La Alhambra, el legado inmortal.

Sobre la colina de Al-Sabika, en lo que podríamos denominar la Acrópolis de la ciudad actual de Granada se yergue una ciudad palatina que hace los encantos de miles de visitantes cada año. Ese emplazamiento estratégico se encuentra frente al antiguo barrio del Albaicín y rodeado por el río Darro y las montañas de Sierra Nevada a la espalda. A sus pies deja la Vega de Granada donde en la actualidad se desarrolla la ciudad moderna. Durante la época de mayor esplendor de este lugar allá por el siglo XIV la Vega era una zona de cultivo que quedaba a las afueras de la ciudad y Sierra Nevada ofrecía un escudo ante inclusiones de otros pueblos, por lo que aquel lugar era estratégico.

El conjunto arquitectónico que hoy conocemos empezó a construirse gracias a Muhamad I (también llamado Alhamar el Rojo) en el año 1238. Aquel lugar fue anteriormente también un lugar donde se aposentaron diferentes fortalezas, aunque de menor importancia, la más antigua data del siglo IX. En plena Reconquista, Muhamad I empezó la construcción de una gran fortaleza que aspiraba a ser inexpugnable. El conjunto estaba formado por una serie de torreones y una muralla exterior. La torre más importante es la Torre de la Vela desde la cual el sultán podía divisar todos sus dominios. Los materiales utilizados para su construcción eran de los que podríamos calificar como ‘pobres’ (sufren gran erosión a la intemperie). El material más abundante en todo el recinto es una especie de conglomerado que se encontraba justo a los pies de esta misma colina y tras mezclarlo con agua ofrecía una gran consistencia. Pese a ser un material de gran desgaste era el más sencillo de reparar cuando sufría algún desperfecto. Tras su finalización la recubrieron de una especie de mortero compuesto por cal y arena que da ese color rojizo que la caracteriza y le da nombre además de protegerla de esa erosión que hemos señalado. Todo ello fue acompañado de una gran muralla y diferentes torreones de defensa como la Torre del Homenaje y la Torre de Armas además de un campamento militar.

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Pequeño mapa de los Palacios

Muhamad I dejó un legado que calaría en sus sucesores, crear una ciudad palatina en la cual residir con toda su corte. Los mayores constructores que hoy día se conocen son Yusuf I y Mohamed V, su sucesor. Con ellos, Granada y el Palacio Rojo adquirieron una dimensión inimaginable en un periodo de gran belicosidad. Tras la Córdoba califal, la Granada Nazarí, fue el centro cultural, económico y artístico de toda Europa.

Pero lo que realmente diferencia a la Alhambra de todos los monumentos de esa época son los Palacios Reales. Diferentes fuentes señalan que pudo haber hasta siete palacios de los cuales hoy en día solo se conservan dos; El Palacio de Comares y El Palacio y Patio de los Leones. Hay un tercero, el Partal pero este es más una residencia apartada de los dos grandes palacios. Otro emplazamiento que merece la pena señalar es el Mexuar, lugar más antiguo de los que hemos señalado y en el cual se encontraba la Sura (Consejo de Ministros) y era el lugar indicado para impartir justicia. Es un lugar ricamente decorado con Atauriques (decoración vegetal), mosaicos geométrico… Con la llegada de los Reyes Católicos se remodeló la estancia, levantaron los suelos y decoraron las paredes con sus emblemas interrumpiendo la armonía propia del lugar.

El Palacio de Comares merece una mención especial y con él finalizaremos este pequeño artículo sobre la Alhambra, en otro memento hablaremos del Palacio de los Leones, el Generalife y toda la ingeniería y secretos que esconden esas murallas de más de 700 años de antigüedad además del uso del agua, muy importante en este palacio.

Comares proviene de la palabra persa “qamariyya” que significa vidrieras de colores. Recibe este nombre por la cantidad de luces que inundaban la sala en su momento de mayor esplendor. Este complejo está orientado hacia el norte, situándose en ese lugar la famosa Torre de Comares, lugar de residencia del sultán y donde ejercía sus dotes de mando. La gran torre de aproximadamente unos 40 metros de altura forma parte de la muralla que rodea todo el complejo de la Alhambra. En su interior podemos diferenciar dos estancias. En primer lugar está la Sala de la Barca, donde se localizaban los aposentos del sultán. Puede llevar a error este nombre, muchos creen que se le denomina así por la forma de su bóveda de madera ya que da la impresión de ser el casco de un barco, pero no es así. El verdadero nombre proviene de la palabra “baraca” que en árabe significa suerte. Ese lugar como el resto del palacio está decorado con mosaicos, atauriques y ornamentación

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Atauriques

caligráfica. La caligrafía árabe es de gran importancia en la Alhambra puesto que cada pared reza diferentes textos provenientes del Corán así como alabanzas al Profeta y a Allah. Se utilizan dos tipos de tipografías, el denominado Nasif que es lo que podríamos denominar como “cursiva” y la cúfica que es más rectilínea. Los símbolos abundan en todo el Palacio, la Mano de Fátima que simboliza los 5 preceptos del Islam (Limosna, Peregrinaje a la Meca, Ramadam, Profesión de fe y la oración). Esvasticas pero no como las que conocemos que fueron utilizadas por los Nazis a mediados del siglo XX sino con las aspas en sentido contrario que simbolizan la buena suerte, la prosperidad… cientos de símbolos son representados en las paredes aunque solo un público experto es capaz de apreciar todos sus significados. Otra maravilla arquitectónica de la Alhambra son sus bóvedas de Mocárabes, son una composición de pequeñas estalactitas que dan la sensación de que el techo de la sala se derrite, o que hojas de un arbol que cuelgan a la vez que te dan cobijo.

Si avanzamos al interior de la torre nos encontramos con la Sala de los Embajadores, es la estancia más ricamente decorada y el lugar en el cual el sultán recibía a los diplomáticos de los diferentes reinos. Orientada hacia los cuatro puntos cardinales es una obra maestra de la matemática, cada ángulo ha sido estudiado, nada fue dejado al azar. Cuentan las crónicas que solían dejar en el patio durante horas y bajo un sol abrasador al diplomático en cuestión y cuando ya exhausto le dejaban pasar al interior quedaba asombrado por los juegos de luces que había en su interior. Justo frente a la puerta se encontraba el Sultán y alrededor de él todos sus ministros. Cuando los ojos aún inadaptados del visitante contemplaban aquello quedaban impresionados. Esa impresión que causaba el Sultán era fundamental en la futuro acuerdo o negociación.

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Si observamos con detenimiento podemos observar 7 filas de círculos, cada una de ellas es un ‘cielo’

La techumbre de esta sala es el cenit de la carpintería mudéjar, cerca de 8000 piezas de madera lo recubren. Este representa los siete cielos, y justo en el centro se encontraría Allah. Sin duda alguna, este emplazamiento ideado por Yusuf I es una de las joyas más preciadas que tiene todo el recinto, además de estar en un perfecto estado de conservación.

Si salimos de ambas estancias nos encontramos ante nosotros con una majestuosa alberca que refleja en ella todo el complejo. Para los árabes como para los romanos o cualquier otra civilización el agua era lo más importante. Casi toda el agua era recogida de un embalse que se construyó en el río Darro y era conducido por una serie de acequias o canales hasta los aljibes. Debemos tener en cuenta que toda el agua de la Alhambra está en continuo movimiento ya que eso era símbolo de pureza. La alberca tiene un sentido simbólico y es el de mutabilidad, ya que cuando el agua se mueve el reflejo que hay en ella se desvanece. También es un símbolo de riqueza. Como ya hemos dicho el agua es un bien muy preciado y el hecho de tener una alberca en el patio del palacio era símbolo de gran poder cuando en la mayoría del mundo conocido se morían de sed. A cada lado de la alberca están los famosos Arrayanes que eran regados con el exceso de agua de la alberca. Alrededor de ellos se encuentran las estancias de las mujeres del sultán. Unas habitaciones austeras pero que se diferencian porque el alfiz que decora los arcos están ornamentados con los diferentes tipos de decoración que hemos visto.

Finalmente en la parte Sur está el Palacio del príncipe un recinto finamente decorado pero parcialmente derruido tras la creación del Palacio del rey Carlos V. Este edificio rompe con la armonía del lugar y se presenta como un monumento sin finalizar, el cual pudo ser situado en cualquier otro lugar de la ciudad.

La Alhambra en todo su conjunto es un goce para los sentidos, al traspasar sus murallas algo dentro de nuestro subconsciente se activa. Quizá ese fue el motivo de la construcción del Palacio de Comares y el de los Leones, transmitir algo que no fuera perceptible solo por los cinco sentidos y que nos hiciera sentir extraños. Sin duda alguna la Alhambra es el cenit del arte en Al-Andalus, con ella se culminó el trabajo de miles de pensadores, arquitectos, artesanos, matemáticos… Todos ellos transformaron una colina en lo que hoy conocemos.

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