guerra, A (1986). Plutarco/Diodoro Sículo, Alejandro Magno. Pp.99-100.

[12] Curcio Rufo. Historia de Alejandro Magno VIII. 1, 20.

[13] Curcio Rufo. Historia de Alejandro Magno VIII. 1, 28.

[14] Curcio Rufo. Historia de Alejandro Magno VIII. 1, 37.

[15] Curcio Rufo. Historia de Alejandro Magno VIII. 1, 52.

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