Las Guerras Médicas

Las Guerras Médicas, uno de los conflictos más famosos de la Antigüedad y quizás el mayor conflicto al que se enfrentaron los helenos. Unas guerras que duraron más de medio siglo que enfrentaron a griegos contra persas y demostraron el poderío militar de las polis aqueas.

Antecedentes

Persia, un gran imperio que nació gracias a la expansión continuada del rey aqueménida Ciro I o Ciro “el grande”. A mediados del siglo VI a.C., Ciro, creó un gran ejército basado en la logística y la estrategia asiria, de esta forma conseguiria expulsar a los medos, pueblo situado en la actual Irán al que el historiador griego Heródoto señala como subyugadores del pueblo aqueménido.

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Ciro I “el grande”

Tras la victoria persa frente a los medos, Ciro continuó su expansión, primero unificando a todos los pueblos persas y más tarde, hacia el año 545 a.C. llevó a cabo una campaña contra el imperio neo-babilónico, consiguiendo así vencer al pueblo babilonio. Tras esta gran victoria, se puede comenzar a hablar del imperio persa. Para entonces toda Anatolia pasó a ser territorio persa, pero, a diferencia de otras tantas culturas, los aqueménidos no subyugaron a los pueblos imponiendo sus propias creencias, sino que permitieron a los pueblos conquistados mantener su religión, cultura y administración, siempre y cuando estuviesen bajo la organización imperial. La “benevolencia” persa llega incluso a aparecer en unos pasajes de la Biblia concretamente en los de Esdras y Nehemías que explica que Ciro permitió a los judios volver a Judea y reconstruir el templo.

Ciro no acabó su trabajo de expansión pues en el año 530 a.C. murió luchando contra una revuelta en territorio de Media y su hijo Cambises le sustituyó. Cambises II marcó la extensión máxima del reino aqueménida, conquistando Egipto. Afianzó las fronteras persas que iban desde el Mediterráneo hasta la India, concretamente llegaba hasta la cordillera del Hindu Kush. Cambises II, murió en el año 522 a.C. por un supuesto accidente cuando viajaba a detener una rebelión llevada a cabo por un Gaumata (mago persa) en Egipto. Fue tal la importancia de la sublevación que el Gaumata llegó a ostentar el título de rey persa durante seis meses. Darío al año siguiente junto a un grupo de nobles cercanos a su persona se unieron y consiguieron destronar al “mago” y nombrarse Rey de Persia.

Darío, rey de Persia, Babilonia y Media, dedicó gran parte de su reinado a mantener el imperio conseguido por sus antecesores, fue benevolente e intentó evitar la lucha por el poder. Para evitar enfrentamientos hizo uso de la máxima “divide y vencerás”, provocando desavenencias entre las poblaciones subyugadas, como ocurrió en Jonia. Para impedir el crecimiento comercial de la Grecia asiática, Darío favoreció el comercio fenicio y menospreciaba los productos de origen griego.
Esta estrategia le funcionó al principio, pero tras años de resentimientos las polis jónicas se levantaron circa el año 499 a.C. guiadas por un tirano llamado Aristágoras, el cual gobernaba en Mileto. En un principio puede parecernos que no es más que un simple levantamiento contra el impero persa por parte de los subyugados, y así era en un principio, pero Aristágoras pidió ayuda a las polis helenas provocando la ira de Darío. Los sublevados tan solo recibieron una decena de barcos atenienses y eritreos, los cuales lucharon por recuperar Bizancio, mientras el resto de polis jónicas perdían frente al ejército persa. Darío finalmente vencería a la flota griega en Bizancio, deteniendo así la sublevación.

Guerras Médicas

Primera Guerra Médica

Comenta el historiador clásico Heródoto en los nueve libros de la Historia, que Darío disgustado por la ayuda helena preguntó quien era ese pueblo que ayudó a los sublevados. Tras conocer la respuesta, clamó venganza y pidió a un esclavo que cada día le recordase un mínimo de tres veces al día que debía tomar venganza contra el pueblo aqueo.

Siete años más tarde, Darío tomaría por fin la iniciativa y ordenaría a sus generales Artafernes, sobrino suyo, y a un noble conocido como Datis que tomasen represalias contra Atenas y Eritrea. Mientras tanto, los atenienses sentían que la represalía por la rebelión de Jonia estaba próxima así que comenzaron su fortificación. El arconte del momento, Temístocles, creyó necesario fortificar el Pireo, el famoso puerto de Atenas, para así ampliar y fortalecer la marina ateniense. Mientras tanto otros ciudadanos estaban en contra de la idea de la lucha por mar contra el ejército persa. Hombres como Milcíades creían que la superioridad aquea se daba por tierra y no por mar, gracias al uso que se daba de los hoplitas, ideal para territorios montañosos como el de Grecia. Finalmente la democracia ateniense hizo su aparición y otorgó la defensa de Atenas a Milcíades, el cual en caso de ataque aqueménido sería el general principal.

En el año 490 a.C. el ejército persa al mando de Artafernes desembarcó en territorio Eritreo, isla de Eubea, anexionandoselá en castigo a la ayuda dada a la revuelta. Tras su conquista, continuó su viaje en dirección a Atenas y desembarcó en la llanura de Maratón.
Milcíades envalentonó a los atenienses para que plantasen frente a los persas tomando la iniciativa. Podría parecer una locura, ya que el ejército persa estaba formado por cerca de 200.000 hombres, de los cuales  10.000 eran caballería, contra unos 10.000 ateniense. Sin embargo, algunos historiadores citan que fueron mucho menos, unos 6.000 atenienses, acompañados de una pequeña guarnición de 1.000 platenses. También se sabe que los esclavos fueron liberados antes del combate para ser usados como infanteria ligera, pero no se tiene constancia de su papel en el combate ni la cantidad de los mismos.

Antes del enfrentamiento militar, Milcíades envió a un mensajero llamado Fidípides a Esparta en busca de apoyo militar, pero los espartanos se encontraban celebrando la “Carneas”, una tregua militar que no terminaba hasta la aparición de la luna llena, que en aquel momento tardaría aún diez días. Así pues, Milcíades esperó la llegada de las fuerzas espartanas durante cinco días frente a las fuerzas persas, hasta que finalmente tomó la iniciativa y  envalentonó a los atenienses para que cargasen contra el ejérctio.

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Ilustración que muestra la carga de las falanges griegas contra el ejército persa

Los persas fueron sorprendidos y entraron en pánico, provocando la retirada de los efectivos de vuelta a las embarcaciones. Según Heródoto, ante este ataque los persas perdieron cerca de 6.000 hombres mientras que los atenienses apenas 192 hombres. Podría parecer una heroicidad ateniense o un patético ejército persa, pero la situación era que el terreno se encontraba a favor de los aqueos y que basando su ejército en falanges eran como un muro chocando contra miles de arqueros persas, ejército destacado de los persas. Artafernes ante la retirada total de sus hombres cogió a los restantes y embarcaron rumbo a Atenas, esperando a encontrársela desguarnicionada.

Plutarco, dice, que un corredor llamado Tersipo fue enviado tras la batalla a Atenas para avisar de la llegada Persa por mar y que tras llegar y dar la notícia murió. Heródoto señala que el ejército ateniense corrió hasta Atenas tras la victoria para fortificarse. Ambas historias dan pie al mito que hoy conocemos y a la mítica carrera de resisténcia conocida como Maratón.

Sea como fuere, Artafernes llegó mucho más tarde que el ejército ateniense y ante la densa fortificación decidió dar la retirada y volver a Persia. Dando así por concluida la primera Guerra Médica.

Segunda Guerra Médica

Años más tarde de la derrota Persa, Darío “el grande” murió (486 a.C.) cediendo su trono a su hijo Jerjes I, el cual preparó durante años una invasión a Grecia. En el año 480 a.C. comenzó la invasión de los territorios helenos, después de reunir un ejército de 500.000 hombres según las estimaciones. Atravesó el Helesponto y de camino a Tesalia conquistó Tracia y Macedonia. Pero fue detenido en el paso de las Termópilas.

Una año antes del ataque persa, las polis helenas se unieron bajo una tregua militar donde los ejércitos serían comandados por generales espartanos. Entonces, conociendo lo que se avecinaba y comandados por su rey Leónidas I, decidieron ir a frenar el avance persa en el paso de las Termópilas, para lo que 300 espartanos y 5000 griegos de todo el Peloponeso y el Ática se fortalecieron en las Termópilas para impedirles el paso. Los griegos, gracias a su formación en falange, que era perfecta para el paso, consiguieron aguantar durante dos días la carga persa, que solo podía atacar de frente al ejército griego. Pero los helenos fueron vencidos al tercer día a causa de un traidor llamado Efialtes, el cual explicó a Jerjes que existía un paso que le permitiría flanquear al ejército. Sin perder tiempo, el rey persa envió a sus tropas de elite, conocidas como los inmortales, para que flanqueasen a los aqueos. Leónidas ante la llegada ejército persa por el flanco ordenó la retirada del grueso del ejército y a todo aquel que no tuviese el valor para quedarse. Finalmente Leónidas junto a 300 espartanos, 700 tespios y 400 tebanos, aguantaron la última carga persa para permitir la retirada.

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Ilustración que muestra la resistencia feroz del ejército heleno

A la vez que ocurría la batalla de las Termópilas, una batalla naval se llevó a cabo para impedir el avance persa, la batalla de Artemisio la cual soportaron los griegos durante dos días, pero tras enterarse de la derrota en el paso, se retiraron a Salamina.

Tras perder en las Termópilas, todo el Ática y Beocia quedaban en manos de Jerjes, así pues todas las ciudades  fueron evacuadas y todos los ciudadanos marcharon a Salamina. En esta isla se fortificaron esperando el avance persa, mientras Jerjes destruyó todas las ciudades que encontró, incluida Atenas.
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Jerjes, sabiendo que el ejército y la marina griega se encontraban en Salamina, mandó un ataque naval contra ellos, pero fueron derrotados gracias a la maestría naval de los griegos y su coordinación frente a la marina persa, que no se encontraba en condiciones para la lucha. Tras esta victoria, los griegos se encontraron en superioridad y se prepararon para hacer frente a la invasión persa. Así, en el verano del 479 a.C. los griegos plantaban cara en Platea y en Mícala saliendo vencedores y dando por finalizada la segunda Guerra Médica.

Tercera Guerra Médica

Tras la segunda Guerra Médica da inicio el período conocido como Pentecontecia, cincuenta años desde las guerras médicas hasta las guerras del Peloponeso en los cuales Atenas forma y lidera la liga de Delos y comienza su época de oro, que dará lugar a la época conocida como la democracia de Pericles.

Los atenienses continuaron plantando cara a los persas, que en ese momento eran gobernados por Artajerjes  I. El año 467 a.C., los atenienses, viendo venir la intención de invasión de los Persas, se adelantaron y les batallaron en su propio territorio. Lucharon frente al río Euridomonte comandados por el hijo del general Milcíades, Cimón. Cimón consigue vencerles y gracias a esta gran victoria, años más tarde y tras otras tantas luchas griegos contra persas, Pericles firmó con el imperio persa el tratado de Cimón (448 a.C.) el cual estipulaba la obligación persa de desestimar la conquista de Grecia.

Llegan a su fin las guerras Médicas, que enfrentaron durante cincuenta años a persas y griegos. Aunque después de la victoria helena surgiría otro gran conflicto que sumiría a todas las polis griegas en una profunda crisis, la guerra del Peloponeso, que enfrentaría la liga de Delos, liderada por Atenas, contra la liga del Peloponeso liderada por Esparta. Esta larga guerra daría pie a las conquistas de un personaje sumamente conocido de origen macedónico, Alejandro Magno.

Bibliografía

Ebooksbrasil.org. (2017). Los Nueve Libros de la Historia – Herodoto de Halicarnaso. [online] Available at: http://www.ebooksbrasil.org/eLibris/nuevelibros.html [Accessed 30 Jan. 2017].

Marín Valdés, F. (2008). Plutarco y el arte de la Atenas hegemónica. 1st ed. Oviedo: Ediciones de la Universidad de Oviedo.

 

 

 

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