Los suevos

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El pueblo de los Suevos en un principio fue una tribu germana asentada principalmente a orillas del Mar Báltico, mar al que los romanos llamaron Mare Suebicum, “Mar Suevo”. Estos comenzaron sus migraciones junto con el resto de pueblos germanos hacia el sur europeo alrededor del s.IIa.C, llegando a situarse como una tribu más a orillas del Rin, desde el cual acometían repetidos ataques contra sus vecinos romanos, ya que como los describieron los autores imperiales, eran una tribu completamente nómada y beligerante.

Con el tiempo llegaron a hacerse sedentarios, siempre rondando las fronteras romanas junto con otras tribus de igual o mayor tamaño como los Vándalos Asdingos o los Ostrogodos. Pero la presión huna del s.IVd.C dio como resultado un efecto en cadena que empujó a los Suevos y a muchas otras tribus a cruzar las fronteras romanas del Rin en el año 406, con las muy conocidas consecuencias que para el Imperio ello supuso.

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Tras esta penetración en territorio romano, se dedicaron a recorrer las costas galas en busca de un territorio donde asentarse, aunque ya fuese por derrotas a manos de romanos o por la presión huna, finalmente junto con los Vándalos decidieron intentar cruzar los Pirineos en el año 409 con el rey Hermerico, llegando finalmente situarse en el actual sur gallego alrededor de la ciudad de Bracara (actual Braga) como federados romanos.

Cabría destacar en esta parte de la lectura que a la hora de cruzar los Pirineos, los Suevos debieron de rondar los cuarenta mil hombres, de los cuales solo una cuarta parte eran soldados. Mientras que ya en los censos de Plinio el Viejo la región de Bracara contaba con alrededor de trescientos mil habitantes, aumentando esta cifra en los más de cuatro siglos que separan esta medición con la intrusión sueva.

Ya como aliados del Imperio, el rey Hermerico buscó el expandir el territorio suevo hacia sus vecinos asdingos del rey Gunderico, por lo que inició hostilidades con un mal resultado, llegando a ser acorralado por el ejército enemigo, solamente la oportuna intervención del general romano Asterio consiguió salvar a los suevos y finalmente derrotar a los asdingos en la Batalla de los Montes Nervasos. Por lo que obligó de esta forma a los derrotados vándalos a replegarse al sur peninsular, anexando ya de esta forma toda la Gallaecia.

Tras la muerte de Hermerico en el 438 le sucedió su hijo Requila (Fue una suerte ya que la sucesión sueva y de muchos reinos bárbaros era electiva y no hereditaria, por ello solían haber tantas guerras civiles por hacerse con el trono.), el cual llegó a conquistar para su reino a costa romana tanto Lusitania como Bética y parte de la Cartaginense, alcanzando de esta forma la máxima extensión del Reino Suevo hasta su muerte.

A este le sucedió nuevamente su hijo, Requiario, el cual buscó el reconocimiento tanto de las demás potencias como de sus propios dominios, se convirtió al cristianismo, se casó con la hija del rey visigodo Teodorico I y puso en marcha varias campañas menores por la península para ganarse el aprecio de su ejército. Más tarde, en el año 453 debido a la intervención diplomática romana, este accedió a reducir reino a las provincias de Gallaecia y Lusitania, devolviendo el resto del territorio a manos romanas,  aunque solo tres años más tarde rompió el acuerdo firmado e intentó invadir las provincias imperiales de Cartaginense y Tarraconense. Para desgracia de los suevos, los visigodos de Teodorico II, federados romanos, consiguieron vencer a las huestes suevas en la Batalla de Órbigo, llegando a saquear la capital sueva de Bracara, ejecutando a Requiario y extinguiendo su dinastía, fuente de numerosas guerras civiles y un caos que se generalizaría durante los siguientes 8 años.

Época confusa en la que el rey visigodo Teodorico II aprovechó para borrar cualquier rastro suevo de la provincia de Lusitania e imponer en el trono suevo a un títere de nombre Remismundo que le juró fidelidad. Aunque a la muerte de Teodorico II los suevos quisieron una revancha y atacaron de nuevo la Lusitania, pero siendo derrotados aun contando con una notable ayuda local.

Tras la derrota visigoda de Alarico II contra los francos en la Batalla de Vouille en el año 507, estos se trasladaron mayoritariamente a la península, en la que consolidarían el Reino de Toledo, intimidando este hecho a los suevos que se veían acorralados y haciendo que estos se centrasen en su reino sin intenciones de expandirse.

Aunque esta política pacifista no les funcionó mucho más, ya que en el año 572 los visigodos de Leovigildo vencieron a los suevos y les expulsaron del sur del Duero, rodeándolos de fortalezas y recluyéndolos en Gallaecia para acabar sometiendo al Reino Suevo del rey Miro a vasallaje en el año 575.

Finalmente en el año 583 el rey Miro murió, sucediéndole su hijo Eborico que sería asesinado al año de su coronación por el aspirante Andeca, y utilizando este caos como excusa los visigodos intervinieron en el reino y redujeron toda resistencia por parte de los suevos, anexando finalmente el Reino Suevo a sus dominios y dejando en el olvido a esta extinta civilización que en su momento llegó a dominar la gran mayoría de Hispania con, la que se vería, igual suerte que su conquistador.

Compendio de mapas.

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