Poltava, o el fin del Imperio Sueco

Durante la Edad Moderna, varios Imperios europeos dominaron gran parte del mundo. España, Portugal, Gran Bretaña o Francia son algunos de esos Imperios. Sin embargo, hay uno que pasa desapercibido entre la gran mayoría y que estuvo muy cerca de convertirse en una de las mayores potencias militares y políticas de su momento. Ese Imperio no es otro que el sueco.

Origen de Suecia

Aunque desde finales del s. X, con el reinado de Eric VIII “el Victorioso” puede hablarse de Suecia, aún tendrían que pasar varios siglos para poder observar una Suecia similar, territorialmente, a la que conocemos hoy en día. En un lento proceso de expansión hacia el norte y el este, durante los ss. XI-XIII, Suecia logró la unidad en la mitad oriental de la península escandinava y comenzó la invasión de Finlandia, en ocasiones, en disputa con Rusia. Con el reinado de Eric IX “el Santo” (1150-1160), Suecia se convirtió en un reino cristiano unificado y un referente en el norte europeo.

Sin embargo, las complejas relaciones matrimoniales entre las casas reales nórdicas (Noruega, Suecia y Dinamarca) acabaron provocando que las tres coronas recayeran en la reina Margarita I de Dinamarca, que unió a los países nórdicos en la Unión de Kalmar en 1397. Pero la Unión de Kalmar pronto encontraría dificultades. Margarita gobernaba desde Dinamarca y tenía una relación cercana con Noruega, pero Suecia quedaba marginada, lo que llevó al enfado de los nobles suecos. Esta tensión condujo gradualmente a un conflicto abierto entre los nobles suecos y el poder real danés. Suecia, negándose a tener un rey danés que les daba de lado, elegía en su Parlamento a sus propios reyes, llegando, en ocasiones, a una abierta guerra civil entre Suecia y Dinamarca-Noruega. Finalmente, el rey danés Cristian II, cansado de las revueltas en Suecia, decidió ejecutar a más de 80 nobles rebeldes suecos, en el conocido como “Baño de sangre de Estocolmo” de 1520, después de que la ciudad se rindiera tras un fallido levantamiento de los campesinos suecos. Esta ejecución, al contrario de lo que pretendía Cristian II, provocó inmediatamente una nueva rebelión de los nobles suecos, que escogieron como líder al noble Gustavo Vasa. Gustavo lideró las tropas rebeldes suecas, recuperando gran parte de Suecia y entrando en Estocolmo a mediados de 1523. Tras su coronación como rey, y la rendición de los últimos reductos leales a Cristian II en Suecia y Finlandia, la Unión de Kalmar llegó a su fin, surgiendo los Estados de Suecia y Dinamarca-Noruega, que permanecerán enfrentados durante siglos.

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Unión de Kalmar, aún con vastos territorios del norte sin dominar

Tras su llegada al poder en 1523, aunque su coronación oficial no llegó hasta 1528, Gustavo Vasa fue considerado como el “Padre Fundador” de Suecia. Al mismo tiempo, rechazó el catolicismo y estableció la Reforma Protestante. Tan pronto como la independencia de Suecia se logró, Gustavo I Vasa comenzó un fortalecimiento de la figura del rey y una importante militarización, continuada por sus sucesores, y que provocaron que Suecia se embarcara en numerosas guerras durante los ss. XVI y XVII.

Suecia como potencia europea

Durante el siglo XVII, tras ganar guerras contra Dinamarca-Noruega, Rusia y Polonia, Suecia, con poco más de 1 millón de habitantes, surgió como una gran potencia en el norte europeo. Su importancia militar quedaría contrastada internacionalmente tras sus contribuciones durante la Guerra de los Treinta Años, donde Suecia, gobernada por Gustavo II Adolfo Vasa logró varias victorias importantes que, con la entrada de Francia del lado protestante poco después, acabarían decantado la guerra en su favor.

Al salir victoriosos de la Guerra de los Treinta Años, y tras la firma de la Paz de Westfalia en 1648, Suecia dominó Ingria, Estonia, Livonia, así como varias áreas del norte de Alemania (Pomerania Occidental y el obispado de Bremen-Verden). Además, se aseguró el control de la desembocadura de los tres ríos principales del norte de Alemania, el Oder, el Elba y el Weser. Todo ello, le daba un voto en la Dieta Imperial del Sacro Imperio. La agresiva política exterior sueca estaba dando sus frutos, y con la llegada al poder de Carlos X Gustavo en 1654, Suecia alcanzaría su cénit.

Aunque Carlos X Gustavo solamente gobernó durante 6 años, en su breve reinado Suecia emprendió dos guerras, contra Polonia-Lituania y contra Dinamarca-Noruega. En la primera de ellas, Polonia-Lituania logró revertir su complicada situación inicial gracias a la intervención danesa y rusa contra Suecia. Sin embargo, Carlos X Gustavo pudo recuperarse y, tras derrotar a Dinamarca-Noruega, firmó el Tratado de Roskilde (1658), donde recibiría importantes provincias noruegas y varios enclaves en el Báltico, posesiones que serían confirmadas en 1660 tras la segunda guerra contra Dinamarca-Noruega y la firma del Tratado de Copenhague. Paralelamente, la Paz de Oliva (1660) consolidó la posición sueca en el Báltico frente a las pretensiones de Polonia-Lituania. Suecia había ascendido meteóricamente al rango de poder imperial, pero ello implicaba que debía continuar siendo una monarquía militar, armada ante posibles emergencias. La pobreza y escasa población de Suecia hacían que muchos suecos optaran por la vía militar, permitiendo a Suecia tener, comparativamente a su población, un gran ejército y, sobre todo, altamente preparado.

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Suecia en su cénit (1660)

Inicio del declive sueco. Gran Guerra del Norte.

Sin embargo, en el último tercio del s. XVII, Suecia comenzó a atravesar una serie de dificultades económicas que llevó al freno de su expansionismo. Suecia declaró su neutralidad en los conflictos europeos de este período para poder así sanear su economía y su administración. Cuando Carlos XII accedió al poder en 1697, Suecia se vería fortalecida gracias a las reformas llevadas a cabo por su padre, Carlos XI, y, debido a su educación altamente militarizada, buscaría de nuevo expandir el dominio sueco en el norte europeo. Esto llevó a sus más directos rivales, véase Dinamarca-Noruega, Polonia-Lituania y Rusia a unirse en una alianza secreta, impulsada por el zar Pedro I “el Grande”, y declarar la guerra a Suecia en el año 1700 para recuperar los territorios perdidos. Había comenzado la Gran Guerra del Norte. 

Dinamarca-Noruega fue la primera en atacar a Suecia, concretamente a sus posesiones y protectorados en el norte del Sacro Imperio. Carlos XII, en un hábil movimiento, en lugar de ir en busca del ejército danés, se dirigió directamente hacia Copenhague. Ante el eventual asedio de su capital, Dinamarca-Noruega comenzó inmediatamente las negociaciones de paz, retirándose de la guerra apenas cuatro meses después de haberla comenzado.

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Ejército sueco en la Gran Guerra del Norte, con su característica casaca azul.

Este hecho liberó a Carlos XII, que, tras cubrir su retaguardia, pudo marchar con su ejército hacia el este, a combatir a Polonia-Lituania y Rusia. Rusia, por su proximidad geográfica, había penetrado en las posesiones suecas en el Báltico Oriental, llegando a asediar Narva, una de las ciudades mejor fortificadas de Europa. El ejército ruso, compuesto por unos 80000 hombres, comenzó el asedio de Narva, que estaba defendida por poco más de 2000 soldados suecos. Cuando Carlos XII llegó al rescate, solamente contaba con unos 8000 efectivos. Los rusos tenían una superioridad de 8 a 1, pero su ejército era tremendamente inexperto, compuesto por campesinos que nunca habían combatido, sin apenas entrenamiento y con generales extranjeros que no hablaban ruso. El 30 de noviembre de 1700 (día 19 en el calendario juliano ruso), una fuerte ventisca cayó sobre Narva. Sin embargo, un inesperado cambio de viento provocó que la ventisca cegara a las tropas rusas. Carlos XII, con gran astucia, ordenó a su reducido ejército cargar. Los rusos se vieron sorprendidos y entraron en pánico. Los inexpertos soldados intentaron huir del campo de batalla, dejando armas y estandartes atrás, mientras los generales intentaban inútilmente organizar la situación. Para colmo de males, el puente sobre el río Narva que muchos rusos usaron como vía de escape, se hundió. Al final del día, por cada sueco muerto, había unos 25 rusos fallecidos.

El fracaso ruso en Narva, sin embargo, fue la señal que Pedro I necesitaba. Tras años de tímidas reformas modernistas, finalmente se decidió a profesionalizar el ejército ruso. Este proceso llevó un tiempo precioso, pero, por suerte para Rusia, Carlos XII les no atacó nada más derrotarles en Narva, sino que prefirió dirigirse hacia Polonia-Lituania y el electorado de Sajonia con el fin de cubrirse las espaldas antes de su aventura rusa.

Entre 1702 y 1703 el ejército sueco avanzó por Polonia-Lituania sin oposición. Las victorias se sucedían. En 1704, Augusto II de Polonia-Lituania y I de Sajonia fue depuesto y Carlos XII nombró a un noble fiel a Suecia, Estanislao Leszczynski como el nuevo Gran Duque. Tras aplastar las revueltas en favor de Augusto II, y tras una breve campaña en Sajonia en 1707, el ejército sueco estaba preparado para invadir Rusia.

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Itinerario seguido por las tropas suecas en la Gran Guerra del Norte

 

Poltava. El fin del Imperio Sueco.

En 1708, tras haber derrotado a Sajonia y Polonia-Lituania, el monarca sueco Carlos XII decidió realizar un ataque directo al corazón de Rusia, Moscú, pero fue recibido con la táctica de “tierra quemada” (los rusos destruían todo lo que pudiera servirle al ejército sueco a medida que se replegaban hacia Moscú), por lo que Carlos XII tuvo que cambiar su estrategia. Con la cercana llegada del invierno y la falta de suministros, que estaban afectando a los soldados suecos (de los 35000 que había comenzado la campaña, quedaban apenas unos 20000), éstos se dirigieron hacia el sur, hacia Ucrania, donde Carlos XII tenía la esperanza de que los cosacos de la región le prestaran apoyo tanto militar como de suministros. Tras encontrar apoyo parcial, y sin su ejército totalmente recuperado de las penurias del invierno, Carlos XII reanudó su marcha hacia Moscú, esta vez desde el sur. Los rusos, mucho más numerosos y, desde luego, mucho mejor preparados y pertrechados tras las reformas de Pedro I, salieron al encuentro de los suecos en las cercanías del pequeño pueblo de Poltava. Un terreno accidentado, con varios barrancos hacía el río, bosques, un cenagal, y una colina que dominaba el entorno sería el escenario del enfrentamiento.

Carlos XII, confiando que podría recuperar la iniciativa, acudió al encuentro con el ejército ruso que se hallaba atrincherado en Poltava en junio de 1709. Aunque los rusos les doblaban en número y estaban mejor atrincherados, los suecos tenían plena fe en su rey, sus generales y su capacidad militar, para derrotar a los rusos en Poltava. Pero desde el primer momento, las condiciones se fueron tornando contra los suecos. Unos días antes de la batalla, un francotirador ruso hirió a Carlos XII en un pie mientras éste pasaba revista a una de las trincheras construidas. Esto provocó que el rey tuviera que verse postrado en una aparatosa camilla construida especialmente para la ocasión y dejar el mando a Carl Gustaf Rehnskiöld, general, por otra parte, que había demostrado su gran capacidad de mando en Polonia.

Tras varias escaramuzas, finalmente los suecos decidieron dar orden de ataque para el 8 de julio. (28 de junio de 1709 en el calendario juliano ruso). Durante la noche, sobre las 3 de la mañana, los batallones suecos comenzaron su silenciosa marcha hacia las posiciones enemigas. El campamento ruso se hallaba en una pequeña colina, solamente accesible de manera “cómoda” por un pasillo entre dos bosques, pues el barranco hacía el río y un cenagal servían de protección natural. Por ello, los rusos construyeron una serie de puestos avanzados fortificados en dicho pasillo, en forma de “T”, de tal manera que el ataque en columna sueco se viera encajonado y fuera inútil. Los suecos intentaron compensar esta defensa con un ataque sorpresa nocturno.

Sin embargo, las cosas pronto se comenzarían a torcer para los suecos, pues hasta 6 batallones se extraviarían en la noche y serían incapaces de seguir a sus compañeros. Por ello, cuando el ataque fue lanzado, muchos suecos no sabían dónde se encontraban exactamente y tardaron largo rato en volver al campo de batalla. Paralelamente, Carlos XII había dispuesto algunas unidades de caballería para que atacaran desde una aldea, a través de un pequeño bosque, intentando acercarse al campamento ruso desde el río.

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Planteamiento inicial. Los suecos atacarían las defensas rusas en forma de “T” antes de formar frente al campamento. Al mismo tiempo, la caballería atacaría por el bosque, sorprendiendo a los rusos en su retaguardia.

Hacia las 5 de la mañana, el caos se había desatado en Poltava. Los suecos, a pesar de los batallones perdidos, lanzaron su ataque contra los rusos, atrincherados en sus reductos. La falta de luz, pues apenas se atisbaban los primeros rayos del sol, el humo de los disparos y, sobre todo, la feroz resistencia rusa, tanto en los reductos como con apoyo artillero desde el campamento, resultaron claves para el fracaso del envite sueco. Muchos batallones suecos no tenían claro si debían destruir los reductos rusos o atravesarlos para plantar batalla cuanto antes al ejército de Pedro I. Esto provocó que mientras batallones enteros de suecos perecían intentando, inútilmente, tomar al asalto las fortificaciones rusas, otros se alejaron de la trampa rusa casi sin bajas. La confusión fue en aumento a medida que las horas pasaban.

La teórica ventaja inicial sueca fue anulada rápidamente y para cuando el sol comenzó a brillar, su situación era desesperada. Aunque gran parte del ejército sueco había logrado superar los reductos fortificados rusos, las bajas eran enormes. Muchos puestos avanzados aún estaban en posesión del enemigo y la artillería había causado estragos entre los suecos. Además, la caballería en el bosque, aunque había logrado llegar hasta el campamento ruso, no se decidió a atacar al verse aislada y no tener noticias de la infantería. Hacia las 9 de la mañana, tras unas 5 horas de combate, Pedro I ordena a su ejército salir del campamento y formar frente a los suecos. El combate fue fugaz. Los suecos, heridos, desmoralizados por las bajas, cansados y faltos de suministros fueron rápidamente derrotados. Aunque Carlos XII intentó, desde su camilla, reorganizar la situación, todos sus ataques fracasaron y a las 11 llamó a retirada. Al mediodía, la batalla había concluido, pues la caballería rusa no hostigó inmediatamente a los suecos, sino que había vuelto a sus propias líneas. Unos 10000 suecos, entre heridos, muertos y capturados fueron las bajas suecas en Poltava. Rusia perdió menos de 1500 hombres.

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Algunos batallones suecos llegaron a formar frente al campamento ruso, pero ante su inferioridad y la falta de apoyos, emprenden la retirada.

Carlos XII reunió entonces el resto de sus tropas y el tren del bagaje, y comenzó una precipitada huida hacia el sur. Los rusos persiguieron a los suecos que se dirigían al río Dniéper, donde Carlos XII esperaba contar con el apoyo cosaco y, potencialmente, otomano, para combatir a los rusos. Sin embargo, el viaje fue muy complicado. Carlos XII retiraba hombres del frente para formar su guardia personal, pues aún marchaba en camilla. Y además, el tren de bagajes, con el salario de los soldados, suministros y otros tesoros expoliados, viajaba lento. Por ello, los rusos pisaron los talones continuamente a los suecos. Tres días después de Poltava, los suecos llegaron a Perevolochna, donde intentaron cruzar el Dniéper. Sin embargo, el hostigamiento ruso lo impidió y Carlos XII, a la desesperada, ordenó a su ejército cruzar el cercano río Prut en barca. Pero a Carlos XII le entró el pánico y huyó, cruzando el río Prut en barca junto con su guardia personal, algunos oficiales y un pequeño “tesoro”, dejando abandonados a sus hombres en Perevolochna. Algunos soldados suecos intentaron cruzar el río sin éxito. Cuando los rusos llegaron, el hasta entonces invencible ejército sueco se rindió ante las tropas del zar Pedro I el Grande.

Carlos XII tras atravesar el río Prut, se dirigió a la ciudad de Bender en el Imperio Otomano, donde encontró refugio hasta 1714, cuando pudo regresar, de incógnito, a Suecia. Con el ejército sueco destruido, Rusia entró en los dominios suecos del Báltico y apoyó a Augusto II, que recuperó la corona de Polonia-Lituania. Aprovechando la ocasión, Dinamarca-Noruega, Hannover y Prusia entraron en guerra. El Imperio Sueco se vino abajo.

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Tratado de Nystad, que ponía fin a la Gran Guerra del Norte. Posesiones perdidas por Suecia.

Tras el desastre de Poltava, que los rusos aún encumbran y sus fuerzas navales siempre han nombrado un buque con el nombre de “Poltava”, Suecia dejó de ser una potencia y Rusia pasaría a llevar la voz dominante en el este y norte de Europa.

Bibliografía

DAVIES, Norman. Reinos desaparecidos. La Historia olvidada de Europa. Ed.: Galaxia Gutenberg. Barcelona (ESP), 2013.

ENGLUND, Peter. La batalla que conmocionó Europa. Poltava y el nacimiento del Imperio Ruso. Ed.: Roca. Barcelona (ESP), 2012.

HATTON, Ragnhild Marie. Charles XII of Sweden. Ed.: Weidenfeld & Nicolson. Londres (GBR), 1968.

PARKER, Geoffrey. Historia de la Guerra. Ed.: Akal. Madrid (ESP), 2010.

3 comentarios en “Poltava, o el fin del Imperio Sueco

    1. Muy buenas. En primer lugar, gracias por las felicitaciones, es un placer =D. Y sobre la Gran Guerra del Norte, es complicado, al menos en castellano, encontrar bibliografía (recuerdo que es paralela a la Guerra de Sucesión Española). El libro de Peter Englund sobre Poltava que menciono, aunque se centra en la batalla en sí, realiza una muy buena descripción del funcionamiento del ejército sueco y del marco general de la guerra y sus consecuencias, muy recomendable. El de “Charles XII of Sweden” es algo viejo, está en inglés, y aunque en una biografía del rey, éste pasó 18 de sus 21 años de reinado en guerra, por lo que narra bien sus campañas. En YouTube hay un documental sobre Poltava (“Great Northern War. Battle of Poltava.”).
      Sin embargo, como te digo, hay poco donde rascar en castellano sobre este tema, lo cual me parece una lástima. Lamento no poder ser de más utilidad.
      ¡Un saludo!

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