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Nacimiento y caída del gobierno racista de Rhodesia

Vientos de cambio recorren África. Esta poética expresión pronunciada por el Primer Ministro británico Harold MacMillan materializaba las intenciones que tenía Gran Bretaña para dar la independencia a sus colonias del continente negro durante la primera mitad del siglo XX.  Pero esta emancipación no se otorgaría a cualquier precio ni de cualquier forma; una de las condiciones más importantes era la de que las jóvenes naciones debían estar lideradas por la mayoría a través de un sistema democrático occidental, algo que les chirriaba a los blancos que hasta entonces habían concentrado todo el poder en sus manos.  La traumática y problemática independencia del Congo Belga en 1960 y los duros conflictos raciales en Kenya fueron vistos por los blancos que habitaban Rhodesia como un peligroso precedente de lo que podía ser una gran guerra entre blancos y negros en toda África.  Para evitar esto, y dejándose llevar por lo que en un principio era una lógica sensación de miedo,  los dirigentes Rhodesianos hicieron oídos sordos ante  las directrices de Londres  y declararon la independencia unilateral.

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Localización geográfica y bandera de Rhodesia

Las críticas internacionales no tardaron en llegar: ningún país reconocía la precipitada independencia de Rhodesia, salvo las excepciones de Portugal y Sudáfrica. Nacía así un estado profundamente racista que emanaba un fuerte sentimiento supremacista blanco que quedaba claramente definido en su Segunda Constitución (1969): los ‘no-europeos’ solo tenían derecho a 8 asientos en el Parlamento, otros 8 quedaban reservado a líderes tribales y los restantes 50 eran elegidos entre la población blanca, para hacernos una idea de la gravedad del reparto, tenemos que saber que Rhodesia en el año 69 contaba con una población censada de 270.000 blancos y 6 millones de negros. La Constitución de Rhodesia también contenía términos como ‘desarrollo diferenciado’ que justificaba el desigual reparto de la riqueza entre negros y blancos.

En el interior los ánimos entre la población negra no eran muy diferentes a los de la comunidad internacional: rápidamente se formaron grupos paramilitares de entre los que pronto sobresalieron dos. La ZAPU, por sus siglas en inglés, Zimbabwe African People’s Union que se identificaba con la etnia Ndebele liderada por Joshua Nkomo y la ZANU o Zimbabwe African National Union que englobaba a la etnia Shona y que estaba liderada por Robert Mugabe. Ambas asociaciones estaban apoyadas por el bloque comunista, como se haría también en el Mozambique Portugués y en Sudáfrica, mientras que los blancos eran respaldados por Sudáfrica y Portugal. Muchos rebeldes negros fueron entrenados en el uso de explosivos y armas de mayor calibre  en Pyonyang, La Habana y Trípoli.

El gobierno ultraconservador y racista del Rhodesian Front liderado por Ian Smith implantaron una gran red de contrabando para abastecer al país de material militar moderno, así como de gasolina y uniformes a través de la amiga Sudáfrica. Esto tenía como objetivo sortear el embargo que, solicitado por Reino Unido, aplicó la ONU sobre Rhodesia

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Soldado de las Fuerzas de Seguridad de Rhodesia

como medida de presión para que acabase el régimen pro-blanco. Las escaramuzas con las guerrillas negras tenían lugar diariamente y los secuestros y asesinatos por parte de estas eran respondidos por las Fuerzas de Seguridad de Rhodesia con la matanza de civiles y líderes políticos. Los combates cada vez se hacían más comunes y Rhodesia, por miedo a una intervención extranjera así como un temor fundado en aislarse, firmó una alianza secreta con Sudáfrica y Portugal para prestarse asistencia mutua a todos los niveles. Este pacto fue conocido como Ejercicio Alcora (1970).

La situación de las Fuerzas de Seguridad de Rhodesia era crítica ya a mediados de los 70. A falta de hombres blancos se llamó a filas a los negros, vulnerando el principio de supremacía blanca y levantando ampollas entre los más conservadores. También se contrataron mercenarios extranjeros

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Revista de temática mercenaria promocionando el oficio en Rhodesia

que combatieron eficazmente en las filas de Rhodesia. Pero el auténtico desastre llegó en 1974 con la Revolución de los Claveles en Portugal y la posterior independencia de Mozambique, la frontera con el país se cerró aunque las incursiones y los combates entre Rhodesia y Mozambique eran constantes. Ian Smith, consciente de que su país estaba rodeado de enemigos, se reunió en 1976 con el Secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, quien le dio un plazo de dos años para celebrar unas elecciones con voto negro.

Para 1979, las elecciones se habían celebrado y Rhodesia amanecía con su primer presidente negro: Josiah Zion Gumede y su primer ministro, también negro: el obispo Abel Murozewa. Un año antes el estado había sido rebautizado como Zimbabwe-Rhodesia y se creía que esta nueva situación podía calmar los ánimos de las guerrillas. Sin embargo, al seguir los grandes puestos de la administración y las Fuerzas de Seguridad en manos de los blancos, la lucha continuó y no finalizó hasta que en unas conferencias de paz auspiciadas por Reino Unido, se permitió a los líderes guerrilleros participar en unas nuevas elecciones. Esta conferencia fue conocida como los Acuerdos de Lancaster. Sin embargo, estas nuevas elecciones no se hacían en un ambiente pacífico.

Fue así como, en 1980, estando el país aún sumido en el caos y ocupado por fuerzas de pacificación de la Commonwealth que supervisarían una futura transición, las Fuerzas de Seguridad de Rhodesia barajaron el dar un golpe de estado que jamás sucedió y asesinar a Mugabe que ya era el líder más carismático de las guerrillas. En las elecciones celebradas ese mismo año, Robert Mugabe venció con un 62% de los votos, aunque con la sombra de usar a sus hombres para chantajear a la población. Con su victoria, las fuerzas de la Commonwealth se retiraron del país pero el conflicto no acabó hasta 1982, cuando Mugabe firmó la paz con las guerrillas que aún se resistían. Nació así la República Zimbabwe, cuyo líder aún a día de hoy, sigue siendo Robert Mugabe.

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Robert Mugabe, actual Presidente de Zimbabwe

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