Es bastante probable que cuando un interesado o estudioso en la historia se acerca a la figura de Alejandro Magno tienda a observarlo a través de un halo de grandiosidad y heroísmo. Este artículo pretender abordar al gran monarca macedonio con una óptica más realista y explicativa, dejando de lado las grandes batallas y centrándonos en un aspecto que puede ayudarnos a entender la verdadera dimensión de Alejandro.

Estado de la cuestión.

En este apartado no es nuestra intención realizar un análisis de las fuentes que nos permiten estudiar a Alejandro Magno, estudio que nos comprometemos a realizar para la página en algún momento futuro (y esperamos que próximo).

En cualquier caso, para aquellos que no puedan resistir la espera, consideramos que cualquiera de las obras mencionadas en la selección bibliográfica aporta un apartado específico y satisfactorio al respecto.

En nuestra opinión consideramos que las obras más destacables para buscar información sobre la problemática de las fuentes son: Paul Cartledge (2009): Alejandro Magno y la búsqueda de un pasado desconocido, G. T. Griffith (1996): Alexander the Great: the main problems y F. J. Gómez Espelosín (2015): En busca de Alejandro. Historia de una obsesión.

A partir de los años 50 en adelante, la historiografía de Alejandro ha ido aumentando sus dotes analíticas, bombardeando a las fuentes clásicas con preguntas que han permitido (y siguen permitiendo) reconstruir una cada vez más fiel historia del monarca macedonio.

Las primeras interpretaciones en las cuestiones de Alejandro y los iranios pueden remontarse a autores como Droysen, que presentó la idea de fusionismo. Esta idea fue traspasada a toda la corriente historiográfica alemana y, a pesar de los esfuerzos de los académicos por erradicarla, aún pervive en nuestros días.

Esta interpretación sobre Alejandro y los iranios se extendió a autores reconocidos como Tarn. El punto de crítica a esta interpretación del fusionismo fue dada por Franz Hampl en torno a los años 50. Autor a partir del cual se fue criticando esta idea para buscar unas interpretaciones que realmente fuesen explicativas.

Desde los años 60 las ideas sobre Alejandro y los iranios fueron tomando un rigor científico con autores como E. Badian, el cual abrió definitivamente la vía para los autores que vendrían después: P. Green,  Bosworth, P. Briant o Gómez Espelosín.

Conceptos en torno a la relación de Alejandro y los iranios.

Antes de comenzar a desarrollar los casos específicos y concretos que servirán para ejemplificar la relación de Alejandro y los iranios, debemos de establecer una serie de conceptos básicos.

¿Qué es?

Definir la política de Alejandro Magno y los iranios es un asunto tremendamente complejo.

Esta política no es homogénea ni en tiempo ni en espacio. Consideramos que la relación es de un marcado carácter político que debe entenderse dentro del contexto del desarrollo de las campañas de Alejandro y de su propia propaganda y personalidad. Es precisamente este proceso lo que trataremos de analizar en el presente trabajo. Más allá de estas cuestiones, establecer una definición sería una acto muy sui generis, pudiendo ser reformulado de una y mil maneras.

 ¿Cuándo comienza la relación Alejandro e iranios?

Con la muerte de Darío III en julio del 330 a. C. se ponía fin a casi dos siglos de dominación aqueménida en el trono persa. La desaparición de la última figura integrativa, que mantenía un vínculo ideal entre los territorios ya conquistados por Alejandro (Asia Menor, Siria, Egipto, Babilonia, Pérside y Media) y las todavía independientes satrapías orientales (Partia, Aria, Drangania, Aracosia, Bactria, Sogdiana), rompió de golpe el frágil lazo que mantenía unido al gran imperio multiétnico.[1]

Mapa del Imperio Aqueménida. Ruta de Alejandro.

Alejandro era la figura que emergía en el vacío dejado por Darío. Alejandro como vencedor de los persas. No obstante, Alejandro se había enfrentado dos veces a Darío y en ambas el rey persa, aunque derrotado, consiguió escapar. De igual manera, no había conseguido atraparlo y asesinarlo. En otras palabras, Alejandro no consiguió una victoria plena.[2]

Esta cuestión sin resolver fue aprovechada por Beso. Beso, antiguo sátrapa de Darío, era miembro de su corte y estaba emparentado con él. Tras asesinar a Darío, cambió su nombre por uno de la realeza: Artajerjes V.

Este desarrollo de los acontecimientos instigó la formación de un nuevo bloque de resistencia en la zona Bactrio-Sogdiana. Una resistencia comandada por un rey que bajo la mirada de Alejandro era ilegítimo (regicida y usurpador). Sin embargo, para la resistencia de Beso la visión de Alejandro era la de un rey extranjero e ilegítimo.

Para algunos autores[3] el comienzo de las políticas de Alejandro y los iranios tendría su inicio en estos momentos. La existencia de un monarca opositor demandaba una trasformación en los presupuestos propagandísticos de Alejandro.

En consecuencia, este contexto marcaría el comienzo de la adopción de los modelos cortesanos persas, fundamentales como elemento de propaganda legitimadora. Alejandro tenía que hacer ver que él no era un rey foráneo usurpador, sino el legítimo rey de Persia. Un modo de acercamiento para con la población irania.[4]

Queda claro que Alejandro entendió que su campaña había sufrido un cambio drástico en cuanto a trasfondo ideológico. Su imagen de vengador de los griegos y liberador de sus ciudades había concluido (con el incendio de Persépolis y la muerte de Darío, 330 a. C.). Era el momento de cambiar de estrategia propagandística. Alejandro comprendió que la continuación de su campaña era irrealizable sin la asunción de unos nuevos presupuestos.

Diodoro[5] al respecto lo señala excelentemente: “Después de todo ello, pensando que ya había logrado su objetivo y que la realeza ya no le era disputada, empezó a imitar el lujo persa y las extravagancias de los reyes de Asía”. Unos comportamientos que Diodoro reprenderá duramente pues considera que se asemeja a los bárbaros y se aleja de lo macedonio.

La instrumentalización de la política con los iranios fue llevada a cabo por Alejandro como elemento necesario. Adoptó atribuciones reales aqueménida en busca de la aceptación y reconocimiento de los iranios, sin los cuales la continuación de su campaña era quimérica.[6]

Rostro de Darío III en detalle. Mosaico de Issos, Casa del Fauno (Pompeya). Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (Italia).

No se trata de una sustitución de los modelos macedonios, que siempre mantuvo como primigenios, sino una ampliación de su concepción de monarquía.

En esta línea se ha pronunciado la mayor parte de la historiografía científica, comprendiendo que el momento clave de arranque de la relación Alejandro e iranios tiene lugar en la campaña contra la resistencia Bactrio-sogdiana. Por tanto, nosotros queremos dotar al año 330 a. C. de unas connotaciones primarias como punto de verdadero arranque de estas políticas.

No obstante, algunos autores han considerado que a pesar de que el arranque pleno de la política con los iranios tiene lugar en estos momentos (momentos de crisis tal y como lo señala Bosworth), no quiere decir que no existan precedentes.

Pedro Barceló[7] propone que la orientalización de Alejandro Magno no es totalmente innovadora, pues Filipo II ya había introducido en su gobierno reformas de carácter orientalizante; el cuerpo de pajes, la guardia personal y la poligamia de influencia oriental.

Una serie de prácticas que se presentan como modernizadoras del gobierno. No obstante, establece que la política de Alejandro no es unicausal, respondiendo a necesidades propagandísticas, modernizadoras y legitimadoras. En nuestra opinión, las praxis orientalizantes de Filipo tendrían un carácter más superficial, meramente modernizador, mientras que las de Alejandro tendrían un mayor calado tanto en concepto como en desarrollo y finalidad. Por tanto, en este caso no consideramos que Filipo fuese un precursor para Alejandro (en las políticas con los iranios) por las abismales diferencias.

Para Waldemar Heckel y P. Briant[8] la relación de Alejandro y los iranios también puede rastrearse en momentos anteriores. Definida como política de inclusión, los autores proponen que acciones políticas como las de Mitrenes no deben pasarse por alto.

Mitrenes decide rendir Sardes (verano del 334 a. C. fecha más antigua para rastrear la orientalización), capital de la satrapía de Lidia. Como recompensa, Alejandro le nombrará sátrapa de Armenia en el 331 a. C. La diferencia de años vendría a conjugarse con la cautela con la que Alejandro tuvo que manejar esta cuestión en los primeros años de campaña.

Este ejemplo ilustra como Alejandro optó por una política de inclusión, en las que sus acciones estaban muy medidas para con los vencidos, una política meticulosa donde desarrolló un extraordinario tacto para con los vencidos[9] (siempre y cuando no se resistiesen ferozmente).

Unas medidas que en Asia menor fueron muy cautelosas pues Alejandro no sabía si triunfaría en sus campañas. En cualquier caso, lo que nos permite entrever es que Alejandro ya era consciente de la necesidad de mantener buenas relaciones con la aristocracia irania. En esta línea se expresa también Bosworth[10] (siguiendo a Diodoro).

Por tanto debemos precisar que el fenómeno de las políticas para con los iranios tienen un momento decisivo en el año 330 a. C.  Debido a la campaña contra la resistencia Bactrio-Sogdiana. Sin embargo, la existencia de precedentes permiten rastrear que el concepto e inicios de estas políticas ya residían en la mente de Alejandro en fechas tan tempranas como el 334 a. C.

¿Por qué se produce? Las partes interesadas en el para qué.

Como venimos diciendo, las políticas de Alejandro y los iranios, a pesar de tener un momento álgido, pueden ser rastreada en momentos anteriores. ¿A qué se debe esta relación previa?, ¿Qué factores estaban interesados?

Alejandro comprendió que su conquista no podía realizarse a escala total, pues las dimensiones del territorio eran desmesuradas. De igual manera, dedujo que por muy contundente que se mostrase en sus victorias militares, si quería mantener los territorios debía permitir cierta flexibilidad en sus maniobras políticas.

Por tanto, el primer factor interesado en la política con los iranios era el propio Alejandro. El macedonio entendió la importancia de ganarse el favor de la corte de Darío y de las altas esferas iranias para que favorecieran sus campañas. Alejandro necesitaba a las élites para poder administrar, mantener el territorio de retaguardia apaciguado, poder cobrar tributos y establecer nuevas levas en el imperio. Sin la colaboración de esta aristocracia irania no existía posibilidad.[11]

El otro factor interesado eran las propias élites iranias. La ejemplificación paradigmática es Babilonia. Tras Gaugamela Alejandro marchó sobre Babilonia, una de las ciudades corazón del imperio, la cual abrió las puertas. Esto es un gesto de entrega por parte de las élites iranias, de reconocimiento del nuevo rey y de acercamiento de posiciones. Un acercamiento que Alejandro supo leer perfectamente.

Mazeo, sátrapa de Darío que combatió contra Alejandro en Gaugamela, sale al encuentro del monarca macedonio acompañado por sus hijos y por toda la cúpula civil y religiosa de la ciudad.[12]

La rendición incondicional y el acercamiento de las élites iranias es correspondido por Alejandro[13]. Por primera vez, Alejandro nombra a un persa sátrapa de Babilonia (con la importancia propagandística y política que esto conllevaba). Asimismo, Mitrenes (que fue el antiguo jefe de la guarnición de Sardes) será nombrado sátrapa de Armenia.

Entrada de Alejandro en Babilonia. Charles le Brun, aguafuerte y buril sobre papel. 1662- 1668. Museo del Louvre.

Algunos otros ejemplos donde puede comprobarse la rendición incondicional e intención de colaboración con Alejandro serán Persépolis, rendida por el gobernador Tirídates y Pasargada, rendida por el gobernador Gobares. Ambas, corazones del imperio aqueménida.

Con estos nombramientos Alejandro mandó un mensaje claro y directo a las élites persas; la colaboración reportará beneficios, los iranios tenéis un sitio en la administración del nuevo imperio. En estas políticas Alejandro no es innovador, pues calca los modelos de conquista de los aqueménida anteriores o del propio Filipo en Grecia, sin embargo, el mérito de Alejandro es indiscutible ya que es plenamente consciente de su contexto y necesidades.

En esta línea propagandística se encuentran el respeto a los miembros de la familia real (ya desde Issos), especialmente destacable el apoyo del hermano de Darío, Oxatres como miembro destacado de su guardia personal.

La galantería del vencedor. Charles le Brun, siglo XVII (Versalles)

En cuanto a la actuación de Alejandro para con la familia real querríamos hacer una pequeña aclaración, pues no solo sabe atraerlos hacia su causa como un motor propagandístico legitimador incuestionable, sino que además, tal y como señala María Brosius[14]; “Los miembros de la familia real persa en poder de Alejandro no eran otra cosa que prisioneros en una jaula de oro que aseguraban la viabilidad de sus pretensiones a ocupar el trono vacante de Darío sin oposición viable ninguna”.

Como vemos, Alejandro entendió que eran las élites quienes debían de jugar un papel principal en su política y propaganda, por lo que siempre intentó retener en los puestos de autoridad a esas familias que tradicionalmente habían ocupado el poder.

El posicionamiento de las familias aristocráticas iranias está perfectamente definido por P. Briant[15]: “Una vez conquistado el ejército del rey, los dirigentes no tuvieron mucha más alternativa que una que sus antepasados conocían ya bien desde los tiempos de la conquista de Ciro: la de negociar con el vencedor una forma de mantener su posición dominante dentro de su propia sociedad” Lo que Briant con gran maestría resumirá en una frase que ya provenía de periodos anteriores: “La canción de siempre: El rey ha muerto, larga vida al rey”[16].

Es decir, que hay una intención de cooperación por ambas partes. Alejandro respetó las posiciones dominantes de las clases dirigentes, asimilando sus tradiciones y culturas, intentando variar lo mínimo posible sus estructuras.

La relación exigía por parte de estas élites ser leales al macedonio y de pagar los correspondientes tributos. Ante la duda de la rebelión, Alejandro seleccionaba a un buen número de hijos varones aristócratas, de esta manera engrosaba sus filas y se aseguraba una retaguardia leal (a modo de rehenes políticos).[17]

Tal y como podemos ver, la relación de Alejandro y los iranios tuvo lugar a raíz de un interés mutuo de colaboración. Alejandro pretendía poder conservar y administrar el imperio mientras que los iranios pretendían mantener su estatus social, económico y político. Este entendimiento por ambas partes, a pesar de los puntos en común, no fue sencillo de llevar a cabo tal y como veremos.

Ejemplos aplicados.

Una vez expuesto los principales conceptos sobre Alejandro y los iranios, procederemos a ejemplificar estas políticas la a través de los dos grandes bloques temáticos que la historiografía ha tendido a representar: la política y el ejército.

Asimismo debemos aclarar que estos procesos, aunque divididos temáticamente, fueron paralelos en el tiempo, desarrollándose en el mismo contexto. El motivo de su división es meramente académico para poder precisar con mayor claridad los procesos.

La política.
La política en la corte irania.

Cualquiera que se acerque a los textos clásicos griegos podrá comprobar que entre los griegos había un cierto halo de “nacionalismo” donde las culturas foráneas a la Hélade no eran, por lo general, ni entendidas ni aceptadas. Uno de los casos más paradigmáticos es el persa. A grosso modo se limitaban a juzgar las costumbres persas desde su perspectiva, negándose a entenderlas y tachándolas de bárbaras.

La política de Alejandro y los iranios no será un fenómeno ajeno a estos prejuicios. Desde hacía siglos los griegos conocían la ritualística cortesana en presencia del gran rey persa (a través de Heródoto), eso extendió la idea generalizada de que en el Imperio persa el único hombre libre era el rey[18] pues todos los demás eran esclavos. A este prejuicio griego no ayudaba la existencia de un complejo ritual cortesano, la genuflexión y las vestimentas específicas para la ocasión.

Quizás, antes de la asunción de todo el ceremonial persa, el mayor acto de acercamiento a las élites iranias (indicadora del cambio propagandístico) fueron los honores fúnebres que Alejando decidió rendir a Darío en consonancia con su figura real. Es la primera gran imagen legitimadora: Alejandro como genuino sucesor de Darío al erigirse vengador de su muerte.[19] De hecho, el asesinato sanguinario al modo persa de Beso debe interpretarse en esta línea.

Muerte de Beso al modo persa. Castaigne, 1898-1899.

La asunción del ceremonial persa tuvo lugar en varios puntos[20]. Primeramente Alejandro introdujo la figura del Chamberlain, la del ujieres (oficiales encargados de regular todo el ceremonial real) y una guardia personal del monarca (como hiciera Filipo) en la que se encontraba Oxatres, hermano de Darío. Como ya hemos establecido previamente, el apoyo del hermano del difunto rey es fundamental tanto para el prestigio como para la propaganda legitimadora, atendiendo a su reconocimiento por la antigua casa real persa. De igual manera, eliminó las posibilidades de alzamiento de un potencial sucesor.

Asimismo significaba que Alejandro estaba respaldado por la antigua corte de Darío (incluyendo en esta política propagandística el respeto a las mujeres de la casa real aqueménida, con el controvertido episodio de la mujer de Darío).

En segundo lugar adoptó la diadema, la túnica de rayas blancas y la faja persa. Prosiguió distribuyendo túnicas púrpuras (propias de la ritualística ceremonial persa y tiria, un elemento de prestigio que se trasladará al mundo Mediterráneo) así como hacer ensillar los caballos con arneses persas. También tomó algunos ceremoniales regios como portar el cetro, sentarse sobre el trono real o utilizar la tienda y el carro de Darío.[21]

Representación del jerárquico ceremonial persa en los relieves de Persépolis.

Es importante mencionar que Alejandro incluso adoptó el anillo real para los sellar la correspondencia epistolar y prosiguió acuñando la moneda tradicional irania, los dáricos.

Finalmente, Alejandro tomó del rey persa el harén, que contaba con 360 concubinas, una para cada día del año, aunque procuró hacer poco uso de esta apropiación para no ofender a los macedonios.[22]Asimismo Hefestión fue nombrado quiliarca (un primer funcionario de la corte y mano derecha del rey en la corte).

Para proseguir con el ceremonial persa asimilado por Alejandro, deberíamos de hablar de la Proskýnesis, no obstante, es un tema al que  le dedicaremos su debida atención en el caso de Calístenes.

Ritual cortesano de la proskýnesis en la corte de Darío III. Persépolis.

Para finalizar, es importante entender que la corte de la que hablamos es la irania. El elemento macedonio quedó restringido al plano militar, donde los grandes comandantes y compañeros de Alejandro constituían el alto mando macedonio. Por tanto, Alejandro pretendió a través de la asunción de esta ritualística adentrarse en la corte irania, ser aceptado y establecer puentes de acercamiento que permitiesen llevar a término las políticas que pretendía. En otras palabras, la asunción de estos ceremoniales jugó un papel propagandístico esencial para conseguir sus objetivos políticos.

La política matrimonial de Alejandro; Roxana y las bodas de Susa.

La problemática de las bodas mixtas en torno a la figura de Alejandro son especialmente problemáticas, pues las incorrectas interpretaciones son las que han dado lugar a la idea del “Imperio Universal” que expresó Droysen.

Alejandro, a pesar de tener en su poder a las mujeres de la casa real aqueménida desde Issos (333 a. C.), las respetó como símbolo propagandístico y político (no llegando a conocer a ciencia cierta si mantuvo relaciones con la esposa de Darío)[23].

Tenemos constancia de que Alejandro, durante su estancia en Maracanda, recibió embajadas de los escitas, que le instaban a casarse con una princesa de ese origen, así como proporcionar esposas a sus más cercanos amigos.[24]Unas propuestas que Alejandro rechazó, probablemente por cuestiones políticas.

A pesar de que el suceso no parece tener más trascendencia, dejo dos evidencias a comprender; que el suceso  sirvió de precedente y que seguramente fue un importante detonante para que Alejandro comprendiese la gravedad de no tener un heredero legítimo, garantizador de la continuidad dinástica.

Centrándonos en la boda de Roxana, tal y como recoge Bosworth[25], existen fuertes diferencias entre la versión de Diodoro y la de la vulgata concordando únicamente en que la boda se produjo en la primavera del 327 a. C.

El encuentro entre Alejandro y Roxana es narrado como un encuentro casual organizado por Oxiartes. Oxiartes fue uno de los cabecillas, pieza clave en la resistencia Bactrio-sogdiana. No obstante, tras el fin de esta cruenta guerra Oxiartes se rindió a Alejandro.

En una ceremonia de apaciguamiento y fin de hostilidades, Oxiartes presentó en una opulenta cena a 30 jóvenes bailarinas, de las cuales, una era su propia hija: Roxana. Dejando de lado el relato de las fuentes, nos gustaría analizar el suceso y sus antecedentes.

Siguiendo a Arriano (Anábasis, IV, 19, 5): “Tenía este Oxiartes una hija, en edad núbil, aún virgen, de nombre Roxana. Los que servían a las órdenes de Alejandro afirmaban que era la mujer más hermosa que en Asia habían visto después de la mujer de Darío. Alejandro, una vez que la vio, quedó enamorado de ella”.

Boda de Alejandro y Roxana. A. Castaigne (1898-1899).

Antes de Roxana, Alejandro mantuvo relaciones con Barsine (noble persa). De esta relación nacería un hijo poco después de la boda con Roxana (Heracles), un hijo concebido fuera del matrimonio. Este precedente permite considerar que Alejandro podría haber mantenido relaciones con Roxana de la misma manera que con Barsine. Al respecto, las fuentes antiguas (tal como indica Monedero[26]) establecen una relación de amor, y al parecer por las diferencias existentes entre el trato a Barsine y Roxana, tendría lugar dar credibilidad a las fuentes clásicas.

No obstante, y como es regla en Alejandro, sus acciones no pueden ser explicadas por unicausualidad. Complementando la faceta del supuesto flechazo amoroso, encontraríamos las causas políticas (que tan bien aprendió de Filipo).

El periodo de guerras Bactrio-sogdiano fue, probablemente, el episodio más sangriento de las campañas de Alejandro tal y como lo señala Arriano (Anábasis IV, 2-4). Muestras de esto es la orden de Alejandro de asesinar a todo hombre que defendiese las tierras y arrestar a niños y mujeres como esclavas.[27]

Una campaña de represión y violencia que tras tres años (329-327 a. C.) debía tornar a su fin.[28] Por ello, retomando las políticas de integración y apaciguamiento que había desarrollado hasta los momentos previos al inicio de la campaña, tomó la decisión de casarse para poner punto final a una guerra de desgaste. De igual manera, la boda vendría a sumarse al elenco de argumentos destinados a ganarse el favor de la aristocracia irania. Un último aspecto a señalar debe ser la más que probable premisa de que Alejandro tenía en mente la campaña de la India, por tanto, pretendía dejar una retaguardia apaciguada y leal.

Siguiendo estas cuestiones, el matrimonio de Roxana supondría corresponder al supuesto flechazo, asegurarse (a priori) del nacimiento de un hijo plenamente legítimo, poner fin a una dura campaña militar, sumar un elemento propagandístico más para su política con los iranios e iniciar los preparativos para la siguiente campaña militar. Una maniobra de facto sencilla pero con unas dimensiones tremendamente más complejas.

Esta decisión no será entendida por los macedonios, como tampoco lo había sido los inicios de asunción de las vestimentas y tradiciones de la corte persa.

Al respecto, las fuentes clásicas se mostraran tremendamente duras con estas políticas de Alejandro. Un buen ejemplo lo encontraríamos en Quinto Curcio Rufo (VIII, 4, 29,30):

“De este modo, el rey de Asia y de Europa, se unió en matrimonio a quien había sido introducida en medio de las atracciones del banquete y de la cautiva habría de nacer el que gobernase a los vencedores. Les Avergonzaba a los amigos que hubiera elegido a su suegro de entre los cautivos en medio del vino y los banquetes, pero después de la muerte de Clito, desaparecida la libertad, a todo decían que sí, que es lo que más les convertía en esclavos”.

En este texto podemos ver como Curcio Rufo se hace eco del malestar griego (y por extensión macedonio) considerando que Alejandro se había abandonado a las costumbres persas, en su incorrecta interpretación (Heródoto) de que el único hombre libre era el rey. Un futuro príncipe nacido de una cautiva (persa). En cuestión, una serie de conceptos que permiten reconstruir el impacto impopular de las decisiones y maniobras de Alejandro.

Finalmente pasaremos a analizar uno de los casos más paradigmáticos y resonados de esta política irania; las bodas de Susa (324 a. C.).[29]

Representación de las bodas de Susa por A. Castaigne. 1898-1899.

Alejandro realizó unas bodas masivas donde tuvieron lugar el casamiento de más de 80 aristócratas persas, medas y bactrianas (iranias) con prominentes colaboradores de Alejandro.[30]A estos datos hay que sumarle unos 10 000 enlaces más de soldados con iranias a los que Alejandro ofreció una serie de beneficios como veremos. Unas bodas de carácter desproporcionado, majestuosas y colosales, tanto en banquete como en número de participantes y festejos.

Según las fuentes clásicas, este acontecimiento tuvo lugar en pos de la unidad del imperio. No obstante, tal y como indicará Franz Hampl en 1954, y después de él toda la historiografía siguiente, las bodas de Susa tuvieron un condicionante esencial: las bodas fueron unidireccionales.

En esta celebración, todos los hombres eran macedonios, mientras que todas las mujeres eran iranias. No se contabiliza ni un caso en dirección opuesta. Además, las mujeres procedían de las élites persas, de las grandes familias aristocráticas. El propio Alejandro recurrió a la poligamia sin repudiar a Roxana, casándose con Estatira, la hija de Darío y con Parisatis, la hija de Artajerjes III.

Algunos otros ejemplos los encontramos en Hefestión, el cual se casó con una hermana de Estatira, vinculándole a la familia directa de Alejandro.[31]También Crátero se casó con la hija del hermano de Darío. En la lista de nombres figuraban las hijas de ilustres personajes como los sátrapas: Artabazo, Atropates e incluso Espitámenes, que tantos problemas en Sogdiana había ocasionado (329-328 a. C.)[32]

Representación de Alejandro y sus compañeros en las bodas de Susa. Siglo XIX

Son varios los factores remarcables en torno a este acontecimiento. En primer lugar, se trata de una imposición que proviene de Alejandro. La historiografía ha creado una verdad histórica basada en la repetición de esta idea considerando que, tras la muerte de Alejandro, estas bodas quedaron anuladas ya que la mayoría de macedonios repudiaron a sus esposas.

De los pocos que las conservaron fueron Seleuco y Peucestas. Decimos que es una realidad inventada por repetición pues realmente no conocemos que fue de estos enlaces y en qué posición quedaron las mujeres iranias. De los únicos que nos llegan testimonios de una continuidad es de Seleuco y Peucestas. No obstante, también es cierto que todo parece apuntar en esta dirección debido a la actitud macedonia en relación a las políticas iranias.

En cualquier caso, nos gustaría desarrollar al respecto un poco más la figura de Peucestas. Peucestas se consolidó como uno de los macedonios del grupo de los jóvenes que más compartió las políticas iranias de Alejandro. Nombrado sátrapa de Persia, adoptará las lenguas y el vestido persas, ganándose una gran consideración entre los indígenas.[33] Tal y como indica Bosworth[34], Peucestas fue un paradigma dentro del alto mando macedonio, pero no entre los sátrapas.

Su integración en la estructura persa es tal, que cuando en el 316 a. C. es sustituido por uno de los sucesores, la nobleza persa reaccionará violentamente pues no querrán a ningún otro macedonio. No obstante, la actitud de Peucestas o la del propio Hefestión deben tomarse como excepcionales dentro del comportamiento general macedonio respecto a la política de Alejandro con los iranios.

Regresando a los factores esenciales de las bodas de Susa aludimos al fallo de comunicación que se produjo. Las bodas de Susa, con independencia de si fue una imposición de Alejandro o no, fue un acto político de vital importancia. Con estas bodas Alejandro insertaba al alto mando macedonio en las estructuras políticas y cortesanas iranias, con un mensaje esencial: Alejandro quería que los macedonios gobernasen junto a él como nuevos amos del imperio.[35]

Esta maniobra política con vistas al futuro nunca fue entendida por el receptor macedonio. El fallo de comunicación se produjo no tanto por el emisor sino por el receptor. Un receptor, que como en todas las maniobras políticas anteriores, quiso ver en esto una afrenta a la tradición monárquica macedonia, un distanciamiento de Alejandro de sus raíces y una barbarización en toda regla. Precisamente por ello señalamos que el fallo fue del receptor macedonio y no de un emisor que tenía perfectamente claro el calado de cada maniobra política.

Como ya venimos estableciendo, la literatura clásica griega y posterior se hará eco de estas políticas en esta línea interpretativa de insulto, sin entender las verdaderas intenciones de Alejandro. Concretamente arriano viene a decir que: “Fue tomado con gran consternación” (Arriano; Anábasis VII, 6.3, 5) refiriéndose a la recepción macedonia contemporánea.

Otro de los puntos clave para entender las bodas de Susa es el elemento propagandístico[36]. La propaganda destinada hacia esas políticas iranias de Alejandro. Unas bodas que supondrían una aún mayor legitimación de su monarquía sobre los persas pues se casa con dos hijas descendientes de antiguos reyes. Una propaganda de legitimación y de respeto por la tradición, adoptando la poligamia (de origen oriental aunque tuvo de precedente vivo y educativo a su propio padre).

Finalmente, no debe dejarse pasar por alto el hecho de que Alejandro cubrió todas las deudas que estos soldados (los supuestos 10 000 macedonios que contrajeron matrimonio) tenían con los comerciantes asiáticos sin necesidad revelar sus identidades. Un gesto que sin duda motivaría a más de un macedonio a desposarse con gusto.

Tal y como recoge Monedero[37]estas deudas se vieron saldadas en un halo de escepticismo y de reticencia. Tuvieron que realizarse desde el anonimato, lo cual muestra que los soldados macedonios no confiaban en su rey. Es preciso contemplar las fechas, febrero del 324 a. C. año en el que los 30 000 epigoni aparecen en escena y meses antes del motín de Opis, lo cual permite dibujar una idea clara del estado de ánimo macedonio respecto a estas políticas iranias.

También podría aparecer, y apareció en la historiografía pasada (quedando aun hoy resquicios de ello), la idea del fusionismo en estas bodas masivas de los soldados de Alejandro e incluso en la boda con Roxana. Unos parámetros interpretativos que no son realistas ni explicativos, perdiéndose en el vacío ante argumentos tangibles y de peso tales como: el pragmatismo político, la necesidad propagandística y militar, o el establecimiento de una relación macedonios-iranios en distinto plano de poder.

Un último aspecto que desmonta la interpretación del fusionismo o de la multiculturalidad es la planificación por parte de Alejandro de sus estrategias militares y políticas en diversas fases. Estos casamientos darían lugar a hijos, algo que Arriano (Anábasis VII, 4-8) entendió como la preparación de un segundo ejército de epigoni. Por lo que, inteligentemente, Alejandro estaría preparando sus futuras campañas al garantizarse un potencial ejército.

En definitiva, estas medidas político-matrimoniales tuvieron un alcance mucho más profundo del que a priori podría achacarse. Unos acontecimientos que fortalecen la idea de que Alejandro era plenamente consciente de las necesidades de su contexto. Esas primeras asunciones de la corte irania fueron ampliándose progresivamente hasta las bodas de Susa en febrero del 324 a. C.

Pero no debemos caer en el error, estas decisiones políticas no fueron aisladas pues estuvieron acompañadas de unas medidas militares que fueron desarrollándose cronológicamente de manera paralela.

El Ejército.

Como hemos venido desarrollando, Alejandro era muy consciente de la necesidad de colaborar con la nobleza irania para que sus campañas tuviesen una base sólida sobre la que poder llevarse a cabo. Tal y como establece Hammon[38]; el reclutamiento de persas era totalmente esencial para su campaña, y esto solo tendría lugar si lo hacían voluntariamente, por lo que el monarca macedonio debía persistir en sus políticas con los iranios.

Las fuentes clásicas trasmitían la idea de que los integrantes del imperio persa eran bárbaros. Esta distinción (bárbaromacedonio) es muy importante y ha de ser comprendida para entender la mentalidad macedonia. Solo de esta manera podremos vislumbrar el impacto que estas políticas causaron en el ejército.

En el ejército, la élite macedonia estaba compuesta por los Hetairoi. Este grupo selecto dentro del ejército de Alejandro no estuvo exento de la introducción de persas en sus filas. El ya mencionado Oxiartes, hermano de Darío, fue nombrado Hetairoi nada más fallecer su hermano.

Representación de Alejandro y los Hetairoi. Radu Oltean.

A pesar de ello, la introducción de iranios en las filas de los Hetairoi es muy reducida. El punto de enfoque debe ser la caballería de la guardia real, la caballería Agema de Alejandro. Un grupo de iranios específicamente seleccionados por Alejandro, encontrándonos al hijo de Artabazo, dos hijos de Mazeo, dos hijos de Fratafernes y el hermano de Roxana; Itanes. Todos ellos liderados por Histaspes de Bactria (antiguo Sátrapa de Bactria) hijo de Jerjes I.[39] Asimismo debemos asumir la adopción de los melóforos[40], nueva guardia personal de Alejandro (de carácter puramente iranio), comandados por Hefestión.

La introducción de iranios en las élites macedonias se vio reducida a estos nombramientos, por lo que realmente no tenían posiciones de poder dentro del alto estado macedonio.

Asimismo hay que entender estos nombramientos dentro del pragmatismo de Alejandro. En primer lugar como un acto propagandístico, haciendo ver que su acercamiento a las élites iranias era una realidad. En segundo lugar, porque de esta manera Alejandro conseguía retener a los miembros varones de las principales familias aristocráticas iranias, garantizando su lealtad y por tanto, asegurando tanto la retaguardia como la continuación de sus campañas. Otro aspecto a destacar es que estos iranios fueron adiestrados al modo macedonio. Con el paso del tiempo pasarían a identificarse con los Hetairoi, conquistadores del imperio, alejándose ideológicamente del sesgo iranio y garantizando una nueva base cortesana y militar plenamente fiel.

Estas medidas eran impopulares entre los macedonios, tal y como las medidas de carácter político. Los macedonios nunca comprendieron estas acciones a pesar de que eran ellos quienes ostentaban los altos cargos civiles y militares, quienes se casaban con las mujeres de la aristocracia irania y quienes Alejandro concebía como dominadores del nuevo imperio.

En cualquier caso, estas medidas en los Hetairoi nos ofrecen un panorama donde la inclusión de iranios en las altas esferas del ejército o de la política es mínima y responde siempre a cuestiones propagandísticas, políticas o pragmáticas de Alejandro. En otras palabras, los iranios no tuvieron relevancia en los altos cargos, manteniéndose en manos macedonias. No obstante, en el plano del grueso militar su relevancia tornó en esencial.

Tal y como explica Olbrycht[41] Alejandro fue recibiendo refuerzos procedentes de Macedonia y de Grecia durante toda su campaña. Sin embargo, hay factores que afectaron a la hora de realizar reclutamientos. Primeramente está el factor humano, el capital demográfico de Macedonia no era muy amplio, de hecho, se considera que las levas para el ejército de Alejandro afectaron duramente a Macedonia en estos años.

De igual manera, Alejandro dejaba guarniciones en las posiciones que controlaba, la mayoría de ellos macedonios cuya misión era terminar de conquistar y pacificar la zona, luchando contra las bolsas de resistencia. También habría que sumar el elemento de los permisos después de las batallas o de los soldados licenciados. Por último, se debe contar con el factor de las muertes macedonias durante las expediciones.

Todos estos factores esclarecen la imposibilidad de proseguir las campañas sin el conveniente empleo de iranios, entendiéndose como elemento de necesidad en tanto que factor humano.

Además, el reclutamiento iranio aportaba una serie de ventajas; la cercanía del reclutamiento, el despoblamiento de zonas que potencialmente podrían sublevarse (por tanto una medida de control de la retaguardia y de pacificación). Un reclutamiento que perfectamente podría ponerse en consonancia con las motivaciones de la guardia real Agema previamente explicada.[42]

En este sentido debemos saber comprender que el potencial demográfico de Asia era inconmensurable si lo comparamos al de Macedonia. Un potencial que Alejandro supo ver y pretendía explotar.

En un primer momento la presencia de iranios fue bastante marginal (334-330 a. C.). Los académicos coinciden[43] en que el primer empleo notable de iranios en las fuerzas de Alejandro se produciría al final de la campaña Bactrio- Sogdiana en torno al 328/327 a. C.

Según Olbrycht, Alejandro realizó una reforma de la caballería en el invierno del 331/330 a. C. dando lugar a una nueva unidad de caballería, los Hippakonstistai, una fuerza compuesta por diversos tipos de caballería donde no se descarta la presencia de macedonios junto a iranios.[44]

El Hippakonstistai adquiere un papel bastante destacado, conformado por los denominados jabalineros a caballo, una nueva élite del ejército de Alejandro. También aparecerán mencionados los arqueros a caballo en la expedición de la India (327-325 a. C.).

Representación de un miembro de la Hippakonstistai.

Se trata de unidades de gran movilidad, muy versátiles y empleadas por Alejandro en las acciones militares más complejas. Es en la India donde puede observarse con mayor nitidez que las fuerzas iranias han adquirido un papel más que relevante en el ejército de Alejandro.

Este tipo de caballería asumió un rol fundamental debido a las limitaciones de la caballería tesalia. La caballería tesalia fue una de las piezas centrales del ejército de Filipo y de Alejandro, no obstante, las montañas, las estepas iranias y los desiertos eran zonas donde la caballería autóctona era más eficiente por estar mejor adaptada a este tipo de condicionantes. El mejor ejemplo lo encontraremos en la campaña Bactrio-Sogdiana.[45]

Representación de caballería tesalia

Unas medidas que llevarán a que en la campaña de la India, la caballería formase la unidad más racialmente entremezclada de todo el ejército.[46]En esta línea interpretativa se posiciona Badian[47] encontrando: integrantes de Partía, Drangiana, Aria, Bactria, Sogdiana, Aracosia, Persia y Macedonia.

Tipos de caballería persa.

A pesar de la complejidad en su procedencia, la caballería estaba configuradas en diferentes bloques, formando en batalla como escuadrones paralelos perfectamente identificables (con las armas, vestimentas y organizaciones propias de su lugar de procedencia). En otras palabras, la caballería estaba integrada por unidades de diversa procedencia cuyo empleo en batalla se realizaba a través de escuadrones no combinados.

Saliéndonos de la caballería, que no dejó de tener una connotación elitista-restringida, quizá la aportación más evidente fue la de los epigonoi. La ejemplificación más evidente y contundente de los iranios en el ejército de Alejandro.

En torno al 328/327 a. C. Alejandro mandó formar en las costumbres culturales griegas y militares macedonias a unos 30 000 jóvenes iranios (paides), procedentes de la zona Bactrio-Sogdiana. Los epigoni se sumaron a las filas de Alejandro en torno al 324 a. C. tras la campaña de la India.

Este sistema fue establecido y costeado por Alejandro como método esencial para sus campañas.[48]

Tal y como establece Bosworth[49], podemos establecer dos explicaciones a esto. Por un lado Alejandro dispondría de un ejército renovado, formado en las tácticas macedonias con capacidad suficiente para proseguir sus campañas. Es decir, un ejército que renovase a los veteranos, una finalidad que le otorgaría el nombre epigonoi (sucesores). El segundo motivo esencial es la consecución de esta política, permitiendo a Alejandro reducir drásticamente la capacidad de sublevaciones en retaguardia, una medida que entronca con el resto de medidas político-militares.

En torno a estas interpretaciones, consideramos que habría un tercer motivo. Esta planificación de Alejandro permite entender que tenía previsto, desde el 330 a. C., proseguir con las campañas. Por tanto, estaríamos hablando de una planificación administrativa y militar con objetivos a corto y a largo plazo en diferentes fases.

Una planificación de fases que debe entrelazarse con la adopción de los elementos cortesanos iranios así como de sus políticas. Unas fases medidas por Alejandro con una planificación previa evidente que permiten al historiador observar hasta qué punto Alejandro era, en cierto modo, un genio consciente de sus necesidades y de su contexto.

Estas diferentes fases son fundamentales pues permiten concebir que Alejandro supiese ver que para sus futuras campañas (la inmediata era la campaña Arábiga) necesitaba un nuevo grueso del ejército. De igual modo, ayudan a comprender el calado y trasfondo de las reformas o transformaciones del ejército, dando cada vez mayor protagonismo al elemento que Alejandro sabía que debía ser el de mayor peso en un futuro cercano: el iranio.

Al respecto, es modélico la práctica desaparición de los griegos del ejército de Alejandro debido a la importancia que cobraron los iranios.[50]

Representación del ejército macedonio y su bosque de sarisas.

La muerte de Alejandro imposibilita a la investigación actual lograr discernir el impacto que estas políticas alcanzarían en sus siguientes campañas. Lo que no puede pasarse por alto es que la formación de los epigonoi y las medidas que causaron el motín de Opis estaban encaminadas a desequilibrar la balanza del ejército hacia el lado iranio, constituyendo una nueva falange e incluso llegando a situar a iranios en puestos dirigentes de bajo y medio rango.

En definitiva, lo que podemos apreciar es como en apenas 10 años: 334 a. C. al 324 a. C. el ejército de Alejandro pasó de estar despoblado de iranios a estar compuesto mayoritariamente por ellos. Unas transformaciones que deben entenderse dentro de las necesidades pragmáticas de Alejandro de proseguir sus conquistas.

Al respecto nos gustaría insistir en la erradicación de las connotaciones fantasiosas del fusionismos y las aspiraciones multiculturales.

Seguramente el único elemento de fusión tuvo lugar tanto dentro como en consecuencia del ejército, debido a una cuestión biológica que poco tiene que ver con la política organizada por Alejandro.

Tal y como señala Monedero[51] como es de suponer, la prolongación de la campaña y el alejamiento del hogar, daría lugar a nacimientos mixtos de soldados macedonios con mujeres iranias, que para la visión greco-macedonia eran ilegítimos. En consecuencia, no existía un deseo prefijado de fusión en tanto que concepto político sino en cuanto a necesidad biológica o de coexistencia.

La repercusión/oposición en los macedonios.

La cuestión de la política de Alejandro y los iranios es imposible de ser abordada sin contemplar la oposición de los macedonios. Tal y como señala Bosworth[52] es totalmente debatible en qué medida Alejandro pretendía que sus macedonios asimilasen los modos iranios. Lo que no puede discutirse es la tenaz oposición que mostraron frente a las políticas de Alejandro y los iranios.

Como venimos argumentando, la necesidad de cooperar con los iranios era esencial para Alejandro, conviertiéndose en una necesidad elemental en su expansión y control del imperio asiático.[53]

En su generalidad, los autores proponen que estas cuestiones lleven directamente al motín de Opis, no obstante nos gustaría precisar un poco más a través de una serie de ejemplos que pueden ilustrar claramente que Opis no fue un estallido espontaneo.

Primeramente debemos hacer referencia al juicio a Filotas[54] (e indirectamente la ejecución de Parmenión[55]). En este proceso puede verse como se forman dos grupos claramente diferenciados: los más veteranos, seguidores de Filipo y los contemporáneos de Alejandro.

El asunto de la política con los iranios en su indumentaria, tradición e inclusión en el ejército es un proceso que molestaba más a los veteranos, fieles seguidos del modelo monárquico macedonio e inflexibles ante las tradiciones bárbaras y los más jóvenes que resultaban ser más flexibles, siendo la mejor forma de labrarse una buena posición en el nuevo sistema político.

Filotas había sido desde joven uno de los compañeros de Alejandro. Sin embargo, los recelos de algunos de los compañeros (especialmente Crátero) salieron a relucir en esta supuesta conspiración de Filotas.

Las acusaciones provenían desde la juventud de Alejandro. El exilio de Alejandro y sus amigos por el insulto público a la figura de Filipo (ante el ataque de Átalo), del que Filotas se libró por la privilegiada posición de su padre para con Filipo. Algunos argumentaban que desde ese momento, a pesar de la reconciliación, nada había vuelto a ser igual.

Juicio a Filotas en una representación del medievo.

A pesar de que estos presupuestos se nos antojan retorcidos en lo que algunos han denominado como “conspiración contra Filotas” (de los generales y de los propios soldados a su servicio, cansados todos ellos de su arrogancia) y no la “conspiración de Filotas”[56] , la realidad es que se trata de una problemática donde la política irania está presente.

A pesar de que lo que se juzga es la conspiración, es indudable que uno de los motores secundarios es la burla sobre ciertas posturas iranias y divinas que Alejandro había adquirido y que Filotas criticaba profusamente tanto en su dormitorio como a sus tropas.

La resolución del caso de Filotas[57]  (329 a. C.), aunque no en primera instancia, si adolece de un claro componente de oposición y burla para con la política irania de Alejandro.

También es destacable el asunto de Clito el negro en el célebre y trágico banquete de Maracanda (328 a. C.). Véase Plutarco. Vidas paralelas VI, 51, 11.

Los testimonios que nos transmiten estos sucesos, siguen la estela de las fuentes clásicas, y a pesar de no coincidir en los detalles, si transmiten una idea más o menos elemental. En nuestra opinión, la principal fuente que recoge lo acontecido es Plutarco, que seguramente (como en todo su relato) está muy influenciado por Aristóbulo, particularmente interesado en las cuestiones morales y personales, siendo este uno de los acontecimientos clave.

Clito el Negro era uno de los personajes fundamentales en el entorno de Alejandro y de igual manera que Parmenión, era miembro de la “vieja guardia” que había servido con Filipo. Clito era jefe del batallón real (Ile Basilike) y había sustituido a Filotas (tras su muerte) como uno de los jefes de los Hetairoi junto a Hefestión.

La desgraciada muerte de Clito parece que se debió a varios factores. Durante la fiesta, el alcohol se apoderó de los presentes a la vez que se desarrollaba uno de los temas principales de la fiesta: el recuerdo de los grandes héroes, que en comparación a Alejandro ya se quedaban pequeños. Esta adulación que ya había señalado Filotas, tampoco agradaba a Clito. En cuanto el alcohol hizo mella en su cuerpo comenzó a criticar estas ideas, apoyadas por la fatiga de la campaña, las diferencias generacionales y las personales.[58]

La muerte de Clito el negro por Castaigne. 1898-1899.

Esta discusión entre Clito y Alejandro fue subiendo de tono hasta acabar en el insulto y ataque personal. Entre las diferencias personales y generacionales temas como la divinización y la política irania estuvieron muy presentes. Una vez más asistimos como en un conflicto donde el motor principal es otro, la política irania surge como uno de los motores secundarios fundamentales. Más entendible aún si consideramos que Clito pertenecía al grupo generacional de Filipo.

Finalmente, y a pesar de que se intentó separar a ambos, Alejandro ensartó a Clito con una lanza, acarreando uno de los episodios de mayor culpabilidad y llanto que veremos en Alejandro, solo superado por el de Hefestión (Arriano, Anábasis IV, 8-9).

Alejandro inconsolable por la muerte de Clito el Negro. Obra de Pinelli, Roma 1821.

Tan solo un año después, en Bactra (327 a. C.), tendrá lugar otro episodio ilustrativo donde una parte del séquito de Alejandro se resiste a saludarlo mediante la proskýnesis.

Este ceremonial cortesano persa consistía en realizar una leve genuflexión ante la figura del monarca. Unos grados de cortesía de los que Heródoto ya se hizo eco y que causaban repugnancia y burla en el mundo griego y macedonio.

De hecho, los griegos consideraban que tal gesto de reverencia debía estar únicamente dedicado a los Dioses, lo cual entra en conflicto con la tradición persa y sus ideas sobre la monarquía. El gesto de proskýnesis era un ceremonial común implementado en la corte persa.

Proskýnesis en la corte aqueménida.

El que mayor resistencia opone, y con el que Alejandro tiene unas desavenencias es con Calístenes, historiador oficial de Alejandro y sobrino de Aristóteles.  Calístenes se negará a realizar este ceremonial, acuñando la ya célebre frase: “me marcho con un beso de menos” (Arriano, Anábasis IV, 12, 5) en un feo y torpe gesto hacia Alejandro en la ceremonia de Bactra.

Arriano ilustra la consideración griega para con la proskýnesis (Anábasis IV, 11-12): “A los dioses se les erigen templos e imágenes, se les reservan bosques sagrados, a ellos se les sacrifica, y en su honor se celebran libaciones y se componen himnos; a los hombres, en cambio, corresponden los elogios” […] “Los hombres, al saludarse se dan un beso de amistad; pero si la proskýnesis se reserva a la divinidad como máximo honor es porque se trata de algo que está por encima de nosotros y no nos es lícito ni siquiera tocarlo”.

Las continuas disputas de Calístenes con Alejandro encarrilarán su futuro, siendo eliminado en la conjura de los pajes.[59]

Alejandro tendrá la prudencia de no exigir más este ceremonial.[60]En este suceso, a diferencia de los anteriores, si encontramos que la política irania es causante o motor principal de la oposición macedonia, en este caso concreto griega. Evidentemente, este suceso provocará que los filósofos de la Escuela peripatética retraten a Calístenes como un mártir, defensor de las libertades griegas frente a un “déspota oriental”.[61]

A través de estos tres ejemplos podemos concretar que la animadversión greco-macedonia hacia las políticas de Alejandro y los iranios puede rastrearse desde el 330-329 a. C., coincidiendo con el gran impulso a estas políticas. También nos permiten observar como Alejandro fue sistemáticamente eliminando a los personajes que se mostraban contrarios a sus prácticas, ese bloque vinculado en exceso a la tradición monárquica macedonia, el bloque de griegos y contemporáneos de Filipo que no eran totalmente fiel a su figura. De la misma manera que sirven para valorar de la manera correcta el motín de Opis.

De esta manera Opis no puede ser considerado como un motín espontaneo. Debemos tener en cuenta que los macedonios habían sido testigos de las políticas iranias; tanto en la asimilación de los elementos cortesanos iranios, como en la alianza matrimonial de Alejandro con Roxana, la introducción paulatina de iranios en el ejército y, el último suceso, las Bodas de Susa.

En el verano del 324 a. C. Alejandro reunió al ejército en Opis, a orillas del rio Tigris. Su intención era licenciar a los veteranos macedonios y a los inválidos para permitirles regresar a sus hogares con la consecuente gratificación económica.[62]

Alejandro lidiando con el motin de Opis. A. Castaigne, 1898-1899.

Los macedonios, al igual que en los acontecimientos anteriores, entendieron esta medida como un insulto. Una maniobra más dentro de esta política monarca-iranios para deshacerse de macedonios e introducir más persas a un ejército cuyo grueso ya estaba formado por fuerzas iranias.

Los macedonios, enfurecidos y sintiéndose traicionados, se amotinaron. Alejandro se sintió insultado y dio un discurso, del cual Arriano se hace eco no en cuanto a palabras pero si en cuanto al contenido (muy probablemente tomando como referencia a Ptolomeo).

Alejandro cuenta como él y Filipo sacaron a Macedonia de la oscuridad, como les había convertido en dueños del mundo, como él, que era rey había vivido como el más humilde los soldados. Su intención era enviar a aquellos no aptos de vuelta a casa, ahora los enviaría a todos pues podría apoyarse en sus iranios (puede verse en Arriano, Anábasis VII, 9, 7).

Tras el discurso mandó ejecutar a los líderes del motín[63]. Su apoyo en el ejército iranio fue una treta emocional para causar efecto en los macedonios, hacerles ver que eran prescindibles. Durante días, Alejandro aguardó en su tienda, prohibiendo a los macedonios reunirse con él y mostrando su favor hacia los iranios.[64]

Más allá de la argucia empleada contra los macedonios, Alejandro demostró que el ejército iranio servía como contrapeso del macedonio.[65]De esta manera puede confirmarse que el elemento iranio en el ejército comenzaba a ser preponderante, teniendo una trascendencia fundamental.

El peso de la caballería, su incursión en los destacamentos de los Hetairoi y la creación de una nueva falange irania (los epigonoi) diferenciada de la tradicional macedonia ya hacían entrever que en las nuevas campañas (Arabia) el elemento iranio seria el primordial.

Al ya principal peso iranio habría que sumar un nuevo destacamento que Alejandro recibió semanas antes de su muerte, un conjunto de 20 000 arqueros provenientes de los Zagros reclutados por Peucestas, que pasaron a engrosar un ejército esencialmente iranio.

Friso de los arqueros del palacio anterior de Darío I en Susa.

Finalmente, los macedonios sucumbieron a la argucia sentimental y política de Alejandro, implorando el perdón real. Un perdón que llegaría en el banquete de Opis, que algunos autores como Tarn consideran erróneamente una muestra más de la multiculturalidad y fusión en el imperio de Alejandro.

El banquete de reconciliación fue una muestra más hacia los macedonios, otorgándoles una posición privilegiada en la reconciliación, estando más cerca de su monarca y asociándolos con pertenencia de parentesco.[66]

Sin embargo y a pesar de lo conflictivo de la situación, Alejandro consiguió los objetivos que perseguía, pues acabó licenciando a 10 000 soldados, 1 500 jinetes y a los 3 000 escudos de plata, la mayoría de todos ellos heridos o deteriorados por la edad.[67]

Argyraspides (escudos de plata ) Unidad de élite dentro de los hipaspistas. Recreación de M. Jakubiec.

Por tanto, Opis debe enmarcarse dentro del pragmatismo de Alejandro, dentro de la evidente planificación de las campañas a corto, medio y largo plazo y dentro de su realidad contextual; ya que en el año 324 a. C. el ejército de Alejandro preparado para las futuras campañas era principalmente iranio.

Además de la cuestión irania, Opis debe ser observado como un cansancio de las tropas al considerar que los objetivos reales de la campaña concluyeron en el 330 a. C. con la muerte de Darío y las expediciones hacia el este eran añadidos poco argumentados.

Todas estas cuestiones nos llevan a considerar que interpretaciones como la de Paul Cartledge[68]no se ajustan a la realidad de los acontecimientos, proponiendo que fue el propio Alejandro el que instigó el motín de Opis. Si bien es una posibilidad bastante probable en el suceso de la India, no consideramos por lo expuesto, que sea aplicable a Opis.

Persépolis. Acción voluntaria o error programático.

Tras un duro verano en Babilonia, el invierno llegó y con las nieves, Alejandro puso rumbo a  Persépolis. Tras una campaña donde los protagonistas fueron Ariobarzanes, la resistencia organizada en las Puertas de Persia y el rio Arex (Pulvar), Alejandro llegará a Persépolis en diciembre-enero del 330 a. C.

Persépolis fue la ciudad escaparate del imperio persa. Mandada construir por Darío I y embellecida por sus sucesores, es la capital histórica de mayor prestigio.[69]El corazón del imperio y fuente del poder aqueménida.

Las connotaciones propagandísticas eran esenciales, simbolizando el dominio persa sobre el resto de pueblos del imperio, así como exaltando la figura del Gran Rey.

Alejandro en Persépolis. De G. Simoni, 1897.

La entrada de Alejandro en Persépolis debe entenderse dentro de la política de cooperación con la aristocracia irania. Persépolis se rindió, abriendo sus puertas sin oponer ninguna resistencia. Unas condiciones que había estipulado el gobernador persa Tirídates.

Para la presencia de Alejandro en Persépolis se pueden establecer tres fases diferenciadas.

A) Alejandro se hizo con el tesoro real; unos 120 000 talentos (unas 3 toneladas de oro)[70] para después dejar a sus soldados saquear el palacio, la sala del trono y las arcas reales. Unos acontecimientos que tendrían lugar entre Diciembre/Enero del 330 a. C. (llegada de Alejandro a la ciudad) hasta junio del mismo año.

B) Un incendio planeado que tendrá lugar en abril/mayo del 330 a. C. cuando Alejandro ordenó que se construyeran unas estructuras en la terraza para ser quemadas.

C) En ese espacio temporal intermedio tendría lugar la tercera fase. Una fase que aun aporta más incertidumbres pues en esta etapa Alejandro marcha hacia Pasargada, antigua capital Persa, donde el gobernador Gobares le hará entrega de la ciudad.

De igual manera, en Pasargada rinde unos honores especialmente meticulosos a la tumba de Ciro, hasta el punto de que se le da el sobrenombre de (Filokuros, amigo de Ciro).

Un acto vinculado directamente con la política de acercamiento donde pretende hacerse ver como continuador de los monarcas aqueménida, respetando su memoria y tradiciones con el objetivo de que la nobleza irania se alíe con él.

El incendio de Persépolis es uno de los actos más polémicos de la vida de Alejandro. En plena política de acercamiento a las élites iranias, este acto solo podía demostrar a los iranios que realmente estaban ante un rey extranjero y bárbaro, más aún cuando la ciudad había sido rendida ante Alejandro. Un acto que a priori resulta paradójico y contradictorio.

En cuanto a las interpretaciones que intentan explicar el suceso son realmente amplias. Estudiosos de renombre como Tarn o Hamilton[71] dieron credibilidad a la idea del Alejandro alcohólico que en un acto de ebriedad mandó quemar el palacio.

Por otro lado, centrándonos en las interpretaciones serías, encontraríamos a Badian. Badian expone[72] que el incendio de Persépolis no puede ser tomado como un acto de venganza o de alcoholismo, presupuestos que no son explicativos.

Para Badian es un acto propagandístico dirigido al mundo griego tras la revuelta de Agis III y su derrota a manos de Antípatro.  Asimismo Badian considera que es un error de cálculo por parte de Alejandro pues su verdadero objetivo era proclamarse continuador de los monarcas aqueménidas y aliarse con la nobleza irania.

Otro de los autores de renombre en intentar dar explicación es Borza.[73] Borza aborda el tema presentando tres vías explicativas: un acto de perversidad, un acto de alcoholismo y un acto político propagandístico.

Borza expone que el incendio de Persépolis, si no es un acto de política en sí mismo, entonces es un acto que en última instancia consiste en política.[74]Concluyendo que el incendio de Persépolis es concebido como destructor del antiguo imaginario aqueménida, queriendo simbolizar el fin de una era y el comienzo de una nueva.

También Waldemar Heckel opta por otorgar al incendio de Persépolis de una categoría simbólica, suponiendo el fin de la campaña de venganza y de la propaganda panhelénica aun a sabiendas de que era un retroceso en su política de acercamiento a la nobleza irania.[75]

Domínguez Monedero[76] considera que es un mensaje destinado a los griegos que ponía punto final a la propaganda de «vengador de los griegos». También presenta el suceso como símbolo, acabando con el estandarte persa, mandando un mensaje de capitulación de una dinastía. De esta manera daría comienzo una nueva. Una línea interpretativa que comparte Pedro Barceló.[77]

Otro de las grandes instituciones en Alejandro Magno, Pierre Briant, también ha intentado arrojar algo de luz al asunto.[78]

Para Briant, sin llegar a descartar las hipótesis anteriores, plantea unir el incendio de Persépolis con los ceremoniales en la tumba de Ciro. Briant considera que si la decisión de Alejandro de incendiar el palacio de Persépolis se toma nada más regresar de Pasargada es consecuencia de que su planificación propagandística de piedad y respeto para con la tumba de Ciro no ha liquidado la resistencia persa.[79]

Por tanto, establece que es un mensaje lanzado contra los iranios, un mensaje que lleva implícito el fin de los días de gloria del imperio aqueménida y el comienzo de un nuevo imperio.

También son importantes los trabajos de Hammond[80] y de Bloedow y Loube[81] sobre las fuentes literarias y especialmente sobre los datos arqueológicos. Hammond propone que el incendio ocurrió de manera tan rápida que no hubo tiempo de retirar todo el tesoro. Lo cual implicaría que Alejandro no preparó el incendio de Persépolis.

Mientras que los académicos de Ottawa proponen que Hammon se precipitó en sus conclusiones sin tener en cuenta la logística y el tiempo de mover semejante cantidad de oro, y que los resultados arqueológicos demuestran que el incendio de Persépolis fue una acción premeditada.

Como podemos observar, el aluvión de interpretaciones es sumamente exagerado. ¿Qué interpretación es la correcta?, ¿Por qué se produce el incendio de Persépolis realmente?

En nuestra opinión, las hipótesis que aluden a las cuestiones relacionadas con el mundo griego no se ajustan al contexto. Primeramente porque cuando esto tiene lugar la revuelta de Agis III ya ha sido atajada por Antípatro. En segundo lugar porque se estaría otorgando una excesiva importancia a una propaganda que los griegos nunca vieron con excesiva nitidez.

Y por último, porque es una interpretación que se vincularía con la figura de Tais[82], la ateniense que iniciaría el incendio. Desechada tanto por su componente propagandístico pro griego (seguramente realizado a posteriori) como por su vinculación a un Alejandro alcohólico y desmesurado.

En cuanto a las cuestiones arqueológicas consideramos que son esenciales para evidenciar que el incendio fue premeditado, desmontando la interpretación del Alejandro Alcohólico. No obstante, no son explicativas en cuanto a la motivación.

Finalmente, consideramos que la interpretación más acertada es la de Briant (elegido como mayor exponente, pues muchos otros autores se expresan en esta línea como por ejemplo Peter Green[83]), a la que nos gustaría realizar algunas matizaciones. Tras los ceremoniales realizados en la tumba de Ciro, Alejandro observó como la resistencia no se desarticulaba.

En este punto entrarían en juego dos factores típicamente alejandrinos: el político y el carácter.

El político porque Alejandro supo ver que sus acciones de tributo y de respeto para con la tradición no brindaban todos los frutos que él deseaba. La rendición de Babilonia, Persépolis y Pasargada no le eran suficientes, consideraba que era una minoría (una minoría trascendental, pero minoría al fin y al cabo). En consecuencia, Alejandro pretendía mandar un mensaje más contundente.

Este factor político se ha de estudiar conjuntamente con el carácter de Alejandro (cuestiones que son indivisibles y siempre han de entenderse complementariamente). Observar como su procedimiento de comprensión y respeto hacia la tradición irania no le granjeaba el éxito suficiente, probablemente, provocó cierta ira en él. A lo que habría que sumar el difícil paso por las montañas (Ariobarzanes), la huida del rey y la resistencia de la zona oriental del imperio.

Todo esto en su conjunto, condujo a que Alejandro organizase la quema de Persépolis, mandando un mensaje contundente a los iranios: el imperio aqueménida había tocado a su fin, daba comienzo uno nuevo. Un mensaje que por otro lado ya había sido mandado con los saqueos y cierta masacre previa en la ciudad, algo que no había ocurrido en ninguna otra ciudad[84].

Evidentemente este mensaje tuvo efectos secundarios. Primeramente para los iranios, que seguramente contemplaron este hecho como un acto de barbarie. Muy probablemente fue empleado por Beso en su resistencia Bactrio-Sogdiana. Aunque a este respecto deberíamos evaluar hasta qué punto a un Bactriano le importaba la quema de Persépolis, pero es una cuestión en la que no profundizaremos.

De igual manera, y como casi todo lo que hacía Alejandro, tuvo unas repercusiones secundarias en el mundo griego. Unos griegos que aunque nunca siguieron con gran entusiasmo la propaganda panhelénica, seguramente el incendio de Persépolis no debió de ser algo que se pasase por alto.

A modo de conclusión, ¿Cómo afecto este suceso a la campaña política entre Alejandro y los iranios? De manera negativa. Tal y como lo señalaba Badian[85] Alejandro actuó en contra de sus intereses.[86]

Es bastante interesante observar como a partir de Persépolis (y de la muerte de Darío) la nobleza irania no volverá a someterse a Alejandro como había ocurrido anteriormente en Susa, Babilonia, Persépolis o Pasargada. Iniciándose a partir del 330 a. C. el periodo más sanguinario de toda la campaña de Alejandro en la lucha Bactrio-Sogdiana, que tornará a su fin en el 237 a. C. regresando a unas políticas de mayor acercamiento entre la nobleza irania y Alejandro.

Por tanto, la quema de Persépolis debe entenderse como una acción premeditada y errónea por parte de Alejandro, que jugó un papel propagandístico importante en su contra, alejándole de sus pretensiones de ser aceptado por la nobleza irania.

Recreación del incendio de Persépolis.
Ruinas actuales de Persépolis. Muy bien conservada porque tras la marcha de Alejandro quedó prácticamente olvidada.

Conclusiones

En este apartado trataremos de abordar las ideas principales que han ido presentándose a lo largo del artículo.

I) Alejandro, desde los primeros momentos de su campaña, es plenamente consciente de sus limitaciones y necesidades. Sabe comprender que no dispone ni de los recursos ni del tiempo suficiente como para plantear un cambio administrativo, económico y militar en el imperio aqueménida.

Las estructuras griegas se presentan como inviables en un territorio de semejantes características. Alejandro mantendrá las divisiones territoriales, el cargo de sátrapa, el funcionamiento económico, burocrático y militar.

Por ello asume desde el 334 a. C. el concepto político de colaboración que debe llevar a cabo con la nobleza irania. Una idea que debe entenderse dentro del genio de Alejandro y dentro del pragmatismo que rigieron la mayor parte de sus acciones durante toda su vida. De igual manera debe tenerse presente el legado de Filipo. Unos elementos constantes para comprender la figura del monarca macedonio.

Al respecto es interesante también la idea que propone Bowden. Bowden propone una “seducción del este”, lo que en nuestra opinión es una adopción de prácticas y modelos extranjeros que realmente cautivaron a Alejandro. Una seducción que hay que entenderla intrínsecamente ligada a características de tipo político y personal, rastreándose en Egipto, en las cortes iranias, en la divinización y en sus aduladores.

II) Las políticas entre Alejandro y los iranios no fueron solo pretendidas por Alejandro. Las élites iranias fueron conscientes de las nuevas necesidades también desde el 334 a. C. visible en el ejemplo de Mitrenes. Las victorias militares sumieron a la nobleza irania en un proceso que no les era desconocido: el cambio de un monarca por otro.

Por tanto, la nobleza irania pretendía mantener su posición de privilegio social, económico y político. Quizá el mayor cambio para esta nobleza era que Alejandro era foráneo y no aqueménida. Aunque en nuestra opinión, salvo en las regiones centrales del imperio, esto poco importaba pues para zonas como Bactria o Lidia era igual de extranjero Alejandro que Darío.

Ante estas perspectivas, la nobleza irania tenía motivos más que suficientes para aceptar las políticas de acercamiento de Alejandro y llegar a acuerdos.

III) Las políticas de Alejandro y los iranios nunca fueron entendidas por los macedonios. Tenemos ejemplos tempranos como los de Filotas o Clito el negro. Más evidentes como el de Calístenes. Pero en cualquier caso, los macedonios adolecían de no ser buenos receptores de un mensaje emitido con claridad.

Especialmente evidente fue el mensaje de las bodas de Susa o el mantener a macedonios en los altos cargos de un ejército que en el 324 a. C. comenzaba a ser principalmente iranio. El fallo no estuvo en el emisor sino en el receptor.

Los macedonios tuvieron miedo de que su monarca se desvinculase de las tradiciones monárquicas y cortesanas de su patria para ligarse a unas costumbres bárbaras.

IV) ¿La política de Alejandro y los irianios cumplió su cometido?

Nosotros diríamos que sí. En primer lugar, Alejandro evitó tener que asediar ciudades que ciertamente se hubiesen posicionado como difíciles de conquistar. De igual manera le permitió seguir adelante con sus conquistas, tanto por conseguir una retaguardia más o menos pacificada y más o menos leal como el hecho de ir sumando tropas a su ejército.

A partir del 327 a. C. Tras su boda con Roxana y el inicio de la campaña de la india, el elemento iranio tornó en esencial. Más aún en los dos últimos años de vida del macedonio, cuya planificación de las futuras conquistas estaba basada en sus súbditos iranios.

Asimismo habría que tener en cuenta a los iranios como un mecanismo más de Alejandro en tanto que fuerza de contrapeso, o como señalara Diodoro; de Antitagma. Unas fuerzas que permitían un equilibrio en la balanza del poder militar y que sin duda Alejandro empleó para otorgarse una mayor libertad de movimiento.

Dos partes que nunca estuvieron unidas en el ejército y se mantenían como bloques diferenciados. Lo que en principio podría verse como una desventaja Alejandro lo utilizó en su beneficio.

Por tanto, la política de Alejandro y los iranios fue absolutamente imprescindible para entender las campañas de Alejandro y sus acciones. Un rasgo esencial para comprender a Alejandro Magno.

V) ¿Tuvieron estas políticas trascendencia más allá del monarca macedonio?

Diríamos que no. De las 80 bodas aristocráticas que tuvieron lugar en Susa, solo Seleuco y Peucestas conservaron a sus esposas (teóricamente). Es más, de esos dos el único que asimiló totalmente la cultura irania y sus modelos fue Peucestas, convirtiéndose en la excepción que confirma la regla.

La literatura griega criticará ampliamente sus políticas iranias. Nunca sabrán entenderlas y por ello lo alzarán como uno de sus bases en el azote de Alejandro.

Por el lado iranio, no tendrá un mejor trato. Los escritores preislámicos presentaban la figura de Alejandro como un conquistador sanguinario y destructor. Por lo que el macedonio no salió mejor parado. Lo cual también nos plantea que a pesar de no contar con testimonios directos, la actitud irania no debió de ser menos hostil que la macedonia.

Algunos ejemplos deben buscarse en la disminución drástica en los cargos de poder iranios dentro del nuevo imperio. Así como la disminución de importancia al suprimirse ciertos cultos religiosos reales y donaciones.

De igual manera, las alianzas matrimoniales con la casa real desaparecieron y aquellos iranios que alcanzaron puestos de poder estuvieron supervisados por un intendente macedonio. Son especialmente destacables las revueltas que Alejandro tuvo que erradicar tras su vuelta de la india, aunque la corrupción en su ausencia no solo fue llevada a cabo por los iranios (Hárpalo).[87]

VI) El incendio de Persépolis fue un incendio planeado y consciente que surtió un efecto negativo en su política con lo iranios.

No obstante, a través del análisis de los datos consideramos que es un mensaje que establece la caída definitiva del imperio aqueménida y la implantación de un nuevo imperio: el de Alejandro. Un imperio que se reflejará en su titulación como rey de Asia y no del imperio aqueménida.

En relación a estas ideas puede verse también el fantástico capítulo de Ernst Fredricksmeyer[88]

VII) ¿Qué fue de la fusión?

Por si queda lugar a dudas, la fusión quedó relegada al olvido por ser una construcción engañosa.

El pragmatismo prevalece sobre las ideas artificiales. Como hemos desarrollado, el único elemento de fusión que tuvo lugar fue en el ejército, a una escala que no competía ni a Alejandro ni a su política y que debe de entenderse dentro de las cuestiones biológicas y me atrevería a decir características de los ejércitos en la antigüedad.

Las bodas de Susa, la boda con Roxana, la asunción de elementos cortesanos y la inclusión de iranios en su ejército responden a cuestiones políticas y pragmáticas que no tienen nada que ver con las ideas de multiculturalidad y fusión.

Ideas que por otra parte, no estaban ni en término ni en concepto en la mente de Alejandro.

VIII) Para finalizar, nos gustaría aclarar que a lo largo del texto no hemos empleado la cuestión de la “orientalización”, optando en todo momento por la de una “política de Alejandro y los iranios”.

La razón de esta elección es que consideramos que la orientalización tiene una serie de connotaciones culturales y pervivencias históricas que no se ajustan a la realidad de lo que significó las relaciones de Alejandro y los iranios.

Bibliografía

La extensa bibliografía utilizada para la elaboración de este trabajo nos obliga a ponerlo en un link aparte. Podéis pulsar click en el siguiente enlace y podréis consultarla.

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3 COMENTARIOS

  1. Muy buen artículo, fue un gusto leerlo. Por otra parte, en términos filosóficos no estoy muy seguro de que sea correcto afirmar que: «El pragmatismo prevalece sobre las ideas artificiales», y más cuando el tutor de Alejandro fue Aristóteles. Estoy de acuerdo en que el conquistador macedonio seguramente no tendría ideales de fusión multicultural, pero tampoco se puede negar que el espíritu griego desde la filosofía busca una crítica a las bases de la cultura para después renovarla, tal proyecto no puede ser producto únicamente de fundamentos «político-prácticos», son muy importantes pero considero que antes de ellos va un ideal (símbolo) que los sustente. Por tal motivo, pienso que Alejandro encontró posiblemente referentes culturales de Oriente para mejorar la cultura (rumbo) de su imperio. Claro está que para considerar lo anterior, habría que aceptar que el macedonio no era sólo un conquistador…

    • Buenas tardes. Me alegro que te haya gustado. Comencemos con Aristóteles. Cuando el famoso filósofo griego tutoriza al joven macedonio no había desarrollado aún sus ideas, es decir, el Aristóteles consolidado que podemos leer a través de los escritos no existe en el momento en que ejerce como tutor de Alejandro. Dudo, profundamente, que Aristóteles ejerciera un verdadero peso sobre Alejandro (independientemente de su supuesta buena relación y los posibles escritos que Alejandro escribió). Por otro lado, en el artículo especifico como Alejandro encontró y empleo referentes culturales tanto de manera superficial como con una mayor asimilación, no obstante, esa asimilación (en mayor o menos grado) no puede entenderse como un cambio vital-efectivo en las costumbres y formas macedónicas que siempre prevalecieron ni deben extrapolarse a un supuesto e inexistente concepto cultural del imperio. Para finalizar, este artículo en su conjunto ha sido realizado para poner de manifiesto la realidad tridimensional del monarca macedonio mucho más allá de la mera faceta del conquistador. Espero te haya servido. Un saludo y nos vemos por la página.

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