Anne Bonny y Mary Read. Culpables de piratería… ¿nosotras?

Oro, fama, poder, libertad, el ancho mar… ¿os resulta familiar? Pues claro que sí. Piratas.

A lo largo de la historia, numerosas culturas han tenido que lidiar con esta práctica, probablemente tan antigua como la navegación misma; el mismo Julio César tuvo un encuentro bastante inédito con piratas: en su juventud fue tomado como rehén durante un ataque pirata, molesto cuando supo el precio que habían establecido para su rescate, los increpó para que elevaran dicha suma y, tras ser rescatado, buscó y atacó a esos piratas, acabando con todos ellos. Pero no fue hasta el siglo XVII cuando la piratería alcanzó su máximo esplendor, llegándose a llamar el periodo entre 1620 y 1795 como la “Edad de oro de la piratería”.

Si vamos a hablar de piratas, debemos saber separar hechos reales de ese aura romántica y aventurera que rodea a estos personajes históricos. Las leyendas forjadas alrededor de estos “reyes del mar”, de sus inimaginables riquezas enterradas en una remota isla o de sus gloriosas hazañas son, en su mayor parte, exactamente eso, leyendas.

Lo cierto es que el mundo de la piratería ha sido un universo masculino, esto llevó a que existieran algunas mujeres piratas que llegaron a navegar bajo la apariencia de un hombre para así gozar de un estatus y trato más justos.

En esta ocasión, nuestras protagonistas son dos mujeres que llegaron a labrarse un nombre, a saltarse las leyes de su época y a convertirse en la imagen de libertad a la que muchas mujeres de la época aspiraban. Anne Bonny y Mary Read, las dos más famosas piratas conocidas (con el permiso de la reina, la señora Ching Shih, quien merece un artículo completo, y lo tendrá).

Mary Read nació alrededor de 1690 (probablemente en 1685) en Londres, Inglaterra. Su madre estaba casada con un marinero, con quien tuvo un hijo. Poco después, tras la desaparición de su marido en alta mar, tuvo una aventura amorosa, de quien fue fruto nuestra famosa pirata. Coincidió que murió el hijo varón, por lo que, en vez de ocultar a su pequeña hija, su madre comenzó a vestir a Mary de chico para así recibir el apoyo económico que le brindaba la abuela paterna y la herencia de su progenitor. Creció siempre vestida de hombre, bajo el nombre de Mark, y comenzó a trabajar de mozo en casa de una francesa adinerada. Sin embargo, se apartó de esa vida para enrolarse en un barco como marinero.

No mucho después, abandonó dicho barco y se alistó al ejército inglés, con el que llegaría a combatir en Flandes, donde tuvo una sobresaliente actuación. Durante su estancia en el ejército, se enamoró de un soldado, al cual le confesaría su secreto. Su amor fue correspondido, pero la contienda continuó. Al acabar la campaña, Mary confiesa su secreto a sus compañeros de armas, los cuales, tras sus hazañas durante las batallas, toman de buen grado la argucia y acuden a su boda. Con lo recibido de la campaña y los (generosos) obsequios de sus camaradas por su matrimonio, abren una posada llamada “The Three Horseshoes” (las tres herraduras), cerca del castillo de Breda.

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Mary comenzó a vivir públicamente como una mujer, sin embargo, la felicidad sólo les duró unos meses. Su marido murió debido a unas fiebres antes de hacer un año de casados, por lo que tuvo que regresar a su vida en el ejército. Poco duró esta vida, ya que, con la firma de la paz, Mary tuvo que enrolarse (otra vez) en un barco, y siempre con su atuendo de hombre, pero aquí comienza su vida como pirata. En la travesía, el barco es atacado por el famoso pirata, Jack Rackham (Calico Jack) y su compañera, Anne Bonny.

Es necesario hacer un paréntesis para saborear este momento en el que se juntan las vidas de las dos más famosas piratas del Caribe. Veamos qué había llevado a Anne Bonny a aquel barco junto a Jack Rackham.

Anne Bonny nació en Cork, Irlanda, un 8 de marzo sobre 1698 (ese “sobre” es debido a que se barajan diferentes fechas, dependiendo de las fuentes de información escogidas, que son escasas, pero apuntan alrededor de este año). Era hija de William Cormac, un abogado irlandés, y de una criada de su esposa (de nombre Marry). Cuando trascendió el adulterio, su padre tuvo que emigrar a Carolina del Sur junto a su amante. Pronto William consiguió amasar fortuna otra vez, gracias a la explotación de plantaciones. Sin embargo, Marry murió pronto.

Anne creció recibiendo una buena educación y sin que le faltase de nada. No obstante, su carácter era fuerte y su naturaleza, rebelde, lo que desembocó en numerosos enfrentamientos con su padre. En estos años surge una anécdota muy interesante: se afirma que Anne, en su adolescencia, mandó al hospital a un joven que intentó agredirla sexualmente e incluso que asesinó a una sirvienta armada con un cuchillo. Ya el detonante fue cuando su padre buscó un marido para Anne, la cual no estaba dispuesta a resignarse a una vida de reclusión en el hogar.

A la edad de dieciséis años, se enamoró de un pirata, James Bonny, con el que contrajo matrimonio. William se opuso totalmente a la relación de su hija y, pensando en el interés de aquel pirata por su herencia más que por su hija, llegó a desheredarla, por lo que tuvieron que marcharse a las Bahamas, más en concreto, a Nassau (New Providence), el más famoso refugio de piratas. Estando allí, parece ser que su esposo se convirtió en informador de las actividades piratas para el gobernador Woodes Rogers, hecho que no agradó mucho a la joven pelirroja, puesto que la mayor parte de sus amigos allí eran justo eso, piratas.

Debido a su carácter, a sus vulgares modales y a su atractivo, la fama de Anne se esparció rápidamente por la isla. Desencantada con su matrimonio, buscó aventuras amorosas al margen de éste, llegando así a encontrarse con Jack Rackham, quien se convirtió en su amante. No contento con esto, Jack se ofreció incluso a “comprarla” al marido de Anne.

Fue entonces cuando Anne se unió a su tripulación disfrazada de hombre -al igual que había hecho Mary Read- y abandonó a James Bonny. Como pirata, Calico Jack no había obtenido hasta entonces un gran éxito, con la incorporación de Anne a su tripulación, siguieron dando algunos pequeños golpes, pero sin obtener tampoco grandes resultados. Durante este periodo, Anne quedó embarazada. Unos meses más tarde, un aborto espontáneo la sumió en una profunda tristeza, creando un punto de inflexión en su trayectoria pirata para volver a New Providence.

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Es entonces cuando William, consciente de la vida de su mujer, la denunció ante el gobernador, Woodes Rogers, que amenazó con azotarla públicamente. La pareja decidió reunir una tripulación y robar un barco para reanudar su carrera como piratas. Y así fue. En este segundo periodo de piratería, Anne volvió a quedar embarazada, estableciéndose como teoría principal que dicho hijo fue dejado en Cuba al cuidado de unos amigos de Jack, quienes accedieron a cuidarlo. Un tiempo después, ocurría el encuentro entre ambas piratas.

La pareja abordó un barco alemán, donde un joven llamó la atención de Anne. Rápidamente advirtió que en realidad era una mujer, Mary Read. Al principio ambas mujeres quisieron guardar el secreto y establecieron una íntima amistad, sin embargo, ante esta amistad Calico Jack pidió explicaciones, no quedándoles más remedio que sacar a la luz el secreto de Mary. Llegados a este punto las fuentes barajan diversas teorías; unas dicen que Anne y Mary llegaron a enamorarse, otras que aceptaron una relación de tres con Calico Jack, por último, se baraja también la posibilidad de que no pasara nada entre ellas y que Mary se casara con otro marino siguiendo los rituales de la piratería. Sea como fuere, comenzó una época dorada para nuestros piratas, llegando a amasar una gran fortuna.

Se dice que Mary Read guardó el secreto sobre su verdadero sexo hasta que tuvo que enfrentarse en un duelo con otro miembro de la tripulación. Durante el duelo, antes de que su rival disparara, Mary se abrió la camisa, mostrando sus pechos y dejando desconcertado a su rival. Momento que aprovechó para plantarle una bala en la cabeza. Ambas mujeres peleaban igual o mejor que cualquier hombre y acabaron ganándose el respeto de toda la tripulación, destacando la confianza y el apoyo mutuo que se brindaban en cada batalla.

Perseguidos por la justicia, en octubre de 1720, un navío dirigido por el comandante Jonathan Barnet capturó su barco. El abordaje no fue difícil, la mayoría de la tripulación estaba ebria y apenas opuso resistencia. De hecho, la leyenda dice que fueron ambas mujeres las únicas que plantaron una furiosa resistencia, pero fueron capturadas también. La tripulación apresada fue llevada hasta la isla de Jamaica, donde serían juzgados por piratería y condenados a la horca. Sin embargo, Anne y Mary consiguieron evitar la fatídica sentencia con esta frase: “Abogamos por nuestros vientres”. Efectivamente, ambas alegaron estar embarazadas de varios meses, y es que la ley británica prohibía ahorcar a mujeres embarazadas, por lo que fueron recluidas en prisión hasta que dieran a luz.

Debido al estado de Anne, se le permitió a Jack visitarla antes de ser ejecutado. Las últimas palabras que le dirigió la pirata pelirroja fueron las siguientes: “Lamento verte así. Pero si hubieras luchado como un hombre, ahora no tendrían que colgarte como a un perro”.

Jack fue ejecutado y Mary murió en prisión junto a su hijo no nato debido a unas fiebres, probablemente causadas por la falta de higiene y la alimentación insuficiente. Al enterarse Anne, profirió un grito desgarrador.

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Pocas semanas después, sin haber dado a luz, Anne fue puesta en libertad por el gobernador, sin aclararse los motivos de tal libertad. Varias son las versiones existentes sobre este tema: por un lado, se dice que su padre, William Cormac, conociendo la situación de su hija pagó un generoso rescate por ella. Se especula también sobre una muestra de piedad del gobernador o sobre un acuerdo de Jack con las autoridades británicas: una gran suma de su tesoro por la libertad de Anne y de su hijo.

El destino de Anne a partir de aquí es desconocido. Según el Oxford Dictionary of National Biography (2004), fue su padre quien pagó el rescate y logró llevarla de regreso a Charleston. Poco después, dio a luz. En 1721, se volvió a casar con Joseph Burleigh, con quien tuvo ocho hijos. Lo que sí sabemos es que acabó sus días llevando una vida anónima y pacífica en Carolina del Sur. Y con su fin, comenzó la leyenda.

Por último, añadir que la intrépida vida de estas mujeres no ha pasado inadvertida a lo largo de la historia, llegando a aparecer recientemente incluso en videojuegos (Assasin´s Creed Black Flag) o series (Black Sails). Pero las fuentes oficiales sobre Anne Y Mary son escasas.

-Bibliografía:

Cordingly, David: Pirates: Terror on the High Seas – from the Caribbean to the Shouth China Sea 1996

Cordingly, David: Bajo bandera negra. Edhasa, 2005

Carlova, John. “Mistress of the seas”. 1997. Cita del Press

Cordingly, David. “Mujeres en el mar”. 2003. Edhasa

http://www.thewayofthepirates.com/famous-pirates/

 

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