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El periodo Ramésida y la época de oro Egipcia

Egipto, un maravilloso lugar envuelto en un halo de misterio y secretos. Pero su momento de mayor esplendor fue durante el imperio nuevo y sobretodo cuando Ramsés II gobernó las tierras del Nilo.

En el año 1650 a.c. aproximadamente es conocido que un cúmulo de pueblos, los cuales fueron bautizados por los mismos egipcios como hicsos (Literalmente “extranjeros”), venidos desde tierras palestinas y Siria arribaron hasta el delta del Nilo y se hicieron con el poder. Aunque, el historiador del siglo III a.c. Manetho, afirma que el bajo Egipto fue conquistado por un general llamado Salitis. Pero, las últimas investigaciones demuestran lo contrario, que posiblemente tras una crisis profunda en el imperio medio de Egipto,  esta masa de pueblos se asentó en el delta del Nilo y formó un reino, separando así de nuevo el bajo del alto Egipto.

Hubo varías dinastías reinantes originaria de los hicsos, pero en el año 1550 tras varios levantamientos llevados a cabo por los líderes egipcios. Primero Seqenrenre que murió luchando contra los conquistadores y más tarde su hijo Amosis (Ambos de origen Tebano), consiguieron ocupar la capital del bajo Egipto, Avaris y conseguir así una unificación egipcia.

Comenzó así el descrito como imperio nuevo de Egipto. Este imperio mostró la culminación de la cultura Egipcia, llegando a mostrar lo que sería  a día de hoy lo que conocemos como Egipto. Fue la época de mayor esplendor, un edad de oro, este período esta protagonizado por tres dinastías, la XVIII, XIX y XX, aunque solo son consideradas Ramésidas las dos últimas, iniciada por Ramsés I.
Pero antes de llegar hasta los Ramésidas debemos poner en contexto que hizo la dinastía XVIII para restablecer Egipto y convertirlo en el gran imperio que fue.

Tras la toma de Avaris, Amosis y sus descendientes comenzaron la restauración y regeneración Egipto, así como la asimilación militar de pueblos orientales que gobernaron durante ciento cincuenta años. Por tanto, para no volver a caer en una ocupación completa y tan duradera como la del período anterior, se reorganizó el estado, instalando en Tebas la capital, se aseguraron las fronteras aumentando el número de efectivos en el ejército, se mejoraron los pertrechos y se popularizó el uso del carro traído por los hicsos, mejorando la técnica oriental y dotándolos de mayor velocidad y maniobrabilidad, gracias a reducir su tamaño y usar tan solo de uno a dos jinetes, a diferencia de los carros pesados sirios.

Estamos en la dinastía XVIII quizás una de las más famosas para el público en general, fue uno de los momentos de más desarrollo iniciado con los Tutmósidas. Un grupo de reyes egipcios parecido a lo que hablamos en este artículo de los Ramésidas. Los Tutmósidas comienzan por tanto con el tercer Faraón de esta dinastía, Tutmosis I. El cual se propuso ampliar las fronteras egipcias llevando a cabo una política exterior especialmente fuerte. En el sur reprimió las revueltas nubias, tan comunes en esa época y hacia el nordeste comenzó a expandirse por tierras Sirias.

Tutmosis I, no solo se centró en ampliar el poderío militar, conquistar nuevas tierras y aplacar la ira de los vencidos, pues llevó también una política interior memorable. Amplió Tebas, la capital y centro de poder del momento y fue el primer faraón en hacerse construir su tumba en el mítico valle de los reyes frente a la maravillosa ciudad tebana.
En este período Egipto sufrió también una renovación religiosa y política. Igual que en el antiguo imperio egipcio, los faraones se auto proclamaron hijos del dios sol, mostrando así su divinidad en pos de sus súbditos. Pero el dios sol también fue renovado, ya que Amón, el  dios protector de Tebas y la familia faraónica, fue fundido con Ra (dios sol) recibiendo el nombre de Amon-Ra y convirtiéndolo así en el “rey de los dioses”. El maravilloso templo de Karnak fue ampliado y remodelado, adornándolo de la manera más ostentosa posible mostrando así el poderío y la riqueza egipcia. El culto a Amon fue de tal magnitud que en esta época los sacerdotes llegaron a sustituir a los escribas como la clase más influyente de todo Egipto, alcanzando cotas de poder e influencia muy bastas.

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Estado actual del Templo de Karnak, Tebas, Egipto.

Tutmosis I tan solo gobernó durante unos fructíferos doce años. A su muerte, le sucedió en el trono su hijo Tutmosis II y por motivos de preservación dinástica se caso con su hermanastra Hastshepsut. El reinado de Tutmosis II apenas duró un año más que el de su padre y no llevo acabo actos muy reseñables, siguió reprimiendo a los príncipes nubios y siguió expandiendo las fronteras egipcias tal y como su padre empezó. Pero tras su muerte, comenzó el reinado de de la segunda mujer faraón conocida, Hastshepsut.
Tutmosis III, hijo de una de las esposas secundarias de Tutmosis II fue elegido como heredero, pero ante su juventud Hatshepsut asumió la regencia en nombre de su hijastro. Pero al poco tiempo, gracias al apoyo del sacerdocio de Amon-Ra, se hizo coronar como Faraón. Cambió el atributo real de “Hijo de Ra” por el de “Hija de Amon”y  fue tal su poder, que es incluso representada con la barba ceremonial, mostrando de esta forma que era la encarnación terrenal de Horus.

Algunos momentos reseñables de la reina egipcia figuran la erección en el templo de Karnak los impresionantes obeliscos otorgados en honor al dios Amón y la financiación de la expedición naval al Punt, el país del oro y del incienso.

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Lugar aproximado donde se cree estaba situado punt.

Cuando Tutmosis III tuvo la edad necesaria para gobernar, su madrastra no se retiró del cargo, sino que correinó junto a ella. En aquel momento correinar junto a su madrastra le interesó, pues de esta forma pudo centrarse en las campañas militares en Siria y demostrar así su talento extraordinario como jefe militar por todo Oriente Medio. Su logro más respetable fue vencer a una coalición de reyes asiáticos que se rebelaron contra Egipto y se fortificaron en la ciudad de Meggido.
Amenofis III, bisnieto de Tutmosis III, subió al trono, hacia el año 1390 a.c. el imperio se hallaba en el punto culminante de su poder, por tanto los egipcios consiguieron dar la vuelta a la tortilla y conquistaron desde Gaza hasta Carchemish pasando por ciudades tan importantes como Tiro, Damasco y Kadesh. Egipto se convirtió en el ombligo del mundo antiguo. Dignatarios de todas las partes del mediterraneo y oriente medio llegaban a tierras egipcias para mostrar sus respetos y Amenofis llevó a cabo una política de tolerancia extranjera, aumentando considerablemente la aceptación de las costumbres de los conquistados. En esta época también se tiene constancia como en el ámbito de la ciéncia y la técnica se consiguieron grandes avances.

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Máxima expansión egipcia durante el imperio nuevo

Pero, la magnitud de tierras y la aceptación de otras culturas coetáneas a las suyas también trajo cambios de vista frente a la religión y el poder. A medida que Egipto fue aumentando su tierras y su poderío la idea sobre el mundo y la realeza divina fue tomando forma en favor de un dios mucho más material y perceptible. Estamos hablando de Atón, que representaba la forma en el que el dio sol se hacía visible en el firmamento como fuente de luz. El sacerdocio a Amón fue perdiendo poder incluso llegaron a ser relegados como creencia.

Esta situación se vio reflejada tras la muerte de Amenofis III, cuando su hijo Amenofis IV lo sucedió. Realmente este es un momento significativo en la historia de Egipto, pues Amenofis IV cambió su nombre por el de Ajenatón (Akhenatón “Resplandor de Atón”) en honor al dios Atón y prohibió la creencia de cualquier otro dios, permitiendo tan solo  el culto a su dios. Cambió radicalmente a Egipto haciendo construir incluso una capital nueva para el imperio, cerca de la actual Tell el-Amarna, llamada Ajetatón (horizonte de Atón). De la nada hizo aparecer barrios residenciales completos, templos y palacios. Se cree que que llegaron a vivir 50.000 personas. La situó en el lado oriental del Nilo, lugar por el cual sale el sol y en ella hizo construir su tumba. Un cambio radical ya que fue en contra de las costumbres egipcias, que creían que el más allá se situaba allí donde el sol muere, él en cambio lo sustituyó por donde sale el sol y su divino padre aparece.

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Grabado de Ajenatón junto a su esposa Nefertiti y sus hijas bajo la representación física del dios Sol, Atón.

Junto a su esposa Nefertiti, Ajenatón gobernó durante dieciocho años y tuvo seis hijas con su reina. Tras su muerte heredó el trono su yerno Smenjkare, pero muy poco duró en el poder y finalmente lo sustituyó el hijo de Ajenatón, Tutankatón, obligado  a cambiar su nombre por Tutankamón (Quizás el más célebre y conocido de los faraones egipcios). Con su gobierno se restauró la antigua situación, anterior al faraón pródigo de Atón y se intentó borrar todo rastro del faraón hereje, no dejaron lugar sin destruir que hubiese tenido un mínimo de contacto con Ajenatón.

Con tan solo nueve años de edad, Tutankamón, heredó uno de los mayores imperios del momento, pero poco le duró y siendo todavía un adolescente sufrió una muerte repentina y fue sepultado en el valle de los reyes tal y como hicieron los primeros faraones de su dinastía, tumba la cual permaneció milagrosamente intacta durante milenios hasta el año 1922 cuando el arqueólogo Howard Carter dio con su tumba, convirtiendo al niño rey en el más famoso de los faraones y alimentando todavía más la fascinación y el misterio sobre Egipto.

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1922, Howard Carter junto a un trabajador examinando el sarcófago del joven Faraón, Tutankamón.

Tutankamón no dejó ningún heredero directo al trono, así que ascendió al poder un dignatario de alto copete llamado Ay, un hombre entrado ya en años que se casó con la viuda del joven faraón, Anjesenamón. Poco duró su reinado, a la muerte de la reina Anjesenamón ostentó el poder el general en jefe del ejército,Horemheb, el cual trajo de nuevo la estabilidad a la política interior y exterior y llevó a cabo una destrucción total en referencia a la época de Amarna (Nombre árabe de Ajetatón).

A la muerte de Horemheb terminó también la dinastiá XVIII y por fin entramos en el período Ramésida. Pero para poder hablar de este período ha sido necesario poner en contexto la situación el cual esta Egipto cuando Ramsés I se convierte en el Faraón y así entender lo ocurrido en la dinastía XIX.

Rámses I o Men-pehty-Ra Ra-mesesu, chaty (visir) de Horemheb fue proclamado faraón ya entrado en años y fue el fundado de la dinastía XIX, se propuso la misión de restaurar Egipto y contener a los pueblos conquistados después del período de turbulencia vivido en la época Amarniense. Pero, desgraciadamente apenas pudo llevar a cabo ninguno de sus planes pues al año y medio después de ser coronado murió. Antes dejó marcado los objetivos a seguir por su sucesor, su hijo Seti I.

Seti I siguió las ordenes dadas por su padre en vista a la inestabilidad que vivía el reino, a pesar de las reformas de Horemheb, así que para recuperar la gloria pasada, llevó a cabo grandes campañas contra los enemigos naturales de Egipto, hititas y libios, todas ellas muy exitosas consiguiendo así una mayor imposición Egipcia en tierras vecinas y propias. También busco recuperar la fuerza e influencia del culto al dios destronado Amon-Ra y para ello lo volvió a situar en lo más alto de la jerarquía divina. Todo rastro del dios Atón desapareció definitivamente y mandó construir grandes templos en honor al rey dios. Un ejemplo es el imponente templo de Abidos, en el que se muestran unos impactantes finos relieves pintados y también agrandó el templo de karnak otorgándole una gran sala hipóstila , cuyas 134 enormes columnas pareces una espesura de la planta papiro.

Seti, desgraciadamente reinó apenas dieciséis años y no vio terminada ninguna de sus construcciones. Aquél que terminó con estas imponentes obras fue el aclamado y célebre Faraón Ramsés II. Quizás junto a Tutankamon el Faraón más famoso y más reconocible de la memoria popular de hoy en día. Ramsés II fue el más grande de todos los faraones y uno de los más longevos, durante 67 años estuvo al frente de Egipto. Durante todo su gobierno indundó Egipto de espectaculares construcciones, mantuvo a Egipto en una unión fiel y sometió a los pueblos rebeldes.
Ramsés es conocido con dos apelativos, el rey constructor y el rey guerrero. Algunas de sus construcciones más representativas y famosas de su gobierno fueron:

-Abu Simbel: Una colosal y maravillosa construcción. Cuatro figuras sedentes de 22 metros de altura presiden la entrada. Desde ellas, construyeron un sistema de salas excavadas que se adentras 63 metros en la roca y en ellas se demuestra el ingenio egipcio, pues esta dispuesto de tal modo que dos veces al año, el 22 de febrero y el 22 de octubre, los rayos de sol naciente penetran hasta el santuario del fondo. Allí iluminan un grupo de estatuas que aparece el rey junto a los dioses del imperio, Amon-Ra, Ra-Harajte y Ptah.

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Abu Simbel en la actualidad.

-Terminó las construcciones de su padre, el templo de abidos que además le añadió un pequeño templo, completando así un complejo de templos en honor a Osiris. Otra de las construcciones que terminó y añadió su seña, fue la ampliación del templo de Karnak iniciada por su padre al cual le añadió un gran patio, unos pilonos de entrada y dos hermosos obeliscos rosas.

-Se hizo construir otro gran templo, esta vez funerario, llamado Ramesseum. Lo construyó en la ribera occidental del río Nilo frente a la ciudad de Luxor juntó a un pequeño templo dedicado su reina madre Tuya.

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Gran templo funerario de Ramsés el grande, Ramesseum

-Por último queda, su última gran construcción, mayor que todas las anteriores. Pues Seti I, ordenó constuir en su momento una nueva capital llamada Pi-Ramsés (La casa del dominio de Ramsés, grande en victorias), le fue imposible llevarla a cabo y fue Ramsés II quien la construyó y se mudó a ella. Dicha ciudad es famosa a causa de la aparición en el libro bíblico “Éxodo”, ya que en este libro se comenta que los israelitas fueron obligados a trabajar en la construcción de una ciudad llamada Rameses, nombre dado a esta ciudad durante la dinastía XXI posterior al imperio nuevo, usada como cantera para la reconstrucción de monumentos.

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Recreación pictórica de Pi-Ramsés

En cuanto a la etapa militar de Ramsés podemos identificar su campaña más exitosa y a la par la más larga. La guerra contra los hititas, llevaba ya unos quince años de duración y parecía que no fuese a terminar nunca pero unos desertores hititas aparecieron ante los egipcios declarando que su ejército ya no aguantaría más que las fortificaciones en Kadesh eran casi inútiles que estaban débiles. Ramsés el grande los creyó y allí fue con su ejército a proclamarse rey de los hititas, pero lo que él no sabía es que todo era una trampa perpetrada por el rey enemigo Muwatalli, que los estaba esperando con un gran destacamento fuera de Kadesh para rodearlos y masacrar sin piedad a los egipcios.
Ramsés al llegar a la ciudad fue dado la bienvenida como todo un rey, pero para cuando se quiso dar cuenta fue rodeado por las fuerzas de Muwatalli que masacraron sin piedad a los egipcios. Ramsés le plantó cara pero de poco le servía hasta que finalmente llegó un destacamento especial llamado los Nearin, que salvó al soberano y a su ejército de derrota completa. Los egipcios no ganaron, tampoco perdieron, pero para el pueblo Ramsés fue un vencedor ya que de esta forma consiguieron firmar un tratado de paz con el rey hitita que puso fin a una larga guerra que llevaba en ciernes ya más de quince años, se comprometieron a que ninguno de los pueblos en el futuro volverían a entrar en conflicto y para firmar este tratado, Muwatalli pusó a disposición del Faraón una de sus hijas.

Ramsés al final de su vida era conocido como Ramsés el grande, gracias a su longevidad fue padre de más de 100 hijos y finalmente tras su muerte (1279-1213 a.c.) le sucedió su decimotercer hijo, Merneptah, un hombre ya entrado en años.

Merneptah es conocido por enfrentarse a los conocidísimos pueblos del mar, de los cuales si queréis saber más os recomendamos que leáis el artículo de nuestro compañero Ortega y Gasset llamado De los Pueblos del Mar y el mundo que dejaron . Pero el hijo de Ramsés el grande proclamó en una inscripción encontrada en el templo de Karnak haber matado o apresado 9.376 enemigos. Los últimos cuatro soberanos de la dinastía XIX apenas gobernaron veinte años y estuvieron enfrascados en impías intrigas y conspiraciones palaciegas, desestabilizando así de nuevo el país.

Finalmente el período Ramésida terminó con la XX dinastía. Por desgracia esta dinastía marcó el colapsó y el final del imperio nuevo y la época de oro del antiguo Egipto. El desequilibrio en palacio consiguió calmarse cuando Ramsés III, segundo Faraón de la XX y sucesor e hijo de Setnajt, fue coronado. Este Faraón también es conocido porque continuó luchando contra las hordas de los Pueblos del Mar, que cada vez hacía más insostenible el gobierno e Egipto. Dicho soberano murió a causa de un atentado contra su vida perpetrada por trabajadores huelguistas, primera huelga de la se tiene testimonio en la historia egipcia, que trabajaban en la tumba del Faraón. Los siguientes ochos faraones siguierones viviendo en Ramsés-Pi y todos ellos fueron bautizados como Ramsés. Hasta que finalmente llegó Ramsés XI e intento detener la profunda crisis acaecida, por culpa de la corrupción, las constantes luchas por el poder y la horda de guerreros venida del mediterráneo.Pero su intento de regeneración llamada “repetición de la creación” no tuvo efecto y tras su muerte, Herihor, sumo sacerdote de Amón se proclamo Faraón del Alto Egipto; mientras tanto en el Bajo Egipto un funcionario fiel a los Ramésidas llamado Smendes mantuvo el control del estado y fundó la XXI dinastía. En su contra se perdió el control en oriente medio y Nubia finalmente se independizó. De esta forma acabo el imperio nuevo de Egipto y su edad de oro.

Bibliografía

Baines, J. and Malek, J. (1992). Egipto. 1st ed. Barcelona: Folio [etc.].

Hagen, R. and Hagen, R. (2005). Egipto. 1st ed. Köln: Taschen.

Hamilton, R. (2006). Antiguo Egipto. 1st ed. Bath [England]: Parragon.

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