Westerplatte: la Primera Batalla de la Segunda Guerra Mundial

Día 1 de Septiembre del año 1939 a las 4:48, hoy hace 78 años. El buque acorazado alemán SMS Schleswig-Holstein en el puerto de la Ciudad Libre de Danzig (Gdansk en polaco), junto con fuerzas de asalto que desembarcan, inicia el que fue el primer ataque de la Primera Batalla de la Segunda Guerra Mundial sobre la estación naval de tránsito fortificada de Westerplatte.

Este acto que más tarde será descrito con amplitud constituyó el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Tras el cual, las democracias occidentales abandonaron su antigua postura anti beligerante para evitar, no solo la anexión alemana de Danzig, sino a su vez la total conquista de Polonia como ocurrió con Checoslovaquia poco tiempo antes.

Pero toda guerra tiene sus raíces y esta invasión no carece de ellas, raíces por las que nos llegamos a remontar a siglos atrás.

Precedentes

teutones 1410
La presencia alemana en el este del mar Báltico y sobre todo en la zona de Prusia, se remonta a principios del s.XIV, cuando la Orden Teutónica dio inicio a las Cruzadas Bálticas para cristianizar la región. A partir de ese momento, aparte de los propios caballeros de origen alemán, que implantaron su propio estado feudal, comenzó una gran migración de comerciantes germanos que pronto se hicieron dueños de todo negocio de importancia. En zonas como Estonia nunca llegaron a superar el 10% de la población, aun controlándola. Mientras en zonas como Prusia, aparte de una migración mucho más alta, tras siglos y numerosas revueltas se llego a germanizar a la población haciendo indistinta la etnia prusiana y alemana. Es por ello que ciudades como Danzig eran de etnia y habla mayoritariamente alemanas, independientemente de que tras la caída de la orden perteneciesen al Reino de Polonia como la “Prusia Real”, pero esto cambiaría.

En el año 1772 la Mancomunidad polaco-lituana entró en crisis por un cúmulo de infortunios y se alzaron las revueltas y alzamientos en el lugar.
Las potencias decidieron aprovechar ese momento de debilidad para “pacificar” la región a cambio de un pago que sellaría el destino de la decadente nación. La Partición Polaca de 1772 y las siguientes en 1793 y 1795 no fueron sino la confirmación de la destrucción del estado para beneficio ajeno. Entre los territorios que Prusia anexó en la primera partición se encontraba todo el corredor de Pomerania con Danzig y la Prusia Real y más tarde gran parte de la misma Polonia. Aumentando entonces la migración alemana.

Incluso durante la Primera Guerra Mundial fueron los propios alemanes quienes, tras conquistarle al Imperio Ruso el Ducado de Polonia, crearon un estado polaco vasallo, confirmando así la influencia y supremacía alemana en la zona, la cual consideraban histórica y natural.
VersallesPero la guerra finalmente acabó con resultado adverso a los Imperios Centrales. El Tratado de Versalles fue considerado en toda Alemania como un insulto, no fueron ni los iniciadores de la guerra ni tan siquiera se llegó a penetrar en su territorio y se les trató como si se hubiese tomado el mismo Berlín. Entre otras penalidades, el tratado de Brest-Litovsk firmado con Rusia quedó sin validez, quitándole a Alemania todas las tierras conquistadas al feneciente Imperio de Oriente; a su vez se creó un nuevo Estado Polaco, 123 años tras su desaparición, pero nutriéndose este de territorio alemán. Por el Tratado de Versalles se les arrebató en beneficio polaco partes de Silesia, la ciudad de Poznan o más importante, el Corredor de Pomerania, separando así Prusia Oriental del resto de Alemania. Más tarde se consiguió que los ciudadanos alemanes de Prusia Oriental pudiesen cruzar en tren el corredor sin necesidad de numerosos papeleos, pero prohibiéndoseles bajarse en el trayecto.

Todos estos cambios territoriales no se cometieron pacíficamente, entre 1918 y 1922 se llevó a cabo toda una guerra entre los dos estados representados por grupos paramilitares que apoyaban a sus respectivas naciones por los territorios limítrofes con mayorías bien alemanas, bien polacas. Arreglándose finalmente con varios referendos en las zonas en litigio.
Uno de los territorios correspondientes al Corredor de Pomerania era Danzig, al que la Sociedad de Naciones confirió el estatus de Ciudad Libre, no perteneciendo ni a Alemania ni a Polonia, pero teniendo importantes concesiones y privilegios los habitantes de origen polaco y siendo a efectos prácticos su protectorado. Había un problema claro, una mayoría alemana muy descontenta con el devenir de los acontecimientos.

Esta pérdida de territorios le confirió a muchas de las gentes de Alemania cierto sentimiento irredentista, que más tarde sería representado vivamente en doctrinas más extremistas con el pangermanismo.

Tras la Gran Guerra, acabada en 1918 con la abdicación del Kaiser alemán Wilhelm II, un país arruinado con una deuda abismal y la pérdida de muchos de sus territorios, se fraguó el partido nacional socialista obrero alemán. Un partido minoritario que, entre otros aspectos, abogaba por un nacionalismo extremista y clamaba venganza ante la humillación recibida por parte de los aliados. Adolf Hitler no fundó el partido, sino que se unió más tarde, mientras que este fue fundado por su mentor, el político Anton Dexler, tras la guerra. Pero Hitler era alguien carismático y con un excelente don del discurso, por lo que consiguió llegar hasta el liderazgo del partido, intentando incluso llegar al poder mediante un golpe frustrado en Múnich en 1923, por el que acabó en la cárcel.

El partido nunca obtuvo mayoría absoluta en las elecciones a las que se presentó, pero sus grupos paramilitares, tales como las SA o las SS realmente causaron pavor en sus opositores, que rápidamente recibían su visita. Aunque finalmente consiguió ganar unas elecciones y, más tarde, hacerse con el poder al prescindir de la República de Weimar.

Las doctrinas que más caracterizaron al nazismo y a hitler fueron el Pangermanismo, la unión de alemanes y el Lebensraum, el espacio vital. Siendo el primero razón por la que la propia Austria, igualmente desmembrada en la guerra, fue absorbida en el año 1938.

Fue por este pangermanismo que el régimen adoptó medidas para criminalizar a los estados con grandes minorías alemanas en frontera y de esta forma anexarlos. Este mismo fue el caso de Checoslovaquia, a la que se acusó de acosar y perseguir a los alemanes que residían allí. Cosa que se “solucionó” en el Acuerdo de Múnich en 1938 por el que los gobiernos de Francia, Inglaterra, Alemania e Italia, sin representación de Checoslovaquia, acordaron la cesión a Alemania de la región fronteriza checoslovaca de los Sudetes. Región altamente fortificada que suponía el garante de la independencia checoslovaca como defensa infranqueable.

 

Alemania antes de la 2GM
“Gran Alemania” antes de la Segunda Guerra Mundial

Tras su cesión, el estado no tuvo defensas a las que acudir en caso de guerra y pronto fue totalmente absorbido por Alemania, para ignominia de unos países democráticos que se quedaron observando mientras esto ocurría al igual que hicieron en la Guerra Civil Española.

 

Danzig

La mayor parte de las cesiones territoriales dadas a Polonia tras la Gran Guerra se fundamentaron en una mayoría étnica polaca de quienes ahí residían. Aunque no era el caso de Danzig, con una gran mayoría alemana. Pero esta ciudad no fue anexada por Polonia, sino que se le confirió el estatus de Ciudad Libre bajo la protección de la Sociedad de Naciones y Polonia. Y a su vez era Polonia la que dirigía la administración local y controlaba las aduanas portuarias desde la estación naval de tránsito de Westerplatte, poseía el uso exclusivo de los ferrocarriles e igualmente era Polonia quien la defendía militarmente.
Danzig
La población local desde un principio fue contraria al cambio territorial expuesto en el Tratado de Versalles. Era lógico, un estado pedía la ciudad por su acceso al mar y otra por su población, siendo en el año 1918 de un total de 353.000 alemanes y 12.000 polacos; mientras que con el acoso de los germano-parlantes en menos de cinco años el número de polacos se redujo a 1.108, aunque siendo alrededor del 30% de su población de credo católico, fruto de la influencia polaca . Y al igual que llegó a pasar con la Austria de entre-guerras, el nazismo fue filtrándose rápidamente en el lugar. Desde 1933 ya podían observarse grupos paramilitares nazis como las SS Heimweher Danzig desfilando por la ciudad con el respectivo acoso a la población polaca.
En muchas ocasiones el senado nazi de Danzig se quejó a Varsovia a cerca de su intervencionismo, aplicando cambios para que la policía portuaria fuese solo de Danzig haciendo caso omiso al Tratado de Versalles, algo equivalente sólo tener componentes SS, no con un cuerpo mixto polaco-alemán como hasta entonces. Este cambio motivó al gobierno polaco a iniciar reformas en la vecina península de Westerplatte.

Esta península servía, como bien se dice, de estación aduanera portuaria además de como una especie de polvorín polaco. En ella habían construidos varios cuarteles junto con almacenes de municiones y pólvora. Antes de los incidentes ocurridos en la ciudad, la península carecía apenas de fortificaciones ni terrenos protegidos en caso de ataque, pero tras estos, el gobierno reaccionó.

Fueron dos los principales cambios resultantes:
Primero, el envió de un batallón de marines polacos a la península como guarnición de la misma, ascendiendo entonces el número de soldados de 88 a 210, algo prohibido en el Tratado de Versalles.
Segundo, el secreto refuerzo con hormigón de los edificios del lugar como los cuarteles junto con la creación y refuerzo de diferentes nidos de ametralladoras y diversas fortificaciones en el lugar para protegerse y facilitar el ángulo de tiro.
Aun con la fortificación a la que fue sometida la península, esta era nimia, pues quedó a mitad. El gobierno polaco tenía intención de convertirla en una verdadera plaza fuerte pero la guerra estalló demasiado pronto.

Movimientos previos alemanes

Desde el final de la Primera Guerra Mundial, Alemania tuvo fuertes reclamaciones en el que llamaban “Corredor Polaco”, pero estas se acrecentaron aun más a partir de las victorias electorales nacionalsocialistas.
Fue el 24 de octubre de 1938 cuando tras haberse elevado enormemente la tensión entre ambos estados, el alemán le hizo una exigencia al polaco en forma de ultimátum. Este consistía en la cesión territorial de la Ciudad Libre de Danzig junto con la creación de una vía de tren y una carretera de propiedad extraterritorial alemana para el uso de los germanos a ambos lados del corredor. El gobierno polaco aceptó la creación de la carretera, pero se negó a conceder al estado alemán ningún cambio territorial o de soberanía bien por cláusulas de extraterritoriedad o por la cesión de la Ciudad Libre. La cuenta atrás comenzó en ese mismo momento.

Como solía ser habitual, Hitler realizaba discursos irredentistas acerca de Danzig y acusaba al gobierno polaco de maltrato a los alemanes. Pero estos argumentos no persuadieron a nadie, al contrario, Inglaterra y Francia acabaron dándose cuenta de que las reclamaciones alemanas jamás acabarían y que era necesario pararle los pies. Se propuso a Polonia una alianza con las democracias occidentales junto con la USRS, pero esta la rechazó, lo que empujó a la URSS a replantearse su posición y alinearse con los Alemanes en el Pacto Molotov-Ribentrop en el que se veía un pacto de no agresión entre ambos, con una cláusula secreta para invadir Polonia. Pero sí admitiendo Polonia una alianza con ambos estados sin el soviético.

El día 31 de agosto Hitler llevó a cabo la acción que mostraría como casus belli para declarar la guerra. Los ejércitos del Tercer Reich ya comenzaban a posicionarse en la frontera, pero la acción debía realizarse rápido si no se quería que sus “maniobras” fuesen descubiertas. Por ello en ese día se destacó a un grupo de SS especialmente entrenados para realizar la que se llamó Operación Himler. Estos SS, conocedores del idioma polaco, asaltaron adrede la estación de radio alemana de Gleiwitz, fronteriza con Polonia y retransmitieron un mensaje en polaco que tuvo alcance nacional alentando a todos los polacos en Alemania a tomar las armas contra los nazis, puesto que Polonia ya estaba atacando. Para hacerlo más realista dejaron varios cuerpos de presos con uniformes polacos en el lugar.
Nadie tomó las armas ni nadie no alemán se creyó la treta, pero ante los ojos de sus compatriotas, Hitler ya estaba autorizado plenamente a atacar.

Pero, ¿Cómo debía realizarse el ataque?

partición 1939
Resultado del Fall Weiss alemán

Todo estaba preparado y dispuesto por el Oberkommando de la Wehrmacht según el “Fall Weiss” o Caso Blanco dirigido por el comandante en jefe Gerd von Rundstedt. Plan diseñado para invadir Polonia según una novedosa táctica que iban a probar en esta guerra con gran éxito, la Blitzkrieg, enviando avanzadillas de unidades blindadas que sobrepasasen a las tropas enemigas creando grandes bolsas que serían fulminadas por la infantería. El Fall Weiss en pocas palabras contemplaba un ataque a tres frentes, dos secundarios, uno por el sur, en Eslovaquia y otro en el norte, desde Prusia Oriental, y uno principal por el oeste, sin atravesar las zonas comprometidas para los soviéticos.

Uno de los puntos principales y que se concebía como la razón de la guerra era Danzig, y por ello mismo se prepararon dispositivos especiales para su toma, que se quiso fuese rápidamente celebrada. La principal medida para el asalto fue el envío del acorazado Schleswig-Holstein, veterano navío que ya incluso combatió en la Batalla de Jutlandia  secretamente cargado con 225 infantes de marina que asaltarían la fortaleza para tomarla junto con la ayuda terrestre de 1275 SS locales, el acorazado Schlesien y dos torpederas. Es irónico pensar que esta pequeña flotilla estaba oficialmente en Danzig como visita de buena voluntad.

 

La Batalla

La guarnición polaca estaba comandada por el Mayor Henryk Sucharski, el cual, al ver el día 25 de agosto la conveniente visita de paz de sus vecinos, decidió tomar cartas en el asunto. Durante la noche y en secreto, la guarnición de Westerplatte trabajaba sin descanso para fortificar con mayor cantidad de hormigón todos los edificios y defensas del lugar, plantar minas, alambre de espino e imposibilitar al máximo el acceso de un posible asaltante.
Los polacos contaban con dos puntos a favor convergentes en uno que marcarían el desarrollo de la contienda:
– Oficialmente, y en los informes alemanes, en la guarnición de Westerplatte sólo se encontraban 88 hombres y no los 210 actuales.
– Los asaltantes no tenían ni idea de que la península había sido fortificada.

Esta falta de información alemana fue común durante toda la guerra. Con ataques impetuosos y heroicos, pero sin apenas información del lugar donde uno va, subestimando al enemigo y más tarde cosechando las consecuencias de la ignorancia.

Plano batalla
Situación de Westerplatte durante la batalla

El mando general alemán estaba dirigido por el Capitán del navío Gustav Kleikamp , mientras que los 1500 SS estaban bajo las órdenes del General de la policía de Danzig, Friedrich Eberhardt .
El acorazado Schleswig-Holstein estaba situado al sur-este de la península, junto a la ciudad de Danzig, no preparada sino ansiosa para el advenimiento. En él iban los 225 infantes de marina dirigidos por el teniente Wilhelm Henningsen que durante la madrugada desembarcaron y se posicionaron en la entrada de la península a la espera de órdenes.

 

Reconstrucción muro perimetral-puerta del ferrocarril para entrar
Reconstrucción de los muros de Westerplatte

Fue a las 4:48 y no más tarde, como se había planeado, cuando se inició la batalla y la guerra. El acorazado disparó sus primeros proyectiles al antiguo puesto de guardia alemán “Schupo” en el sudeste para a su vez destruir el muro que perimetraba la entrada. Incendiando también varios almacenes de petroleo que emitían una enorme humareda. Tras el breve bombardeo y el informe de Sucharski en su mensaje “S.O.S: Estoy bajo fuego enemigo” a la guarnición de la península de Hel, comenzó el asalto.

Eran los infantes de marina dirigidos por el teniente Henningsen ordenados en tres escuadrones junto con unos zapadores que se encargaron de volar la entrada a la estación de ferrocarril. Pero este ataque fue exitosamente frenado por el nido de ametralladoras polaco “Prom” (transbordador en polaco, al estar junto a la central eléctrica); contra-atacando tras ello a los alemanes tras el asalto y retirándose estos alrededor de las 06:22. A cambio de muy pocas bajas polacas, se llegaron a infligir alrededor de medio centenar de bajas a los marinos, para que tras ello los polacos destruyesen con sus baterías los nidos de ametralladoras alemanes al otro lado del canal.

S-H bombardeando
El SMS Schleswig-Holstein durante el bombardeo

Tras este muy exitoso contra-ataque, los mandos alemanes se dieron cuenta de la peligrosidad del nido de ametralladoras Prom, acercándose el Schleswig-Holstein al mismo y disparando a bocajarro el número de casi 900 proyectiles, inhabilitándolo prácticamente, no sin antes sufrir daños el propio navío. Los alemanes también inhabilitaron con sus torpederas las defensas de la estación.
A las 8:55 los infantes de marina junto con un refuerzo de 60 SS dieron un nuevo asalto, pero nuevamente fueron rechazados con 82 bajas en total incluyendo al propio Henningsen.

La entrada fue defendida con éxito y se repelió a los asaltantes, pero saldándose con la total pérdida de las defensas de la misma, fue por ello que los polacos decidieron aplicar una retirada táctica cortando alrededor de la península donde poseían la mayor parte de sus edificaciones fortificadas además de contar con la cobertura del nido de ametralladoras “Fort” (Fuerte).
Durante la tarde siguieron varios asaltos más de infantería enemiga a la que a las 17:25 se sumaron dos oleadas de bombardeo de unos 47 Stukas aportados por la Luftwaffe para el sitio

El segundo día la artillería alemana no solo continuo con su incesante ataque, sino que fue reforzada contando además con la ayuda de 60 Stukas para bombardear las posiciones enemigas, lo que acabó significando la casi total devastación de la península.

Barracones
Barracones polacos tras la batalla

El tercer día de la contienda la situación no cambió mucho; nuevos asaltos con una indiscutible resistencia por parte polaca aun bajo un bombardeo artillero constante, que se repitió igualmente el cuarto y quinto día. Las costas del norte fueron nuevamente atacadas con las torpederas y el nido de ametralladoras Fort fue bombardeado con los navíos Schleswig-Holstein y Schlesien. A su vez fueron enviadas tropas desde Prusia Oriental para reforzar los asaltos con lanzallamas y para colmo, la comida caliente se acabó para los sitiados, que tendrían que aguantar con enlatado.

El sexto día la guarnición polaca estaba altamente desmoralizada por la situación, siendo todos los sitiados conscientes de que no había ninguna ayuda en camino, solo esperando el momento más adecuado para rendir la plaza. A las 03:00 los alemanes enviaron desde la estación de ferrocarril un vagón de tren ardiendo cargado con combustible que intentaron precipitar contra los depósitos de petroleo de la península, fallando en el intento hasta dos veces. Estos intentos de rendir a la guarnición no solo erraron, sino que incendiaron parte del bosque dando a los polacos un campo de tiro perfecto con el que rechazaron con mayor soltura si cabe los asaltos germanos.

El séptimo y último día la munición polaca comenzó a escasear y los alemanes poco a poco comenzaban a ganar terreno a los defensores gracias a la artillería y los refuerzos a los asaltantes, ahora mejor equipados. Fue a las 09:45 cuando el Mayor Sucharski, de acuerdo con todos sus subordinados, alzó la bandera blanca, rindiéndose la península a las 11:00.

 

Sucharski rindiéndose a Eberhardt
Sucharski rindiéndose a Eberhardt
Westerplatte, hissen der Reichskriegsflagge
Izamiento de la bandera alemana

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El resultado de la batalla fue de un total de entre 200 y 300 bajas por parte alemana y 15 muertos con medio centenar de heridos por parte polaca. La, ahora presa, guarnición polaca salió de Westerplatte mientras los soldados alemanes se cuadraban ante ellos en reconocimiento de su heroicidad, a la par el Mayor Sucharski era recibido por el General Friedrich Eberhardt que le saludó y permitió que conservase su sable de oficial.

Es irónico si se piensa que esta batalla estaba pensada para ser un golpe de mano de pocas horas de duración. Iba a ser la metáfora del advenimiento alemán sobre Polonia, rápido y despiadado. El propio Hitler desplazó al lugar a todo un equipo de grabación para proporcionar imágenes y propaganda belicista y victoriosa a todo el pueblo alemán por la recuperación de la irredenta ciudad. Pero no solo no fue así, sino que el lugar resistió tenazmente a los alemanes lo suficiente como para frenar cuerpos enteros dedicados a la ofensiva general y para conseguir que los sitiados saliesen del lugar siendo los héroes del conocido como “Verdún polaco”
Polonia no tardaría en caer, un país militarmente débil y atrasado flanqueado por los dos mejores y/o mayores ejércitos del momento, nada diferente se podía esperar. Los alemanes acabaron perdiendo la guerra por fallos similares a los de Westerplatte: Exceso de confianza, más pasión que raciocinio, menosprecio del enemigo y un exceso artillero que acaba dificultando el propio ataque.
Y fue en Westerplatte donde se demostró que sus soldados, tan temidos por todos en su época, no eran inmortales.

Cementerio de los soldados de Westerplatte
Cementerio de los combatientes polacos de Westerplatte con Sucharski en el centro

 

 

Bibliografía:

Steven J. Zaloga. (2007). La invasión de Polonia: Blitzkrieg. España: Osprey Publishing.
Juan Vázquez García. (2010). La invasión de Polonia: el inicio de la Segunda Guerra Mundial. España: Galland Books.

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