La Primera Cruzada (III)

             Aunque el emperador Alejo y los príncipes cruzados tuvieran muchas diferencias sobre los derechos de los futuros territorios conquistados, en lo que todos estaban de acuerdo es que para llegar a Jerusalén, lo primero que tenían que hacer era asegurar la zona de Asia Menor y expulsar a los turcos de la misma. Los cruzados, que contaban con el apoyo táctico de los generales bizantinos, decidieron que el objetivo principal sería tomar la capital de los selyúcidas: Nicea. Era fundamental tomar esta plaza debido a que podría poner en riesgo las comunicaciones con el Imperio. Por otro lado, el sultán selyúcida Kilij Arslan I estaba combatiendo en la frontera oriental debido a una disputa por la soberanía de la ciudad de Melitene. Al sultán no le parecía muy seria la amenaza llegada desde Occidente debido a que derrotó muy fácilmente a al expedición de Pedro y, por tanto, subestimó a los ejército cruzados. No obstante, parece ser que envió parte de su ejército cuando le llegaron noticias de que los cruzados se dirigían hacia Nicea.

Asia Menor en el siglo XI
Situación geopolítica de Oriente a finales del siglo XI.

                Godofredo y su ejército emprendierin el viaje a Nicea el 26 de abril, marchando primero sobre Nicomedia, donde permaneció tres días y unió fuerzas con el ejército de Bohemundo y con los restos de la expedición de Pedro el Ermitaño. Junto a estos, marchaba un pequeño destacamento de bizantinos que llevaban consigo equipo de asedio bajo el mando de Manuel de Butumites. Siguiendo los consejos del Emperador, Godofredo envió a espías en la vanguardia para vigilar los caminos y explorar la zona. El 6 de mayo lograron llegar a  Nicea. La ciudad había sido muy fortificada por los bizantinos: contaba con unos doscientos cuarenta torreones y sus murallas formaban un pentágono irregular que dificultaba el ataque. Godofredo se posicionó frente a la muralla norte, el ejército de Bohemundo, dirigido en ese momento por Tancredo, se colocó en la zona oriental y, por último, Raimundo, se ocupó de la zona sur de la muralla.

               A pesar de que las fuerzas turcas dentro  de Nicea fuesen considerables, necesitaban refuerzos urgentemente. Se enviaron mensajeros al sultán para que desplazara fuerzas a la ciudad antes de que los cruzados pudiesen efectuar el cerco total de la ciudad. Sin embargo, aunque el sultán mandara refuerzos, estaban demasiado lejos. Gracias al acuerdo al que llegaron Bohemundo y Alejo, los cruzados recibieron la provisiones y suministros necesarios para proseguir con el asedio. El 3 de junio se unieron al asedio las fuerzas de Esteban de Blois y Roberto de Normandía. El ejército cruzado, por fin, estaba completo y funcionaba como uno solo. Los príncipes se reunían entre sí para tomar las decisiones convenientes y, por el momento, no hubo desacuerdos.

                          Los primeros refuerzos turcos habían llegado justo después de que terminaran de cercar por completo la ciudad. Estos hicieron una pequeña escaramuza al  sector de Raimundo y, después, se retiraron para esperar al grueso principal del ejército del Sultán. El 21 de mayo el ejército dirigido por el Sultán llegó a la zona que cubría Raimundo. Aunque Raimundo llevase el peso de este ataque, Roberto de Flandes acudió en su ayuda y la batalla, aunque causó estragos a los cruzados, no aportó ningún beneficio real a los turcos. El Sultán se retiró y se dio cuenta de que el ejército cruzado era mucho más fuerte de lo que había imaginado. Decidió retirarse a las montañas y abandonar la ciudad. Aunque las bajas cruzadas habían sido importantes, la victoria subió mucho el ánimo.

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Ilustración que refleja el sitio de Nicea (1097)

                                               Un episodio bastante cruel de este asedio fue que los cruzados lanzaron las cabezas cortadas de los cuerpos de los turcos por encima de las murallas de Nicea. A continuación, prosiguieron con el asedio, sin embargo, las fortificaciones eran muy fuertes y los intentos de los zapadores de encender una gran hoguera que destruyese parte de la muralla fueron inútiles. Por otro lado, la ciudad seguía siendo abastecida por el lago y tuvieron que pedir ayuda al Emperador para que les proporcionara barcas y evitar así la entrada de suministros. Alejo, que quería que los cruzados viesen la importancia de su ayuda, envió una pequeña flota dirigida por Butumites para entorpecer la línea de abastecimiento.  Cuando los turcos vieron que el Emperador apoyaba a los cruzados con el envío de barcos, decidieron rendirse. Vacilaron, por un momento, al tener la esperanza de que el Sultán volvería, sin embargo, cuando tuvieron noticias de que los cruzados iban a emprender un nuevo ataque, procedieron a la rendición. Los cruzados, desconocedores de esta noticia, estaban planeando un nuevo asalto  el 19 de junio, pero al amanecer vieron que las insignias del Emperador colgaban de las torres de la ciudad y que las tropas imperiales controlaban la ciudad. Los bizantinos ocultaron esto a los cruzados debido a que el Emperador deseaba evitar la destrucción de la ciudad y, a su vez, que fuera saqueada. Sin embargo la generosidad de Alejo se hizo notar: entregó a cada cruzado  un donativo de comida y, además, llenó de riquezas  a los príncipes cruzados procedentes del tesoro del Sultán.

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Imagen que refleja el lanzamiento de las cabezas de los turcos a través de los muros de la ciudad sitiada de Nicea (1097).

                                            Aunque los cruzados estaban un poco decepcionados por no haber sido ellos los que tomaran la ciudad, la captura de Nicea llenó de alegría y esperanza a los cruzados que vieron un futuro bastante prometedor. Cuando las noticias llegaron a Occidente se consideró que la Cruzada había sido un éxito y aparecieron muchos voluntarios nuevos para unirse a la misma.  Los cruzados estaban impacientes por continuar con el viaje y, a través de la principal calzada bizantina, transcurrieron por Asia Menor hasta llegar a Dorileo. Antes de llegar a Dorileo, los cruzados habían soportado constantes ataques de los turcos: al sultán Kilij Arslan le había preocupado la pérdida de Nicea, pero los turcos seguían siendo nómadas y su verdadera capital seguían siendo sus campamentos. Los cruzados fueron cercados en un campamento antes de llegar a Dorileo. Sin embargo, los turcos no se dieron cuenta de que no habían atrapado al ejército entero, ya que decidieron emprender la marcha por caminos distintos pero, a la vez, juntos, es decir, mantener una comunicación que permitiese la lucha conjunta. Por ello, las fuerzas de Godofredo y Raimundo lograron romper el cerco y hacer huir a los turcos. Los cruzados, al llegar a Dorileo, permanecieron dos días para recobrar energías de la anterior batalla. Los suministros escaseaban debido a que los ataques de los turcos habían dejado los pueblos de Asia Menor destruidos y, por tanto, había una gran falta de agua potable. El 3 julio emprendieron el viaje hacia Poliboto y continuaron por la calzada principal hasta llegar a Filomelio. Cuando dejaron Filomelio el camino fue el más duro: el trayecto era una zona de desiertos entre montañas y pueblos totalmente devastados. Los cruzados perdieron a sus caballos por el excesivo calor y muchos de ellos se vieron obligados a continuar a pie. No obstante, la moral del ejército seguía igual. En agosto llegaron a Iconio. El Sultán la había elegido como capital tras la pérdida de Nicea, sin embargo, los habitantes la abandonaron con la llegada de los cruzados y no pudieron deshacerse de los ríos y las vegas cercanas al valle. Los cruzados respiraron aliviados y se quedaron allí varios días para descansar. Así mismo, llevaron consigo gran cantidad de agua para proseguir su viaje hacia Heraclea, siguiendo el consejo de los habitantes armenios cercanos a Heraclea.

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Asia Menor en tiempos de la Primera Cruzado (Mapa extraído del libro Historia de las Cruzadas de Steven Runciman, pág. 145).

                                             En Heraclea había un ejército dirigido por dos emires que ansiaban mantener su territorio. Los emires pensaron que con su posición podrían hacer que los cruzados hubiesen tomado otra dirección hasta Antioquía. Sin embargo, los cruzados, sin pensárselo dos veces y al mando de Bohemundo, atacaron rápidamente y se retiraron a zonas del norte dejando abandonadas las ciudades. A partir de aquí, hubo varias discusiones sobre que ruta seguir. Según los bizantinos había dos rutas posibles: una era la ruta más directa hacia Antioquía, es decir, atravesar las llamadas Puertas Cilicianas y llegar hasta Cilicia que se encontraba bajo control de los turcos; la otra alternativa era continuar el trayecto dirigiéndose a Cesarea Mazacha y hacer un rodeo. Los guías bizantinos recomendaron esta última debido a que la ruta de las Puertas Cilicianas en pleno septiembre sería muy agotador para las fuerzas cruzadas. Aunque la mayoría hiciera caso de la segunda opción, Tancredo y Balduino decidieron dirigirse por el camino que llegaba a Cilicia (habría que recordar que la relación entre Tancredo y el Emperador no habían sido muy buena y, por tanto, no hizo caso alguno de sus hombres).

                                              A finales de septiembre, los cruzados habían llegado a Cesarea. No obstante, no quisieron detenerse allí y continuaron su viaje dirección Romana, la cual estaba siendo asediada por los turcos. La llegada de los cruzados hizo huir a los turcos y los habitantes armenios de dicha ciudad, muy agradecidos, les dieron abundantes provisiones para su viaje. Desde allí avanzaron hasta la ciudad armenia de Coxon, donde permanecieron tres días. El viaje desde Coxon hasta Antioquía les iba a suponer el más agotador y difícil desde su partida de Nicea. En la zona del Antitauro no existía ningún tipo de camino y, además, estaba rodeado por pendientes y montañas que dificultaban el tránsito a caballo. Cuando superaron ese infernal trayecto y llegaron al valle de Marash, los cruzados pudieron suspirar de nuevo. En Marash, una población armenia que se mostró amigable ante la llegada de los cruzados,  ofreció su hospitalidad y permanecieron allí varios días descansando de la pesada travesía de los días anteriores. Es en esta ciudad donde Balduino se encontró con los líderes cruzados tras su aventura, junto con Tancredo, en la zona del Tauro. Desde allí Balduino prosiguió su viaje hacia el este donde, posteriormente, fundaría el primer principado cruzado: el condado de Edesa.

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Evolución del condado de Edesa durante su apogeo (1098-1131).

                                                       Balduino había logrado ser el primero en conseguir un principado. Aunque Edesa no estuviera en Tierra Santa, podía suponer una defensa perfecta para los demás principados o Estados que surgieran más al sur. Parece ser que Balduino convenció al gobernador de la ciudad de Edesa, Thoros, para que le adoptara como hijo y le convirtiera en su heredero. No obstante, Edesa había pertenecido al Imperio Bizantino antes de las incursiones turcas y, por tanto, debía ser entregada según el juramento. Sin embargo, la lealtad hacia el juramento que sentía Balduino ya se dejó clara cuando siguió su propio camino haciendo caso omiso de los guías bizantinos. Aunque Alejo no se encontrara en situación de recuperar Edesa, no se olvidaría de tal acción por parte de Balduino de Bolonia, futuro Balduino I de Jerusalén, tras la muerte de su hermano Godofredo.

                                                                  Habían pasado ya cuatro meses desde que los cruzados habían salido de Nicea con el objetivo de adentrarse en Tierra Santa. Para el gran número de soldados que componía el ejército cruzado, fue una auténtica proeza haber recorrido tal distancia en tan poco tiempo. Por otro lado, estuvieron constantemente acosados por los turcos, quienes gracias a su movilidad y tácticas en el combate, llegaron a ser un enemigo respetado, incluso, por los tan orgullosos príncipes de la Cruzada. Otro aspecto que hay que destacar es la ayuda bizantina, es decir, su conocimiento del terreno y, a su vez, su experiencia en el combate contra los trucos, hicieron que la expedición fuese mucho más eficaz de lo que podría haber sido en realidad.

                                                       Mientras los cruzados se aproximaban a las llanuras del territorio de Antioquía, el gobernador de dicha ciudad, Yaghi-Siyan, estaba preocupado por el avance cruzado. Dentro de la ciudad convivían sirios, armenios y griegos. Confiaba en los sirios cristianos, pero no podía seguir confiando en los cristianos y en los griegos. Tomó medidas como el encarcelamiento de las figuras más importantes de dichas comunidades, expulsó de la ciudad a numerosos grupos de cristianos y armenios,  e intentó buscar apoyos en el exterior. No tuvo suerte con Ridwan de Alepo, sin embargo, sí que que contestaron a su petición de ayuda  Dudaq de Damasco, el emir Janah ad-Dula y el turcomano Toghtekin. Por otro lado, el gobernador reunió a todas sus fuerzas dentro de la ciudad, así como todas las provisiones posibles para soportar un largo asedio.

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El gobernador de Antioquía Yaghi-Siyan

                                                                 A finales de octubre, los cruzados llegaron a las murallas de Antioquía. La ciudad contaba con unas inmensas y sólidas fortificaciones que habían sido reforzadas un siglo antes por los bizantinos. Además, sobresalían en total unos cuatrocientos torreones de la muralla que estaban colocados estratégicamente dejando un espacio entre torreón y torreón que permitía el aprovechamiento del espacio para los arqueros. Los cruzados no podían sitiar por completo la ciudad, sin embargo, no recibieron ninguna respuesta por parte de Yaghi-Siyan porque no podía arriesgarse a perder hombres antes de que los refuerzos llegaran. Los cruzados se posicionaron en la zona nordeste de la muralla. Bohemundo se ocupó de la zona de la puerta de San Pablo; Raimunado del sector de la puerta del Perro; y los demás ejércitos estaban junto con Bohemundo a la espera de acudir a donde más se les necesitase. La puerta del Puente y la puerta de San jorge quedaron, por el momento, sin ser vigiladas por los cruzados.

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Plano del sitio de Antioquía (1097-1098)

                                                          Yaghi-Siyan temía un ataque inmediato a la ciudad. Sin embargo, los jefes cruzados estaban indecisos y, solamente Raimundo, estaba seguro de efectuar un ataque masivo.   No obstante, a los demás líderes les intimidaba las murallas y las defensas de la ciudad. Por otro lado, estaba la cuestión de que si estaban mucho tiempo sin atacar, Antioquía recibiría refuerzos. Bohemundo, siguiendo sus propias ambiciones, no hizo caso de la opinión de Raimundo debido a que quería Antioquía para sí mismo. Por ello, Bohemundo no quería verla saqueada por los ejércitos cruzados ni tampoco que se conquistara por el esfuerzo conjunto de los ejércitos cruzados porque no podría reclamarla. Como Bohemundo tenía más carisma que Raimundo, el consejo de Raimundo de atacar Antioquía rápidamente se perdió y el odio entre ambos creció. Con la llegada del invierno, los cruzados, a pesar de algunos éxitos militares frente a las salidas de los sitiados, comenzaron a desmoralizarse. A mediados de noviembre llegó una flota genovesa al puerto de San Simeón. Traían refuerzos y armas, no obstante, los cruzados tenían un serio problema: la escasez de alimentos. Con la llegada de la Navidad del año 1097 las reservas de alimento estaban casi agotadas y, por tanto, se vieron obligados a saquear aldeas y poblaciones cercanas con el objetivo de conseguir recursos.  La salida de una parte del ejército para saquear y encontrar comida se produjo el 28 de diciembre. El gobernador de Antioquía supo de la noticia e inmediatamente hizo una salida para atacar al campamento cruzado. No obstante, Raimundo los rechazó y lo turcos huyeron hacia el interior de la ciudad.

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Roberto de Normandía durante el asedio de Antioquía (1097-1098).

                                                                 Bohemundo y Roberto, que habían salido con unos veinte mil hombres  con el objetivo de buscar alimento, se encontraron de golpe con los ejércitos turcos que venían a socorrer Antioquía. Estos refuerzos turcos estaban dirigidos por Dudaq de Damasco y el hijo del gobernador de Antioquía, Shams. Los turcos consiguieron rodear a Roberto debido a que se encontraba en la vanguardia y un poco más alejado de la posición de Bohemundo. No obstante, Bohemundo, que estaba al tanto de la situación, corrió con el grueso de sus tropas y atacó a los turcos salvando a Roberto. Las bajas turcas fueron tan numerosas que se vieron obligados a retirarse hacia Hama. A pesar de esta victoria, los cruzados también habían sufrido bastantes bajas y decidieron regresar al campamento de Antioquía.  Los cruzados, al ver regresar a Bohemundo y Roberto casi sin comida, se entristecieron mucho y muy pronto uno de cada siete cruzados moriría de hambre. Un intento de salvar esta situación de hambruna fue el de enviar emisarios a la zona del Tauro, donde los gobernadores armenios estaban dispuestos a enviar suministros, pero a cambio de una buena suma de dinero. Por otro lado, los caballos se encontraban en unas condiciones tan precarias, que solo setecientos conseguirían sobrevivir.   Una ayuda mucho más eficaz fue la ofrecida por Chipre. El patriarca Simeón se alegró mucho por colaborar con la Iglesia de Occidente y envió todo el vino y comida que pudo desde la Isla. No obstante, no sirvió para que los cruzados, desmoralizados por las calamidades que tenían que soportar, no desertaran. Con un ejército que perdía números rápidamente, Ademaro pensó que había que hacer otro fuerte llamamiento a Occidente para conseguir refuerzos y escribió una carta al pontífice Urbano II. Sin embargo, parece ser que no ha llegado información sobre su respuesta. Otra cuestión, fue la repentina marcha de Taticio abandonando al ejército cruzado. El general que había enviado Alejo para acompañar a la Cruzada y prestar sus consejos había sido totalmente ignorado en el momento en que este propuso tomar todos los castillos menores de los alrededores de Antioquía para dejarles sin comida y hacer que se  rindieran.  Parece ser que Bohemundo intentó convencerlo para que regresara y, de hecho, lo consiguió. Para demostrar que volvería hizo regresar al conjunto de su pequeño ejército al campamento cruzado. Sin embargo, Bohemundo reflexionó que si hacía pensar a los líderes cruzados  que Taticio había abandonado a la Cruzada por cobardía y por traición, estos se desligarían inmediatamente del juramento con el Emperador y Antioquía, por lo tanto, no tendría que ser entregada a Alejo. Esta estrategia junto a su idea de dejar la cruzada con la excusa de que no podía desatender durante tanto tiempo los asuntos de sus territorios en Occidente, hicieron que se ganara muchas amistades entre los cruzados porque sabían que su iniciativa y capacidad habían sido fundamentales en el éxito que, por el momento, la Cruzada había conseguido. Esta  táctica de conseguir apoyos por parte  Bohemundo, le servirían después para apoderarse la ciudad a la hora de pedir su soberanía.

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El sitio de Antioquía durante la Primera Cruzada (1097-1098)

                                                                   Los turcos estaban reorganizándose para contraatacar a los cruzados que estaban asediando Antioquía. Ridwan de Alepo, que había negado la ayuda a Antioquía en un principio, se sentía mal ahora por no ayudar y, a cambio de que Yaghi-Sayin reconociera su autoridad, prometió su ayuda frente a los cruzados. Ante esta amenaza, los líderes cruzados se reunieron y Bohemundo decidió que, mientras la infantería protegiese el campamento y estuviese alerta de cualquier salida por parte de la ciudad, los caballeros harían una ataque por sorpresa al grueso de las fuerzas turcas que se acercaban en ayuda de Antioquía. A principios de febrero de 1098, la caballería de los francos cargó contra el ejército turco con el objetivo de romper las líneas turcas. Sin embargo, fracasaron y los caballeros se retiraron hacia el terreno que habían elegido ellos. Tras esta maniobra, cargaron una segunda vez rompiendo las filas de los trucos y haciéndolos huir. Ridwan, sorprendido por el ataque cruzado, se vio obligado a emprender la retirada hasta la misma Alepo. Mientras tanto, la infantería que se quedó en el campamento estaba soportando un ataque desde la fortaleza y, justo cuando estaban empezando a perder, los caballeros victoriosos frente a los ejércitos de socorro, llegaron y salvaron la situación en el campamento. Yaghi-Siyan entendió que los ejércitos turcos habían sido derrotados y que tenía que retirarse detrás de las murallas.

                                                                El 4 de marzo llegó una flota dirigida por ingleses al puerto de San Simeón. Estaban a las órdenes del Emperador , sin embargo, esta cuestión era totalmente desconocida para los cruzados. Los barcos traían maquinaria de asedio, una llegada muy oportuna debido a que habían derrotado a los trucos y el cerco, por fin, estaba completo. La llegada del buen tiempo permitió que el forraje fuese llevado a cabo sin peligro y que las provisiones fuesen más fáciles de conseguir. El hambre empezó a hacer mella entre la población.  Los cruzados tenían esperanzas de que se rindieran por hambre, sin embargo, no todo eran  buenas noticias: Kerbogha de Mosul estaba agrupando a sus ejércitos para marchar en auxilio de Antioquía.  A comienzos de mayo llegaron noticias de que Kerbogha estaba en movimiento. No obstante, un error táctico le hizo pensar que dejar en la retaguardia al condado de Edesa resultaría peligroso y decidió sitiarla. Esta decisión dio un respiro a los cruzados pero, a finales de mayo, viéndose incapaz de tomar Edesa, Kerbogha prosiguió su camino y los cruzados, alarmados, comenzaron a desertar.

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Ilustración que muestra a Kerbogha de Mosul (izquierda) sitiando Antioquía tras su conquista por los cruzados en 1098.

                                                                          El 2 de junio un influyente personaje armenio conocido como Firouz que, ya había mantenido contacto con Bohemundo, se dirigió a Bohemundo a través de su hijo para explicarle que estaba dispuesto a traicionar a su gobernador. Dijo a Bohemundo que congregara al grueso de sus fuerzas al este para que el gobernador pensara que se dirigía al encuentro de Kerbogha. Después, que algunos de sus hombres dirigieran escalas hacia la muralla occidental para que subieran a la muralla donde Firouz estaría esperando. Bohemundo aceptó el plan de Firouz y se reunió con los principales líderes para explicarles el la idea. Al atardecer, el ejército cruzado se dirigió al este  y la guarnición de la ciudad respiró tranquila al ver que se dirigían al encuentro de Kerbogha y la mayoría de la guarnición intentó descansar. Al caer la noche, el ejército regresó a las murallas del oeste y noroeste. Llegaron a la torre de las Dos Hermanas y colocaron escalas por donde treparon sesenta caballeros dirigidos por Fulco de Chartres. Entraron por una abertura de la ventana donde esperaba Firouz;   este les guió y tomaron varios torreones, mientras que un soldado italiano, avisó a Bohemundo para que escalara. Mientras algunos hombres se desplazaban por la muralla matando a la guarnición de los torreones, otros bajaron hasta la ciudad e incitaban a los cristianos para rebelarse. Esto tuvo éxito y con su ayuda pudieron abrir las puertas de San Jorge y la puerta del puente, donde estaba el grueso del ejército cruzado. Yaghi-Siyan, que despertó ante el ruido, comprendió que todo estaba perdido y huyó con su guardia a las colinas cercanas de la ciudad.

                                                                           Al llegar la noche del 3 de junio la ciudad de Antioquía, exceptuando la ciudadela de la ciudad, estaba bajo control cruzado. Tanto las casas de los turcos como las de los cristianos, fueron totalmente saqueadas. Parece ser que no se podía pasear por las calles de la ciudad sin pisar la gran cantidad de cadáveres que había, los cuales se estaban descomponiendo por el inmenso calor que hacía. Aunque Antioquía volvió a manos cristianas, los cruzados todavía tenían que soportar un grave problema: la llegada del gran ejército de Kerbogha de Mosul.

 

 

 

 

 

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