Simón Bolívar: ¿héroe o villano?

Simón Bolívar, héroe o villano, enemigo o amigo. Tiene tantas caras como interpretaciones de los historiadores que lo han tratado. La revolución americana y el triunfo de los independentistas en Venezuela solo iba a ser el comienzo de una lucha encarnizada a lo largo y ancho de todo el continente.

BOLÍVAR EN NUESTROS DÍAS 

Que Simón Bolívar es de esas figuras extrañas contemporáneas que ha trascendido la fría historicidad para ser una etérea leyenda. Podemos observarlo en su tierra natal, Venezuela. Pese a que su nombre directo no sea tan obvio como el de Bolivia, sí que se le llama República Bolivariana de Venezuela. Su constitución tiene el mismo apelativo, y es sólo el principio. También tiene un satélite orbitado con ayuda China, una línea de ordenadores y móviles (“computadoras y celulares bolivarianos”). Como si Simón el Libertador hubiese sabido qué son esas cosas, o le hubiesen servido de algo en su contexto.

Otro indicador es la gigantesca cantidad de monumentos que tiene. Se ha llegado a decir que es el personaje histórico con mayor cantidad de esculturas. Y eso se explicaría porque es una buena forma de entablar relaciones con países latinoamericanos. Incluso en Madrid o Sevilla hay.

Y eso hace que haya un curioso olvido por la historiografía en cuanto a gente como Mariño, Miranda, Piar, (estos dos últimos ya veremos por qué), Sucre, e incluso un poco San Martín. Parece como si no existiesen otros generales que combatieron al ejército español durante esas revoluciones. No sólo eso, se le llega a pintar más moreno, y a menudo se obvia su posición tan acomodada. Como si fuese un héroe proletario en vez de un burgués revolucionario. Y además se obvian sus matanzas, que las tuvo y a menudo absurdas, mientras que se amplían las de Morillo u otros generales españoles. El trabajo de contrarrevolucionario es de los más ingratos.

Claro que también es demasiado cómodo caer en el reduccionismo que decía Marx de él. “canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque, (carta de Marx a Engels de fecha 14-2-1858). La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar. Tampoco en simplemente calificarle de traidor como hacía la historiografía nacionalista española. Evidentemente, es alguien que logra hacer semejante revolución incluso sin el apoyo de muchos compatriotas, que lucharon por el bando contrario. Que pese a fracasar varias veces, mostró ser ante todo un hombre persistente. No por nada supo enmendar, por conveniencia o no, sus errores más graves. Y de derrota en derrota hasta su victoria final. La historia de un hombre que gastó su vida en un sueño, que al final de ella murió solo y arruinado. Héroe y villano, general y carnicero, habilidoso y torpe. Uno de los hombres más interesantes que han pisado la faz de la tierra.

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Cien Bolívares.

BIOGRAFÍA: EL CAMINO DEL HÉROE ESTÁ LLENO DE CADÁVERES

Antes de explicar la vida y milagros de Simón Bolívar, deberíamos repasar la sociedad y el contexto. América del Sur es una enorme región, próspera económicamente aunque pobremente alfabetizada. Ha vivido en paz durante todo el siglo XVIII, salvo puntuales invasiones inglesas fácilmente rechazadas. Tiene una élite culta y con gran sentimiento identitario, los criollos. Hijos de españoles que no se mezclaron, eran los grandes amos del lugar. A excepción de los españoles, que podían ser o altos cargos administrativos, o simplemente andaluces, gallegos o canarios emigrados en busca de fortuna. La economía criolla se basaba en haciendas, que participaban en pequeños mercados regionales. De subsistencia en su mayoría, como las grandes fincas comunales europeas sostenidas por nobles, amén de un patriciado urbano. En la parte baja de la pirámide social encontramos los indígenas, los mestizos, y los que peor parte se llevaban, los pardos. Mestizos de negros y europeos, serían muy relevantes en los hechos a relatar. Pero algo clave será también que la tierra está en manos de unas pocas familias criollas. El latifundio hace de la sociedad más conexa, pero también menos preparada en comparación con el minifundio.

Bolívar nace en 1783, en el seno de una familia acomodada quedando huérfano a los dos años. Su madre se ocupó de él, pero murío siete años después y le mandaron con un abuelo habitualmente ausente. Esto hizo que le criase el servicio el tiempo que no pasaba aprendiendo en la academia. Por mucho que historiadores románticos digan, su infancia fue feliz dentro de lo posible, al menos según su propia correspondencia. Mantuvo una estrecha relación con su profesor de matemáticas, y en la academia fue mejorando progresivamente.

Con dieciséis años su vida da un vuelco, siendo enviado a España por motivos académicos. Allí Bolívar, en 1800, observa un ambiente revolucionario, y mira con gran interés Francia. Esa Francia que luchaba contra sus reyes, y que estaba cambiando el mundo. Pero el amor le distrae de sus observaciones, y se casa con una española, María Teresa Rodríguez del Toro y Ayaza. Pero, esta muere al año de matrimonio por paludismo. Bolívar, desolado, vuelve a viajar a Europa y a instancia de su antiguo profesor de matemáticas, Rodríguez, se imbuye en ambientes revolucionarios. El romanticismo está en auge, heredero de la tormenta francesa. Y tras sus viajes por Italia, en 1805 frente al Monte Sacro, hace un juramento que le condicionará su vida. Liberar a su patria del absolutismo.

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Y sí, esto es común en alguien revolucionario. Una infancia relativamente estable, un gran amor (puede ser marital o fraternal, como en el caso de Lenin) que muere. Esta muerte les hace sumirse de lleno en su causa revolucionaria, en dedicarse en cuerpo y alma a cambiar el mundo. Si Teresa Rodriguez del Toro hubiese sobrevivido y hubiese tenido hijos, quizá Simón no se hubiese dedicado así a la revolución. Y entonces, lo único seguro es que las cosas hubiesen sido distintas, pues no se puede negar su influencia en el intrincado curso de la historia.

El caso es que con la invasión de Napoleón a España, todo se facilitó. Las noticias llegaban, y si ya había algunas voces pro-independencia, estas se multiplicaron. Algunos sabios como Antonio Nariño, gran filósofo, político y militar, habían traducido Los Derechos del Hombre. Y realmente de lo que se hablaba era de las juntas revolucionarias españolas, concretamente de las de Cádiz. Había dos bandos claros, los realistas que querían juntas con mayor autonomía pero reconociendo al rey, y los independentistas. Estos ansiaban cortar todo lazo con la metrópoli, aunque muchos abogaban por un reconocimiento puramente formal de Fernando VII.

Bolívar mientras tanto, iba escalando posiciones, gracias a la amistad con Francisco Miranda, revolucionario de vieja escuela. Este ya había protagonizado insurrecciones militares, fracasadas pero voluntariosas. Y Bolívar ve el caos, donde puede ascender para sus fines, cuando las noticias que llegan de la península son caóticas. Unos dicen de obedecer a los franceses de José I, otros de seguir con lealtad a Fernando VII. En estos se meten Bolívar y Miranda. Así, tras una junta de conservación de derechos de Fernando VII, se proclama la I República de Venezuela en 1811. Pero es más una respuesta caótica a una situación de desorden que algo bien planeado. Bolívar y Miranda viajan a Londres, donde hablan con Wellington, y logran un acuerdo secreto de comercio y amistad entre Venezuela e Inglaterra. El joven empezaba a destacar como diplomático.

Pero entre proclamar la independencia y hacerla hay un trecho. Las rebeliones de los criollos realistas se extienden y Miranda parece incapaz de controlarlo. Un ejemplo es cuando persuade a Bolívar, de nula formación militar que no fuese de salón, a defender Puerto Cabello. Esta plaza clave tenía seiscientos prisioneros realistas, y Simón no les trasladó. Craso error, sobornaron a un oficial, redujeron a la guardia y desde el fuerte San Felipe bombardearon la ciudad. Bolívar escapó a duras penas, con un pueblo entre indiferente y asustado por la guerra.

Después de eso, un terremoto terrible que provocó miles de muertos, afectando especialmente a las ciudades republicanas como Caracas y nada a las monárquicas como Coro, atemorizó a la población. Los sacerdotes realistas denunciaron que era un castigo divino por oponerse al rey, y las masas se echaron encima de los revolucionarios. “Si la naturaleza se nos opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca” clamaba Bolívar. Pero con poca suerte. Domingo Monteverde, el general español, avanza sobre el último bastión, y entonces Simón recibe una oferta.

Junto a tres compañeros, entra sigilosamente en la habitación de su mentor Miranda. Le quitan la pistola, la espada, y en pijama lo apresan. Es enviado a Monteverde, y este responde con un salvoconducto a Bolívar, en el que reza “Por sus servicios prestados a España y al Rey…” El joven revolucionario ha vendido a su antiguo amigo para lograr un salvoconducto al extranjero. No se sabe si fue el miedo o la decepción con Miranda, pero es un acto que muchos le echarían en cara durante el resto de su vida. Si nos guiásemos solo por lo visto hasta ahora, nos parecería un canalla irrelevante en el devenir de América.

Pero, Bolívar demostró algo, es persistencia en sus objetivos y maleabilidad en sus formas. Terco como un elefante, y astuto como un zorro, se fue de Curaçao a Cartagena de Indias. Otro foco revolucionario nacía. Simón empieza con setenta hombres, rogando que le dejasen participar otra vez. Ahora tendrá miles y bajo su mando. Empieza la Campaña Admirable, donde a medida que entrena a sus tropas, en tácticas europeas, vence con pasmosa facilidad a los criollos realistas. Pero el resto de republicanos comienza el periodo conocido como Patria Boba. En vez de preocuparse del temible enemigo, se dedican a discutir por aspectos nimios como himnos, banderas etc. Y mientras tanto desembarca Pablo Morillo, para ayudar a Boves. Bolívar es derrotado con facilidad por Boves, mientras Morillo toma Cartagena de Indias. La Segunda República ha llegado a su rápido y amargo fin. Simón vuelve a huir, si bien esta vez tras proteger a la población, a Jamaica.

Pablo Morillo

En Jamaica, para que nadie diga que Simón no era alguien persistente, escribe la Carta de Jamaica. Es un documento ligero de leer, donde trata que Gran Bretaña y otras potencias se solidaricen con la causa criolla. Y es muy curioso ver la argumentación que expone. En primer lugar afirma que los borbones, a base de promocionar tanto español para administrarles, ha hecho traición al pacto social con los Austrias. En este, los legítimos poseedores de la tierra, los conquistadores, era quienes la gestionaban. Es decir, se considera descendiente de Pizarro, Cortés etcétera. Cosa curiosa en alguien que siempre exhibió un exacerbado odio por los españoles, sobre todo al final de su vida. Aunque luego veremos las causas de esto. Y otra cosa que afirma, que es una lucha contra el absolutismo de Fernando VII. Es decir, reclama una lucha liberal y nacional. El siglo XIX en todo su esplendor.

Pero algo más importante que su propaganda, es que en Jamaica vio a los antiguos esclavos negros, ser ahora revolucionarios. Entendió que sin la población de color, desde indígenas a pardos, no podrían hacer ninguna revolución una minoría de criollos idealistas. Así que para la siguiente constitución, aprobó representación política para las gentes de color. Funcionó, muchos antiguos soldados que luchaban por España decidieron pasarse a un bando donde les diesen representación política. El gran ejemplo es Pablo Piar, hijo de un comerciante holandés y una negra, que fue un destacado general y un ídolo para esa América olvidada por su piel. A partir de ahí las victorias de Bolívar empiezan a ser imparables. Los españoles ven como sus filas desertan, no tienen diplomáticos con los que pactar con otras fuerzas. Y encima con el alzamiento de Riego se quedan sin refuerzos. Aun así aun queda mucha guerra, que será cruenta y larga. Un ejemplo es el manifiesto de Bolívar.

La Guerra a Muerte, la proclamaba el caudillo venezolano en 1813. En ella se procedió a ejecutar a todo español que encontrasen, pues eran enemigos naturales de la revolución. Al parecer solo se escandalizó cuando le trajeron la cabeza de un anciano. Esto fue algo muy torpe a la larga, porque supuso dejar al territorio sin administradores. Por supuesto al margen de los costes humanos, que hicieron que los españoles resistiesen incluso cuando sabían que la campaña estaba perdida. Todo paró cuando Morillo y Bolívar, ambos masones, se dieron un abrazo para detener la guerra de ejecuciones. Esa tierra no debía ser nunca más regada con tanta sangre.

Mientras España estaba carcomiéndose a sí misma durante el reinado de Fernando VII y las revueltas liberales, Bolívar logró el apoyo de ingleses. Tal es así que la Legión Británica tiene muchos de sus apellidos (Ferguson, Smith) grabados en los monumentos a los caídos. Y en muchas batallas fueron una fuerza eficaz. Bolívar demostró haber aprendido mucho en sus exilios, como cuando convenció a los llaneros (grupo de delincuentes y mercenarios) de ayudarle tras pasar noches al raso con ellos. Él no era un señorito cualquiera. En el cruce de los Andes emuló a Napoleón o Aníbal. La leyenda ya era un hecho. El Napoleón de las Américas sería uno de sus apelativos favoritos.

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TRAS LA VICTORIA LA DECEPCIÓN

Bolívar finalmente logra tomar Ecuador, y después el Perú, tierras que no se habían alzado fuertemente contra el Imperio Español. La guerra ha terminado. Pero es en ese momento donde descubre un gran problema. En sus propias palabras “No somos ni indios ni europeos, sino una especie media… ausente del universo, ni virreyes ni arzobispos, nobles sin privilegios ni tradición, no militares sino subalternos. Ni administradores ni comerciantes”. Y es que esos eran españoles y se había encargado de expulsarlos o matarlos durante la guerra. Y encima el pueblo sudamericano no estaba acostumbrado a tomar decisiones. Mientras que la alfabetización y las asambleas de Estados Unidos eran hechos desde el siglo XVIII, la sociedad colonial ya vimos como era. Desigual y frágil como ella sola.

El siguiente problema sería él mismo. Durante su accidentada carrera habia pasado de jacobino a católico reaccionario, de federalista a centralizado, (echaba la culpa de la caída de la Primera República a su falta de fuerza), y encima antidemocrático. Como él mismo dijo en el Manifiesto de Cartagena “nuestros conciudadanos no se hallan en aptitud de ejercer por sí mismos el poder, porque carecen de las virtudes del republicano”. Ni siquiera tenía fe en el pueblo que había querido liberar. Y lo peor, no tenía fe en la democracia ni en la separación de poderes. “Estoy convencido de que América solo puede ser gobernada por un hábil déspota… no podemos permitir que las leyes coarten a nuestros gobernantes”. Al final el propio Fernando VII hubiese estado orgulloso de él.

Añadimos el siguiente problema la mala distribución de la propiedad. En la Venezuela inmediatamente posterior a la guerra la tierra la tenían un 1,1% de criollos. Esto hacía que en las situaciones caóticas que se venían dando hiciese aflorar un problema, el caudillismo. Todo terrateniente contrataba un grupo de llaneros, veteranos o simplemente gente desocupada y daba un golpe de estado con relativa facilidad. Y casi toda la población estaba a expensas de los abusos de los terratenientes, a diferencia de EEUU donde eran una sociedad de pequeños propietarios. Y aquí tiene mucho que ver el concepto latifundista español del régimen colonial.

Por último el asunto de la desigualdad racial. Hablábamos antes del encantador Manuel Piar. Pues bien, en cuanto Bolívar se hartó de Piar, en 1817 le detuvo, juzgó y fusiló. Su delito era haber conspirado contra las castas criollas. Como si Piar hubiese querido o podido. Y desde luego nunca estuvo ni remotamente interesado en hacerles llevar sus derechos a los indígenas. La regla de que el que votaba tenía que saber escribir y leer, ya era muy excluyente.

 

Así que su sueño, La Gran Colombia, se acabó cuando se escindió Venezuela y luego Quito hizo lo propio. Jose Antonio Paez, antiguo amigo, se hizo dictador de su región. Bolívar observaba como el proclamarse dictador no le hizo gracia a los suyos. Nadie quería servir a “Simón I de las Américas” como le reprochaba la junta. Sus decretos eran altamente reaccionarios. Prohibición de leer autores liberales, prohibición de casarse con españoles…A nadie le gustaba eso.Y entonces hizo, un año antes de morir, tras haber sufrido atentados contra su vida, una horrible pero cierta predicción:

“He mandado 20 años y no he sacado más que pocos resultados ciertos:

1º La América es ingobernable.

2º El que sirve a una revolución ara en el mar.

3º La única cosa que se podrá hacer en América es emigrar.

4º Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después ser pasto de tiranuelos de toda raza y color.

5º Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos ni se dignarán a conquistarnos.

6º Si fuese posible que alguna región del mundo volviese al caos primitivo, esa sería América.”

Así pues, Simón Bolívar es el canto de cisne de una generación que muere en 1830. Antiguos luchadores por la libertad, comparables a sus homólogos peninsulares, han muerto. O en todo caso han vivido lo suficiente para convertirse en reaccionarios como Páez, Bolívar, etc. Una generación que murió con su sueño en ruinas, tras veinte años de revoluciones. Decía un antiguo profesor mío que las revoluciones las ideaban los soñadores, las hacían los pragmáticos y se aprovechaban de ella los tiranos. Simón Bolívar fue soñador, pragmático y tirano a la vez. Seguramente sea muy difícil de juzgar, desde cualquier óptica. Pero queda claro que tanto los que le ponen como un traidor (¿acaso lo es G. Washington?) como los que hablan de un nuevo mesías se equivocan. Seguramente sea, con sus virtudes y sus defectos, un hombre. Y como tal la historia debe observarle.

BIBLIOGRAFÍA

LYNCH, JOHN. 2006: “Simón Bolívar. A Life”, Verlag: Yale University Press, O. Mai, 
MADARIAGA, SALVADOR DE: 1986: “Simón Bolívar”. Zürich, Manesse-Verl.,
MARX, KARL. S/F: Bolívar y Ponte: Apuntes biográficos sobre Simón Bolívar

 

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