La batalla de Jutlandia, acontecida en 1916, fue la mayor batalla naval de la Primera Guerra Mundial. En este artículo conoceremos las fuerzas enfrentadas, sus comandantes y el significado de este evento crucial en el contexto del conflicto.

Situación estratégica de Gran Bretaña

Royal Navy

En la Primera Guerra Mundial Reino Unido hizo uso de su mejor activo: la flota. Y lo hizo a la hora de planificar su gran estrategia. En el año 1914 la Royal Navy era la Armada más poderosa del mundo. Del mismo modo, la flota mercante británica era la más numerosa. Gracias a esta flota Reino Unido tenía acceso en abundancia a nitratos con los que fabricar explosivos y alimentos, ya que Gran Bretaña no era autosuficiente alimentariamente y dependía de los recursos humanos del Imperio colonial. De este modo, el Imperio podía poner en marcha el esfuerzo logístico que significaba una guerra en diferentes teatros de operaciones.

El control de los mares en Europa estaba asignado a la Home Fleet, dividida en dos formaciones principales. La Grand Fleet, la flota más potente y moderna de la Royal Navy, tenía su base en los fondeaderos de Scapa Flow en las islas Orkney. Este fondeadero era de difícil acceso pero permitía acoger a la gran flota británica para su reaprovisionamiento y descanso. Sin embargo, la Grand Fleet no pasaría largos periodos en Scapa Flow, debido a la falta de obstáculos anti submarino. La flota del Canal era una formación algo menor, compuesta por buques más antiguos, pero que realizaba una tarea esencial: la protección de los suministros y comunicaciones de la fuerza expedicionaria. Sus bases principales estaban localizadas en Dover y Portsmouth.

 

banderas jutlandia
Bandera de la Marina Imperial Alemana (izquierda) y bandera de la Royal Navy (derecha). HMS son las siglas de «Her Majesty’s Ship» y SMS «Seiner Majestät Schiff». Fuente: elaboración propia.

 

Bloqueo económico a Alemania

Seguramente uno de los días más decisivos para el devenir de la Primera Guerra Mundial fue el 2 de agosto de 1914. Incluso antes de que se hiciera oficial la declaración de guerra, el primer lord del almirantazgo, sir Winston Churchill, dio la orden de movilización para la armada británica. Desde el primer día del conflicto hasta el último, Reino Unido establecería un bloqueo económico contra Alemania, una forma muy británica de hacer la guerra (Lambert, 2016).

Reino Unido haría uso de su influencia diplomática para coaccionar a los países neutrales, con el fin de que finalizaran sus relaciones comerciales con Alemania. Pero, sin lugar a dudas, la pieza fundamental para el bloqueo económico era el dominio del comercio mundial gracias al control de los océanos. Esta misión descansaba en los hombros de la Royal Navy, que era la garante de la aplicación del bloqueo naval. Reino Unido relajaba las condiciones de la declaración de Londres de 1909 y se arrogaba el derecho de interceptar las mercancías destinadas hacia Alemania. Durante el bloqueo, todos los mercantes con este destino eran interceptados por patrullas, que intervenían los suministros. Como consecuencia derivada del bloqueo, se arrestaron una gran cantidad de reservistas alemanes que intentaban regresar a su país (Lambert, 2016).

Los planes navales británicos antes de la batalla de Jutlandia

Los objetivos de la Royal Navy fueron establecidos por el Amirante sir John Jellicoe de la siguiente manera: en primer lugar, garantizar a los barcos británicos el uso sin impedimentos de los mares. Este era un elemento vital para la existencia de una nación insular, particularmente para una que no es autosuficiente alimentariamente. En segundo lugar tenían como objetivo, en caso de guerra, llevar a cabo la suficiente presión económica al enemigo para obligarle a aceptar la paz. En tercer lugar, de la misma manera, en el caso de guerra, pretendían cubrir el tránsito y apoyar a cualquier ejército enviado a ultramar y proteger sus comunicaciones y suministros. Por último, en cuarto lugar, buscaban prevenir la invasión de este país y sus dominios de ultramar por las fuerzas enemigas (Jellicoe, 1919: 12-13).

Todos los objetivos debían ser conseguidos de la manera más rápida posible y eso se obtenía destruyendo las fuerzas navales enemigas. Sin embargo, los alemanes no permitieron que los británicos cumplieran su voluntad. En su lugar se refugiaron en sus puertos y tras los campos de minas submarinas, desde donde podían actuar a conveniencia. Esta estrategia obligaba a los británicos a una política de vigilancia y a esperar hasta que se presentara la oportunidad.

La estrategia británica giraba en torno al control del Mar del Norte. Los barridos con cruceros en busca de mercantes con destino a Alemania cortarían los suministros y, en caso de que la flota alemana se hiciera a la mar, la Grand Fleet estaría en una posición favorable para atacar. Especial atención debía ponerse en los submarinos alemanes, que eran, en general, mejores que los británicos. Más marineros que sus contrapartidas, los submarinos alemanes fueron avistados con regularidad, incluso a la salida de Scapa Flow. Como consecuencia, los grandes buques debían ser apantallados por un gran número de destructores, limitando el tiempo de navegación de la flota ya que estos pequeños navíos necesitaban más mantenimiento y reaprovisionamiento de combustible que sus hermanos mayores.

Por último, en el plano moral, los británicos contaban en su haber con una larga tradición naval que les proporcionaba un sentimiento de superioridad. Las grandezas del pasado, como Trafalgar, reforzaban la confianza, al ver el enorme tamaño de su flota compuesta por los modelos más avanzados. Aparte, los marineros británicos tenían una larga experiencia y familiaridad con las condiciones a bordo de los barcos. Aunque las condiciones no eran las más óptimas siempre, los hombre pudieron disfrutar de partidos de fútbol y regatas cuando no estaban de servicio. Así mismo, se promovió la educación con cursos voluntarios por las tardes, para mantenerlos con la mente ocupada. En general la moral era alta y los hombres esperaban con impaciencia el momento de enfrentarse al enemigo (Jellicoe, 1919: 87).

Retrado de Sir John Jellicoe
Fotografía del almirante sir John Jellicoe. Fuente: The Telegraph.

Los Dreadnought

La concentración de la Royal Navy en el mar del Norte no era casual. El artífice de la reorganización llevada a cabo a principios del siglo XX fue John Arbuthnot Fisher, que previó que la batalla decisiva iba a tener lugar en el Mar del Norte. Fisher entendió que gracias a la alianza con Japón, la amistad con EE.UU. y la entente con Francia, no era necesario dispersar la flota por todos los mares. El crecimiento de la marina alemana, impulsada por los planes navales de Von Tirpitz, era una amenaza directa al status quo naval británico (Rodríguez, 2010: 150).

Pero esta no sería la única gran reforma que impulsó durante su carrera. Fisher dio paso a la creación del acorazado moderno, el Dreadnought, por el nombre del primer buque de este tipo. A principios de siglo el acorazado «estándar» debía tener 15.000 toneladas de desplazamiento (es decir, ese debía ser el peso del agua desplazada por el buque cuando flota), una batería con cuatro piezas de 305mm y ser capaz de alcanzar 18 nudos de velocidad máxima. Pero con la introducción del Dreadnought se iban a producir grandes cambios.

Previamente, las piezas pesadas de los acorazados eran imprecisas y con un alcance relativamente reducido. Los acorazados Dreadnought contarían con diez o más piezas pesadas de 30 cm instaladas en torretas dobles. El fuego estaría controlado de forma centralizada y dirigido por la dirección de tiro del buque. El director de fuego haría cálculos según el rumbo y velocidad propios y del oponente y dispararían las primeras salvas. Observando los efectos del fuego, se irían haciendo correcciones hasta alcanzar al enemigo.

La nueva trayectoria de los proyectiles era parabólica y no horizontal, como en el pasado. Los obuses caerían en ángulo sobre el blindaje de las torretas y la cubierta, que estaban menos blindadas que los costados. Si un proyectil conseguía impactar de esta forma en los pañoles de munición o las calderas, la destrucción del buque estaba prácticamente garantizada (Rodríguez, 2010: 151). El alcance de los acorazados aumentó a distancias por encima de los 10.000 metros, siendo habituales los 16 km como distancia de combate. Para el armamento secundario se utilizarían piezas de pequeño calibre de 102 mm o 76 mm, para hacer frente a la amenaza de torpederos y submarinos.

El acorazado Dreadnought contaba con 22.000 toneladas de desplazamiento. Pero a pesar de su tamaño conseguía alcanzar velocidades de 21 nudos, gracias a sus nuevos motores de turbina. Los acorazados Dreadnought se convirtieron en el símbolo de estatus internacional de los países y el estándar para medir la fuerza de sus flotas. Solo Reino Unido, Alemania, EE.UU y Japón serían capaces de llevar a cabo la construcción de estos leviatanes por sus propios medios (Lambert, 2016).

Cruceros de batalla

Para completar las escuadras, se sustituirían los cruceros acorazados por los cruceros de batalla. El crucero de batalla era un buque de tamaño equivalente al Dreadnought, pero desprovisto de un blindaje grueso, para favorecer su velocidad y alcanzar los 27 nudos. Ésta había sido una idea que Fisher tenía en mente desde hace mucho tiempo. Sus pretensiones se vieron realizadas con la introducción de Invincible, Indomitable e Inflexible en 1908. El objetivo de su diseño era la creación de un híbrido con la potencia de fuego de un acorazado pero con la agilidad de un crucero (Gordon, 1996: 40).

El rol de esta nueva clase en la flota fue objeto de debate. Finalmente adoptarían el rol tradicional de los cruceros como fuerza de exploración de la flota, pero con una potencia de fuego muy superior a la de sus oponentes.

buque insignia Jellicoe
El HMS Iron Duke fue el buque insignia del Almirante sir John Jellicoe durante la batalla de Jutlandia. Este buque contaba con una batería de 10 piezas de 13.5 pulgadas siendo capaz de alcanzar 21 nudos. Fuente: Flickr.

Situación estratégica alemana

Al inicio de la guerra, los alemanes contaban con un total de 41 acorazados, 20 cruceros de batalla, 40 cruceros ligeros, 12 flotillas de destructores y 4 flotillas de submarinas. Estas fuerzas estaban repartidas entre la Flota de Alta Mar y los escuadrones que guardaban el imperio. La flota de alta mar era el núcleo de la marina alemana, y estaba encargada de la defensa de Alemania. La costa alemana, en el mar del Norte, era bastante reducida y los únicos caminos de salida al Atlántico eran el estrecho entre Escocia y Noruega o las rutas del canal de la Mancha.

En las consideraciones sobre el uso de la flota, los alemanes no podían pensar únicamente en cómo obtener la victoria en el mar, sino también en sus deberes en el marco general de la guerra. La estrategia del ejército de tierra tuvo una gran influencia en los planes de la Flota de Alta Mar, ya que debía apoyar al ejército en una guerra en dos frentes. De este modo la flota debía garantizar la retaguardia del ejército, protegiendo las costas alemanas en el Mar del Norte y en el Báltico. Esta tarea cobró gran importancia con la entrada en guerra de Reino Unido por su colosal flota, la flota alemana sería el ala derecha del ejército.

Durante su desarrollo, la marina alemana se centró en la construcción de destructores y acorazados. La idea tras esta decisión era que Alemania debía contar con un arma lo suficientemente fuerte para enfrentarse a una flota superior como la británica. Estas consideraciones ofensivas y defensivas primaron sobre cuestiones como la velocidad y el radio de acción. Los cruceros de batalla se diseñaron teniendo en cuenta que se enfrentarían a la clase Invincible. Por tanto fueron equipados con un blindaje superior que el de sus contrapartidas británicas (Jellicoe, 1919: 307).

Los planes navales alemanes antes de la batalla de Jutlandia

Desde la bahía del Heligoland, los alemanes podrían interceptar a los británicos si decidían navegar hacia el Báltico y podían amenazar la costa este británica. Sin embargo, a pesar de esta concentración de fuerzas, los alemanes seguían en inferioridad. De hecho, al comienzo de la guerra, los alemanes esperaban un ataque inminente debido a su situación estratégica desfavorable (Scheer, 1920: 19). Este pensamiento no estaba infundado si se tenía en cuenta la historia naval inglesa, en la que el área de operaciones de la armada británica eran las costas enemigas. Los británicos tenían una flota y pensaban utilizarla.

Teniendo en cuenta todos los factores, la estrategia alemana estaría enfocada en dañar a la Royal Navy en una serie de ataques contras las fuerzas realizando el bloqueo, minando la costa y atacando con submarinos cuando fuera posible. Cuando se hubiera alcanzado una situación de igualdad, la flota debería entablar batalla con el enemigo en circunstancias favorables. Mientras tanto, toda oportunidad favorable debía ser explotada, siempre que no pusiera en peligro la pérdida de toda la flota (Scheer, 1920: 24). Para compensar la inferioridad inicial, se produjo una fortificación de la bahía alemana con minas submarinas, para impedir la aproximación de los buques británicos.

Efectos del bloqueo

El bloqueo económico actuaba como una camisa de fuerza que iba agarrotando los movimientos de Alemania y agotándola. Para incrementar este aislamiento, Reino Unido cercenó toda comunicación con el exterior, cortando el acceso de Alemania a la red de telégrafo sumergido. Esta red de comunicaciones sería crucial a la hora de coordinar esfuerzos entre los diferentes territorios del Imperio y aliados. Alemania quedaba, ipso facto, incomunicada con su imperio colonial, vulnerable a los ataques desde las colonias francesas y británicas.

Como una boa constrictor, el bloqueo ejerció la sensación de asfixia, sometiendo a la población a una situación de hambruna. A falta de una conclusión breve de la guerra, el bloqueo económico fue haciéndose cada vez más patente en la vida diaria de los alemanes. Como respuesta el alto mando germano, comenzó en 1915 una campaña de submarinos contra los suministros británicos. Sin conseguir efectos tangibles hasta 1916, Alemania se veía obligada a actuar para evitar el desastre. Era necesario romper el bloqueo y, para ello, la Royal Navy debía ser destruida.

Los almirantes

A principios de 1914 le fue ofrecido al almirante Sir John Jellicoe el mando de la Home Fleet. Esta era la flota más numerosa y la más potente de la Royal Navy. La nominación fue una sorpresa para el propio Jellicoe, que no esperaba un cambio en el mando, dadas las extraordinarias circunstancias políticas. Sin embargo, la salud de su predecesor, sir George Callaghan, era delicada y, con la amenaza de una guerra en Europa, era necesario encontrar un sustituto. Jellicoe era un oficial de artillería con una larga carrera a sus espaldas que le dotaba de una gran experiencia. En el momento de su nominación, servía como segundo Lord del Almirantazgo.

El otro protagonista en el lado británico era el vicealmirante David Beatty, que se hizo con el mando de la flota de cruceros de batalla a principios de 1915. La actuación de Beatty en Jutlandia sería controvertida. En 1917 fue ascendido a primer Lord del Almirantazgo, cargo con el que aceptó la rendición de la Flota de Alta Mar alemana.

Por el bando alemán, Reinhard Scheer comandaba el II escuadrón de batalla de la Marina Imperial Alemana. En el año 1916 fue promocionado a Almirante, quedando al cargo de toda la Flota de Alta Mar durante la batalla de Jutlandia. Scheer era un gran táctico que impulsó la guerra submarina para suplir la inferioridad numérica alemana. Su plan era atraer a parte de la Grand Fleet para enfrentarse a ella con todas sus fuerzas, mientras los submarinos cortaban su retirada y destruirla. Desafortunadamente para Scheer, la sala 40 de operaciones de la armada británica hacía tiempo que había descifrado los códigos y podía leer sus mensajes. Ante la evidencia de que los alemanes iban a realizar una operación, Jellicoe se puso en marcha.

La intención inicial de Scheer era proceder al bombardeo de las fortificaciones y trabajos en el puerto de Sunderland, en la costa Este de Inglaterra. Este atrevimiento provocaría, con toda seguridad, que el enemigo sacara a su flota. La flota de alta mar esperaría al sur del Dogger Bank, mientras los submarinos se situaban en los puertos británicos. Sin embargo, este plan fue cancelado por el mal tiempo, que hizo imposible las labores de reconocimiento. En su lugar, Scheer avanzaría hacia el Norte por la costa de la península de Jutlandia, hacia Noruega, para atacar los buques mercantes británicos, atraer a parte de la Grand Fleet y destruirla.

La fuerza de exploración de Scheer marcharía por delante actuando de cebo. Esta fuerza estaría al mando del vicealmirante Franz Von Hipper. Hipper era un marino experimentado y un viejo conocido de Beatty, al que se había enfrentado en la batalla de Dogger Bank en 1915. Durante la batalla de Jutlandia, su buque insignia se hundiría por el fuego concentrado recibido, no sin antes hundir al crucero de batalla HMS Invincible.

Franz Von Hipper (izquierda) y Reinhard Scheer (derecha). 1916. Fuente: Alchetron.

Orden de Batalla 31 de mayo de 1916

Alemania

El buque insignia de Scheer sería el acorazado Friedrich der Große. Las fuerzas alemanas estarían divididas entre la flota de Alta Mar y la fuerza de reconocimiento, al mando del vicealmirante Hipper, que navegaría por delante. La flota de alta mar, por su parte estaría conformada por los escuadrones I, II y II cuyos buques principales eran los siguientes (Scheer, 1920: 136).

En primer lugar, el I Escuadrón (vicealmirante Ehrhard Schmidt): Ostfriesland, Thüringen, Helgoland, Oldeneber, Posen, Rheinland, Nasau y Westfalen. En el segundo escuadrón (II Escuadrón), al mando del contraalmirante Mauve: Deutschland, Pommern, Schlesien, Schleswig-Holstein, Hannover y Hessen. Por último, el III Escuadrón (contraalmirante Behncke): König, Großer Kurfürst, Markgraf, Kronpinz, Kaiser, Prinz Regent Luitpold y Kaiserin.

Las fuerzas ligeras de la flota de Alta Mar estaban formadas por el IV escuadrón de exploración (cruceros ligeros) y las flotillas I, II, V y VII de torpederos. Hipper, al mando de la fuerza de reconocimiento, contaría con dos divisiones de exploración: la División I, formada por cruceros de batalla (Seydlitz, Moltke, Derfflinger, Lützow y Von der Tann) y la División II, formada por cruceros ligeros (Pillau, Elbing, Frankfurt, Wiesbaden, Rostock, Regensburg). Asignadas a Hipper se encontraban, además, las flotillas II, VI y IX. Para finalizar Scheer contaba con 11 zepelines y 16 submarinos.

Reino Unido

El buque insignia de Jellicoe era el HMS Iron Duke, al mando de la Grand Fleet. La Grand fleet estaba compuesta por el 1º, 2º y 4º escuadrones de batalla. El 3º escuadrón de cruceros de batalla, los escuadrones 1º y 2º de cruceros, el escuadrón 4º de cruceros ligeros y las flotillas de destructores 4ª, 11ª y 12ª (Jellicoe, 1919).

En el caso del 1º Escuadrón de batalla, estaba encabezado por el vicealmirante Sir Cecil Burney y formaban parte de él Collosus, Neptune, St Vincent, Collingwood, Agincourt, Hercules, Revenge, Marlborough. El 2º Escuadrón de batalla tenía al mando al vicealmirante Martyn Jerram y estaba formado por King George V, Centurion, Monarch, Conqueror, Thunderer, Ajax, Centurion, Erin.

En cuanto al 4º Escuadrón de batalla, al mando se encontraba el vicealmirante Sir Doveton Sturdee y estaba formado por Superb, Royal Oak, Vanguard, Bellepheron, Benbow, Canada, Temeraire. Ha de mencionarse también el 3º Escuadrón de cruceros de batalla: Invincible, Indomitable, Inflexible.

Sir David Beatty estaría a bordo del HMS Lion liderando la flota de cruceros de batalla y el 5º Escuadrón de Batalla. Este escuadrón que contaba con el apoyo de la 1ª flotilla de destructores fue asignado temporalmente a Beatty para apoyarle en caso de encontrar al enemigo. Contaban también con cruceros de batalla (Lion, Queen Mary, New Zealand, Tiger, Indefatigable, Princess Royal) y con el 5º Escuadrón de batalla, comandado por el contraalmirante Evan-Thomas (Valiant, Warspite, Malaya, Barham).

En resumen la relación de fuerzas el 31 de mayor 1916 era esta:

Royal Navy

Flota de Alta Mar

28 acorazados

22 acorazados

9 cruceros de batalla

5 cruceros de batalla

33 cruceros y cruceros ligeros

11 cruceros ligeros

79 destructores

72 destructores y torpederos

1 minador

 

Primera Fase de la batalla de Jutlandia (14:00h-18:00h)

Zarpa la Royal Navy

La tarde del 30 de mayo de 1916 zarpó, desde el puerto de Rosyth, la fuerza comandada por el vicealmirante sir David Beatty, para hacer un barrido hacia el Sudeste. El almirante sir John Jellicoe al mando de la Grand Fleet zarparía desde Scapa Flow, para apoyar la expedición de Beatty. La fuerza de Beatty estaba dividida en dos columnas principales, una con sus cruceros de batalla y, 5 millas al oeste, el 5º escuadrón de batalla.

Beatty llegó a adentrarse profundamente en el Mar del Norte hasta el mediodía del 31, sin detectar la presencia del enemigo. Ante este decepcionante escenario, Beatty ordenó el regreso a puerto. El HMS Galatea, que estaba situado en el ala derecha de la fuerza, tardó en recibir la señal y continuó su curso. A las 14:15h, este buque avistó un pequeño mercante danés y se aproximó a observarlo. Pronto, la tripulación del Galatea avistó también la silueta inconfundible de un destructor alemán.

De inmediato, el comodoro Alexander-Sinclaire reportó el avistamiento a Beatty y abrió fuego contra el destructor. Mientras se producían estos eventos, aparecieron en el horizonte más columnas de humo y las siluetas de la fuerza de exploración de Hipper. El Galatea, abrumado por el fuego enemigo, se retiró navegando al norte para reunirse con los cruceros de batalla de Beatty.

El buque insignia de Beatty surcaba las aguas hacia el sur cuando a las 15:48h, la fuerza de Beatty divisó a los cruceros de batalla de Hipper. Los buques británicos navegaban separados unas 500 metros entre ellos, manteniendo una velocidad de 25 nudos. Ambas líneas de combate maniobraron para colocarse en paralelo. Durante el combate, ambas escuadras realizaban un movimiento serpenteante para dificultar la labor de los artilleros enemigos. Los alemanes abrieron fuego ligeramente antes que los británicos, disparando sus piezas de 310mm.

Las primeras andanadas fueron demasiado altas. Gradualmente, los alemanes irían incrementando la precisión, levantando géiseres gigantes de agua muy cerca de los británicos. Los británicos, por su parte, pronto consiguieron un impacto en el buque en cabeza alemán. Princess Royal y Lion recibieron uno y dos impactos, respectivamente. A las 15:56h, ambas fuerzas se encontraban navegando en paralelo intercambiando fuego rumbo sur, con una gran intensidad, pugnando por la superioridad de uno sobre el otro (Hooper, 1921: 12). Un oficial sirviendo en el puente de mando a bordo de Tiger describe la sensación de estar en combate:

«Recuerdo observar los proyectiles viniendo hacia nosotros. Parecían como grandes moscas volando hacia ti, siempre yendo a darte en el ojo; entonces caerían y el proyectil explotaría o rebotaría en el agua dando tumbos por encima girando y girando en el aire»

Descripción desde el puente de Tiger. (Hooper, 1921: 17)

Hundimiento de Indefatigable y Queen Mary

Según iban transcurriendo los minutos en la batalla, la visibilidad se iba reduciendo. El humo de las calderas, junto al de sus baterías, limitaban la observación de los artilleros, obligando a los capitanes a acercarse al enemigo. El tercer navío en la línea alemana estaba envuelto en llamas. Indefatigable, en la cola de la línea, recibió un impacto directo en el centro, provocando un abundante humo en su superestructura. La dirección estaba dañada aparentemente, ya que no siguió los movimientos de New Zealand que le precedía. Dos impactos más, en la proa de Indefatigable, no dejaron ningún signo de incendio o humo durante un pequeño intervalo de tiempo. A los 30 segundos, el buque explotó con violencia. A las 16:04h se hundió definitivamente Indefatigable.

Esta gran pérdida apenas fue percibida por los hombres de Beatty, concentrados en su labor, devolviendo fuego en salvas ordenadas. HMS Tiger se encontraba en la popa de Queen Mary cuando éste recibió una dura andanada con tres impactos directos. Más tarde,  Queen Mary recibiría dos impactos más que serían el golpe de gracia. El buque colapsó hacia adentro y, a las 16:22h, se desintegró en una explosión descomunal, matando a la práctica totalidad de la tripulación. Tiger, que navegaba a 25 nudos, tuvo que virar todo a estribor con dureza, quedando envuelto en humo negro (Hooper, 1921: 17-19). A las 16:29, Lion se encontraba en llamas, habiendo recibido 19 impactos de gran calibre, pero sin disminuir la velocidad.

batalla de Jutlandia
La formidable explosión de Queen Mary a las 16:25h durante la batalla de Jutlandia. Fuente: Fighting at Jutland.

«Cuando llegué al costado del buque parecía que había una multitud allí, y no parecían muy ansiosos de lanzarse al agua […] Sin saber qué era, algo me estaba urgiendo a alejarme urgentemente del navío. Braceé con fuerza hasta alejarme unos 45 metros cuando se produjo una gran explosión […]. Me sumergí todo el tiempo que pude para evitar que me alcanzaran los escombros y cuando emergí del agua pude oír el rumor que parecía el de una ola rompiendo en la playa y me di cuenta que era la succión del agua producida por el hundimiento del buque.

 

Intenté nadar pero era una tarea imposible y me recordé a mí mismo»¿Cuál es la finalidad de tu esfuerzo?, estás muerto», cuando una voz me dijo «¡Sal de ahí!». Comencé a bracear de nuevo cuando algo me empujó. Era una hamaca que me impulsó hasta la superficie, más muerto que vivo, y sobre la que pude descansar […]»

 

Narración por Petty Officer E. Francis sirviendo en la torreta X de  Queen Mary. (Hooper, 1921: 23-24)

El error de Beatty

Al comienzo de la batalla, Beatty ordenó virar hacia el sur para enfrentarse a Hipper. Sin embargo, no partió con todas sus fuerzas, ya que el 5º escuadrón de batalla conservó su rumbo al no haber recibido órdenes. David Beatty señalizó incorrectamente su maniobra y el contraalmirante Evan-Thomas, siguiendo la doctrina de la Royal Navy, permaneció a la espera (Mc Laughin, 2016). A la distancia que estaba Evan-Thomas de Hipper, los acorazados Barham, Malaya, Valiant y Warspite se encontraban al máximo de su alcance. Finalmente, el escuadrón se puso en marcha para apoyar a Beatty, que había sufrido grandes pérdidas y se dirigía al norte, perseguido por la flota alemana al completo.

Tras cruzarse por el paso de los contusionados cruceros de batalla, el 5º escuadrón de batalla mantuvo una lucha en solitario en una gran inferioridad numérica. A pesar del fuego de sus baterías de 15 pulgadas, Thomas emprendió rumbo norte, siguiendo a Beatty y atrayendo la atención de los Dreadnought alemanes. Warspite sufrió daños considerables en el intercambio. Hasta el momento, Beatty había perdido a Queen Mary e Indefatigable. Y por si fuera poco Lion estaba sufriendo un gran incendio.

batalla de Jutlandia
Acción de la primera fase de la batalla entre los cruceros de batalla de Beatty y la fuerza de exploración de Hipper, 31 de mayo de 1916. Fuente: Fighting at Jutland.

Refuerzos alemanes

A las 16:38h, el crucero Southampton, encuadrado en el 2º escuadrón de cruceros ligeros, avistó la flota principal alemana. Beatty entonces ordenó la retirada al Norte para atraer a los alemanes hacia Jellicoe. Los cruceros del 2º escuadrón quedarían retenidos en el sur para observar los movimientos de los alemanes, retrocediendo bajo un fuego pesado pero poco efectivo. Tras la fuerza de exploración alemana se encontraba el Almirante Scheer, que navegaba hacia el Norte a toda máquina, creyendo que su trampa había funcionado.

Disputa entre destructores

Los ocho destructores de la 13ª flotilla asignados a la fuerza de Beatty al comienzo de la batalla se situaron a la cabeza adelantándose a Lion. Los destructores realizarían un ataque con torpedos a máxima velocidad y con gran determinación cuando la oportunidad se presentara. A las 16:15h, la flotilla viró directa hacia los cruceros de batalla alemanes, para realizar su ataque a una distancia de 4 o 5 millas con el fin de maximizar sus probabilidades de éxito. De inmediato, los destructores alemanes respondieron navegando hacia los británicos, intercambiando un abundante fuego. Ambas fuerzas se cruzaron a toda velocidad (Hooper, 1921: 31).

Una vez disparada la salva los destructores británicos, se retiraron para alejarse del fuego pesado alemán mientras pugnaban con los destructores alemanes. Sin embargo, en el momento de su ataque aparecieron los refuerzos alemanes. Los destructores Nestor, Nomad, Nicator y el Morsoon al mando del Comandante Bingham realizaron un ataque contra la flota principal alemana, disparando sus torpedos restantes. Nestor y Nomad, que habían sido dañados previamente, fueron hundidos. Sin embargo, los otros dos lograron escapar milagrosamente.

Nicator y Morsoon emprendieron una vertiginosa huida, ocultándose en la pantalla de humo que creaban con sus chimeneas. Ambos destructores estaban zigzagueando como pequeñas aves de caza mientras caían decenas de proyectiles a su alrededor. Según la descripción de un marinero de HMS Galatea, los capitanes podían ver el flash de los cañones del enemigo a través del humo y ordenaban maniobrar lo suficiente para evitar ser evaporados. Tanto Nicator como Morsoon salieron indemnes (Hooper, 1921: 29).

pantalla de humo destructores
Dos destructores crean una pantalla de humo. El humo permitía ocultar los movimientos propios y aumentaba la supervivencia de los destructores a la hora de enfrentarse a buques más pesados. Fuente: BlueJacket.

Segunda Fase (18:00h-21:00h)

El punto de inflexión

A las 17:45h, la Grand Fleet pudo divisar la fuerza de Beatty en el horizonte con los alemanes en persecución. Los británicos avanzaban en seis columnas separadas, por lo que Jellicoe ordenó que se formara una línea de batalla para maximizar la potencia de fuego. Esta maniobra era de una gran complejidad por su magnitud y la gran cantidad de buques que participaban, un alarde de marinería (Lambert, 2016). Gracias a que los británicos ya estaban dispuestos en línea de batalla, pudieron hacer uso de todas sus piezas de gran calibre. Los alemanes se encontraban en una posición vulnerable, incapaces de usar toda su potencia de fuego. La Royal Navy consiguió impactos en König y otros buques.

Los alemanes maniobraron rápidamente para formar su propia línea de batalla y devolvieron el fuego. La pericia de los alemanes en el mar era evidente y la Royal Navy iba a tener una dura lucha por delante contra una fuerza de primera categoría. En el intercambio el contra Almirante Hood alcanzó con un impacto directo el buque insignia de Hipper, SMS Lützow.

La destrucción del Escuadrón de Cruceros de Arbuthnot

El almirante Arbuthnot, al mando del 1er escuadrón de cruceros adscrito a la Grand Fleet, viró directamente hacia los alemanes. Arbuthnot aparentemente estaba impaciente por entablar combate con el crucero ligero alemán Wiesbaden. Sin embargo, su maniobra lo puso en el punto de mira del grueso de la flota alemana, recibiendo un fuego abrumador. Arbuthnot había quedado prácticamente sin escapatoria y, a pesar del fuego disciplinado de sus cruceros, simplemente era demasiado. El HMS Defence, del propio Arbuthnot, se desintegró al recibir impactos directos (Jellicoe, 1919: 335-337). Black Prince sufrió el mismo destino y Warrior quedó a la deriva, en llamas. Solo South Hampton pudo retirarse hacia el Norte.

«Es una sensación curiosa el ser disparado a gran distancia. El tiempo de vuelo parece de 30 minutos en vez de los 30 segundos reales. Un ondulante borbotón de fuego erupciona de los cañones enemigos a unas millas de distancia seguido de una pausa, en la que puedes reflexionar que sobre esa gran tierra de nadie hay 2 o 3 toneladas de acero precipitándose sobre ti»

Descripción de un guardia marina desde HMS Neptune. (Hooper, 1921: 100)

Mientras tanto, los acorazados Dreadnought de la Grand Fleet estaban haciendo valer sus piezas pesadas, castigando a los alemanes. A las 18:20 las flotas estaban combatiendo a una distancia cercana de 12.000 yardas. HMS Invincible, otro crucero de batalla, voló por los aires bajo el fuego concentrado de Lützow y Derfflinger.

batalla de Jutlandia
Acción principal de la batalla de Jutlandia. Tras entrar en contacto la Grand Fleet pudo maniobrar cortando la retirada a Scheer que tuvo que retirarse al Oeste.

Retirada alemana. Ataque con destructores

En el transcurso de la batalla, la Royal Navy había conseguido maniobrar posicionándose a la espalda de Scheer. La línea de batalla británica se extendía más de 15 millas, contando a los cruceros y destructores, limitando los movimientos de los alemanes. Los británicos habían sufrido pérdidas mayores que los alemanes, pero seguían contando con una gran superioridad numérica y ahora, amenazaban su ruta de escape. La flota de Alta Mar estaba en peligro de ser destruida. Scheer, consciente del peligro de la situación, ordenó un viraje de emergencia. La complejidad de esta maniobra para una flota tan numerosa era, de nuevo, muy elevada. En el viraje, Scheer ordenó una salva masiva de torpedos para cubrir su retirada, alejándose de los británicos.

Los destructores alemanes, que navegaban a la proa de Lützow al frente de la formación alemana, procedieron a lanzar su ataque. Los británicos abrieron fuego con su armamento secundario, pero con mucha habilidad los destructores germanos esquivaban las andanadas. La determinación de los alemanes tuvo sus frutos, ya que consiguieron alterar significativamente la línea británica que tuvo que maniobrar para evitar los torpedos. Los alemanes alcanzaron a buques capitales como Malborough pero sufriendo bajas, tras el ataque lograron escabullirse tras su propia pantalla de humo.

Gracias a esta salva de torpedos, Scheer pudo salvar a la flota de Alta Mar de la destrucción y crear el espacio necesario para su retirada. Al anochecer del 31 de mayo, los británicos comenzaron la persecución.

Tercera Fase (21:00h-02:00h)

Combates nocturnos

Jellicoe estaba a la ofensiva y deseaba entrar en combate, pero desconocía dónde se encontraban los alemanes. Al anochecer, los británicos seguían situados entre la flota de Alta Mar y Alemania, dispuestos en cuatro divisiones. Los dos únicos caminos que podía tomar Scheer eran: navegar hacia el este junto a la costa de Schleswig-Holstein y luego hacia Cuxhaven o dirigirse hacia el Heligoland por la ruta más directa. Scheer optó por la primera. Los escuadrones de acorazados y cruceros de batalla británicos estaban situados en el frente con rumbo sur, cubriendo la ruta más directa, mientras que las fuerzas de cruceros ligeros y flotillas de destructores estaban por detrás.

Esta disposición obedecía a la mala visibilidad que imperaba en esa noche. Jellicoe viendo que no podía estar en contacto con sus cruceros y destructores, aceptó el riesgo de un ataque con submarinos, y ordenó formar tres líneas con sus buques capitales. Si la suerte acompañaba a Jellicoe, podría contar de inmediato con el grueso de su flota para enfrentarse a la flota de Alta Mar al amanecer (Jellicoe, 1921: 382). Sin embargo no fue así, los alemanes habían desaparecido.

Hay que mencionar que los combates nocturnos que se sucedieron en la noche del 31 de mayo hasta el amanecer del 1 de junio fueron muy confusos y no es posible establecer las posiciones exactas de los buques ni sus identidades en los enfrentamientos. Sí que se debe destacar la superioridad de los alemanes en los combates nocturnos de ese día. Su organización era de primer nivel y sus reflectores eran muchos más potentes. Los alemanes no sólo podían encontrar antes a los británicos, si no que su sistema para apuntar el armamento era excelente (Jellicoe, 1919: 379).

Eventos principales

El hecho principal de esa noche fue que la flota alemana pasó por detrás de los buques principales británicos. Los alemanes atravesaron la barrera de cruceros ligeros y las flotillas de destructores entablando combates intermitentes, desde las 21:00h hasta las 02:00h, sin detenerse. El segundo escuadrón de cruceros ligeros británicos tuvo una confrontación feroz contra otros cruceros alemanes a las 22:10h. Ambas fuerzas tenían un curso convergente, pero ninguno quería ser el primero en revelar su identidad. Repentinamente, los alemanes encendieron sus reflectores iluminando a Dublin y Southampton que iban en cabeza.

El oficial de navegación a bordo de Nottingham, tercer buque en la línea, describe cómo los reflectores y el flash de los cañones eran cegadores. La respuesta británica fue igual de contundente, abriendo fuego a bocajarro con los cañones de 6 pulgadas. Por suerte para el  el resto de buques en la línea, Nottinhgam y Birmingham, habían permanecido sin detectar y pudieron hacer uso de sus piezas. La acción terminó tan rápido como terminó con los alemanes apagando los reflectores y alterando su curso. En la cubierta de Southampton no quedaba prácticamente nadie vivo debido al alto explosivo alemán (Hooper, 1921: 162-165).

batalla de Jutlandia
En los combates nocturnos los alemanes demostraron poseer unas capacidades superiores a los británicos. Especialmente en lo concerniente a reflectores y sistemas de señales.

4ª flotilla de destructores

La 4ª flotilla de destructores fue una de las unidades más implicadas en los combates nocturnos esa noche. Sobre las 22:00h, la flotilla fue interceptada por tres cruceros alemanes que ocultaron su identidad hasta el último momento. Los cruceros encendieron sus reflectores iluminando a Tipperary en mitad de la oscuridad, alcanzándolo y hundiéndolo. En la confusión de este combate la unidad se dispersó. Spitfire, que también había sufrido daños, se encontraba buscando al resto de destructores cuando un crucero alemán intentó embestirle.

Para evitarlo, el capitán de Spitfire ordenó avante toda, esquivando por muy poco al crucero. Tan cerca que las amuras de babor (lado izquierdo del buque cuando se estrecha para formar la proa) de ambos barcos se rozaron con un gran chirrido arrancando botes salvavidas, focos y pescantes. Mientras esto ocurría, el crucero no dejaba de disparar sus cañones. El capitán de Spitfire perdió su gorra por un proyectil que le dejó únicamente una herida superficial en la cabeza. Cualquier objeto en la cubierta de Spitfire quedó barrido por las ondas expansivas y se tumbó la chimenea (Hooper, 1921: 178-179).

Este no fue el único incidente curioso de una noche caótica. Sparrowhawk y Broke chocaron en mitad de la oscuridad, quedándose enganchados. La fuerza del impacto fue tal que algunos hombres de Sparrowhawk salieron despedidos hacia Broke y viceversa. Un subteniente de Sparrowhawk fue recibido con un «¿quién demonios eres tú?» por un marinero de Broke. Como consecuencia del choque, ambas tripulaciones pensaban que sus barcos se estaban hundiendo así que los hombres de Broke evacuaron su nave saltando al Sparrowhawk y lo mismo hicieron en Sparrowhawk hacia Broke. Al final ninguno de los destructores llegaría a hundirse (Hooper, 1921: 185).

12ª flotilla al amanecer

A las 02:00h, la 12ª flotilla compuesta por un crucero y ocho destructores lanzó un ataque con torpedos contra un escuadrón de batalla alemán. Las primeras luces del alba ya habían aparecido y la neblina matinal ocultaba a los destructores británicos. En el lado alemán, navegaban seis acorazados y varios cruceros más claramente visibles por su gran tamaño. A las 02:05 se produjo el ataque con torpedos, al que los alemanes replicaron disparando todas sus piezas. La recompensa para los británicos vino por el hundimiento de un crucero de la clase König que fue hundido por un torpedo.

Después de este ataque los británicos viraron de nuevo hacia los acorazados germanos para realizar un segundo ataque. En este ataque, un torpedo alcanzó a otro acorazado, que finalmente consiguió regresar a puerto renqueando y malherido. Por su parte, los británicos no sufrieron ninguna pérdida (Hooper, 1921: 206-207). A pesar de estos esfuerzos, los alemanes habían conseguido abrirse paso hacia sus bases y navegaban al abrigo de sus defensas costeras.

Durante la noche Scheer ordenó que un zeppelin sobrevolara la zona para averiguar la posición de los británicos. Fue recibido con abundante fuego antiaéreo. Alrededor de las 02:30, Scheer ya había conseguido atravesar la retaguardia de la Royal Navy sin enfrentarse a los buques pesados de la Royal Navy. Al amanecer del 1 de junio, la Royal Navy ya se encontraba muy cerca de los campos de minas submarinas, en la bahía del Heligoland. Hasta la 13:15h la flota estuvo recogiendo cadáveres y a los pocos supervivientes con vida de las frías aguas del Mar del Norte.

 

HMS Spitfire navegando por el río Tyne en su regreso a puerto el 2 de junio. Se observan los graves daños tras ser embestido por un crucero ligero alemán. Fuente: Fighting at Jutland, 1921.

Resultados de la batalla

El resultado de la batalla ha sido objeto de intenso debate, ya que ambos contendientes clamaron victoria. Las cifras de buques hundidos indican que la Grand Fleet sufrió más pérdidas, siendo muy notorias las pérdidas de los tres cruceros de batalla Indefatigable, Queen Mary e Invincible. A pesar de haber hundido un acorazado, el Pommern, este era un pre Dreadnought ya anticuado y de menor valor, al menos comparado con un crucero de batalla moderno como Queen Mary.

A pesar de haber conseguido una posición favorable, la táctica alemana de utilizar una salva masiva para romper el contacto había funcionado. Poco se podía hacer en el lado británico salvo virar para alejarse de los torpedos y eso es lo que ordenó Jellicoe. Los alemanes también habían demostrado una gran eficiencia con su artillería, aunque bajo el fuego sostenido de las piezas de la Royal Navy sus capacidades se deterioraron.

Titular del periódico The Times el 3 de junio de 1916 informando de la batalla de Jutlandia. Fuente: The Times.

Tras la batalla, el almirantazgo publicó una sobria nota informando sobre una batalla ocurrida en el mar del Norte, con el reporte de bajas correspondiente. Este error de comunicación desató un torbellino de rumores, que afirmaban que se había producido un desastre y la nota del almirantazgo era una tapadera. El relato tuvo que ser reescrito días más tarde, con alegatos más triunfalistas (Lambert, 2016).

Sin duda la batalla fue un evento muy sonado del que las mujeres británicas, entre ellas las recientemente incorporadas como trabajadoras de las fábricas, pudieron leer en abundancia en los periódicos. En total, las bajas británicas ascendieron a aproximadamente 6.600 muertos entre marineros y oficiales. Las bajas alemanes a alrededor de 3.000 fallecidos.

Controversia

La polémica interna en Reino Unido estuvo servida durante años. Los puntos principales de discusión fueron el diseño de los cruceros de batalla y las decisiones de los comandantes.

El primer punto de discusión era de carácter técnico. ¿Cómo era posible que los cruceros de batalla más modernos y poderosos de la flota volaran en pedazos como lo hicieron al recibir unos pocos impactos? ¿Era por la ausencia de un blindaje tan pesado como en los Dreadnought? El resultado de esta investigación determinó que no había ningún error de diseño. La razón por la que los cruceros de batalla explotaron fue el uso inadecuado de las medidas de protección. Lion recibió un impacto directo en su torreta «Q», matando a casi todos sus ocupantes. Pero a pesar de quedar inutilizada y sufrir un incendio del propelente en el interior de la torreta, no se produjo una gran explosión. ¿Cuál había sido la diferencia? Un fallo en el sistema de seguridad.

En los ejercicios de artillería previos a la batalla de Jutlandia, la armada británica puso una gran énfasis en la cadencia de fuego. El procedimiento de carga de las piezas de acuerdo a las medidas de seguridad era un proceso relativamente lento. Los proyectiles y la cordita debían ascender por ascensores desde los pañoles hasta la recámara y atravesar diferentes compartimentos estancos. Para acelerar este proceso, se empezaron a almacenar grandes cantidades de cordita fuera de los compartimentos seguros para tenerlos a disposición más rápido.

Por supuesto, la responsabilidad de estos actos no se pueden atribuir a los marineros, si no a sus responsables, que incumplieron gravemente los protocolos de seguridad. El resultado de un impacto directo en la torreta llena de cordita y con una comunicación directa a la santa bárbara era previsible. Una violenta explosión. Lo único que evitó que Beatty volara también por los aires fue la acción del Mayor Francis Harvey de los Royal Marines. Harvey, aun estando mortalmente herido, vio el incendio que se había desatado en la torreta y ordenó que se cerraran las escotillas y se inundara la santabárbara. Con esta acción, Francis Harvey seguramente salvó las vidas de los tripulantes y la integridad del buque (Hooper, 1921: 45). Posteriormente sería galardonado a título póstumo con la Cruz Victoria, la más alta condecoración militar británica.

Diagrama interno de la composición de una torreta artillera. Fuente: Fighting at Jutland.

Críticas a Jellicoe y Beatty

Tras la batalla de Jutlandia quedó un regusto amargo en el público británico que ansiaba una gran victoria como la de Trafalgar. La crítica principal iba dirigida contra la decisión de Jellicoe de alejarse de los torpedos y permitir que se escaparan los alemanes sin ser aniquilados. Los críticos consideraban que de esa manera se podría haber acortado la guerra, dejando desprovistas de protección las costas de Alemania. Beatty criticó duramente la decisión de Jellicoe por ser demasiado conservadora. Churchill, influido por la visión de Beatty llegó a afirmar que Jellicoe era «el único hombre en los dos bandos que hubiera sido capaz de perder la guerra en una tarde» (Mc Laughin, 2016).

Esta crítica tan dura no era imparcial y se debía, principalmente, a la gran influencia de Beatty y sus acólitos sobre Churchill. La fuente escrita principal en la que se basaba Churchill era el documento «Naval Staff Appreciation of Jutland», publicado en 1921, que causó una gran polémica por su exagerado sesgo pro-Beatty. Jellicoe, simplemente, decidió no arriesgar lo más mínimo y retener el control del Mar del Norte durante toda la guerra tal y como necesitaba Reino Unido para ganar la guerra.

Otra crítica dirigida hacia Jellicoe era la negativa a dar autonomía a sus subordinados y ceñirse al plan. Esta crítica se basaba en la tardía intervención del 5º escuadrón de batalla en la primera fase de la batalla, lo que provocó bajas innecesarias. Sin embargo, en este evento Beatty es corresponsable. El 5º escuadrón estaba asignado temporalmente a su mando como refuerzo, y por tanto, tenía el control táctico de esta unidad. Beatty ordenó al contraalmirante Evan-Thomas navegar 5 millas al oeste de su línea de cruceros de batalla. Esta decisión no tenía mucho sentido táctico, ya que la dirección más probable por la que aparecerían los alemanes era por el sureste. El 5º escuadrón, por tanto, estaba en mala posición para apoyar a los cruceros de batalla que se suponía debía ayudar (Mc Laughin, 2016).

Pero ese no fue el único error de Beatty, ya que cuando avistó a Hipper ordenó el viraje de sus fuerzas hacia el sur por banderas de señales. A la distancia a la que se encontraba Evan Thomas, era imposible recibir la orden y éste permaneció a la espera sin tomar la iniciativa por sí mismo. En el tête-à-tête entre Hipper y Beatty, los alemanes consiguieron hundir a Indefatigable y Queen Mary. Cuando el 5º escuadrón llegó por fin, tuvo que soportar el fuego de la flota combinada germana, sufriendo graves daños. En este caso la responsabilidad de Beatty no puede ser diluida tan fácilmente. La polémica de la batalla de Jutlandia se convertiría en un debate espinoso y enconado en la Royal Navy.

El relato en Alemania

Tras la batalla, los alemanes no dudaron en calificar públicamente la batalla como una victoria. La razón principal en la que basaron esta afirmación era el haber producido más bajas que las recibidas. El punto fuerte eran los tres cruceros de batalla hundidos. Hay que mencionar que los alemanes también clamaron haber hundido más buques de los que de verdad se fueron a pique. Llegaron incluso a reivindicar el hundimiento de Warspite, que pudo regresar a puerto. También afirmaron haber hundido un crucero, tres cruceros ligeros y cinco destructores más de los que de verdad hundieron. Además ocultaron el hundimiento del crucero de batalla Lützow y los cruceros Rostock y Elbing. También se ocultó que Seydtlitz tuvo que ser embarrancado para evitar su hundimiento.

Por otro lado, entre las razones políticas para clamar victoria estaba la transmitir confianza en la población y a una joven flota. También se pretendía influenciar en las perspectivas de los países neutrales sobre el resultado de la guerra. Especialmente, la opinión de los Estados Unidos. Por su parte, Scheer en su regreso a Alemania, fue recibido por el propio Káiser, que le felicitó efusivamente por su gran victoria y afirmó públicamente que «la magia de Trafalgar» había terminado. Los ingleses han sido vencidos. Habéis comenzado un nuevo capítulo de la historia» (Gordon, 1996: 1391).

Por otra parte la lectura interna del enfrentamiento no era tan optimista. Los buques alemanes tuvieron que ser sometidos a muchas más reparaciones que los británicos. La percepción de los hombres de la Flota de Alta Mar era que, a pesar de haber causado grandes bajas al enemigo, eran realmente afortunados. Scheer opinaba que la flota de Alta Mar no debía enfrentarse nunca más a la flota británica y que debían vencer a Gran Bretaña cortando sus suministros. Durante el resto de la guerra la flota alemana sólo se aventuró tres veces más fuera de los campos de minas de la bahía de Heligoland (Gordon, 1996: 1429-1433).

 

Royal Navy

Flota de Alta Mar

3 cruceros de batalla

1 acorazado

3 cruceros

1 crucero de batalla

8 destructores

4 cruceros ligeros

5 destructores

Tabla de pérdidas de ambos bandos.
heridos jutlandia
Las heridas producidas por la explosión de la cordita, fenómeno conocido como «Flash», eran muy comunes entre los hombres que manejaban municiones. Las quemaduras provocaban un enorme dolor a los heridos. Fuente: Daily Mail.

Victoria estratégica británica

El análisis de las pérdidas de buques es incompleto ya que no tiene en cuenta el marco estratégico. Si se tiene en cuanta quién controla el espacio disputado antes y después de la batalla, la Royal Navy es la vencedora de la batalla de Jutlandia. Tras la batalla, la flota de Alta Mar regresó a Willemshaven para recuperarse de sus heridas y permaneció prácticamente inactiva sin alejarse de sus puertos. Los británicos por tanto mantuvieron el control del Mar del Norte durante todo la guerra y sus suministros no se vieron interrumpidos, a pesar de las campañas de submarinos. Alemania había alcanzado una victoria táctica, pero no una victoria estratégica y no pudo ganar la campaña (Lambert, 2016).

La batalla de Jutlandia vino a demostrar que Alemania tenía pocas posibilidades de ganar la guerra a medio o largo plazo. En su defecto, los alemanes tuvieron que recurrir únicamente al hundimiento de buques mercantes para cortar el suministro a Gran Bretaña. Estas campañas de submarinos no obtuvieron los resultados esperados y produjeron la entrada en guerra de los Estados Unidos. El hundimiento del transporte de pasajeros Lusitania fue el casus belli para los norteamericanos. Los alemanes eran plenamente conscientes de este riesgo y lo tenían previsto. También habían calculado que el poder militar estadounidense tardaría tiempo en reunirse y pasar a la ofensiva, pero el impacto económico fue inmediato, ya que Estados Unidos utilizó el bloqueo de forma aún más dura que los británicos (Liddel Hart, 2019: 281). De esta forma, se afianzaba el estrangulamiento al que Alemania estaba sometida y que acabaría agotando las fuerzas de este país.

Bibliografía

  • Hooper, G. W. W. (1921). The fighting at Jutland. Londres, UK. Ed. McMillan & co.
  • Jellicoe, John R. (1919). The Grand Fleet, 1914-16: Development, creation and Work. Nueva York, EE.UU. Ed. George H. Doran Company.
  • Scheer, Reinhard (1920). Germany’s High Seas Fleet in the World War. Londres, U.K. Ed. King’s College London.
  • Gordon, Andrew. (2015). The Rules of the Game: Jutland and British Naval Command. UK. Ed. Penguin Books.
  • Liddell Hart, Basil (2019). Estrategia. El estudio clásico sobre la estrategia militar. Madrid, España. Ed. Arzalia ediciones.
  • Rodríguez González, Agustín R. (2010). La reconstrucción de la Escuadra: planes navales españoles, 1898-1920. España. Ed. Galland books S.L.N.E.
  • Mc Laughin, Stephen (2016). Finest Hour 172 [Entrada de blog]. International Churchill Society . Disponible en: https://winstonchurchill.org/publications/finest-hour/finest-hour-172/churchill-jutland-and-the-world-crisis/.
  • Lambert, Andrew. (2016). The Battle of Jutland 31st May–1st June 1916. Conferencia llevada a cabo en el museo Royal Green Jackets (Rifles). Winchester, UK. Disponible en: https://soundcloud.com/warstudies/the-battle-of-jutland-31st-may-1st-june-1916-by-professor-andrew-lambert .
  • Enlaces de interés
    • Artículo de «The Times» del 3 de junio de 1916. Disponible aquí.
    • London Naval Conference. (1909). Disponible aquí .

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