Hildegart Rodríguez fue una intelectual española que antes de haber cumplido la veintena ya se presentaba como una prometedora figura vanguardista y revolucionaria en la España de los años 20’s y 30’s. Su voz, jovial pero contundente, se alzaba en temas tan controvertidos para el momento como eran el sufragio femenino o los estudios sobre sexualidad. Sin embargo, la vida, y también la muerte de Hildegart, no se entienden sin la autoritaria figura de su madre; Aurora. Cuando la mañana del 10 de junio de 1933 los periódicos nacionales publicaron la noticia del asesinato de Hildegart Rodríguez a manos de su madre, Aurora; la sociedad española no pudo sino conmocionarse ante el inesperado filicidio. En este artículo se presenta una contextualización y posible explicación del suceso

Portada Heraldo de Madrid
Detalle de la portada del diario Heraldo de Madrid (10 de junio de 1933). Recuperado de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España (BNE): http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001029973&page=16&search=Hildegart&lang=es

La madre: Aurora Rodríguez

Aurora había nacido en el seno de una familia acomodada de Ferrol en el año 1879 (Miranda, 2019: 87). Su entorno familiar estaba conformado por su padre, un adinerado abogado, y su madre, licenciada en magisterio. A ellos se sumaban sus tres hermanos. Su hermana mayor, Pepita, fue determinante en la vida de la joven por ser la madre de su sobrino, Pepito Arriola. Por otro lado, sus hermanos pequeños fueron menos relevantes en la vida de Aurora. El mediano partió en la juventud a América y un tercer hermano, el menor de todos, falleció a temprana edad a causa de tuberculosis (Pérez Sanz y Bru Ripoll, 1987: 4).

Aurora Rodríguez Carballeira
Fotografía de Aurora Rodríguez Carballeira, madre de Hildegart. Imagen extraída de Centro de Información Documental de Archivos (CIDA): https://www.culturaydeporte.gob.es/cultura/areas/archivos/mc/centros/cida/guias-de-lectura/escritoras/rodriguez-hildegart.html

Aurora creció sintiéndose mucho más vinculada a su padre que al resto de la familia. Su padre, abogado de gran reputación, puso a disposición de la joven gran cantidad de recursos culturales que hicieron de Aurora una muchacha culta y conocedora de grandes teóricos, en especial a los del socialismo utópico como Saint-Simon, Owen y Fourier (Bosch Fiol y Ferrer Pérez, 2011: 212), además del ideal nietzscheano del übermensch (Pérez Sanz y Bru Ripoll, 1987: 5).

Cuando Pepita, hermana mayor de Aurora, se desentendió del hijo que había tenido siendo aún soltera, el cuidado del mismo recayó en Aurora. Ella se encargó de educar al pequeño Pepito, y de instruirle en la música, haciendo del joven un gran pianista, que acabó por ser conocido nada menos que como “El Mozart Español” (Bosch Fiol y Ferrer Pérez, 2011: 212). Este mismo estrellato atraería de vuelta a su madre, Pepita, que rápidamente cortó las relaciones entre tía y sobrino.

Este episodio se interpreta como el preludio de la deriva eugenésica de la vida de Aurora; pues es en este momento de juventud, al perder la relación con su sobrino; cuando comienza a dudar entre dedicar su vida a la creación de una colonia eugenésica (inspirada por las ideas utópicas de los falansterios y del owenismo) o a la crianza y educación de un único primogénito, a través del cual buscar la perfección, como ya había intentado hacer con su sobrino Pepito. Se decantará por esta última opción, naciendo así Hildegart Rodríguez; su Jardín de la Sabiduría; su Virgen Roja. (Miranda, 2019: 87)

Aurora entenderá la eugenesia como la búsqueda de la perfección del ser humano. Esta idea poco tiene que ver con la raza, las características físicas o el género; sino que está relacionada con el desarrollo de la inteligencia. Por ello, buscará imprimir todas esas cualidades en su hija, Hildegart.

La hija: Hildegart Rodríguez. El Jardín de Sabiduría

Una vez Aurora hubo tomado la decisión de engendrar un hijo al que moldear e instruir para que sirviera de modelo eugenésico o incluso de guía moral para el mundo, buscó un hombre con el que concebir dicho primogénito. La identidad de este hombre nunca se llegó a conocer, pero sí se especuló que podría resultar algún marino cercano a la familia (Bosch Fiol y Ferrer Pérez, 2011: 213).

La concepción de Hildegart resultó para Aurora un mero trámite, el requisito incómodo pero necesario para llevar a cabo su plan, y así lo expone:

“Quiero hacer constar de una manera rotunda y categórica que Hildegart no llegó a la vida por casualidad, ni por el simple deseo animal de sus padres al engendrarla, como nacen casi todos los seres del mundo. No era producto de una ciega pasión sexual, sino un plan perfectamente preparado, ejecutado con precisión matemática y con una finalidad concreta. Nació con un objetivo determinado, con una misión ideal de la que no podía desviarse por ninguna debilidad humana. Yo que la creé, que la hice, que la formé a lo largo de los años, sé perfectamente dónde debía llegar”. (Pérez Sanz y Bru Ripoll,1987: 11).

Estando ya encinta, Aurora se traslada a Madrid, donde dará a luz en diciembre de 1914. (Miranda, 2019: 87). Desde ese momento, la vida de Aurora se centrará en el control absoluto sobre su hija Hildegart; de forma que la pequeña creció rodeada de libros y de conocimiento, pero aislada por completo de otros niños o incluso de inocentes juguetes.

De esta forma, Hildegart aprendió inglés, francés y alemán a temprana edad; además de ser conducida a los grandes saberes de la cultura contemporánea, como los estudios sobre sexualidad, la filosofía, o la eugenesia que tanto fascinaban a su madre (Rámila, 2012: 11).

Hildegart Rodríguez Carballeira
Fotografía de juventud de Hildegart Rodríguez. Recuperado de Centro de Información Documental de Archivos (CIDA): https://www.culturaydeporte.gob.es/cultura/areas/archivos/mc/centros/cida/guias-de-lectura/escritoras/rodriguez-hildegart.html

Mediante esta instrucción tan férrea y opresiva, Aurora logró que Hildegart se graduara de Bachillerato a la edad de 14 años, ingresando a continuación en la carrera de Derecho de la Universidad Central, y afiliándose a la vez al PSOE en las Juventudes Socialistas Madrileñas; organización en la que fue elegida vicepresidenta sólo un año más tarde (Rámila, 2012: 11).

Fue en ese momento cuando la vida y los actos de Hildegart, y por ende de Aurora, adquirieron cierta fama social, pues no era extraño ver a madre e hija en mítines políticos o en tertulias de carácter social. La actividad intelectual de ambas se refleja en varios ámbitos de la vida pública; Hildegart se sumó a la voz de Victoria Kent en la cuestión sufragista (Rámila, 2012: 11); ambas pensaban que antes de que la mujer pudiera votar debía ser educada correctamente para ejercer su derecho con toda la libertad y la conciencia necesarias.

Hildegart dando un mitin
Hildegart en un mitin socialista en Erandio, (Vizcaya), en 1931. Recuperado de Centro Información Documental de Archivos (CIDA): https://www.culturaydeporte.gob.es/cultura/areas/archivos/mc/centros/cida/guias-de-lectura/escritoras/rodriguez-hildegart.html

El binomio madre hija también cofunda en 1932 de la Liga Española para la Reforma Sexual sobre Bases Científicas junto con Gregorio Marañón; una organización de máxima importancia científica, presidida en primer lugar por el célebre médico y científico (Rámila, 2012: 13). A través de esta entidad crearon una atmósfera de discusión entre intelectuales de temas tan contemporáneos y candentes en el panorama social como eran la sexualidad, o las ideas eugenésicas, tan emergentes en la Europa del momento.

Sin embargo, fue debido a esa gran exposición ante los medios y, por ende, ante la sociedad, cuando algunas personas cercanas a madre e hija se percataron del incesante control y obsesión del que era víctima Hildegart. Pues Aurora no sólo acompañaba a la joven a los actos públicos o a sus clases en la universidad, sino que seguía controlando y disponiendo de la vida de la joven a su completo antojo. Un ejemplo de ello es la opinión que refería Julián Besteiro, profesor de la joven durante su etapa universitaria:

Julián Besteiro, que fue profesor de la joven, dijo de ella: «En los estudios Hilde es, sencillamente, formidable, pero este fenómeno de ir tan pegada a su madre me evoca la imagen de una cría de canguro encapsulada en bolsa invisible y con el cordón umbilical intacto.» (Bosch Fiol y Ferrer Pérez, 2011: 216).

Aunque la capacidad oratoria de Hildegart no era tan extraordinaria como sus otras cualidades intelectuales, sus apariciones públicas se fueron haciendo cada vez más frecuentes en el panorama político-social del momento; en consecuencia, su discurso también fue ganando importancia con los años. Hildegart era la voz de las mujeres en cuanto a liberación sexual y a derechos fundamentales; también era una conocida columnista en publicaciones como El Segoviano, La Liberta y La Tierra. Además, su aparición en eventos culturales se convirtió en una constante (Pérez Sanz y Bru Ripoll, 1987: 16).

No obstante, su influencia no se limitó al territorio nacional, sino que empezó a ser relacionada con grandes intelectuales europeos como Havelock Ellis, gran autoridad en los estudios sobre la sexualidad en el siglo XX; o H.G Wells, el afamado escritor británico. (Bosch Fiol y Ferrer Pérez, 2011: 215)

Desarrollo de los acontecimientos: el asesinato de Hildegart Rodríguez

Es precisamente ante este éxito de masas cuando la joven Hildegart intenta reclamar su lugar no solo en el mundo, sino en su propio hogar; para ello la joven exige su propio espacio e independencia frente a su madre. Para Aurora, este principio de independencia tan común entre los jóvenes era del todo inconcebible, más aún que su hija estableciera relaciones de cualquier tipo sin que ella mediara en ellas. Ello suponía una perversión de su perfecta obra, la quiebra del modelo eugenésico en el que había volcado no solo sus ahorros y su tiempo, sino el objetivo último de su vida.

Los problemas en el hogar acabaron por trastocar la vida profesional de madre e hija. El cisma entre ambas se hizo patente en una discusión de la anteriormente mencionada Liga Española para la Reforma Sexual; cuando se debatía sobre si la vasectomía temporal en los varones jóvenes con el objetivo de impedir los embarazos no deseados era una tesis aceptable. Mientras que Aurora se mostró proclive a esta idea, Hildegart se posicionó absolutamente en contra (Rámila, 2012: 13).

El abismo entre ambas alcanzó su punto máximo cuando la joven sumaba 18 años, pues entonces llegó a espetarle a su madre que pensaba irse de casa, viajar, y, en definitiva, organizar su vida con independencia de su madre. (Rámila, 2012: 13). Como consecuencia de estas palabras, Aurora empezó a pensar que el motivo que realmente alejaba a su hija de ella era una posible relación amorosa con un hombre; entre las amistades de su hija llegó a sospechar del ya mencionado H.G. Wells, compañero de tertulias de la joven (Pérez Sanz y Bru Ripoll, 1987: 101).

La neurosis de Aurora traspasó los límites de lo racional cuando a la supuesta relación entre H.G. Wells y Hildegart añadió un componente internacional, pues llegó a pensar que el británico se estaba acercando a su hija con el objetivo de hacer de ella una espía al servicio de su país. (Pérez Sanz y Bru Ripoll, 1987: 54).

Esta supuesta trama de espionaje fue demasiado para la neurosis que sufría Aurora, que se veía abandonada por su más querida, y a la vez única, creación. En consecuencia, y tras una breve discusión entre ambas, Aurora decide acabar con la vida de su hija durante la madrugada del 9 de junio de 1933 disparando un total de 4 tiros a bocajarro a Hildegart. Aurora relata:

“Yo sentía que el espíritu abandonaba el cuerpo ya muerto e incluso que retornaba a mí, que había sabido creado. Me recordaba a mí misma, tras muchos lustros me volvía a encontrar al sentir que el espíritu de Hildegart se unía de nuevo con el mío, formando un todo estrechamente enlazado, indisolublemente unidos”. (Pérez Sanz y Bru Ripoll, 1987: 59).

Una vez perpetrado el crimen, Aurora se dirige al domicilio de su abogado D. José Botella Asensi, dispuesta a confesar el crimen y entregarse a las autoridades (Pérez Sanz y Bru Ripoll, 1987: 59-60). Imputada ya por el asesinato confeso de su hija, Aurora se enfrenta a uno de los juicios más polémicos del momento. Una de las grandes problemáticas fue dirimir si Aurora estaba en sus plenas capacidades psíquicas y cognitivas o si, en cambio, sufría algún tipo de trastorno que condicionara o de alguna manera explicara sus actos. El peritaje, no menos polémico, enfrentó a los doctores Vallejo-Nájera y Bonifacio Piga Sánchez-Morate, que defendían la imputabilidad de la acusada; frente a Sacristán y Prados Such, que alegaban que Aurora era víctima de graves delirios (Montoya Treviño, 2000: 94).

Acabó por imponerse la tesis conservadora, encabezada por el Doctor Vallejo-Nájera, con la consiguiente imputación de Aurora Rodríguez Carballeira por el asesinato de su hija Hildegart Rodríguez. El juicio, celebrado entre el 24 y el 26 de mayo de 1934 (Rámila, 2012: 14), declaró a Aurora culpable y la condenó a 26 años y 8 meses de prisión (Rámila, 2012: 15).

Aurora en el juicio por el asesinato de su hija Hildegart
Aurora Rodríguez Carballeira en el juicio por el asesinato de su hija, Hildegart. Mayo de 1934. Recuperado de ABC: https://www.abc.es/cultura/abci-vida-para-quitarla-hildegart-rodriguez-obra-imperfecta-201711121725_noticia.html

Su primer destino fue la cárcel de Ventas, donde sólo permaneció un año, pues su actitud de reformista con las otras reclusas y funcionarios, la llevaron a un segundo destino; el sanatorio psiquiátrico de Ciempozuelos (Rámila, 2012: 15).

Este segundo destino sería el definitivo; sin embargo, lejos de mejorar su salud mental, ésta fue empeorando progresivamente en una deriva irreversible. Aurora fallecería en ese lugar, en 1956 debido a un cáncer del que decidió no tratarse (Rámila, 2012: 15).

El psiquiatra Guillermo Rendueles Olmedo explica en “El manuscrito encontrado en Ciempozuelos: análisis de la historia clínica de Aurora Rodríguez”, el caso de Aurora; criticando la situación de los manicomios de la época a la vez que describe la situación de Aurora. Palop Junqueras rescata de este escrito lo siguiente:

“Rendueles ensaya una gran variedad de interpretaciones para desvelar el misterio de esa enigmática mujer a la que nada, en apariencia, podía lograr rendir, excepto la realidad misma de ese medio frío -el manicomio- en el que la crueldad termina por imponerse a la utopía. Sí, «lo real la destruye y destina a terminar su vida en 1956, tras reducirse a hacer muñecos de trapo del tamaño 313 de un hombre a los que intenta dar vida” (Junqueras, 1989: 313).

La explicación psiquiátrica

Debido a la gran conmoción mediática que despertó este caso, no fueron pocos los psiquiatras que se volcaron en darle una explicación al inesperado suceso. El doctor Lafora escribió durante los propios días del juicio varios artículos referentes al desarrollo paranoide de la personalidad (Montoya Treviño, 2012: 94).

La explicación que los psiquiatras concluyeron se encuentra en el síndrome Folie à deux (locura de dos). Un diagnóstico desarrollado por los alienistas franceses (Montoya Treviño, 2012: 212), que se define como una locura inducida por la cual el sujeto delirante contagia su delirio o neurosis a otro sujeto sano, acabando la implicación del segundo cuando éste se separa del sujeto inductor (Montoya Treviño, 2012: 212).

Dentro de las modalidades de esta psicosis de asociación (Dewhurst y Todd, 1956: 451) el caso de Aurora y Hildegart concuerda, no sin sus particularidades, con el llamado Folie imposée. (Dewhurst y Todd, 1956: 451), a través del cual una persona con una alteración psíquica hace partícipe de su delirio a una segunda, que está sana. El delirio de la persona sana desaparecería al alejarse del sujeto inductor (Dewhurst y Todd, 1956: 451). Los delirios que caracterizan este síndrome suelen girar en torno a ideales de persecución, delirios de grandeza o incluso delirios místicos (Montoya Treviño, 2012: 212).

En el caso de Aurora el delirio de persecución se manifestaría en la figura de H.G. Wells, el escritor de ciencia ficción que había aparecido en su vida para arrebatarle a su hija y alistarla en un servicio secreto británico. En segundo lugar, los delirios de grandeza tendrían su explicación en el exacerbado interés de Aurora por las teorías eugenésicas del momento; la búsqueda de la perfección no sólo personal sino moral o racial fueron una constante en su vida, y las transmitió también a Hildegart al formar parte de tertulias e investigaciones sobre ello. Por último, los delirios místicos, íntimamente relacionados con la fundación de nuevas religiones o colonias, se reflejaron en Aurora cuando de joven tanteó la idea de crear una colonia basada en la eugenesia (Montoya Treviño, 2012: 212).

Por todo ello, la muerte de Hildegart se entiende como una consecuencia de la rebeldía de la joven al no querer seguir los estrictos dictados de su madre; quien, enajenada totalmente por la paranoia y los graves delirios que padecía, decidió que la solución pasaba por acabar con la vida de la joven.

Queda abierta la polémica cuestión del peritaje del juicio. Según algunos reputados psiquiatras como el ya mencionado Lafora, resultaba evidente que Aurora había obrado debido a la neurosis de la que era víctima. Por tanto, su imputabilidad y su responsabilidad sobre los hechos se pone en tela de juicio.

Bibliografía

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Bosch Fiol. E, Ferrer Pérez, V y Navarro Guzmán, C. 2008. La psicología de las mujeres republicanas según el Dr. Antonio Vallejo Nájera.  Revista de Historia de la psicología. Vol. XXIX, Nº34, pp. 35-40.

Dewhurst, K, and Todd, J. 1956. The Psychosis of association -Folie à deux, The journal of Nervous and Mental Disease, Vol. CXXIV, Nº5, p. 451.

Junquers, P. 1989. Rendueles Olmedo, Guillermo. El manuscrito encontrado en Ciempozuelos. Crítica de libros, Vol. IV, Nº29, pp. 313-315.

Miranda,A. M. 2019.  Sobre un caso emblemático de violencia intragénero en Madrid y su impacto en la Argentina de los años 30: el filicidio contra Hildegart Rodríguez, In: Las locas. Miradas interdisciplinarias sobre género y salud mental, Argentina, pp. 85-117.

Montoya Treviño, B. 2000, Psicopatografía de las relaciones conyugales. Madrid.

Pérez Sanz, P y Bru Ripoll, C. 1987. La sexología española de los años 30. Hildegart o la historia de Aurora Rodríguez, su madre. Revista española de sexología, Vol. II, Nº32.

Rámila, J. 2012. Hildegart Rodríguez. La historia que conmocionó a la II República Española. Quadernos de criminología: Revista de criminología y ciencias forenses, Vol. XVIII. Pp. 9-18.

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