Hannibal ad Portas (III): Batalla de Cannas

Se trata de la batalla más grande de la Antigüedad, en la que cerca de 87.000 soldados romanos (16 legiones, más aliados de Roma) se enfrentaron al poderoso ejército de Aníbal compuesto de aproximadamente por 54.000 soldados. Este enfrentamiento ha tenido una influencia enorme en los tratados y estrategia militar posteriores de Occidente, pues para muchos, el resultado de la Batalla de Cannas fue la victoria perfecta.

Situación previa a la batalla

Tras haber sido nombrado dictador y haberse puesto al mando de las legiones romanas, Quinto Fabio Máximo, un militar de gran experiencia, acostumbrado a campañas de larga duración contra fuerzas numerosas, no tardó en encontrar el punto débil de Aníbal: el propio ejército cartaginés. Debido a las numerosas tropas de Aníbal (más de 50.000 hombres) establecidas por la península Itálica, éste debía tener controlados diversos puntos clave para poder abastecerlas, además de para evitar insurrecciones locales que pudieran plantearle problemas, siendo así la logística el principal dilema del general africano.

Demostrando su audacia, Quinto Fabio Máximo, consiguió poner en serios problemas a Aníbal al iniciar una serie de movimientos que causarían graves daños a su ejército, cortando sus fuentes de suministros e iniciando maniobras bélicas frente a sus unidades aisladas o rezagadas, logrando tender una emboscada al mismísimo Aníbal.

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Estatua de Quinto Fabio Máximo, situada en el palacio de Schönbrunn (Viena).

No obstante, debido a la presión que ejercían los aristócratas de gran poder en el Senado romano, los cuales tenían gran cantidad de tierras ocupadas por las tropas invasoras, limitaron la libertad de actuación de Fabio, forzando a que el ejército romano se enfrentara más temprano que tarde al cartaginés en una batalla campal que resultaría decisiva en el desarrollo del conflicto. Así pues, tras expirar el cargo de seis meses de Fabio como dictador, pese a haber demostrado gran eficacia a la hora de plantar cara a Aníbal, el Senado romano designo a dos nuevos cónsules, a Cayo Terencio Varrón y a Lucio Emilio Paulo, que optaban por un combate más directo contra los cartagineses. Además, también se nombraron a dos procónsules: Cneo Servilio Gémino y Marco Minucio Rufo, para sustituir al caído Flaminio. Éstos, pese a ser militares experimentados, poseían una exagerada confianza en la superioridad numérica de sus tropas, sin haber aprendido de las lecciones recibidas en Tesino, Trebia y Trasimeno.

Aníbal, por el desgaste que había sufrido su ejército tras la larga campaña y el daño que le había causado la estrategia de Fabio, necesitaba una victoria decisiva que forzara la rendición de Roma y una paz o que lograra romper todas las alianzas que esta tenía con los distintos pueblos de las penínsulas Ibérica e Itálica y de la Galia. Para esto, debería aniquilar al ejército romano definitivamente. En este contexto, se ve que los intereses de romanos y cartagineses eran prácticamente los mismos.

Batalla de Cannas

Finalmente, el 2 de julio (o de agosto, según la fuente que se consulte) del 216 a.C., ambos ejércitos se encuentran frente a la llanura del pequeño pueblo de Cannae o Cannas, creyendo los comandantes romanos que este era el terreno idóneo para desplegar a sus 16 legiones. En este lugar, cometieron el error de desplegar en el centro a su infantería en manípulo y a su caballería en las alas, sin cerciorarse de que esa era una estrategia que ya había fallado frente a Aníbal.

Lo más habitual es que un buen general no se jugase el resultado de una guerra en una única batalla, pero la presión del Senado romano y la impaciencia de los cónsules propiciaron esta batalla de épicas condiciones.

Un dato curioso es que, en la Antigüedad, las bajas en una batalla oscilaban alrededor del 5%, sin embargo, en Cannas, las romanas superaron el 65% según las fuentes más optimistas y las cartaginesas se cifrasen torno a un 15%.

Inicialmente, los cónsules desplegaron de manera habitual sus dos ejércitos consulares, unidos a las cuatro legiones de Apulia. El resultado fue de 80.000 infantes y unos 6.400 jinetes que conformaron el ejército romano. Cabe destacar que uno de los factores principales por los que el ejército romano se vio superado notoriamente por el cartaginés fue la gran pérdida de jinetes y de caballos que habían sufrido en las anteriores batallas con Aníbal, algo limitará mucho su capacidad de actuación y contraataque.

 En primera línea se formaban 10 manípulos de hastati, detrás 10 manípulos de príncipes y en la retaguardia a los experimentados triarii. Delante de éstos, en la vanguardia, se situaban los vélites y la infantería ligera. En el ala izquierda se situaron 3 unidades de 1.600 jinetes cada una, mientras que en el flanco derecho se movilizó a una única unidad de otros 1.600 caballeros.

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Aníbal no desplegó a sus tropas de manera habitual, sino que en la vanguardia ordenó a su infantería compuesta por galos y soldados ibéricos formar en una especie de media luna, mientras que sus soldados africanos formaron en dos grupos a ambos lados de esta media luna. Del mismo modo, repartió a sus 8.000 efectivos de caballería situarse en los extremos para enfrentarse directamente a los jinetes enemigos. En total, la infantería de Aníbal se contaba en 46.000 hombres (40.000 de infantería pesada y 6.000 de infantería ligera).

La batalla comenzó con un enfrentamiento de ambas infanterías ligeras, logrando el ejército cartaginés una notable ventaja inicial debido a la efectividad de los honderos baleares. A continuación, la famosa caballería númida logró un inesperado éxito contra la caballería pesada romana, mientras que los jinetes pesados galos y españoles de Asdrúbal, diezmaron con facilidad a 2.600 jinetes romanos.

De manera lenta, la infantería romana presionó la formación en media luna de la infantería cartaginesa de galos y soldados ibéricos. No obstante, las legiones romanas se encontraban tan juntas que no podían maniobrar eficientemente, limitando la plenitud de su avance.

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Después varias horas de combate, el empuje de las legiones romanas continuaba, llegando a dar la impresión de que la línea de infantería ibérico-gala iba a romperse en cualquier momento. Cuando la situación parecía insalvable para la primera línea cartaginesa, las unidades africanas de Aníbal se cerraron sobre las líneas romanas, flanqueando y envolviendo a las legiones. Para culminar esta maniobra, la caballería cartaginesa al completo (galos, númidas e ibéricos) atacó a las legiones por la retaguardia asegurando así el cerco de ésta y una victoria inminente. A consecuencia de esto, la primera línea de infantería de galos e ibéricos dejó de sufrir la presión del empuje de los legionarios romanos, cerrando filas y estrechando más el cerco, provocando que éstos prácticamente se asfixiaran por el intenso calor del verano, el reducido espacio, y el peso de las corazas y escudos.

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Ilustración en la que podemos ver a las tropas romanas enfrentándose a las cartaginesas en la Batalla de Cannas.

A pesar de esta situación tan desventajosa, las legiones romanas, al encontrarse atrapadas sin posibilidad de huida, siguieron luchando hasta el final sin plantear la opción de rendirse, lo que mostró el gran valor de las mismas.

Se dice que los soldados de Aníbal llegaron a alcanzar un nivel de extenuación y cansancio tal, que llegaron a turnarse para reposar durante breves periodos de tiempo para luego volver al frente.

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“Aníbal recogiendo el botín de la Batalla de Cannas”. Tapiz situado en la Catedral de Zamora (España).

Finalmente, esta batalla se saldó con 70.000 muertos romanos según nos indica Polibio, 50.000 según Tito Livio, y alrededor de 11.000 prisioneros. No obstante, las bajas entre las filas cartaginesas fueron ínfimas comparadas con las romanas, habiendo únicamente 6.000 muertos y 10.000 heridos. Según cuentan las fuentes, la sangría fue tal, que se derramaron más de 100.000 litros de sangre en el campo de batalla de Cannas.

Si quiere saber más sobre Aníbal y el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica, puede consultar nuestra serie de artículos que ilustran los tres grandes enfrentamientos del audaz general cartaginés con las tropas romanas en las batallas de Tesino y Trebia y en la Batalla del Lago Trasimeno.

Bibliografía

MIRA GUARDIOLA, Miguel Ángel: Cartago contra Roma (Las Guerras Púnicas), Alderabán Ediciones, Madrid, 2000, páginas 133-157.

SALVADOR GARCÍA, Tomás: Aníbal, genio de la guerra, Editorial Cultivalibros, Madrid, 2010, páginas 189-325.

CANALES, Carlos: El Ejército de Aníbal: Cartago contra Roma, Editorial Andrea Press, Alpedrete (Madrid), 2005, páginas 4-44.

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