Gabinete Relámpago: el gobierno de 24 horas durante la monarquía isabelina

La inestabilidad política del siglo XIX en España, cuando tenía lugar tercer gobierno del general Ramón María Narváez y durante el definitivo reinado de Isabel II, nos dejó situaciones cuanto menos curiosas. Uno de estos efímeros periodos es el conocido como el “Gobierno-relámpago”.

Las pugnas de poder entre absolutistas y liberales y, dentro de estos, entre los liberales moderados y los progresistas, rama más exaltada del ala liberal, causaban que hubiera dimisiones masivas parlamentarias y derrocamientos continuos de gobiernos, los cuales muchas veces caían tras un golpe de estado o una sublevación militar. Por lo tanto, militares como Espartero, Narváez, Leopoldo O´Donnell o Juan Prim, tuvieron una suma importancia pues, tras los levantamientos armados, solían formar un nuevo gobierno, situándose ellos al frente de los mismos.

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General Ramón María Narváez, I duque de Valencia.

Sucede entonces, durante el tercer gobierno de Narváez, que había sido el más longevo del liberalismo español hasta el momento, la tarde del 18 de octubre de 1849, que el general dimite junto a todo su equipo de gobierno por razones que aún no llegamos a conocer y comprender en su totalidad. No obstante, el nuevo gobierno que se forma, encomendado a Serafín María de Sotto, III Conde de Cleonard, no pasaría de ser una simple anécdota del periodo isabelino sino fuera por la enorme cantidad de material historiográfico que nos ha dejado en las innumerables publicaciones y panfletos periodísticos de la época.

La reacción política y propagandística que causó la instauración gubernamental del conde de Cleonard fue tan violenta, que este fastuoso gobierno presentaría su dimisión ante la reina Isabel II la noche siguiente a su formación, el 19 de octubre, regresando el poder a Narváez, quien formaría de nuevo otro gabinete. Según los datos más exactos, el “Gobierno-relámpago”, había durado solamente veintisiete horas. Sin embargo, otras fuentes informan que su duración fue menor, comprendiendo su vida entre veinte y catorce horas.

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Serafín María de Sotto, III conde de Cleonard.

La imprevista dimisión de Narváez, cuando su gobierno gozaba de un éxito y poder indudable, solo se podría comprender si esta fuera causada por una conspiración, ya que el general no era del agrado de la reina madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Por otro lado, la versión más extendida es que los directores de la intriga fueron don Francisco de Asís, el padre Fulgencio, confesor del rey consorte, y Sor Patrocinio, una monja que tenía una fama notable debido a que se decía que estaba estigmatizada. Sin duda alguna, la influencia de estos personajes en la corte había sido bastante exagerada por la prensa y los detractores del nuevo gobierno, que relacionaban a Cleonard con sor Patrocinio por la relación que la religiosa tenía con la hermana de este.

Es posible que los religiosos aconsejaran a la reina Isabel II, aun inexperta en labores gubernamentales debido a que solo contaba con 19 años de edad, sobre la necesidad de formar un gobierno neocatólico y de corte absolutista, pero es evidente que esta quería obrar en su beneficio sin ser manipulada por la monja y por el padre Fulgencio, tal y como dicta la opinión pública.

Carmen Llorca nos da una versión distinta en la que la influencia sobre la reina la ejerce el marqués de Bedmar, junto con Francisco de Asís, quien instó a Isabel II que podía exonerar a Narváez en el momento que ella lo desease, enviándole una misiva al general durante la tarde del 18 de octubre pidiendo la dimisión de su gobierno.

Después de encargarle la formación de un gabinete, Cleonard asumió la presidencia y se reservó la cartera de Guerra para sí, entregando la de Estado a Cea de Bermúdez, Gracia y Justicia a José Manresa, Hacienda a Vicente Armesto, Gobernación y Comercio a Trinidad Balboa y la de Marina a José María Bustillo. Según la versión general de la prensa este gobierno era de corte totalmente absolutista y su presidente tenía inclinaciones católicas que rozaban el fanatismo, pese a que en la lista encontramos nombres como el de Cea de Bermúdez.

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Retrato de una joven Isabel II, reina de España.

La noticia se extendió la mañana del 19 de octubre en todos los medios de Madrid, donde fue recibida con asombro, tornándose rápidamente en una reacción en contra de la opinión pública. Las autoridades civiles y militares dimitieron en masa y la mayoría de publicaciones, excepto las de carácter absolutista, se descargaron su descontento contra el ministerio.

Debido a todas estas dimisiones, la reina María Cristina acudió a palacio para instar a su hija la necesidad de destituir a Cleonard y de rehabilitar en el cargo a Ramón María Narváez, quien esa misma noche sería llamado por Isabel II, para que volviera al poder y que no castigara a nadie “pues la culpa de esos sucesos era totalmente de la joven reina”. Sin embargo, Narváez apreso al padre Fulgencio, destituyó al secretario de la reina y mandó a sor Patrocinio a Badajoz.

Esta curiosa anécdota plasma la inestabilidad política de la época y la influencia de los intereses de los diferentes grupos de poder sobre la Casa Real, los cuales actúan en su total beneficio. Esta vez, la conspiración se gestó íntegramente en palacio, aunque es difícil saber con certeza si fue una iniciativa propia de la reina o si las personas anteriormente mencionadas fueron la que instigaron los actos de esta en todo momento. No obstante, este capricho de Isabel II fracasó súbitamente y no hizo más que acentuar la evidente crisis que se sufría en Palacio.

Reacciones de la prensa

Como bien sabemos, todo el reinado isabelino fue un periodo en el que proliferaron y surgieron un gran numero de publicaciones, periódicos y panfletos propagandísticos a nivel local, regional y nacional, que podían tener desde un origen palaciego y promonárquico hasta publicaciones de una única página que un intelectual podía imprimir en su propia casa.

Los amigos de Archivos de la Historia, hemos tenido el privilegio de poder acceder al Archivo de la Villa situado en la ciudad de Madrid, el cual cuenta con una rica hemeroteca y en el que hemos podido analizar periódicos contemporáneos a los sucesos y contrastar la información que en ellos se daba, totalmente influida por su ideología. Junto con la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional, hemos seleccionado tres publicaciones.

El primero de ellos es el diario El Católico, publicación de índole carlista y que trataba temas religiosos, sociales, científicos y literarios. El número correspondiente a los días 20 y 21 de octubre del año 1849, hacen referencia a dicho suceso. Como en el resto de publicaciones, lo primero que destaca en sus lineas es la sorpresa e incertidumbre que ha causado en la población la dimisión de Narváez, haciendo a su vez referencia a la información que ofrecen diarios como El País o El Heraldo, que analizaremos a continuación. Sus reporteros se muestran cautos a la hora de señalar los motivos que han causado estos hechos, pues aun solo circulaban rumores, y niegan la participación de los religiosos anteriormente mencionados en la trama.

El Heraldo, cuya ideología es partidaria del ala liberal moderada y que favorece totalmente a Narváez, reacciona en su número del 20 de octubre con la misma incredulidad que el resto de publicaciones. No obstante, este da unos tintes trágicos a la caída del gabinete, pues exagera el éxito y los logros del gobierno de Narváez. Manifiesta que esto supone un retroceso en todos los ámbitos de la nación española, señala a sor Patrocinio, Francisco de Asís y al padre Fulgencio como posibles instigadores de la reina y menciona las deserciones masivas de autoridades civiles y militares que se produjeron.

El último periódico que hemos analizado es La Nación, de carácter liberal progresista. Al igual que El Católico, estos se muestran mucho más cautos a la hora de señalar los motivos y culpables de la dimisión gubernamental y culpan, en cierta medida, al propio gobierno de Narváez de mostrar las debilidades que facilitaron su marcha del poder. Señala además que las razones por las que pudo ser destituido el general fueran las desavenencias de su gobierno con la Corona y pone especial énfasis en lo rápido que se ha formado el gobierno de Cleonard, dejando ver que este ya estaba preparado con antelación a la dimisión de Ramón María Narváez.

Bibliografía

COMELLAS, José Luís: Los moderados en el poder: 1844-1854, Escuela de Historia Moderna, Madrid, 1970.

PAREDES ALONSO, Javier: Historia contemporánea de España (1808-1939), Ariel Historia, Barcelona, 1996.

PERIÓDICO EL CATÓLICO (1849), publicación del sábado 20 y domingo 21 de octubre, página 1.

PERIOÓDICO EL HERALDO (1849), publicación del 20 y 21 de octubre, página 1.

PERIÓDICO LA NACIÓN (1849), publicación del 20 de octubre, página 1.

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