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Crítica histórica de la película Cambio de Reinas:

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L’échange des princesses o Cambio de Reinas (2017) va a ser estrenada oficialmente en España el 15 de febrero de 2019. Esta coproducción franco-belga, basada en la novela homónima de la escritora e historiadora francesa Chantal Thomas, ha sido adaptada al cine por el director Marc Dugain. Entre sus reconocimientos hasta el momento destaca la nominación a los premios Cesar en la categoría de mejor película extranjera.

La trama se centra en un capítulo poco conocido de la historia franco-española a través de dos breves y jóvenes matrimonios entre las dos ramas de la dinastía borbónica a principios del siglo XVIII: el de Luis I de España, primogénito de Felipe V de Borbón, con Luisa Isabel de Orleans, hija del Regente de Francia en ese momento; y el de Luis XV con la infanta española Mariana Victoria de Borbón.

Tras años de conflictos (Guerra de Sucesión Española y Guerra de la Cuádruple Alianza) se espera que esta doble boda sirva para inaugurar una época de buenas relaciones entre ambas potencias. Para ello se dispone un espectacular escenario en el pabellón de la Isla de los Faisanes, un condominio entre los dos países desde el que cada una de las dos novias procede a ocupar su nuevo hogar y posición como ya hicieron sus antepasados comunes en 1615.

La película se centra sobre todo en el peso de los acontecimientos históricos en la vida de estos infelices matrimonios y en el tratamiento de la infancia de unos niños reducidos a meras prendas de amistad, monedas de cambio en un arreglo diplomático que les sobrepasa, partiendo de la visión que Chantal Thomas tiene de ellos en su obra.

La película destaca por unas interpretaciones, vestuario y fotografía excelentes, mientras que la ambientación es cuidada, pero intimista, con preferencia por las dificultades y los sentimientos de los cuatro niños protagonistas ante las retorcidas intrigas del poder más que por demostrar un gran despliegue de medios. La mayoría de las escenas fueron rodadas en varios castillos de Bélgica como los de Beloeil y Egmont en imitación de Versalles o el de Gasbeek para la Corte de Madrid.

Sobre esta última trama cabe destacar uno de los principales cambios introducidos en cuanto a la personalidad de la esposa del Príncipe de Asturias. Luis I es llamado a reinar tras renunciar su padre al trono en enero de 1724, bien por motivos de conciencia o por la posibilidad de suceder en Francia, protagonizando el que sería uno de los reinados más breves de la historia de este país por morir el nuevo monarca ese mismo año tras contraer la viruela.

Las excentricidades de esta joven aparecen bien reflejadas en el libro Luis I y Luisa Isabel de Orleans. El reinado relámpago (Alfonso Danvila, 1997) y parecen indicar que su carácter iba más allá de la adolescente conflictiva y rebelde que nos muestra la película. Su conducta escandalizó a la Corte española provocando serios disgustos familiares por varios episodios que llegaron a poner en duda su estabilidad mental y entre los que se incluyen caprichos inverosímiles, desaseo, problemas alimenticios…hasta el punto de que el monarca escribe a su padre alertando sobre la necesidad de encerrarla.

La extrema importancia de asegurarse cuanto antes una descendencia tampoco puso las cosas fáciles al matrimonio de Luis XV (11 años) con Mariana Victoria de Borbón (4 años), y aunque ella era muy popular en la Corte, resultaba demasiado joven para esta tarea y fue finalmente repudiada y enviada de vuelta.

Un aspecto a destacar, más allá de las excelentes interpretaciones de los niños, es ese Felipe V melancólico y atormentado por los años de guerra que representa Lambert Wilson. Por otra parte, se echa en falta una mayor presencia de una figura como la de Isabel de Farnesio, que era la auténtica mano política de la Corte y la familia real en ese momento y podría haber dado mucho más juego.

Entre los aspectos negativos, no hay mucho que decir, salvo quizás un par de escenas que vuelven a los manidos tópicos de la beatanería y el celo religioso como características exclusivas de la Corte española. En una de estas se habla de invitar a la joven reina a un auto de fe, cuando sabemos que la presencia real en este tipo de actos termina con el propio Felipe V en 1720, antes de los hechos narrados en la película.

Cabe decir que, al igual que existen diferencias entre la novela y el ensayo histórico, las hay entre el documental y el cine histórico, que no aspira a ser un reflejo exacto de la realidad tanto como a transmitir un mensaje que, en este caso, también es el de la novela. Es a menudo inevitable y deseable que los autores se tomen ciertas licencias para hacer un producto más empático e implicante para el espectador. Pese a todo, el resultado es bastante correcto y se nota el esfuerzo por no sacrificar la veracidad histórica en pro del espectáculo, como ocurre a menudo con el cine histórico. En definitiva, consideramos que el resultado es muy recomendable y que puede sentar un precedente interesante para futuros filmes que traten el periodo.

                

 

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