El asedio del Alcázar de Toledo

En 1936, España se encaminaba a una Guerra Civil fratricida que desolaría todo el país. Uno de los primeros enfrentamientos fue en Toledo, donde las fuerzas republicanas pusieron sitio al alcázar de la ciudad donde estaban atrincheradas las fuerzas rebeldes.

Para comprender esta historia debemos remontarnos al famoso 18 de julio de 1936, en el que una parte del ejército español se subleva en contra del Gobierno republicano, iniciándose un golpe de estado que desembocará en apenas unas horas en una cruenta guerra civil de la que todavía hay heridas abiertas.

Como de todos es sabido el golpe fracasa y obliga a los españoles a escoger entre un bando u otro… Uno basado en los valores de la libertad, la igualdad y la democracia, y el contrario basado en la fe católica más extrema, los ideales de la patria y la unión frente al conocido como “Terror Rojo”. Es decir, el combate entre las dos Españas que ya había vaticinado Antonio Machado en su famoso poema que dice así:

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

La ciudad de Toledo se mantuvo fiel a la República, pese a contar con la Academia de Infantería, conocida por ser la cuna de la carrera militar de algunos de los protagonistas de la Guerra Civil, como Francisco Franco Bahamonde y Vicente Rojo Lluch por parte del bando republicano, ambos reputados estrategas militares. El fracaso del golpe de Estado provoca que un contingente de 1.028 soldados liderados por el coronel José Moscardó, y a los que hay que sumar sus respectivas familias queden literalmente solos en un lugar muy lejano de los principales bastiones sublevados. El coronel Moscardó decidió al más puro estilo del Sitio de Baler, fortificar el Alcázar y convertirlo en una fortaleza capaz de aguantar hasta la llegada del ejército regular que en esos momentos se encontraba cruzando el estrecho de Gibraltar, es decir, a priori la situación no pintaba bien para Moscardó y los suyos.

El ejercito republicano tomo una decisión fatal que favorecería a Moscardó, dicha decisión fue no darle la suficiente importancia. Como sabemos Toledo es una ciudad pequeña que se encuentra a unos 70 kilómetros de Madrid, que por aquel entonces era el bastión principal del Gobierno republicano, por lo que pensaban que un grupo tan reducido de soldados no resultaban una amenaza a tener en cuenta. Dicha decisión en el momento parece adecuada ya que el Gobierno republicano tiene problemas más graves, como controlar las revueltas en ciudades como Córdoba, Sevilla y Oviedo y la búsqueda de aliados en el marco internacional.

A todo esto, debemos sumar que no enviaron soldados, si no que dejaron el asedio en manos de milicianos, es decir, civiles armados sin apenas instrucción militar, aunque a lo largo del asedio se concentraran un total de 5.500 milicianos, junto con varias piezas de artillería y 3 tanquetas.

Durante el 18 de julio se produjeron los primeros enfrentamientos entre ambos bandos, iniciados al negarse el coronel Moscardó a entregar las reservas de munición al gobierno de Madrid. Moscardó al verse sobrecogido por el número de milicianos ordena la retirada al recién fortificado Alcázar, comienza el asedio.

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El capitán Vela Hidalgo lee la Declaración del Estado de Guerra dentro del Alcázar.

A los pocos días surgió el primer problema importante, las reservas de comida y agua no eran suficientes para mantener a los soldados y a sus familias, lo que obligó a Moscardó a decidir entre expulsar a las familias para poder resistir durante más meses, o aceptar que se quedasen aun a costa de perder un valioso tiempo hasta la tan ansiada llegada del ejercito sublevado, finalmente se decidió que las familias permanecerían junto a los soldados. Esta decisión fue ensalzada por el bando franquista por la idealizada respuesta al más puro estilo “todos o ninguno”, aunque parece ser que Moscardó tomó esa decisión debido a que, si hubiera decidido expulsar a las familias, los soldados se hubieran amotinado y por tanto el asedio hubiera fracasado.

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El General José Villaba Riquelme en 1935

Fuera del Alcázar la situación no era mucho mejor, los milicianos habían intentado realizar ya varios asaltos a la fortaleza, pero habían sido repelidos por los asediados. Por lo cual el mando del asedio pasa al General José Villalba Riquelme, un reputado militar republicano que trae consigo numerosas piezas de artillería y 3 tanquetas. La llegada del General Riquelme a la ciudad provoca que la opinión pública vea en el Asedio del Alcázar una lucha encarnizada entre las dos ideologías enfrentadas en la Guerra Civil.

Los problemas no cesaban para el coronel Moscardó, y el 23 de julio se le informa mediante una llamada de que su hijo Luis ha sido detenido por las milicias republicanas y se le amenaza con fusilarle si no rinde el Alcázar. Según fuentes sublevadas la conversación fue tal que así:

Jefe de milicias: Son ustedes los responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo fusilaré a su hijo Luis que lo tengo aquí a mi lado.

Coronel Moscardó: ¡Lo creo!

Jefe de milicias: Y para que veas que es verdad, ahora se pone al aparato.

Luis Moscardó Guzmán: ¡Papá!

Coronel Moscardó: ¿Qué hay, hijo mío?

Luis Moscardó Guzmán: Nada, que dicen que me van a fusilar si el Alcázar no se rinde, pero no te preocupes por mí.

Coronel Moscardó: Si es cierto encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!

Luis Moscardó Guzmán: ¡Adiós, papá, un beso muy fuerte!

Vuelve a coger el aparato el jefe de milicias.

Coronel Moscardó: Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, el Alcázar no se rendirá jamás.

Podemos apreciar el tono patriótico, religioso y familiar de la conversación, valores que ensalzaba el bando franquista a lo largo de la guerra, se llegó a comparar al coronel Moscardó con la figura de Guzmán “El Bueno”, que durante el Asedio de Tarifa en 1294 lanzó un cuchillo a los musulmanes que tenían cautivo a su hijo para evitar caer en la tentación de rendir la plaza. Muchas otras fuentes directamente niegan la existencia de tal conversación, pero lo que si es cierto con seguridad es que Luis Moscardó fue apresado por las milicias y enviado a la Prisión Provincial, en la que moriría tras una “saca”, es decir, un fusilamiento de prisioneros como otros tantos que por desgracia vivió España en estos turbulentos años.

Muy probablemente la conversación sea falsa y se distribuyó para ensalzar la devoción de los nacionales por su causa. Es exceso de heroicidad delata a la conversación, ya que no debemos dejar de pensar que es la última conversación entre un padre y un hijo.

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Teléfono a través del cual se cree que se efectuó dicha conversación, expuesto en el despacho del coronel Moscardó en el Alcázar.

Los días pasaban y el ejército sublevado avanzaba peligrosamente hasta Madrid, por lo cual el Gobierno republicano tuvo que cambiar de estrategia varias veces en los siguientes meses, utilizando asalto con tanques, minas subterráneas con el objetivo de volar por los aires el Alcázar, pero dicho plan no pudo llevarse a cabo por la falta de dinamita, aunque se consiguió destruir una de las cuatro torres, también se utilizó cargas masivas de hombres con bayonetas, pero todas fracasaron.

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Estado de la fachada sur del Alcázar tras un ataque con dinamita.

Finalmente, el 9 de septiembre, el ejército republicano envió al comandante Rojo al Alcázar para negociar con el coronel Moscardó una posible rendición. El coronel la rechazó, pero pidió un sacerdote para bautizar a dos niños nacidos durante el asedio y también para dar misa, nuevamente observamos los valores tradicionales característicos del bando sublevado.

Un canónigo magistral de Madrid con ideas de izquierdas, entró en el Alcázar la mañana del 11 de septiembre y confesó a los sitiados. Esa tarde, Rojo habló con Moscardó acerca de una posible evacuación de las mujeres y los niños. Las mujeres contestaron que no querían rendirse y que estaban dispuestas a empuñar las armas para defender el Alcázar, pese a la heroicidad de este mensaje debemos recordar que las mujeres se encontrarían indefensas y sin fuentes de alimento una vez que salieran del Alcázar, por tanto, a lo mejor dicho mensaje de heroicidad estaba camuflado en unas vanas esperanzas de sobrevivir una vez fuera de la plaza.

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Milicianos anarquistas observando el Asedio del Alcázar en septiembre de 1936.

Finalmente, el ejército franquista se encontraba a las puertas de Madrid cuando dicen las fuentes sublevadas que le llegó un mensaje al General Francisco Franco, informándole del estado de los sitiados, este ordeno la movilización del ejército a Toledo para la liberación del contingente de Moscardó. ¿Por qué Franco cambio el rumbo del ejército a una ciudad sin importancia estratégica teniendo la capital de España al alcance de la mano? Muchos historiadores defienden que Franco necesitaba prestigio para convertirse en el líder indiscutible del bando sublevado, debemos recordar que rivalizaba con el General Mola por el liderazgo del bando nacional, y una liberación “heroica” y muy filmada sería un impulso muy importante en la carrera por el mando de los sublevados.

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El General Francisco Franco se dirige a sus tropas tras la liberación del Alcázar.

El contingente republicano que se encontraba asediando el Alcázar se retiró a Madrid tras la noticia de la llegada de la columna del ejército nacional. El asedio finalizó el 27 de septiembre tras 2 meses de duros combates.

Las bajas de el bando nacional ascienden hasta 48 muertos y 438 heridos, mientras que el número de bajas republicanas es desconocido, aunque se piensa que fueron numerosas ya que el propio bando republicano llegó a destruir las actas del asedio. Pero todavía quedaban por delante 3 años de guerra y desolación que aún provoca tristeza en el corazón de los españoles.

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Estado del Alcázar al finalizar la Guerra Civil.

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