Tres grandes del Renacimiento

El Renacimiento (“Rinascita“) es un periodo que hace virar la historia de las artes. En sus dos siglos de duración, desde principios del siglo XV hasta el año 1600 aproximadamente, el arte, la sociedad y la economía cambian casi por completo. En un principio la caída de Constantinopla (1453) y el éxodo de eruditos hacia la zona de Italia produjo un cambio en la concepción de las cosas. Estos eruditos trajeron consigo todo el saber que Bizancio había almacenado tras la caída del Imperio Romano de Occidente. La imprenta de Gutenberg ayudó a divulgar esta sabiduría ya que se abarató el coste de fabricar libros. El antropocentrismo y la visión del hombre como centro de todo cambió la percepción de este como algo corruptible o impuro. Estos son los principales motivos que propiciaron el Renacimiento y la búsqueda la belleza en las civilizaciones antiguas como Grecia y Roma. Finalmente todo esto se reflejó en el arte, desde los primeros autores como Boticelli, Donatello… hasta los tres grandes que hoy vamos a tratar; Rafael Sanzio y Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti.

Rafael Sanzio

Rafaello Sanzio (1483-1520) es uno de los máximos exponentes del llamado Alto Renacimiento. Pese a que su vida se vio truncada con tan solo 37 años, este autor destacó tanto en pintura como en diseño y arquitectura. Rafael perdió a su padre con tan solo 12 años, este era también pintor para la corte de Urbino. Quizá su padre le enseñara las primeras concepciones de pintura pero fue con Pietro Perugino con quien se fraguó como pintor. Sus primeras obras fueron para clientes de esa misma ciudad y vecinas. Cuando se mudó a Florencia en el año 1504 aproximadamente conoció las obras de los dos grandes de la ciudad, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti. De ellos aprendió técnicas que más tarde desarrollaría en sus obras. Tiempo después recibió la llamada de Roma. En esa ciudad estaría bajo el mecenazgo de Julio II y León X, dos de los mayores amantes del arte de la época. Rafael fue un pintor excepcional, fue capaz de captar el carácter de las personas a las que retrataba además de tener una técnica excepcional.

LA ESCUELA DE ATENAS

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La escuela de Atenas, estancia de la Signatura

En el año 1508, Rafael es llamado a Roma por el papa Julio II. Este pontífice estaba interesado en decorar las llamadas Estancias Vaticanas. Rafael fue el encargado de decorar tres de las cuatro habitaciones; la estancia de la Signatura, la estancia del Heliodoro y el Borgo la última de estas. La que hoy nos atañe es la estancia de la Signatura donde se encuentra esta maravilla de la pintura, La escuela de Atenas.

Esta habitación es una de las primeras que nos encontramos. Las pinturas que contiene son frescos dedicados a diferentes saberes como son la teología con La disputa de Santísimo Sacramento en una de las paredes; a la poesía con el Parnaso, monte donde habitan las musas; el Derecho y las cuatro virtudes (templanza, prudencia, fortaleza y justicia).

Por último la Escuela de Atenas está dedicada a la filosofía y el saber antiguo. En el centro de la composición está Platón señalando al cielo (el mundo de las Ideas) y Aristóteles señala a la tierra (la experiencia). Tras ellos se encuentran las estatuas de Apolo (razón) a la izquierda y Minerva (sabiduría) a la derecha. Rafael quería inmortalizar en el tiempo a los genios de su época así Platón tiene el rostro de Leonardo da Vinci, Heráclito el de Miguel Ángel o Euclides el de Bramante. Otros pensadores que también son retratados por Rafael son Ptolomeo, Zoroastro, Alejandro Magno, Diógenes  y el mismo Rafael que aparece en la esquina derecha de la composición y es el único que mira fijamente al espectador. La arquitectura abovedada que los acompaña emula a las antiguas basílicas o termas romanas además de dar profundidad a la pintura.

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LEONARDO DA VINCI

Leonardo da Vinci como su propio nombre indica nació en el año 1452 en Vinci, un pequeño pueblo a escasa distancia de Florencia. Hijo no deseado de Ser Piero, Leonardo no tuvo desde su niñez una educación estricta por lo que esto le ayudó a ver el mundo a su manera. Leonardo tenía unas excelentes dotes para la pintura. Su padre deseaba que se dedicara a las leyes, un oficio de prestigio, pero el pequeño Leonardo no obedecía. Lo que a él le llamaba era el arte. Con la edad de 18 años, Ser Piero le llevó al taller de Andrea Verrocchio un afamado pintor, arquitecto y escultor. Verrocchio aceptó a Leonardo como aprendiz en su taller. Durante sus siete años de aprendizaje, Leonardo adquirió las habilidades necesarias para la pintura pero ya el joven de Vinci se interesaba por otras cosas. Estudiaba el aleteo de los pájaros e incluso inventó un prototipo de helicóptero. Esto no quedó ahí, para sacar dinero para sus investigaciones e inventos se ofrecía para pintar en conventos e iglesias aunque muchas de estas obras nunca fueron terminadas como es el caso de la Adoración de los Magos que realizó para el convento agustino de San Donato de Scopeto. La familia Medici fue su mayor sustento económico. Para ellos ideó maquinaria bélica como cañones, un traje submarino o un diseño de tanque. Leonardo esperaba una llamada de Roma que nunca llegó. Por este mismo motivo viajó a Milán donde la familia Sforza le encargaría diversos trabajos. Ya al finalizar sus días viajó al norte, a Francia con el rey Francisco I. Allí finalizaría su vida la primavera de 1519 cuando contaba con 67 años. Leonardo fue un hombre del renacimiento, tocó todas las artes, fue pintor, inventor, escultor, arquitecto, cocinero, estudió el cuerpo humano… Se podría decir que Leonardo a diferencia de Rafael y Miguel Ángel fue más un científico que un artista pero ha dejado una huella imborrable en la historia del arte.

LA ÚLTIMA CENA.

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Refectorio de Santa María delle Grazie  1495-1498

Eran trece, desde Bartolomé a la izquierda hasta Simón a la derecha. Cada uno reacciona de una forma distinta a lo que acaba de decir Jesús. ¡Uno de nosotros lo va a traicionar!. Todos se miran. Andrés levanta las manos asombrado como queriendo decir que él no sabía absolutamente nada. Tras él Santiago el Menor intentando llamar la atención posa su meno izquierda sobre Judas Iscariote, que lleva un cuchillo en la mano en ese preciso instante. Judas hace caso omiso, dice algo al oído de Juán ante la mirada inquietante de Pedro. Jesús en  el centro está resignado mira a sus manos preguntándose ¿por qué?. Es el único de ellos que no interactúa con otro, está solo en el centro. A su derecha Tomás levanta su dedo índice, parece recriminar a Jesús lo que acaba de decir “¡Es imposible!” mientras Santiago el Menor parece apaciguarles. Felipe se siente herido por lo que acaba de decir el mesías. Los tres últimos están como aislados. Mateo señala hacia Jesús con sus manos pero le da la espalda, no cree que lo que acaba de decir es cierto. Al mismo tiempo mira fijamente a Simón tal y como lo hace Judas Tadeo.

Este mural ha generado gran controversia desde el mismo día de su culminación. En el año 1497 cuando casi estaba terminado corrió la voz de que la obra de Leonardo había representado a los apóstoles y a Jesús sin su aureola de santidad. Además de esto se dice que el propio maestro Leonardo se representó dando la espalda al mismísimo Jesús. Pero hay mucho más detrás de la obra. El de Vinci no recreó el Cáliz con el cual habrían bebido todos aquella noche sino que a  cada uno le colocó un pequeño vaso de cristal. También les pintó una hogaza de pan y a  excepción de Jesús todos tienen el plato lleno.

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Bartolomé, Santiago el Menor, Andrés, Judas Iscariote, Pedro y Juán.

Son cientos los misterios que ocultó el maestro Leonardo en sus obras pero quizá fue en esta en la que más ocultó. No quería hacer una “Última Cena” como la de cualquier otro, él quería hacer La Ùltima Cena. Tardó mucho tiempo en finalizarla, entre tanto los monjes del monasterio se impacientaban. Cuentan algunos relatos que mientras trabajaba entró el prior de Santa María delle Grazie a recriminar a Leonardo por su tardanza. El maestro da Vinci le dijo que si no dejaba de incordiar sería su cara la que aparecería en el lugar de Judas. Otros cuentan que para buscar el rostro de Judas Iscariote se inspiró en uno de los reclusos que había en las prisiones de Milán. Todo esto no se sabe a ciencia cierta ya que cualquiera con un poco de imaginación podría inventarse una buena historia para este personaje, uno de los más carismáticos de la historia. Cada una de sus obras oculta un misterio que aún no hemos podido descubrir.

MIGUEL ÁNGEL.

Miguel Ángel Buonarroti nació en Caprese a poca distancia de Florencia en 1475. Era hijo hijo de Ludovico Buonarroti y Francesca di Neri. Desde siempre Miguel Ángel fue una persona de gran carácter y poco dado a las relaciones sociales. Con el paso de los años fue amasando una fortuna de la cual no disfrutó en demasía. Aún siendo un adolescente Miguel Ángel se trasladó a la bella Florencia. Por aquel tiempo el mandatario de la ciudad era Lorenzo de Medici, “el Magnífico”. Gracias a él la ciudad vivió uno de los momentos de más esplendor ya que fue mecenas de cientos de artistas entre ellos el propio Miguel Ángel. Este joven aún inexperto en las artes plásticas pero con un gran talento obtuvo el apoyo necesario de la familia Medici, ellos le facilitaron la posibilidad de estudiar con el maestro Bertoldo, discípulo de Donatello y con ello aprender todo lo necesario de los antiguos escultores. Pero llegó el año 1492 y Lorenzo el Magnífico muere, esto trastoca gravemente a la ciudad que entró en crisis junto a Miguel Ángel que perdía a uno de sus mayores apoyos. Cuatro años después llegaría la llamada de Roma donde fraguaría aún más su leyenda. En este periodo realizó la Pietá única obra suya de la cual se sintió verdaderamente satisfecho y la cual firmó. Después de un corto periodo volvió a Florencia, un gran bloque de mármol de Carrara le esperaba. El David, su obra más significativa nacería de él. Ya a principios del siglo XVI en 1505 volvió a Roma, el Papa Julio II le encargaría su mausoleo que no concluyó por inconveniencias del Papa. Esto no gustó nada a Miguel Ángel de naturaleza orgulloso y juró no volver a esa ciudad. Esto no fue así ya que tres años después le fue encargada la decoración de la Capilla Sixtina de la cual hablaremos a continuación. Esta no fue su única obra en Roma aunque si fue una de las que más tiempo le llevó realizar. Miguel Ángel realizó cientos de obras y fue otro de los autores más polifacéticos de su época ya que además era arquitecto y poeta. Su carrera se dilató por más de 60 años pero finalmente su luz se apagó en el año 1564.

EL JUICIO FINAL

 

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Escena del Juicio Final en el muro oeste de la Capilla Sixtina 1537-1541

Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con El, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.” Mateo 25:31-46. Así es como relata la Biblia la llegada del Apocalipsis y la imagen es como la recrea Miguel Ángel en el muro oeste de la Capilla Sixtina. 

En este mural Miguel Ángel lleva casi al extremo una de sus características más importantes la ‘terribilitá‘. Así pues Buonarroti representa a los cuerpos con grandes escorzos y una energía sobrehumana. Si nos fijamos en la mayoría de ellos se muestran con una musculatura y una vivacidad digna de mención. Esta característica no solo es aplicable a los hombres pues a las mujeres también las representa con unas formas poco usuales si las comparamos con las de Leonardo, Rafael o Boticelli.

La escena como hemos comentado representa el Juicio Final. Miguel Ángel dividió la escena en tres partes. La parte superior es la celestial o divina donde se encuentra Cristo imberbe, desnudo y con el brazo derecho alzado en señal de impartir justicia y temor. A su lado está la Virgen María y todo un elenco de santos, apóstoles, vírgenes… A los pies de Cristo en un lugar privilegiado están dos santos, San Lorenzo con la parrilla que le simboliza y San Bartolomé con una piel que alude a su muerte. En la piel que lleva este santo fue el lugar elegido por Miguel Ángel para dejar su autorretrato.

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En la zona central encontramos tres grupos, en la parte izquierda los juzgados que ascienden hasta el cielo. En el centro los ángeles con sus trompetas despiertan a los muertos y a la derecha están los condenados a vagar siempre por la tierra o el infierno. En la tierra los que se han salvado son ascendidos a los cielos ayudados por los justos mientras que los juzgados son llevados juntos en la barca de Caronte.

Cuentan algunos relatos que cuando se presentó al público esta obra causó gran conmoción gracias a la gran cantidad de desnudos que albergaba. Cuando el maestro de ceremonias del Papa vio aquella representación diabólica estalló. Le dijo a Miguel Ángel que esa decoración era propia de un baño público y no de un lugar sacro. Esto no gustó nada a Miguel Ángel que decidió representarlo como Minos, el juez del Infierno. Cuando Biagio da Cesena que así se llamaba acudió al Papa para recriminarle lo que había hecho el pintor este le respondió que su jurisdicción no incluía el infierno así que no podía hacer nada.

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Caronte azota a los condenados en la parte izquierda de la escena. Minos es el personaje que parece envuelto por una serpiente.

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