El Raj Británico de la India, la joya de la corona.

Tras el caos posterior al desmembramiento de la autoridad mogola, la India se convirtió en una región colonial en potencia para los principales imperios europeos. Sus riquezas y posibilidades eran innumerables, por lo que muchas compañías comerciales con patrocinio real, especialmente la francesa y la inglesa, lucharon por imponer su hegemonía en el subcontinente. Con un largo recorrido, la India pasó a ser la joya de la corona británica y todo su entramado imperial. Fue bajo este dominio exógeno cuando, debido a diferentes influencias y tensiones internas, el nacionalismo indio (ya fuese en sus vertientes musulmana o hindú) vivió el desarrollo conceptual que lo llevaría a convertirse en una lucha por la autodeterminación a partir de la rebelión de los cipayos, un movimiento se prolongaría casi noventa años, hasta su independencia final a mediados del siglo XX.

Debido a la importancia que tuvo la acción británica en este período, se le da una preponderancia a los europeos que antes no se les ha otorgado para entender mejor su relación con la India a partir del siglo XVII, aunque siempre intentando mantener en el centro del foco a los hechos autóctonos.Este artículo supone el punto final al pequeño repaso realizado a la historia de la India, precedido por un primer texto alrededor de la sociedad antigua y medieval y una crónica de los principales hechos ocurridos en la época inmediatamente anterior a la de este artículo, la India bajo el reinado de los mogoles.

Antecedentes (1600-1757)

Cuando los ingleses llegaron a la India a inicios del siglo XVII, esta ya se encontraba bajo la hegemonía comercial marítima de holandeses y portugueses (bajo el gobierno de los Austrias en aquellos momentos), quienes recibieron a los nuevos competidores hostilmente. En 1600 se fundó bajo privilegio real la Compañía Inglesa de las Indias Orientales (EIC),  una sociedad anónima de accionistas decisiva para el futuro de la India, inspirada en el modelo comercial de los holandeses, con el objetivo de acceder al provechoso mercado especiero. El modelo de sociedad anónima, en el que los diferentes comerciantes y accionistas la financiaban en conjunto y compartían los riesgos, resulto ser una formula exitosa. A pesar de los conflictos iniciales con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) y los comerciantes portugueses, los ingleses prevalecieron gracias a sus habilidades en el combate naval y en la diplomacia, estableciendo relaciones de amistad con el emperador mogol Jahangir. En 1612, tras derrotar a una flota portuguesa, fundaron la primera factoría inglesa de la India en el puerto de Surat, y en 1618 recibieron privilegios comerciales por parte de los mogoles a cambio de proteger los intereses del emperador frente a las otras potencias europeas. Sobre esta base de factorías y sin oposición de los locales, la Compañía pudo expandirse en el comercio indio con facilidad en los años venideros.

Sir Thomas Roe fue el primer embajador ingles en la India, visitando la corte mogola para pedir licencias de comercio en la costa. En la imagen se le ve representado junto al emperador Jahangir y otros miembros de la corte.

Tras la muerte del emperador Aurengzeb, el último gran mogol, el imperio empezó a externalizar su decadencia interna, que venía produciéndose desde décadas antes, por lo que su disolución progresiva en nuevas entidades políticas menores facilitó la entrada de los ingleses al interior. La amenaza al puerto de Surat era considerable, por lo que la Compañía se vio obligada a trasladar su base de operaciones y establecer fortalezas para evitar nuevamente ataques. Para el año 1700, la Compañía había obtenido nuevas posiciones en el litoral oriental del subcontinente: Madrás, Bombay y Calcuta. Estas fortalezas se convirtieron en verdaderos bastiones comerciales, donde se reunían tanto mercaderes indios como británicos a realizar sus operaciones. La extensión de los privilegios a Bengala, región que se convertiría en el centro del poder de la Compañía, por parte del emperador mogol en 1717 supuso un nuevo estimulo para el comercio británico en el subcontinente. En este período, las relaciones entre los europeos y los indios fue decisiva, interviniendo los primeros en los conflictos internos entre los rajás y príncipes indios para ganarse su favor y establecer su influencia en el interior del continente. La última oposición al monopolio comercial por parte de los británicos era representada por los franceses, centrados en Pondicherry, al sur de la India. La Guerra de Sucesión Austriaca y la Guerra de los Siete Años dieron lugar a un enfrentamiento directo entre Francia y Gran Bretaña por el dominio colonial, que se saldó con la victoria británica como líder indiscutible en el comercio europeo de la India.

El ascenso de la Compañía de las Indias Orientales -EIC-(1757-1798)

Las intervenciones en la política india interna por parte de los europeos y el conflicto con los franceses convergieron y culminaron en 1757 con la batalla de Plassey, donde el general Robert Clive derrotó a una coalición franco-hindú a pesar de la enorme inferioridad numérica. En ella, los modernos cuadros de infantería británicos se mostraron eficaces y disciplinados al lado de la masa de tropas indias, desorganizada y huidiza. A pesar de su prestigio, Clive fue más bien un ambicioso soldado de fortuna, y tras la victoria fue nombrado gobernador de Calcuta, con lo que se le abrieron las puertas de la rica región de Bengala, en la que los mercaderes británicos entraron y se inicio un periodo de saqueo y corrupción a espuertas. Esto fue una violación de los permisos concedidos por los mogoles, ya que sus privilegios se limitaban al comercio exterior y no permitían la entrada de los negocios británicos al interior de Bengala. Con el nawab mogol (término persa equivalente a virrey o gobernante provincial, utilizado en el sistema provincial mogol. Se refiere a los gobernadores exclusivamente musulmanes de los diferentes estados indios subyugados por el Imperio mogol, quienes acabaron patrimonializando estos territorios e independizándose en forma de pequeños reyezuelos) de Bengala convertido en un títere la Compañía, esta pudo crecer peligrosamente y lograr unos beneficios exorbitantes, que la convirtieron en la compañía comercial más exitosa de la India. La amenaza británica unió al emperador mogol con varios de sus desleales y autónomos vasallos, pero fueron derrotados en la batalla de Buxar en 1764, lo que convirtió a la Compañía en la señora indiscutible de Bengala y la prospera desembocadura del Ganges.

En la batalla de Plassey, las disciplinadas columnas de casacas rojas y cipayos dirigidas por Robert Clive vencieron fácilmente al heterogéneo ejército franco-indio, que sufrió de sediciones e indisciplina. Las puertas de la India habían quedado abiertas para la EIC.

La solución al conflicto del que los británicos eran claros vencedores fue curiosa. Clive, como máxima autoridad en Calcuta, llegó a un acuerdo con el emperador mogol. En él la Compañía recibía el diwani, o derecho a recaudar las rentas del emperador a cambio de un porcentaje, de lo que se encargaron funcionarios británicos en colaboración con los burócratas locales, creando una situación de gobierno doble, tanto bajo la soberanía mogola como la de la propia Compañía, ahora vasalla teórica del emperador mogol al modo de los rajás y los nawab. La explotación de Bengala solo aumento la decadencia burócrata y fiscal de la Compañía, que el propio Clive incentivo, corrupta casi en su totalidad. Esto provocó que el Parlamento británico decidiera tomar cartas en el asunto para aumentar el control sobre la desbocada Compañía, primero exigiendo pagos anuales a cambio de mantener el privilegio real de monopolio a partir de 1767, pero el gasto de la entidad no tardo en sobrepasarla: esta retribución al estado se sumó a la corrupción del funcionariado y a las propias necesidades de mantenimiento interno, lo que en total sumaba unas pérdidas de 1,7 millones de libras para 1772, año en que entró en bancarrota. Robert Clive, acusado de corrupción y sufriendo una profunda depresión junto a su adicción al opio, acabó suicidándose.

La Compañía pidió subsidios para enfrentarse a su situación financiera, por lo que al año siguiente el Parlamento aprobó una ayuda de 1,4 millones de libras a cambio de una mayor participación del estado británico en los asuntos de la Compañía, lo cual se formalizó con la Ley de la India de 1784, promulgada por William Pitt el Joven. Se suprimió la capitalidad tripartita de Bombay, Madrás y Calcuta, estableciendo al gobernador de la Compañía en esta última para centralizar su dispersa gestión bajo la supervisión del Parlamento. También se quiso impedir su libertad para declarar la guerra a los estados indios, pero la llegada de una serie de gobernadores expansionistas como Hastings, Cornwallis y Wellesley, impidió esto e inicio el periodo de consolidación y conquista militar de la compañía.

Los primeros gobernadores de la India iniciaron un proceso de centralización y estabilización del gobierno de la Compañía en la India. Dispusieron la capital en Calcuta, que se convirtió de facto en la de la India británica.  Entre estos cabe a destacar a Warren Hastings, quien fue el primer gobernador general de la Compañía, y busco imponer orden a la desorganizada Compañía y erradicar su corrupción para hacerla rentable, por ejemplo eliminando a los recaudadores indios del sistema fiscal. A pesar de ello, en sus casi diez años de gobierno la mayoría de sus proyectos fueron paralizados por conflictos intestinos entre los funcionarios británicos. Logró defender con éxito el dominio de la Compañía frente a las potencias indias que habían arrebatado la hegemonía de la India a los mogoles en aquel momento, los marathas y Mysore, y la consolidó como potencia a tener en cuenta en el panorama político indostánico, hasta el punto de que se le considera el fundador de la India británica como tal, convirtiendo a la Compañía en algo semejante a un estado soberano. El Imperio Maratha fue una poderosa monarquía confederada que surgió de un grupo de rebeldes hinduistas del Decán a finales del siglo XVII, levantamiento provocado por los abusos del emperador mogol Aurengzeb, fundamentalista musulmán, contra la población hindú. Mysore era un reino del sur de la India gobernado por sultanes musulmanes, que tuvo su apogeo en la segunda mitad del siglo XVIII bajo el reinado de Tipu Sultán. Ambas entidades fueron importantes obstáculos para la expansión inicial de los británicos.

La capitalidad de Calcuta como centro del poder británico en la India se hizo notar en gran parte de su arquitectura. Actualmente el centro histórico de la ciudad muestra decenas de ejemplos de su antiguo pasado, como pueden ser los inmensos palacios donde habitaban los funcionarios y personas relacionadas con el sistema administrativo colonial.

Finalmente, presionado por sus enemigos dentro de la Compañía, dimitió en 1785 bajo la acusación de mala gestión. Lord Charles Cornwallis, veterano general de la Guerra de Independencia Americana, fue el sucesor de Hastings al frente de la gestión en Calcuta. Acabó por sustituir a todos los cargos de alto nivel de origen indio por empleados británicos de la Compañía, que tras las reformas de su predecesor se habían convertido un cuerpo burocrático eficaz y respetado.

La India bajo el imperio de los accionistas (1798-1857)

Lord Richard Wellesley, hermano mayor del duque de Wellington, tomó posesión del cargo de gobernador general en 1798. A pesar de que hasta entonces los británicos solo eran un vecino más, su llegada trastocó el equilibrio de poderes en la India e inicio el periodo de supremacía de la Compañía. Este carácter  militarista y expansivo al que giró el gobierno no era tanto producto de su propia personalidad, más bien era fruto del conflicto revolucionario y las Guerras Napoleónicas en las que Europa se encontraba inmersa en estos años, y que había cuajado en Gran Bretaña con una nueva visión imperial respecto al resto del mundo.  A estas alturas, el nuevo gobernador contaba con una importante maquinaría militar y financiera, con la que podía superar a cualquier rival que se encontrase en la India.

Wellesley derrotó en 1799 a Tipu Sultán, gobernante de Mysore, con lo que se hizo con el dominio del sur de la península indostánica, mientras que, de manera gradual, añadió diferentes territorios marathas de la Compañía, firmó el Tratado de Bassein en 1802, con lo que el peshwa maratha quedaba bajo tutela británica, y tomó Delhi en 1803, la simbólica capital de los mogoles (a pesar de que la Compañía era formalmente vasalla del emperador mogol). La expansión territorial continuó con los sucesores de Wellesley al frente de la Compañía, ya fuese por la vía militar directa, como ocurrió con las anexiones de Gujarat y Maharastra, o por la vía del denominado “fiscalismo militar”, en el que los diversos príncipes indios, controlados por los británicos y solo dedicados al gasto y la vida opulenta, entraban en bancarrota tras endeudarse a financieros británicos y debían ceder tierras y posesiones a la Compañía como pago, tal y como termino ocurriendo con los estados de Arcot, Awadh y Hyderabad.

Los británicos, aunque habían mostrado en teoría desinterés en el dominio de la India, justificaron este proceso como una serie de acciones individuales para arreglar el desgobierno y la anarquía provocada por los decadentes príncipes y nawabs, que en gran parte era producto de la influencia británica en las diversas cortes indias. A pesar de ciertos casos de oposición local, la mayoría de ellos cedieron el gobierno de sus reinos y se retiraron de la política activa, permaneciendo aún como protegidos de la Compañía, pero encerrados en sus palacios sin papel alguno más que de catalizador social ocasional con la población nativa. Con la derrota definitiva de los diferentes líderes marathas que componían la confederación en 1818,  la supremacía británica en el subcontinente era incontestable, y el mantenimiento de estos gobernantes menores tendió a limitarse a regiones agrestes y áridas, poco productivas, lo cual era más rentable que establecer el aparato administrativo de la Compañía allí, con los gastos que ello acarreaba. A pesar del coste del crecimiento territorial.

Los agentes de la EIC, actuando como asesores y prestamistas de la corte, dominaban de manera velada a los príncipes indios que todavía reinaban en la mitad del continente, por lo que en la práctica los británicos controlaban todo el subcontinente.

Esta expansión trajo consigo transformaciones económicas y comerciales, tanto a la India como al incipiente imperio británico. La Compañía no solo sobrevivía de rentas e impuestos, los ingresos mercantiles eran el otro gran pilar de la economía de la sociedad comercial.  Con estos nuevos territorios productores, el mercado en la metrópoli se fue abasteciendo de productos indios, cada vez más abundantes, y China se convirtió en un lugar fundamental en la exportación británica de algodón y opio, este último de contrabando indirecto a través de terceros. Esto permitió a Gran Bretaña prescindir de la entrega de metales preciosos en las descapitalizantes transacciones con China y se pudo intercambiar con mayor rentabilidad y sencillez para obtener elementos muy demandados, como el té chino, azúcar o chocolate entre otros. El equilibrio comercial entre la India y Gran Bretaña empezó a desequilibrar la balanza, favoreciendo a los europeos. A pesar de ello los mercados europeos eran muy fluctuantes: repetidas caídas de los mercados, en 1827 y 1847, y una larga depresión económica como consecuencia de políticas deflacionarias llevaron a la Compañía a la bancarrota en varias ocasiones.

La Revolución Industrial trajo un crecimiento del sector mercantil británico, cuya iniciativa privada individualizada empezó a envidiar el monopolio comercial  de la Compañía. Las continuas guerras contra Francia y el ambiente de inestabilidad en la Europa post-napoleónica había hecho que estos buscasen nuevos y ricos mercados en el exterior, por lo que empezaron a presionar al estado. El gobierno británico eliminó el monopolio de la Compañía sobre la India en 1813 y sobre China en 1833, con lo que la entrada en escena de competidores comerciales trajo la gradual decadencia de la entidad comercial. Otro golpe fue el regreso a la práctica de reclutar funcionarios indios para la administración de la India, al decretarse que no podían ser discriminados por motivos raciales. La opinión pública británica era cada vez más contraria a la gestión carente de control de la Compañía, y, en virtud de la ley reguladora con la que contaba el gobierno británico, este renovó los estatutos de la empresa. Esta se convirtió en administradora temporal de la India hasta que el Parlamento diese con un modelo más eficaz de gobierno colonial, hecho que se precipitó en 1857.

Con la derrota de los marathas y el sultán de Mysore, los sijs y su efímero pero poderoso estado del Punjab fueron la única entidad india que todavía se mantenía insumisa ante el avance británico. La dos sangrientas guerras que llevaron a su conquista final fueron logradas gracias a las tácticas y la superioridad de fuego de la EIC, pero los sijs probaron ser guerreros cuerpo a cuerpo sin igual en combate con sus características espadas, siendo integrados a partir de entonces en las fuerzas armadas británicas como tropa de élite.

A pesar de que algunos problemas estructurales eran cada vez más patentes, la llegada de Lord Dalhousie como gobernador general en 1848 inicio el momento de mayor poder de la Compañía en la India. Dos terceras partes de la India se gobernaban directamente desde Calcuta y la restante mantenía a los príncipes restantes en sus respectivos tronos, aunque gobernados indirectamente por la administración extranjera. Entre sus reformas más destacables se cuentan la modernización de la India: situó los primeros trazos del entramado ferroviario indio, estableció un sistema postal accesible a todo el mundo, subvencionó a las escuelas y planificó la creación de instituciones universitarias. A pesar de estos éxitos administrativos, el expansionismo británico cada vez era más visto como un exceso de confianza, una cuestión de gloria personal y una búsqueda de fortuna, especialmente tras la conquista del reino sij del Punjab, producida ese mismo año. El control sobre los gobernantes indios era cada vez mayor, y Dalhousie logró incluso que el gobernador general decidiese sobre la sucesión de estos en el trono. Gracias a ello, se impidió que los príncipes sin hijos pudiesen adoptar (una costumbre india muy arraigada), por lo que al morir sin descendencia su respectivo estado pasaba a formar parte de la jurisdicción británica. El revuelo que provocó esta medida fue considerable entre la aristocracia india, y a la larga resultó ser muy cara para la Compañía.

El Raj Británico: el Imperio de la India (1857-1885)

La tensión entre el gobierno colonial y los gobernados era cada vez más insostenible, principalmente debido al programa reformador de corte occidental y el control sobre la nobleza india que promulgaba Dalhousie. Además la administración de la Compañía, a pesar de volver a recibir indios entre sus filas, mostraba poca comprensión y tolerancia hacia estos, lo cual aumento la distancia entre ambos grupos. El excesivo uso de cipayos para guerras lejanas, por ejemplo en las campañas contra Birmania, los cambios estructurales de la sociedad tradicional con las innovaciones occidentales y la decisión de disponer que el cargo de emperador mogol se extinguiera a la muerte de Bahadur Shah, el último de ellos, cuando desde sus inicios la Compañía era considerada vasalla de este, fueron acrecentando la furia de los indios locales. Finalmente, el hecho que acabó con la paciencia de los indios, tanto de los hinduistas como de los musulmanes, fue la cuestión de los cartuchos utilizados para los fusiles Enfield de la Compañía. Estos debían morderse para poder verter la pólvora en el fusil, y existía la sospecha de que para facilitar la apertura estos estaban recubiertos con grasa de cerdo, alimento prohibido en el Islam, y de vaca, animal sagrado en el Hinduismo. La desconfianza y el sentimiento de traición eran considerables entre las tropas locales. Con todo, Dalhousie abandonó el cargo de gobernador en 1856, habiendo dejado una situación que no tardaría en estallar.

El Motín de los Cipayos fue uno de los episodios más dramáticos de la historia de la India, así como uno de los más recordados por el posterior nacionalismo. La población civil se vio muy afectada, ya que ambos bandos asesinaron a miles de personas ya fuesen de origen europeo o nativos, por lo que la repercusión de estos hechos fue constante en las tensiones posteriores entre indios y británicos.

El 10 de Mayo de 1857 se produjo un motín militar cerca de Delhi ante la detención de varios cipayos al negarse a morder los cartuchos engrasados del nuevo fusil Enfield 1853, que requería abrirlos con la boca y suponía ingerir grasa de cerdo y de vaca, algo inadmisible tanto para musulmanes como para hindúes. Más compañeros se unieron, tomaron las armas, asesinaron a los británicos de la zona y marcharon a Delhi con el objetivo de restaurar en el poder al emperador mogol. La rebelión se expandió por entre el resto de cipayos de amplias regiones del norte y el centro de la India y transcurrió un año entero hasta que los británicos pudieron pacificar completamente el territorio. Individuos de diversas clases sociales se unieron a la revuelta, desde nobles hasta campesinos, motivados por diferentes razones contra el dominio de la Compañía. No fue un levantamiento unificado, sino que estuvo compuesto por varios grupos liderados por personajes influyentes de la sociedad india, y tuvieron diferentes características y desarrollos a lo largo de la rebelión: en las regiones de anexión británica más recientes este tomó el cariz de movimiento popular en apoyo de los cipayos y de su antigua independencia, mientras que en provincias bajo dominio de la Compañía desde hacía tiempo las clases altas indias, favorecidas por esta, se mantuvieron leales. La lealtad de la mayoría de los nobles y los terratenientes a los británicos fue en gran parte la causa de la derrota de los rebeldes. La represión de las tropas de la Compañía fue brutal a pesar de los intentos de impedir los excesos de violencia por parte del gobernador Lord Canning, sucesor de Dalhousie. A pesar de todo, la Compañía había perdido todo sentido de existencia para el gobierno británico. El 2 de Agosto de 1858 se aprobó la Ley de Gobierno de la India: toda autoridad sobre la región se transfería al gobierno directo de la corona, y la Compañía solo acabó siendo una sombra empobrecida de lo que fue, solamente dedicada al comercio de té y otros productos, hasta su definitiva disolución el primer día del año 1874.

Los británicos se convencieron de que había que cambiar la política con respecto a los indios. Había que respetar a las tradiciones y la religión de estos para mantener el dominio británico sobre el subcontinente. Tras el traspaso de la gestión de la India a la corona británica, esta llevó a cabo una profunda reforma. El ejército de la Compañía fue traspasado al británico, y este, dividido en tres secciones siguiendo las antiguas jurisdicciones de Bengala, Bombay y Madrás, se reformó. El motín se produjo entre los cipayos del ejército de Bengala, por lo que este tuvo grandes cambios, eliminando el componente original de indios de las provincias centrales y bengalíes a cambio de soldados de otras castas y etnias, como sijs, gurkhas de Nepal y punjabis. La crisis financiera que había dejado la Compañía obligó a realizar reformas para liberar la economía de la India en general, abrirla al comercio mundial tras años de cerrazón y proteccionismo bajo los emperadores mogoles y modernizar la economía. La base tradicional de esta estaba en la fiscalidad sobre la tierra, por lo que introducir ingresos comerciales a través de tarifas y aduanas la dinamizaría, además de la posibilidad de importar y exportar recursos de manera continua.

La primera acuñación de rupias de la reina Victoria como emperatriz de la India. Este hecho marca la culminación de la injerencia británica en la India, que se convierte en una colonia de hecho del imperio gobernado por un virrey y no en un territorio bajo un simple control económico de influencia indirecta a través de compañías comerciales.

Para evitar de nuevo la incomunicación entre británicos e indios, se incentivó un mayor contacto mutuo. La reina Victoria asumió en su persona la titularidad del gobierno de la India en un régimen personal que los indios aceptaron mejor, imitando a la figura del emperador Akbar y su intención de ser aceptado por todos sus súbditos y gobernar según sus intereses. El culmen de este personalismo se alcanzó con la adopción del título de Emperatriz de la India en 1877. Se estableció un ministerio en Inglaterra para gestionar los asuntos indios con la supervisión continuada y directa del Parlamento, lo que mejoró la administración. Los gobernadores de la Compañía se reconvirtieron en virreyes, reforzando sus lazos con la monarquía británica, y se favoreció la participación india en el Consejo de la India, donde se establecieron asientos adicionales que se reservaban a representantes que no fueran funcionarios británicos, como aristócratas y grandes terratenientes, siendo el principio de una mayor integración de los indios. A pesar de las intenciones, muchas de estas políticas integradoras quedaron a medias y solo dieron estabilidad inmediata al Imperio, pero que a la larga no daría consistencia política a este. Se revisaron las propiedades agrícolas tras los cambios producidos por el Motín, intentado realizar un reparto equitativo debido a la importancia central de la tierra en la vida de los indios. Por último, se intentó conciliar la cultura tradicional de la India con las políticas centralizadoras británicas para evitar un conflicto similar al ocurrido, intentando no ofender a los sectores más reaccionarios de la sociedad local, por lo que la intervención se redujo lo mínimo posible y no forzar a la occidentalización. Esto en parte tuvo problemas para el propio desarrollo de la India, que había perdido de alguna manera la tutela británica en aspectos como la cultura o la industria, por lo que se dio cierto atraso y estancamiento, mientras que en otros asuntos la iniciativa británica continuó, por ejemplo en la mejora de infraestructuras, tal y como se ve en un trazado ferroviario que muchos países europeos contemporáneos envidiarían, o del sistema agrario.

William Gladstone, primer ministro liberal que dominó la política inglesa en la segunda mitad del siglo XIX junto a su rival, el conservador Disraeli. Sus innovadoras ideas revolucionaron la gestión y mejoraron la infraestructura de la India, pero también llevaron al reforzamiento de un sentimiento nacionalista. Bajo su gobierno, la colonia de la India llegó a su máxima extensión y esplendor.

El gobierno de la India y su política en los años que siguieron al Motín fue en armonía con el sector que triunfaba en la política inglesa en cada momento. La preponderancia de Gladstone entre 1868 y 1886 permitió la introducción de ideas liberales en la gestión del dominio indio, concentrándose en la adaptación a un sistema de gobiernos autónomos y locales bajo el auspicio del virrey Lord Ripon, lo cual podría haber cambiado la naturaleza de las relaciones coloniales. Pero quiso disponer medidas demasiado radicales para el Parlamento, como que los jueces indios pudiesen juzgar en sus distritos a europeos residentes, por lo que fue frenado en algunos de estos aspectos.

La India también tuvo un importante papel estratégico en su etapa como dominio directo de la corona dentro de la política internacional, especialmente fundamental bajo el paréntesis a los gobiernos liberales que supuso el gobierno del conservador Disraeli, entre 1874 y 1880. Con una agresiva política exterior hacia la imperialista Rusia, la cual había intentado dominar a los cercanos afganos infructuosamente, por lo que se atacó a los rusos desde las posiciones indias a través de las esas mismas belicosas tribus, en lucha por mantener su independencia contra los rusos. Posteriormente, estas quedarían integradas en la órbita colonial británica, interesada también en expandirse por Asia. Esta carrera imperialista llevó a una expansión con avances por zonas periféricas como el Tíbet, destacándose la anexión de Birmania en 1885 a los territorios de la India británica. Más grande y fuerte que nunca, los británicos se habían hechos señores indiscutibles de la península indostánica, pero a pesar de esta imagen de poder que quisieron mostrar al mundo a través de este dominio colonial, pronto se mostró que no sería tan sencillo de mantener.

El espíritu de la India, que con el tiempo iría adquiriendo el carácter de un movimiento nacionalista de masas, bicéfalo debido a sus dos comunidades religiosas, estaba en plena ebullición bajo esta administración colonial, y estallaría a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

Conclusiones

Aunque los historiadores de la India han realizado acercamientos desde diferentes puntos de vista a esta región tan inmensa y poblada, su tradición, su riqueza y su diversidad hacen que las perspectivas sean casi innumerables. Quizás disponer la lente desde el enfoque británico pueda ser un ejercicio euro-centrista, también ayuda a observar algunos detalles sobre la propia Europa y su desarrollo que quizás no se podrían ver lejos del mundo colonial. La India, de alguna manera, fue un campo de experimentación para la administración británica, como América lo fue a su manera en su momento. Durante este periodo de dominio colonial, el funcionariado británico en la India se perfeccionó hasta límites que las administraciones europeas o propiamente indias ni se acercaban a alcanzar, los catastros y los censos eran cada vez más elaborados, con una precisión y definición considerable para luego ser aplicados en Europa, el comercio asiático masificado en recursos tanto para la importación como para la exportación a partir de la Revolución Industrial se dio principalmente en la India británica y algunas de las innovaciones del momento como los sistemas ferroviarios o los sistemas de telégrafos vivieron un desarrollo sin precedentes.

A pesar de ello, no hay que obviar los puntos negativos, especialmente las perjudiciales para la población autóctona, y que provocaron los momentos de inflexión más importantes para Gran Bretaña en la India, desde el Motín de los cipayos hasta el que desembocó en la propia independencia y la consiguiente partición de la India y Pakistán (a su vez dividida de nuevo con la creación de Bangladesh en el Pakistán oriental) en 1947.

Bibliografía

Metcalf, Bárbara y Metcalf, Thomas: Historia de la India, Akal, Madrid, 2014.

SarDesai, R.D.: La historia definitiva, Belacqva, Barcelona, 2008.

Spear, Percival: Historia de la India II, Fondo de Cultura Económica, México D. F, 2001.

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